10-04-2026, 10:27 AM
(Última modificación: 11-04-2026, 05:21 AM por Viatrix Hrókr.)
05:50 am
Dia 21, Año 17, Otoño
No sé exactamente en que momento de mi vida empecé a interesarme por completo en la cocina, tal vez fue la necesidad imperiosa de tener que comer para sobrevivir y el hecho de que me guste ser perfeccionista en cada cosa que hago, pero esto de la cocina es algo diferente. Y ahora a raiz de eso trato de en cada lugar que voy probar nuevos ingredientes o nuevas preparaciones.
El nuevo hogar donde me encuentro es Baterilla una zona un poco tropical para mi gusto pero he de decir que le viene a bien a mi blanquecina piel, detestando la humedad que se pega a ella cuál goma de mascar, pero el aroma del mar y del sinfín de locales de comida que hay, a pesar de ser tan pequeño, es invaluable para mi. En mi primer tour por el puerto encontré mucha variedad de pescados y mariscos que me llevaron a creer que puedo crear algo nuevo con ingredientes locales, solo que de forma particular me gustaría ser yo quien los recolecte. Un verdadero desafío para quienes no estamos acostumbrados a la caza, pesca o la recolección de alimentos en general.
Un poco de coco, unas hojas de palmera y algunos pescados y mariscos serían una buena combinación.
La indumentaria que escogí no era solo casual, sino adecuada para la aventura que tengo en mente, es una total locura para un marine, sale de toda regla posiblemente, pero tomaré uno de esos días libres que a veces nos otorgan. Bien vestuario, claro hay que describirlo. Una blusa de tela clara y holgada perfecta para el clima tropical, remangada hasta el antebrazo, una bolsa de recolección que conseguí hace unos días en el mercado, pantalones ajustados pero de perfecta movilidad y botas ligeras abandoné mis preciadas botas de tacón como las amo. Claramente un cuchillo y una cuerda para poder sujetarme o jalar algo, lo que fuese.
Dejando de lado los contextos vamos a lo que importa supongo. Desde que tomé la decisión de enlistarme en las filas de la ley, Baterilla y su base marine se transformaron en el lugar donde suelo pasar muchas horas entrenando o cumpliendo algunas pequeñas misiones que me han dado la facilidad de recorrer la isla de cabo a rabo dandome ideas tangibles de los lugares en donde podría encontrar lo que busco. Quiero visitar aquel lugar en las cercanías del volcán donde las palmeras se manifiestan como una invasión verde y café, se encuentra en el limite del pueblo donde comienza a ceder ante la vegetación que se presenta, lo puedo notar bajo el terreno de mis pies que cambia a medida que voy avanzando hacia el interior de la isla, donde el calor parecía concentrarse más, eso es debido a la presencia de un volcán, que aunque se encuentra inactivo, si emana calor desde el.
Ese paisaje era simplemente encantador a mi parecer, me causa entusiasmo la forma en que las palmeras se mueven al son del viento y como este busca su camino por entre las hojas combinando con el azul del cielo que se encuentra despejado. Y en medio de todo ese oceano de arboles, imponente y majestuoso se encuentra el volcan del que les hable hace unos párrafos atrás, dos mil metros de altura con eso ya era intimidante. Es incrleible como la vegetación va cambiando incluso en un mismo lugar a más cercanía del volcan, las palmeras parecían crecer más separadas unas de otras y la tierra se veía más seca en ciertos tramos, fragmentos de roja volcánica y esas cosas.
Mi intención de haber llegado hasta este lugar es que quiero unas cuantas hojas de palmera y tal vez algunos cocos para lo que traigo en mente. Algunas de ellas cargan de esos frutos en bastante abundancia lo que me hace pensar que subir en uno de ellos es mas peligroso que una buena idea como tal, pero puedo ver la tensión de las copas hacia el suelo producto de tanta carga. Me acerque a uno de ellos con la esperanza de que estuviese tan solo al alcance de mi mano, que bastara con extenderme un poco y poder desprender un par de esos frutos, pero eso es a la distancia cuando llegue y lo tuve enfrente nada de lo que pensaba era correcto, a pesar de ello si era cierto que era más alcanzable que cualquier otra palmera.
