[Pasado] El Bar que se mece en el océano
#11
Cuando me senté pude notar la incisiva mirada de aquél tipo taladrándome. Que pesadez, no captó que no quería hablar con él directamente, y tenía pinta de que era precisamente lo que iba a pretender él. Solo en ese momento que lo comprendí me quedé mirándole, esa cara, tan aparentemente perfecta, rasgos suaves. Este tipo no sabía lo que era el sufrimiento, esa sonrisa solo indicaba que no tenía ni la más remota idea de lo que era una verdadera vida de dolor y desesperación. No entendía ni siquiera un mínimo lo que significaba la vida, un pijo de esa calaña jamás me caería bien sin lugar a dudas.

Con esa asquerosa sonrisa soltó un comentario devolviendo mi ataque verbal hacia su persona, al parecer inquirió que no me veía mejor que aquellos piratas escandalosos que se encontraban armando tal tremendo alboroto, tal vez se pensaba que me importaba algo las palabras que un pobre pijo ignorante pudiera decirme, mi anterior comentario tan solo iba destinado a hacerle sentir incómodo y tratar que se marchase, pero parecía que había dado lugar a una pequeña disputa o combate verbal, por lo menos esos confrontamientos no me suponen problemas mayores. Aunque eso no signifique que se me den mejor.

Estaba a punto de responderle con otro comentario bastante sarcástico, pero se adelantó con unas palabras que, debo reconocer, me sorprendieron. Al contrario de continuar aquella disputa, tan solo pareció halagar mi arrojo al saltar de esa forma directamente, también dijo que estaría dispuesto a olvidar lo ocurrido. No le di mayor importancia, tampoco quería ni siquiera un duelo verbal con él, principalmente por que me daba pereza, y en segundo lugar por que había cosas más importantes de las que estar atento en aquél lugar, nada de ahí me daba buena espina, además que Legan ya se había puesto a responderle, les dejaría a ellos hablar, que se nota que les gusta más. Después de aquello inquirió de una forma bastante lógica que no ocurrirá nada, solo quieren darse a conocer esos estúpidos ruidosos, los cuales no hacían más que tentar a los marines, uno de ellos estaba en estos momentos encima de la mesa a grito pelado narrando cómo le cortó la oreja a un perro marine, tan solo para observar la reacción del otro grupo confrontado. Por suerte los responsables del restaurante le hicieron bajar de donde estaban sus jarras de cerveza.

No tardó mucho aquella mujer en volver a traernos lo servido. Al pijo le trajo un plato lleno de fruta con algún tipo de salsa roja, no me lo esperaba, me habría esperado algún tipo de chuletón o algo más cárnico que denotase un mayor poder adquisitivo, pues este tipo de gente tan solo quiere que se sepa cuán ricos son, y suele ser una forma de demostrarlo sin decir absolutamente nada, en cambio había pedido un playo bastante sencillo y humilde, no me cuadraba nada con el tipo de persona que se le veía. También le posó un pequeño vaso y a mí una jarra casi del mismo tamaño que la de Legan. Miré de reojo a la mujer, al parecer me había entendido que le pedía exactamente lo mismo, y no tengo ningún problema, pero eso tardaré en bebermelo, no tengo tanto cuerpo como el cornudo aquí a mi lado sentado. Procedí a tomar un trago mientras este hombre volvía a hablar. ¡Dios santo! ¿Puede dejar de ser tan pesado? Solo le gusta hablar y hablar, tal ves en una especie de declaración de intenciones donde dice formas correctas de subir la recompensa a tu cabeza por parte del gobierno mundial. ¿Por qué iba a querer alguien eso? Tan solo provoca convertirte en el objetivo de muchas personas, y de ser así, adiós tranquilidad.

Legan y aquél tipo, cuyo nombre ni sabía ni me importaba lo más mínimo parecían mantener una conversación, el cornudo estaba a cada rato riéndose, intentando cogerme desprevenido para hacerme saltar o tratar de que me riese yo también, el pobre parecía que todavía no había comprendido que esas cosas no eran para mí. De hecho desde mi punto de vista se le veía bastante patético, pero no se le puede culpar, se le ve una persona bastante feliz. En serio, ¿qué hago navegando con una persona como él?

