Rezos, canciones y puños [Pasado] [Jesse]
#1
Music 
La diligencia continuaba por el bosque sin detenerse con un traqueteo lento pero seguro. A cada costado iban los guardias, unos que no parecían, pero se intuían pues se olía su mente la crueldad con la cual actuarían en caso de algún problema. Su interior estaba oscuro en penumbras dentro uñas colmillos y metal brillante resplandecía ante cualquier luz que pudiese colarse por las ventanas. Ventanas pequeñas y reforzadas con barrotes, ciertamente no eran ventanas comunes, no era una diligencia común no era un camino habitual, el carromato iba arrastrado por dos corceles de pura sangre. Patas peludas y altos de 2 metros de alto, imponentes en apariencia. Era solo una carreta y analizándolo era algo, se notaba que transportaba algo de gran valor.
 
Se encontraba esperando sentada en un árbol podrido, un tocón donde otrora había un gigantesco cedro. Ahí estaba sin ningún arma visible solo su capa negra oscura como la noche y sus cuerdas rasgando y cantando una melodía. Una melodía alusiva al día a día, nada especial sin sentimientos, sin forma y sin color. Solo tonadas y una que otra voz gutural tratando de competir con la guitarra
 
Cuando pasan le hacen una seña en forma de saludo y apenas un silbido de saludo. Ella responde despreocupada con lentes oscuros, como si fuese una ciega a su costado un bastón largo con una forma extraña encapotada pero sus ojos dorados eran brillantes y llenos de sentimiento distinto a su ropa habitual que parecía la de una señora elegante, como si fuera una noble caída en desgracia.
 
El barro y las piedras imposibilitaban que diera marcha muy rápidamente y se dirigían a un pueblo cercano. Ese pueblo ni siquiera tenía nombre cuatro casas en medio de la nada, y sin embargo a pocos kilómetros existía la civilización, solo una pequeño pueblo, Baquella. Pero  cerca había una posada conocida por la cantidad de gente que se alojaba, no por su gran estructura. Parecía un castillo abandonado de esos que tienen calabozos y pasadizos secretos, si iban por el camino, iban hacia allá. La cantante amateur al ver pasar la carreta se levantó y empezó a caminar como si estuviese cojeando. Parecía una desvalida coja y ciega, agarró su palo y empezó a caminar lentamente detrás de la carreta. Uno de los guardias se quedó atrás sospechando algo extraño, pero ella pasó de él sin alzar la vista. El guardia frunció el ceño y determinó que era una don nadie. Fue entonces que aceleró el paso a alcanzar la carreta y ella iba unos seis o siete metros más atrás lentamente caminando aún más que la diligencia.
 
No pasó mucho tiempo, aproximadamente 15 minutos en que todos llegaron a una posada esta posada tenía por nombre La Iguana Neon, una atendida por dos seres extraños una era una mink y otro un gyojin. la particularidad de esta posada es que la parte de atrás existía un gran lago donde el gyojin atendía a otros de su raza hospedándolos cómodamente en una especie de hotel submarino mientras que la mink hospedaba a los huéspedes regulares como normalmente se hacen. Había otra estructura cercana donde la gente podía mantener sus monturas generalmente arrendadas en el pueblo anterior a este punto y aquí era donde los dejaban para retomar otra y así sucesivamente viajar más cómodamente con caballos descansados. La mujer coja, ciega y musical. Finalmente se sienta en las afueras de la posada a comenzar a elevar sus canciones. Ahí, sentada en una piedra espera recibir unas monedas. Cabello vede. Trenza larga. Y ojos dorados.
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#2
Le había hablado de una posada en la que atendían a Gyojin y a personas comunes de forma distinta, al parecer los Gyojins eran llevados a una especie de hotel submarino y a los más comunes de la forma habitual. Conociendo a las personas, en general, le extrañaba que en ese local no hubiese altercados, de hecho, seguramente si se acercaba probablemente vería alguno, el racismo y la poca confianza que inspiraban algunos seres de los mares provocaban ese tipo de incidentes, aunque la xenofobia ni el racismo formaban parte del pelirrojo, pero es que necesitaba comprobar que no pasaba nada. Como un hombre de ley (más por obligación que devoción) tenía que asegurarse de que así fuera. Otros compañeros ya habían ido en otras ocasiones, y en esta ocasión le tocaba a él.

