18-04-2026, 09:02 PM
Narrador / María Merlot
María caminaba detrás del hombre albino, a una distancia prudente para no ensuciarlo, él había dejado muy claro eso, y bueno, ella estaba llena de lodo, aunque ya se empezaba a secar. ¡Qué difícil iba a ser sacarlo de su vestido amarillo! Todo un reto que estaba dispuesta a asumir para que volviera a ser amarillo pollito o en su defecto siempre podría utilizarlo como trapo para limpiar su celda. La celda le gustaba mucho, era su lugar seguro en el mundo... porque cuando estaba afuera es que le ocurrían “cosas” malas.
Él fue respondiendo a la avalancha de palabras que lanzo la celeste. Ella lo escuchaba con atención, había algo en su voz serena y la manera contenida de expresarse que la hacia pensar en un profesor, así se imaginaba a alguien enseñando a otro alguien. Tendría estudiantes, y un aula donde instruirlos, tal vez no todas las semanas pero si dos veces como mínimo: martes y jueves. Y como dijo que le gustaba explorar serian clases de sus aventuras, la próxima trataría sobre un tema muy interesante: EL ARROZ. Su mente se disocio creando ilusiones sobre el masculino, quien en su relato volvió a mostrarse tenso ante la comparación con piratas.
Él fue respondiendo a la avalancha de palabras que lanzo la celeste. Ella lo escuchaba con atención, había algo en su voz serena y la manera contenida de expresarse que la hacia pensar en un profesor, así se imaginaba a alguien enseñando a otro alguien. Tendría estudiantes, y un aula donde instruirlos, tal vez no todas las semanas pero si dos veces como mínimo: martes y jueves. Y como dijo que le gustaba explorar serian clases de sus aventuras, la próxima trataría sobre un tema muy interesante: EL ARROZ. Su mente se disocio creando ilusiones sobre el masculino, quien en su relato volvió a mostrarse tenso ante la comparación con piratas.
... nunca me compares con un pirata, todos y cada uno de ellos son peores que esa bruja
—… oh — balbuceo la celeste, dejando sus manos detrás de si misma para evitar ser kinestésica con el impoluto sujeto de blanco.
María continúo escuchándolo pero aparto los ojos de él, ahora miraba sus propios zapatos llenos de lodo. ¿Odiaba a los Piratas? Ella era un pirata ¿no? Significaba que la odiaría si lo descubría solo por ser quien era. Pero si no le decía estaría mintiendo y peor aún, obligándolo a socializar con algo que odiaba. Esa animadversión le recordó mucho a la de su hermano Jensen Valentine, quien odiaba sobremanera a los marines. ¿Cómo solía decir? ¿Marine muerto, marine para mi huerto? ¿Acaso si ella le revelaba que era un pirata la mataría? No parecía un asesino, es más parecía un fantasma en pena en busca de algo… ¿qué cosa? No lo sabía. Sin embargo, si sabía algo: Gomita escuchaba, porque le respondió usando su misma metáfora de "bruja". Eso la hizo sonreír, una media sonrisa de sentirse “escuchada” pero que no llegaba a sus ojos por el debate moral entre decirle qué era u omitir el detalle para continuar disfrutando de su compañía. Había algo en él, algo de “saber” que la hacía querer orbitar cerca.
Cuando dijo lo de su “aspecto” ella alzo la vista encontrándose con toda su estampa. ¿Qué tenía de distinto a un ciudadano común? La verdad, ella no veía nada fuera de lugar, solo un aire a “olvidable” pero fue al principio, ahora siempre lo recordaría como el Erudito del Cereal.
María continúo escuchándolo pero aparto los ojos de él, ahora miraba sus propios zapatos llenos de lodo. ¿Odiaba a los Piratas? Ella era un pirata ¿no? Significaba que la odiaría si lo descubría solo por ser quien era. Pero si no le decía estaría mintiendo y peor aún, obligándolo a socializar con algo que odiaba. Esa animadversión le recordó mucho a la de su hermano Jensen Valentine, quien odiaba sobremanera a los marines. ¿Cómo solía decir? ¿Marine muerto, marine para mi huerto? ¿Acaso si ella le revelaba que era un pirata la mataría? No parecía un asesino, es más parecía un fantasma en pena en busca de algo… ¿qué cosa? No lo sabía. Sin embargo, si sabía algo: Gomita escuchaba, porque le respondió usando su misma metáfora de "bruja". Eso la hizo sonreír, una media sonrisa de sentirse “escuchada” pero que no llegaba a sus ojos por el debate moral entre decirle qué era u omitir el detalle para continuar disfrutando de su compañía. Había algo en él, algo de “saber” que la hacía querer orbitar cerca.
