10-03-2026, 01:58 AM
Kiyoshi quiso alzar la voz cuando aquel pobre hombre, ingenuo y carente de conocimientos que podrían salvar su vida, tomó una decisión chequeada en los libros de ninguna parte. Afortunadamente, y para sorpresa del médico, Uker se le adelantó y le hizo una advertencia correcta. Los ojos del médico se mantienen igual, pero los del pata enferma sí se abren de par en par. Inmediatamente se aparta del fuego, muerde el labio a modo de frustración, y gira su cuerpo para darle la espalda al cocinero, a la par que se cruza de brazos visiblemente indignado. En el fondo agradece la ayuda, pero no quita que sienta insultante recibir clemencia por un tipo al que considera su enemigo. Por ahora, se mantiene callado. Es la nieta del dueño de casa quien toma la toalla y se encarga de entregarle calor para seguir las instrucciones y ayudar a su superior, pues aquel patinador es mayor que ella. Le conoce desde hace muchos años, cuando ella aún era una chiquilla.
Ahora sí, el pelinegro intercede y tan solo hace un inciso a su compañero, quien con la mirada pide conformación para lo que ha aseverado. — Solo te faltó decirle que es un tonto. — Con aquella corrección, habría dicho exactamente lo mismo que deseaba decir él. Kiyoshi no es el tipo de profesional cuyo ego lo obliga a sentirse ofendido cuando alguien toma su lugar o no lo deja lucirse cuando se presenta la oportunidad de presumir su especialidad. Como bien sabemos y saben aquellos que lo frecuentan, no le gusta ser el centro de atención, tampoco que lo halaguen. Hace lo suyo y se retira, sin más.
El viejo al fin vuelve a entrar en escena y estalla de risa. Es impredecible, pero controla bien los tiempos. Entiende cuándo aparecer y cuándo darle espacio al resto. La edad trae consigo sabiduría, y bien aplicada te permite entender que tu momento ya pasó y el presente les pertenece a los jóvenes. Por ese mismo motivo es que jamás intentaría hacer algo en contra de Uker y Kiyoshi, aun cuando son piratas, con la única excepción de si tuviesen intenciones de herir a los suyos. Ahí, la historia cambiaría radicalmente.
— Richard tiene un talento innato para patinar. Desde muy pequeño, sobresalió entre sus pares. Kitana también es excelente, pero ella misma se limita a la hora de enseñar su talento ante multitudes. Son muy cerrados en torno a su propio núcleo, por eso se molestan cuando sienten que otros vienen a molestarlos en su hábitat. Poseen un carácter complicado, y como su maestro nunca he sido capaz de provocar un cambio en ellos, al menos en ese aspecto. Por ese motivo es que les pido disculpas, Uker y Kiyoshi, por lo que han tenido que pasar. No puedo ofrecerles dinero como recompensa porque, lamentablemente, apenas alcanza, pero sí puedo ofrecerles un regalo. No se sientan presionados a recibirlo, pero es lo mínimo que un hombre como yo puede hacer.
Acto seguido, el hombre le hace señas a su nieta que sigue quieta y cerca de todos, pero guardando silencio. Ella no necesita escuchar palabras que aclarezcan la indicación; entiende de inmediato. Asiente con la cabeza y, tras hace una leve reverencia ante todos en señal de respeto, se retira. Aquí es cuando Richard, aún volteado hacia la pared, permite al resto escuchar su voz. — Maestro, ¿realmente se los darás? Ni siquiera nosotros… — Nuevamente, un simple gesto de mano es suficiente para que el otro entienda lo que debe hacer; en este caso, callarse. Se muerde el labio, molesto, pero obedece. Su silencio solo se ve interrumpido por un profundo suspiro.
Los segundos pasan y en el salón reina un silencio incómodo. Kiyoshi se siente intrigado por lo recién sucedido, mas no opina. Tan solo intercambia miradas fugaces con su compañero, preguntándose si él imagina qué puede estar pasando. No se experimenta relajo al estar sentado en una casa de desconocidos, aun cuando te han servido una deliciosa taza de chocolate caliente. ¿Y si todo es una trampa? Es una opción viable, ¿no te parece?
