La Biblioteca de las Bestias [Aventura Presente Absoluto T4][Zhang & Bai]
#11
Con cuidado de no clavar el tacón de las botas en el robusto cuerpo de su aliado, Bai apoyó parcialmente su peso sobre el hombro de Kay para impulsarse y alcanzar el saliente en el que Oliver se había refugiado. Para ello, primero aferró las manos a la dura roca y, después, dejó que sus brazos asumieran todo el esfuerzo de alzar su cuerpo. Mientras tanto, el tirador ya se había apartado en busca de su propio camino.
 
—Deberías descansar —insinuó al advertir el cansancio del birkiniano, al tiempo que se sacudía los restos de polvo y arenilla.

Entonces ocurrió algo que ni siquiera ella misma habría sido capaz de anticipar. El rostro de Bai se iluminó. ¿Le estaba ofreciendo parte de su tesoro? No estaba del todo segura pero, en sus ojos, se advertía una mueca de incredulidad.

—¿Harías eso por un desconocido? —su voz sonó precavida, como si no deseara revelar la emoción que la embargaba y que trataba de mantener a raya—. Kay, yo… estaría encantada de tener una copia.

Su mano se elevó para rozar el brazo del birkiniano pero, tan pronto como quedo sostenida en medio del aire, descubrió que la presencia del niño, en ese instante, la incomodaba. Así que, matar el acto y carraspear, decidió que haría otra cosa para disimular: tratar de orientarse. Y no, no es que poseyera un don como el que había tenido una de sus antiguas compañeras —ni tampoco una memoria eidética que le permitiera determinar con exactitud su posición—, pero, grosso modo, evocando vagamente el mapa, calculando distancias y, sobre todo, tomando el incendio como referencia, podría lograr hacerse una idea aproximada de cuánto trayecto les restaba hasta el ascensor y de por dónde podría encontrarse Zhang, si es que no se había visto obligado a detenerse por algún imprevisto.

—El cuenco no nace para estar vacío, ni el vaso para el placer estético —comentó de pronto la birkiniana, guardando luego silencio para permitir a Kay retomar la palabra.

—Lamentablemente, no concuerdo contigo en esto. Puede que el conocimiento nos vuelva propensos a la maldad, concepto que, si me lo permites, convendría discutir antes. Pero no por ello instrumentalizarlo es malo.

La voz de la joven, aunque serena y apacible, había adquirido una firmeza de un cariz difícil de definir sino como autoritario

—Si permites que tus deseos primarios te dominen, como bien has señalado, es cierto que puedes acabar retorciendo lo que sabes para someter la razón a tu voluntad. Pero no es más que eso: una posibilidad —hizo una breve pausa, durante la cual sus alas se desplegaron, como un pecho henchido de orgullo que busca conferir mayor peso a sus palabras del que en verdad poseen—. Mi propósito es muy distinto, si eso es lo que quieres saber. Deseo conocer el mundo, comprenderlo, emplear ese conocimiento en beneficio de todos y ser, en definitiva, el cuenco que nació para ser colmado.

—Confieso que no temo convertirme en esa clase de persona a la que otros tildan de demonio. ¿Justificaría el daño en nombre de un bien mayor? Sí. ¿Perjudicaría a unos en favor de otro tipo de beneficio? También. Quizá eso me convierta a mí misma en un instrumento, o quizá en una idealista… ¿pero no lo eres tú también? —sus alas se estremecieron, como si ella misma se hubiese creído hasta la médula su propio discurso—. En última instancia, la diferencia la marca la supervivencia. Lo que está ocurriendo podría ser un buen ejemplo…

Bai señaló la humareda.

—Supongamos que hubieras provocado este incendio. Si no quedara ningún superviviente, ni siquiera tú, el juicio moral quedaría fijado en el daño inmediato: incendiaste, mataste y no hubo más que pérdidas. Pero si sobrevives, ni siquiera será necesario que digas nada; el juicio no permanecerá anclado en el instante del incendio. El relato variará, aun cuando el hecho sea el mismo. Lo que intento decir, Kay, es que mientras…

¡Boom!

Un estallido de fuego la hizo tambalearse y dar varios pasos hacia atrás. Su mirada, vibrante y trémula, buscó al niño con avidez. Por suerte este no parecía haber sufrido daño alguno.

—¡Espera, Kay! —su voz se desvaneció casi al instante, cuando ambos jóvenes salieron disparados frente a ella.

Su lengua chasqueó.

Cerró los ojos con fuerza y, por un momento, el mundo se volvió oscuro; podía guiarse por el fuego y el humo, pero carecía de brújula y no sabía orientarse con precisión. Podía intentar seguir rastros, pero no era ninguna exploradora. Por otro lado, el niño y el erudito que avanzaban delante sí sabían hacia dónde se dirigían.

Tic.
Si se marchaba sola, con el viento que soplaba, la probabilidad de acabar rodeada por las llamas o extraviarse era elevada. Por el otro, si los seguía, perdería un tiempo valioso del que posiblemente se arrepentiría.
¿Cuánto vale una vida? ¿Cuál es la provabilidad por la que se arriesgaría?
Tac.

—Imbécil… —murmuró para sí, antes de lanzarse tras el dúo de birkinianos hacia dondequiera que se dirigiesen.

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Bai Mudan
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#12
En ocasiones, Zhang Guolao se recordaba a sí mismo la tarde en que perdió su ojo en aquel templo lejano. Ahora, en estas llanuras heladas de Drum, la sensación de la muerte a su alrededor, aunque difusa para su mala vista, le hacía agradecer no ver con claridad los detalles más crueles. Cuando el aliento se escapa del cuerpo, el mundo se vuelve un eco del vacio. 

