Seraphine Soyer
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Entrecerró sus ojos, sin creérselo del todo, pero con el dolor de cabeza que le producía el dudar hasta de su propia sombra, Seraphine no se iba a poner a analizar hasta la última acción de los demás para satisfacer su paranoia, no obstante, ni en eso podía confiar, sabiendo muy bien que lo haría, era una molestia lo insegura que era a veces, pero tenía toda la intención de cambiar aquello, aunque le quedase un largo camino por delante, pasó la mano por su rostro, peinando sus largos mechones hacia atrás, sin darse cuenta, la skypean infló sus mejillas, mirando su plato.
Sus dedos se movieron sobre la mesa, sus dedos golpeando de forma rítmica contra la superficie, casi pareciendo crear una melodía y cerró sus ojos, concentrándose en el ruido de su alrededor, siendo casi una lástima y una bendición al mismo tiempo, que su oído no estuviera tan bien desarrollado como su visión, sin entender que hasta con el sonido de los simples movimientos de los zapatos deslizándose por el suelo, el cuerpo de Sera pudiese sacar de ahí inspiración para bailar, la música de los demás músicos, las charlas, gritos, risas y tonos tristes incluso ponían sus venas a burbujear con tanta vida que le era difícil el quedarse quieta, siendo en ese momento, que al abrir sus ojos, se pilló así misma, con la parte inferior de su cuerpo, apuntando en dirección a las personas, listas para levantarse.
Frunció el ceño y colocando una mano debajo de sus rodillas, las obligó a entrar de nuevo en la mesa, murmurando cosas sin sonido, pero de seguro que eran algo despectivas hacia si misma y las palabras de Miyori, de pronto, la lanzaron en una extraña espiral de sentimientos de unidas, de tener a alguien que pudiese comprender aquello, era reconfortante, casi un milagro, no mintiendo cuando decía que bailar era su vida, siendo lo que la mantuvo más o menos cuerda, sus pies y brazos se movían solos cuando la encerraron por largos periodos de tiempo, siendo una verdadera tortura cuando, por castigos, le amarraban sus extremidades, dejandola en el suelo, sin poder sacar ese algo de su cuerpo que la hacía sentir viva.
Inclinó un poco su cabeza, con el calor esparciéndose por su piel, enfocándose en su rostro y sonrió, sus ojos brillando, ante la pregunta, no pudo evitar asentir varias veces, sin duda, era tan maravilloso… que le llenó de energía y estampó sin querer su frente contra la mesa por la energía utilizada, abriendo sus ojos por la sorpresa, la adrenalina le hizo ignorar el dolor y levantó un dedo, necesitando unos minutos para enderezarse.
—Todo bien— Escribió. —¿Y por qué esperar a que seas excelente?— Agarró una mano de Miyori, apretando un poco. —Tengo pensado quedarme varios días en Baterilla, quizás… podamos vernos más a menudo, aprender una de la otra y componer algo de inmediato.
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—-¿Te encuentras bien? —- Pregunté asustada tras ver que Seraphine se había golpeada con la superficie de la mesa al asentir afirmativas veces con energía desbordante.
Luego la miré escribir nuevamente en el papel de conversaciones y con asombro leí cada una de sus palabras, ¿No había dicha en el ahora?, ¿Por qué esperar a un futuro lejano?, sonreí complaciente a su sugerencia, incluso reforzando su mano con la mía, sostuve su mano con sumo cariño y aprecio. —- Entonces supongo tendremos muchos días de práctica y composiciones que hacer, jejeje.
Los minutos pasaron, el banquete fue una delicia, las pláticas junto a Sera fueron sumamente entretenidas y puedo jurar que he aprendido mucho de ella, por ejemplo, lo divertido que puede ser tener buenas amigas, sinceras y puras.
Los bailes continuaban, la música no cesaba y cada cierto momento las personas se ponían a hacer retos y juegos de apostar, esa era la diversión que los hombres pesqueros les encantaban desarrollar.
Con la joven alada de cabellos rosados me dediqué a acercarme nuevamente a la tarima donde estaban los demás músicos, y decidí finalmente tomar de nuevo a mi amada Amphitrite, mi violín, y al tenerla segura nuevamente, en el interior de su estuche, me dirigí de nuevo a Seraphine con una sonrisa sumamente amable y llena de complicidad.
