[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 6)
#41
Atributos Personaje
 

En la conmoción, en el caos vil de la batalla y mi propio desgaste pude notar la quietud de la situación ¿finalmente había terminado? Nadie parecía actuar, a excepción de las palabras de mi compañero el cual parecía de buen humor por lo que pude relajarme, agachándome al suelo para descansa, apoyando en mi fiel y confiable lanza mientras soltaba un suspiro y llevaba mi temblorosa mano al collar contra mi pecho. Seguía ahí, bien.
 
Por un momento entrecerré los ojos al estar deslumbrado por aquella luz golpear el muro, pareciéndose a aquel ataque que el peliblanco había dado en mi dirección hace unos minutos atrás ¿Otra vez? Tal vez me había equivocado, tal vez había algo peor de lo que no me había percatado. Así que, casi temblando volví a levantarme con un quejido y las palabras de mi compañero llegaron a mis oídos.
 
Mierda.
 
Me tensé, en esa situación no podría hacer demasiado si aquellos marines tomaban la decisión de ir a por nosotros, no podía hacer más que fruncir el ceño y voltear para intentar ubicar al marine cabello blanco, esperando lo mejor, esperando que esta pelea no encienda la sed de justicia de aquellos perros del gobierno. En cualquier otra situación la victoria sería mía, al alcance de la mano, pero mi cuerpo no estaba cooperando en ese momento. Sería un problema.
 
En un movimiento que fue difícil de entender me encontraba en los brazos de mi compañero… Era mi compañero, sabía que podía esperar este tipo de cosas, pero aún así, la acción me había dejado perplejo. Me había salvado… Barald me había salvado y yo, lo noté. Incluso al estar en el borde de la muerte, entre mis más intrínsecos pensamientos se encontraba mi grupo.
 
Sonreí, sonreí con el animo que me había arrebatado. Sonreí como si no tuviera que tener precaución del momento y aunque la frustración de no poder disfrutar de mi lluvia de sangre, ni de las botas con la piel de la alimaña era palpable.
 
Me causaba mucha felicidad saber que podía confiar. —Cállate, imbécil ¿Me entiendes? Me pones sentimental ¿Quieres tu ropa llena de lágrimas demás de sangre? — Bromeé, en voz baja, aunque era fácil percibir que aquello no se trataba de una broma del todo. Tener gente en quien confiar, saber que… alguien te puede salvar de tu inminente derrota, sin esperar una compensación por ello.
 
 
Se siente bien
 
Mientras Barald hablaba me declaré parte de la conversación al estar sobre su espalda, subiendo el pulgar al pelinegro mientras la sonrisa terminaba por acentuarse, bajando poco a poco hasta ser una mueca de agotamiento, no podía creer que había dado un thumbs up a un marine, la falta de sangre o el cansancio me hacía mal pero tampoco podía agradecerle, no a un marine, así que este era el mayor agradecimiento que podía extenderle después de compartir el espacio donde casi perdíamos la vida. —No hemos terminado, todavía tenemos que quitarnos estas cosas del cuello. Mientras estén estaremos en riesgo… pero es mejor irnos: Ryota, Runin… Yuuki, Wyatt… ¿Crees que estén bi- mierda, duele. — Fui interrumpido por mi propio dolor, intentando enfocarme en el lugar frente a mi para no pensar en las heridas.
 
 
 
 
 
Resumen

 
 
Karmas

 
Posicionamiento

 
Bélico

 
 
 
Gastos de energía y vitalidad

 
Estados

 
 
 
Akuma

 
 
 
Inventario

 
Agradecimientos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 31 + 0 = 31
Energia: 1450 + 40 = 1490
Espiritu: 249 + 0 = 249
#42
Cuando el destino es el crupier, da igual que uno se levante de la mesa: el juego continúa.

Se hizo el silencio. Los collares de metal empezaron a tintinear con mayor fuerza que antes, si bien al mismo ritmo. El compás mecánico marcado por sus engranajes internos se volvió más audible, más marcado, haciendo vibrar con ímpetu los collares con cada pequeño sonido, con cada girar de sus engranajes. Tac, tac, tic, tac, tac, tic. Las luces de la sala se atenuaron casi por completo, quedando reducidas a una mera refulgencia que a duras penas permitía adivinar las siluetas y los rasgos más evidentes de cada uno de los presentes. El número presente sobre cada uno de los collares había empezado a resplandecer en la oscuridad.

