Campanas en la noche [Priv] [Pasado] [R16]
#11
—Quiero que seas mi futuro. Eres todo lo que me he permitido querer.

Cuando Hae-won escucha esas palabras, la joven no puede hundir su rostro en el pecho ajeno. Le corresponde el abrazo con la misma fuerza con la que corresponde sus sentimientos. También lo quiere. Muchísimo. Cada día, desde que se volvieron a encontrar, ese chico se ha convertido en una constante que le ha permitido reafirmar que sus elecciones han sido correctas, aunque eso es poquísimo, comparado con el tesoro que descubrió en su persona, a pesar de lo mucho que parece menospreciarse.

Ella quiere asegurarse de no ser lo único que él se permita querer. Ella realmente desea que él abra nuevamente sus horizontes, aunque sabe que va a costar. Puede notarlo en su manera de actuar, en la premura de su abrazo y el tono de su voz pero, al menos, quiere intentarlo. Sabe de sobra que Dimitri merece una plenitud de vida como compensación por todo lo que ha perdido.

—Podría preguntar muchas cosas, incluso de tu pasado, porque tengo muchas incógnitas sin resolver… Pero hay algo más importante para mí ahora mismo —La mirada de la joven se suaviza. No se separa de él, y menos aún cuando se acerca y, de puntillas, le da un pequeño beso a sus labios—: Tú. Me preocupan tus sentimientos, tus emociones. Quiero que te sientas cómodo conmigo, e incómodo también.

Es importante tenerlo presente, porque sabe que habrán preguntas incómodas, un tanto dolorosas en caso de que sean necesarias de hacer, pero no quiere que las responda porque sí.

—Hmmm… ¿Estás bien ahora mismo, como para responder preguntas difíciles? —Su tono de voz se vuelve más serio, pero no demandante—... ¿O quieres que lo hablemos en otro momento? Ahora mismo, siento que tenemos todo el tiempo necesario para conocernos bien, pero la carga podría ser demasiado pesada luego de todo lo que tuvimos que padecer. Sin embargo… Hay otra pregunta que quiero hacerte, entonces…

Extiende una mano hacia adelante con la teatralidad digna de una dama que invita a alguien a bailar. No sirve para eso, en absoluto, pero la simple escena es capaz de sacarle una sonrisa. El cabello suelto, plateado, juega con el movimiento simple de su compás interno, mientras contempla con ojos brillantes al dueño de sus noches en vela.

—¿Quieres ser mi pareja y compañero en esta extraña expedición llamada vida?
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#12
Acepté su mano para hacerla girar sobre sí misma. Imaginé que podríamos bailar toda la noche, aun si la música no sonaba. Aquel simple gesto bastaría para arrojar algo de luz sobre la niebla fantasmal que había estado a punto de consumirme. Nuestros cuerpos volvieron a reunirse. Y yo, atrapado por su mirada cristalina, no pude evitar una amplia sonrisa.

—Nada me haría más feliz.

Hae-won me enseñó que había algo más poderoso que el miedo. Igual que años atrás, cuando estuve a punto de regresar a ese barco maldito, ella me recordaba que siempre podía ser mejor. No había necesidad de conformarse.

Me habría encantado decir que después de ese momento la tomé en volandas, la arrojé sobre la cama e hicimos el amor toda la noche. No fue eso lo que ocurrió. Había un elefante azul en la habitación, así que descendí las manos para atrapar las de ella. La conduje con sutileza hasta el colchón e insté a que nos sentáramos en él.

Esa vez, aunque no solté su mano, permití a mis ojos vagar por la habitación en penumbra. Ya no veía los fantasmas. De ellos tan solo quedaba ese frío que me mordía las costillas. Inspiré profundamente.