Jale de una de sus hojas o más bien un par para tensarla un poco más como para incluso sacar hojas en un solo movimiento, pero la verdad es que en cuanto comencé a tirar de ella pude sentir la manera en que me traía hacia ella, descubriendo así que aquella manera no era la correcta para hacerlo, lo más lógico es subir por el tronco de aspecto rugoso y firme y desde esa posición lograr soltar un par de sus frutos. Así que decidí hacer de algunas herramientas para ayudarme, si de esa manera se puede definir a una rama ligeramente gruesa, que amarre con la cuerda a mi espalda.
Esto puede ser mejor idea que la anterior y espero conseguir lo que necesito o perderé la dignidad en el camino.
Las irregularidades que posee el tronco me permiten obtener un buen agarre, lo que aumenta en creces mi confianza para escalarla como si nada, salvo por el hecho de que esta empezó a inclinarse, mi peso se sumaba y empiezo a dudar si esto ha sido una buena idea que sea atlética no quiere decir que tenga cierta destreza con los árboles como Tarzán. Mis botas encuentran un muy buen punto de apoyo lo que me permite un impulso adecuado para acercarme a la hoja más próxima. Intento soltarme para poder sacar el cuchillo de la bolsa y un poco de viento me enseño que estoy a la deriva y un descuido me puede hacer caery ahi es cuando voy a perder la confianza y la dignidad dos movimientos en uno.
La misma cuerda que use para poder atar aquella rama a mi espalda, haciendo uso de lo sobrante me sujete al tronco y cuando ya me he sentido segura de ello sintiendo la firmeza que ejerzo en las piernas, busco el cuchillo y comienzo a cortar la hoja elegida. Se siente tensa pero el filo de mi arma hace su trabajo, cuando estoy al termino de cortarla lo ultimo le doy un tirón con la mano y la dejo caer al suelo.
¡Si! Primer objetivo cumplido.
Si yo no me doy ánimos nadie lo hará y no quiero volver a actuar solo por conseguir un par de buenos halagos de alguien que no valorara mi esfuerzo como lo hizo mi madre. Con esa idea en mente me dispuse a cortar una segunda hoja, solo que no la elegí con cuidado pues esta parece más fibrosa más aferrada a la palmera, entonces corto en el sentido contrario al que lo estaba haciendo, pero la distracción del recuerdo de esa mujer me lleva a actuar con algo de rabia y termino llevandome un corte a la otra mano.
¡Maldición! ¿Por que ahora? ¡Mierda!
La frustración del corte se apoderó de mi haciendome maldecir al aire, lo siguiente es darle solo un tirón a la hoja la que finalmente cede y la dejo caer al suelo. Me tomo un momento para respirar y calmar mi mente, tomare esto como todo en mi vida un desafio que requiere mi concentración y atención como en los entrenamientos. Observo a detalle la palmera buscando los frutos que tambien necesito. Los cocos cuelgan agrupados en racimos un poco densos y parecen estar sujetos con tallos un tanto más gruesos que las de las hojas y no estan al alcance directo de mi mano, están un poco más altos.
Aliviano un poco la atadura de del tronco y nuevamente me impulso con la fuerza de las piernas y un firme agarre de mis manos, sin quitar los ojos de encima de aquellos frutos, que a mi criterio ya estan al alcance de mis manos y mi poderoso cuchillo.
Vamos otra vez, con templanza y concentración.
