[Pasado] Vamos a jugar |Priv.
#11
—Una gran artista... ciertamente.

Yuuki se sobó el mentón con el pulgar y el índice y se tomó un tiempo más para pensar. Nuevamente dejando a Miyori en el limbo mientras el cerebro de pollo que había en la cabeza de la mujer alada buscaba la mejor manera de poder ayudarle con ese sueño. Y cuando llegó a una idea, ella sonrió y se adelantó al camino, donde aún había muchas personas pasando. Incluso había algunos de los que habían estado antes mientras Yuuki hacía su numerito con las cartas. Y la pelirrosa no podía estar más agradecida de que esos pocos todavía estuvieran allí. A unos buenos diez metros de Miyori ya, Yuuki abrió los brazos y miró hacia la costa.

—¡Escúchame, Miyori! ¡CIERTAMENTE LOS SUEÑOS SE CUMPLEN! ¡JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH!

Se rió de manera ruidosa. Realmente hasta parecía un chancho cuando lo hacía, contrastando bastante con la cara hermosa y los movimientos coquetos. Se notaba que era una pirata.

—No importa cuánto se compliquen las cosas. ¡Tu vas a mantenerte firme! —Se giró luego hacia la muchacha—. ¡Apunta alto con esos sueños, niña! ¡Deja que los otros se rían! ¡Sigue adelante!

Un comerciante que iba de camino se detuvo para ver a Yuuki parlotear y toda la gente parecía estar prestando mucha atención. Después de todo, la birkaniana no estaba siendo nada sutil. Y no faltaba el que se burlaba de lo que ella decía, pero a Yuuki parecía no importarle eso en lo absoluto. Es más, incluso ella dio un salto y se paró encima de la carreta del comerciante. Estaba emocionada. Se había llenado de su propio ego y de su propia gana de ser libre, que al escuchar los sueños de Miyori, se inspiró ella misma para dar un discurso.

Estaba de pie con un pie adelante y con un puño arriba. Y se dirigía a todos, pero miraba a Miyori especialmente.

—Yo te veo hoy, mi niña. Y tienes nobleza y fuerza dentro de tí. Pero tienes que hacer esa nobleza y esa fuerza propias. Tuyas. Traza tu rumbo, ¡síguelo y se fiel a ti y solo a ti! —Desplegó entonces sus alas cuanto pudo. No era mucho, pero aún así era suficiente como para hacer énfasis—. Y cuando llegue el momento de poner a prueba todo de lo que eres capaz, y demuestres a todo de lo que estás hecha...

Saltó y aterrizó justo al frente de ella, agachándose y ofreciendo ambas manos a ella con una enorme sonrisa.

—...espero poder estar yo allí ese día. Y así ver toda la luz que emanas.

Mucha gente allí se echó a reír de lo ridícula que era Yuuki dando ánimos a una cualquiera. Pero otros se lograron inspirar por las palabras de la pelirrosa y hubo unos cuantos pocos aplausos. Mucha gente estaba alrededor. Y hasta había un tipo que sacó un violín y otro un acordeón. Con el pequeño escándalo y las palabras emocionadas, se armó una pequeña fiesta.
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#12
Observé a Yuuki pensar durante un largo momento, como si intentara encontrar entre sus ideas una respuesta a mis dudas. Incluso llegué a esperar de ella una contestación firme y sincera. Sin embargo, la vi alejarse entre las personas con una sonrisa cargada de absoluta confianza, y a unos diez metros de distancia se detuvo, abrió los brazos y mirando hacia el horizonte, juró que los sueños se cumplen, acompañando sus palabras con una risa que parecía surcar el mismo cielo. En ese instante, tanto mi mente como mi corazón quedaron anclados a sus palabras, llenos de un profundo asombro.

Sus palabras eran inspiradoras y transmitían una profunda sensación de seguridad. Cuando fijó su mirada en la mía, pareció encomendarme una misión, emprender el camino hacia aquello que mis propios sentimientos me impulsaban a ser. No importaba si se reían de mí ni los tropiezos que pudiera encontrar en el camino… porque, al final, también podía tomar el mundo y hacerlo mío, ¿verdad?

