[Pasado] Opening Hearts | [Social] [Priv. Tezca] | [+18]
#11
Decir que no lo provocaba sería una completa y vil mentira. Sus brazos lo apretaban más hacia sí, caminando hasta que su su espalda se golpeó contra lo que tenía más cerca, la propia nevera, cerrada. Sintió la mezcla del frío y el calor. Frío en su espalda por el brusco toque contra algo con la baja temperatura por la ausencia de camisa y, cálido, por cómo el contrario siempre sabía encenderlo de formas que no podía describir. No llegaba a tocar el medallón, respetando cómo, bajo su primera advertencia, conocía lo mucho que significaba para él, asumiéndolo, probablemente como el contrario, como una parte de él. 

Emitió un jadeo, respirando, sus muslos temblando, batallando por mantenerse en pie. Lo deseaba ahora mismo más que nunca y, en parte, buscaba que el contrario pudiera despejar su mente, desconociendo el verdadero motivo de su falta de concentración. Sus labios se entreabrían, las uñas, ahora firmes, se incrustaban sin demasiado cuidado en la piel de sus glúteos. Se relamió, elevando la cabeza, dando paso a los labios ajenos. El vaho escapaba de entre sus labios, sus ojos, pese a aparentar observar la lámpara del techo, realmente no estaban enfocados en ningún punto específico. Tenía que soltarlo, a saber cuánto más mantendría el equilibrio. 

Elevó una de sus manos, ahora siendo él quien acariciaba su nuca con cuidado, comenzando a alejarse de la cocina, solo teniendo que rodear la isla para alcanzar la sala de estar y, manteniendo al contrario sobre él, se sentó en el sofá, elegante, grande, con suficiente espacio para ambos. Aun así, sabía que algo no iba bien. A diferencia de su primera noche, ahora los sentimientos de Tezca sí tenían mayor relevancia. Su instinto gritaba que ignorara aquello y solo se limitara a tomarlo, como deseaba. El rojo se mantenía en sus mejillas y sus orejas, solo que en esta ocasión buscando enfocarse en el contrario. Que solo fuera él quien estuviera cómodo no era algo que le agradara. ¿Y si no le apetecía? No iba a forzarlo, por mucho que el deseo lo llevara a terminar lo que estaba empezando él solo en el baño.

Elevó sus dos manos, entre jadeos, tratando de respirar como le era posible, concentrándose solo en el rubio. Las posicionó, con cuidado, a ambos lados de sus mejillas. Su pecho subía y bajaba tratando de mantener la calma.

—Tezca...

Su voz, al nombrarlo, sonó ronca, se había visto obligado a cerrar los ojos para mantenerse firme. Besó sus labios, en un intento de calmarse también a sí mismo. El cuerpo del contrario reaccionaba bien, lo sabía, del mismo modo que el suyo propio también lo hacía. Cerró sus ojos, esta vez el beso fue corto, aunque también apasionado. —Si quieres... hablarme... puedes hacerlo. — Apenas lo susurraba, batallando para mantener la calma. Juntó su frente con la del contrario, sus manos temblorosas y ansiosas descendiendo de sus mejillas, la diestra posicionando su cabello tras la oreja, tan largo como hermoso, la única obra de arte que, para él, no tenía precio y agradecía haber conocido toda su vida. —Sabes que si no te apetece, no tienes por qué forzarte. — No sabía qué era lo que lo hacía tener esa sensación. Podría ser salvaje, eso no era un problema, pero algo no encajaba. Buscó de nuevo sus labios, abrazándolo por la cintura, apretándolo hacia sí. 

