16-05-2026, 04:35 AM (Última modificación: 16-05-2026, 06:14 PM por Kagura.)
Capitulo 16: Pan, leche y un pueblo dormido
Lugar: Baterilla, Zona comercial
Fecha: 29 de invierno, año 16
Hora: 11:30 PM
La noche de invierno había caído sobre el pueblo con una quietud incómoda, de esas que hacían parecer que todo estaba detenido. Después de pasar el día entero ordenando mi apartamento, acomodando la poca ropa acumulada y revisando las noticias que llegaban desde distintos puntos del mar, finalmente decidí salir un momento de aquel ajetreo. Tener el día libre era algo extraño para mí, casi incómodo después de tanto tiempo pues estaba acostumbrada al ritmo del cuartel. Aun así, había disfrutado esa tranquilidad silenciosa mientras organizaba todo y despejaba mi mente en el proceso. Dispuesta a merendar algo sencillo noté que ya no me quedaba leche ni pan, así que no dudé en ponerme el abrigo, las botas y la bufanda, tambien tome mi sombrilla antes de salir a las calles frías en busca de algunas cosas simples para terminar la noche con calma y con el estómago caliente.
El aire helado golpeó mi rostro apenas crucé la puerta de mi apartamento. Las calles estaban mucho más vacías de lo normal y la iluminación de las antorchas de los postes apenas alcanzaba para romper la oscuridad azulada del invierno. Caminé con las manos dentro de los bolsillos del abrigo mientras observaba las vitrinas apagadas de varios locales cerrados. Fue entonces cuando recordé algo de esta tarde, que precisamente esta noche muchas tiendas cerrarían temprano debido a las festividades de hoy. Solté un pequeño suspiro, molesta mientras seguía avanzando por la avenida casi desierta, esperando encontrar aunque fuera un negocio todavía abierto. El crujir de la tierra bajo mis botas y el viento movía ligeramente mi bufanda mientras continuaba caminando sin demasiada prisa bajo aquel ambiente silencioso y frío, la brisa era mas helada, lo cierto es que debajo del abrigo estaba en ropa interior, se me olvido vestirme apropiadamente antes de salir.
Seguí recorriendo las calles vacías durante varios minutos, observando cómo algunas luces lejanas desaparecían una tras otra. El frío comenzaba a sentirse cada vez más intenso incluso bajo el abrigo, obligándome a mover un poco los hombros para entrar en calor mientras avanzaba. Todavia no perdia la esperanza de conseguir leche, pan y un poco de miel antes de volver al apartamento, mi desolado apartamento –Aag…– suspire con pesadez tras esa idea tan solitaria.
Finalmente llegue hasta la ultima tienda de aquella zona comercial pero no encontre nada, el ambiente se volvía todavía más silencioso. Miré alrededor con calma, notando cómo el rocío de la noche comenzaba a caer débilmente desde el cielo oscuro, cubriendo lentamente las aceras y los techos de los edificios. Por suerte me cubri bajo el paraguas para no sucumbir del todo a ese sereno, Una densa neblina fue atraída por el invierno, transformando el pueblo en algo completamente distinto por la noche, casi irreconocible. A pesar de todo seguí caminando hasta que finalmente me detuve bajo la tenue luz de un poste, observando la avenida completamente desierta frente a mí.
El vapor de mi respiración se deshacía lentamente en el aire helado mientras ajustaba un poco más la bufanda alrededor de mi cuello. Mi abrigo que estaba semi abierto por el movimiento constante, no dude en terminar de cerrarlo, Había pasado tanto tiempo en el cuartel soportando entrenamientos agotadores y días interminables que aquella caminata nocturna se sentía extrañamente tranquila pese al frío y la soledad de las calles. Permanecí unos segundos mas observando esa calma, ¿Que estarian haciendo todos en estos momentos?, ahora que lo pensaba bien, ¿Que hora era actualmente?, ni siquiera me había percatado de la hora.
