26-03-2026, 07:04 PM
(Última modificación: 26-03-2026, 07:08 PM por Rackham Uker.)
¿Qué más se podía hacer? Golpearlo no iba a surtir efecto, y tampoco podía lanzar un ataque potente desde esa posición. ¿Distraerlo? Habían venido a ese lugar para no caer en distracciones o molestias, no iba a conseguir eso de la nada. Pensó en intentar arrancárselo a fuerza bruta, pero era más que seguro que no podría, así como tampoco le permitiría preparar un ataque que haga mucho daño incluso desde un ángulo tan molesto.
Debía pensar más, no detenerse, no debía..
De pronto, todo se volvió borroso. Apenas tuvo unos instantes para sentir el dolor del golpe, para darse cuenta de que volvía a salir disparado hacia la arena. Su visión comenzó a abandonarlo, le recordó al momento en el que su maestro lo encontró por primera vez. En esa ocasión no había podido hacer nada para evitar su destino, en esta batalla tampoco.
Su cuerpo aterrizó contra el suelo. Mientras que su mente pasaba a la inconsciencia, solo pudo seguir recordándole su debilidad. Tal vez era el tipo de enemigo, tal vez el terreno no estaba a su favor, podían haber muchas razones, pero su cabeza simplemente se enfocó en una frase: “No soy fuerte”. No sintió cuando Eros lo cargó, tampoco pudo darse cuenta de un detalle que el capitán podía pasar por alto o no, pero Uker siempre se mantuvo sujetando esa katana que de poco y nada le había servido.
Tampoco se iba a negar a ser cargado, o a la invitación de una botella de alcohol pese a que no le gustaba mucho beber, estaba dormido. La pelea había sido dura para él, pese a que fue un combate que él mismo pidió. Al menos debía agradecerle a Eros en cuanto despierte, por no contenerse en la lucha, tal y como él lo había sugerido.
Cualquiera podría pensar que encontró la paz en ese momento, un instante de calma y descanso. Una gran equivocación, pues lo único que había en esa cabeza eran pesadillas, unas que volverían a molestarlo en cuanto se hubiera recuperado lo suficiente, en cuanto ese cuerpo agotado fuera devuelto hacia el barco gracias al capitán de los Sepultura.
Debía pensar más, no detenerse, no debía..
De pronto, todo se volvió borroso. Apenas tuvo unos instantes para sentir el dolor del golpe, para darse cuenta de que volvía a salir disparado hacia la arena. Su visión comenzó a abandonarlo, le recordó al momento en el que su maestro lo encontró por primera vez. En esa ocasión no había podido hacer nada para evitar su destino, en esta batalla tampoco.
Su cuerpo aterrizó contra el suelo. Mientras que su mente pasaba a la inconsciencia, solo pudo seguir recordándole su debilidad. Tal vez era el tipo de enemigo, tal vez el terreno no estaba a su favor, podían haber muchas razones, pero su cabeza simplemente se enfocó en una frase: “No soy fuerte”. No sintió cuando Eros lo cargó, tampoco pudo darse cuenta de un detalle que el capitán podía pasar por alto o no, pero Uker siempre se mantuvo sujetando esa katana que de poco y nada le había servido.
Tampoco se iba a negar a ser cargado, o a la invitación de una botella de alcohol pese a que no le gustaba mucho beber, estaba dormido. La pelea había sido dura para él, pese a que fue un combate que él mismo pidió. Al menos debía agradecerle a Eros en cuanto despierte, por no contenerse en la lucha, tal y como él lo había sugerido.
Cualquiera podría pensar que encontró la paz en ese momento, un instante de calma y descanso. Una gran equivocación, pues lo único que había en esa cabeza eran pesadillas, unas que volverían a molestarlo en cuanto se hubiera recuperado lo suficiente, en cuanto ese cuerpo agotado fuera devuelto hacia el barco gracias al capitán de los Sepultura.
Libro de recetas
