Ratas hervidas en lava [Aventura T2] [Kagura][Presente relativo]
#1
42 de Otoño, año 17

Definitivamente, no estabas en el sitio adecuado. Para cuando apenas pudiste pronunciar palabra, el sargento Madrick estaba a tu lado, mirándote con un rostro que, lejos de tener una pizca de alegría, parecía como si el café de la mañana no le hubiese sentado bien. Parecía amargado, y por supuesto que lo estaba, pero eso no hizo que tú te sintieras mejor. ¿Acaso tú tenías la culpa de ese malestar? Seguramente no.

—¡Eh, soldado!—Gruño, por supuesto, porque no iba a ser agradable ni siquiera con una mujer.—Tengo una nueva misión para ti.—De una lista de papeles que llevaba cargando, intuyes, todo el día, te entrega a ti una hoja que parece haber escrito él mismo, a pesar de contener todos los datos y procedimientos oficiales de la Marina. En ella aparecen unos pequeños datos, pero son más una guía de cómo llegar hasta tu destino mayormente que otra cosa.—Hay que ir a este sitio a investigar la cueva del volcán. Parece que se han colado allí unas ratas, y necesito que se deshagan de ellas antes de que acabe el día. ¿Me has entendido?

Tampoco parece que tengas opción a replicar, porque, como ya he dicho al principio, no te da tiempo a pronunciar una palabra antes de marcharse ignorando cualquier posible comentario o queja que pudiera salir de tus labios. No parece que te quede más opción que obedecer, porque si no lo haces...bueno, mejor no quieras averiguarlo.

Tienes tiempo de prepararte, porque según sus órdenes te ha dicho que tienes hasta que acabe el día, ¿verdad? Eso debería ser una ventaja para ti, aunque puede que termine siendo un problema si tardas demasiado. ¿Quién sabe? Al menos, ahora mismo este un hermoso día de otoño, en el que las nubes se alzan en el resplandeciente cielo, sin que se muestre como un día caluroso, y en el que aparentemente la gente camina tranquila por las calles, sin mostrar ni un solo atisbo de preocupación en el exterior. 

Tu misión parece tener inicio en las inmediaciones del volcán, por lo que estarás completamente alejada de la ciudad. Eso parece ser un problema, ya que no parece que vayas a poder tener ningún refuerzo a tu alrededor si te llega a pasar algo. Claro que...¿acaso las ratas deberían ser un problema para ti? Deberías estar bien, siempre y cuando camines con cuidado de que no te muerdan.

La entrada de la cueva es algo más grande de lo que habías imaginado. Parece que la entrada mide cerca de seis metros de alto, y lateralmente, podrías saltar de lado a lado sin preocuparte ni lo más mínimo, que no llegarías hasta el otro lado en un solo. 

Ahora, la pregunta es, ¿Qué harás de camino a este lugar? ¿Tomarás alguna precaución? ¿Llevarás algún equipo de la base, o irás de aventuras tal y como te encuentras? Cada decisión, al final del día, de una forma u otra, termina contando.

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#2
Capitulo 8: Ratas hervidas en lava
Lugar: Baterilla, Volcán de Baterilla
Fecha: 42 de otoño, año 17
Hora: 11:00 AM


La jornada de aquella mañana se presentaba más exigente de lo habitual, Aunque el clima ofrecía una calidez engañosa casi reconfortante para tomar una siesta o realizar actividades menos rigorosas, Los cuarteles de la marina no daban tregua. El ritmo constante se imponía desde que iniciaba, desde entrenamientos básicos hasta actividades más complejas, órdenes que iban y venían, pasos firmes que resonando en los pasillos y que se silenciaban al final de cada uno, voces que resonaban con el eco de los vacíos dejando la evidencia que todo era importante, nadie permanecía inactivo; cada miembro tenía una orden clara que debían cumplir al final del día. La disciplina y el deber recordaba a cada subordinado cual era su papel.