—Si lo que te preocupa es mi pregunta, no volveré a tocar el tema. Sabes bien que te respeto y no te forzaré a hablar de lo que no quieras. — Le frustraba no saber cómo aliviar esas sensaciones, en esta ocasión, sin relacionarlo con Raigo. Se había prometido no mencionarlo a menos que lo hiciera el propio Tezca, más con el mal humor con el que habían regresado. Descendió sus manos, terminando de desabrochar la camisa para ahora revelar el pecho, observando con más detenimiento el medallón. Sintió la curiosidad, de nuevo, de acariciarlo, pero sus dedos se desviaron a un lado del mismo, mostrando el respeto que solo él se merecía. —Lo siento, todavía se me complica saber hacerte olvidar y no sé hacerlo de otra forma.
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#12
A la mierda, no quería hablar. Claro que no, solo quería sentirlo pero el hombre frente a mí parecía un tanto decidido, concentrado un poco más en que en lo que le hacía sentir. — Estoy bien… No necesito nada más que a ti ¿me entiendes?— gruñí sobre sus labios, dejando un último beso antes de finalmente bajarme de él; Esa posición no me gustaba, era muy incómoda. Me arreglé el cabello, llevándolo hacia atrás con algo de pereza mientras mi mano en libertad tomaba la ajena para guiarlo al sofá. . — No necesito olvidar…—  murmuré antes de sentarme sobre este, mirándolo con necesidad.
 
Porque si, lo necesitaba en ese momento: En el extasis del segundo que había pasado tan rápido que ni siquiera estaba tan seguro de en qué momento ya estaba excitado. — No se de que hablarte.— regresé a las palabras, esperando que se acercara para volver a besarlo, tomándolo del cuello para profundizar este mientras cerraba los ojos y lo atraía a un más a mi, esperando que se pudiera acomodar encima mío. — De verdad… Estoy bien.— Murmurré a medio beso sin estar seguro de a quién convencía.
 
El hombre podía ver detrás de mi, me había resignado a ello, sus palabras me indicaban eso al menos. ¿Podría hacerle eso? Ignorarlo, cambiar el tema como si nada cuando tanto nos había costado acercarnos así y una vez más, en una contradicción constante me separé de él, terminando de apoyarme contra el respaldo del sillón en un suspiro. —…Es justo que lo hablemos, pero no hay nada sobre mi que no hayas investigado ¿verdad? No sé porque mierda quieres escucharlo de mis labios ¿me entiendes? — Así era como trabajaban ¿no? Probablemente el pelinegro supiera más acerca de mi de lo que yo pudiera saber… pero si el quería… ¿Cómo negarme?
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#13
Por mucho que hablara, ahora, extrañamente, podía ver un poco más a través de él. ¿Cómo era posible? ¿Quizás porque ahora ya parecía conocerle mejor? ¿O tal vez era que, tras la confesión, la confianza había ascendido? Por cada vez que decía estar bien, más convencido estaba de que aquello era falso. No le importó tenerlo encima, o quizás sí. Su mano se acomodó tras la espalda del hombre, a la altura de la cintura, buscando de nuevo su mirada. La excitación no es que le ayudara demasiado a concentrarse, pero los ojos de Tezca junto a sus palabras eran todo lo que necesitaba para mentener el control, incluso si, entre sus piernas, la erección parecía estar torturándolo.

Apretó los dientes, cerrando los ojos. Por mucho que quisiera que le hablara, no podía obligarlo y, para colmo, que concentrase sus besos en su cuello no lo estaba ayudando. El gemido escapó de entre sus labios, acomodándose sobre él para que el contrario estuviera lo más cómodo posible, tratando de acompañarlo aunque fuera con su propio cuerpo, aliviar su pecho, fuera lo que fuere que lo estuviera molestando. Sus manos se cerraban en forma de puños, ¿Debería seguir? Si es lo que Tezca deseaba, que así fuera. Elevó su diestra, con intención de terminar de retirarle la camisa, hasta que se apartó. Parecía que se había decidido, pese a la maldita erección de entre sus piernas. Tuvo que respirar, apretar la mandíbula unos segundos, centrándose una vez más en la prioridad que era Tezca y lo dejó hacer.