Cuando se acercó a la entrada de la posada pudo ver a una mujer en el exterior de esta, cantado, aquello se le hizo extraño por lo que decidió acercarse para saber si había ocurrido algo, o había algún motivo por el que se mantuviera en el exterior de la posada. Especialmente por que tampoco es que hubiera mucho gente en el exterior, que pudieran darle algo.

Dejó que terminará de cantar, y cuando terminó, la aplaudió y le dejó un par de monedas, para después hablar.

– Buenas. – Saludo de forma algo informal. – ¿Todo bien? ¿Está todo tranquilo? – Preguntó, esperando de aquella forma sacar algo de información. Ella no estaba en el interior de la posada, por lo tanto era complicado que lo supiera.

No estaba seguro de que aquello pudiera servir de mucho, no obstante, no presionar a las personas era lo que mejor resultado daba, y aunque realmente le interesaba el interior de la posada, el hecho de que hubiera una mujer en el exterior sin un aparente motivo se le hacía raro. Se acomodó el parche que tapaba lo que era la zona diestra de su cabeza y miró alrededor, hacia la puerta principal de la taberna, en principio todo parecía ir con normalidad, pero su mirada volvió a centrarse en la mujer con la que se acababa de encontrar.

Carraspeó un par de veces mirando alrededor, entonces se acercó un poco más a la mujer para hablarle de cerca y que solo ella le escuchará.

– ¿Sabe algo acerca de peleas o intentos de asesinato que se han dado en este lugar? – Preguntó, pues eran los comentarios que había escuchado.

Y lo cierto es que era mejor preguntar en el exterior a una mujer, que entrar en el interior de la posada con el uniforme de marine y hacer saltar las alarmas. Si lo hacía posiblemente sería un posible objetivo, de agresión o de intento de homicidio.

Cuantos menos riesgos, mejor…
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#3
Su canción subía al viento, hermosa, sublime e intensa en su letra. El corazón de la trovadora se plasmaba tan poderosamente que quien pasaba por el lugar sentía que la alegría le llenaba a tal punto que pocos eran los que no le dedicaban una sonrisa a la encapuchada. Ella apenas levantaba la visión, absorta y concentrada en no fallar una sola nota. Fallar no era opción para ella pues sentía que cada una de sus canciones eran historias contadas, historias que debían pasar de uno a otro con pasión y fulgor atenazante, de aquellos que te obligan a continuar incluso si el camino esta lleno de espinas y amargura.

Las ultimas monedas cayeron al estuche. Un muchacho pelirrojo con un parche en el ojo. La vista de ella no se levantó. Sentía que debía dar un par de notas más pero lo vio. A uno de los guardias descargando los cajones de manzanas. Aquellas que eran el objetivo de la mujer. Apenas escucho, pero aun así respondió algo random aunque no estuviera atenta. —♪Todo tranquilo, todo sereno, solo soy una chica cantando al cielo. Buscas entrar, cantar debes lograr con gran afán, sin la letra aflojar. Mi nombre es… Mayhem soy la libélula verde de isla Baterilla.♫— Mintió con una voz dulce, melódica y melosa. Seguía el cargamento el cual entro a una especie de compuerta que daba al subterráneo. —Disculpe, peleas?... claro… pero para ello debe esperar a más tarde. Que le parece.— Se movió un poco al costado arrastrándose para darle lugar a sentarse junto a ella.

Su palma era una oferta a sentarse y disfrutar la noche. Quizás. Esta era una oportunidad de oro para lograr su cometido entrar a aquella posada. Desvelar sus secretos y… su… financiamiento. A su costado tenía una especie de botella que se mantenía caliente. Una tontería que había comprado junto con su amiga una semi sirena. Entonces hecho su capucha un poco mas adelante. Ocultando su rostro un poco más. provocando que las sombras y la oscuridad ocultase una verdad espeluznante. Su horrendo rostro quemado como salvado de un jodido incendio. Sus manos enguantadas solo mostraba uno que otro dedo con las cicatrices. Su cuello apenas en la penumbra solo podía verse bien en caso de tener algún tipo de don con la visión o ser increíblemente atento a los detalles.

—Sabe… hay una leyenda que dice que esta zona esta plagada de gladiadores. De señores de la guerra que se enfrentan unos a otros. Si. he oído de ello. Usted es?...— Hizo un ademan con la mano para que le indicase su nombre al tiempo que le sirvió un poco de consomé. La noche era fría últimamente, pero con este brebaje poco se notaba. Era un estofado de verduras.