Al fondo de la sala, justo encima de una enorme e infranqueable puerta acorazada que no había dado señales de ir a abrirse en todo el tiempo en que habían estado allí (y que, por lo sólido de su aspecto y la regularidad de su superficie, podía pasar desapercibida fácilmente a ojos del grupo si no habían prestado la suficiente atención), se encendió una luz que proyectó una inquietante luz naranja, girando sobre sí misma como una sirena silenciosa. Pasados varios segundos, a lo largo de toda la sala, se oyó una voz monótona y metálica que retumbó a través de lo que probablemente fuese un sistema de comunicación.

"Felicidades, aspirantes. Para continuar con el protocolo de selección de aptitudes y garantizar la calidad del producto final, deberéis escoger al menos apto de vuestro grupo. Los demás tendréis el privilegio de ser comercializados en nuestra primera gran hornada de esclavos del South Blue, y continuaréis con vuestras vidas en manos de nuestros mejores clientes. Comunicad vuestra decisión al Equipo de Control, que ha observado y escuchado con interés toda vuestra actuación y tendrá en cuenta vuestro criterio. Tenéis un minuto. Pasado un minuto, de no haberse declarado un no apto, el número más bajo de cada grupo será automáticamente eliminado. Gracias por vuestra colaboración."

Con un chasquido metálico, la emisión de la grabación terminó, y se volvió a hacer el silencio.




Información importante
#43
Errores, quizás por exceso de confianza o descuidos no calculados respecto a sus habilidades, obtenidas hacía menos de un año, pero nada de eso justificaba lo que ocurría alrededor de él, la muerte de Curok propinada por su propio desgaste físico y el último ataque que recibió, dejándolo con aún más sangre en el cuerpo y derribado, a varios metros de Omuyaga. Resiliente, algo lo impulsaba a ponerse de pie, tosiendo el líquido vital rojo y desorientado, con un mundo dándole vueltas, hacía mucho tiempo que no pasaba por nada semejante, lo cual también indicaba la cantidad de riesgos que había tomado contra un enemigo enormemente más fuerte que el grupo entero, y haber sobrevivido a eso le brindaba una sensación curiosa.

Sobre todo porque cuando finalmente consiguió ponerse de pie, con una lentitud exagerada, encorvado por culpa de los daños, y su uniforme despedazado en la zona del pecho, consiguió divisar a Kael, siendo rodeado por los piratas sin ánimos de peligro. Justo en el preciso instante donde comenzó a resonar una voz metálica, en conjunto con una sirena de lo más molesta y pesada, recitando palabras que al principio se le hicieron de obra de teatro exageradamente ficticia, pero luego dio con el hecho de que todo tenía sentido si se ponía a imaginarlo en retrospectiva. ¿Qué demonios? ¿Un minuto? Debía hablar rápido, porque la cantidad de cosas que le pasaban por la cabeza no eran procesadas en función del tiempo que poseían, y sólo se quedó con un pequeño fragmento de las ideas que le cayeron.

—¡Oe, Kael! ¡Escúchame bien! —gritó a penas finalizado el mensaje, señalándolo —¡Soy un ser benevolente, así que más te vale prestarme atención! —ignoró el estado de Tezca, sólo pensó en la funcionalidad, y siguiendo esa lógica.

La fortaleza...

Él ya estaba derrotado.

—¡Llévate contigo a Barald y Tezca, libérense, y busca a los demás idiotas, que deben estar en algún lado! ¡Confío en ti para esto! —su tono era tranquilo a pesar de que estaba gritando, como si hubiese asumido el destino al que se enfrentaba. No por traumas, sino, practicidad, su ley de la fortaleza, el sentir que no podía ni controlar su cuerpo, parpadeante en un dorado descontrolado. Recordaba a Himari, la promesa que le hizo. Pensó en Choi, aquel asunto sin resolver. Recordó también que debía regañar a Dimitri. Convertirse en el mejor marine de la historia, la liberación de esclavos, y entonces...

Nyra.

Su sueño no moriría ahí si ella sobrevivía. Y esperaba poder transmitírselo a la única persona que consideraba como un amigo verdadero. —Prefiero morir antes que convertirme en esclavo. —finiquitó, con una sonrisa tranquila. —Dile a Nyra que se haga fuerte, no puede cumplir sus metas siendo tan... débil. —sus palabras se iban desvaneciendo, trastabillando. —Yo no soy el menos apto, estúpidos esclavistas... ¡soy el más fuerte! ¡Y por eso me ofrezco! ¡No les daré el privilegio de comprarme! —escandaloso, egocéntrico y obstinado, nunca perdió el ímpetu que lo caracterizaba, sin miedo a la muerte. —Sobrevive, imbécil. —y antes de caer inconsciente, su sonrisa se mantuvo radiante.