El frío, era penetrante. El viejo burro gris sintió sus propias manos, grandes y peludas, y el latido, aunque aún un poco agitado, empezaba a calmarse. Percibió en sus patas, la sensación pegajosa y densa de la sangre coagulándose sobre su pelaje, un contraste grotesco con la palidez de la nieve. Sabía que sería muy difícil de limpiar. Por un instante, el viejo burro gris resopló con pesar, recordando otras noches, otros momentos donde la sangre dejaba huella.

Intentó limpiarse un poco, frotando su pelaje contra la nieve, pero el frío solo hacía que la sangre se endureciera más. En medio de ese esfuerzo, la pequeña voz de Shery, aunque temblorosa, resonó con una claridad en el silencio. "—Lord Zhang… us… usted… es es… tremendo? ¿Es un dios?...—" dijo la niña gyojin. Sus palabras sonaban tan huecas, tan llenas de una inocencia desesperada, que el viejo burro se preguntó si la pequeña realmente estaba en una biblioteca o en una prisión.

El viejo burro gris sintió el silencio de los perros, el olor de la sangre. Reflexionó sobre las palabras de la niña... ¿Sería él, entonces, un dios de esos que olvidan a los suyos, que los lastiman con su poder? ¿Un dios egoísta y mezquino? El viejo burro gris apretó sus dientes con fuerza, un sonido que se oyó sobre el viento.

—Hmmm... No, pequeña— Respondió Zhang Guolao, su voz era tranquila, mientras de su boca salía un aliento frío que se mezclaba con el aire helado. —Yo solo soy un ser que aprende cada día a vivir. Soy como una tormenta de nieve, o el viento helado... nada más. Los dioses, niña, son otra cosa... son los sueños y las esperanzas que llevamos en el corazón. Los dioses nunca serán algo tan vacío como...—

El viejo dejo de hacer uso de sus habilidades, dejando tras de sí un cansancio profundo. Respiro tras respiro, fue recuperándose. Escuchó el último deseo de uno de los Minks moribundos, que maldecía el camino del viejo, otro peso más a la procesión de la vida.

—Hmmm... Cada ser vivo busca su camino, incluso si ese camino, al final, solo lleva al dolor o la oscuridad — Susurró Zhang Guolao, sus palabras tranquilas, casi como el susurro de la nieve — Por ahora, descansa. Ya ha sido suficiente.—

Un poco después, un sonido seco alertó al burro. Sintió el impacto a través de la nieve, y el repentino silencio de la voz de la niña le dijo que Shery se había desplomado. Su corazón, que había latido con fuerza por la emoción, ahora estaba débil. Zhang podía determinar aquello con tanta facilidad. 

El viejo burro gris se acercó a ella. Sintió el temblor en el pequeño cuerpo de Shery, su piel escamosa estaba fría al tacto. Zhang Guolao había tomado una decisión, y no era momento para la duda.

—Hmmm... No podemos dejarte aquí, pequeña— dijo Zhang Guolao. La levantó con delicadeza, su gran cuerpo intentaba ofrecer un refugio contra la helada. El corazón de la niña latía débilmente contra su pecho peludo, pero el viejo burro gris sabía que se recuperaría. —Vamos a buscar al viejo Paca, ¿recuerdas por dónde era?— Zhang Guolao esperó la respuesta de la joven.

De este modo, el viejo burro gris comenzó a avanzar, buscando el rastro de aquel anciano, atento a su alrededor. Intentaba recuperar algo de sus fuerzas, sabiendo que no podía alejarse mucho de la biblioteca. Pronto se reuniría con su capitana. 

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Zhang Guolao
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#13
Caida Libre
 
Era una chica tremenda, ágil y voladora, Kai casi quedo embobado al ver cómo se alzaba a ella misma poco a poco emergiendo finalmente a la saliente. Oliver tuvo un espectáculo aún mejor, viéndola salir a la luz desde el vacío, alzándose como una diosa de la victoria con el sol detrás y sus alas repartiendo el perfume de su ser. Volcando todo tipo de ilusiones de gloria, poder y fe sobre el muchacho. —☼Quisiera descansar, pero si lo hago, no podre lucirme con usted… quedare como un pusilánime je je, además debo proteger a Oliver.☼— Menciono en su acento el que poco a poco Oliver comenzaba a entender un poco más, era un niño sumamente atento y acomedido en el aprendizaje.


Kai también intento ocultar su emoción al ver lo positivo de Bai, era algo increíble, era la primera que como él se emocionaba por tener esta pequeña bolsa de trucos, pues el libro contenía, aunque información no muy importante, mucha que era interesante y que requería muchos años de estudios para obtenerla, desde técnicas para acampar, métodos para coser heridas, uno que otro tip de carpintería y muchas letras de canciones. Entre otras cosas como herrería y técnicas de cultivo varias.
 
Kai se tocaba rascándose la barbilla, pensativo ante las palabras de la diosa de la guerra…su voz sonaba en su cabeza melosa, seductora, hermosa y radiante. Aunque no lo era en verdad. Sino solo amable. Oliver si enardecido quería verlos discutir, exponer sus puntos y como si el incendio no existiera parecían pasar un rato bastante agradable. —☼ Vaya, si que te gustan los cuencos… ósea ☼ … es decir… ay… Que tonto, dije que le gustaban los cuencos… ayúdame Oliver… — Dijo remeciéndole el brazo a Oliver —A mi me gustan los ☼Cuencos☼— Dijo burlón en el idioma de ambos ante el nerviosismo del tonto de Kai quien le remeció de los hombros… —Te voy a matar niño traidor!!! GRRRRRRrrrr— Sus ojos como llamas no creían lo que había dicho… ella toda sabia, autoritaria poderosa dio un discurso de verdad y sabiduría y el tarado se quedó con la idea de los cuencos.


Mientras continuo con su entrega de moral, o filosofía más que otra cosa, Kai saco una pluma de su falda y esta en su punta negra, comenzó a anotar algunas de las ideas y palabras de su amiga. —☼HO dios mío esto es oro puro. Bai… eres… increíble, eres… todo lo que he soñ… ☼— El estruendo rugió en el horizonte y todos con sudor frio comenzaron su vertiginosa carrera.