Estaba pegando otro trago cuando una voz a mis espaldas nos interrumpió la tranquilidad de nuevo, una voz que se me antojó bastante molesta, más incluso que la del pijo que estaba pegando un bocado en estos momentos, se nos presentó como un tal "Peche nosequé boquerón". No le di importancia, de hecho ni siquiera le miré, pero estaba empezando a cansarme, esto parecía la mesa de las reuniones, y comenzaba a ponerme nervioso, miré de reojo a Legan, este estaba observando al tipo, me giré un instante hacia él y era otro gyojin. ¿Tal vez algún compañero de aquella mujer? Tendría más sentido si fuese así por lo que ya había pensado antes, nunca suele haber un solo gyojin a solas, o al menos eso había escuchado siempre. El racismo que siempre se ha tenido por su especie les ha llevado a tomar siempre esas medidas preventivas.

El calamar detrás de mí no paraba de hablar de su vida, como si nos importase, me volví a girar, dándole la espalda, mostrándole que no me importaba absolutamente nada, me quedé mirando a la mujer gyojin que estaba al otro lado, se le veía actuar igual que todo el tiempo. Legan volvía a hacer de las suyas, haciendo el payaso nuevamente, aunque parecía que esta vez estaba asombrado de verdad. También pude notar que al pijo le cambiaba la cara conforme el pulpo andante iba hablando, parecía mostrar unos claros síntomas de enfado.

El gyojin volvió a presentarse e hizo una pregunta, ante la cual el trajeado se levantó adelantándose a todos y comenzó a decirle unas cosas bastante curiosas, no pensé que llegaría a pensar eso, pero estaba diciendo en parte lo que yo mismo querría transmitirle, nadie le había preguntado nada y ese calamar había venido a molestarnos y a presentarse por que si con un sermón que, francamente, a nadie le importaba. Aunque tal vez incluso se había pasado, había resultado más agresivo de lo esperado. Tal vez es eso a lo que se refieren cuando hablan de racismo incontrolable hacia alguien, aunque tampoco me importaba.

Pero tal vez tenía algún tipo de defecto auditivo aquél calamar, no solamente pareció ignorar lo que le habían dicho, sino que siguió hablando, finalmente le tendió una hoja en blanco al trajeado y se marchó. Por un momento le agradecí al racista sus palabras, había conseguido que se fuera de ahí el pulpo. Me quedé mirándole, efectivamente iba hacia la otra Gyojin, debían de conocerse, me dispuse a pegar otro trago de mi gran jarra a la vez que Legan preguntaba si era alguien conocido.

-Ni lo se, ni me importa. -Dije tajante.

Me quedé observando la escena, cuando se aproximó a la mesa de la otra gyojin fue rechazado también, lo cual me resultó curioso, pude ver una rostro extraño en aquella mujer. Me dejó pensando, aquella chica tenía todo el rato una extraña sonrisa en el rostro, pero no se le veía feliz. Feliz estaba mi madre, cuando se la llevaban, sabiendo que no me habían encontrado.

Llevé mi mano derecha a la cabeza, solo de recordar aquella escena me invadió un ligero dolor de cabeza. Era incapaz de perdonarme por no haber intentado nada a tiempo, debí de haber salido y ayudarla a escapar de aquellos desgraciados que se la llevaron. Todavía no sabía absolutamente nada de ella, no había logrado encontrar a ningún esclavista por ninguna parte ni sabía nada de ellos ni como buscarlos. ¿Por qué había venido a mí esos recuerdos ahora? Traté de no darle importancia.

Legan entonces soltó otra frase, inquiriendo si todos los gyojin eran así. Debo admitir que es el segundo en mi vida que conozco, y el que mejor impresión me ha dado hasta ahora. Con la mirada puesta en aquella gyojin no respondí a Legan, no obstante una pregunta rondaba mi mente, y necesitaba confirmación.

