[Pasado] Relleno
#1
Día 40 de Verano, año 17.
Nuevo Mundo, rumbo a Risky Red.
Eidfrost, camarote asignado, 5:30am.




La infamiliaridad de lo mundano de viajar en jn barco ajeno era terrible. El camarote no era mío, y esa era la sensación que me perseguía cada mañana al despertar en el Eidfrost. Las dimensiones eran perfectas, la cama cómoda, el espacio ordenado. Pero no era el O’Redentor con aquellas paredes de madera conocidas y ese olor familiar por los pasillos. Incluso los crujidos de la madera eran diferentes, sonaban distinto y se sentían irreconocibles, como si caminara con zapatos sumamente cómodos pero que sabía perfectamente que no eran míos. Era una sensación extraña que no externaba pues seguro se me tomaría de ridículo y desagradecido, pues yo mismo lo consideraba así.

Me levanté con las primeras luces del alba filtrándose por el ojo de buey. Cinco y treinta de la mañana, calculé por la posición del sol. El calor del día de verano empezaba a colarse por las rendijas, diferente al calor volcánico de Mystoria, pero no por eso menos fastidioso. Salí descalzo al pasillo y subí a cubierta. Veinte metros de eslora, ocho de manga. El Eidfrost era más pequeño que el O’Redentor pero bien construido, sólido. Ciento sesenta francotiradores bajo el mando de Karl dormían en los camarotes inferiores. Viktor, Karl y Apolo tenían sus propios camarotes en la misma cubierta que el mío. Me posicioné en la proa, de cara al horizonte carmesí que daba nombre a este mar y comencé mi entrenamiento diario. Expandí mi haki de observación ciento cincuenta metro en todas direcciones. Pan comido. Los francotiradores empezaban a despertar en oleadas. Viktor ya estaba despierto, su presencia inconfundible. Karl también. Apolo seguía durmiendo, su aura tranquila. Reduje el haki a cien metros y comencé con el entrenamiento de armamento sintiendo cómo el haki oscurecía la piel de mis nudillos, reforzaba los huesos, endurecía el tejido. Pasada la primera media hora el sudor empezaba a acumularse en mi frente debido a el calor húmedo del día de verano. Practique el Gyojin Karate, cada técnica ejecutada con la calma que jamás obtendría en combate buscando pulir mi forma, cada golpe conectando con el aire mientras imaginaba la cara de nuestro objetivo pronto a intentar capturar. Mi cuerpo recordaba las lecciones, los años de entrenamiento, las correcciones de mis maestros.

Dos horas después, terminé con meditación. Sentado en posición de loto en la proa, con las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas.
Treinta minutos de silencio mental. Cuando abrí los ojos, el sol ya estaba completamente visible sobre el horizonte siendo las ocho de la mañana, aproximadamente. Bajé a mi camarote, agarré una toalla limpia de mi equipaje y me dirigí a los baños del barco. Agua de mar filtrada, fría, perfecta para lavar el sudor. Luego me vestí con el uniforme de Vicealmirante y subí al comedor que estaba en la cubierta principal, un espacio rectangular de diez metros de largo por seis de ancho con mesas largas de madera donde la tripulación comía por turnos. Llegué justo cuando el primer turno terminaba y el segundo comenzaba.
Desayuné solo en una esquina mientras observaba a los francotiradores mientras comían. Jóvenes en su mayoría, entre veinte y treinta años. Esperaba ser capaz de protegerles a todos durante la misión que teníamos por delante.

Después del desayuno, decidí conocer mejor a las tropas. Recorrí la cubierta principal deteniéndome cada pocos metros para observar lo que hacían. Un grupo limpiaba rifles en la popa mientras otro grupo practicaba tiro al blanco con barriles flotantes arrastrados por cuerdas a veinte metros del barco. La mezcla de sensaciones que me llegaban gracias al haki de observación era interesante y a la vez inquietante. Podía decir claramente quienes estaban surcando los mares del nuevo mundo por primera vez de aquellos quienes no temían a estas aguas. Continué mi recorrido, deteniéndome brevemente con cada grupo, cruzando palabras con algunos, intentando mantener el animo y la compostura durante su entrenamiento, poco les podía aconsejar pues no era un tirador como ellos pero, desde mi experiencia, al menos les podía recordar lo vital antes de la misión: la preparación. Mantenimiento de armas, entrenamiento, estudio de mapas de Risky Red, alimentarse y dormir bien. A las once de la mañana había terminado mi ronda por lo que me retiré a mi camarote, bebí medio litro de agua de una jarra de agua que alguien había tenido la cortesía de rellenar durante mi ausencia y esperé la hora del almuerzo.
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
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