Vuelvo a atar la cuerda para darle la estabilidad a mi cuerpo y sobre todo a mis piernas consiguiendo un apoyo con las botas en una de las fisuras del tronco. Uno de los cocos a la vista se encuentra cerca de una hoja que ocupo como apoyo para mi mano con la que sujeto el fruto mientras corto el tallo lo suficiente para poder bajarlo con la rama. Que meto entremedio del coco y su union al arbol y comienzo a presionar como si estuviese haciendo una palanca hasta que finalmente el fruto cede desestabilizando otro fruto en el camino, dándome un punto extra. Lo que es un rotundo alivio para mi el corte en la mano no me incita a querer seguir forzandola con el agarre para estar ahi. El descenso no es nada apresurado, lo tomo con calma buscando que el apoyo de mis pies sea suficiente para no usar la mano. Cuando consigo la cercanía del suelo simplemente me dejo caer de un salto y recojo los frutos y las hojas para guardarlas en la bolsa de recolección.
Momento de correr o me dejarán.
Corro con rapidez de vuelta al pueblo y buscar un vendaje rápido en la base, me esperan en el puerto, le solicite ayuda a unos marineros con los que hable durante una de mis rondas de guardia, para que puedan llevarme a pescar y aprender de ello en el proceso. Sin mirar atras, sin centrarme en el cansancio que supone correr esas distancias, corro sin detenerme y me inspiro más cuando finalmente veo los techos coloridos del pueblo. Conozco las calles como la palma de mi mano y en cosa de minutos estoy frente a la base donde me tomo un respiro que me permita seguir corriendo hacia la enfermeria donde solicito un vendaje ligero para el corte ligero que me hice.
Rápido vendaje solo para correr con la mayor de las prisas hacia el puerto, el favor que me están haciendo los marineros tiene una sola condición y es llegar a tiempo para interrumpir el itinerario establecido que tienen. No es común que alguien de la marina les pidiera participar en esta jornada de pesca. Desde la lejanía puedo notar que la actividad ya ha comenzado incluso puedo oir las voces dando instrucciones de lo que se debe hacer.
Cuando finalmente llego al puerto y comienzo a pisar la madera del muelle, uno de los marineros de complexión robusta y manos curtidas por años de trabajo, deja lo que esta haciendo y se acerca a mi para darme la bienvenida solo con una pregunta ¿sigue en pie lo que habías pedido? Y mi respuesta era evidente, sin necesidad de palabras en medio solo con un acto, subir a la embarcación saludando a los demás que se encuentran en el lugar.
En cosa de minutos y unos cuantos movimientos más por parte de todos en la embarcación, esta se separa del muelle y comienza a navegar mar adentro. El clima nos acompaña no esta embravecido aunque no crean que esta docil. No hay mareo en mi cuerpo, eso solo significa que me he adaptado al vaiven de la embarcación y estoy lista y dispuesta para lo siguiente.
El capitán me da la explicación de lo que debo hacer: “No hay mucho misterio, solo debes hacer lo mismo que nosotros, no tires la red solo por tirar, si lo haces saldrás con las manos vacías.” Enrollo la red de la misma manera en que lo hace él y con un movimiento amplio la lanzó al mar donde esta se abre para cubrir una zona un tanto extensa donde comienza a hundirse, ahora solo me queda esperar las órdenes del capitán para cuando deba retirarla. Parece ser que el acto de pescar también es una buena práctica para poner a prueba la paciencia, el tiempo pasa en silencio o con algunos comentarios que causan algo de risas. Mientras esperamos uno de los marines me enseña cómo pescar con la caña, eso parece más lento y requiere mucha más paciencia.
En ese momento la red comienza a tener tensión lo que significa que el momento ha llegado, el capitan me llama para retirarla junto con ellos porque necesitare ayuda para subirla. Con ayuda del mismo capitan la red emerge poco a poco, no fue una captura perfecta pero definitivamente no ha sido nada pobre para ser mi primera vez. “Nada mal para ser una primera vez” comenta el capitan y yo solo me quedo a contar la cantidad de peces en la red que eran como alrededor cinco y algunos cangrejos y otros.