La hora del almuerzo se acercaba con una lentitud casi desesperante. Aun así, avanzaba con paso ligero por los pasillos, luciendo el clásico uniforme de la Marine: camisa blanca impecable con decoraciones azules, pantalón del mismo tono, botas negras relucientes de cuero, un listón azul ajustado al cuello y el tradicional sombrero militar. Tras haber cumplido con algunos ejercicios básicos y entregado un par de encomiendas, el resto de la mañana parecía por fin darme un respiro. Caminaba de buen ánimo casi despreocupada, jugando distraídamente con la manzana que sostenía en mi mano izquierda, ¿De donde lo consegui?...Bueno, digamos que al regalar unos cuantos dulces obtuve una recompensa, mientras en la diestra llevaba mi sombrilla de tono morado. No tenía pendientes urgentes, así que planeaba adelantar el almuerzo y liberar el resto del día para otras actividades, quizás apoyaría en cocina o iría a limpiar baños, quien sabe, en este lugar siempre había algo que hacer, Con un gesto despreocupado, di una mordida a la fruta justo al girar en una esquina, solo para encontrarme de frente con un superior, El sargento Madrick, sin duda los colores me abandonaron por un momento, pero reaccione al tiempo, haciendo los saludos correspondiente, la manzana reposaba entre mi dientes ---Hmm..hmm..—quería decir algo pero el nerviosismo me ganaba.

De pronto comenzó a hablar su tono era algo alto era evidentemente alto, parecía estar molesto como si algo lo hubiera antes de cruzarse conmigo. Entonces me percate del fajo de documentos que llevaba consigo, las hojas amenazaban con deslizarse de sus manos en cualquier momento. Por puro instinto alcé mi mano libre lista para atrapar cualquier papel que se escapara por un instante, la escena resultó casi absurda e incluso cómica, pues nuestros movimientos descoordinados en aquella esquina parecían más propios de un torpe baile que de un encuentro formal, Finalmente, logró ordenar su cometido y sin más preámbulo, me extendió una hoja. Las indicaciones eran claras, expuestas con una precisión casi imposible de no entender, El sargento resumió el contenido y la tarea de cazar ratas de pronto me dio un pequeño escalofrío que recorrió mi espalda hasta la cabeza, tensando cada músculo por la idea de ir a matar ratas. Antes de que pudiera responder del todo sus palabras, el sargento siguió con su camino dejando atrás un silencio abrupto como si la conversación jamás hubiera tenido oportunidad de comenzar.

Dando una mordida mas solida a mi manzana, volví a dejarla reposar entre mis labios mientras procuraba leer el pedazo de papel que me entregaron, efectivamente, todas sus indicaciones estaban escritas aquí, no tenia mas de otra que obedecer a su petición --*¡Animo Kagura!...solo son ratas…*-- No es que le tuviera miedo, pero sabia que esos roedores eran algo difíciles de matar o capturar, aferrándome con fuerza a mi sombrilla, sacudí mi cabeza para ahora comenzar a caminar con un paso mas determinado. Eran las once de la mañana, tenia suficiente tiempo para atrapar a las condenadas así que no tenía tiempo que perder. Preparandome con lo que tenia disponible y dejando el cuartel en su momento, me abrí paso entre el pueblo y su gente, terminando mi merienda en el camino, pronto me adentraría al bosque, un lugar en donde generalmente me encontraba siempre en paz.

Subiendo a cuestas aquel relieve rocoso y frondoso, en algún punto creí que me había perdido, pero suspire de alivio cuando a unos 30 metros visualice la entrada de aquella cueva que se encontraba a las faldas del volcán. Arcándome con cautela y atenta a mi alrededor, continue con mi caminata hasta quedar justamente en la entrada de aquella cueva, por alguna rara razón me sentía mas ligera, al cerrar mi sombrilla me di cuenta de que mi blusa había desaparecido en el proceso --Pero ¿qué? no otra vez…-- suspiré con total desgano, llevando una mano a mi frente para recordar en que punto del camino había perdido la blusa, posiblemente en la entrada del bosque. Era algo que tendría que averiguarlo de regreso al cuartel.

Bien…comencemos…--Sin perder más tiempo, decidí continuar.

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#3
Llegas a la cueva con poca o ninguna preparación, el temple de un marine...sin la blusa de los Marines. Los colores de tus pantalones uniformados quizás no eran suficientes como para reconocerte como un soldado de la gloriosa institución salvo que alguien lo tuviese especialmente analizado, pero que más da, ¿no? Vas con la mentalidad de encontrarte con ratas en el volcán a través de una cueva en la que claramente no debe haber nadie, porque eso es lo que te han dicho, ¿no?