Saltó incluso hasta quedar sobre una carreta mercante que pasaba por el lugar y cerca de Yuuki. La hermosa alada de cabello rosa parecía más que inspirada por su propia oratoria magistral. Con un pie al frente, cual conquistadora de tierras, y el puño alzado en victoria, no se detuvo en absoluto, no, esa era Yuuki, la roba fortunas y la roba corazones a cualquiera que le escuchara, sin duda, un espíritu incapaz de apagarse.

Y sus palabras, más que nada, se colaron con fuerza en mi corazón, atravesando mis miedos y mi desconfianza, disipando mis dudas, me dijo aquello que nadie antes me había dicho, el ser fiel a mí misma y solo a mí, vivir por mí, confiar en mí, creer en mí. Sus alas se alzaron con gracia al mismo tiempo que mis lágrimas descendían por mis mejillas y, finalmente… en diecisiete años, no me sentía culpable por querer seguir un camino lejos de casa.

Al verla descender frente a mí y extender sus manos con aquella gran sonrisa, no pude simplemente quedarme quieta. La abracé y dejé que sus últimas palabras se convirtieran en un tesoro que jamás borraría de mí. Perseguir los sueños puede ser bien visto o convertirse en motivo de críticas, pero al observar a varios artistas inspirador por las palabras de la caza corazones, lo supe, era mi momento de alzar el vuelo hacia ese sueño.

—- Y espero poder algún día… volver a encontrarnos en el camino que tome hacia ese sueño. —- Expresé, en lo que en este momento saqué mi violín, Amphitrite, y al acomodarlo sobre mi hombro y deslizar el arco sobre las cuerdas, en composición de los demás artistas presente, me uní a ellos para hacer una hermosa melodía que al principio comenzaba como tonada melancólica pero con el tiempo tomaba fuerza y valor, tanto como las palabras de Yuuki al inicio. Esta canción le pertenecía, y siempre que la tocara, en mi mente me vendría su rostro, su valor, sus palabras y sin duda lo increíble que era. Una obra maestra en medio de la fiesta o la tormenta. Era mi forma de decir…

Gracias.





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#13
Al escuchar las notas tan hermosas que podía tocar Miyori, Yuuki sonrió de oreja a oreja. Usualmente la sonrisa de la pelirrosa era fría o con intenciones de jugar a ser inofensiva. Pero aquella sonrisa que se veía en su rostro era grande y natural, incluso se podían ver los años en la cara de Yuuki al mostrarse así. Pero es que no podía negarlo, se había emocionado genuinamente. Al fin y al cabo, ella misma también tenía un sueño y había de cumplirlo. La libertad completa. La verdadera libertad.

Bailó entonces. Dio saltos y agitaba las alas para caer lentamente. Varias veces. Y mientras lo hacía, daba giros y vueltas. Cuando caía en tierra, zapateaba y hacía piruetas sobre sus pies; se movía rápida y grácil. Y a la vez que daba esa inspiración de ser un ángel que danzaba, retaba con su mirada a todo aquél que sus ojos encontraban, como si quisiera declarar que ese baile y esa melodía eran solo suyas. Se apropiaba del momento, pero también se movía de manera que cierta mujer de cabellos naranja pudiera obtener toda la inspiración y admiración necesarias.

Sus alas se batían rápidamente y había plumas cayendo lentamente alrededor. Y mientras Yuuki bailaba alrededor de Miyori, se podía ver la ilusión de que las notas de su melodía viajaban alrededor como si fueran plumas que eran liberadas al viento.

Algunos de los que acompañaban con la música también bailaban jigas y la pequeña fiesta pirata se montaba en ese lugar de Baquella. Y cuando la melodía de Miyori terminó, alguien había traído hasta un piano. ¡Sí, un piano!

Yuuki se echó a reír como solo ella podía.

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!

Y entonces ya estaban tocando aquella feliz melodía y algunos otros marineros, ya festivos por la música, trajeron incluso licor. Yuuki se tomó una pinta ella misma y recomendó a los muchachos que a Miyori le dieran un vaso de buena leche para brindar. Y cuando todos estaban listos, levantaron sus copas en lo alto.

