Yuuki
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C. de Haki
C. de Akuma
Ver a Miyori caminar junto a ella le daba algo de alegría, cosa que se pudo notar en la sonrisa que se le formó inmediatamente después de verla. Y mientras caminaba como si la calle le perteneciera, se acomodó la bolsa de berries al hombro, haciéndola sonar un poco y luego manteniéndola cuidadosamente en un sitio con sus alas; no servían para volar, pero bien que ayudaban a ocultar el tipo de botín que cargaba encima.
—¿Tarta de mora azul? ¡Ciertamente tienes buen gusto! —exclamó, recuperando su tono vibrante y amable luego de haberse hecho la tonta y muda ante los marines antes—. Yo soy más de los clásicos... un buen hojaldre con crema... aunque, a decir verdad, la tarta de mora azul se me antoja ahora mismo. Y es tu culpa.
Cuando Miyori lanzó las preguntas sobre su familia y sus alas, Yuuki se tensó un poco, aunque no por nada en especial. Simplemente los recuerdos se le desbloquearon muy pronto en su cabeza. Fue un gesto casi imperceptible, una sombra que cruzó sus ojos antes de que la despreocupación volviera a su sitio. Miró de reojo sus propias alas y luego miró hacia las nubes, como si buscara algo que ya no estaba allí.
—¿Familia? —repitió, y esta vez su sonrisa fue un poco más afilada—. Digamos que mi familia y yo tuvimos una pequeña diferencia de opiniones y no vamos a poder vernos en un rato. En cuanto a las alas...
Ya habían llegado a una zona más comercial del pueblo. La birkaniana se detendría frente al escaparate de una pequeña tienda de suministros navales, y luego hablaría señalando un mascarón de proa desgastado que representaba a una mujer alada.
—Pues sí, todos en mi familia tienen. Pero si miras con cuidado, verás que más de uno por ahí andará con algunas. Ya sea en su espalda o en su barco —hizo un gesto amplio hacia el bullicio del puerto, era como si quisiera mostrarle algo nuevo a Miyori. Incluso cuando sabía que ella había vivido crecido allí también—. Puede que mis alas tengan plumas. Pero todos tienen alas de algún tipo, amiga mía. ¿Las tuyas cómo serán? ¿Hm?
Retomó el paso, pero esta vez se acercó un poco más a Miyori, bajando el tono de voz de manera confidencial, como si fuera a contarle un secreto de estado.
—Y aunque me encanta cuando hablamos de mí. Es más sígueme diciendo lo hermosa que soy... Dime una cosa... si mañana apareciera un capitán en este puerto que buscara una violinista para recorrer el enorme Mar Azul, ¿te subirías sin mirar atrás? ¿O te quedarías pensando en qué dirían en casa?
Yuuki la miró con intensidad aunque sin detenerse, desafiándola con la mirada. En algún momento cuando habló, se había adelantado y ahora caminaba de espaldas frente a Miyori. Fue entonces cuando notó que ya habían llegado, incluso pasaron frente a la panadería. El olor a pan recién horneado y azúcar glaseada inundó el aire, era definitivamente el olor que esperaba recibir de aquella tienda. No podía creer que seguía allí y que todavía seguían haciendo postres con los mismos aromas.
—Genial, ¡Ahí están! —Yuuki señaló las galletas que estaban exhibidas en la vitrina con emoción infantil, olvidando por completo la seriedad de hace un segundo—. Y hay galletitas de varias formas. Seguro que también habrá tarta. ¿Llevamos una docena para después también? ¡Ciertamente hoy invito yo!
Se adelantó hacia la entrada de la panadería, pero antes de entrar, se giró hacia la pelirroja con una travesura brillándole en los ojos. El dueño de la panadería salió a recibirlas a las dos y aguardaría allí mirando a Miyori también. Se veía que era un hombre anciano. Bastante anciano. Y no parecía mirar a Yuuki como una desconocida.