Oliver salto, cayo y rodo por el suelo levantándose de manera bonachona al lograr un gran salto… —jeje soy tremendo… Vamos Kai… tu turno esta vez no te salvare!!—, Kai detrás salto y en el aire vio una mancha blanca… feroz y llena de furia. Una patada… Oliver… —OLIVER!!!— Kai se lanzó hacia el cuerpo del niño que rodo por el suelo como un costal de papas desechado envuelto en sangre plumas y tierra. Casi cayo por el risco cuando Kai le alcanzo lanzándose en toda su extensión, apenas sus dedos alcanzaron su ropa y… ahí rugió ella… Lenna Katsuri la feroz el Alpha… —Miau…. Que tenemos aquí… perdedores buscando libros para vender?… rápido donde se fueron los que iban con ese niño?... habla o muere tu… ave de corral!! Como pasaste a mis Miks… debieron matar a todos esos viejos rancios.— Sus afiladas garras y su espada salió refulgente, espeluznante y amenazante de su vaina. —OLIVER… RESISTE… OLIVER!!!— Comenzaba a resbalarse el muchacho de sus dedos, pero entonces… suspiro larga y amargamente. —☼Descuida… lo protegeré… buscare la forma de subir y volveré a ti… lo prometo!!!☼— La solidez de sus palabras en la lengua muerta era palpable y ciertas como el acero mientras se deslizo y cayo junto a Oliver… mientras le abrazaba surcando el cielo con sus alas desplegadas.
 
Desde el risco se les pudo ver como el hombre agarro finalmente a Oliver inconsciente y entre sus brazos el Birkiniano se deslizo por las corrientes en una graciosa caída hacia el bosque… él tenía solo una cosa en mente Bai… Bai… Bai… Bai… acabar con los minks… y volver con ella para acabar con el gato de mierda. La furia en su mente no se agotaba aun cuando las brisas refrescantes caían bajo sus alas llevándolo muy atrás en el camino del bosque.
 
—No necesito saber nada más, a ese tonto lo mataran mis Minks… tienen toda la facha de ladrones de tumbas… vamos Lara… te enseñare que no es bueno quitarme las cosas de las manos.— Su espada giro sobre si misma en el aire y se enfundo confiada, sus manos se pusieron en guardia y a un sonoro MIAUUUUUU sus garras salieron de sus afelpadas manos y salió disparada para golpear a la señora de la guerra.
 
El golpe letal y cegador… tenso sus músculos y con violencia grito con una alegría propia de un asesino. El golpe recto como una verdadera artista… buscando la pierna derecha de la joven alada, certero y poderoso, haciendo que pierda el equilibrio busco conectar un segundo puñetazo en la otra pierna. 
 
Bala perdida
 
La filosofía de la vida y la muerte era ajena a estas criaturas, solo vivían para matar y morir en el intento. Eran crueles vacías y sin un objetivo, desdicha y mal augurio marcaron su nacimiento y nunca aspirarían a ser más que escoria. Pero, aun así, el regalo de la vida, aquel que se les dio cuando sus espíritus inundaron la carne de su creación, llego a su fin. Amargura lamento y algún que otro arrepentimiento fueron las pocas cosas que surgieron de sus primitivas mentes. Lamentable, la perdida de la vida es algo difícil de lidiar. Incluso si uno mismo es el victimario.  

Shery en su inocencia y cargada del pesar del frio, creyó que la parca helada venia por ella. Escucho arrebujada entre sus ropas el estruendo de la lucha mientras recibía una inusual tormenta que le calaba hasta los huesos mientras pensaba en lo que había dicho antes de que empezara el combate, de que no era un dios. Si, uno con la fuerza del rayo en sus manos. Con ella había destruido a los malos en un parpadeo y apenas sudando. Su aura solo justificada como divinidad en la semi dormida niña le parecía sublime.


Su aura se disipo por completo y el suave abrazo, cálido y con el aroma de una tormenta recién desatada y guardada se volvió a arrebujar, esta vez entre las ropas del anciano. La decisión de Zhang era la moralmente acertada, salvaría a dos personas retrocediendo, pero su capitana podría lidiar con el incendio?... parece que le tenía total confianza. Pero nada de eso. El señor de los relámpagos estaba siendo un esclavo de la moralidad. Un tonto… un despreocupado y descriteriado… un Héroe. —Lord Zhang… gracias por… no… abandonarme…— Una ultima risita emergió de su rostro cansado, agotado, casi durmiente para finalmente cerrar los ojos y descansar,
 
El disparo de advertencia… corto una rama en dos cerca de la cabeza de burro con la intención de que lo notara. —☼Deja a la niña en el suelo ahora… Asqueroso Mink… o te matare como a un perro.☼— El segundo no lo seria. Kai había llegado planeando cerca de Zhang y ocultando a Oliver en un árbol hueco vio como un Mink de aspecto peligroso con sangre en sus ropajes agarraba a una niña. Lenna… maldita… seguro ella quemo la biblioteca para robarles.
 
—☼TE MATARE MALDITA BESTIA!!!☼— Rugió en su lengua común al ver al cuerpo azulado y para el muerto de una niña en brazos de quien suponía era lacayo de Lenna el segundo disparo si iba con intención de matar, directo al cuerpo del Sabio del mar. El disparo penetrante, fulminante. Poderoso. Bai… acabare rápido con este para encontrarte y darte todo el conocimiento que tengo. Pensó caóticamente con el único objetivo de querer acabar con todo y volar rápido al encuentro de ella.
 
Shery azulada, sintió el disparo penetrando el cuerpo de Zhang, pero estaba tan helada, tan somnolienta que apenas se movió, apenas sintió el peligro y escuchado el disparo con el arma larga de Kai. Oliver estaba dentro de un árbol hueco casi a dos metros de altura. 