Yo-hohoho, yo-hohoho

El sake de Binks será lo que vamos a entregar,
Ni el viento o la marea nos podrá parar.
Cae la tarde sobre el mar y en el cielo escucharás,
El cantar de los pajarillos al volar.

De mi pueblo yo me voy, con orgullo zarpo hoy,
Ese canto es la fuerza para navegar.
En olas de esplendor y la brisa de la mar,
Que nos va a acompañar a donde hay que viajar.


La canción continuó y Yuuki abrazó a Miyori con un brazo y con el otro, levantado en lo alto, cantó y celebró con todos allí. Cerró los ojos y cantó a pulmón abierto, meciéndose de un lado a otro. El pianista tocaba con cierta pausa, pues parecía que la melodía, aunque conocida, no era lo más practicada por él. Pero hacía un esfuerzo que todos allí parecían estar respetando y aplaudiendo. Al final, se trataba de disfrutar todos juntos, aún en las dificultades.

Cancioncita
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#14
Entonaba con gran anhelo aquella melodía jovial proveniente de las cuerdas del violín, no había fallo alguno, y la armonía formaba parte de aquel ambiente donde nos rodeaba la euforia de personajes inspirados al ras del día. Yuuki danzaba al son que yo interpretaba, y me encantaba verla libre, entregada a la música que yo dedicaba a su alma, a su espíritu, a su ser más radiante.

Rastros de plumas nos acompañaba como un silente clamor de pureza y agradecimiento. Era un Valhalla en la tierra, un instante suspendido donde cada nota y cada giro se fundían en un instante de magia compartida, intangible y eterno.

Al culminar mi canción, la fiesta no se desvaneció, incluso parecía el comienzo de algo que prometía volverse aún más divertido. Animado, el piano se hizo notar, y los demás artistas comenzaron a acompañar con una canción conocida en todo el plano marino y por sus pasajeros exploradores del mundo.

Las jarras se alzaron en señal de festejo, aunque en mi caso era una jarra de leche. Las levantamos al mismo tiempo y juramos mutuamente que hoy sería un día para recordar. Me reí tanto que me dolían los músculos del estómago, pero valía la pena, realmente valía la pena sonreír y sentirse bien, expresando en voz alta lo que el corazón desea.

La entonada del piano no era perfecta, pero eso no importaba, la voz en conjunto era la que nos unía en un solo ser. Canté a todo pulmón junto a Yuuki, quien me tenía abrazada con uno de sus brazos, y al igual que ella, alcé mi jarra de leche en señal de celebración.

Al pasar unos minutos, y el momento del ensueño, en medio de aquella fiesta a plena luz del día, aunque de cierta manera era un día estupendamente fresco y agradable, miré a Yuuki con aires de curiosidad. — ¿Yuuki, también tiene sueños por cumplir?.
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#15
—¿Sueños? ¿Yo? Hmpf, ¡ciertamente!

La abrazó nuevamente con un brazo y se giró con ella para mirar hacia el mar azul que se extendía ante sus ojos. Señaló con la mano que sostenía aún la pinta de cerveza y luego hizo un barrido amplio con el brazo mismo mientras sonreía y los ojos se le iluminaban con ambición. Se notaba que su espíritu estaba a fuego vivo en ese mismo instante.

—Mira la inmensidad del Mar Azul, Miyori. Y en algún lugar, en tooooodo ese ancho y lejano mar, habrá un lugar. Una isla. Un espacio solo para gente como tu o como yo. Para aquellos que no queremos saber nada de la Marina ni de su Gobierno Mundial. Un lugar en el que no haya leyes ni reglas más allá de la armoniosa convivencia entre espíritus libres. Se que ese lugar existe. Y lo encontraré. Y entonces seré completamente libre.

Y diciendo eso, se llevó la pinta a la boca y se terminó todo el contenido de la misma. Y algunos podrían decir que Yuuki era buena bebiendo. Pero nada más lejos de la realidad. Ahora tenía la cara roja y los ojos adormecidos. Se notaba que estaba ya ebria. Pero eso no la detenía de seguir con su espíritu festivo. Más bien todo lo contrario. Ahora estaba con más deseos de seguir bailando y cantando en esa pequeña fiesta pirata que se habían montado de un momento a otro.