Miyori Hoshino
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C. de Haki
C. de Akuma
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La compañía de Yuuki resultaba agradable, y sentía que iba descubriendo nuevas facetas de ella, sin embargo, quizá había temas que era mejor no indagar demasiado, así que cuando recibí su respuesta, que en el fondo realmente no decía mucho, entendí y acepté que lo más prudente era dejar la conversación ahí. — Espero que algún día puedan estar bien. —- fue lo único que respondí, manteniendo una sonrisa amable y sutil, cargada de una mezcla de añoranza y buenos deseos hacia su situación familiar.
Al llegar al área de la zona comercial, nos encontramos con todo tipo de negocios, cada uno con escaparates distintos y detalles que captaban la atención de cualquier visitante de la isla, sin embargo, nos detuvimos frente a uno en particular, frente a una tienda de suministros navales cuya fachada antigua parecía conservar historias de navegantes y viejas tripulaciones. Yuuki señaló entonces una escultura quizás de madera de una mujer alada cuidadosamente grabada en la proa del edificio como si vigilara el paso del tiempo y la multitud diaria de aquella isla. Mis ojos azulinos se quedaron fijos en aquella figura, admirándola con detenimiento mientras escuchaba sus palabras, había algo en ella que me resultaba sereno, casi familiar, y no pude más que reconocer lo que mostró con solo una explicación metafórica, y eso me resultaba hermoso.
—- ¿Mis alas? —- repetí en voz baja, mientras la observaba retomar el camino, pero la pregunta quedó flotando en mi mente, como una idea que buscaba su forma, intenté incluso encontrar una respuesta adecuada, preguntándome qué clase de alas podrían acompañarme a mí, y entonces, casi como un recordatorio constante que nunca se aparta del todo de mi lado, recordé a Amphitrite, mi violín.
—-- Sin duda… es la música.
Su cercanía traía consigo ideas que me empujaban a ver perspectivas que nunca antes había considerado, cosas que, de algún modo, siempre habían estado ahí sin que yo lograra notarlas, por eso, cuando me habló con aquella confianza me planteó una situación puntual, sobre elegir seguir mi sueño o dejar pasar la oportunidad por el temor a lo que dirían en casa. —- Ciertamente me iría… —- expresé, pensativa, aferrándome a la correa del estuche de mi violín, como si ese gesto descansara la verdad de lo que realmente deseaba alcanzar. —- pero tampoco me iría sin decir adiós.
Alcé la mirada hacia Yuuki,encontrándome con esos ojos suyos que reflejaban un desafío casi puro, firme, como si no temiera a nada cuando encara a otros. — porque supongo que… aunque las diferencias duelan, todos merecen saber que, incluso en la distancia, siempre serán recordados y amados, sin importar que en ese momento no estén de acuerdo con nuestras decisiones. —- Mis palabras eran firmes, mi mirada bajó un poco, dejándome llenar por los recuerdos de mi niñez, de mis hermanos y mi padre, y mi mano libre se posó sobre mi pecho, justo sobre el corazón, ahí es donde guardaba esos recuerdo con latidos de amor a cada uno de ellos.
—-- Si, me iría completamente si apareciera la oportunidad, jajaja.
Yuuki caminaba ahora a ritmo propio a unos cuantos pasos delante de mí, más libre, reconociendo los alrededores hasta encontrar la panadería con las delicias dulces que inundaban las cercanías con ese olor tan delicioso, agradable, abriendo el antojo a las golosinas. Incluso antes de que ella mencionara que estaba ahí, yo ya me había percatado del establecimiento reconocido por ser administrado por un señor adulto devoto a la panadería desde años.
—-- Me encantaría unas galletas también, muchas gracias por invitar Yuuki —- Exprese una con una enorme sonrisa de oreja a oreja, emocionada por la compañía, emocionada por que ahora tenía un nuevo lugar que conocer con la experiencia de tener una nueva amiga. —-- Siempre he visto este establecimiento, pero es mi primera vez que entro aqui.
—-- Muy buenas tardes estimado señor.