En todo momento la chica desvío la mirada directa con el hombre. Sentía vergüenza aun por su estado físico. Sus quemaduras aun dolían con el recuerdo de aquel “Accidente” tan horrendo. Uno que le marco tan profundo que su debilidad física era lo de menos.
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#4
Parecía que la chica seguía cantando a pesar de todo, no le molestaba, no lo hacía mal, no obstante poco después dejo de cantar y le preguntó si peleaba, Jesse, simplemente negó con la cabeza ante la pregunta. Realmente no era alguien que le gustara pelear por pelear, en aquel caso estaba allí por interés propio, siempre le habían dicho que podían darse problemas en la zona y su interés era que no se dieran. Como Marine tenía que hacer que las cosas se mantuvieran calmadas… En teoría.

– No, yo no peleo. – Negó – Simplemente estaba echando un vistazo por aquí. – Se encogió de hombros.

Hizo un gesto con la cabeza como agradecimiento cuando ella se hizo a un lado y tomó asiento junto a la mujer. Escucho nuevamente como la chica decía que había escuchado como aquella tierra estaba llena de gladiadores y de señores de la guerra que se enfrentaban los unos a los otros. Jesse se sorprendió, por que aunque era posible que fuera cierto el ninguno se había parado a escuchar leyendas, siempre había ido por libre y a no ser que fuera estrictamente necesario nunca se había parado a estudiar la historia de Baterilla.

– ¿En serio? Vaya… – Dijo algo impactado. – En mi caso no soy soy ningún gladiador, y ni mucho menos un señor de la guerra. Solo soy Jesse. – La miró para dedicarle una sonrisa, aceptando el consomé que ella le ofrecía, nuevamente haciendo un gesto con la cabeza como agradecimiento. 

Entonces se quedó mirando un momento al cielo, y luego miró nuevamente a la mujer para hacerle una pregunta, una pregunta un tanto extraña pero que iba acordes con las palabras que ella había compartido con él.

– ¿Tú tienes intención de pelear? No es que me quiera meter en tu vida, pero me parece curioso que me hayas hablado de eso casi de la nada… – Dijo sonriente. Se preguntaba si realmente tenía alguna rencilla con alguien de por ahí o lo hacía por diversión.

No entendía del todo las motivaciones y las intenciones de aquella chica, y eso la hacia mas interesante a ojos (mejor dicho ojo, por que era tuerto) del pelirrojo. Parecía amable y comprensiva, pero había algo en ella que la hacía misteriosa, y en parte un poco peligrosa, pero no estaba seguro del que.
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#5
La mujer hizo un gesto de desaprobación, necesitaba un gladiador, un soldado, pero… quías este servi… ria… claro. Por qué no, podría simplemente usarlo y ya. Cambio su expresión peculiar, su capase echo un poco más adelante y quiso entonces poner más atención. Los hombres seguían bajando los cajones de manzanas, aquellos que realmente no eran ni manzanas ni cajones, eran envíos de muerte droga y miseria. A ella no le importaba de nada el bien, quien se quería meter lo que venía dentro del cargamento era problema de el mismo. Después de todo si se ponía a cuidar a todos. Seguro que algún día moriría por un bastardo que no valdría la pena.

La sorpresa era evidente en su rostro, ella entrecerró los ojos al detectar curiosidad en él. Y sintió su energía masculina a su lado mientras se sentó, capto su aroma, uno delicioso y característico —Mira en un rato entraran todos y el ambiente cambiara… si gustas puedo llevarte dentro, soy una de las artistas invitadas para cantar en el bar, pero… puedo llevarte abajo si es que sabes a lo que te refiero… … …— Se le acercó al oído mientras se aseguraba que no anduviera ningún chismoso. Le tomo las ropas para acercarlo un poco más —En noches como esta existen combates en el sótano, combates donde la mano ganadora se lleva cosas valiosas sabes… … … cosas… peligrosas.— Le soltó mientras se mojó los labios y cambio el cruce de su pierna.

El calor de la sopa era ideal, la noche fría, el cuerpo calentándose, los suspiros entre los árboles y los susurros antes del anochecer. Todo parecía dispuesto y listo para iniciar una noche o muy tranquila o muy violenta. Ambas opciones parecía que eran el agrado de la artista que secretamente estaba dispuesta a todo para cumplir su misión. Una misión noble en apariencia.