—El primer paso... ¡hic! —Dijo soltándose de Miyori y caminando, o más bien dando tumbos, hacia el hombre del piano—. Es encontrar un barco... ¡hic! Y una tripulación... sí... y un mapa. ¡Hic!

De solo escucharse hablar a sí misma, le entraba una gana absurda de reírse. Se llevó la mano a la boca y trató de aguantarse. Pero no pudo soportarlo y tan solo volvió a soltar su risa de chancho hasta que olvidó respirar y cayó de espaldas.

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH!

Siguió riéndose en el suelo, agarrándose la panza y poniéndose en posición fetal y esta vez tratando de respirar normalmente mientras se seguía riendo, dando cueltas en el suelo. Por supuesto, los otros marineros de alrededor se reían y festejaban también. Unos entretenidos por la actitud festiva de Yuuki. Otros por la simple música y bebida.

La pelirrosa se calmaría un momento y, aún soltando pequeñas carcajadas, extendió su mano a Miyori.

—Ayúdame a levantarme, por favor, ¿Quieres? Creo que me ensucié las alas al revolcarme. Qué vergüenza...

Y las cosas podrían seguir igual de alegres. Pero alguien a lo lejos exclamó con prisa y preocupación. ¡MARINES!

De inmediato la música cesó y todos se miraron unos a otros. Los que pudieron, se bebieron sus tragos de un solo tirón y luego se veía a gente corriendo para un lado y para otro. Algunos levantaban los barriles que se habían traído y hasta había un quintento de tipos levantando el piano y llevándoselo de allí. Todos ponían pies en polvorosa y se disponían a la huída. Por lo visto, la fiesta era genuinamente una fiesta de piratas. Y al fondo de la calle, se veía al grupo de marines avanzar a paso firme. Yuuki tan solo chasqueó con la lengua. Detestaba esa vista. Esos uniformes que en lugar de evocar respeto y admiración, solo eran usados para abusar de los demás.

—Ya me arruinaron el día los perros del Gobierno...
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#16
Mis ojos azules se plasmaron en aquel inmenso mar tras el abrazo repentino de Yuuki sobre mi, haciéndome girar para ver la vista que quería mostrarme. Lucía más emocionada, feliz y soñadora, y claro, tampoco dejaba de lado sus peculiares manías. Pero me encantaba ver ese brillo en sus ojos, era auténtico. 

Al mirar al horizonte y al escucharle hablar sobre sus sueños, imaginé cada detalle de lo que me decía sin descripciones físicos, pero si me planteé la imagen de un lugar donde la libertad era el lema de una isla sin reglas, sin gobierno ni poder ni imposiciones de alto mando. ¿Pero qué sé yo?, normalmente esos temas de la política o situación social suelen pasar desapercibidas para mí, pero para Yuuki, parecía que era necesario encontrar un lugar lejos de ese mundo de arquetipos comunal civil.

Y tras esa esa ilustración de su sueño, la vi empinarse hasta el tope aquella jarra de cerveza, tomándola sin respiro alguno hasta conseguir lo que pensé que pasaría, un estado de ebriedad. Realmente no sé que es estar en ese estado, pero siempre he visto a mis hermanos entrar en ese comportamiento donde pierden cuidado de la propiedad, incluso de bajar la guardia y parecer otros hombres. Me reí un poco al escucharla hablar diferente, como si su voz se aflojara un poco y articular fuera difícil para ella. No podía parar de verla y escucharla, si que tenía un sueño, libertad absoluta.

Pero me preocupé cuando la miré caerse al suelo, y estando ahí comenzó a reírse de manera frenética, como si fuera imposible recuperar la cordura, la miraba muy feliz y eso me contagió también, y cuando la escuché solicitarme ayuda desde el suelo, solo negué con la cabeza con una sonrisa de resignación, era todo un lío, pero también era admirable ver la fuerza de su espíritu. Tomé su mano y con cuidado la ayudé a incorporarse de nuevo. —- Me pregunto si algún día podré ponerme así de feliz al beber. —- Comenté con suma curiosidad, nada quita que algún día visite un bar, esté en una fiesta, o que una cita me invite, y inclusive, yo misma me compre y disfrute de esa hidromiel que tanto aman los hombres, y que algunas señoritas, como Yuuki, toman con gran esmero.