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Yuuki
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—Buenas tardes, señorit- Oh, no. Señorita Sou. ¿Sabe la cantidad de veces que han venid-
—Shshshshsh. Cállate, por favor, viejo Yeaster. Es más. Ni me viste hoy. Es más. No se quién es esa tal Sou. Yo soy Yuuki. A secas. Ciertamente.
El panadero parpadeó mientras trataba de mover la cabeza a un lado luego de que Yuuki le pusiera su dedo índice en la boca para interrumpirlo. No sabía exactamente qué había pasado con la pelirrosa, pero se le notaba claramente sorprendido de verla. Sin embargo, por parte de la birkaniana, ella más bien parecía estar tan tranquila y confiada como siempre. Era la dueña de todo el lugar siempre por donde pisara y desbordaba esa confianza hacia otros. Y ahora que Miyori la acompañaba, le volteó a mirar sin quitar su dedo de la boca del pastelero que estaba aún quieto del todo ante las acciones de Yuuki, quien parecía no poder ser interrumpida.
—Hoy hemos venido a compartir té y galletas, ¿Verdad, Miyo? Pide lo que quieras. Todo lo que quieras. Yo pagaré en completo todo... —Y se volvió a mirar al pastelero—. Y sin descuentos. Así no te deberé nada. Hasta propina te pagaré, viejo Yeaster... ¿Vale eso tu silencio y tu servicio? Vamos, no seas malito. Por los viejos tiempos...
Quitó el dedo luego de hacer un acuerdo mudo de que él no iba a armar un escándalo si ella lo dejaba hablar. Contaron hasta tres los dos y ahora parecía que nada de lo que había ocurrido en esos escasos treinta segundos había pasado. El pastelero sonreía, nervioso, pero sonreía. Y Yuuki se dedicaba a mirar las galletas y postres.
Mientras que ella decidía aún qué iba a comer, el pastelero sacó unas bandejas de postres varios y los puso sobre el contador, también puso una bandeja de galletas que tenían diferentes formas cortadas con molde. Los postres olían bastante dulce y las galletas se notaban frescas y crocantes. Orgulloso de su trabajo, el pastelero ofreció a Miyori el producto mientras la sonrisa nerviosa se cambiaba por una más natural... al final le gustaba cuando alguien más daba valor a su trabajo y oficio, del que se enorgullecía bastante.
—Ya que la Señorita Yuuki pagará, le puedo vender toda la tienda si así quieren. Tengo postres con crema, con fruta y con mezcla de crema y fruta. Hay donuts. Las glaseadas son mi especialidad. Y por supuesto, galletas. La receta la creamos con mi esposa... que Dios la tenga en su gloria... y son el producto fuerte de este lugar. Puede comerse media docena y no sentirá que haya comido ni media galleta. —Luego de eso, puso una caja al lado de las bandejas donde había diferentes jarros opacos—. Y ahora el té.
Abrió uno de los jarros, conociendo la reacción que Yuuki iba a tener, y ofreció a Miyori que pudiera oler un poco.
—Es mi mejor té. Y aunque mis galletas son mi mejor producto, en realidad lo disfrutará mejor con las donuts. Acepte mi recomendación, señorita. Y si le gusta, la siguiente vez que venga, será gratis.
Yuuki rodó los ojos. El maldito sabía cómo fabricar adictos. Pero no se lo iba a quitar. Ese té realmente era el mejor que habría probado jamás. Asintió a Miyori en silencio y esperó a que ella tomara una decisión, aunque por el rabillo del ojo ya estaba identificando la mejor mesa para que las dos pudieran disfrutar de los postres y el té juntas.