Dia 21, Año 17, Otoño
No sé exactamente en que momento de mi vida empecé a interesarme por completo en la cocina, tal vez fue la necesidad imperiosa de tener que comer para sobrevivir y el hecho de que me guste ser perfeccionista en cada cosa que hago, pero esto de la cocina es algo diferente. Y ahora a raiz de eso trato de en cada lugar que voy probar nuevos ingredientes o nuevas preparaciones.
El nuevo hogar donde me encuentro es Baterilla una zona un poco tropical para mi gusto pero he de decir que le viene a bien a mi blanquecina piel, detestando la humedad que se pega a ella cuál goma de mascar, pero el aroma del mar y del sinfín de locales de comida que hay, a pesar de ser tan pequeño, es invaluable para mi. En mi primer tour por el puerto encontré mucha variedad de pescados y mariscos que me llevaron a creer que puedo crear algo nuevo con ingredientes locales, solo que de forma particular me gustaría ser yo quien los recolecte. Un verdadero desafío para quienes no estamos acostumbrados a la caza, pesca o la recolección de alimentos en general.
Un poco de coco, unas hojas de palmera y algunos pescados y mariscos serían una buena combinación.
La indumentaria que escogí no era solo casual, sino adecuada para la aventura que tengo en mente, es una total locura para un marine, sale de toda regla posiblemente, pero tomaré uno de esos días libres que a veces nos otorgan. Bien vestuario, claro hay que describirlo. Una blusa de tela clara y holgada perfecta para el clima tropical, remangada hasta el antebrazo, una bolsa de recolección que conseguí hace unos días en el mercado, pantalones ajustados pero de perfecta movilidad y botas ligeras abandoné mis preciadas botas de tacón como las amo. Claramente un cuchillo y una cuerda para poder sujetarme o jalar algo, lo que fuese.
Dejando de lado los contextos vamos a lo que importa supongo. Desde que tomé la decisión de enlistarme en las filas de la ley, Baterilla y su base marine se transformaron en el lugar donde suelo pasar muchas horas entrenando o cumpliendo algunas pequeñas misiones que me han dado la facilidad de recorrer la isla de cabo a rabo dandome ideas tangibles de los lugares en donde podría encontrar lo que busco. Quiero visitar aquel lugar en las cercanías del volcán donde las palmeras se manifiestan como una invasión verde y café, se encuentra en el limite del pueblo donde comienza a ceder ante la vegetación que se presenta, lo puedo notar bajo el terreno de mis pies que cambia a medida que voy avanzando hacia el interior de la isla, donde el calor parecía concentrarse más, eso es debido a la presencia de un volcán, que aunque se encuentra inactivo, si emana calor desde el.
Ese paisaje era simplemente encantador a mi parecer, me causa entusiasmo la forma en que las palmeras se mueven al son del viento y como este busca su camino por entre las hojas combinando con el azul del cielo que se encuentra despejado. Y en medio de todo ese oceano de arboles, imponente y majestuoso se encuentra el volcan del que les hable hace unos párrafos atrás, dos mil metros de altura con eso ya era intimidante. Es incrleible como la vegetación va cambiando incluso en un mismo lugar a más cercanía del volcan, las palmeras parecían crecer más separadas unas de otras y la tierra se veía más seca en ciertos tramos, fragmentos de roja volcánica y esas cosas.
Mi intención de haber llegado hasta este lugar es que quiero unas cuantas hojas de palmera y tal vez algunos cocos para lo que traigo en mente. Algunas de ellas cargan de esos frutos en bastante abundancia lo que me hace pensar que subir en uno de ellos es mas peligroso que una buena idea como tal, pero puedo ver la tensión de las copas hacia el suelo producto de tanta carga. Me acerque a uno de ellos con la esperanza de que estuviese tan solo al alcance de mi mano, que bastara con extenderme un poco y poder desprender un par de esos frutos, pero eso es a la distancia cuando llegue y lo tuve enfrente nada de lo que pensaba era correcto, a pesar de ello si era cierto que era más alcanzable que cualquier otra palmera.