Y de repente… todo se terminó de golpe tras el grito de una persona avisando la presencia de Marines, corriendo como si la muerte les cayera encima, incluso me pareció inhumano la manera en como se coordinaron para llevarse el piano con el pianista aún sobre su silla, y lo que parecía una fiesta pagana de la nada solamente quedamos Yuuki y yo, y claro, una brisa que arrastraba una bola de ramas pasando por enfrente de nuestros pies… —- Eso… Fue extraño.

Mi mirada se deslizó hacia aquel grupo de Marine que se acercaba en el sentido contrario de la calle, todos imponentes reluciendo los galardones de su uniforme totalmente blanquecino con auras azules de reflejar el poder del mar y su control por encima de cualquier civil o estado. Para mí, solo eran personas vestidas de blanco. Luego miré a Yuuki que chasqueó su lengua en total desagrado y luego mencionó que su día había sido arruinado por la mera presencia de los hombres de la marina. 

—-No entiendo… —- Murmuré un poco, tratando de comprender la reacción de las personas que se fugaron con pavor, incluso quería comprender el porqué Yuuki no encajaba con la presencia de estos hombres…. —- ¿Por qué tanto odio, o miedo hacia los Marines?. — Mi pregunta era real, no comprendía el porqué de tales reacciones. Negro y Blanco, fácilmente podría ser 
Gris. 
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#17
—No es odio. Y miedo tampoco... —Dijo levantándose y acomodándose la ropa y el cabello con la poca elegancia que le quedaba. Yuuki daba toda la impresión de haber recibido educación de alta calidad, pero también era fácil notar que había decidido ser como era. No era el resultado de decisiones de otros o de fuerzas mayores a ella. Yuuki estaba donde estaba por convicción y resolución propia. Ella era libre. Y siempre lo sería hasta su último aliento, el cual estaría pensando luego que daría en una sala olvidada del mundo en Kitsukku. Pero no vayamos tan lejos aún. Todavía queda mucho de aquella vez en Baterilla, en el buen Mar Azul del sur.

—Las leyes se pudieron haber creado para que la gente tuviera justicia. Y la Marina cree que sirven a esa justicia. Pero no te engañes, Miyori. Los he visto usar la autoridad que dicen tener para beneficiarse ellos mismos. Y sí, los piratas no son mejores en ese sentido... —Suspira con una sonrisa—. ...pero ya sabes a qué atenerte con ellos. Y si eres lo suficientemente ruda...

Camina hacia donde tiene su dinero en una bolsa y la levantó de manera pesada con una mano.

—...no hay pirata que se quiera meter contigo. Es el verdadero camino de la libertad. Y la libertad es la forma más pura de justicia, Miyori.

Le guiñó el ojo a la chica y señaló al puerto desde donde estaban con su mano libre, mientras que con la otra, que cargaba la bolsa, ahora pasaba por el hombro de la chica de cabellos naranjas.

—¿Me acompañas al puerto? Ya viene siendo hora del té. Y ciertamente no pienso perdérmelo. ¿Te gustan los dulces? Vi una panadería que tenía unas galletas con azcúcar glaseada y no estaría nada mal compartirlas contigo. Si quieres podemos seguir hablando sobre cosas mías. O cosas tuyas. Ese violín tuyo... está muy lindo. Y tienes un talento que te hará brillar sin duda.

Miró a los ojos azules de Miyori al decir aquello. Sonrió de manera amplia como antes y guardó silencio. Ahora se acercaban los marines en su formación y parecían estar buscando algo. Uno de ellos llevaba unas hojas consigo, seguramente carteles de búsqueda. No era extraño ver algo como eso en Baterilla, aunque tampoco solían verse criminales con búsquedas muy grandes. Pese a las quejas de Yuuki, la isla en realidad era muy segura y gozaba de tranquilidad... al final, allí también se había criado ella.

—Señoritas. Buen día. Estamos buscando a este sujeto. ¿Le han visto?