Bueno, quizás deberías haber leído el documento con más detenimiento, o quizás simplemente no hayas notado que no se suele frecuentar una escritura completamente a mano. ¿Tal vez falten detalles? A simple vista no parece haber ningún descuido, y tu instinto te dice que todo parece marchar con relativa tranquilidad.

La cueva está frente a ti, y a su entrada no parece haber nada inusual. Todo está tranquilo, y ni siquiera llegas a escuchar el característico sonido de ninguna "rata" por la zona, dándote a entender que a lo mejor no hay tantas como te quisieron hacer ver.

Conforme te vas adentrando, notas que la falta de luz es cada vez más notoria y te resulta más difícil acceder con la poca visibilidad, pero entonces encuentras que aquello tal vez no está del todo abandonado, o simplemente alguien dejó algunas cosas en el camino y no parecen haberse reclamado en un tiempo. A tu derecha, aproximadamente cuatro metros por delante, ves un par de cajas cerradas y una palanca que seguramente te sirva, porque te da la sensación de que no todas se abrirán con tanta facilidad. Por el otro lado, a tu izquierda, justo a lo que podrías considerar como unos siete metros de distancia respecto a las cajas un par de barriles que no sabes si están llenos ni si contienen algo en particular, pero, de cualquier forma, ¿es que acaso te interesa lo que pueda haber ahí? Tu misión es seguir adelante y eliminar a las "ratas" que te ha indicado el Sargento.

Solo cuando te paras a pensar en qué deberías hacer durante unos segundos escuchas un sonido proveniente del fondo. No sabes exactamente lo que es. Parecía algo así como un quejido, pero no reconoces si es de animal, persona, o tal vez algo que se le parezca. Lo único que puedes intuir es que hay algo más ahí adentro, y tu misión es verificar de qué se trata.

El camino se abre delante de ti, pero está oscuro, y no parece que tengas ninguna luz a tu alcance, así que, ¿Qué harás? ¿Buscarás si encuentras alguna solución entre los objetos que se han dejado? ¿Avanzarás sin más con tus propias habilidades, o decidirás tomar una decisión diferente? 

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#4
Desde pequeña siempre me he considerado una chica con una valentía inquebrantable, me encantaba explorar lugares desconocidos, no me importaba si eran lugares angostos o si eran inmensos. Sin embargo al encontrarme frente a la imponente boca de aquella cueva, comprendí algo de inmediato, quizas antes de venir a este lugar...debí prepararme mejor pero mis acciones siempre eran impulsivas, ya no tenia tiempo para llorar sobre la leche derramada. Curiosa por la oscuridad que emanaba el interior de la cueva por alguna razón sentia que mi estomago revoloteaba brevemente, ¿Instinto?, quizas pero no podia darme el lujo de retirarme. Asi que respiré hondo por unos segundos, poco a poco senti cómo el miedo y la determinación se entrelazaban en mi pecho. Fuera cual fuera el destino que me aguardara dentro, sin dudar debía cumplir mi propósito, sin importar el precio.

Adentrándome hasta donde la luz del exterior aún me permitía distinguir formas, avancé con cautela, rozando los costados de la cueva sin atreverme a profundizar demasiado. Con mi sombrilla en mano, golpeaba suavemente algunas rocas como si jugara con ellas, esperando hallar algo fuera de lo común me estaba mentalizando, preparando, ¿Como debia atrapar las ratas? o mejor dicho ¿Deberia matarlas de un solo golpe?. Un suspiro escapó de mis labios antes de decidirme a avanzar un poco más, respetaba la vida de todo ser vivo pero esta vez mi preocupación era diferente, no queria ser mordida por una rata. Sabia perfectamente que algunas ratas eran agresivas por instinto. Sentia algo de frio con forme avanzaba, debido a la falta de la prenda superior, pero eso no me impidio seguir avanzando, con cada paso que daba, la penumbra se volvía más densa y entonces vi algunos objetos abandonados, dispersos como rastros de una presencia pasada —¿Acaso alguien vive aquí?— murmuré al vacío, sintiendo cómo mi propia voz sonaba ajena. Me acerqué a unas cajas cerradas. Sin abrirlas, las tanteé con la punta de la sombrilla, midiendo su peso, como si intentara descifrar sus secretos sin perturbar lo que pudiera dormir en su interior.