—Sobre lo demás… —Me encogí de hombros—, ¿cómo explicarlo? Siento que podría hablar de todo sin derramar una sola lágrima, sin sentir… nada. —Terminé por llevar la diestra al pecho, apretando con fuerza la llave que pendía del collar—.  Y yo qué sé. Hace muchos años que no sé identificar lo que siento. Imposto las emociones que la gente esperaría ver en mí según las circunstancias. —Regresé a sus pupilas—. Hasta que llegaste tú.  —La sombra de una sonrisa asomó en mis comisuras—. Sí que me incómodas, Ángel. Lo que siento por ti remueve todo lo que siempre ha estado dormido dentro de mí, tanto lo bueno como lo malo. Me recuerdas… muchas cosas que creía enterradas.

Kutsukku solo había amplificado aquello que ya amenazaba con aflorar. Me sentía un idiota por hablar de eso, cuando bien podría dejarlo pasar. Quizás por eso el resto de ideas se quedaron simplemente flotando en el aire, incapaz de hallar forma de ser verbalizadas. Miré al techo como quién contempla un cielo estrellado. No vi más que humedades.

—En fin, da igual. Lo que quiero decir es que preguntes lo que quieras cuando te apetezca. Todo está siempre mezclado. No es como que Kutsukku haya empeorado más la mezcla. —Mis ojos bajaron del techo a sus labios, sedientos—. También podemos, simplemente, silenciar todo…
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#13
Es divertido pasar por esta etapa de la vida, esa que parecía tan lejana para alguien como ella. Nunca pensó en que encontraría a esa persona a quien proponérselo… De hecho, jamás pensó que ella sería quien dijera esas palabras. Lo más divertido del asunto es que no le tembló el pulso al hacerlo y preguntarle, al querer conocer sus respuestas. También está el experimentar ese extraño miedo al pensar en que diría que “no estaba preparado” o “no era el tiempo”.

Todo es demasiado nuevo.

Sí. La sonrisa en ese giro improvisado es tan real como el sentimiento de saberse querida por alguien que vale tanto. Cuando ella dio el empujón que lo sacó de la jaula, supo que el chico de aquel momento tendría demasiadas preguntas, muchos interrogantes y un sinfín de cuestionamientos que lo llevarían por caminos sinuosos. Ella pensó que tendría dificultades para poder mantenerse y que muchas veces se cuestionaría incluso la existencia, pero la realidad es que, aún con todo y complicaciones, el orgullo que siente por lo que ha logrado es real.

Cuando se sienta en la cama y escucha sus palabras, Hae-won presta toda su atención a sus facciones, manierismos e incluso pausas cuando le habla. Mantiene un semblante tranquilo y estoico, suave ante las inquietudes y afirmaciones que él deja al descubierto en ese breve período de tiempo, esas que, aunque lo disimule, parten una parte profunda de su corazón.

—Identificar emociones no es sencillo, en realidad —La joven suspira al pensarlo, sosteniendo con un poquito más de fuerza las manos ajenas—... Pero me alegra saber que pude aportar algo positivo, por más incómodo que sea.

La mirada que le dedica a sus labios es demasiado evidente. Lo conoce lo suficiente como para entender lo que quiere decir con ello. Hae-won, siendo como es, dibuja una sonrisa cargada de ligera travesura.

—¿Qué es eso de silenciar todo? Si lo que propones es lo que pienso, entonces dejarás a la vista emociones que no pueden expresarse con simples palabras, ¿verdad? —Acaricia su cuello con suavidad premeditada, subiendo con delicadeza para rozar con la yema de su pulgar el labio inferior de su ahora novio—... Y no me molestará verlo. Este es, después de todo, el tipo de experiencias que he decidido guardar solo para ti. Por supuesto, si es que la quieres, ya sabes qué hacer.