—¿Te has decidido?

Su voz sonaba ronca a medida que se sentaba, cruzándose de piernas para evitar que la situación escalara. Debía respetarlo. Él no era Raigo, no iba a tratarlo como a basura. Elevó su mano, respirando de nuevo, retomando el aliento, intentando que el corazón que se encontraba acelerado por la situación se calmara un poco, concentrándose en lo más importante: Tezca. 

Escuchó mejor sus palabras, dejando escapar un leve suspiro, volteando ahora su rostro para encontrarse con la mirada ajena. Sus ojos se entrecerraron, para luego desviar la mirada. 

—Te equivocas.

Su voz sonó segura, no mentía. De hecho, sus ojos pálidos, azules, se clavaron en el contrario. —No voy a mentirte diciendo que no intenté que supieran sobre ti, pero no he llegado más lejos que el saber por dónde te movías. No he estudiado sobre ti, no he indagado sobre tu pasado, ni sobre tu ex, aunque te aseguro que no me faltan ganas. — Frotó sus ojos, tratando de mantener la calma, no por furia o molestia, sino para enfocarse mejor. —Hice que te siguieran porque estaba preocupado, pero la orden era solo seguirte, nada más. Y esa orden ya la he retrocedido. — Todavía recordaba, con escalofríos, cuando lo hizo, y lo buscó sin encontrarlo, pensando que Raigo le había atrapado, o descubierto su relación entre ambos después del encuentro del restaurante. —Lo que es sobre ti, quiero que salga de ti, igual que lo que es sobre mí es mejor que salga de mí. — Estiró el brazo, hablaba con sinceridad. Paseó sus dedos índice y corazón por el lado de la mejilla que tenía en su dirección en un gesto cálido, cariñoso y buscando hacerlo sentir cómodo con ese toque suave. —Incluso en tu privacidad, te he respetado. Tengo tantas cosas que quiero saber sobre ti todavía, tantas preguntas sobre ti... Pero mi prioridad es que estés bien, por eso nunca te he preguntado, no desde que... — Recordó el día en que pensó que lo había perdido. Su pecho se apretó en una sensación de dolor. Todo inició por una discusión sobre Aleksei. Apartó suavemente su mano. —Si quieres hablar, yo siempre estaré para escucharte, Tezca. Si no quieres hacerlo, puedes usarme para olvidar. Igual que tú quieres dar un nuevo significado a mi cicatriz, yo quiero darte otro a ti en los momentos que te duelen.
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#14
Era frustrante: Quería continuar tocándolo, besándolo pero una parte de mi solo no podía continuar: No cuando no le había correspondido ¿Qué carajos era esto? Si, las primeras veces estuvo bien el sentimiento, me resigné a aquello, a su bondad pero ¿otra vez? ¿Sería permanente? Sus palabras solo me hicieron asentir con pesar, omitiendo la doliente erección que opté por cubrir con la almohada que tenía más cerca. — Creo que mientras pasa el tiempo más logró ofuscarme. No tuviste otra opción, lo sé, pero ¿Cómo quieres que me sienta? ¿Crees que es fácil disculparte por ello? No le he perdonado ni una mierda a nadie en mi vida.— Observé al mayor con los ojos ligeramente entrecerrados en sospecha, mientras cruzaba los brazos. podía ser razonable, incluso generar mejores excusas para convencerme pero recordar la cara de ese maldito rubio solo lograba hacerme temblar de la rabia.