—Yo… soy lisiada y bueno busco un campeón para apostar algo de dinero… también eso y dispuesta a compartir las ganancias además del dinero de ganar una pelea, supongo que… — Bebió otro poco de consomé, mintiendo descaradamente al tiempo que salió un sonoro haaaaa y después enrosco la tapa del termo que tenía el resto de la sopa —Tendré que esperar a otro mas valiente.— Sus ojos dorados comenzaron a escudriñar la noche ya lanzando su manto de oscuridad eterna sobre el valle y la algarabía comenzó, las antorchas se encendieron y las luces tenues como fuegos fatuos danzaron para brindar algo de protección a los viajeros cansados y los participantes de las luchas clandestinas. O eso era lo que decía la chica.

—Perdón dulzura, no escuche tu nombre… el mío es Duco… Helena Duco, artista en busca de fama y fortuna— Mintio nuevamente pero esta vez su voz era distinta, melosa, empalagosa y cargada de un cariño que el hombre aun no merecía o que al menos, aun no parecía merecer.
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#6
Jesse sabía que no estaba bien visto que un marine se metiera en peleas clandestinas y apuestas pero… ¿Que tenía de malo si nadie lo sabía? Era simple, solo tenía que esconder su camisa de soldado y la gorra que era lo que especialmente podía llamar la atención… ¿Y por qué iba a hacer aquello? MUY SIMPLE. Diversión.

Entonces sin muchos miramientos se quitó la camisa de marine y la gorra quedando con el torso desnudo, y la gorra la lanzó un poco lejos, un lugar donde él pudiera ubicarla pero que estuviera escondida a ojos indiscretos. Entonces colocó los brazos en jarra y su habitual sonrisa traviesa se dibujó en sus labios.

– Señorita tiene usted suerte de que soy alguien con la moral muy flexible, y a quien también le gusta divertirse. Por esta noche puedo ser un gladiador para usted. – Asintió enérgicamente con la cabeza.

Jesse, Jesse… ¿Hay algo que no haría por una mujer? Imaginaba que si, pero de momento nadie le había pedido algo tan loco como para negarse. Aunque imaginaba, sospechaba que tendría algún límite aunque todavía no se había topado con él.

Se estiró un poco alzando los brazos hacia arriba, mientras se crujió el cuello un par de veces, tras una dura jornada de trabajo, no era fácil ponerse a pelear clandestinamente, pero… Quién tenga miedo a morir que no nazca, ¿no?

– ¿Tienes algún objetivo? ¿Hay alguna persona con la que hayas apostado? – Preguntó. – Eso sí, espero que si apuestas… Sea por mi, no me gustaría que encima que te ofrezco mi cuerpo para el dolor, apuestes en mi contra. – Decía sonriente a pesar de todo.

No tenía claro con quien tendría que pelear, cuando lo haría, y que ganaría a cambio de darse de puñetazos con alguien, pero sí que tenía claro que aquello sería una experiencia nueva, y de la que no tendría que enterarse nadie. Nadie de la marina…

Mientras se hacía preguntas a sí mismo seguía estirando y observando a la mujer que había dicho que necesitaba un gladiador, esperaba que le aceptará, después de todo, ya se había quitado la camisa y la gorra de la marina y estaba motivado, demasiado motivado como para echarse atrás.

Parecía que la noche podía ponerse… Interesante.
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#7
—Espera… eres marine de verdad?... pensé que eras un vago que compro eso en alguna tienda de descuento o… como se llama eso que hacen los nerds… … … Cosplay… si eso… oye oye oye avisa… — Dijo mientras se quitaba la camisa y su gorra. Maki suponía muchas cosas, sobre todo porque, aunque no temía de los marines ni de sus leyes, creía que solo se dedicaban a engordar en sus cuarteles sin riesgo alguno por su integridad… pero… este vaya… que integridad. Maki miro de reojo el espectáculo del muchacho… estaba… sano.

—Créeme que haremos el bien… sacaremos alguna basura del camino… no… te preocupes… no me gusta tocar la moral de la gente porque si… descuida… como dijiste que te llamabas?.— Menciono mientras inspeccionaba el lavadero de ropa que tenia por abdomen… su mente casi se desvió de su camino. Solo un poco. Mierda. Debía cumplir con su objetivo.