Así como ella lo ha besado aquella vez, le toca a él tomar la decisión de quererlo así.
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#14
No lo dudé ni un instante. Tomé sus labios con la misma voracidad que un náufrago halla la tierra. Hae-won tenía razón al suponer que se me daba mejor expresarme de este modo: entre besos, con mis manos enredadas en los albos cabellos. Me había movido de forma inconsciente hasta quedar de rodillas entre sus piernas. Era lo bastante alto como para alcanzar sus labios sin problemas desde aquella posición.

Para cuando me separé, nuestros ojos estaban casi a la misma altura. Había olvidado todo aquello que me asfixiaba, porque mi atención recaía en las curvas que se ocultaban bajo la camiseta larga. No aparté la vista de ella. Mis dedos, ávidos por el recuerdo de lo que ya habían probado noches atrás, trazaron círculos alrededor de la rodilla femenina. Los deslicé con suavidad hasta alcanzar el tobillo. Mi cuerpo se inclinó con el movimiento, mis ojos abandonaron los suyos para posarse sobre la cara interna del muslo y mis dientes tomaron posesión de aquellas tierras. Una marca florecería pronto. Tan solo ella y yo seríamos conscientes de ese secreto que quedaría oculto bajo sus ropas.

Allí, arrodillado ante ella, alcé la vista igual que el creyente frente al altar. Ni siquiera me molesté en esconder el deseo febril que asomaba en mi mirada; súplica silente por el permiso para tomarlo todo de ella. La diestra se deslizó bajo los pantaloncitos que se escondían al final de la camiseta. Jugué al borde del abismo. Estaba dispuesto a borrar de su memoria los horrores vividos en Kutsukku, las dudas y cada uno de los «y si» que habían logrado mantenerla en vela.

—Si algo te disgusta, solo dímelo y pararé.

La expectación me constreñía el pecho; se hacía evidente en otras partes de mi cuerpo. Coloqué su tobillo sobre mi hombro. Un movimiento deliberadamente pausado. Los dedos que se habían colado bajo el pantalón ahondaron mucho más allá, acariciando con cautela esa zona tan íntima. No pude evitar humedecerme los labios ni el aliento contenido.

—¿Puedo quitártelo? —pregunté, con voz ahogada por el anhelo.

Por esa necesidad animal de arrancarle mi nombre de los labios, mientras el suyo moría consumido en los míos. Había deslizado la mano libre sobre su estilizada pierna, hasta alcanzar el borde de los pantalones. Todo lo que quería era deshacerme de ellos, para que mi boca pudiera probar lo que se escondía debajo.
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#15
Cada acción es medida, recordada e incluso grabada. El beso que él le da, intenso y necesitado, le quita el aliento. Corresponde, por supuesto. El sentimiento que alberga cada acción y contacto que devienen de él genera en Hae-won una expectación intensa, cálida como las arenas del desierto bajo las plantas de los pies desnudos.

Sin embargo, no está preparada para lo que viene.
Cuando él se pone de rodillas ante ella, no puede evitar abrir un poco más los ojos.
El deseo que destila su mirar es abrumador, adictivo e intenso.
Sus caricias son suaves, pero deliberadas, y aún así, ese mordisco en piel sensible arranca de ella un jadeo estremecido.

Su rostro, evidentemente sonrojado por lo que acaba de pasar, no puede apartarse de lo hipnótico de las acciones ajenas. Puede sentir cómo todas y cada una de sus atenciones están fijas en él, que parece venerarla con esa mirada tan suya, una a la que ella jamás fue acostumbrada.

No puede creer que un hombre sea capaz de mirarla de esa manera.

«Si algo te disgusta, solo dímelo y pararé». Es lo que dice, luego de que su diestra se atreviera a explorar territorio que ya conoce. No le incomoda, porque él había arrancado la puerta de sus bisagras, y ahora tiene todo el derecho de entrar por ella.

Sus acciones arrancan otro jadeo de sus labios. Pronunciar su nombre con ese tono de voz, falto de aliento y cargado de un anhelo profundo, podría convertirse en una constante. El hecho de que colocara el tobillo de la dama sobre su hombro y la lentitud premeditada al hacerlo hizo que ella siguiera con la mirada cada uno de sus movimientos. Su atención completa y absoluta está puesta en él.