—- ¿Te gustaría caminar un poco a la orilla de la playa?, quizás encontremos algunas estrellas de mar.
Y comencé a caminar en dirección al muelle, mirando hacia atrás cada tanto para asegurarme que Seraphine siguiese mi camino.
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Estuvo tentada a asentir a su pregunta, pero se retuvo en el último momento y le enseñó su dedo pulgar, con una enorme sonrisa, teniendo una mancha rojo rosada en su frente, cosa que para Seraphine no era algo inusual, al marcarse con facilidad, ya siendo un ligero rozamiento contra algo o algo mucho peor.
—Muy bien— Se guardó para sí misma la información de haber estado viendo un par de estrellas durante unos segundos, siendo más resistente de lo que parecía, dejando escapar una risita silenciosa en cuanto recibió el visto bueno. —¿Qué te parece… el día 11 de esta estación?— Quería saltar de inmediato a mejorar continuamente, pero antes de eso, le costaría un montón concentrarse al haber todavía cosas que la pelirrosa quería explorar; no quería ser mala compañera para Miyori cuando todavía andaba con la adrenalina de su libertad en su sistema.
Y no tardaría demasiado en seguirla, costando un poco caminar como una persona normal, dando unos pequeños saltitos para evitar correr, sintiéndose de lo más inusual el no tener el peso de alguna cadena sobre ella. —¿Qué es lo que sabes acerca de las estrellas de mar?— Intentó hacer memoria de todas las cosas que leyó sobre estas cuando le permitieron caminar en la mansión de su amo, siendo la biblioteca uno de sus lugares favoritos, una noche, no le habían puesto bien el cierre al candado y, lejos de intentar huir, se coló en aquella habitación con aquellos tesoros llenando las estanterías hasta el techo, estaba segura de que, si no conseguía avanzar mucho con su carrera de bailarina, tal vez ser una bibliotecaria o algo relacionado con el mundo de aquellas páginas no se veía tan mal.
Alzó un poco su mirada, observando el vasto cielo que se extendía delante de ellas.
—Si nuestros planes no salen como queremos… ¿Cuál es tu plan b?— Se mordió el labio inferior; no le gustaba la idea de tener que utilizar su plan B, ya que vivía por la música, no obstante, había que ser realistas. —Quizás… Me gustaría trabajar algo relacionado con los libros si no todo sale según lo planeado— Escribió, desinflándose. —¿Segura que no tienes más amigos? Se me hace algo raro que no estés rodeada de más gente y hayas querido pasar tiempo conmigo en vez de estar con algún conocido.
No se creía tan interesante.
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—- ¿11 de esta estación? —- Miré el cielo unos segundos tratando de pensar si tenía algún deber ese día, pero de momento no se me vino nada a la cabeza, así que asentí en confirmación para pactar nuestra cita músical. —- Es una promesa.
Seraphine caminaba algo peculiar, entre saltos, pero no tardó en estar a mi lado, listas para recorrer juntas aquel tramo que nos daba paso hacia el muelle y sus puestos comerciales, que por ser este día festivo, se encontraban todos cerrados.
—¿Qué sé sobre las estrellas de mar? —- Era una pregunta algo curiosa, nunca pensé que debía saber sobre estrellas de mar, incluso al leer esa pregunta, intenté encontrar alguna información funcional del cuál haya leído antes, pero, realmente en mi cabeza solo había espacio para la música y la composición, soy ajena a cualquier otro mundo. —- Supongo que nada, jajajaja, nunca me he detenido a aprender otras cosas que no sea la música.
Cuando la miré observando el cielo no pude evitar mirarlo también, deteniendo nuestro andar hacia un hermoso escenario estrellado, fulminante de una amplitud totalmente lejano pero que sin duda guardaba deseos de cualquier ser que se proyectase en su inmensidad, era como ver el mar, pero más personal y hermoso.
Leí nuevamente las notas de Seraphine, asombrándome de su curiosidad y de la manera en como iba un paso al frente, tenía un plan secundario que seguir en caso de que no pueda cumplir su sueños en cuanto a la danza, era admirable su segundo interés, sin embargo no la imagino haciendo otra cosa que no sea el bailar, y su última pregunta me hizo sentir nostalgia, todos merecían la compañía y calidez de otra persona, por eso se llaman lazos de amor.
