Opción: preocuparse por los compañeros [Recolección/Creación]
#1
51 de otoño, año 17

Hacía varios meses que no salía el marine a realizar tareas bajo sus propias manos. Desde su intento de picar en el volcán de baterilla, comprendió que aquellas tareas requerían de un enorme esfuerzo que nunca supo si estaba dispuesto a cumplir. De alguna manera, aún con ello, comprendió perfectamente la importancia de proteger a todos y cada uno de sus compañeros, aunque no sabe diferenciar si se trata de la indicación de su amigo albino, o si se trata de su deber de marine.

A estas alturas, es imposible pensar que considera a alguno de ellos un amigo, ¿no? Pero al menos…quiere pensar que puede lograr ayudarlos a que sean autosuficientes. Ya hizo municiones para Dimitri y para Choi, y ahora solamente debe pensar en lograr fabricar algo de mayor escala: un arma para Nyra.

Considera que no es especialmente diestra con la espada, lo que le lleva a pensar que lo mejor es hacerle cambiar a un arma que se maneje más por su destreza que por su fuerza. Y en ese momento, reconociendo las armas que tenían en la base de la marina, se le ocurrió en su día una idea.

Así pues salió en dirección a una zona poblada de árboles, algunos que estuviesen ya lo suficientemente crecidos y que no fueran a ser echados en falta. ¿La razón? Bueno, no quería dejar a la comunidad local sin menos vegetación, pues solo puede replantar lo conseguido, y aún así eso requeriría de demasiado tiempo para que volviese a crecer con normalidad.

Buscó los más robustos, los más grandes y que pudiesen ofrecerle más madera, la suficiente como para no tener problemas al empezar a cortarla con el hacha una vez solo quedasen los tocones. Debía empezar por el material más abundante de su recolección, y ello le llevaba a comenzar a utilizar el hacha contra aquellos proveedores del recurso natural más básico de entre todos.

Y de nuevo…volvía a colocarse en modo automático. Las horas de trabajo manual se vuelven monótonas, y aunque en concreto ese trabajo no se le hacía tan pesado como el excavar en la piedra, lo cierto es que tampoco tendría que realizar ningún otro entrenamiento físico ese día para sentirse realizado en cuanto a su físico.

Es en estos momentos cuando uno empieza a reflexionar sobre lo ocurrido. La marina ha pasado por momentos complicados, y lo ocurrido en Kutsukku meses atrás aún resuena en su cabeza. Había pasado, aunque por tan solo unas horas, tal vez incluso minutos, de ser un marine orgulloso a tan solo un esclavo más entre la multitud, un engranaje del más bajo escalón que participa en la sostenibilidad del mundo. Es algo que él aprueba, pero…

¿De verdad? ¿Él?

No es ningún criminal, así como tampoco una persona conquistada como civil por parte de una banda pirata. Él era un orgulloso marine, y había sido derrotado meramente por la presencia de un enemigo que todavía resuena de vez en cuando en el interior de su cuerpo. ¿Cómo es posible que recuerde tan bien la sensación de ese día? Ya no le da miedo; sabe que no es real y que de volver a encontrarlo seguramente esté más preparado para hacerle frente, pero no puede evitar sentirse desamparado al saber que no pudo proteger a nadie, y que su amigo casi pierde la vida tan solo por intentar protegerlo a él antes de caer inconsciente. Es por ese tipo de actos que está haciendo esto, por lo que dedica su tiempo a ensuciarse las manos sin que nadie se lo pidiera, y sin que nadie le vaya a agradecer más de la cuenta por ello. No cobra dinero, sino que cobra en sonrisas, tranquilidad, y sobre todo en salud al saber que al menos una de sus compañeras podría practicar con un tipo de arma que, según su visión, será para ella mucho más efectiva que la katana que trata de utilizar por costumbre.

Hablar con Dimitri y Choi sobre los sucedido fue extraño y complejo, algo que quedó relegado casi a un segundo plano con tal de evitar evocar traumas más allá del análisis profesional que se requería para el informe. El papeleo que debía enviar a sus superiores no era un trabajo que deseaba asignarle a nadie, y lo cierto es que espera no tener que ver como Shin intenta encargarse de eso algún día. Sabe que no es capaz de hacer nada de eso por su propia mano, y prefiere evitar verlo mandar por encima de nadie mientras él pueda seguir evitándolo.

La madera resulta considerablemente dura y consistente a pesar de haber buscado un árbol anciano, pero el grosor del mismo tocón le resulta extrañamente duro, y por ello cuando quiere darse cuenta, creyendo que tiene una cantidad mayor de los materiales que necesita, comprueba con desesperanza que aún le queda mucho trabajo por delante si quiere terminar en ese mismo día.