Cuando dijo lo de su “aspecto” ella alzo la vista encontrándose con toda su estampa. ¿Qué tenía de distinto a un ciudadano común? La verdad, ella no veía nada fuera de lugar, solo un aire a “olvidable” pero fue al principio, ahora siempre lo recordaría como el Erudito del Cereal.
… si me compras ese jugo que te hizo confundirme con esa gente me sentiría muy agradecido y con ganas de disculpar a una chica de pelo azul.
Esas palabras la alegraron, aunque le sabía amargo porque ahora se sentía como una impostora. ¿Lo era al no decirle la verdad? Claro que sí. ¿Y si intentaba explicarle la diferencia entre los piratas malos y los piratas libres? ¿Estaría dispuesto escuchar como ella lo escucho a él? — … estoy segura de que te comprara todos los jugos de arroz que quieras y así puedas disculpar a esa linda chica de pelo azul, las chicas de pelo azul son simpáticas y divertidas, te recomiendo tener por lo menos una en tu abanico de conocidas… y si es celeste mucho mejor — le respondió guiñándole uno de sus orbes ámbar con un destello que encendió el oro oscuro de estos.
... con que podamos comprobar cuanto terreno de los arrozales es pantanoso me es suficiente
Lo siguió de nuevo al pantano, a diferencia de lo que pudiese pensar él, a ella no le gustaba estar sucia pero prometió ayudarlo así que lo haría. María entro de nuevo al pantano, si Gomita quería saber cuanto era pantanoso, solo debían caminar hasta el otro lado, y ante ese pensamiento se detuvo y volvió a tierra firme — … espera tal vez no tengamos que adentrarnos… he estado bebiendo jugo de arroz un bueno rato, hasta me dolió la panza pero no podía detenerme porque estaba delicioso, y el paisaje estaba frente a mí y luego me caí y hundí allá y no estaba tan hondo, tal vez el arroz no necesite estar hondo sino húmedo perfecto… y… ¿si hacemos eso mismo? No tomar jugo, no aun, sino hundir cosas sin que seamos nosotros si se hunden hay pantano ¿no? — relato aleatoriamente con simpatía como si estuviera explicando una historia fantástica, como si algo de lo que dijera tuviera sentido alguno, quizás en su cabeza si lo tenía.
María miro hacia los lados, tomo algunas piedras entre sus manos: ocho en total. Luego empezó a lanzarlas a distintas partes del pantano, en algunas observó con su muy buena vista como se hundían menos rápido, en otras mas rápido, y en esos procesos las burbujas dejadas atrás tomaban una tendencia interesante que para alguien que le gustara observar y analizar información le parecería un buen dato estadístico y curioso, como ella... que iba a compartir con su colega lo que interpreto cuando la solución vino sola a su cabeza, nada enredada, nada estrambótico — Gomita… ¡Eureka! — lo llamo empezando a reír mientras golpeaba con su diestra su propia frente — … todo es pantano, porque es lo que necesita el arroz para nacer. Fíjate en todos los arrozales, son como nosotros. Una tina permanente para relajarse y brotar. Aunque si quieres saber cuánto arrozal hay… ¡Contemos pasos! Pero los tuyos o los míos, porque ambos no “pasamos” igual. Tu eres más alto, abarcaras más… pero sino mejor preguntamos a un oriundo, ellos deberían saber.... ¡De solo pensar caminar todo esto me canso! — bromeo al final, dándose la vuelta para sentarse en el borde del camino mientras abrazaba sus rodillas contra su pecho, luego suspiro — ¿Odias mucho a los piratas, Gomita? — le pregunto, no había olvidado la conversación de antes y menos la pregunta que aun no le respondía — … no todos son malos, hay piratas muy malos como el pez morado pero hay otros como Fantasma que son buenos — lo decidió, no iba a mentirle sobre lo que era, no tenia sentido comenzar una relación de lo que fuera en base a