No iba a traicionar sus ideales, ni aunque le costase la vida.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 870 - 919 = -49
Energia: 115 + 0 = 115
Espiritu: 141 + 0 = 141
#44
aclaración


Observo por unos segundos mi alrededor. El enemigo ha caído al fin. Los dos piratas, heridos seriamente muestran como corre la sangre que emana de sus cuerpos. Barald, el pirata que la Marina nos ha pedido capturar desde Baterilla ha terminado convirtiéndose en un aliado temporal. Ha peleado por su vida y la de su supuesto capitán Tezca, sí...pero también ha salvado nuestras vidas.

Especialmente la mía...

Ese rubio, por otro lado, ha mostrado una capacidad proveniente de las frutas del diablo, una que sin duda le permite mantener un rol bastante interesante y variado. Claramente, no es un pirata que nos lo pueda poner fácil a nosotros los Marines si se lo propone en el futuro. Es un criminal buscado, y seguramente si lo que decía al principio era cierto, probablemente sería incluso más peligroso que su compañero de pelo negro, aunque el espadachín se haya esforzado mucho más.

Y sin embargo, aquí están, habiendo combatido codo con codo con sus enemigos naturales por estos malditos collares.

Hemos perdido nuestros derechos en contra de nuestra voluntad, siendo arrebatados de nuestra libertad únicamente por haber quedado indefensos ante un ataque que, a todas luces, ninguno de los presentes fue capaz de soportar. Esa sensación de miedo, horror en estado puro, aún se mantiene guardada en mi interior. Un recuerdo que nunca perderé de una presencia que, si tuviésemos que combatir, nos masacraría en cuestión de segundos.

Estoy perdido en mis pensamientos.   

"Este enemigo era increíblemente poderoso, y aún así..."

Han usado a un marine de alto rango para hacernos frente, y aún siendo cuatro contra uno, prácticamente nos había machacado.

Y pese a todo...

—La mitad de esto es tuyo por curar a Tezca antes, visto lo visto, eres el único con palabra.

"¿Cómo?" Las palabras del pirata me devuelven los pies a la tierra.

—Un segundo...—¿Un pirata me está ofreciendo dinero? No...eso es un botín.

"Dinero recogido del Teniente...y lo ofrece como si nada."

No entiendo que es lo que está pasando, y es la primera vez que la impresión me puede llegar hasta el rostro.


Los piratas nos lo han robado todo, haciéndonos marines indignos de nuestros puestos. Con la emoción de días venideros, y un futuro brillante por delante. Un grupo conformado por jóvenes marines, cada uno peor que el anterior, surcando los mares sin miedo y con completa osadía.

Durante aquellos tiempos, odiaba esa maldita forma de actuar: despreocupada, lanzada, temeraria...carente de disciplina. Lo que debía ser una orgullosa división de la Marina, no era más que un patio de recreo de varios obstinados dementes que, unidos, hacían una tripulación milagrosamente funcional, capaz de salir adelante por más imposible que pareciese la situación.

No había un sólo estúpido criminal que se nos terminase escapando, y cada noche, cada maldito día, terminaba ocurriendo alguna discusión o escenita que me terminaba obligando a intervenir. Al principio lo hacía por intentar poner orden, simplemente por enseñarles como si verdaderamente fueran unos críos, mientras que yo hacía las veces de profesor.

Pero con el tiempo, aquello se volvió una costumbre.

Ya no actuaba por enseñarles o separarlos. Lo hacía por inercia, porque siempre era así, y se había vuelto una parte de nosotros, del rol que desempeñaba cada uno. León y Shin especialmente se parecían llevar absurdamente mal, siempre provocándose y peleando por cada mínima tontería que el egocéntrico del albino tuviese en la cabeza; yo terminaba separándolos, y de alguna manera, aún sin yo ser capaz de entenderlo, Himari conseguía que Shin dejase de pensar en ello y volviese a ser el mismo cada mañana.

Día a día, todos los días...

¿Quién me diría a mí que terminaría echándolos de menos? Sentir que me faltan cada minuto que pasa, con un vacío que no espero poder llenar...

Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

Y todo...precisamente por piratas.
Aquellos desgraciados que asesinaron a todos y cada uno de nuestros compañeros hasta que, por fortuna o por condena, terminamos quedando solamente nosotros dos. Una jugarreta del destino, o quizás un simple capricho de más allá. ¿Quién sabe? Quizás era cosa de alguien que quería que mantuviésemos la vida, por algo que aún no entiendo.

Y ahora estoy aquí, años después, debiéndole mi vida a dos de ellos.

¿Por qué el destino tiene que ser así?

—¿Cómo te llamas, marine?—Me pregunta Barald mientras Tezca termina de darme su aprobado.

Una parte de mí se siente agradecida. ¿Cómo no iba a estarlo? Parece que voy a salir de aquí, y no lo podríamos haber conseguido solo nosotros dos, por más que me duela admitirlo. Pero por otro lado...—Mi nombre es...—¿Que pensaría Shin al respecto?

Espera...
"¿Donde está?"

Mis ojos se abren en alerta, sin terminar de pronunciar aquellas palabras, teniendo rápidamente un encuentro con aquel que estoy buscando...a punto de desfallecer.

—Maldición, Shin.

No pierdo el tiempo más de lo que ya lo he hecho. Corro hacia él tan rápido como puedo, viendo que de alguna forma, a pesar de ser intangible si así lo quiere, el enemigo le ha terminado haciendo más daño que a ningún otro.

Y entonces la voz aparece. No era de alguien en la sala, y de eso puedo estar seguro.

Felicidades, aspirantes. Para continuar con el protocolo de selección de aptitudes y garantizar la calidad del producto final, deberéis escoger al menos apto de vuestro grupo.

Me detengo en seco, justo a breves metros de distancia del marine.

"No es posible. Tiene que ser una broma."

Continuo escuchando, habiendo perdido la capacidad de moverme.

Los demás tendréis el privilegio de ser comercializados en nuestra primera gran hornada de esclavos del South Blue, y continuaréis con vuestras vidas en manos de nuestros mejores clientes.

"¿Ese es su plan? ¿Vendernos como esclavos?" Había estado ignorando todo este tiempo el peso que recae sobre nuestros cuellos, pero era cierto. Aquí, nosotros ya no somos marines ni piratas. Todo eso ha pasado a mejor vida, tan solo para convertirnos en esto.

Pero entonces...

Comunicad vuestra decisión al Equipo de Control, que ha observado y escuchado con interés toda vuestra actuación y tendrá en cuenta vuestro criterio. Tenéis un minuto. Pasado un minuto, de no haberse declarado un no apto, el número más bajo de cada grupo será automáticamente eliminado. Gracias por vuestra colaboración.

"Ya os podéis ir a la..." Ni siquiera en mi cabeza termino mis frases.

Las fuerzas me están fallando, habiendo dejado mi cuerpo paralizado en el sitio. Agacho la cabeza, pensando en lo que poco a poco me da miedo de admitirme incluso a mí mismo.

"Me...toca irme, ¿verdad?" Pero la realidad es más fuerte que la fuerza para intentar ocultármelo. No tengo ni idea de qué criterio seguirán, pero si asumo que nos han hecho combatir hasta la muerte con un marine corrupto para comprobar nuestras capacidades...te aseguro que yo he sido el que ha sacado peor nota con diferencia.

Quizás es el poder de la fruta, que me hace duro como una fortaleza, quizás la resignación llegados a este punto de mi vida. Al fin y al cabo, esto es un dos contra dos, pues ninguno de los aquí presentes tiene intención de morir...y al final, por mucho que lo intentásemos, en el fondo yo sabía que terminaría saliendo yo.

—¡Oe, Kael! ¡Escúchame bien!—Shin llama mi atención, haciéndome levantar la mirada hacia él, incluso cuando creí que no podía hacer nada con mi cuerpo.—¡Soy un ser benevolente, así que más te vale prestarme atención!

—No...—Sólo con escuchar esas palabras sé de sobra que es lo que va a decir. Lo conozco demasiado bien.—No lo hagas...

—¡Llévate contigo a Barald y Tezca, libérense, y busca a los demás idiotas, que deben estar en algún lado! ¡Confío en ti para esto!

Niego con la cabeza despacio. No me puede estar pidiendo que haga eso, y al mismo tiempo, en el fondo, completamente perdido en mi interior...sabía que lo decía en serio. Puede que yo lo conozca especialmente bien, pero al final, este maldito idiota también me conoce, y por lo que puedo intuir...ha leído mi mente en cuanto me detuve frente a él.