—- Quizás pueda que tenga algún que otro amigo por ahí, sin embargo, muy pocas veces se conocen personas tan extraordinarias como tú, y menos, una persona que conoce el mundo de la música tanto como yo lo conozco, así que… —- Devolví mi mirada a su presencia misma, dejando que la brisa del mar moviese nuestras prendas mismas en una danza tranquila, incluso dejando que jugará con los mechones sueltos de nuestros pelos. —- Hoy me encantaría ser tu amiga.
—- No tengo un plan b, pero… —- Mi voz se volvió algo más tranquila, continuando con aquel camino de madera bajo nuestros pies, intentando surcar mis ideas en recuerdos sepultados. —- Tal vez tener una familia numerosa, y que cada uno de ellos continúen con la profesión de ser músicos, y qué en mi hogar nunca haga falta un espacio para que alguien más se una a nuestra mesa.
Quizás era un sueño robado, pero esa frase se quedó conmigo el día que la escuché, de aquel joven que en su momento solo intentaba hacerme compañía durante mi visita a la tumba de mi madre, tratando de ser un buen ejemplo ante mis ojos, que en ese momento, solo tenía seis años. Sonreí con cierto cariño escondido, me pregunto qué habrá sido de él.
—- Sí, un hogar donde todos se sientan libres de venir y quedarse el tiempo que gusten, no suena tan mal.
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La sonrisa de Seraphine se agrandó cuando recibió la confirmación, pareciendo ser la pura expresión de la alegría, no pudiendo creer que estaba haciendo amigos con tanta facilidad, algo que en su imaginación, de haber pasado tanto tiempo encerrada, no lo veía demasiado posible, pese a ser algo que quería un montón; pero, por otro lado, también reconocía bastante que no debía hacerse demasiadas esperanzas, es decir, ir con calma; no le haría ningún bien el tener emociones tan aceleradas, acabando al final del día y parte de la mañana cansada, junto a un poco de daño por hacerse demasiadas ilusiones, pero no podía evitar ponerse feliz.
—Las estrellas marinas no tienen cerebro.
Se detuvo para ver su reacción a sus palabras y siguió su ritmo. —Parece tienen un anillo nervioso en el centro y se mueven según los estímulos— No pudo evitar sentirse inteligente, pese a no serle una información muy útil. —Creo que ese anillo nervioso controla todo, aunque puede ser que esté hablando tonterías; hace mucho tiempo que no leo acerca de ellas— Se encogió de hombros, sonrojándose un poco, acercando su libreta al rostro de Miyori para que lo viese mejor; de seguro que la oscuridad no era buena para los ojos.
Y arrugó un poco su nariz, no creyéndose del todo lo que Miyori decía.
—¿Qué es lo que tengo de extraordinario?— Colocó el dorso de su mano contra su propia frente. —Y no puede ser mi altura o raza, ya que muy de seguro hay gente con razas más extraordinarias o altas que yo— Se contuvo de incluir “un deseo similar de bailar al mío”; por alguna razón, aquello le parecía una blasfemia a la skypean, el amor de su baile no se comparaba con nada y una parte de ella prefería mantener cierta adoración hacia el baile en secreto, como sus pasos para entrenar y demás, por el amor que le tenía. —A mí también me encantaría ser tu amiga, aunque no solo por hoy.
Parpadeó.
—¿Te gustaría ser madre?— No podía verse a sí misma embarazada o cuidando de críos propios. —Suena un plan B muy hermoso.
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Seraphine parece ser una chica bastante inteligente, desde el inicio no había dejado de asombrarme con su manera de expresarse, incluso si todo lo que teníamos eran palabras escritas en papeles viejos. Había en ella un pensamiento muy original, vivo, y todo lo que me mostraba o me hacía saber, me era completamente ajeno, manejaba temas del cuál yo nunca llegué a profundizar en mis estudios.