Noté la palanca apoyada sobre una de las cajas, Con la yema de mis dedos rocé el frío del hierro, Sin comprender del todo lo que ocurría en ese sitio. Las cajas, a diferencia del entorno, se conservaban en un buen estado o eso es lo que parecia a primeras apariencia, no tenia intencion de abrirlas, me enviaron para exterminar ratas. Aun asi intenté darle sentido a la escena que tenia delante de mi, Hasta ahora era extraño que no hubiera ruidos de ninguna clase, ni el clasico chillido que delataba la presencia de las ratas. Mientras pensaba sobre ello, al girar el rostro hacia la izquierda, a unos siete metros, distinguí unos barriles cuyo contenido me era desconocido. Mi curiosidad se alimentaba con estas pistas, Asi que  decidí tomar la palanca como una medida de precaución mientras continuaba avanzando. No había señales de vida hasta ahora. Solo el eco apagado de mis botas contra la tierra, ese era el unico sonido que rompía el silencio. Con mi sombrilla tanteaba el suelo frente a mí, avanzando poco a poco hacia la oscuridad total. Podía distinguir formas, sí, pero eso no disipaba el temor de encontrar algo… o a alguien.

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#5
Avanzas por la cueva a paso lento, tanteando cada pared de roca con calma con la esperanza de no encontrar ningún peligro o trampa frente a ti. Con la nula iluminación del lugar, avanzas prácticamente a ciegas mientras tus ojos intentan acomodarse a la oscuridad lo poco que les es posible. Por suerte, parece que la entrada de la cueva no es más que roca excavada, y que no te espera ningún problema durante tus primeros pasos en el interior.

Al llegar a las cajas, tomas la palanca que se encuentra cercana a las cajas, tanteando el contenido de estas con pequeños golpes sobre las mismas, por si quizás hubiese alguna rata en su interior, y al hacerlo, notas que una de ellas no se encuentra vacía, pero no sabes reconocer lo que es, sólo que no se mueve, por lo que seguramente debe ser un objeto. Al observar los barriles no pareces prestarle importancia, y por la escasa iluminación eres incapaz de distinguir si los mismos se encuentran llenos o vacíos, pero eso no te impide seguir avanzando, dejando de lado lo que dentro de los mismos pudieras haber encontrado, ya que al final, ¿acaso algo de eso es tuyo? Era mejor ignorarlo y seguir adelante con todas las consecuencias.

Al continuar avanzando, eventualmente solo puedes guiarte con el contacto de tu sombrilla y el sentido del tacto que te transmite, como un ciego con su palo caminando como lo haría normalmente. Vas pegada a la pared para no perderte, haciendo contacto con tu otra mano sobre la misma asegurando tu avance hasta que, de repente, la misma termina por desaparecer, dándote a entender que llegas a un lugar mucho más amplio en el interior de la cueva.

Comienzas a escuchar sonidos dentro de aquel lugar, pero lejos de sonar como animales, o quizás gotas de agua cayendo al suelo por medio de estalactitas...lo que escuchas son personas. Sonidos quejumbrosos de personas que, a tu percepción...parece que en realidad estaban...¿dormidas?

De pronto, una luz se abre paso en toda la sala. Se trata de una antorcha, que ha sido encendida por una de las personas de esa sala. No parece haberte visto, pero a ti te permite comprobar la cantidad de personas que se encuentra en esa sala. Debe de haber alrededor de unos cincuenta personas en total, muchas de ellas durmiendo, y otras apenas levantándose del suelo.

No es quién lleva la antorcha, pero una de ellas te observa, y es entonces cuando cae en la cuenta. No llevas el uniforme, pero eres una chica en mitad de una gran cantidad de hombres desaliñados y con cara de pocos amigos. Claramente, tu presencia para nada familiar genera diversas emociones, pero todas ellas terminan en un mismo resultado:

—¡Eh, pero si es una mujer!