mentiras, y ella no podía cambiar lo que era… como seguro él no iba a cambiar lo que sentía pero por lo menos no sería “otra pirata malvada que le hiciera daño”. Ella no dañaba a nadie, hasta era vegana porque respetaba la vida misma —… si tuve miedo porque pensé que eras parte de la tripulación del malvado pez morado… me alegra mucho que no lo seas, no todos los días conoces a un Erudito del Cereal… — sonrió, y ese gesto alumbro su etéreo rostro, cuando recordó todo lo que aprendió de él en esa jornada — … ¿Organización? No se a que te refieres con eso pero Fantasma me rescato de la pecera, me dio un lugar dónde puedo decidir por mi misma lo que quiero o no hacer… habla de Libertad, yo nunca lo he sido ¿sabes? Es nuevo para mi, no sé ni por donde comenzar... — oculto la cara entre sus rodillas recordando como fue su encuentro con el pirata de piel canela, como le pidió que la matara y él más bien le dio la vida y motivos para vivirá a través de Hyakinthos. Una confesión de su parte llena de la vulnerabilidad e incertidumbre de comenzar de cero en territorio desconocido — … pero si te refieres a si soy un pirata... Bueno, yo lo soy — confeso quitándose el peso de su consciencia al omitir tal detalle al hombre. Se levanto y sacudió el vestido, un gesto inútil pero que delataba su nerviosismo —… hay tantas verdades en el mundo, tantas historias no contadas y oprimidas... que he aprendido que no todo es blanco o negro. No odio a todos los piratas por las cicatrices que me hizo ÉL pero aborrezco a aquellos que son como ÉL. No somos tan diferentes tu y yo, Gomita — su voz por primera vez sono sin alegría, fue neutra y llena de un tinte de melancolía. A diferencia de lo que muchos pudieran pensar, la mente aleatoria de la joven celeste no solo se llenaba de revoluciones inentendibles sino que a veces podía concentrarse y reaccionar en consecuencia a pensamientos menos divertidos, más serios.
María lo miro por última vez, una mirada enigmática, quizás nunca más se cruzarían, ella mejor que nadie sabia lo desagradable que era toparse con aquellos a los que tenías animadversión… le pasaba cada vez que venían por ella — … vi una librería en el pueblo, comprare todos los tomos que hablen sobre el arroz, y si nos volvemos a encontrar te lo contare todo Gomita… ¡Serás el Señor del Conocimiento Cerealero! … — bromado sonriéndole con esa manera tan encantadora de ser suya, mientras metía la mano en el bolsillo oculto de su vestido y sacaba una moneda con la que jugo un rato — … disfruta del jugo. Me voy ahora, recordé que tengo esto importante que hacer lejos de aquí… si, si por allá… — señalo el norte, aunque obviamente ella no tenia nada importante que hacer en otro lado, se iba para no incomodarlo mas con su presencia pirata —… adiós Gomita — se despidió lanzándole la moneda y empezando a caminar hacia el sur, ella no sabía orientarse para nada.
Mientras caminaba, tan aleatoria como era, en ondas y zigzags iba tatareando una canción. Cuando paso por el quiosco del vendedor de juego de arroz le dio una sonrisa que lo hizo sonrojar de nuevo. El encuentro le resulto agridulce, quizás si hubiese mentido sobre lo qué era, hubiera estado un rato más con el curioso albino sabedor de cereales, en particular de arroces, pero no iba con su naturaleza mentir o incomodar, ella mejor que nadie sabía lo que se sentía eso… por esa misma razón se refugiaba tanto en su mente, el único lugar donde nada ni nadie que le desagradara la alcanzaba. Sin embargo, atesoraría lo poco que obtuvo y con el conocimiento que le dio encontraría el mejor arroz para su Algodón de Azúcar. Así que solo podía agradecer internamente al albino por las nuevas herramientas que obtuvo...