Jale de una de sus hojas o más bien un par para tensarla un poco más como para incluso sacar hojas en un solo movimiento, pero la verdad es que en cuanto comencé a tirar de ella pude sentir la manera en que me traía hacia ella, descubriendo así que aquella manera no era la correcta para hacerlo, lo más lógico es subir por el tronco de aspecto rugoso y firme y desde esa posición lograr soltar un par de sus frutos. Así que decidí hacer de algunas herramientas para ayudarme, si de esa manera se puede definir a una rama ligeramente gruesa, que amarre con la cuerda a mi espalda.
Esto puede ser mejor idea que la anterior y espero conseguir lo que necesito o perderé la dignidad en el camino.
Las irregularidades que posee el tronco me permiten obtener un buen agarre, lo que aumenta en creces mi confianza para escalarla como si nada, salvo por el hecho de que esta empezó a inclinarse, mi peso se sumaba y empiezo a dudar si esto ha sido una buena idea que sea atlética no quiere decir que tenga cierta destreza con los árboles como Tarzán. Mis botas encuentran un muy buen punto de apoyo lo que me permite un impulso adecuado para acercarme a la hoja más próxima. Intento soltarme para poder sacar el cuchillo de la bolsa y un poco de viento me enseño que estoy a la deriva y un descuido me puede hacer caery ahi es cuando voy a perder la confianza y la dignidad dos movimientos en uno.
La misma cuerda que use para poder atar aquella rama a mi espalda, haciendo uso de lo sobrante me sujete al tronco y cuando ya me he sentido segura de ello sintiendo la firmeza que ejerzo en las piernas, busco el cuchillo y comienzo a cortar la hoja elegida. Se siente tensa pero el filo de mi arma hace su trabajo, cuando estoy al termino de cortarla lo ultimo le doy un tirón con la mano y la dejo caer al suelo.
¡Si! Primer objetivo cumplido.
Si yo no me doy ánimos nadie lo hará y no quiero volver a actuar solo por conseguir un par de buenos halagos de alguien que no valorara mi esfuerzo como lo hizo mi madre. Con esa idea en mente me dispuse a cortar una segunda hoja, solo que no la elegí con cuidado pues esta parece más fibrosa más aferrada a la palmera, entonces corto en el sentido contrario al que lo estaba haciendo, pero la distracción del recuerdo de esa mujer me lleva a actuar con algo de rabia y termino llevandome un corte a la otra mano.
¡Maldición! ¿Por que ahora? ¡Mierda!
La frustración del corte se apoderó de mi haciendome maldecir al aire, lo siguiente es darle solo un tirón a la hoja la que finalmente cede y la dejo caer al suelo. Me tomo un momento para respirar y calmar mi mente, tomare esto como todo en mi vida un desafio que requiere mi concentración y atención como en los entrenamientos. Observo a detalle la palmera buscando los frutos que tambien necesito. Los cocos cuelgan agrupados en racimos un poco densos y parecen estar sujetos con tallos un tanto más gruesos que las de las hojas y no estan al alcance directo de mi mano, están un poco más altos.
Aliviano un poco la atadura de del tronco y nuevamente me impulso con la fuerza de las piernas y un firme agarre de mis manos, sin quitar los ojos de encima de aquellos frutos, que a mi criterio ya estan al alcance de mis manos y mi poderoso cuchillo.
Vamos otra vez, con templanza y concentración.