La atención de los recién levantados recae completamente en ti, y con distintos tipos de miradas clavadas en ti, atendiéndote como si fueras una superestrella, parece haber causado algo de revuelo. Algunos hombres escuchan el ruido que se hace eco sobre aquella sala de, lo que supones, debe medir veinte metros de largo y veinte de ancho, con unos ocho metros de alto para dar hasta la parte cubierta de la cueva.

Sin duda, esas "ratas" de cloaca, no eran literalmente roedores por lo que parecía en el informe. Esa forma despectiva de llamar a los criminales es, sin duda, una putada que ahora te toca solventar de alguna forma, y es tu misión decidir de que manera lo harás.

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#6

A medida que avanzaba mi instinto me advertía que estaba pisando hielo delgado, como si cada paso fuera una decisión del cual debia estar mas que segura. La cueva se sentía cada vez más opresiva como si el aire se hubiera espesado alrededor de mi ser. La tensión se acumulaba en mi pecho y en mi estómago el cual se contraía con una inquietud constante, realmente se sentia como si algo invisible me estuviera observando desde la oscuridad. No era solo miedo, era la certeza de que estaba cruzando un límite del que quizás no podría regresar, pero debia ser valiente a pesar de todo, mi mente debia centrarse. Apreté con fuerza la palanca de hierro que llevaba en la mano, mientras la sombrilla me servía de guía improvisada para tantear el suelo delante de mí, avanzando con pasos lentos, calculados, casi forzados por la precaución.

De pronto me detuve al percibir sonidos extraños que rompían el silencio de mi entorno, No eran roedores ni el crujir habitual de otros animales que conocia, sino todo lo contario era algo más inquietante, más humano. Cerré los ojos para concentrarme mejor y distinguir con mayor claridad, intentando separar cada eco del resto del ambiente. Eran respiraciones pesadas, profundas, intermitentes, como si alguien estuviera dormido… --*¿Ronquidos…?*--, pensé, sintiendo un escalofrío recorrerme de pie a cabeza. Sin embargo, la dirección de los sonidos era confusa, me era imposible de ubicar con precisión de donde provenian. Era como si vinieran de todas partes al mismo tiempo --¿Acaso hay alguien aquí?-- me pregunté casi en un susurro, aunque la respuesta parecía esconderse deliberadamente en la oscuridad, obligándome a seguir avanzando para descubrirla.

Cuando llegué a un punto específico de la cueva, me percaté de varias siluetas que se movían entre la oscuridad. Aferrándome con más fuerza a los dos objetos que sostenía en ambas manos, me quedé inmóvil a la espera de cualquier señal que pudiera alertarme de un ataque o movimiento brusco. Podía distinguir más de una figura pero no lograba contarlas con precisión. ¿Quince? ¿Veinte? No, eran más, aunque la falta de luz me hacía imposible definir su número total, como si la oscuridad misma las multiplicara. De pronto, una de las siluetas encendió una antorcha, y lo que reveló me dejó completamente helado. Como si un balde de agua helada hubiera caído sobre mí sin previo aviso. Pestañeé varias veces, incrédula, tratando de procesar lo que estaba frente a mis ojos. Observé el panorama completo y sentí cómo todos nos quedábamos en silencio durante unos breves segundos, como si el tiempo se hubiera detenido dentro de la cueva.

Hasta que uno de los hombres finalmente rompió el silencio, gritando lo que era evidente. Mi cuerpo se tensó al comprender la situación en la que me encontraba. Uno a uno comenzaron a levantarse, como si estuvieran listos para una guerra; algunos aún estaban medio dormidos, otros ya buscaban sus armas con movimientos rapidos pero amenazantes. Si no actuaba, seguramente tomarían ventaja y en el estado en el que me encontraba, era mas que peligroso. Asi que debia hacerlo ahora. —Ratas…— exclamé con ironía, entendiendo por fin el informe en su totalidad: no eran animales, sino criminales, bandidos peligrosos que habían convertido la cueva en su base. —Bien caballeros...¿Les gusta lo que ven?...entonces comencemos a divertirnos— dije con una sonrisa tensa mientras avanzaba con cautela,estaba acostumbrada a las miradas lascivas, pero esta vez, podre defenderme a gusto, porque una cosa era soportar comentarios y miradas depravadas por parte de civiles, pero ¿Bandalos?, este seria mi mejor momento. Apuntando la palanca hacia ellos, calculando la fuerza y midiendo la distancia. Veinte metros de radio, ocho de alto, podia actuar libremente. Fue entonces que el momento decisivo llego, Sin decir mas corté la distancia de golpe y corrí en dirección a ellos.