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#14
Bai observó la escena mientras descendía, provocando que la nieve del peñasco —virgen allí donde sus botas se posaban— se hundiera primero bajo su peso para, poco después, levantarse como polvo al que un leve soplido pretende arrancar del suelo.


¿Qué demonios estaba ocurriendo allí?

Oliver rodaba cuesta abajo, Kay se abalanzaba hacia el frente y una voz extranjera, tan forastera como ella misma, atravesaba el aire en aquel preciso instante; Bai torció el gesto al ver semejante espectáculo, transmutándolo en una mueca de desconcierto, pues, habiendo apenas aterrizado y encontrándose todavía con las rodillas flexionadas y el cuerpo encogido por el impacto, las palabras de la felina —a las que ahora prestaba atención— se escapaban por completo a su comprensión.

—¿Quién coño eres tú? —la pregunta surgió de entre sus labios apenas un instante antes de verla desenvainar la espada y extender las garras—. Así que es eso…

La mirada de la birkiniana descendió entonces hacia los machos de su especie. Agitó las alas, desplegándolas como músculos que acaban de desperezarse, y acto seguido llevó la diestra hasta el gavilán de su espada.

—Ve con cuidado, Kay.

Tras aquello, y aprovechando la verborrea de la gata, desenvainó el arma para apuntarle directamente al rostro.
—No entiendo una sola palabra de lo que estás diciendo —respondió mientras observaba a la otra hacer girar la espada—, pero la última vez que alguien intentó matarme acabó destrozado.

No debería haber fanfarroenado de aquella manera; quizá, de haber guardado silencio, habría podido reaccionar al ataque de la felina.

Su mandíbula se tensó.


Bai apenas alcanzó a percibir el olor metálico que brotaba de su pierna mientras un reguero de sangre fresca resbalaba por la cara interna de su muslo. Era espesa, tibia y pesada; sin embargo, conforme descendía empapando piel y tela, el frío terminaba por cristalizarla hasta precipitarla sobre la nieve como una diminuta lluvia de diamantes escarlata.

Apretó aún más la mandíbula. Sus dientes chirriaron y sus ojos descendieron hacia la herida; la carne le ardía, la zona palpitaba con violencia y su mente parecía incapaz de orbitar alrededor de otra cosa que no fuese aquel dolor brutal, aquella abertura recién desgarrada que no dejaba de expulsar sangre como una fruta madura reventada desde dentro. Sus pupilas se dilataron, trémulas, mientras el desconcierto se apoderaba de ella.

¿Y ahora qué?

Un suspiro violento surgió de su boca al tiempo que su pecho se agitaba con brusquedad. Le había pillado desprevenida.  Por fortuna, el peso de la inmensa espada que sostenía entre las manos le recordó que todavía conservaba una opción.

Sus ojos volvieron a ascender hasta la gata mientras un sudor helado comenzaba a formarse en su frente en forma de pequeñas gotas perladas. Apenas las separaba un metro. Respiró hondo, obligándose a pensar con claridad y, al advertir que todavía quedaba suficiente nieve alrededor del risco, decidió aprovecharla.

Así pues, barrió el suelo con el pie derecho, levantando una nube de nieve entre ambas y, acto seguido, agitó las alas con tal fuerza que pronto, aquella nube densa, se transformó en una pequeña tormenta de polvo de nieve que pronto salió despedida directamente hacia el torso y rostro de Lenna.

En aquel instante, aprovechando la distracción, dio un corto salto hacia delante mientras dirigía el filo hacia la guardia baja de la felina. El filo cortó el aire y, tan pronto como la estocó, sobre sus guantes y brazos, como una burbuja al estallar, un río caliente de sangre la empapó.

De pronto se oyó un sonido húmemedo, un «pop» seco y ahogado. Era la punta de la espada, saliendo con un desgarro irregular y exponiendo la carne ajena a la intemperie. Mientras tanto, su pecho continuaba moviéndose con dificultad por la pesadez del arma.

Si alguien hubiera mirado hacia abajo, hubiera podido percatarde de cómo los músculos de su pierna herida, apretados por el movimiento, dejaban escapar un chorro de sangre.

—Ugh —masculló levantando el arma con pesadez y sintiéndo cómo el cuerpo le pesaba.

Y es que, entre la sangre, el esfuerzo y la vibración que todavía sentía en su cabeza se le estaba dificultando actuar.

Su cuerpo se inclinó ligeramente hacia atrás y, de repente, el arma cayó sobre la cabeza de su enemiga.

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#15
Allí permanecieron, en el corazón de aquel bosque helado, como si el tiempo mismo hubiera decidido congelarse. La pequeña gyojin temblaba entre sus brazos; el frío, lejos de ser un enemigo, comenzaba a abrigarla con un manto letárgico mientras sus párpados cedían. No era lugar para el descanso. Zhang sabía que debía encontrar al viejo con urgencia.

Su experiencia le gritaba que se moviera, pero algo en su interior lo mantenía estático. Zhang tragó saliva, sintiendo cómo las últimas palabras de la niña taladraban su pecho con una fuerza. La permanencia era un concepto ajeno para él; como ermitaño errante, su vida consistía en dejar atrás historias que nunca habrían de repetirse.

Se limitó a sonreírle con ternura, pues no era el momento para las respuestas. Sin rastro del viejo y con la pequeña incapaz de guiarle, el ascenso hacia las cumbres del bosque de Drum se convertía en una tarea imposible. Volver con Bai era la única opción sensata.

Zhang se sacudió ligeramente, sintiendo un chispazo eléctrico recorrer su espina mientras sus huesos viejos crujían. Los animales, más sabios que los hombres, reaccionaron primero; ante el aroma familiar de la guerra, huyeron en todas direcciones.