Por ahora, nos quedamos con la muchacha que llega sujetando una caja que aparentemente tiene un gran calzado dentro debido a sus proporciones. La deposita sobre las rodillas de su abuelo y retrocede, rodeando el sofá tomando posición de pie tras su espalda. El anciano quita la tapa y la deja en el suelo, a un costado de su asiento y apoyada en el mismo. Dentro del empaquetado se aprecia un par de botines de patinaje hermosos, aunque evidencian ya el paso de los años. Seguramente en sus tiempos de gloria fueron de los más deseados por los que practican esta disciplina. Si alguno de los piratas se avisa, notará cómo Richard gira el cuello y los observa con recelo, envidioso. Seguramente es una posesión que siempre ha querido y, ahora, solo ve como se le escapa ante la aparición de dos desconocidos. Aun así, entiende, y eso le frustra más, que es culpa suya y de haberse metido con ellos que se encuentran aquí, ahora.
— Son una reliquia. — Comenta el viejo tras tomarlos con una mano y levantarlos, para que así sea cómodo de ver para todos. — Los usé en mis años mozos. Siempre me ha molestado tenerlos guardados y que solo tengan acción en mis recuerdos. Los usé cuando me dediqué a viajar por distintas islas y mostrar el deporte que amo. Ustedes viajan, porque seguirán haciéndolo, ¿no? — Kiyoshi asiente. — Llévenselos, por favor. Si bien es una forma de compensación, quizás solo es un deseo de este viejo al que solo le quedan pocos años de vida.
Kiyoshi, con la seriedad y frialdad que normalmente tiene, responde primero, adelantándose a Uker. — Ese tipo de cosas no son lo mío. Uker, úsalos tú. Eres rápido y ágil, podrían servirte. Sabes que para mí es algo imposible.
Estas palabras no le gustan a Richard, quien ahora sí les da la cara a todos, y se le nota enfadado. — ¿Qué se creen, estúpidos? Deberían sentirse privilegiados de que el maestro les ofrezca semejante reliquia. Si supieran cuánto tiempo yo… — Vuelve a morderse el labio, parece un tic, mas solo es una forma de obligarse a no abrir la boca y cagarla más de lo que ya lo ha hecho este día. Parece que el entorno se ha vuelto denso de un momento a otro.
Ahora sí, el pelinegro intercede y tan solo hace un inciso a su compañero, quien con la mirada pide conformación para lo que ha aseverado. — Solo te faltó decirle que es un tonto. — Con aquella corrección, habría dicho exactamente lo mismo que deseaba decir él. Kiyoshi no es el tipo de profesional cuyo ego lo obliga a sentirse ofendido cuando alguien toma su lugar o no lo deja lucirse cuando se presenta la oportunidad de presumir su especialidad. Como bien sabemos y saben aquellos que lo frecuentan, no le gusta ser el centro de atención, tampoco que lo halaguen. Hace lo suyo y se retira, sin más.
El viejo al fin vuelve a entrar en escena y estalla de risa. Es impredecible, pero controla bien los tiempos. Entiende cuándo aparecer y cuándo darle espacio al resto. La edad trae consigo sabiduría, y bien aplicada te permite entender que tu momento ya pasó y el presente les pertenece a los jóvenes. Por ese mismo motivo es que jamás intentaría hacer algo en contra de Uker y Kiyoshi, aun cuando son piratas, con la única excepción de si tuviesen intenciones de herir a los suyos. Ahí, la historia cambiaría radicalmente.