-Es extraño. Se supone que nunca van solos. Pero el pulpo y esa no se parecen conocer. ¿No lo veis extraño?

Me quedé mirando la escena, el pulpo se dirigía hacia la salida, los piratas seguían a lo suyo y la mujer gyojin con aquél tipo seguían quietos como si nada.
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#12
¿Era correcto hablar de un hombre para referirme a aquella criatura tan amorfa que parecía diseñada por la pesadilla de un chiquillo?

El octópodo no paraba de comentar una serie de frases inconexas, sin sentido de ningún tipo, y casi comencé a pensar que se trataba de algún tipo de derrame cerebral que estaba sufriendo…

Pero no, solamente era subnormal, porque tras toda su verborrea fútil y discordante, tendió una hoja en blanco de libreta, arrancada de manera precipitada y con un comentario ególatra

- “¿Un autógrafo?”- pensé, torciendo aún más mi gesto y apretando la mano en el mango de mi arma mientras el gyojin dejaba caer esta sobre la mesa.

En serio… ¿Qué clase de deficiencia mental tenía aquel antropomórfico pulpo?
No tardó en irse finalmente, comprendiendo que allí no iba a obtener nada, y fue a incordiar precisamente al emplazamiento de su camarada de branquias, la mujer gyojin de actitud coqueta.

Traté entonces de relajarme, tomándome un par de segundos de respiración más controlada, y aflojé finalmente la presión sobre el mango del látigo. Volví entonces a sentarme en mi asiento, ahora recostado algo menos elegantemente sobre el respaldo.

- “Pero… ¿Es alguien conocido?” - preguntó intrigado el semioni, en un gesto de genuina duda.
--“Ni lo sé, ni me importa”- sentenció el hombre de aspecto descuidado, sincero y bebiendo de su jarra, con desasosiego de algún tipo.

Fui a contestar, pero quedé enmudecido cuando el desavenido ser abisal decidió entonces probar suerte hablando directamente con uno de los encargados del Barolé, ya que, si bien es cierto que algo había farfullado acerca de trabajar allí dicho ser, no me molesté en escucharlo atentamente.
Craso error, pues en cuestión de apenas un minuto, fue rechazado y obligado a abandonar el local por el bienestar de los clientes.

- “¿Se puede saber qué ha pasado? ¿Son así todos los gyojins? No he entendido nada de lo que acaba de pasar”- concluyó el hombre de los cuernos, Legan, para quitar algo de hierro al asunto que había acabado de acontecer.
- “Es extraño. Se supone que nunca van solos. Pero el pulpo y esa no se parecen conocer. ¿No lo veis extraño?” – replicó el joven de sombrío aspecto.

Mientras los escuchaba, di un par de bocados con un tenedor a varias partes de la mezcolanza de frutas que a veces aderezaba con salsa. Curiosa y encantadora mezcla de texturas y contrastes de sabor, donde el dulzor y el picante sobresalían en una fusión excelsa.

Hice un gesto de que lo probaran, indicándoles con un gesto simple como habían traído más tenedores que se encontraban bajo el plato, algo escondidos por la angostura de la mesa y lo poblada de vasos y platos que estaba.

-“En realidad, los gyojin son animales de costumbres”- comenté de manera tranquila –“Son un recurso muy utilizado en los ambientes de las subastas humanas, y por ello siempre suelen ir con mil ojos… pero parece que hemos dado con un caso especial… insultantemente hablando, claro”- proseguí, mientras alzaba la mano y pedía con un gesto rápido una bebida réplica de la que mi compañero de comida estaba probando.

- “Un millón de berries cada uno, ese suele ser su precio de salida al mercado en las casas de subastas, si no recuerdo mal” – finalicé con un gesto pensativo.
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#13
Mihasy respondió rápido a mi pregunta, pero al parecer tampoco sabía mucho de estos seres, no obstante, aportó un rayo de luz en mis pobres conocimientos al respecto explicándome que nunca van solos.
- Si eso es así, puede que vaya solo por dos motivos. O es alguien sumamente estúpido, o confía mucho en su fuerza. – Contesté riendo un poco justo antes de dar un pequeño trago. – Siendo así es una pena, me hubiese gustado medirme en combate con él, así aprendería a luchar contra un gyojin calamar.