Para Zhang, el aviso llegó en forma de plomo. El disparo de advertencia le rozó el rostro, erizando su pelaje gris ante la potencia del proyectil. Instintivamente, apretó el frágil cuerpo de la niña contra su pecho, cubriéndola con su propia robustez. Zhang maldijo en silencio; aquella tarde acababa de transmutar en un campo de batalla.

Prefirió callar. Nunca le habían gustado las armas de fuego, y mucho menos conversar con quien despreciaba la vida ajena. Apretó los dientes, conteniendo la réplica, mientras observaba el cuerpo de Shery: flaco, azulado, gélido. ¿Cómo es que una hija del mar terminaba atrapada en este infierno blanco?

Alzó un brazo libre, intentando frenar un conflicto innecesario que parecía nacido de un malentendido. Pero el segundo disparo no buscaba advertir. Aunque sus largas orejas de burro captaron el disparó al unísono, su cuerpo veterano no respondió. La bala impactó contra él con una potencia abrumadora.

Su escudo natural cedió y el impacto golpeó de lleno en su estómago, justo donde segundos antes descansaba la niña y un dolor penetrante le afectó. En ese instante, el corazón helado de Zhang comenzó a latir con una rabia que no sentía desde hacía muchas lunas. Pese al castigo recibido, la muralla no cayó. El cuerpo de Zhang no se inmutó; permaneció firme, imponente y sereno.

—Maldito —sentenció Zhang con una voz que pareció nacer del fondo de los infiernos.

En ese momento, Zhang activó su técnica:  Sople Blanco. De sus labios comenzó a brotar una niebla gélida y densa, una exhalación blanca que lo ocultó de inmediato de la vista del tirador. Aprovechando el desconcierto, Zhang con movimientos calculados y rápidos, se despojó de su abrigo, envolviendo con él a la pequeña para protegerla del clima.

Ante aquel manto blanco, el burro dejo a la pequeña contra un árbol, para que comenzara a recuperarse un poco. Mientras aquel medico, se giraba ante aquella amenaza inesperada. Zhang se movió a gran velocidad intentando cortar distancia, y poco a poco desapareció. 

Zhang permitió que su cuerpo se descompusiera en finos copos de nieve, y se fundió con el ambiente, deslizándose entre las ramas, moviéndose como un fantasma blanco en busca de su presa. 

De este modo, Zhang se mezclo con su técnica, para acercarse a su adversario a gran velocidad, una vez allí se transformaría de nuevo, para golpear la gran cabeza del ser alado, usando la fuerza de sus piernas, en ese impacto dual, intentando desorientarlo, para poder quitarle aquella arma.

Zhang bajo hasta su mano, y con fuerza abismal, la apretó con fuerza, aferrándose a ella, desde esa distancia, Zhang tenia las de ganar. — Que mierda crees que haces disparándole a una niña, malito seas tu y todos los que le hacen daño a estas personas.— Mientras flotaba en el aire, con la ayuda de su fruta. 


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#16
Un giro imprevisto

Prefirió pelear con garras, su hoja era muy delgada para enfrentarse a la monstruosa fuerza que parecía tener la espada de dos manos de la mujer alada. Cuanto odiaba esto, se había perdido al buscar a sus aliados los chacales. Ahora. Estaba en la cima del mundo encargándose de la escoria. Sus golpes duros y sus garras afiladas podían hacer retroceder a cualquiera… —Soy Lenna Katsuri… perra!!!... y no me importa quien seas… solo eres comida para gatos… Miau!!!, solo muérete ya!— Respondió groseramente con el pelo de la nuca a punto de erizársele.

—Descuide My Lady nos veremos pronto… cuídese usted también!!! Se que vencerá… comenzare a escribir su copia de mi libro!!!— Respondió con dulzura mientras planeaba hacia el bosque suavemente con el niño inconsciente en sus brazos no resistiría mucho tiempo pero sería suficiente para caer y no matarse en el intento.

Ella solo sonrió, maquiavélicamente, con el rostro torcido por el ansia de matar a un erudito… o eso pensaba que era ella. parte de este alzado y caído Conclave de las bestias. Una idea fantástica, fabulosa, consumiéndose en el fuego en el más lejano linde del bosque nevado usaba sus golpes con sus garras, unas garras entrenadas para no romperse. Para manchar de sangre todo, causando el efecto psicológico de una gran herida cuando en realidad solo eran rasguños, pero aun así lo mas critico era el golpe.

La sangre quiso meterse en su mente, colarse en ella y dominarla, no pudo evitar emitir un ronroneo de placer. —Piensas que es mi primer Baile?... Miau!!— Rugió cuando vio la nieve levantarse. Los movimientos de su enemiga eran rápidos y certeros con un foco y un objetivo, pero ella era más rápida. Y podía serlo aún más. Se cubrió la vista y salto sobre la cortina de nieve lanzada por la mujer alada mientras ella intentaba… que intentaba? —Prrr prrr prrr prrr a que le pegas cariño… al aire?...—

Parecía que el arma era muy pesada para ella, jadeando quizás por el golpe de la leopardo. Estaba aún aturdida o quizás el miedo le embargaba aún. La sangre escapo de si pierna un poco más y Lenna en el aire se saboreó… preparo las garras y echándolas atrás se preparó para girar sobre si misma en el aire y golpear con todo.