Pasé mi mano por mi cabello en un intento de calmarme, asintiendo a mi mismo. — Mierda, es una historia de mierda… No recuerdo mucho de mi infancia: Solo que mi madre estaba muy enferma, mi padre desapareció pero escuchaba todo tipo de historias sobre el: Una valeroso Cipher Pol, una mierda así. Nunca apareció; Ni idea de cómo luce, solo tengo ese maldito apellido… pero lo usaré como cebo, para encontrarlo ¿me entiendes?— Suspiré, apoyando la cabeza contra el respaldo del sofá — Tal vez piensa que morí con mi madre… Estuve mendigando y comiendo lo que encontrara hasta que un viejo me recogió de la miseria y técnicamente me adoptó… o me contrató, ni idea. Pero me enseñó a conseguirme la vida… Aleksei Petrovnich, hijo del doctor Petrovnich. Fue mi amigo, más que eso. El viejo me dijo que no le daba nada de confianza pero decidí ignorarlo. Alek necesitaba ayuda con sus mierdas de doctor que nunca entendí. Algunos recuerdos de esa época son borrosos aunque ¡carajo! Me hiciste recordar mucho sobre el.— Reí amargamente. 

Después de eso ni siquiera pude verlo, cerrando los ojos en un tonto intento de descansar. — No sé qué mierda hizo pero sé que sus padres lo ayudaron a huir… Luego muere el viejo y ya. Libre otra vez… maldito anciano tonto: Me quedé con sus clientes… Necesito algo más fuerte que el alcohol ahora.—
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#15
Con el tiempo, parecía que terminaba de calmarse. Descendió su espalda, colocando sus brazos sobre sus rodillas. Su rostro se voltea ligeramente, buscando su mirada con calma. Comprendía sus emociones, igual que él comprendía el motivo de hacerlo. No se atrevió a acercarse, no ahora, no por el momento. Pese a la molesta erección entre sus piernas, solo observaba al contrario de reojo, ahora sintiéndose culpable.

—No tienes que perdonarme si no quieres. También entiendo esto.

Aunque eso no lo hacía menos doloroso. Volteó la mirada en otra dirección, ahora buscando él otra almohada con la que cubrir su erección con su diestra, estirándolo en el extremo del sofá, volviendo la mirada hacia el rubio de vuelta. Su rostro se contorsionaba en una clara sospecha, pero no hubo duda. —No hubo nada más, al menos por mi parte. De Raigo... no puedo garantizar lo mismo. — Elevó su mano, frotándose la nuca. —Si Hakes le habló de ti, es posible que investigara. Podría ir y ver qué tanto sabe... pero parece algo desconfiado. — No sabía si sospechaba algo de sus planes, pero había procurado ocultarlo lo mejor posible, todo lo que le fue posible, de hecho. Ahora tenía otra prioridad. 

Sus ojos se centraron de nuevo en Tezca cuando comenzó a hablar. El interés era auténtico, no podía apartar la mirada del rubio cuando, al fin, parecía abrirse un poco más a él. Al fin parecía saber un poco más, al fin parecía abrirse más. —El medallón... — murmuró, descendiendo la mirada hacia donde el mismo tenía protagonismo, sobre su pecho. —Me suena que me dijiste que era algo de tu madre. ¿Fue acaso su último regalo? ¿Por eso lo aprecias tanto? ¿Cuidaba bien de ti? — Por su parte, no podía comprender el sentimiento, no había recibido un afecto familiar que, aparentemente, Tezca sí. 

Se acercó un poco más a él, rompiendo un poco la distancia, sin dejar de escucharlo, elevando su zurda, buscando acariciar su brazo, sostener su mano... pero cesó. “Aleksei Petrovnich”. No lo conocía, pero sabía bien a quién se refería. Aquel que una vez mencionó, aquel que lo hizo huir de la casa y que todo comenzara a volverse más caótico. Juntó sus manos, apretándolas entre sí. Cuanto más escuchaba, más parecía que el contrario parecía atormentado por todo. Pese a su amplio conocimiento, ninguno de los nombres le resultaba familiar y, por una vez, deseó saberlo para satisfacerlo y tranquilizarlo... O tal vez si lo supiera empeoraría más las cosas. Sus pulgares se apretaban entre sus manos.

...