Miyori Hoshino
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El señor panadero parecía conocer a Yuuki, pues apenas cruzaron unas palabras cuando ambos comenzaron a conversar de manera más amena, como si se conocieran de mucho antes, por mi parte decidí alejarme un poco para brindarles privacidad. Mi atención fue directo hacia la vitrina de postres donde me quedé completamente admirada por las tantas opciones mostradas, mis ojos azulinos no sabían dónde posarse primero, era como un viaje visual entre tartas, golosina y postres delicadamente decorados, y claro, todo parecía no solo delicioso sino también increíblemente hermoso, inclusive el mismo local tenía un aire especial en sus estructura de acabados finos que lo hacían parecer una repostería de alta calidad, fue esa misma belleza que me hizo dudar, me preocupé un poco al pensar que quizá era demasiado ostentoso, tal vez debería elegir algo más sencillo, algo que no hiciera gastar demasiado a Yuuki, así que deslicé la mirada otra vez por la vitrina, buscando una opción más acorde de la prudencia y un precio justo.
La voz de Yuuki me sacó de mis pensamientos cuando, con naturalidad, declaró que nuestra visita era para compartir té y galletas, luego giró hacía a mí buscando confirmación, incluyendome en una conversación que pensé era ajena, sin dudarlo, asentí repetidamente con la cabeza casi de forma automática, como si quisiera respaldar sus palabras antes de que alguien pudiera cuestionarlas. Aun así, la incomodidad seguía presente en mí, la idea de que aquel lugar fuera una repostería costosa no dejaba de rondar mis pensamientos y sentía cierto pudor al imaginar cuánto podría significar elegir mal, pero entonces miré a Yuuki, su seguridad no tenía ápices de preocupación, de hecho, con una sonrisa despreocupada añadió en comentario que no había problema alguno en escoger lo que quisiera y ese gesto bastó para desarmar mis reservar, aunque sea solo un poco, seguía sintiendo cierto cuidado de no abusar de su generosidad.—-- ¡¿En serio?!
Me sentí afortunada en ese momento, si algo me encantaba demasiado eran las golosinas, y frente aquella vitrina me era imposible tomar una decisión, me gustaba todo lo que llevará jalea, todo lo dulce o postres. El señor panadero con amabilidad tranquila comenzó a sacar bandejas con una variedad opciones como si nos ofreciera un pequeño tentempié de manera directa y minutos después sumó otra bandeja repleta de galletas de distintas formas, colores y toppings diferentes, el aroma que se desprendió de esas bandejas era hipnotizantes, dulce, cálido y muy envolvente, me hizo imaginar sin esfuerzo en la textura crujiente de lo recién horneada y el sabor suave de cada bocado, despertando en mí un hambre casi infantil que intenté disimular entre pequeñas risas de vergüenza, pero definitivamente el señor Yeaster era un genio de la cocina.
Fue entonces que mencionó mi gran debilidad, donas glaseadas, eso fue suficiente para que mis ojos se abriera de absoluta emoción y lo miré directamente, incapaz de ocultar mi entusiasmo y segundo después giré hacia Yuuki como si buscara su aprobación y complicidad.
—- Eso suena maravilloso… —- murmuré con una sonrisa suave, casi gentil tras darme cuenta de la expresión del panadero al hablar de su difunta esposa, sentía una punzada de empatía al escuchar la historia detrás de aquel lugar, y me admiré de que incluso después de su partida, seguía manteniendo en pie lo que alguna vez construyeron juntos. Recetas de amor.
Las exhibiciones no parecían terminar, el señor panadero continuó mostrando sus especialidades, colocó sobre el mostrador varios jarros llenos de líquidos aromáticos cuyas fragancias recordaban a hierbas frescas y frutas maduras, eran aromas concentrados muy agradables, al parecer esas infusiones eran las verdaderas joyas de la repostería, el acompañamiento perfecto para sus postres, y para mi sorpresa, aquel aroma terminó despertando aún más mi apetito que la propia vitrina y bandeja de postres. Fue entonces que finalmente me decidí. —- Entonces acepto su recomendación, donas con ese delicioso té… —- dije con una sonrisa, inclinando ligeramente la cabeza en guia de ese aroma tan delicioso… — ¿De qué es el té?
Luego miré a Yuuki con cierta emoción contenida, estaba muy feliz de que me haya traído y muy agradecida por su invitación. —-- Este lugar es genial, ¿Hace cuanto que vienes aquí?
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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