Lanzando la palanca de hierro directo hacia el hombre de la antorcha, apunte tecnicamente a su mano con precisión. El impacto seria seco en su momento, mi intencion era hacer caer la misma, rodaria por el suelo mientras las llamas proyectaban sombras violentas sobre las paredes estrechas. Aproveché el instante de confusión para moverme sin dudar, deslizándome entre ellos como un animal, Mi puño se hundió en el rostro del primero antes de girar sobre mí misma y estrellar una patada contra las costillas de otro. El caos aumentó en segundos, pero me mantenia en movimiento costante, usando todo mi cuerpo en defensa propia. Mi sombrilla tambien descendió como un martillo, golpeando hombros y muñecas para desarmarlos, intentando evitar el filo de sus armas. Las sombras danzaban entre el fuego y el alboroto seguramente despertaría al resto, pero primero debía acabar con este grupo.
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 988 + 0 = 988
Energia: 947 - 300 = 647
Espiritu: 108 + 0 = 108
#7
Los hombres se muestran eufóricos ante tus palabras. Claramente, ofrecerte en bandeja de plata para unos hombres tanto tiempo alejados de la sociedad les resulta más tentador que cualquier plato de carne en su jugo y un barril entero de cerveza. Aquellos que estaban en un punto entre el sueño y la sobriedad espabilan al instante, queriendo acercarse sin perder ni un solo instante ni tampoco un solo centímetro de ventaja respecto al resto de sus compañeros.

Es ahí donde aprovechas el momento y la ocasión, acercándote al centro para aprovechar tu ventaja femenina y ejecutar tu ataque. Lanzas la palanca al hombre de la antorcha que se encuentra al fondo, impactando sobre la antorcha de su mano antes de que pueda darse cuenta de lo que estabas intentando hacer, haciéndole algo de daño en el dorso de la mano mientras el resto de los bandidos se sobresaltan por tu maniobra.

—¡EH! ¡AHORA TE VAS A ENTERAR! ¡NADIE ATACA A NUESTRO CAPITÁN CON NOSOTROS DELANTE Y SALE VIVO PARA CONTARLO!

Observas como las miradas interesadas, sucias y pervertidas pasan a enfurecerse cuando atacas justo a aquel hombre del fondo de la sala, haciendo que todos los hombres se lancen a por ti furiosos. Por suerte, una marine entrenada como tú puede hacer frente a esas sabandijas sin miedo, y esas pobres ratas de cloaca quedan una a una desarmadas al no ser capaces de hacer frenar tu ataque. Alguno de ellos chocan entre sí por la falta de visibilidad, mientras que otros terminan peleados creyendo que eres tú quién se encuentre frente a sus narices, haciendo que al final, poco a poco, todos ellos caigan de una forma u otra derrotados por tus golpes.

Por desgracia, el ruido de sus gritos ha despertado al resto de hombres dormidos en la cueva, lo que hace que estos poco a poco se despierten algo atontados y preocupados, comenzando a ponerse en alerta cuando ven entre las luces y sombras al menos a uno de sus compañeros en el suelo derrotados. Claramente, se sienten confundidos al ver como una mujer semidesnuda está haciendo frente en combate a tantos de ellos al mismo tiempo.

Podrás haber derrotado a esos treinta hombres, y también habrás conseguido desarmar a aquel que sujetaba la antorcha y le hacen llamar “su capitán”, pero me temo que aún quedan por delante otros veinte hombres en tu camino antes de poder siquiera interrogarle, escapar, o apenas poder plantear un nuevo tipo de estrategia.