María miro hacia los lados, tomo algunas piedras entre sus manos: ocho en total. Luego empezó a lanzarlas a distintas partes del pantano, en algunas observó con su muy buena vista como se hundían menos rápido, en otras mas rápido, y en esos procesos las burbujas dejadas atrás tomaban una tendencia interesante que para alguien que le gustara observar y analizar información le parecería un buen dato estadístico y curioso, como ella... que iba a compartir con su colega lo que interpreto cuando la solución vino sola a su cabeza, nada enredada, nada estrambótico — Gomita… ¡Eureka! — lo llamo empezando a reír mientras golpeaba con su diestra su propia frente — … todo es pantano, porque es lo que necesita el arroz para nacer. Fíjate en todos los arrozales, son como nosotros. Una tina permanente para relajarse y brotar. Aunque si quieres saber cuánto arrozal hay… ¡Contemos pasos! Pero los tuyos o los míos, porque ambos no “pasamos” igual. Tu eres más alto, abarcaras más… pero sino mejor preguntamos a un oriundo, ellos deberían saber.... ¡De solo pensar caminar todo esto me canso! — bromeo al final, dándose la vuelta para sentarse en el borde del camino mientras abrazaba sus rodillas contra su pecho, luego suspiro — ¿Odias mucho a los piratas, Gomita? — le pregunto, no había olvidado la conversación de antes y menos la pregunta que aun no le respondía — … no todos son malos, hay piratas muy malos como el pez morado pero hay otros como Fantasma que son buenos — lo decidió, no iba a mentirle sobre lo que era, no tenia sentido comenzar una relación de lo que fuera en base a mentiras, y ella no podía cambiar lo que era… como seguro él no iba a cambiar lo que sentía pero por lo menos no sería “otra pirata malvada que le hiciera daño”. Ella no dañaba a nadie, hasta era vegana porque respetaba la vida misma —… si tuve miedo porque pensé que eras parte de la tripulación del malvado pez morado… me alegra mucho que no lo seas, no todos los días conoces a un Erudito del Cereal… — sonrió, y ese gesto alumbro su etéreo rostro, cuando recordó todo lo que aprendió de él en esa jornada — … ¿Organización? No se a que te refieres con eso pero Fantasma me rescato de la pecera, me dio un lugar dónde puedo decidir por mi misma lo que quiero o no hacer… habla de Libertad, yo nunca lo he sido ¿sabes? Es nuevo para mi, no sé ni por donde comenzar... — oculto la cara entre sus rodillas recordando como fue su encuentro con el pirata de piel canela, como le pidió que la matara y él más bien le dio la vida y motivos para vivirá a través de Hyakinthos. Una confesión de su parte llena de la vulnerabilidad e incertidumbre de comenzar de cero en territorio desconocido — … pero si te refieres a si soy un pirata... Bueno, yo lo soy — confeso quitándose el peso de su consciencia al omitir tal detalle al hombre. Se levanto y sacudió el vestido, un gesto inútil pero que delataba su nerviosismo —… hay tantas verdades en el mundo, tantas historias no contadas y oprimidas... que he aprendido que no todo es blanco o negro. No odio a todos los piratas por las cicatrices que me hizo ÉL pero aborrezco a aquellos que son como ÉL. No somos tan diferentes tu y yo, Gomita — su voz por primera vez sono sin alegría, fue neutra y llena de un tinte de melancolía. A diferencia de lo que muchos pudieran pensar, la mente aleatoria de la joven celeste no solo se llenaba de revoluciones inentendibles sino que a veces podía concentrarse y reaccionar en consecuencia a pensamientos menos divertidos, más serios.
María lo miro por última vez, una mirada enigmática, quizás nunca más se cruzarían, ella mejor que nadie sabia lo desagradable que era toparse con aquellos a los que tenías animadversión… le pasaba cada vez que venían por ella — … vi una librería en el pueblo, comprare todos los tomos que hablen sobre el arroz, y si nos volvemos a encontrar te lo contare todo Gomita… ¡Serás el Señor del Conocimiento Cerealero! … — bromado sonriéndole con esa manera tan encantadora de ser suya, mientras metía la mano en el bolsillo oculto de su vestido y sacaba una moneda con la que jugo un rato — … disfruta del jugo. Me voy ahora, recordé que tengo esto importante que hacer lejos de aquí… si, si por allá… — señalo el norte, aunque obviamente ella no tenia nada importante que hacer en otro lado, se iba para no incomodarlo mas con su presencia pirata —… adiós Gomita — se despidió lanzándole la moneda y empezando a caminar hacia el sur, ella no sabía orientarse para nada.
Mientras caminaba, tan aleatoria como era, en ondas y zigzags iba tatareando una canción. Cuando paso por el quiosco del vendedor de juego de arroz le dio una sonrisa que lo hizo sonrojar de nuevo. El encuentro le resulto agridulce, quizás si hubiese mentido sobre lo qué era, hubiera estado un rato más con el curioso albino sabedor de cereales, en particular de arroces, pero no iba con su naturaleza mentir o incomodar, ella mejor que nadie sabía lo que se sentía eso… por esa misma razón se refugiaba tanto en su mente, el único lugar donde nada ni nadie que le desagradara la alcanzaba. Sin embargo, atesoraría lo poco que obtuvo y con el conocimiento que le dio encontraría el mejor arroz para su Algodón de Azúcar. Así que solo podía agradecer internamente al albino por las nuevas herramientas que obtuvo...
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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