Mihasy ya me había conocido y sabía de mi debilidad por los combates contra rivales fuertes. No era una obsesión, sin embargo, si podía tener ocasión de librar un combate lo haría. Siempre que no sea a muerte o tenga consecuencias negativas, obvio. Para tener un combate en esas condiciones la situación debería requerirlo con creces.
-Es extraño. Se supone que nunca van solos. Pero el pulpo y esa no se parecen conocer. ¿No lo veis extraño? - Comentó Mihasy compartiendo su inquietud al respecto.

Me quedé mirando la escena, el pulpo se dirigía hacia la salida, los piratas seguían a lo suyo y la mujer gyojin con aquél tipo seguían quietos como si nada.


Observé entonces que Blackmore nos ofrecía de su plato para probarlo con un simple gesto, dejándonos ver unos tenedores que se encontraban bajo el plato. Con una amplia sonrisa cogí uno y probé un poco de su plato.
- ¡Gracias Terence! Lo cierto es que me genera curiosidad esto que te has pedido. – Le dije con gratitud al tiempo que llevaba un trozo a mi boca.

Nada más probarlo quedé sorprendido por la curiosa mezcla de sabores, era un contraste bastante llamativo. No era algo que pediría a menudo, sin embargo sí me gustó mucho probarlo para conocer su sabor. En cuanto a mis preferencias, yo era alguien básico, siempre escogía lo que sabía que me gustaba. No obstante, nunca me he cerrado a probar cosas nuevas, un nuevo sabor puede ser el inicio de una costumbre en mis solicitudes gastronómicas en los restaurantes.

- En realidad, los gyojin son animales de costumbres – Comentó Terence con naturalidad. Era evidente que sabía más del mundo actuar y las razas que habitan en él que yo, así que me aportaba mucho cuando explicaba algo. Sin embargo, la continuación de sus palabras me sorprendió bastante.

- Son un recurso muy utilizado en los ambientes de las subastas humanas, y por ello siempre suelen ir con mil ojos… pero parece que hemos dado con un caso especial… insultantemente hablando, claro– Exclamó con total naturalidad mientras se disponía a pedir a la camarera una bebida como la nuestra. – Un millón de berries cada uno, ese suele ser su precio de salida al mercado en las casas de subastas, si no recuerdo mal.

La declaración que acababa de hacer me sorprendió y me desagradó bastante. Tanto como para ponerme serio por primera vez desde que nos reunimos en aquel lugar. Miré fijo a Terence comenzando a hablar con un tono de voz más serio.
- No puedo creer que exista un mercado de esclavos así. Es la más absoluta privatización de libertad que he oído jamás. Nadie debería poder vetar así como así la libertad de nadie. – Me incorporé un poco sobre mi asiento y suspiré levemente pensando mis palabras antes de decirlas. – Puedo entender que se le prive a alguien de su libertad cuando ha abusado de la suya dañando a otras personas, lugares, etc. Es un castigo justo. Pero de ahí a comercializar con la vida de otras personas me parece un acto que está fuera de toda nobleza, carácter o valor. Es la clase de piratas que odio, basura que sólo tiene basura en su cabeza. ¿Acaso no eres capaz de lograr tus objetivos y tus sueños sin usar la vida de otros?

Me bebí el resto de mi vaso de golpe para dar tiempo a que mis palabras reposasen en las mentes de mis acompañantes y bajé la mano para golpear la mesa con la culata del vaso, pero sin llegar a romperlo.
- Ansío ser el hombre más libre del mundo, pero no a costa de la libertad de otros, valgo mucho más que eso. 

Lo cierto es que me había calentado con el asunto, la libertad era un ideal que tenía dentro de mí, era mi mayor sueño. El libro del capitán Legan Legim no había reflejado nunca que cortase la libertad de nadie para llegar hasta donde llegó, y yo no iba a ser menos. Mi nombre quedaría grabado en la historia, pero no a cualquier costo.

