14-04-2026, 02:19 AM
Día 27 de Otoño, Año 17.
Lado oeste de Drum Rockies, en el bosque. 21:30
El joven arquero se encuentra solo en una zona apartada de la isla de Drum, concretamente en la zona del bosque, subido en lo alto de uno de los árboles con una pequeña variación de su uniforme habitual de marine, prescindiendo del abrigo que suele usar para los climas como el de Drum, tan fríos como si te insertaran en el centro de un glaciar, un frío que a muchos les da la sensación de que le están arrancando la piel a cachos cada vez que una brisa de viendo recorre su piel. El joven arquero aprovecha los años que pasó en un bosque, aprendiendo a adoptar diferentes posiciones, montar campamentos o incluso simplemente apostarse en diferentes zonas para buscar el mejor ángulo y momento para atrapar su presa con la menor cantidad posible de disparos, con el fin de ahorrar material y no hacer sufrir a la presa, pues eran cazadores no torturadores. El joven estudió la zona durante su búsqueda de materiales para unas armas que tenía en mente y le faltaban algunos materiales, por lo que sabe perfectamente por donde moverse, qué árboles son más fiables y prácticamente tiene bien estudiado todo el campo de visión de esa zona del bosque, algo que cualquier cazador que se precie aprende a hacer de forma inconsciente y sin necesidad de pensarlo demasiado. El joven marine tiene su pelo largo recogido en una coleta, cayendo por su hombro y sus ojos recorren con atención minuciosa la zona del bosque, sus gafas puestas y el arco en la mano con el carcaj colocado delante suya de forma que le resulte más fácil tomar sus flechas, pues la misión que tiene entre manos es delicada y requiere precisión y sigilo. Pero para entender la situación hay que retroceder un poco en el tiempo, concretamente un par de horas.
Pueblo de Bighorn, día 27 de Otoño, Año 17 – 18:30
El joven marine se encuentra en el pueblo de Bighorn, un pueblo costero en la helada isla donde se encuentra actualmente su división, caminando tranquilamente por las calles del mismo con su arco y sus flechas a su espalda como es costumbre, pero una actitud totalmente calmada y tranquila, sin dar indicios de violencia o amenaza, tampoco parece que vaya a haber necesidad de pelear, pero el joven arquero sabe que si le pillan sin su arco está prácticamente indefenso ante un ataque, si bien tiene su haki no es algo que le asegure poder tumbar a un enemigo, además, es algo que puede afectar a gente inocente por lo que prefiere evitar tener que usar eso a la ligera, además de que es costumbre para él ir siempre con su arco a todos lados, es como una extensión de su cuerpo, como una extremidad extra.
El joven pelirrojo caminaba tranquilamente al atardecer notando como la temperatura bajaba conforme el astro rey se retiraba del cielo para dejar paso a su compañera nocturna, la luna encargada de iluminar las noches despejadas para que aquellos que se encontraban de viaje o tenían que regresar por la noche a su casa de sus trabajos pudieran tener algo de seguridad en el camino de regreso. Sus pasos calmados y tranquilos iban dejando un rastro que indicaba su camino, y cualquiera que supiera prestar atención y tuviera conocimientos sobre rastros y comportamiento, podría estudiar la cadencia de los pasos, su profundidad y su separación para determinar el estado de ánimo del arquero de la marina mientras caminaba, y si lo hicieran verían que estaba calmado, incluso alegre y feliz de poder disfrutar de un día tranquilo sin peligro ni peleas. Se sentía cómodo con haber logrado proteger al herrero y a su nieto hace unos días y por eso era que disfrutaba de la brisa cuando de pronto notó un pequeño tirón en su abrigo, deteniéndose al instante.
Cuando el joven marine miró el origen del tirón vio una pequeña y joven niña de pelos plateados como la nieve y unos ojos grises que brillaban como dos pequeñas lunas, pero no era un brillo alegre, el joven se fijó en su expresión y vio que la joven estuvo llorando, y ese brillo eran restos de sus lágrimas. El joven contramaestre se ajustó el arco mientras se arrodillaba para mirar la joven al rostro, sacando de su uniforme un pañuelo con el que le limpió las lágrimas y preguntó
-¿Qué ocurre pequeña?¿Qué te hizo llorar y qué puedo hacer para ayudar?-
La joven se dejó limpiar los ojos con una calma demasiado madura para su edad, siendo que tendría como mucho 8 años, y tras eso aguantó el llanto para decir
-Un grupo de hombres malos se llevó a mi mamá y mis hermanos, mi papá no está y no sé si podrá rescatarlos. Mi mamá siempre me dijo que si veía a una persona con ropa como la suya y necesitaba ayuda me acercara a pedirla.-
El joven contramaestre sonrió con amabilidad acariciando el pelo de la joven y tomándola en brazos mientras se levantaba para preguntarle el aspecto de su mamá y sus hermanos, cuantos eran y hacia donde fueron. La joven le respondió a todo con detalles, precisión y un valor digno de alabanza. El joven marine la llevó a donde se encontraba su compañero Rasmussen y la dejó junto a él diciendo
-Necesito que me hagas un favor, haz compañía a mi amigo en lo que busco a tu mamá. Prometo que traeré a tu mamá y tus hermanos de vuelta, sanos y salvos.-
Con una simple mirada el joven indicó a su compañero que cuidara de la niña y la entretuviera, antes de marcharse raudo y silencioso hacia la zona por la que la joven dijo que se marcharon todos. Fue primero a la casa de la joven y desde allí siguió el grupo de huellas que iban en la dirección mencionada por la joven, viendo claramente 2 conjuntos de huellas de menor tamaño con un paso irregular, pisadas inestables, distancias confusas claramente las pisadas de niños aterrorizados, y junto a ambos conjuntos uno de mayor tamaño, más estables, y controlados, pero igualmente se notaba la indecisión y el miedo en las pisadas, cada pisada era diferente, como si a cada paso que daba su mente dudara de estar haciendo lo correcto al no pelear. Para terminar junto a esas huellas había otros tres conjuntos de huellas, más pesadas y de mayor tamaño, con pasos decididos incluso con demasiada fuerza, indicando que trataban de imponer respeto y miedo al hacerse ver más rudos.