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#8

El último de los hombres cayó inconsciente contra el suelo de la cueva, y el eco resonaba brevemente. Me quedé de pie, jadeando con fuerza mientras el aire parecía espeso y caliente, el sudor recorriendo mi frente y mezclándose con la sangre seca que limpié del rostro con el dorso de la mano, sintiendo cómo el polvo se pegaba a mis dedos y cómo el calor de mis propios músculos seguía ardiendo tras el combate, no me consideraba una experta en combate pero sabía perfectamente cómo defenderme. Sin más, levanté la mirada hacia los veinte hombres restantes mientras analizaba sus movimientos y sus facciones, debía dejarme llevar por mis propios instintos pero algo me decía que debía ser mas precavida. Escupí a un lado aflojando los hombros mientras sentía el fuego interno en mis brazos y piernas —¿Qué esperan? ¿no les gusta como bailo el cha cha? —dije con una sonrisa ladeada mientras los observaba tensarse, podía ver el fuego y la rabia reflejados en sus ojos.

El ambiente se volvió más pesado mientras ellos ajustaban sus posiciones sin apresurarse, como si midieran cada centímetro del terreno y cada respiración mía, creando una presión casi sofocante en la cueva. Apreté mi puño mientras con la otra me volvia aferrar a mi sombrilla, a estas alturas el cansancio se mezclaba con la adrenalina, no retrocedí ni un paso, estaba más que preparada para volver a empezar con esa danza furtiva — 1…2…3 —murmuré con firmeza mientras flexionaba ligeramente las piernas sintiendo cómo los músculos calientes responden al esfuerzo acumulado, listos otra vez para el choque inevitable que se aproximaba entre nosotros.

Nuevamente corriendo hacia las ratas asquerosas, esta vez me abalancé sobre ellos de otra forma, saltando aproximadamente dos metros de altura me gire con la intención de patear el rostro del más grande, tratando de eliminar los riesgos, uno a uno fueron recibiendo golpes alternos. Cabezazos, puñetazos en el rostro, en el abdomen, patadas en las partes inferiores como piernas y rodillas,Pero lo que más me enfureció fue sentir que más de uno me tocó indebidamente por lo que termine dándole una patada en su zona más sensible dejando fuera de combate de una manera tan humillante.

¡Ratas asquerosas ... .como se atreven a tocarme! – decía mientras golpeaba con mi sombrilla a uno de los vándalos que me toco una parte sensible del cuerpo, técnicamente lo tenía agarrado del cuello de su camisa para que no escapara, su rostro ya estaba deforme por tantas manotadas, así que lo deje caer contra el suelo. Jadeando levemente, aun me quedaban aproximadamente diez más de lo que sonreí –4 ... 5 ... 6…cha cha…– rei por bajo tras volver a comenzar mi andar, solo que ahora había un pequeño detalle. Ya no llevaba mis pantalones así que me sentía un poco más ligera, más libre, gracias a mi buena visión podía anticipar movimientos y reaccionar acorde, no se cuanto tiempo paso pero fue golpeando uno a uno, el panorama completo era ver al final de la cueva una montaña de hombres, amontonados uno sobre otro mientras yo jadeaba levemente sintiendo el calor de mi cuerpo, ¿Había terminado?...parecía, pero no lo quería dar por hecho.

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Vitalidad: 988 + 0 = 988
Energia: 647 - 200 = 447
Espiritu: 108 + 0 = 108
#9
Los enemigos caen al ritmo de tus marcados pasos uno tras otro recibiendo la rabia de tus golpes, puñetazos y maniobras ofensivas para, eventualmente, ser consciente de tus logros cuando por fin todos y cada uno de ellos dejan de atacarte. Has sido capaz de noquear en combate a cincuenta hombres que, pese a su poca experiencia en combate, siguen siendo un número extremadamente considerable para hacer frente en solitario.

Aquellas ratas de la sociedad, criminales sin oficio ni beneficio finalmente vuelven a entrar en su aletargado sueño, y el único que queda en pie es el supuesto capitán, con la antorcha en el suelo, quién desenfunda la espada asustado al saber que ninguno de sus hombres está ahí para protegerlo. Te mira, con la cara aterrada, sabiendo que no tiene ninguna posibilidad de vencer, o al menos eso es lo que puedes observar en su rostro cuando te observa, expectante, testigo de cualquier decisión que tomes contra él.

—¡A-a-alto ahí, enemiga!—Responde entrecortado, con una clara cobardía latente que le pide a gritos salir corriendo de aquel lugar como si la vida le fuese en ello.—Y-ya nos has dado demasiados problemas. ¿Q-qué es lo que quieres de...nosotros?