Me quedé un poco pensativo durante unos segundos hasta que caí en Blackmore. Él había sacado a relucir ese asunto, y sin duda él sabía moverse por este mundo mejor que yo. Desde luego necesitaba saber su punto en todo este asunto antes de continuar.
- Terence Blackmore, ¿Cuál es tu punto en este asunto? ¿Qué opinión te merece?. -Le pregunté directo, esperando de él una respuesta también directa.
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#14
Todo seguía igual, el tipo de traje bebía de su vaso, Legan empinaba el codo, y yo miraba la escena ajena a la mesa. El pulpo salió del restaurante tras ser expulsado directamente por los miembros del personal del mismo, la gyojin se había quedado mirándole, de pronto parecía que soltó una mueca de desesperanza, no obstante su compañero le lanzó una fugaz mirada y esta volvió a sonreír como si nada estuviera ocurriendo. Pegué otro trago a mi jarra mientras me quedaba observando, nuestras miradas se cruzaron por unos instantes, había algo extraño allí, se notaba.

El pijo ese ofreció a Legan, y a mí, un bocado de su plato, sin decir una palabra alterné la mirada entre ambos y negué con la cabeza, no me apetecía nada más, la verdad, sentía que se me cerraba el estómago y no terminaba de comprender muy bien el por qué. Tal vez la gran cantidad de gente, tal vez que un desconocido esté aquí a mi lado hablándome como si me conociese de toda la vida, tal vez la interacción de aquél pulpo. Tal vez la extraña sensación que sentía al ver esa gyojin. Fuera lo que fuese, había perdido el apetito por completo. Aunque el cornudo si que lo probó, y parecía que estaba bastante bueno. O bien éste tenía el gusto atrofiado, o el tipo de traje tenía muy buen gusto, lo cierto es que no sentía ni ganas ni necesidad de comprobarlo.

Tras ofrecernos comida cogió un poco él, lo mastico con tranquilidad y se puso a hablar, mas sus palabras no decían nada bueno. Comenzó diciendo que los gyojin son animales de costumbres, lo cual ya me resultó curioso, un gyojin es considerada una raza humanoide, no son animales como tal, que se trata de seres irracionales sin inteligencia alguna. Esas palabras me llamaron bastante la atención, lo que provocó que, por primera vez, me quedara mirando a ese tipo fijamente. Acto seguido inquirió que eran unos seres que solo servían como moneda de cambio en subastas, que se utilizan mucho. ¿Acaso estaba inquiriendo que eran presa de esclavistas? Y lo mejor de todo; ¿Cómo diablos sabía eso?

No contento con todo aquello, dio más detalles, incluso dijo el precio al que solía ascender la vida de un gyojin, presuntamente, como esclavo. Lo peor de todo, es que aquella retahíla la soltó sin tapujos, como si fuera lo más normal del mundo ¿De dónde diablos había salido este tipo? No me gustaba ni un pelo esa forma de comportarse, hablaba de aquella raza como moneda de cambio, como esclavos, era como si él mismo se dedicase a eso, como si estuviera dentro del mundo de los esclavistas. Posiblemente había conseguido encontrar a uno de ellos, y tal vez aquél otro tipo lo fuera también. Primero me aseguraría de este hombre, a quien Legan había llamado "Terence", debía ser su nombre, al fin y al cabo no estaba todavía dentro del restaurante cuando se conocieron.

Me quedé mirando a éste directa y fijamente, había logrado llamar mi atención, y no me importaba en lo absoluto que se diese cuenta. Por un momento pensé en aproximarme a él, pero no quería levantar sospechas. Todavía no sabía en quien podía confiar, y había demasiada gente allí dentro. Pude darme cuenta de que Legan dejó de hacer el tonto y de poner esa expresión de despreocupación, era como si hubieran tocado alguna fibra sensible para él también. Por primera vez desde que lo conocía, se puso completamente serio, algo que también me llamó la atención. Cada vez me daba más mala espina este hombre llamado Terence.