Mi mano se detuvo en unos de mis mechones laterales, acomodándolo con suavidad detrás de mi oreja, mientras la leía con atención y cuidado. Ahora hablábamos de estrellas marinas, como entidades vivas en su propia lógica, ella describía el sistema nervioso de estas criaturas, me explicaba como carecían de órganos vitales comunes a las especies vivas, y aun así, estas estrellas sostenían vida propia. ¿No era eso increible?
Asentí con la cabeza varias veces cada vez que acercaba su libreta a mis ojos, incluso soltando alguna risa de vez en cuando, porque esa forma suya de explicarlo me resultaba de alguna forma… muy adorable.
—-Comprendo… entonces las estrellas lucen muy hermosas por fuera pero por dentro tienen una esencia diferente. —-- Murmuré al fin, para después alzar mi mirada hacia el cielo, completamente despejado y salpicado de luces, una noche estrellada. —- ¿Y qué me dices de las estrellas del cielo?, se supone que son esferas de puro fuego, ¿no?.
— Eres inteligente, educada, risueña, amable, una excelente bailarina… — iba enumerando cada cualidad con los dedos de mi mano derecha, sin detener el paso por el último tramo del muelle, donde la madera comenzaba a cederle espacio a la costa. Pronto solo quedaría los vestigios de rocas, arena y el sonido del mar anunciando su presencia. —-- Seremos siempre amigas… no solo hoy. —- añadí al final, con una certeza proyectada en mi voz.
Pensé en la pregunta de Seraphine sobre si me gustaría ser madre, lo cierto era que nunca me lo había planteado en serio, había dicho aquello más por inercia, como un eco de algo que alguna vez me comentó un viejo conocido cuya imagen en mis recuerdos seguía siendo difusa. —- Pues… supongo que sí —- respondí al fin, despacio —- Aunque, siendo honesta… no sé si sería una buena madre.
Bajé un poco la mirada mientras seguíamos caminando en la tranquilidad del la costa. —- Yo me crié únicamente con mi padre y mis hermanos mayores, no sé lo que es una figura materna.
No, definitivamente no sé lo que significa ser una madre, y quizás por eso nunca me planteé la idea de formar alguna vez una familia, solo he pensado y soñado en la música, en conocer mundos con diferentes compositores y próceres de la melodía.
—- Pero… —-- mi tono de voz era suave, cálido, ahora caminando en el sendero no trazado de las arenas que ahora se sentía frías. —- Si algún día conozco a mi persona destinada, seguramente querré ser madre, eso creo.
—--¿Qué hay de ti, Sera?, ¿Has soñado con ser madre alguna vez?
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Tuvo que controlar sus ganas de saltar; el estar compartiendo información de las cosas que le interesaban con alguien más estaba resultando ser muy divertido, estaba cumpliendo después de todo, una de sus metas que se hizo tras recuperar su libertad y se preguntó si es que así se sentía el sol con lo cálida que se sentía. —De las estrellas de arriba, no sé mucho— Se mordió el labio inferior, haciendo una nota mental de aprender todo lo que pudiese para su siguiente encuentro, y aquello envió una deliciosa sensación por su espalda: volver a verla, eso era lo que hacían los amigos, tuvo que contenerse mucho para no llorar. —Preferí aprender más sobre el mar… Al ser lo que estaba más cerca— Y su única ruta de escape de Sorbet. —Pero, me recuerdo que el sol también es una estrella, están hechas de gases, años luz y… ya no más.
Apartó de su pecho aquella sensación negativa de no saber más y se concentró en lo bueno, a veces, la pelirosa era el peor enemigo de sí misma, llevó su mano a su boca, haciendo un puño, y tosió un poco; el sueño estaba pudiendo un poco con ella, siendo sin duda un montón de emociones fuertes para su corazón.
Y no pudo evitar sonrojarse cuando empezó a decir todas esas cosas acerca de ella, queriendo repetir lo mismo, sus puntos buenos, pero creía que quizás sonaba insincera, por la falta de conocerla bien del todo, sin embargo, no podía quedar ahí de brazos cruzados mientras le decían palabras bonitas. —Y tú eres alegre, bonita, un encanto… tus habilidades musicales son tan buenas que puedes seguirle el ritmo a los demás en una pequeña orquesta— Sonrió, apoyándose en los dedos del pie y después los talones, creyendo haberlo hecho más o menos bien. —Siempre— Estiró su dedo meñique hacia ella; una parte de Seraphine no confiaba del todo (karma de tímido), ya que siempre solía haber algo que acababa mal, pero se permitió tener esperanza.