— Richard tiene un talento innato para patinar. Desde muy pequeño, sobresalió entre sus pares. Kitana también es excelente, pero ella misma se limita a la hora de enseñar su talento ante multitudes. Son muy cerrados en torno a su propio núcleo, por eso se molestan cuando sienten que otros vienen a molestarlos en su hábitat. Poseen un carácter complicado, y como su maestro nunca he sido capaz de provocar un cambio en ellos, al menos en ese aspecto. Por ese motivo es que les pido disculpas, Uker y Kiyoshi, por lo que han tenido que pasar. No puedo ofrecerles dinero como recompensa porque, lamentablemente, apenas alcanza, pero sí puedo ofrecerles un regalo. No se sientan presionados a recibirlo, pero es lo mínimo que un hombre como yo puede hacer.
Acto seguido, el hombre le hace señas a su nieta que sigue quieta y cerca de todos, pero guardando silencio. Ella no necesita escuchar palabras que aclarezcan la indicación; entiende de inmediato. Asiente con la cabeza y, tras hace una leve reverencia ante todos en señal de respeto, se retira. Aquí es cuando Richard, aún volteado hacia la pared, permite al resto escuchar su voz. — Maestro, ¿realmente se los darás? Ni siquiera nosotros… — Nuevamente, un simple gesto de mano es suficiente para que el otro entienda lo que debe hacer; en este caso, callarse. Se muerde el labio, molesto, pero obedece. Su silencio solo se ve interrumpido por un profundo suspiro.
Los segundos pasan y en el salón reina un silencio incómodo. Kiyoshi se siente intrigado por lo recién sucedido, mas no opina. Tan solo intercambia miradas fugaces con su compañero, preguntándose si él imagina qué puede estar pasando. No se experimenta relajo al estar sentado en una casa de desconocidos, aun cuando te han servido una deliciosa taza de chocolate caliente. ¿Y si todo es una trampa? Es una opción viable, ¿no te parece?
Por ahora, nos quedamos con la muchacha que llega sujetando una caja que aparentemente tiene un gran calzado dentro debido a sus proporciones. La deposita sobre las rodillas de su abuelo y retrocede, rodeando el sofá tomando posición de pie tras su espalda. El anciano quita la tapa y la deja en el suelo, a un costado de su asiento y apoyada en el mismo. Dentro del empaquetado se aprecia un par de botines de patinaje hermosos, aunque evidencian ya el paso de los años. Seguramente en sus tiempos de gloria fueron de los más deseados por los que practican esta disciplina. Si alguno de los piratas se avisa, notará cómo Richard gira el cuello y los observa con recelo, envidioso. Seguramente es una posesión que siempre ha querido y, ahora, solo ve como se le escapa ante la aparición de dos desconocidos. Aun así, entiende, y eso le frustra más, que es culpa suya y de haberse metido con ellos que se encuentran aquí, ahora.
— Son una reliquia. — Comenta el viejo tras tomarlos con una mano y levantarlos, para que así sea cómodo de ver para todos. — Los usé en mis años mozos. Siempre me ha molestado tenerlos guardados y que solo tengan acción en mis recuerdos. Los usé cuando me dediqué a viajar por distintas islas y mostrar el deporte que amo. Ustedes viajan, porque seguirán haciéndolo, ¿no? — Kiyoshi asiente. — Llévenselos, por favor. Si bien es una forma de compensación, quizás solo es un deseo de este viejo al que solo le quedan pocos años de vida.
Kiyoshi, con la seriedad y frialdad que normalmente tiene, responde primero, adelantándose a Uker. — Ese tipo de cosas no son lo mío. Uker, úsalos tú. Eres rápido y ágil, podrían servirte. Sabes que para mí es algo imposible.
Estas palabras no le gustan a Richard, quien ahora sí les da la cara a todos, y se le nota enfadado. — ¿Qué se creen, estúpidos? Deberían sentirse privilegiados de que el maestro les ofrezca semejante reliquia. Si supieran cuánto tiempo yo… — Vuelve a morderse el labio, parece un tic, mas solo es una forma de obligarse a no abrir la boca y cagarla más de lo que ya lo ha hecho este día. Parece que el entorno se ha vuelto denso de un momento a otro.
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
Hablo | Pienso