Las palabras de Legan hicieron que me diera un ligero escalofrío, por primera vez coincidíamos en un punto verdaderamente importante y vital. A mi compañero el cornudo no le gustaba tampoco la trata de esclavos, alegaba que no se podía vetar la privacidad ni libertad de nadie así por que si, y más razón no podía tener. Sin darme cuenta estaba comenzando a ponerme tenso, apreté los puños, uno de ellos sujetaba la jarra que ya casi estaba por la mitad. Continuó diciendo que hay casos donde puede ser justificada esa privacidad de libertad, y es cuando alguien ha cometido actos agresivos en contra de otras personas, lo cual me resultaba bastante curioso que alguien que dijese querer ser un afamado pirata soltase ese tipo de palabras, son los piratas los que tienen fama de privar de la libertad, así como de la vida, a gente inocente, por puro placer, saltándose todas las normas y leyes y haciendo lo que les viene en gana, sin importar a quien dañen. ¿Cómo podía querer ser pirata y condenar ese tipo de comportamiento?

"Es la clase de piratas que odio, basura que sólo tiene basura en su cabeza. ¿Acaso no eres capaz de lograr tus objetivos y tus sueños sin usar la vida de otros?" Algo no comprendía exactamente del mundo de la piratería, al parecer hay distintos tipos de mentalidades inmersas en la vida pirata, aquellos que se aprovechan de los más débiles, y otros más similares a Legan. ¿Pero cuál era exactamente la diferencia? Demasiadas preguntas y de momento ninguna respuesta, comenzaba a sentirme bastante confuso, tal vez Legan tenía en su mente un concepto equivocado de la piratería y estaba adentrándose en un mundo que desconocía, o tal vez yo era el ignorante.

Pegó un largo trago a su jarra apurándola hasta el final, por la comisura de sus labios rebosaron un par de gotas, tal vez producto del ansia de beber tanto de golpe, se le notaba los nervios y el malhumor. Golpeó la mesa con fuerza, tal que fue bastante sonoro, provocando que algunas personas se quedaran mirándonos alrededor, en silencio, tras lo cual dijo otras palabras en un tono de voz bastante alto que, seguramente, todos alrededor escucharon. Hasta alguno de los piratas que se hallaban en una mesa próxima se quedó mirando con cara de pocos amigos, entre ellos aquél que se puso a gritar taconeando encima de la mesa.

Las palabras del cornudo resonaron cercanamente, algunas mesas se levantaron a pagar su cuenta y se marcharon, por otro lado el grupo de piratas se quedó cuchicheando y riéndose entre ellos. Las palabras de mi compañero habían sonado algo más fuertes de lo que él quería expresar casi con seguridad, se le notaba alterado y algo cabreado. Volví a quedarme mirando fijamente al tipo trajeado, a los pocos segundos pude escuchar a Legan respirar hondo, tal vez relajándose, pues tras aquello volvió a hablar con aparente serenidad, con tono firme y serio, pero más calmado. Ahí lo escuché, el verdadero y completo nombre del tipo de traje, Terence Blackmore. Legan le pidió su opinión sobre el asunto, un tema que me escamaba bastante y que realmente necesitaba saber qué opinaba el cretino trajeado. Cada palabra que había estado diciendo hacía que me cayese peor.

Apenas le estaba dando tiempo a responder a Terence, cuando me di cuenta de que algunos tipos de la mesa de piratas se aproximaba hacia nosotros, tenían unos aires soberbios de superioridad, nosotros éramos tres, ellos venían cuatro, y aún quedaba otros dos en la mesa que parecían muy ebrios como para siquiera levantarse, se reían mientras intentaban dar ánimos a sus compañeros con unas palabras completamente incompresibles a su nivel de borrachera. Miré hacia recepción del restaurante de reojo con una mirada fugaz, estaban vigilando a esos piratas desde que les habían llamado la atención y estaban observándoles, preparándose para lo peor.

Llegaron a nuestra mesa, poniéndose detrás de la silla de Terence, quien desconocía si se habría percatado de la presencia de aquellos cuatro maromos. Comenzaron a reírse mirando a Legan, nos miraron crujiéndose los nudillos y el que parecía ser el líder de esos tipos comenzó a hablar.