Lista sonriente y que… demonios… el golpe, el segundo de ella salió disparado desde arriba… el corte apenas pudo cubrirlo con su cuerpo, moviéndose como los felinos en el aire. Alcanzada por el corte ejecutado con maestría. La Mink cayo al suelo sangrando por primera vez desde que entrenaba siendo marine. Salió disparada por el aire… sus sentidos se retorcieron, el corte fue en la cabeza mientras intentaba girarse, no muy profundo, pero si en su brazo izquierdo… se contorsiono y cayo de patas. Arrastrándose un poco pero su ira no termino. —Estupi… da!!! Te matare!!! MIAU!!!— Sin darle descanso a la Valkiria salto rasante con la agilidad digna de un cazador entrenado y justo antes de llegar cerca de su adversaria poso su cabeza en el suelo uniendo sus manos y sus pies como un tornado giro furiosa contra ella el golpe letal, pero más letal el empuje provocado diez metros y golpeando tan duro que pudo sentir los huesos de su oponente. Cuando termino de girar, se quedó agazapada en el punto donde Bai estaba inicialmente cerrándole el paso mientras Bai se acercaba peligrosamente al borde del risco. —Esas alas… son frágiles?... te las quebrare pajarito… así caerás como todos los que me han enfrentado prrrr prrrr prrrr— Ronroneo finalmente. Clavando sus garras en el suelo.

Disparos a ciegas

La niña no se sentía de muerte, eso era claro, pero el frio le calaba los huesos, le obligaba a dormir, bajando su ritmo cardiaco, si hubiera sido cualquier otro estaría muerto. era la niña ideal para resistir el poderoso ataque del viejo Zhang. Pero… no aguantaría otro.

Kai no necesitaba mas indicaciones, este era uno de los perros de caza de la maldita leopardo que les ataco. Había ocultado al niño en el bosque, no quería que le estorbase, menos aún herido de gravedad por la tremenda patada sin medida que le propino, sus alas se agitaron durante el disparo de advertencia. Debía haberlo apuntado a la cabeza?... no… no era un asesino. Aunque lo gritara con ira y furia.

La nieve rugió, pasando entre los duelistas, la bala reboto sobre una piedra lanzando chispas al aire como si hubiera explotado en el cielo como fuegos artificiales. La concentración del alado era tremenda… algo… algo tenía en las manos, a esa distancia podía ver… era… ¿Una victima?... mierda había llegado tarde, el segundo disparo venia con más intensión.  Asesino… Maldito asesino de niños… quiso gritar, quiso sentenciar. Recargo una nueva bala a la máxima velocidad mientras estaba atento para posicionarse nuevamente. la clave de un buen tirador es conocer su punto de disparo. La ventisca entonces salió de la nada… el aleteo para disiparla, como si se llamasen por el pensamiento lo hizo al mismo tiempo que Bai preparaba su trampa, —Donde estas cobarde!!!— Se veía peligroso, era un erudito… reconoció de inmediato los poderes de frio de la akuma del hielo y desenfundo su arma… cargada con balas especiales. —Tch… … …— Retrocedió diez metros para no meterse en esa repentina ventisca. Su profesión era ser cazador de conocimiento… no ser ingenuo y tonto para meterse en una ventisca espesa repentina.

Aun así vio emerger al borde de la ventisca al Mink, evito el golpe —HOOO discúlpeme señor esclavista, no sabía que necesitaba a sus esclavos y sus cuerpos asesinados sin disparos… te matare burro estúpido!!— La confusión seguía escalando y Kai sentía que no podía perder el tiempo.

Un clic, apunto y disparo Disparo contra el rostro de La tormenta hecha bestia… dos disparos consecutivos. La explosión del primer disparo le hizo creer que moriría, el fuego le quemo la piel tan poderosamente pero no vio otra posibilidad, si no derrotaba a este Mink, iría tras de Bai. No lo permitiría.

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#17
El golpe había resultado certero a su manera pues, ciertamente, no había dado sobre el cáneo sino que había descendido sobre el hombro de su atacante. Y aún así no había estado del todo mal.

«Suficiente», pensó al ver el espasmo breve de la gata que la hizo contorsionar.

Entonces, aprovechando el breve espacio abierto, se tomó un instante para inspirar profundamente, exhalando después una pequeña nube de vaho blanquecino que pronto se deshizo en el gélido aire; sobre la punta de su nariz, a causa del abrupto contraste térmico, Bai sintió una curiosa sensación semejante a la punzada de una aguja. Entretanto, la punta de su espada descansaba orientada hacia el suelo, rozando apenas la nieve intacta, mientras el cuerpo de la gata se desplomaba.

Un par de mechones rebeldes descendieron frente a su rostro y una gota de sudor rodó lentamente por su sien.

En aquel instante, plenamente consciente de que debía aprovechar, la birkiniana apretó con fuerza ambas manos sobre el gavilán; bajo los guantes, sus nudillos habían adquirido una palidez enfermiza a causa de la presión que ejercía. Después, al verla intentar arrastrarse, Bai desplegó las alas y elevó la espada al mismo tiempo que los insultos de la felina atravesaban el aire.

Ante la amenaza, la birkiniana ya se había abalanzado sobre ella y, para cuando el maullido alcanzó sus oídos, la hoja descendía en un arco sibilante que terminó por hundirse de lleno en el costado derecho de la gata.
«Cruj».
Las costillas crujieron bajo el impacto de su arma y un chorro, rítmico y espumoso, brotó de la herida empapándole el pelaje a la mink.

Silencio.

Bai ni siquiera se dignó a hablar cuando, por un extraño capricho del destino, a causa del ángulo oblicuo del golpe, pudo contemplar cómo la piel se abría como mantequilla para transformarse en una masa de carne cruda y brillante, desplegándose ante sus ojos como una grotesca flor de primavera.

«Ahora», pensó al sentir la dureza del hueso imponerse frente a la fuerza del corte.

Y entonces, girando violentamente el torso y excediéndoe deliberadamente, utilizó la empuñadura como palanca para desgarrar todavía más —si es que era posible— la herida. sin embargo, al hacerlo, por la propia fuerza del ataque, Bai se desplazó hacia adelante y Lenna salió en dirección contraria.

Estaba cabreada.
La biblioteca se estaba quemando y aquella gata lo único que hacía era retrasarla.

—Chst —chistó consciente de que lo único que le quedaba era terminar rápido.