—Con mierdas de doctor...— Hizo una pausa, quizás más larga de lo esperada, elevando la cabeza hacia el contrario, buscando nuevamente su mirada. ¿Qué tipo de expresión tendría al hablar de su ex? ¿Qué cara pondría al recordarlo? Y, aparentemente, no era solo eso... También confesaba que él mismo le recordaba a ese doctor. —¿Te refieres a experimentos, Tezca? — Si tuvo que huir... posiblemente era algo ilegal que comenzaba a conocerse demasiado. Conocía el labor, conocía a su socio Hyákinthos, conocía a ese tipo de médicos, y muchos más. Imaginar a Tezca en alguna de esas sesiones solo le hirvió la sangre. ¿Lo comparaba con alguien como él? No. No... Quizás solo estaba confundiendo las cosas. Respiró hondo, tratando de calmarse. Su erección ya comenzaba a perder fuerza dada la situación. Elevó su diestra, separando finalmente sus manos, frotando sus ojos con cansancio. Odiaba no saber qué decir, no saber cómo animarlo, no saber cómo reconfortarlo... Si su vida hubiera sido distinta, ¿habría sabido cómo responderle?

—No soy Aleksei, Tezca... — Su voz sonó en un susurro, separando su mano, ahora siendo él quien no se atrevía a mirarlo. —Soy Jin. Solo Jin. Tú mismo me hiciste darme cuenta de eso. — Pero ahora, aparentemente, solo era comparado con algún doctor que él parecía haber apreciado. ¿Quizás solo era esa sensación de familiaridad la que lo hizo unirse? Si era el caso... no sabía si sentirse bien con ello. Ni siquiera sabía qué pensar al respecto. El silencio se volvió más alargado, solo siendo roto por una sola pregunta. Una que iba muy en serio, sin decoraciones y el tono, seguro y firme, demostraban que era el caso.

—¿Quieres que te ayude a encontrar a tu padre?
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#16
Me tensé en cuanto mencionó el medallón. Sus preguntas llegaron una tras otra, clavándose con una precisión incómoda, y estuve a nada de reaccionar de forma hostil, casi automática. Como un perro al borde de morder, como si esa fuera la única respuesta que conociera cuando alguien invadía demasiado su espacio. La ira se alzó de golpe, ardiente, inmediata; incluso mi ceño ya se había fruncido, marcando el inicio de algo que podía salirse de control.
 
Pero la detuve.
 
A la fuerza.
 
Aparté la mirada del hombre, clavándola en cualquier otro rincón de la casa, como si pudiera anclarme a algo que no fuera él. Un intento torpe y desesperado, de convencerme de que tal vez… solo tal vez, yo ya no estaba ahí. Pero lo estaba. Muy presente.  —Si…— Respondí a todo, como si se pudiera englobar en una sola pregunta, buscando el tacto del hombre, su mano, para poder apretarla. —Pero nada de eso importa más ¿me entiendes? Todo eso… absolutamente todo eso, está muerto y quemado. Solo… solo sigo las cuentas pendientes, para destruirlas o que me destruyan. — Sentí mi voz quebrarse al final, comenzando a llorar. Mierda ¿Cómo es que alguien como yo lloraba? Yo ¿vulnerable? Que engaño, truco y mentira era esto.
 
Ninguno. Las lagrimas tampoco se detenían, solo podía intentar simular que no estaban.
 
—Voy a matarlo… a matarlos… Quemaré sus casas y familias, voy a hacer que se arrepienta de lo que me hicieron: Seré su amuleto de mala suerte aunque me destruya con eso… Tal vez solo así pueda descansar. — No sabía de donde habían salido esas palabras, casi arrancadas de la garganta mientras apretaba la mano del hombre con fuerza, con extrema fuerza, clavándole las uñas sin siquiera saber que le hacía daño, mientras cubría la mitad de mi rostro con la mano libre bastante alterado.
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#17
Podía verlo con claridad, qué tanto le afectaba hablar del tema. No era algo que hiciera con cualquiera, eso cada vez era más claro. No quería verlo herido, pero a su vez quería saberlo todo. Las preguntas no parecían tener respuestas y, sin embargo, con aquel único monosílabo, lo comprendió. 