 
 Maki afilo su mirada una vez más y se levantó para llevarse al muchacho del brazo como si fuera una especie de vikingo a su servicio. De pronto se quitó la capa oscura y andrajosa que le cubría y se vislumbró su vestimenta. No parecía una vagabunda, ni siquiera una común, parecía en cambio una gran señora, elegante, ahora sí, deseosa de ir más adelante… dejo atrás todo lo que le hacía ver como una vagabunda y caminaron ambos hacia la gran casona.
 
Cuando llegaron a la puerta. —Pon cara de que no te han cogido en un mes… tienes que parecer duro y con malas pulgas entendido?— Susurro mientras llegaron a la entrada donde un gran Mink rinoceronte asentía con la cabeza y Maki le guiñaba el ojo. Parecía algún tipo de santo y seña simple pero efectivo —Por la derecha. Primera puerta mi señora.— Maki deslizo suavemente en la mano del guardia veinte mil berries… una suma alta solo por hacer su trabajo, pero necesitaba retrasar la acción contra ella y esto haría que al menos dudase si llegase la situación.  

El interior de la gran casona era hermosa amplia y rustica, la puerta que le indicaron… al abrirse despidió un aroma a sangre sudor y violencia. La emoción corrió por sus venas cuando vio la evidente cantidad de luchadores… muchos… mas grandes y fuertes que ella y el propio Marine. Podría crear un espectáculo?. Esperaba que sí. Caminaron hasta los lugares de apuestas y había nombres que parecían… poderosos. Entre ellos. Storm breaker, Lanza gnomos, Tea bag man, Tedy evil, Sandokan, Anillo de mama… en fin todos nombres intimidantes. —Bien… como debo anotarte?... ten en cuenta que es solo a puños, podría ser… Cantar de nudillos?. No estoy segura, pero creo que son solo apodos… no creo que algún juez de paz aprobase estos nombres en el registro civil amigo.— Maki espero el nombre.

 
La mujer pudo ver desde donde entraron al fondo el cargamento de manzanas que avanzaba antes de ellos por un pasillo largo antes de abrirse a una especie de subterráneo. Seguro era una arena clandestina. Había muchas en muchas islas y Maki había tenido en al menos tres o cuatro antes de esta.
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#8
Jesse apenas fue consciente dirigidas hacia él por parte de la mujer, de hecho, estaba tan absorto pensando en dónde esconder su gorra que su mente se olvidó por un momento de lo que estaba haciendo allí. Finalmente la lanzó cerca de un árbol, asegurándose de recordar qué árbol era. La cuestión es que ahora parecía que iba a hacer una especie de misión de infiltración, solo que no era una orden de nadie, y simplemente se estaba tomando la justicia por su mano. Y… Era divertido, siempre que nadie se enterara.

Fue entonces cuando la mujer le preguntó por su nombre, no recordaba si lo había dicho con anterioridad, estaba claro que si aquello se trataba de un asunto de repartir hostias, no debía dar su verdadero nombre, especialmente por que no quería que nadie que supiera que era marine conociera su identidad, especialmente por que podía meterse en un lío.

– Puedes llamarme JS. – Dijo simplemente, no es que fuese una forma muy sutil de tapar su nombre, pero era mejor que nada, y tampoco se le ocurría ningún otro nombre. Ciertamente, pensaba que dar las iniciales tampoco era muy peligroso.

Ella le tomó del brazo y se quitó aquella andrajosa capa, dejando a la vista que no era una vagabunda cualquiera, si no que era una belleza de mujer, con algunas marcas en su piel, pero eso estaba muy lejos de restarle atractivo, todo lo contrario… Entonces  le pidió que pusiera cara de que no le hubieran cogido en un mes… ¿A qué tipo de coger se refería? ¿Atrapado o sexo? Bueno, fuese cual fuese, las dos eran ciertas, por lo que tampoco tenía que fingir demasiado.

Observó el proceder con atención, por si acaso tenía que volver acceder a ese lugar, aunque dudaba que le permitieran entrar de nuevo a ese lugar si no era con la presencia de ella o algún otro conocedor del lugar, fuese como fuese, el se dejaría llevar por la mujer, cuando llegaron al interior ella le preguntó cómo debía anotarle. Al parecer necesitaba algún mote. Tenía que ponerse alguno que impusiera respeto.

– ¿Qué te parece “Provoca viudas”? – Dijo pensativo, aunque claro, eso daba por hecho que solo vencería a hombres casados, necesitaba algo más genérico, que asustase más. – ¡Ya sé! ¿Qué te parece mejor “Masacre” o “Piscina de muerte”? – Dijo con una sonrisa confiada.