Bai se recolocó y, pivotando sobre el pie derecho, quedó orientada directamente hacia la desconocida. Acto seguido, deslizó las manos por la empuñadura, afianzando la diestra mientras la zurda descendía hasta el extremo del mango, y, tras impulsarse hacia delante de un salto... «Fsssh». Blandió el filo en un tajo descendente en diagonal dirigido contra el torso de la muchacha.


Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
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Vicios
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#18
Oculto entre la niebla, Zhang Guolao se movió a su máxima velocidad buscando emboscar al hombre alado. Ahora, más que un Mink, era una nube blanca que deambulaba por aquel bosque helado.

Aquella niebla espesa no le afectaba; su cuerpo blanco se desplazaba con rapidez. Zhang se percató del salto del hombre, quien, con un movimiento experimentado, se alejó precavido de su "ataque". Aun así, pese a estar prevenido, no había forma de que lograra ver lo que sucedía dentro de esa bruma. Sin embargo, al salir de su refugio, el contrincante consiguió reaccionar a su presencia.

El ataque de Zhang había fallado; el enemigo ya no estaba en ese lugar. Maldijo para sí mismo... "¡HOOO discúlpeme señor esclavista", el alado comenzó a hablar, delatando su posición mientras empuñaba su arma.

Su cuerpo emblanqueció en un respiro. Activó su técnica mientras aquel hombre soltaba su breve discurso... Era una habilidad perfeccionada con los años: su cuerpo se endureció en un instante. Zhang utilizó todo su poder para concentrarlo en ese preciso momento.

El fuego lo cubrió. Pese a llevar su armadura de nieve, el dolor se hizo presente en todo su rostro; un impacto, luego el otro... Y sin embargo, Zhang no se movió. No se inmutó.

El fuego desapareció en un segundo. Para entonces, el cuerpo de Zhang ya brillaba con un tono eléctrico y avanzaba directo hacia el alado para contraatacar. Estaba a solo cinco metros y su cuerpo se trasformo en nieve, para dominar el entorno. Recortó el camino a máxima velocidad, acercándose para propinarle dos golpes, esta vez dirigidos a la cabeza del gigante alado.
Uno, dos puños. Zhang emanaba un frío intenso; buscaba terminar con esto pronto, Zhang no espero, y aprovechando la cercanía al rostro de su adversario, le agarro la cara con ambas manos, intentando tapar su boca y nariz con ellas, y así congelarlas al instante, mientras se aferraba a su rostro con fuerza, intentando lastimarle, Zhang desactivo sus técnicas, ya había recortado el camino que necesitaba.
  — Donde esta Lenna Maldito, acabare con todos.— Dijo el burro, jadeando... Se estaba cansando de esta batalla. Apretó con mas fuerza el rostro del alado.  

Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
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#19
Tifón de garras y Acero

Esto le encantaba, la violencia, la sangre, pero hey… derramarla no que la derramaran de ella, era si ignorante en cuanto a recibir castigo, se sentía plena luchando y dañando… miro a la guerrera. Si… era un trofeo vencerla. Gigantesca y poderosa… su batalla seria recordada y se llevaría sus plumas para hacerse una capa 

Intento recuperarse mientras hablaba, mientras divagaba, en su desvarío, vio moverse nuevamente a la gigantesca diosa de los cielos. Su sonrisa y su maullido se termino cuando ella ataco. Su confusión no le permitió enhebrar palabras suficientemente poderosas para detener a su contrincante y solo pago el precio. No era nada mas que una brabucona… —AARRGGGG…. Paloma de meir,… aaaggghhhh… — Lenna sintió el dolor serrante en el ataque de su enemiga, aquella que le robaría su botín y seguro defendía a esos estúpidos eruditos. El dolor era penetrante… intoxicante… mierda era… demasiado hermoso… cayo de espaldas… rodo por el suelo, el segundo ataque era tan o mas terrible que el primero. Demasiado poderoso como para ser contrarrestado.  Jadeante, sangrante no comprendía como era que le había dado… pero estaba ahora mas emperrada que antes… —Mira… te mostrare como pelea una maestra… MIAU!!— Había sacado su espada nuevamente antes de comenzar a hablar… y la puso frente a la vista de Bai… el golpe final de Bai la había desplazado fuera de su alcance. Esa maldita espada era peligrosa… —Mi espada… no es una como tal. Mira su filo… Prrr Prrr— La posiciono en su antebrazo y el brillo era extraño… no… no tenia filo. Era una especie de espada de entrenamiento, vieja y sin filo. Lenna la usaba como escudo.

Toco el suelo con sus dedos y se lanzo con toda su velocidad… una velocidad cegadora. La distancia a sortear de dos metros, no fue nada mas que un parpadeo cegador… aunque su cabeza aun estaba abombada no le detendría… justo antes de llegar su salto fue alto, pero tan rápido como un misil. Se precipito hacia Bai con ira. El golpe. Un cabezazo directo en su cráneo con la esperanza de partírselo. Cuando cayo al suelo después de darlo, sintió que incluso su propia cabeza casi se le fracturaba. su trayectoria de cabeza continuo hacia el suelo, como si fuera un meteorito, y cuando la cabeza de Lenna estuvo en el suelo, sus manos y sus piernas realizaron un movimiento súper loco, comenzó a girar como un verdadero tifón de acero. Giro tan rápido que parecía que el cabezazo y el golpe del giro golpearon al mismo tiempo. Empujándole hacia atrás con violencia. La sangre, las ansias, la carne, el dolor y la emoción del combate se materializaban en ella con fuerza y peor. Vencería… matar a todos los testigos de que inicio el incendio era clave. 

Posterior a aterrizar, Lenna se mantiene de pie frente a Bai con el antebrazo frente a ella. preparada para matarla y continuar con su cruzada de muerte. aunque sangraba, su dolor le hacia sentir viva., esbozando una risa sádica y que sin duda pedia sangre. 