Y luego de ello, mostró el cartel a ambas. Se veía a un sujeto con una cicatriz en la cara, similar a la de Yuuki. Pero era un hombre. Y además llevaba un sombrero de payaso en la cabeza. No era precisamente aterrador, sino que más bien raro. A la pelirrosa le causó algo de pena ajena que esa haya sido la mejor fotografía que tenían del pirata en cuestión. Y por tanto, tampoco respondería, pero continuaría mirando a Miyori, esperando una respuesta de su parte.

Y mientras esto pasaba, uno de los marines miraba a las dos mujeres, y en especial, a la bolsa que cargaba Yuuki consigo. Se veía incómodo y con ganas de decir algo, aunque era claro que no lo haría puesto que no iba a interrumpir a su superior con la pregunta que les había hecho sobre el criminal que estaban buscando.
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#18
¿Justicia?, ¿bien o mal?, ¿piratas o Marines? De alguna manera, mi mente siempre se desorientaba en la profundidad de su aislamiento social, comprendo que Yuuki forme su criterio a partir de su experiencia quizás, pero también puede existir un Marine que contemple el acto cruel de un pirata desalmado que use su propia justicia en fines personales, al final, ¿Qué tan dueños podemos ser de la verdad?

—- Claro… ¿Pero no puede existir también un pirata con alma de justicia, sin necesidad de mancharse las manos, o un marine que decida proteger sin buscar prestigio? — Quizás mis palabras estaban fuera de lugar, pero siempre he creído que obrar por el bien, en favor de la paz común, podría acercarse a una verdad absoluta.

—--¿Tu quieres ser pirata, Yuuki? … — Pregunté algo curiosa al verla inmersa en las ganancias de su bolsa llena de berries, y quizás la libertad de la que me mencionaba ella era algo meramente propio de un deseo personal. —-¿De qué deseas ser libre?

Consulté con curiosidad mientras me acercaba a ella, y en ese gesto terminé envuelta en un semi abrazo, con su brazo descansando suavemente sobre mi hombro. Fue entonces cuando conecté mi mirada con la suya. Su invitación me hacía feliz, porque sentía que, a través de sus palabras, aprendía perspectivas que quizá había ignorado, un mundo lejos de lo que conocía… o mejor dicho, un mundo que nunca me había interesado explorar por mí misma. Sin embargo, junto a aquella hermosa mujer de alas blancas, comenzaba a comprender que existía algo más allá de la vida en el puerto.

— Me encantaría poder disfrutar de algún postre contigo, y también conocer un poco más de Yuuki, me lo he pasado genial jajaja — Expresé jovial con suma emoción reflejado en mis ojos, de poder continuar la tarde junto a ella. Estaría encantada de hablarle de Amphitrite, de la manera que fue creada, y de la manera en cómo transmite colores a mi vida, mi mundo.

Hasta que una voz masculina me sacó de mis pensamientos logrando que mi mirada se enfocará ahora en su presencia, en su porte cuál hombre la marina, al parecer estaban en busca de un señor con una cicatriz al ras de su cara y usaba un sombrero de payaso en la cabeza, pero en su apariencia no parecía alguien malo. —-- Lo siento, su cara no me es familiar, ¿Que hizo este señor?, claro, si puedo saber.
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#19
Miyori respondería a la pregunta de los marines y Yuuki se limitaría a mirar el cartel en silencio, jugueteando con las plumas en sus alas, organizándolas un poco y fingiendo demencia. Sabía que era posible que la pregunta también fuera para ella, pero Yuuki no iba a abrir la boca. Era lo peor que podría hacer en una situación como en la que estaba, pues no iba a aguantarse las ganas de soltarles un comentario cínico o sarcástico y luego se metería en problemas... y si bien no le preocupaban los problemas en sí, no quería que Miyori terminara en problemas también. Se veía que era una chica bastante inocente y pura. Yuuki no quería ser la primera en hacerla ver el mundo real; con dejarla soñar era más que suficiente por ahora.

—Y tu. La de las alas. ¿No vas a decir nada?

Yuuki puso cara de tonta y sonrió de manera inocente. No le pegaba nada. Pero con el aura que se cargaba encima de ser solo una chica linda, los marines simplemente murmuraron y luego guardaron el cartel.