Y es que verlo humedecer sus labios provoca que ella trague saliva, sin saber qué esperar de lo que hará a continuación, aunque ya se haga una idea de lo que podría venir.

Ante sus últimos dichos, asiente. Por supuesto que puede hacerlo, siempre podrá.

Ella no puede evitar mirarlo con el mismo anhelo que le profesa.
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#16
ADVERTENCIA


La despojé sin pudor de las prendas que interferían mi labor. No por ello me apresuré. Quería grabar a detalle la imagen que Hae-won me regalaba: la mejillas arreboladas, los labios hinchados por el beso anterior, cada jadeo acompañado de mi nombre… Si pensaba que era mínimamente consciente de lo que lograba despertar en mí, se equivocaba.

Me había acostado con hombres y mujeres a lo largo de mi vida, creyendo que así podría sentir algo. Y sí, puede que un poco. El desahogo físico, esa sensación de mantequilla líquida al alcanzar el orgasmo, solía acallar el ruido mental por unos minutos. Después, todo volvía a ser la misma mierda de siempre. Así que se había convertido en una espiral. La cama era el único espacio en el que St. George se desvanecía ligeramente, dando paso a un instinto más animal, más rudo, más seco.

La mayoría de las veces ni siquiera permitía que las mujeres me mirasen a la cara una vez estaba dentro de ellas. Me las apañaba bien para que fueran ellas las que quisieran seguir ese juego de sumisión, con los ojos vendados, contra la pared o la mejilla aprisionada sobre el colchón. Había un sinfín de excusas para hacer que lo desearan.

Hae-won era diferente. Nuestra primera vez todo lo que había querido era que me viese, verla, aprender cada uno de los resquicios de su anatomía. El camarote del Tempestad había sido testigo de las horas que entregué a recorrer a besos cada lunar o marca. Las que ella dedicó a estudiar mi constitución, sin ningún tipo de barrera por mi parte. Y puedo jurar que jamás había alcanzado orgasmos como los de aquella mañana en la que comprendí lo que de verdad significaba estar vivo.

Ahora que nos entregabamos por segunda vez, no quise que fuera diferente. Le sostuve la mirada. Largo; tendido. Dejé que pudiera apreciar el vaivén pausado de mi respiración, que se mecía contenida como la de un depredador al acecho. Aquella mirada fue una promesa de todo lo que vendría a continuación. Había espacios de ella que todavía no había tenido la oportunidad de saborear y estaba decidido a probarlo.

Comencé por la cara interna del muslo, de esa pierna que aún reposaba sobre mi hombro. Lamí, mordí y exploré el camino hasta llegar a su intimidad. Al contrario que en todas mis experiencias pasadas, no me importaba la tensión que hubiera acumulada en mi cuerpo, que ardía en el vientre y endurecía ciertas partes de mí. Lo único que quería era que ella se sintiera tan plena como me hacía sentir a mí.

Ese sería solo el comienzo. Poco nos importó el cansancio ni las altas horas de la madrugada. Hicimos el amor hasta el amanecer. Nuestras voces y jadeos llenarían la estancia hasta caer agotados. El resto de la humanidad o cualquier problema quedaría relegado al olvido entre las paredes de la habitación del hostal.

No sé en qué momento me dormí, pero sé que lo hice abrazado a su cintura, con mi pecho descansando contra su espalda y las sábanas enredadas entre las piernas.
El alba ya asomaba tras la ventana.
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#17
No podía dormir. El cansancio me hacía caer sorprendentemente rápido, pero a qué precio…

Cada vez que cerraba los ojos, la historia se repetía de una manera distinta. A veces, Melly caía al suelo con un golpe, sangrando un líquido parecido al agua. Otras, Miyori era quebrada tras congelarse por un golpe accidental por nuestra mano. También ocurría que estallaba mi collar. La última pesadilla se me hizo la peor de todas: Arnold se transformaba en bandera, se metía por la boca de Kazan y lo asfixiaba hasta la muerte.