Estaba claro que no sabía a lo que se metía, nunca había estado en peleas clandestina, pero era a puños, pero no podía descartar que los que allí peleaban hicieran trampas o dieran golpes en lugares bastante “sucios” por lo que él no se podía quedar atrás, debía mentalizarse…

– ¿Vamos contra alguien en concreto o esto es pura diversión y apuestas? – Preguntó, mirándola, sin borrar la sonrisa de su rostro.

Cualquiera diría que para ser un marine y estar de lado de la justicia se estaba divirtiendo. Y es que realmente aquello le parecía de lo más divertido. Además, estar acompañado de una belleza de mujer como la que tenia a su lado, mejoraba muchísimo la situación.
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#9
Maki finalmente desvelaría que hacían ahí?... claro que no, jamás confiaría en un tonto servidor de la verdad y la ley. La verdad que le permitían conocer y la ley no siempre es justa. Detestaba a estos títeres sin cerebro, pero tampoco les odiaba a muerte. Eran como cualquier tonto que sale de la escuela y cuando es más musculo que cerebro, simplemente tenía una opción. Comer donas y ver revistas en puestos fronterizos o navegando por los mares a costilla de los impuestos de los ciudadanos.

Su nombre le pareció una tontería, lo pregunto por costumbre y no le podía importar menos por que seguro lo olvidaría en menos de un par de días. O quizás antes de que termine la noche… si… de hecho Maki negó con la cabeza… —No bobo… ahora serás charmanberto. ¿Vale? ¿Serás mi criatura de combate entendido?... despreocúpate es una buena acción…— Sus ojos picarones vieron y se deleitaron al ver como cortaba su dialogo cuando decía su nombre. fuera real o no. Daba igual.

Le miro de reojo, pudo sentir su masculinidad en el aire y Maki era experta en evaluar a criaturas como él. Que tenían un increíble sex-appeal, uno que era difícil de soportar cuando se le rondaba. En otras circunstancias habría saltado sobre el como una fiera salvaje y lo habría hecho suyo. Pero ahora no era el momento, era el momento de hacerse con esas manzanas que cargaban los hombres en las afueras.

La risita de Maki se hizo repentina como si un puerco se riera… se controlo un segundo y asintió con la cabeza… no… tenia el nombre perfecto… —Cerdito de guerra… anótalo así Warpig.— Apoyo media nalga en la mesa para ponerse frente a él… recorrió su torso con una mano enguantada sobre sus pectorales bajando por sus abdominales… un tipo fuerte… entrenado… sus ojos recorrieron cada musculo palpando su dureza… su consistencia. Era fuerte. Esperaba que lo fuera. Esta arena clandestina, aunque de mala muerte y desconocida. Era bastante buena y dura. Se volteo y con la vista picara, mirando al encargado y lo llevo por la arena o mas bien por el pasillo superior desde el cual existían pequeñas y delgadísimas ventanillas las cuales mostraban personas… o lo que parecían personas en el fondo peleando… … … … a muerte. Maki se detuvo y miro agachándose un poco por una rendija y pudo ver como un hombre con una gran tenaza golpeo a un enemigo derrotado en el suelo… su pecho estallo y con sadismo extremo le arranco el corazón.

—Mierda… eso sí que ha sido brutal… tu… … … podrías con el no?— Dijo mientras trago algo de saliva… estaba algo preocupada. Mas que nada por que quizás había errado los cálculos y quizás este muchacho, aunque se veía fuerte no le daría el suficiente tiempo. No el que necesitaba. —Tu solo… dalo todo y tendrás tu recompensa… vale?— Dijo mientras se acercó al joven para darle animo y le dio un suave golpe con el puño en el brazo para continuar caminando hasta una escalinata.