Prácticamente podría caer desmayado por sí mismo en cualquier instante, pero aún así, algo no te cuadra. ¿Cómo es posible que un enemigo así de escuálido, joven y cobarde sea el capitán de estos maleantes? Hay algo que claramente no es del todo correcto, y no sabes lo que es, pero solo tú puedes encontrar la forma de averiguarlo...si eliges sabiamente.

Los enemigos más aparentemente peligrosos no volverán a ser un problema para ti. Es el momento de tomar una última decisión que pondrá fin a lo que aquí acontece, o te pondrá las cosas más difíciles.

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#10
Jadeando levemente mi cuerpo ardía debido al esfuerzo excesivo que tuve que realizar para acabar con aquella horda de hombres. El combate había sido brutal, rápido y agotador, dejando marcas de sudor y suciedad sobre mi rostro, mismas que limpié con el dorso de mi mano mientras recuperaba lentamente el aliento. Frente a mí, aquel sujeto parecía a punto de desplomarse quizás por el miedo, Podía deducir que temblaba como una gelatina y no lo culpo, tras presenciar cómo sus subordinados habían sido derrotados sin misericordia alguna. Sin ellos este sujeto no era absolutamente nada. Girándome hacia él con lentitud, dejé mi sombrilla reposar sobre el suelo de piedra antes de tensar ligeramente mis nudillos, observándole con una mirada totalmente desafiante. El miedo que podía notar en los ojos ajenos era evidente, casi palpable, aun así intentó provocarme con gestos de valentía pero lo único que logró fue sacarme una baja risa cargada de ironía y cansancio mientras analizaba cada pequeño movimiento o palabra que pronunciaba.

El crepitar de la antorcha se mezclaba con el eco húmedo de la cueva, creando una atmósfera sofocante donde cada respiración parecía escucharse con claridad. Las sombras proyectadas por el fuego se arrastraban lentamente por las paredes rocosas, deformando nuestras figuras como si el lugar entero estuviera vivo. Permanecí firme pese al cansancio acumulado en mis músculos, manteniendo una mano apoyada sobre mi cintura mientras relajaba lentamente la otra para liberar la tensión que el combate había dejado en mi cuerpo. Sin embargo, no podía bajar la guardia del todo. Había demasiadas preguntas sin respuesta y demasiadas piezas que aún no encajaban del todo.

¿Quieres que me detenga?... Bien, entonces comienza a hablar… ¿Qué hace un grupo de cincuenta personas en este sitio? – La primera pregunta fue puntual – Las cajas y barriles que encontré de camino aquí… ¿qué contienen?... ¿Lo obtuvieron de forma legal o es mercancía robada? – Dándole un proceso más ordenado y justo, continue con mi interrogación sin dejar cabos sueltos – Si es legal me gustaría ver los papeles de comerciante. La cueva es un recurso perteneciente al pueblo, por lo que esto se considera allanamiento…¿Y bien?... ¿Hablarás? — Cada pregunta salió acompañada de una presión creciente, obligándolo a sentir cómo el peso de aquella situación se cerraba lentamente sobre él. No aparté la mirada ni un solo instante, observando cada una de sus reacciones mientras la amenaza permanecía implícita en el tono tranquilo mis palabras.

Comencé a mover lentamente los dedos y nudillos para aliviar la tensión restante en mis manos, preparándome mentalmente para actuar otra vez en caso de que decidiera intentar algo estúpido o desesperado para escapar de mi interrogatorio. La tensión aumentó cuando finalmente comencé a contar, dejando que cada número resonará dentro de la cueva como una sentencia inevitable, intentaba presionar aún más — Uno… dos… tres… — Mi voz permanecía tranquila, casi relajada, lo cual hacía la amenaza todavía más aterradora. Mi paciencia se agotaba segundo tras segundo y era evidente que si decidía seguir ocultando información o intentando ganar tiempo, terminaría arrancándole cada respuesta por la fuerza es decir a golpes. Después de todo, ya había cruzado demasiadas líneas esta tarde como para detenerme justo ahora.

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Vitalidad: 988 + 0 = 988
Energia: 447 + 8 = 455
Espiritu: 108 + 0 = 108


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