Nadie dijo que fuera a ser facil, ya que después de todo, ese tipo de trabajos son los que luego se encuentran en las tiendas y se debe pagar un precio más que justo por ellos. Aún sabiendo eso, el de pelo azabache siempre consigue obtener algún pequeño beneficio de descuento gracias a su pequeño pico de oro, pero eso no quiere decir que no le siga pareciendo barato. Poco a poco, sabiendo lo que tarda en hacerse un objeto como ese, pierde de vista el valor monetario que tiene, y empieza a pensar que, realmente, sale mucho más barato de lo que cuesta hacer algo así.

Las horas transcurren una tras otra sin descanso, pero al final, tras un esfuerzo de larga duración y esfuerzo constante, parece que tiene el material necesario para, por lo menos, comenzar a trabajar con ellos aunque fuese temporalmente.

O al menos…eso creía él.

Lo cierto es que cuando empezó con el proceso mental para saber los pasos a seguir, se dió cuenta de lo errado que estaba. No solo necesita la madera, sino que además necesita cazar animales para conseguir el cuero, y por si fuera poco, necesitaría volver a la mina para conseguir algunos metales con los que confeccionar y terminar de añadirle el peso y partes correspondientes a las armas.

Cazar animales en aquella zona no parecía suponer un problema. No sabe que tipo de criaturas puede llegar a encontrar, pero desde luego que cualquiera le podría llegar a servir con tal de poder sacar cuero de los mismos. Tal vez podría incluso preguntarle a cazadores o civiles de la zona para que le diesen pistas sobre los mejores sitios. El verdadero problema viene con los metales. Está algo asqueado de la última vez que tuvo que ir a minar al volcán de baterilla, y desde ese día decidió que sería mejor pagar dinero a aquellos que se dedican a la fabricación de estos productos antes que volver a pasar por ese proceso tan malamente remunerado. Al saber el precio que llegan a adquirir las balas comunes en el mercado, no puede sino pensar en que, gracias incluso a sus capacidades de regateo, resulta en una completa y absoluta pérdida de tiempo intentar fabricarlas cuando puede gastar apenas una pequeña parte del dinero que lleva encima en comprar decenas de ellas.

Sin perder mucho más tiempo, toma rumbo a las zonas de coto de caza, o en su defecto, las zonas más apartadas de la civilización donde, según cree correcto, debería poder encontrar nuevos animales que aún no ha tenido la oportunidad de observar en persona.

Conforme viaja por el lugar con su uniforme de marine, comprueba por los alrededores al ubicar entre la maleza algunos otros cazadores que se encuentran en la zona, pidiéndoles indicaciones. La gran mayoría caza con arcos y flechas, mientras que otros pocos intentan realizar esa tarea con lanzas. ¿Cómo lo haría él? Resulta difícil hacerlo sin ninguna de estas dos herramientas, por lo que debería improvisar. 

Dimitri le ha enseñado a hacer algunas trampas sencillas con las que conseguir cazar aunque sea pequeños conejos en el campo. En este caso, deberá intentar hacer algo de un tamaño mucho mayor para conseguir cazar animales de los que pueda sacar mucha más carne y piel. Al menos resulta en un trabajo más interesante, algo menos cansado, y por supuesto de mucha más paciencia. Lo  importante no es la trampa en sí, sino esperar a que un animal llegue a lugar para poder atraparlo el tiempo suficiente con la trampa como para poder matarlo.

Cuando estaba en el Reino de Sorbet, jamás se hubiese imaginado haciendo algo así. Le podían interesar la flora y la fauna, pero no se imaginaba cazando simplemente por ayudar a sus compañeros. ¿Cazar en la marina? Aquello debían ser piratas y no animales salvajes. La vida da demasiadas vueltas y él por muy planificador que fuese no podría preveer esta clase de momentos en su vida.

Cómo si estuviese de pesca comenzó a esperar tranquilo, relajado, y al mismo tiempo atento lo suficiente como para escuchar la trampa en caso de activarse y actuar en consecuencia. Está escondido a no muchos metros de distancia en un matorral para evitar ser visto, pero debido a que lleva muy mal el hablar de olores, se le ha olvidado pensar que en realidad, los animales no solo se guían por el sonido y por la vista. Sus sentidos están tan agudizados para la supervivencia, que cada uno de ellos está más afilado que el de los humanos para mantenerse con vida, al menos por un rato más.