Vuelvo a atar la cuerda para darle la estabilidad a mi cuerpo y sobre todo a mis piernas consiguiendo un apoyo con las botas en una de las fisuras del tronco. Uno de los cocos a la vista se encuentra cerca de una hoja que ocupo como apoyo para mi mano con la que sujeto el fruto mientras corto el tallo lo suficiente para poder bajarlo con la rama. Que meto entremedio del coco y su union al arbol y comienzo a presionar como si estuviese haciendo una palanca hasta que finalmente el fruto cede desestabilizando otro fruto en el camino, dándome un punto extra. Lo que es un rotundo alivio para mi el corte en la mano no me incita a querer seguir forzandola con el agarre para estar ahi. El descenso no es nada apresurado, lo tomo con calma buscando que el apoyo de mis pies sea suficiente para no usar la mano. Cuando consigo la cercanía del suelo simplemente me dejo caer de un salto y recojo los frutos y las hojas para guardarlas en la bolsa de recolección.
Momento de correr o me dejarán.
Corro con rapidez de vuelta al pueblo y buscar un vendaje rápido en la base, me esperan en el puerto, le solicite ayuda a unos marineros con los que hable durante una de mis rondas de guardia, para que puedan llevarme a pescar y aprender de ello en el proceso. Sin mirar atras, sin centrarme en el cansancio que supone correr esas distancias, corro sin detenerme y me inspiro más cuando finalmente veo los techos coloridos del pueblo. Conozco las calles como la palma de mi mano y en cosa de minutos estoy frente a la base donde me tomo un respiro que me permita seguir corriendo hacia la enfermeria donde solicito un vendaje ligero para el corte ligero que me hice.
Rápido vendaje solo para correr con la mayor de las prisas hacia el puerto, el favor que me están haciendo los marineros tiene una sola condición y es llegar a tiempo para interrumpir el itinerario establecido que tienen. No es común que alguien de la marina les pidiera participar en esta jornada de pesca. Desde la lejanía puedo notar que la actividad ya ha comenzado incluso puedo oir las voces dando instrucciones de lo que se debe hacer.
Cuando finalmente llego al puerto y comienzo a pisar la madera del muelle, uno de los marineros de complexión robusta y manos curtidas por años de trabajo, deja lo que esta haciendo y se acerca a mi para darme la bienvenida solo con una pregunta ¿sigue en pie lo que habías pedido? Y mi respuesta era evidente, sin necesidad de palabras en medio solo con un acto, subir a la embarcación saludando a los demás que se encuentran en el lugar.
En cosa de minutos y unos cuantos movimientos más por parte de todos en la embarcación, esta se separa del muelle y comienza a navegar mar adentro. El clima nos acompaña no esta embravecido aunque no crean que esta docil. No hay mareo en mi cuerpo, eso solo significa que me he adaptado al vaiven de la embarcación y estoy lista y dispuesta para lo siguiente.
El capitán me da la explicación de lo que debo hacer: “No hay mucho misterio, solo debes hacer lo mismo que nosotros, no tires la red solo por tirar, si lo haces saldrás con las manos vacías.” Enrollo la red de la misma manera en que lo hace él y con un movimiento amplio la lanzó al mar donde esta se abre para cubrir una zona un tanto extensa donde comienza a hundirse, ahora solo me queda esperar las órdenes del capitán para cuando deba retirarla. Parece ser que el acto de pescar también es una buena práctica para poner a prueba la paciencia, el tiempo pasa en silencio o con algunos comentarios que causan algo de risas. Mientras esperamos uno de los marines me enseña cómo pescar con la caña, eso parece más lento y requiere mucha más paciencia.
En ese momento la red comienza a tener tensión lo que significa que el momento ha llegado, el capitan me llama para retirarla junto con ellos porque necesitare ayuda para subirla. Con ayuda del mismo capitan la red emerge poco a poco, no fue una captura perfecta pero definitivamente no ha sido nada pobre para ser mi primera vez. “Nada mal para ser una primera vez” comenta el capitan y yo solo me quedo a contar la cantidad de peces en la red que eran como alrededor cinco y algunos cangrejos y otros.
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