-Suena a chiste Entran a un bar un niño de papá, un vagabundo zarrapastroso y un payaso de barrio bajo. ¿Qué te ha pasado amigo? ¿Un mal de amores te ha enquistado los cuernos? -Sus compañeros comenzaron a reirse casi a carcajadas, ignorándoles pegué un trago a mi bebida sin quitarles el ojo de encima.- No tienes ni puta idea de qué significa ser pirata, cabrón cornudo. Haces que los verdaderos piratas nos avergoncemos de que se nos compare con gente como tú. Largaos de aquí si no queréis dormir la siesta con los peces.

Cerré los ojos, no podía creerme lo que estaba ocurriendo, pero parecía que iba a ser inevitable un enfrentamiento. Podía ver cómo los responsables del restaurante estaban reuniéndose y aproximándose a la mesa, más gente se apartaba al ver a los piratas allí, los marines se habían levantado de la mesa observando si debían intervenir en la situación o no. Todo indicaba que iba a montarse un buen alboroto en breves instantes, a menos que alguien hiciera algo al respecto y, para ser honestos, no me encontraba en la mejor situación ni posición para evitar problemas en estos instantes.
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#15
Había dejado muy clara mi postura ante Terence, pero me interesaba y mucho conocer cuál era la suya. Sus palabras daban a entender algo que no me gustaba un pelo, que tenía relación con ese mundo tan turbio, aunque en el fondo estaba rezando para que no fuese así. Me había caído en gracia, y sus habilidades podrían sernos muy útiles de cara al futuro.

Él parecía tranquilo ante mis preguntas, pero antes de responderme había decidido dedicarme una sonrisa al tiempo que levantaba la copa. Parecía que se disponía a dar un trago antes de darme la ansiada respuesta, pero la mueca desagradable que hizo mirando la copa me llamó demasiado la atención. Pronto sabría la respuesta, ya que detrás de él se aproximaba un grupo de piratas con claras intenciones de buscar pelea.
-Suena a chiste Entran a un bar un niño de papá, un vagabundo zarrapastroso y un payaso de barrio bajo. ¿Qué te ha pasado amigo? ¿Un mal de amores te ha enquistado los cuernos? - Me dijo entre las risas de su patética cuadrilla.- No tienes ni puta idea de qué significa ser pirata, cabrón cornudo. Haces que los verdaderos piratas nos avergoncemos de que se nos compare con gente como tú. Largaos de aquí si no queréis dormir la siesta con los peces

Normalmente hubiese manejado esa situación con algo de humor, o quizá provocando que se lanzasen al ataque para tener la excusa de comenzar una pelea. Sin embargo, este no era momento para tratar con insectos, me interesaba más la respuesta de Terence, y esta panda de inútiles me la estaban retrasando.

Cogí aire y me levanté de la silla sin mediar palabra, quería hacer notar las diferencias de tamaño que había entre mí y esos piratas. Posteriormente me acerqué a paso lento hacia ellos, colocándome frente al tipo que había tomado la palabra, probablemente el cabecilla, o al menos en esos momentos. Clavé mi mirada en sus ojos y provoqué que mi voz sonase más imponente de lo que ya era habitualmente.
- Recoged vuestras cosas, y marchaos. – Le espeté tratando de imponer el mayor temor posible sacando partido a mis condiciones físicas. – Y como vuelva a veros en algún otro lugar, juro que vuestros cráneos van a terminar colgados de mi cuello, bola de insectos. ¡Si valoráis algo vuestras vidas largaos y que no vuelva a veros! – Terminé con un fuerte grito al mismo tiempo que daba un paso hacia delante para empujar al suelo al tipo que segundos antes intentaba reírse de nosotros.

– Cuidado, grumete de agua dulce. Cierra al salir. – Le contesté concluyendo así mi intervención dándome la vuelta para sentarme de nuevo en mi sitio.