Los minutos transcurren, y su cabeza vuelve a divagar en pensamientos sobre sucesos anteriores en su vida. ¿Qué debería hacer a continuación? Intenta mantenerse a la par que su amigo albino, pero eventualmente sabe que este terminará por superarlo de forma irremediable. ¿Qué podía hacer al respecto? Seguramente solo podía seguir esforzándose incluso si tenía que hacerlo el triple, esperando con ello que sus caminos no se viesen en choque al comprobar que uno tiene más poder que el otro. Esforzarse tiene tanto mérito o incluso más que el talento, pero el problema del contrario es que este tiene las dos cosas.

¿Y con su división? ¿Llegará algún momento en que se unan nuevos miembros a la misma? Ni siquiera él mismo lo sabe, pero debe pensar en seguir adelante con los cuatro compañeros que tiene hasta llegar al nuevo mundo, al menos hasta que esté más cerca del Almirante Markus y su división cinco. De esa forma, y si tenía la suficiente fuerza, entereza e inteligencia como para sobrevivir hasta el nuevo mundo…bueno, supongo que pensaría en ello solo cuando esté cerca de lograrlo, y no apenas acaba de ascender de rango por primera vez en todos sus años de carrera en la marina.

Tiene que pensar, aunque sea de manera profesional, en conocer mejor a los compañeros de su división con tal de conocerlos mejor y saber como puede verdaderamente preocuparse por ellos. La única que conoce ligeramente mejor que al resto es a Nyra, y debe continuar en su camino intentando manejarse a la par con todos ellos para, eventualmente, ser alguien confiable entre sus miembros y compañeros.

Algo que fácilmente, tal y como ha podido comprobar por sus interacciones con la Humink, terminaría perdiendo con respecto a su compañero en la ventaja.

Cada segundo que pasa su mente comienza a divagar con la idea de compararse. Ganarle parece cada vez una idea mucho más lejana, y no tiene idea de como puede hacerle frente a esa sensación tal y como es ahora. ¿Está destinado a quedarse a su espalda siempre? Ser su amigo es una bendición, y lo tiene comprobado, pero al mismo tiempo siente que nunca llegará a nada precisamente por su culpa, y quedará relegado a ser la persona que “comparte división con él”...y nada más.

Cuando parecía hundirse cada vez más en sus pensamientos, el sonido de la trampa activándose hizo despertar su cerebro para pensar y fijarse en los alrededores. Toda esa línea de pensamiento debía cesar, al menos, por ahora.

Efectivamente el animal había caído en aquella trampa improvisada, una especie de jabalí con un tamaño bastante aceptable había caído en la misma, permitiendo al joven Marine acabar con su sufrimiento antes de que siguiera agonizando. Había cumplido con esa parte del trabajo, y ya sólamente le quedaba la parte más complicada: la mina.

Por suerte para él, no tuvo que cargar demasiado. Sus capacidades le permitían llevar todo ese cargamento con un mínimo esfuerzo, y el ir a la mina…bueno, supongo que se podía evitar de una manera distinta.

Cuando quiso pensar en ello, se dió cuenta de lo que tenía consigo: un enorme animal en el que no quería aprovechar la carne, sino tan solo la piel. Es cierto que Nyra agradecería la carne para poder cocinarla, pero lo cierto es que prefiere venderla para comprar el acero que necesita ya que, al fin y al cabo, las armas que está intentando crear son precisamente para ella.

Volvió entonces hasta las zonas habitables de aquel territorio, no dudando ni un instante en buscar a mineros y mercaderes locales que estuviesen interesados en llevarse algo de carne a sus casas a cambio de unos minerales sin refinar extraídos de las minas.

Y afortunadamente, con sus dotes de negocio, no tardó en engatusar al primer minero que encontró.

El trabajo fue sencillo, y solo quedaba la parte más interesante: terminar de crear las armas.

Con todos los materiales a su disposición, no dudó ni un instante en cuanto tuvo la oportunidad de sentarse y ponerse a ello. Tenía todo el proceso pensado en su mente, y paso a paso, comenzó a preparar cada una de las partes de los bos, dejando ligeras diferencias en los mismos para que pudiese diferenciarse cada uno de ellos, como dos piezas complementarias que, a su misma vez, son precisamente una extensión fabricada para su compañera. Quería algo que no fuera tan convencional como para comprarlo en el mercado, sino algo único que él mismo pudiese crear con sus propias manos. ¿Resulta algo pretencioso? En absoluto: simplemente quiere hacerle saber a su compañera que está dispuesta a esforzarse por el resto de miembros de su grupo, y que por supuesto, eso la incluía a ella.

No han tenido ocasión de hablar mucho en los últimos tiempos, y quizás esa, aunque fuese brevemente, sea una buena excusa para poder lograr aquella simple tarea.

Lo tenía todo listo.

creación
#2
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Recolección y creacion Completada
Materiales:

— Madera: 10 unidades.

— Creados 2 Bo tier 1.


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