Contenido Oculto


Contra fuego y marea

Esto estaba mal, no podía verlo, pero era básico. No meterse en la trampa del enemigo, no meterse en humo, oscuridad o neblinas, tampoco en tormentas repentinas. Quien, hacia eso, mejor meterse en el fuego apenas lo ve. Era tonto. Pero, aunque era un maestro de la teoría, no era experto en el combate. Pues hablaba demasiado, había espacios fáciles de aprovechar y cada palabra delataba su posición. Si tan solo se mantuviera huyendo y disparando podría tener oportunidad contra el mink asesino.

¿Mierda eso era nieve?... se transformó en eso? ¿En serio?... mierda quien era esta maldita Lenna que tenia el poder de contratar a estos asesinos tan hábiles. Los ojos de Kai se movieron hasta el árbol cercano mientras el ambiente se inundaba del poder de los relámpagos, la herencia de poder de aquellos que se alimentaban de leche y nacían enfundados en formas animales. Eran verdaderos agentes de la furia elemental. Necesitaba ubicar el árbol donde estaba Oliver, si el daño de este animal causaba mas daños en área podría dañarlo. No podía permitirlo. Necesitaba llevarlo dentro del bosque.

Quiso quitárselo de encima. Mierda!!! Estaba muy cerca… desenfundo su otra arma y apunto mientras su rifle cayó al suelo Un poderoso golpe… pajaritos, nubes y camarones… todos girando a su alrededor… otro… mierda el dolor le confundió tanto que pensó que estaba en un sueño. Un sueño cargado de amargura y de libros que le caían encima en una biblioteca inmensa mientras se le helaba la cabeza, la escarcha y el entumecimiento le corono el rostro con esto. Pero no se rendiría. No señor.

El apriete lo vio encima, si lo atrapaba estaba muerto... hijo de puta. El animal le preguntaba por su jefa. Seguro quería reunirse con ella. Pero no podía permitir que estos malditos asesinos hicieran lo que quisieran. El hielo le cortaba la garganta, le desgarraba la cara, la nariz y… mierda… ¡¡¡MIERDA!!! ¡¡¡BAI… OLIVER!!! Apretó los dientes y con velocidad hablo cuando la técnica de velocidad del Mink se termino…  Disparo dos veces contra el enemigo las explosiones de sus revólveres no le cegaron pensando que había ganado. Debo alejarme o me matara!! le carcomía la mente. Asesino!! debo volver con ella debo cumplir mi objetivo, no me vencerás. No causaras mas dolor, no volverás con tu ama Malvado caerás!! debía detener a aquel que seguro aunque sea un burro, se alimentaba de carne de niños a pesar de su vida. su determinacion?... infinita.

Play Me!
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#20
Podía sentirla deslizándose por su frente; espesa, tibia y gelatinosa;  Bai parpadeó. El ojo izquierdo se tiñó de una mancha carmesí y turbia que le emborronó parcialmente la visión.

Todo giraba.

El zumbido en sus oídos era insoportable y aquel dolor infernal latiéndole dentro del cráneo le impedía pensar con claridad. Ni siquiera había visto venir el golpe. Había sido demasiado lenta. Tan lenta como aquel instante grotesco en el que, tras separarse la carne bajo el impacto, el hueso blanco de su frente llegó a revelarse fugazmente antes de quedar sepultado bajo el torrente de sangre.

—Chst —volvió a chistar mientras el informe y sucio moco descendía por su cabello, transmutando el blanco en rojo.

La sangre brotaba a borbotones con un olor metálico que inundaba sus fosas nasales.

Entonces, una gota resbaló hasta sus labios. Y el mundo pareció ensordecer.

Sus piernas se anclaron al suelo, sosteniendo todavía aquella postura erguida y desafiante. Pero sus manos… sus manos eran otra historia. Intentó golpearla. Jurando haber intentado detener aquel tifón que le hacía crujir las costillas, pero le fue imposible.
Lenna era infinitamente más rápida.
Así, su brazo izquierdo quedó suspendido en mitad del movimiento; un a medio gesto, tan vano como inútil, que pretendía proteger el abdomen.

«Cof».

La mano enguantada se hundió en el pelaje endurecido de su abrigo, escarchado por el ambiente gélido, intentando sofocar parte del dolor que le quemaba el cuerpo.
Contenido Oculto


«Cof, cof».

El ataque de tos no parecía querer cesar; su pecho apenas se movía, conteniendo una respiración que la dañaba con cada expansión de su tórax.

«Ploc».

El filo de la espada bajó de golpe hacia el suelo y sus ojos vibraron como si acabaran de comprender algo.

«Ploc».

Por la mejilla, un riachuelo serpenteante marcaba su rostro hasta caer al suelo.

«Ploc».

Todo su cuerpo ardía. Desde su pierna maltrecha hasta su cabeza. Y lo peor era que, si no lo paraba, se iba a desangrar.

—Mierda... Seguía aturdida, tan aturdida que apenas podía ver a Lenna frente a ella, parada a la distancia, cuando su cuerpo se desestabilizó fruto de la pérdida de sangre.

Dio un paso para atrás buscando recuperar el equilibrio, inconsciente del peligroso risco al que se acercaba. Levantó la espada con la izquierda, temblorosa por el dolor, y volvió a apuntar a la gata al tiempo que emulaba una risa con el espasmódico movimiento de sus hombros y sonido de su respiración.

—Admiro tu confianza —soltó casi al tiempo que su pierna herida flaqueaba y su mano, inconscientemente, bajaba hasta el muslo.

«Ploc».
Contenido Oculto


—Pero... — añadió tratando de recomponerse –¿Sabes qué es lo más triste? —preguntó, intentando inhalar con calma al tiempo que se limpiaba el mentón—. Que alguien como tú... —dijo, soltando un corto soplido por la nariz. —Jamás me derribará —sentenció antes de volver a empuñar el arma con dos manos y dar un paso atrás para recolocar la postura de sus pies.
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Bai Mudan
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