La tensión que había en el ambiente podía cortarse por cualquiera de los cuchillos que había en aquel restaurante. Era cierto que no destacaba por mi poder o mi fama todavía, pero era perfectamente consciente de hasta qué punto infundía terror en gente del montón, especialmente mi voz. Si potenciaba eso con las palabras adecuadas podía provocar que la mayoría se fuesen, e incluso en ocasiones que algunas personas se desmayasen del miedo. Ese no fue el caso de estos piratas que venían a molestar, pero sí que habían decidido marcharse a toda prisa. Era evidente que en el cuerpo a cuerpo tenían las de perder, seguramente me habrían subestimado al verme sentado con el resto.

Los marines que allí había parecían también cohibidos, aunque no se marchaban ni nos quitaban el ojo. En sus miradas había una mezcla de miedo y sentido del deber, por si las cosas se ponían feas y debían actuar. No era esa mi intención ni por asomo, llamar la atención en vano es de estúpidos. Tan estúpido como podía llegar a ser Terence retrasando la respuesta a mi pregunta ahora que esos indeseables ya no estaban.

Comenzó con una pequeña broma para romper el hielo, pero mi mirada seria y tajante hacia él le hizo saber que no estaba de humor, con lo cual, procedió a contarnos su historia. Era muy probable que esta estuviese acortada, habrá ocultado detalles seguro, pero al menos sus palabras parecían todas ciertas.

Resulta que había estado en contacto con la esclavitud, su familia entera se dedicó a ello, pero siempre enfocado en razas diferentes, tratos con el gobierno y diferentes reinos, y tráfico de información e intereses. No estaba muy conforme con ello, pero puntualizó después más detalles al respecto. Él no quería ser igual que su familia, aunque se había inculcado con esos valores y creencias. Él quería demostrar que podía igualar el poder de la familia empezando de cero, con muchísimos proyectos que tenía en mente y sí parecía encajar más conmigo. Tales como aprovecharse de aquellos corruptos que sólo buscaban su beneficio pisando a quienes hiciese falta, promover un nuevo sistema de cazas y recompensas sólo hacia quien realmente se merecía el castigo, y que hasta ese momento no tenía interés en la esclavitud, aunque tampoco la rechazaba. Me comentó que mis palabras le habían hecho pensar un poco, y no cambiaría de la noche a la mañana, pero prometía no dedicarse a ello si no nos gustaba. Admitiendo que su objetividad quizá estaba contaminada por el entorno en el que se había criado.

Lo cierto es que era un inicio complicado, pero había sido sincero, y su historia parecía tan plausible como real. Podía haber mentido diciendo que rechazaba la esclavitud por ejemplo, pero no lo hizo, aceptando que lo evitaría tras nuestra conversación. Antes de saber esto me había planteado invitarle a la tripulación, esta parte me había hecho dudar mucho, pero su respuesta había satisfecho mis inquietudes. Valorándolo como posible miembro de la nueva banda, era alguien muy capaz, resolutivo, capacidad de adaptación, y su conocimiento sobre este basto mundo podría ayudarnos mucho. No podía confiar en él de primeras, pero me inclinaba más a hacerlo que a no hacerlo.

Miré entonces a Mihasy, quien no había apartado su mirada en Terence desde hace ya un buen rato. Su opinión me importaba, y mucho, ya que era mi subcapitán aunque él pensase que sería algo temporal. Pobre inocente.
- Quiero que se una a nosotros ¿Qué opinas? – Le pregunté directo sin tapujo alguno. – Sabe moverse en contextos sociales, así que puede hacer ese trabajo sin necesidad de que lo hagamos nosotros ¿No crees? Además, sabe más que tú y yo de este mundo, y quiere hacerse un nombre en el mundo, es alguien realmente ambicioso, lo quiero con nosotros. ¿Tú qué dices?

Era consciente de que Terence se estaba enterando absolutamente de todo, pero la verdad es que no me importaba. Ya había dado su respuesta a mi ofrecimiento con sus respuestas y actitudes, nadie cede tanto o da tantas explicaciones a un desconocido. Él sabía que mi ambición era grande, mi sueño lo es, y a las personas como nosotros nos gusta rodearnos de gente como nosotros. Su respuesta iba a ser un claro sí.
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