La escuchó, alzando una ceja.
—De lo que estoy segura es de que, para ser madre, amar a tu hijo, eso no basta: el dinero, familia, amigos, un hogar— Comenzó a contar con los dedos. —Pero, escuchando a las mujeres describirlo… Lo hacen sonar como si fuese una de las aventuras más hermosas.
Sacudió su cabeza, encogiéndose de hombros. —Madre… No es lo mío, creo, si el bebé llora, creo que acabaré llorando yo también— Colocó unos cuantos mechones detrás de su oreja. —Yo supongo… Sí, estoy segura de ello, que no tengo la fuerza mental para ello— Lo creía injusto el traer un bebé al mundo, cuando Seraphine todavía tenía y tendría que lidiar con las consecuencias mentales de haber sido una esclava, temiendo que en algún día, aquella criatura fuese utilizada en su contra.
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Nuestra conversación fluía con naturalidad y casi sin darnos cuenta de cómo los temas iban cambiando uno tras otros, pasamos de la simple curiosidad por entender cómo funcionan las estrellas a descubrir la anatomía de las estrellas marinas, y todo gracias al conocimiento de Seraphine. Entre explicaciones y risas, nuestras palabras comenzaron a ser más cercanas, más sinceras. No tardamos en intercambiar elogios, y no pude evitar sonreír con dulzura ante sus cumplidos hacia mi música, aquello me llenó el corazón de una calidez inesperada.
—- Siempre. —- Confirmé al entrelazar mi meñique con el de ella de manera jovial, sosteniendo una promesa con una sonrisa genuinamente complacida, ese ese gesto simple pero lleno de significado, ambas, sellamos algo más que palabras dichas o escritas en un papel, seríamos amigas sin importar la distancia ni las circunstancias que la vida pusiera frente a nosotras.
Nuestros pies eran guiados por la arena húmeda, donde el vaivén de las olas dejaba un rastro de espuma tras besar la costa. Mientras caminábamos, decidí quitarme el calzado para sentir la arena y el mar bajo mis pies, aquella sensación siempre me había fascinado más aún cuando salgo a caminar por las noches.
Ella tenía un sentido de la responsabilidad más grande que la mía, más realista, y claro, tenía un punto realmente válido, tener un hijo requería de recursos físicos, no sólo sentimentales. —- Si, varias mujeres de la isla hablan que es un sueño cumplido, inclusive mi cuñada que ya tiene dos niñas, jajaja, cada día irradia felicidad.
Me reí ante la reacción de Seraphine respecto a lo de ser madre, el solo hecho de imaginarla llorando porque su hijo llora me pareció una escena divertida de ver, como a su vez, algo hermoso y tierno, pero al final… ella ya había tomado la decisión de no tener descendientes.
— Quizás somos muy jóvenes para hablar de ello… — expresé mientras observaba la arena, y poco a poco, algunas monturas me llamaba la atención, me incliné solo un poco para descubrir debajo, parece ser una concha de mar algo mediana, pero, no era estrellas.
—- El futuro puede cambiar, puede que yo decida nunca ser mamá como tu puedas cambiar de parecer y ser una, ¿no crees?.
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Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no sacudir el dedo de Miyori con demasiado ánimo y de pronto, estiró ambos brazos con fuerza, envolviendo a la pelinaranja de ojos azules en un enorme abrazo, manteniendo una sonrisa que dictaba toda la felicidad que sentía, consiguiendo de alguna forma el evitar bailar con la mujer entre sus brazos, sin saber si debía considerarlo absurdo o no el hecho de estar tan alegre por tener una nueva amiga, la primera que había hecho.
Y antes de siquiera poder reaccionar con rechazo a lo que sus ojos hacían, las primeras lágrimas empezaron a correr por sus mejillas con una enorme potencia, sin saber muy bien el porqué, pasando de alegría pura a un enorme vació, la potencia de volver a recordar lo que perdió fue peor que una bofetada, soltó a Miyori, dando unos pasos hacia atrás, mientras pasaba las muñecas por sus ojos, buscando interrumpir, sin mucho éxito, el flujo de las lágrimas, esos años, donde estuvo encerrada en un lugar lúgubre y feo, donde la humillación era el pan de cada día, Seraphine se rindió ante la idea de morirse sola, sin poder conocer el cálido tacto de alguien más.