Sabe que yo terminaría siendo el escogido como menos apto. Es imposible que eliminen a un esclavo con verdadero potencial de venta. Lo entiendo perfectamente. Conozco como funciona el mercado, y nadie perdería un valioso efectivo que vale mucho más que yo. Si quieren un esclavo que les permita ganar dinero combatiendo, yo soy el que menos ha aportado en todo el combate, y eso los de la sala de control han podido verlo con sus propios ojos.

La diferencia es tan abismal...Me hace sentir vergüenza.

Y por eso él decide sacrificarse.

Sus palabras son una mentira, dispuestas únicamente por una única razón que no está dispuesta a admitir: lo que él busca...es salvarme. Podía decir todo lo que quisiera, y nada de ello podría convencerme de lo contrario.

"Y aún así, Shin...sigues sin terminar de conocerme."

Durante todos esos años en los que hemos crecido juntos has sido mi experimento, mi pequeño examen para poner a prueba mis capacidades. Nunca te he enseñado la verdadera cara que tengo detrás, y aún así, cada vez has sido capaz de superarme y entenderme un poco mejor. Me has abierto al mundo, aunque fuera solo una vez.

"Es gracias a ti...que tuve amigos alguna vez."

Solo soy capaz de reaccionar cuando veo cómo se empieza a desplomar frente a mis ojos. 

Él quiere que me preocupe por los miembros de hoy, mientras él se preocupa por mí, porque sabe que yo no puedo protegerlo. Nyra, Dimitri, Choi. Pero, si de verdad me conoces...

—¿Cómo esperas que me vaya de aquí sin ti?—En voz alta, la voz sale con la poca fuerza que me queda. De alguna forma soy incapaz de desplomarme, pero mi corazón pide a gritos hacerlo a cada maldito segundo.

Puede que sea resistente por fuera, sí...pero en el interior, la coraza no es lo suficientemente fuerte para proteger las emociones que jamás se han recuperado.

Me acerco los últimos pasos que me separan de él, sentándome a su lado solo un poco por detrás, para poder acercarlo un poco a mí, y así poder abrazarlo.

¿Cuándo fue la última vez que le di un abrazo? Ya ni siquiera lo recuerdo.

"León, Caín, Himari...Shin."

Lo siento.

—Yo de aquí no me pienso mover. Llevaos ese otra mitad de dinero y...—Saco uno de los botiquines de la mochila, y el otro, dentro de la misma, la lanzo en dirección hacia ambos piratas.—llévate eso. Hay otro botiquín para que cures a Tezca o lo uses tú, no me importa.

Me da igual ser un estúpido. No me importa si estoy tirando mi vida por la borda o si me obligan a intentar dejarlo atrás. ¿Pecar de imprudente? Ja...estos chicos me han pegado su forma de ser, y si van a matar a alguno de los dos, con gusto me iré con él para reunirme con todos ellos donde quiera que estén.

Van a tener que obligarme por la fuerza...y dios sabe que daré batalla.

Sus heridas le han hecho perder demasiada sangre, y aunque no tenga sentido, una parte de mí quiere apelar a que lo mantendrán a él con vida y intentarán separarme de su lado para llevárselo. Si ese es el caso, si intentan salvarle...entonces debo asegurarme que no muera. Espero que este último botiquín sea suficiente para mantenerte con vida, aunque sea por esa pequeña posibilidad.

—No voy a abandonar a un compañero.

Pero lo que esas palabras no van a expresar, quizás por una última pizca de orgullo propio, o tal vez porque no tenía la fuerza para ello era lo que verdaderamente pensaba.

"Prefiero morir con él a quedarme solo en este mundo".

Porque al final...él es la única persona que le importa de verdad.
A disposición
#45
Atributos Personaje
 

El mundo giraba y aún así con estas palabras el espacio sobre el que estábamos parecía detenerse por poco, por muy poco, pues había decisiones que tomar. Las palabras monótonas de aquella voz resonaban en mi cabeza, buscando alguna mala interpretación, pero no existía eso. Fueron claras, una cabeza debía rodar.
 
Es en este tipo de situaciones donde el instinto se pega al ser como una especie de recubrimiento, donde solo existe pelear o huir. Donde dar batalla se vuelve algo inherente por aquel sentido de supervivencia ¿verdad? Donde mi cerebro bombardea, donde los pensamientos sobre aquella venganza pendiente que cargo en el apellido piden y suplican que me aferre a este mundo terrenal. No, simplemente no podía morir. No podía morir.
 