Por eso, me encontraba sentada en la cama abrazando la almohada, hundiendo la cara en ella, cuando oí tras la pared en la que me apoyaba la voz de Dimitri… ¡¿llamando a Hae-Won?! ¡¿Están durmiendo juntos?!

Mi curiosidad me hizo estar muy calladita, casi sin moverme, mientras continuaba escuchando, ya girada y con la oreja pegada a la pared que compartía con la otra habitación.

Ella había arriesgado su vida y estuvo a punto de morir varias veces luchando por sus compañeros… y cree que por eso es más fría. No sé quién sería “ese par”, ni a qué máquina se enfrentó, pero continué atenta. ¿“Cuando los vi queriendo sacrificarse”? Oh, vaya, en su sala debió de ocurrir algo parecido a la mía, menos mal que parecía que estaba con Dimitri, pobrecita… Por lo del “deber como hijos de la ley” me dio a entender que habían estado en un grupo con más marines. ¿Eran todos marines? Qué curioso… ¿Cuál habría sido el criterio para dividirnos? Espera, ¿pirata? ¿Masami? ¿Eran más de cuatro entonces? Vaya… ¿Y disparó a un compañero pirata? ¿O eran un grupo de marines enfrentándose a un malvado pirata? Sería curioso, teniendo en cuenta que nosotros nos enfrentamos a un marine malvado… Pero ¿por qué habría apuntado al hombro en ese caso? ¿Le da miedito matar, igual que a mí?

Espera, ¡¿los traicionaron?! Oh, debió de haber sido un grupo muy grande y los piratas debieron de caer en lo de “si matáis a los otros, os libero a vosotros”. Y… ¿manipular botones y manivelas? ¿No era una sala helada? ¿En qué clase de sitio los habían metido a ellos…?

¡Agh, esto es mucha informacióoon! Me empieza a doler un poco la cabeza, demasiadas cosas que no sé si estoy entendiendo bien. Por lo que dice Dimitri, ¿pulsar botones salvaría gente? ¿Los dividieron en jaulas con grupitos más pequeños? Tendría sentido entonces que por eso fueran muchos más, sí. Por lo menos, tampoco él quiere pensar en más “¿y si…?”, lo que creo que va a hacer más fácil que entienda las cosas…

Desde luego, coincido con lo que dice de que Hae-Won es buena persona y se preocupa por los demás; simplemente fue una situación difícil… ¿Sólo pensó en ella? De repente, tengo dos sentimientos encontrados en el pecho, porque es algo muy bonito hacia ella, pero me ponía triste que no hubiera pensado también en mí… ¿También habría dado mi vida y la de Shin y Kael por salvarla? Bueno, no es que yo misma no la hubiera dado, pero…

―La única persona ahí dentro que de verdad me podría haber dolido, fue Kuroshiro.

La punta de mi cola se agitó felizmente mientras yo abrazaba aún más mi almohada con una sonrisa de felicidad y orgullo en el rostro. ¡Me sentía importante! ¡Soy importante para Dimitri! ¡Nooo, ahora me siento fatal! ¿Cómo he podido sentirme feliz si no ha incluido también a Shin y a Kael? Volví a hundir la cara en la almohada varios segundos, aguantando la respiración, como si pudiera así ahogar también un poquito la culpa…

Volví a centrarme y respirar cuando Hae-Won decía que era vengativa y rencorosa. Ojalá algún día pudiera demostrarle que se equivoca. Debería tenerlo en cuenta. Esperé la respuesta de Dimitri, ¡pero no oía nada! Me pegué más a la pared, y no sé qué hizo para que tardara más de cinco larguísimos segundos, y cuando habló… ¡Maldita sea, Dimitri, ¿has susurrado?! ¡Termina la frase! ¿Estaría mal que le dijeras qué? ¡¿Qué?!