Pero, de pronto, Seraphine conoció la calidez de dos personas, el wotan de diez metros y aquella jovencita violinista, siendo, por alguna razón, algo mucho más potente que su corazón pudo soportar, ocasionando que las emociones se desbordaran, movió sus labios, queriendo decir que lo sentía por llorar delante de ella y el hecho de serle arrebatado incluso la forma que deseaba comunicarse con las personas que sí quería que se percatasen de su presencia, le hizo aumentar el número del líquido que corría en sus ojos.
—Perdón— Escribió, de manera algo temblorosa, buscando no manchar la libreta con sus lágrimas. —Es que… eres la segunda persona que se vuelve mi amiga— Se mordió el labio inferior. —Ser libre desde hace tres días y conocer a gente a la que no les importa eso…
Miró el suelo, con vergüenza. Así no actuaba la gente normal, la que no era o fue esclava, ¿no? Le quedaba mucho por aprender. —¿Tienes sobrinos?— Parpadeó, ahora entendiendo más el motivo por el cual quería una gran familia; se encogió de hombros. —Sí… Todo puede cambiar en un parpadeo; lo importante es que nosotras seamos quienes tomamos las decisiones, no otra persona.
Y con que alguien tome decisiones contra su voluntad, ya que tenía demasiada experiencia con ello.
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Repentinamente sentí los brazos de Seraphine envolviéndome con fuerza, la diferencia de estaturas me obligó a ponerme de puntillas y, aunque aquella reacción me tomó por sorpresa, apenas pasaron unos segundos antes de que le correspondiera el abrazo. Me hacía feliz verla tan emocionada después de nuestro juramento de seguir siendo amigas, sin importar lo que pudiera venir después.
Cuando nos separamos noté que estaba llorando, eran gruesas lágrimas descendiendo por sus mejillas sonrojadas y entre pequeños gimoteos su expresión era de alguien resentido con la vida. No la conocía casi nada, ignoraba por completo su pasado, pero verla cubierta de marcas y heridas antiguas era como contemplar a un ángel con un ala rota, incapaz de volver a volar, incapaz de cambiar aquello que ya había ocurrido, y aun así… ahí estaba, agradeciendo los detalles más pequeños como si fueran tesoros. Sonreí con dulzura aunque también con cierta tristeza porque finalmente comprendía por qué para ella significaba tanto tener una nueva amiga.
Sus manos temblaban mientras escribía sobre el papel, sus emociones estaban demasiado expuestas y las lágrimas seguían cayendo sin descanso, parecía querer justificarse, como si tuviera miedo de preocuparme, así que coloqué una mano sobre su hombro para intentar tranquilizarla. Le sonreí con paciencia y aguardé a que me mostrara lo que deseaba decirme en palabras. Se disculpó, y entonces me hizo saber que yo era apenas la segunda persona a la que consideraba una amiga de verdad. Era un cariño tan sincero que resultaba imposible no quererla todavía más. — ¿Libre?
Su última palabra despertó mi curiosidad, ¿A qué se refería exactamente con “libre”?, apenas tuve tiempo de pensarlo cuando volvió a acercarme el papel, esta vez preguntándome por mi familia… por mis sobrinas.
—- Sí, tengo dos encantadoras sobrinas, son un caso especial ellas dos juntas jajaja … — explicaba con una gran sonrisa combinada con resignación al recordar la cantidad de veces que simplemente me sometí al capricho y complacencia de ellas, las adoraba por completo.
Entonces la observé otra vez, con más cuidado, más despacio y tratando de entender el porqué de su respuesta.
—- ¿Alguna vez han decidido por ti, Sera?
Mi voz salió suave, casi cautelosa, como si temiera tocar una herida invisible, porque empezaba a sentir que aquella palabra “libre” y la forma en la que hablaba de las decisiones… eran pequeñas pistas del infierno que había atravesado antes de llegar hasta aquí, como si apenas ahora estuviera aprendiendo a sostener las riendas de su propia vida.
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