Algo sucedía conmigo, la absurdez de mis heridas o el dolor volviéndome mucho más débil de lo que alguna vez creí ser. Me mordí el labio con fuerza, hasta sentir como perforaba la piel. —Dame un segundo, Barald ¿Me entiendes? Solo un segundo, amigo…— Me bajé con cuidado de su espalda, sin alejarme de este, apenas dando un par de pasos hacía los marines antes que la propia debilidad de mi cuerpo me dejara sin aliento y fue cuando me volteé con una rota sonrisa al espadachín —¿Puedes ayudarme? No… No podemos quedarnos así, ni aunque sea perros, Barald, no podemos... Acerquémonos. —  Nunca había sido un héroe, ni pretendía serlo: Era mi supervivencia la que tenía que priorizar, pero las honorables palabras de Shin me revolvían el estomago ¿Qué era eso? ¿Un suicidio? ¿Dónde estaba su sentido de supervivencia? No era el resultado que esperaba, pero si el menos egoísta.
 
¿De verdad iba a dar su vida? Maldita sea. No.
 
Eso no podía pasar. Me negaba a morir y me negaba a tomar una elección: Las cosas nunca han sido blanco y negro, aunque me encontrara frente a unos perros del gobierno. Eran esos perros del gobierno. Sin ellos… No hubiéramos tenido con la misma suerte.
 
¿Era esto lanzar la moneda de la suerte una vez más? Toqué obsesivamente el collar de esclavo, esperando encontrar la mínima cosa que me diera esperanza para que todos saliéramos vivos de ese lugar, pero el temblar de mis manos me daba un mal presagio. —No. Si el destino nos ha impuesto esta decisión pues me rehúso: Esclavo o cadáver, cuando eso ni siquiera tiene una diferencia. Si entramos vivos, salimos vivos ¡No pueden darse por vencidos! No… no pueden matarnos a todos. — ¿Verdad? Sentí que mi voz se quebró por un segundo y volví a morder ya mis heridos labios, no, ni Barald, ni estos marines morirían… no había forma. Siempre he sido un hombre de negocios: Sé que siempre, aún en la apuesta más peligrosa hay forma de salir triunfante. En el peor de los casos hay un rayo de sol apuntando por la ventana. Miré la sala, la puerta, la luz sobre esta mientras el tiempo corría en busca de la mínima opción. ¿Es que acaso el estado en el que nos encontrábamos no era suficiente?
 
Lo único que lograba mantenerme cuerdo, lo único que alumbraba sobre como una luz de calma era un pensamiento tan arraigado a mi ser como la esencia del viejo hombre que me vio crecer pues aquello no eran más que sus palabras. “La vida es lo único que necesitas.“ Porque con vida todavía hay oportunidad. Esclavos o no. Aquel que intente forzar mi mano solo le esperaba un corto y abrupto destino.
 
Mientras continuara con vida. Mientras continuáramos con vida.
 
Más vale que el resto estuviera bien. Solo pude pensar en su bienestar mientras observaba a mi compañero, deseando transmitirle palabras de positividad. Algo certero además de la sangre que se derramaría ¿Eran mis palabras un intento de no ver la verdad? La decisión debería ser fácil, en teoría pero después observaba al resto de mi temporal grupo, como aquel hombre de luz se encontraba en un pésimo estado y su compañero renunciaba a la vida para no abandonarlo.
 
Apreté el colgante sobre mi pecho, cerrando los ojos por unos segundos para pensar. Tal vez debatir lo que podían hacer o no era una perdida de tiempo. Pero no iba a aceptarlo. No podía aceptarlo. —…— Y aunque deseaba decir palabra alguna, nada llegó a mis labios.
 
La muerte nunca ha sido opción.
 