Apreté la almohada contra mi pecho, tratando de aliviar en vano la frustración.

Hae-Won hablaba bajito y sólo le entendí algo de “modo protector”. ¡¿Queréis hablar claro?! Vale, quiere ser ella misma y sus emociones son parte de ella. Me habría gustado enterarme de qué emociones son, pero bueno.

… ¡Tardaban mucho! ¡¿Estaban volviendo a susurrar?! ¡Así no se puede! ¡Agh!

¿Ha dicho pareja? ¡Dimitri ha dicho pareja! Bueno, no sé, yo lo veía bastante obvio, ¡¿no era evidente desde aquel día que se mencionó una cita al bajarnos del barco?! ¡Si hasta ayudé con la ropa a Hae-Won! Y encima ella me quiso negar lo de la cita. ¡Pero ¿qué más le daba decírmelo?! Ains, claramente voy a tener que trabajar mucho más en hacerme su amiga. Ya veré qué me puedo inventar.

¡Pero ¿por qué no seguían hablandoooooooooooo?!

Realmente tuve que hacer acopio de mucha fuerza de voluntad para no darme cabezazos contra la pared, y solamente me aguanté porque entonces me iban a escuchar.

¡Al fin, Hae-Won, gracias! ¿Quería guardar cosas de ella que sean solamente para él? ¡Aaaaaaaaaaaw! No tenía mucha idea de a qué se está refiriendo, pero había sonado muy bonitooo. Espera, ¡¿va a contarle un secreto?!

No, no, espera, yo no debería escuchar esto, este secreto no es para mí, yo no…

―Cuento contigo. ―¡Qué bonitooooooooooo!

Quería que disfrutaran lo que tenían y hacerlo crecer estando juntos, y que Dimitri sea feliz y que viva en plenitud.

―Quiero que seas mi futuro. Eres todo lo que me he permitido querer.

AAAAAAAAAAAAAAAAH.

Tuve que aplastarme la cara contra la almohada para que ese chillido no saliera de mi garganta mientras movía los pies con puros nervios contenidos. ¡¿Por qué no hay historias y canciones hablando de ellos?! ¡¿Por qué tanto secreto?! ¡Es tan bonitoooooooooo!

Espera, espera, ¿va a empezar una ronda de preguntas y respuestas? Sí, Hae-Won hace bien en preguntar, porque a lo mejor están los dos muy nerviosos para eso… ¡aunque me muero de curiosidad! Ay, ay, ¿¿sí va a haber una pregunta??

Ay, Hae-Won, ¡no me decepciones así! ¡Obviamente va a querer ser tu pareja, si lo raro es que no lo seáis ya! ¡¿Verdad, Dimitri?! ¡¿Verdad?!

―Nada me haría más feliz.

VIVAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.

Menos mal que tenía la almohada, ¡porque si no me habrían escuchado ya mil veces!

Ay, nooo… Dimitri, ¿de verdad no sientes nada? ¿Finges las emociones? Ay, ¡ya no, por ella! ¡Bien, Hae-Won! ¡Muy, muy bien!

Oye, ¡¿estaban susurrando otra vez?! ¡Ains, pero qué manía! ¡Así no había forma de escuchar tranquilaaaaaaa!

Vale, no, no, NO. SUFICIENTE. HE OÍDO SUFICIENTE. ADIÓS.

Me apresuré a ponerme el uniforme y salí del cuarto procurando no hacer mucho ruido con intención de dar una vuelta por la ciudad. Total, esa noche no habría dormido de todas maneras… ¡pero por lo menos ahora sería con una razón mucho mejor! ¡Vivaaaaaaa!

Y COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO (??)

FIN
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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