El joven aprovechó al máximo su velocidad y sus conocimientos de cacería y rastreo para deducir hacia donde se dirigían esos desalmados con los rehenes, por lo que se adelantó y estudió el bosque, viendo un patrón de movimiento claro y fuera de lo normal en la zona, descubriendo claramente el lugar donde se estaban escondiendo en poco tiempo, viendo 4 tiendas de campaña diferentes reunidas en un pequeño claro helado con una hoguera montada y apagada en el centro. Al descubrir su escondite, el joven tenía toda la ventaja por lo que estudió el lugar, observó la distribución de las tiendas y descartó una a una hasta que le quedó más o menos claro cual era la tienda donde meterían a los rehenes para poder controlarlos, manteniendo una tienda para cada uno de ellos en la zona. El joven arquero se subió al árbol mejor posicionado para lo que tenía en mente, dispuso su carcaj delante suya y se mezcló en las sombras, aprovechando que allí ya apenas había luz del sol para evitar que le vieran, y si veían algo lo tomaran como una criatura del bosque o una rama. El joven se quedó allí plantado como un cazador esperando a su presa, mirada fija al claro y ojos avizores para poder actuar en el momento preciso.
Lado oeste de Drum Rockies, en el bosque. 21:30
El joven arquero puede parecer que estaba perdiendo el tiempo, pero en realidad estaba preparado para actuar en el momento preciso, y teniendo en cuenta que está en inferioridad numérica, y hay rehenes tiene que pensar fuera del procedimiento habitual de un ataque directo. Si tuviera tiempo para informar, habría pedido ayuda a sus compañeros, pero no sabía cuanto tiempo tendría y además, que aparezcan varios marines en el bosque podría llamar la atención y provocar que atacaran a los rehenes como represalia. El joven arquero es el más indicado para esta situación, quizás Kibai con sus avispas podría lidiar con ellos de forma discreta también, pero en este momento el que se encuentra en la zona y disponible es el arquero, por lo que recupera su instinto de cazador, se queda inmóvil en el árbol, sin mostrar señales de vida, como si fuese una parte más del mismo esperando el momento adecuado.
Finalmente llegan a la zona donde se encuentra su campamento, seguramente habrán dado un rodeo para evitar que los sigan hasta aquí, precaución paranoide, pero en esta ocasión no les sirve de mucho, ya tienen al enemigo cerca, escondido y listo para atacar. El grupo se acerca y uno de los sujetos se dirige a la fogata para encenderla y hacer que entren en calor, mientras los otros dos llevan a las víctimas a la tienda que el joven arquero supuso sería donde los retendrían. El joven marine espera, no es bueno apresurarse, a la hora de cazar o capturar criminales el momento y la paciencia son cruciales, precipitarse no sirve de nada y solo empeora las cosas por lo que el joven espera pacientemente el momento adecuado para empezar a actuar, y justo llega cuando uno de ellos se aleja del campamento, seguramente por necesidades fisiológicas, pero se coloca en un lugar donde los otros dos no lo pueden ver, pero si que es visible para el arquero quien no duda en lanzar una flecha directamente a su hombro, provocando un grito de dolor que llama la atención de los otros dos, pero conforme se mueven hacia su posición para tratar de ayudarlo, el marine lanza una flecha a cada uno de los otros dos, directamente a sus tobillos haciendo que caigan al suelo gritando de dolor, incapaces de moverse.
En ese momento Bertram baja del árbol de un salto y se dirige a donde están los tres, tumbados en la nieve, con dolor y desarmados, pues son lo suficientemente tontos como para confiarse y no llevar sus armas encima. El contramaestre saca una cuerda de su uniforme y los ata unos a otros con sus manos juntas y por delante, de forma que no puedan escapar ni usar sus manos para intentar desatarse, y antes de salir de allí, los deja atados a un árbol y con una mirada deja claro que cualquier tontería les costaría la vida. El joven regresa al campamento y abre la tienda encontrando a la madre abrazando a sus hijos para calmarlos y protegerlos, pero Bertram con un tono suave y tranquilizador dice
-Tranquila, vengo a ayudarles. Su hija me pidió ayuda y me dio toda la información que necesitaba para encontraros, los culpables están controlados y los llevaré luego a que los encierren, pero antes os llevaré a la ciudad.-
El joven marine extiende la mano para ofrecer ayuda a la mujer para salir de la tienda y cuando ella ve el uniforme de la marina se tranquiliza un poco y acompaña al pelirrojo, quien camina con calma al paso de los niños que parecen más tranquilos, uno de ellos mirando continuamente su arco y preguntando como es pelear con un arco. El joven marine va respondiendo las preguntas de los niños y de la mujer, manteniendo un tono calmado y sin entrar en detalles inapropiados para niños, hasta que llega donde dejó a la joven junto a su fiel walkie blanco y ve como la familia se funde en un abrazo cálido y lleno de amor, algo que el joven pelirrojo ya no podrá disfrutar. Una vez se despide de la familia, asegurando que no necesita que le paguen ni regalen nada, regresa al bosque, donde dejó atados a los criminales y, recuperar las flechas, los carga en su montura y los lleva directamente a que los encierren y se retira a descansar a su barco.