Resumen

Karmas

Posicionamiento

Bélico

Gastos de energía y vitalidad

Akuma

Estados

Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 31 + 0 = 31
Energia: 1490 + 12 = 1502
Espiritu: 249 + 0 = 249
#46
Atributos Personaje



Si había que agradecerle algo a alguien, era al destino. Venideros sean los días en los que la suerte esta de nuestro lado a pesar de casi morir. Un destino seductor nos colocó como si tan solo fuéramos piezas de su juego ¿no se supone que íbamos a un parque de atracciones? capaz no es que fuera el plan más ideal para mi, que disfruto mucho más una pelea con un cocodrilo gigante que montarme en atracciones de feria en las que todo el mundo grita y me acaban mareando pero ... a mi tripulación si que le hacía realmente ilusión y por eso estaba contento de ir a aquel lugar. Habían pasado muchas cosas hasta llegar aquí, capaz si que merecíamos esa diversión al menos por unos días y no acabar con estos collares. Escuché las palabras de Tezca así que decidí ayudarlo a bajarse, tan solo unos segundos mas tarde simplemente sonreí, acercándome inmediatamente a el los dos pasos que había avanzado para ayudarle a caminar hacia los marines, así como había pedido; agarrándolo del hombro con mi mano izquierda y caminando junto a el. Kael ya había salido corriendo hasta su compañero en un acto de intentar ayudarlo, jamás juzgaría a un hombre leal preocupado por los suyos.

No hizo falta que el marine de nombre desconocido hasta el momento me respondiera, ya se adelantó a los hechos el que decía querer ser el mejor marine de la historia - Con que Kael ... para ser un puto marine de mierda tiene códigos aunque el otro ... capitán ¿le puedo ensartar como una brocheta de pollo?  - Ya mi propio instinto al despertar en esa sala me hizo querer aplastarle la cabeza ¿es que mi instinto también se equivoca con el?  mi mano derecha ya estaba sujetando una de mis katanas a mi espalda mientras caminabamos aunque en ningún momento me mostré alterado ni mostré una agresividad excesiva. Visto lo visto, ese marine de pelo blanco le seguía pareciendo lo que era, un marine sin honor, uno que durante el combate, le dio igual intentar jugar con mi vida si así sobrevivía a este infierno.- Dahahaha tranquilos, solo era una broma -  ¿o quizás no?

Fue entonces cuando la luz al final de aquella puerta se encendió y esa voz embriagó toda la sala, al escuchar como empezaba a hablar solté la empuñadura de mi katana al mismo tiempo que seguía moviendo mis piernas. Al terminar la primera frase de aquella voz no pude hacer otra cosa que darle vueltas al asunto en mi propia mente mientras seguía acercándome y ayudando a mi gran amigo y capitán postizo a seguir caminando, analizando cada palabra que soltaba esa voz. Llegamos hasta los marines cuando el comunicado acabó, quedando justo al lado de Shin. - Pues esta hecho una puta mierda ... - Miré a Shin tirado en el suelo aun con la capacidad de hablar dando la impresión de querer ser el la cabeza de turco, eso era muy beneficioso para mi y para Tezca. Flexione mis rodillas para adoptar una posición más baja, me encontraba cómodo con esa pose, era como sentarme en el suelo pero sin mancharme. Fue entonces cuando Kael empezó a hablar, confesando lo de que gracias a el era que había tenido amigos alguna vez. Shin se desplomó en aquel momento, su cuerpo no parecía poder aguantar más. Extendí mi mano derecha hasta sus ojos, cerrándolos para que no quedaran entreabiertos ¿eso da como mala espina no? 
Contenido Oculto


A pesar de que algo dentro de mi quisiera apoderarse de mi calma, dominé el impulso de querer agarrarle del cuello y hacer que su pálida cara cambiara a morada, mostré mi "amabilidad" frente a un soldado marine caido en combate a pesar de seguir teniendo la misma opinión sobre el. Seguí dejando que todo sucediera frente a mis ojos, capaz Tezca era un hombre de buen corazón igual que yo ¿eramos piratas con recompensas por nuestras cabezas? si, evidentemente éramos una amenaza para el gobierno, pero eso no nos convertía en criminales despiadados. Agarré el botiquín de Kael cuando me lo lanzó acercándome a Tezca y sin decir palabra, escuché todo lo que dijo Kael, ahora Tezca también habló queriendo dar su opinión y alegando tener que salir juntos de allí, igual que habían llegado.

Era hora de tomar decisiones, afrontaría todas las consecuencias. Empecé a aplicar el botiquín mientras hablaba. - Dijeron que eliminaran al número más bajo si no elegimos a un "no apto", estos collares tienen un mecanismo que tintinea, lo llevo escuchando desde que desperté ¿explotara? yo no estoy dispuesto a arriesgarme a eso porque ahora os pongais sentimentales, no soy un puto imbécil. -  Tras una leve pausa continuó. - Si quieres probar suerte intentando quedarte con tu amigo ... tu mismo, aunque ya te dijo lo que debías hacer. - Sin pensarlo mucho más daría el comunicado oficial a la sala de control para que abrieran la puerta, siguiendo las indicaciones tal y como había dicho la voz, solo  podía pensar en mi tripulación y en encontrarlos, ya me preocuparía mas tarde de tener que lidiar con ser un esclavo de vete tu a saber quien, o en como escapar de esa situación.