Cuando llego abajo vio a un hombre elefante y a un hombre cerdo en una mesa, muy elegantes ambos… sus… lideres?... seguro. Los ignoro y se acerco a la jaula, era mucho mas baja la arena. Casi dos metros mas abajo como enterrada estaba donde los hombres se partían la cara y mientras Maki miraba arrastraban a un hombre el doble de grande y la mitad de joven que Charmanberto… ella suspiro y se sentó en una silla libre y golpeteeo el asiento al lado para que se sentase a su lado pero antes de que se sentase lo detuvo… —Espera corazón… ve a esa mesa… la ves?... diles que Lady Zen´in quiere un trago… — Dijo mientras se echaba atrás para reclinarse en la silla y cruzar las piernas sobre su vestido. Dejo la guitarra a un lado y comenzó a buscar un cigarrillo de esos larguísimos de entre sus ropas. En breve comenzarían a anunciar a los gladiadores y seguro saldrían los primeros. Entre ellos puede que Warpig saliera a luchar. Maki esperaba que no. necesitaba tiempo.
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#10
JS o Warpig (como le había apodado su compañía femenina) se reía de todos aquellos que creían que un combate era difícil de ganar, pero subestimaron el poder de lo práctico. A veces era solo necesario un golpe para dejar al enemigo tumbado en la lona. El hecho de los puñetazos y la sangre eran simplemente espectáculo, un deporte para masoquistas. Ese no era el estilo de Jesse, que si bien tenía que liarse a puñetazos lo hacía, pero había cosas más simples y directas. No estaba seguro de que era lo que había presentado la mujer que iba con él, pero cuando le preguntó si podría con el que estaba al otro lado Jesse esbozo una sonrisa confiada.

– Claro, tengo una táctica infalible. – Aseguró. Era algo que nunca le había fallado.

Y claro que los combates le podían poner nervioso, o darle incluso un poco de miedo, pero siempre que tuviera una oportunidad, el combate estaba ganado. Al menos hasta la fecha siempre había sido así.

Cuando escuchó la palabra recompensa su sonrisa se amplió y se puso frente a ella. Cara a cara, observándola con su único ojo y una sonrisa que podía decir mucho más que las palabras, pero simplemente se limitó a preguntar.

– ¿Qué recompensa será? Claro, no pensaba hacer esto gratis. Pero tengo curiosidad. – Dijo, acercándose un poco más a la mujer.

Cuando llegaron finalmente a la arena pudo ver a dos tipos la mar de curiosos charlando, eran un hombre elefante y un hombre cerdo… ¿De que charlaban? ¿De la última vez que se rebozaron en el fango? Un poco racista, ¿no? Pero es que no se imaginaba a esos dos tipos teniendo conversaciones de negocios, su cerebro no lo concebía.

Finalmente continuaron bajando y llegaron a la arena, donde había una jaula donde seguramente se tendría que partir la cara con alguien, y estaba dispuesto a hacerlo. Toda recompensa era bienvenida, aunque también estaba muy ansioso de demostrar su táctica infalible en los combates. Antes de que pudiera sentarse junto a la mujer, ella le detuvo para que se acercara a una mesa y pidiera una copa… Soltó un pequeño suspiro, pero asintió y eso hizo.

Cuando pidió la copa para ella, volvió a su lado, sentándose finalmente junto a ella, observándola más detenidamente, lo cierto es que no terminaba de entender que hacía en ese lugar, al final se había dejado convencer por una cara bonita, como hacía el 99,9% por ciento de las veces. Imaginaba que alguna vez obtendría alguna recompensa de valor, aunque puede que no fuera ese día… O si, no todos los días se partía la cara con otro por pura diversión.

– Dime… ¿Qué pretendes exactamente? Dudo que solo quieras verme pelear, imagino que tienes otros intereses. – Claramente no había que ser un lince para darse cuenta de eso.

Y no pasó mucho rato hasta que llamaron a Jesse, o mejor dicho a Warpig a la jaula. Este suspiró, se golpeó un par de veces las mejillas con las palmas de la mano para intentar calmarse y accedió a la jaula. En el interior se encontró a un hombre de su contexto, puede que unos años mayor, pero de esta y complexión física muy parecida a la suya.

¡Ese combate lo podía ganar!

Sin mucha ceremonia el hombre se lanzó hacia él con intención de lanzar un puñetazo contra su cara, Jesse lo esquivó con facilidad haciéndose a un lado y poniéndole la zancadilla, haciendo que el tipo tropezara, cuando apoyó las rodillas en el suelo, fue cuando Jesse le propinó tremenda patada en los huevos que hizo que el contrario se retorciera de dolor en el suelo. Acto seguido le pegó una patada en la parte de atrás de la cabeza dejándolo inconsciente.

– Ea, ya está. – Dijo mientras se sacudía las manos.

No hubo mucho espectáculo, pero parte del trabajo estaba hecho… Al menos de momento.
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