Sus ojos descendieron a la mano que lo palpaba. Se acercó un poco más a él, estirando su mano, aceptándola, prestando total y completa atención a lo que hablaba. Pudo sentir el dolor de las uñas en su mano, lo hizo descender la mirada, solo elevando más su convencimiento de que iba a encontrar a todos los que se atrevieron a hacerle ese daño a Tezca y, a todos y cada uno de ellos, les haría pagar. También buscaría a su padre, fuera como fuere, de la forma que fuera necesaria, y lo arrastraría si fuera necesario con cada uno de sus huesos destrozados frente a él por osar abandonarlo.

Emitió un quejido por el dolor, involuntario, pero cualquier cosa que pudiera afectarle parecía desaparecer al ver las lágrimas que caían del hombre al que tanto amaba. Su brazo libre se estiró en su dirección, acercando su rostro hacia su hombro para que pudiera cubrir así mejor sus lágrimas. Si había algo que sabía, era que odiaba que lo vieran llorar. Él mismo había abandonado la idea de hacerlo alguna vez de nuevo, hasta el momento que creyó al propio rubio muerto. Nunca imaginó, ni en su larga vida, que ver llorar a alguien iba a ser tan doloroso incluso para él. Lo apretó hacia sí por la nuca, buscando ofrecerle, en silencio, el apoyo que quería brindarle, decirle en silencio que no estaba solo con ese gesto.

—Tú sí importas, Tezca... A mí me importas.

La voz sonaba suave, ignorando el dolor que tenía en su mano, besando su cabeza en un nuevo intento de calmarlo. Odiaba verlo de ese modo, pero que se derrumbara así frente a él demostraba la confianza que podía tener hacia él. Era mejor así. Se aliviaba por un lado y, por otro, odiaba que alguien lo hiciera sentir así. Lo apretó más hacia sí, descendiendo su rostro para apegarse más a él. Quizás la posición no era la más cómoda para sí mismo, no le importaba, no era relevante. 

—No lo hagas todo solo. Ahora estoy contigo, Tezca.

Elevó su mirada, tratando de calmar el pecho que le apretaba, relajarse. Si seguía llorando, lo dejaría humedecer su hombro, le daba igual. Ahora tenía una convicción mayor; llegaría lejos, más lejos de lo que jamás llegó hasta entonces, incluso si tenía que separarse de él. Ya no solo era convencerse de que valía más que la escoria de Raigo, no solo cumplir su sueño para llegar a lo más alto, ahora compartía también el hacer pagar a todos y cada uno de esos malditos imbéciles lo que se atrevieron a hacerle a ese hombre, remover todos los mares hasta dar con el padre de Tezca. —¿Me dejarás ayudarte? Prometo que si hay algo que consideras demasiado, o quieras hacer por ti mismo, no lo forzaré. Pero déjame ayudarte. 

Intentó ahora buscar la mirada del contrario, paseando los dedos de su brazo sano por su cabello con un cuidado que no sabía que existía ni él mismo. Buscó sus labios. Aleksei, cómo se atrevía ese maldito malnacido a jugar con Tezca. Cómo se atrevía ese condenado... Solo imaginar cualquiera de las cosas que pudiera haber pasado le hacía hervir la sangre. Lo besó, ahora no solo en un intento de calmarlo a él, sino también aligerar el peso de la ira que parecía ascender dentro de él. 

—Gracias... por confiar en mí.