—Cuidado con esconder piratas. Son un peligro para nuestra sociedad en orden. Tengan un buen día, señoritas. —El marine hizo un ademán algo casual con su mano en la gorra y luego se retiró junto con los otros.

Yuuki les despediría agitando su mano de manera educada y algo coqueta, sonriendo siempre y fingiendo hacerse la tonta en todo momento. Al menos hasta que estuvieron lo suficientemente lejos como para que no pudieran escucharla hablar o notar bien sus expresiones faciales. Tan pronto como la distancia le favoreció, la sonrisa se agrió y ella suspiró con alivio fastidiado. Se notaba que no le había gustado nada ese encuentro. Y eso que apenas si había sido una pregunta casual. Pero para Yuuki era como haberse visto a la cara con su verdugo... y bueno, de haber abierto la boca, es posible que eso hubiese ocurrido.

Miró entonces a Miyori de nuevo y recordó que tenían una conversación a medias.

¿Un pirata que buscara justicia? ¿Un marine que no quisiera prestigio? Bueno. Sí, para Yuuki el mundo no era tan gris, era cierto, pero tampoco era tan tonta como para cerrarlo todo en un solo cajón. Había muchísimos cajones. No todos para cosas malas o buenas, claro, pues ella misma llegaba a reinterpretar las cosas para que quedaran a su acomodo y así continuar con lo que fuera que estuviera haciendo.

—Un pirata puede ser lo que quiera ser. —Se quiso reír un poco a lo que acabó de decir, pues parecía algo barato—. Pero ese es el punto de los piratas. Son libres. ¿Los marines? Podrán querer aspirar a lo que quieran, supongo, pero ellos obedecen reglas y órdenes. —Se cruzó de brazos y luego agitó una mano en el aire—. Pero es mejor no hablar de cosas que nos amarguen. ¿Cuál es tu postre favorito?

Se llevó las manos a la cintura y miró hacia el pueblo. Había adoptado de nuevo una pose relajada y despreocupada, igual que antes de ver a los marines. —¿Te parece si vamos andando mientras me cuentas?
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#20
Yuuki no parecía interesada en sostener una conversación con los hombres de blanco, simplemente se limitó a responder con un ademán de su rostro, y con la misma reacción obtuvimos una advertencia de los Marines, indicándonos de no esconder piratas puesto que son un peligro en nuestra sociedad. Asentí con mi cabeza en señal de despido, observando como aquellos oficiales tomaban un camino lejos de nosotras.

La primera frase de Yuuki se quedó en mi mente, ¿Un pirata puede ser lo que quiera ser?, y no sé porqué, pero ante esa oración no pude evitar imaginarme a mí misma navegando por el mar, amando la tierra, el horizonte, el cielo mismo, y con la libertad de poder conocer y hacer música sin restricción alguna, aunque realmente nada me impedía hacer lo que me gusta, pero… era mi hambre de conocer aún más de lo que ya he aprendido.

Salí de mi cuadro imaginario cuando a continuación me explicaba porque un Marine no se consideraba del todo libre, y tenía razón, los Marines se rigen bajo reglas de cumplir órdenes a pesar de lo irracionales que puedan ser, y quizás, aunque ellos no quieran admitirlo, era como tener un collar de perro en sus cuellos, pero, aún así, ¿No había una posibilidad de cometer buenas acciones en un escenario como ese?.

Sonreí dulcemente cuando la miré agitar la mano en señal de olvidar el tema, quizás era una plática de ideales opuestos, así qué, supongo que era mejor apuntar a otros temas de conversación. — Me encanta la tarta de mora azul, ¿Que hay de ti, Yuuki?, ¿Algún postre que te guste mucho?.

Tomé mi camino junto a ella, un paso tranquilo que nos obligaba a salir de aquella mini plaza a un sendero más fijo de ida y venida, donde carreteros pasaban con sus cargas y otros simplemente transitaban a paso tranquilo. La zona comercial se miraba no tan lejos, pero nos daba buen tramo para recorrer y mantener fluida una conversación.

— ¿Tienes familia aquí, Yuuki? —- Pregunté algo curiosa, sin dejar de ver el camino que se abría paso delante de nuestros pies.

— ¿También tienen alas blancas como las tuyas?
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