[Imagen: TZLUu7x.jpeg]
- ¿Me escucha la sala de control? Hasegawa Shin es el "no apto" decidido por el antes de caer inconsciente, abran la puerta ya me cansé de estar en esta cloaca.  -


Ahora que el veredicto había sido dado, tocaba esperar que era lo que sucedía.

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
#47
Por respeto a lo sucedido, por difícil que pueda resultar, os recomendamos leer primero el post y no apresuraros a ir a los off.




Se acabó el tiempo. Había pasado un minuto, aunque no hubo nada que lo indicase, ningún pitido, ninguna alarma. Repentinamente, por toda la sala, y, precedido por un zumbido de estática, comenzó a emitirse un nuevo mensaje en la misma voz monótona de antes:

Cierre del Protocolo Damocles. Los números... Nueve. Ocho. Cinco. Ocho. Cinco. Y... Ocho. Ocho. Seis. Uno. Seis. Y... Cero. Cero. Cero. Dos. Han sido seleccionados por los responsables.
Por defecto, son filtrados también los números... Cero. Cero. Cero. Cero. Cero. Y... Uno. Siete. Cuatro. Ocho. Tres. Y... Cero. Tres. Tres. Cuatro. Siete.
En diez segundos, los números seleccionados serán filtrados. Los demás números podrán proceder a ser comercializados.

¿Quiénes eran los demás números? ¿Qué significaba aquello? ¿Cuántos esclavos más había en aquel lugar?

Fuera como fuese, la segunda cuenta atrás había comenzado. Como la anterior, fue una cuenta atrás muda, sin ningún sonido ni pitido que la marcase ni indicase su final.

Cada segundo pasó lento. Diez segundos eran suficientes para que cualquiera reflexionase sobre su final, sobre lo que había vivido y sobre lo que no, sobre sus satisfacciones y sobre sus frustraciones, y sobre aquellos a los que dejaba atrás. No eran pocos los que habían dado con un final triste de camino a perseguir sus sueños, o, peor aún, aún sin tener un sueño por perseguir. Los presentes en aquella sala eran, a todos los efectos, esclavos, y un esclavo solo podía morir tal y como hacía todo lo demás: por designio de otros. Como un esclavo, en definitiva. Resultaba sencillo llenarse la boca hablando de libertad, de la persecución de los sueños, de la justicia, de la vida y de la muerte. Sin embargo, cuando se trataba de enfrentarse al final, al sacrificio último, fuera o no este voluntario, fuera más o menos noble, los ideales solían desvanecerse con la misma rapidez con que habían llegado.

El collar de Barald había empezado a hacer mucho más ruido que cualquier otro. A medida que pasaron los segundos, la luz que emanaba de los números en su collar se intensificó, iluminando a su alrededor. Y, finalmente, llegó el décimo segundo. El collar, cuyo sonido se había vuelto atronador, pareció enmudecer de golpe. Un último chasquido se produjo en su interior, para culminar con una explosión.



Al mismo tiempo que se producía la explosión, la sala al completo quedó inundada en una intensa luz roja que emanaba del techo. Una estridente e insoportable alarma comenzó a sonar por todo el lugar, y lo impensable sucedió finalmente, pagado por el precio de la sangre derramada: la puerta del fondo, que había permanecido cerrada a cal y canto durante todo aquel tiempo, se abrió con pesadez y con el ruido hidráulico de varios mecanismos, abriendo el camino hasta un largo pasillo bañado en aquella misma luz roja.

Y, de pronto, todos se dieron cuenta también de que sus propios collares habían empezado a explotar casi al unísono, solo que las explosiones parecían estar causadas por algún tipo de fallo, más que por la activación de la carga explosiva en su interior. Uno a uno, todos los collares emitieron un fuerte ruido y una fuerte humareda, antes de producir diversos chasquidos y, tintineantes, deshacerse en mil pedazos y caer al suelo, desactivados e inservibles. Bajo sus pies, y al otro lado de los gruesos muros que los rodeaban, se podían oír y percibir fuertes temblores.

Al otro lado de la puerta, al final del largo pasillo, tras unas escaleras metálicas que subían, se había abierto una última puerta.

Continuamos todos en este tema.



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