Ahora elevó su mano hasta la mejilla ajena, deseando que lo estuviera mirando, porque buscaba su mirada, su aceptación. Su pulgar acariciaba con cuidado su mejilla, como un gran tesoro que no planeaba perder, y no permitiría que nadie se lo quitara de encima. Jamás. No ahora que había encontrado una razón mayor para luchar. Ahora tenía un nuevo objetivo importante; protegerlo. Buscó sus labios, besarlos, cerrar los ojos y apretar el cuerpo ajeno contra el suyo. —Haré lo que sea por ti... lo sabes, ¿Verdad? — No era solo convencerlo, era la seguridad de hacerlo. Maldición, su pecho apretaba, sentía que era la fuente de sus fuerzas. Solo podía verlo a él, como si no hubiera nada ni nadie más en el mundo. Solo Tezca. Secó sus ojos, si es que todavía quedaban algunas lágrimas, con su pulgar.

Eso, esa sensación, seguramente era amor.
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#18
El beso logró distraerme, correspondiendo a este con cierta necesidad mientras el resto de las lagrimas lograban salar mis labios. Aún así no pude separarme, no de inmediato, hasta que esas palabras me regresaron al momento, asintiendo mientras desviaba la mirada. No podía creer que estaba llorando, una situación no solo vulnerable pero molesta. Quería hacer desaparecer el momento, todo lo que sentía pero sabía que aquello era imposible.
 
Entonces el segundo fue esperado, al menos por la forma en la que me sostenía, besándolo profundamente mientras terminaba por abrazarlo del cuello, terminando por separarme con un ligero rubor en el rostro, rodando los ojos en molestia fingida. —Si, carajo… Confío en ti ¿Me entiendes? Pero… No te metas. — Dije aquello último casi entre dientes, esperando que no sonara tan cruel como creí que sonaría. —Busca información si puedes. Listo. Si te lo encuentras no quiero que hagas nada, es mi problema… — Expliqué, volviendo a esconderme en su hombro como un maldito cobarde mientras buscaba su mano una vez más para llevarla a mi muslo derecho buscando su tacto, la cercanía, el olvido. Esta vez de verdad.
 
Aún así solté una carcajada, acomodando mi cabello con una amarga sonrisa que no llegaba a mis ojos. —Estoy bien… ¿Qué mierda? Debería estar llorando de placer nada más, alguien no está haciendo bien su trabajo. — Me terminé por separar, sentándome a un lado del sofá, mirando a la pared en completo silencio mientras intentaba poner mi respiración y pensamientos en orden.
 
¿Por qué seguía pensando en todo? Mi mente se acercaba peligrosamente a la cara de aquel hombre rubio. De Raigo. Como si fuera algo a considerar, pero no, no lo era. Solo era una nimiedad, una estupidez ¿Por qué mierda lo trataba como una amenaza? Era un tramposo, una bestia ¿Cómo podía temer a un hijo de puta que terminaría muerto a la mano de uno de sus hombres? Aún así continuaba apareciendo… ¿Tenía miedo? Tal vez estaba asustado.
 
No, nunca. Menos de un imbécil como el.
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#19
Las manos del yakuza se elevaron, paseándolas por las mejillas del rubio, acariciando con cariño su rostro. Odiaba tener que prometer algo así, prefería hacer sufrir a quienes le hicieron sufrir. Bueno, al menos solo parecía que aquel detalle solo trataba de su padre, no de Aleksei. Su sangre hervía solo sabiendo lo que ese condenado se atrevió a hacerle. No conocía de qué tipo, ni cómo, pero no podía esperar nada bueno de un médico que solo lo amaría por ser un conejillo de indias. No había otra razón.

—Está bien. Solo información. Lo prometo.

Le oprimía el pecho no poder hacer más, pero se acercó a besar, esta vez, su frente. —Y cuando la tenga, te la daré al momento, lo prometo. Solo prométeme que si necesitas ayuda, me la pedirás. Sin miedo, sin orgullos. Solo grita mi nombre, y allí estaré. — Quizás no fuera poseedor de un akuma como él, pero confiaba en sus contactos y sus habilidades con la katana. Elevó su mano cuidadosamente, dejando que acomodara su rostro sobre su hombro, aceptando el toque de su mano. Cerró los ojos, inundado por el olor del propio Tezca, tan característico como único. Esperaba pasar mucho tiempo juntos...

Lo vio reírse, luego separarse. Tenía razón, debería estar entregándole lo que al inicio había comenzado. Solo se interrumpió pensando que no era adecuado, pero claramente él lo necesitaba. Se incorporó mejor, tomando el rostro de Tezca con mayor seguridad, atrayéndolo para juntar ambos labios. Maldición, amaba a ese hombre... El beso fue profundo, intenso, firme y seguro, quizás más largo de lo esperado. Su mano ascendía para terminar de desabrochar la camisa que le había robado. No le disgustaba cómo le quedaba. Se separó poco después, buscando aire en sus pulmones y la mirada del contrario. 

—Entonces, deja que te haga llorar y verme solo a mí.

Lo tomó sin aviso de la pierna, levantándola para arrastrarlo por el sofá, colocándose sobre él. Sus labios ahora descendiendo hasta su cuello, su otra mano tomando la ajena, para que percibiera su propio bulto, el cual se había vuelto a activar. Solo Tezca era capaz de provocarlo de ese modo. Una media sonrisa salió de entre sus labios, observándolo desde su posición, una de medio lado, con travesura. Si pensaba en algo o alguien más, lo obligaría a solo hacerlo con él.

—No esperes que hoy sea suave contigo, Tezca.

Sus dientes se hincaron en el hombro ajeno, justo al lado del collar que tanto apreciaba, evitando el contacto directo. Sus caderas se movían, buscando el calor y la fricción entre ambos, la respiración era agitada. El vaho salía de entre sus labios, la iluminación del día le daba la satisfacción de ver mejor el cuerpo que planeaba marcar como suyo. Tomó la otra pierna, colocándola sobre su hombro, acercando su pelvis sobre la contraria. —Me va a tocar hacerte llorar como nunca hoy.
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#20
Estaba tan enfocado en mis pensamientos; sabía que tal vez, llegado el momento no le pediría ayuda, no cuando estaba preparado para morir en ese momento. Mi mente divagó, replicando lo que pasaría, los resultados. Simplemente todo. Una vez más darme que cuenta que no, no llamaría si nombre, probablemente ni siquiera le diría dónde asaltaría a mi progenitor.


Tendría que buscar la forma de decirle que ya no me encontraba más en este mundo, dejar el mensaje de alguna forma…. Pero no confiaba lo suficiente en mis conocidos para ellos.


—¡Ah!— Un quejido salió de mis labios, abrupto, con los ojos en par al notar que ahora me encontraba contra el sofá, con el atractivo hombre encima mío ¿Qué había dicho antes? No estaba muy seguro de haberlo escuchado. Tardé en sonreír, soltando una ligera carcajada nueva mientras alzaba la mano a acomodar su cabello, revelando esa cicatriz, aunque no pudiera verla del todo al sentir los labios del yakuza contra mi piel, el tacto de mi mano contra su intimidad, estimulándola por encima de la ropa por el breve momento que me había permitido.


Sabría que no sería suave, no después de esto, no después de mis peticiones. No después de la marca contra mi hombro que había provocado que me excitara, moviendo mi cadera en contra del hombre, esperando sentir aún más. No tuve que hacer tanto, no cuando el mayor tomaba la iniciativa con ferocidad, continué con los movimientos de mi cadera, aferrándome a su cuello mientras lo observaba con cierta peligrosidad, sin despegar mis ojos de los suyos. —Parece que tomarás la iniciativa, te dejaré con ello. Me siento un poco… perezoso ¿me entiendes?— Reí, ocultando el hecho que en realidad estaba distraído, levantando mi espalda del sofá para poder besar sus labios una vez más, profundamente, pretendiendo colar mi lengua en su cavidad bucal, sintiendo mis piernas temblar.
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