Valor sentimental: Tienes un objeto de gran valor que debes rolear que llevas siempre contigo. Objeto: Una sombrilla estilo oriental, color morado, reliquia familiar.
Exhibicionista: Ya sea porque estás orgulloso de tu cuerpo, por alguna filia sexual o porque eres de lo más natural, te encanta andar en ropa interior.
Inventario
Murasaki no Higasa
Creaciones propias
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: 500
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 999999999
Descripción: Sombrilla violeta de diseño elegante, con pliegues de material resistente y mango cilíndrico ergonómico. Al abrirse, ofrece una cobertura amplia sin perder su estilo estilizado, ideal para lluvia o sol.
No hacía ni un día de la trama con Diosdado, aquel maldito calvo y rechoncho terrorista que no dejaba de provocar el caos en Baterilla junto con su séquito de inútiles armados. ¿Realmente había huido a la Isla del Karate? Akira sentía que era un lugar demasiado cercano como para huir con tanto miedo a que se descubriera su cara y lo que pretendía.
Pero hoy, a pesar de tener su día libre como marine dado que no había pasado ni un día desde que terminó la misión junto con su amigo Juan, gracias a él y que tenía una pinza (una excusa barata para Akira, pero que había convencido a sus superiores en el cuartel), le tocaba estar junto con los carpinteros arreglando aquel bar destrozado. El bar sin pelo, para colmo, con el pelazo que tenía Akira.
—Bueno yo creo que por hoy ya está, ¿no? —expresó tras dejar una pila de maderas recién cortadas y pulidas que les servirían para el día de mañana. Todavía les quedaba mucho por arreglar, que Juan se lo había cargado entero, mesas, sillas, la barra, la pared… Habían repartido bien sus golpes, solo que la manera de enfocarlos no fue la adecuada. Tras el visto bueno por parte del jefe de cuadrilla, Akira se secó el sudor de la frente y abandonó el lugar mientras se comía un sándwich y se terminaba el agua que le quedaba en la cantimplora. Llevaba la camiseta sudada y se estaba dando un poco de asco, así que quería darse un agua cuanto antes.
—Que mala suerte, todo el día ahí bajo el sol, y ahora que termino ni una pizca de luz… Ya no hay ni gente por la calle —susurraba mientras avanzaba dándole patadas a una piedra que le acompañaba y le guiaría el camino, mientras se dirigía al cuartel para darse una ducha y echarse a dormir tras aquel agotador día de trabajar la madera. O tal vez se le cruzaba un cable y acababa metiéndose en el agua de la playa, según el camino que escogiera piedra haría una cosa u otra.
De pronto, una densa niebla se hizo con la plaza, transformando el pueblo en una película de terror. Con niebla y sin gente, qué era aquello, ¿Silent Hill? Siguió avanzando hasta que diferencio una figura algo conocida a lo lejos, bajo la luz de un poste. Era una chica que le sonaba de vista, alguna vez se había fijado en ella en los entrenamientos, pero pertenecía a otro grupo, así que todavía no había tenido el gusto de presentarse. Aunque le pareció algo rara ya que iba bastante abrigada, llevaba puesta hasta una bufanda.
—¿Estará enferma? Si hacen como veinte grados… —pensó mientras se acercaba a su vera, saludándola con la mano en alto—. O tal vez es friolera, qué se yo —seguía preguntándose hasta llegar a su lado. Baterilla era una isla de clima tropical, y aunque fuera invierno y con aquella niebla, las temperaturas en esta época del año solían rondar los 20 o 25 grados.
—¡Hola compañera! Alguna vez te he visto por el cuartel, aunque creo que todavía no nos conocemos, soy Akira, un gusto... ¿No tienes calor con ese abrigo? —le dijo mientras le estrechaba la mano, sujetando la cantimplora con la axila, mientras que con la otra sujetaba el pequeño trozo de bocadillo que le quedaba.
Sumida en mis pensamientos, observaba el cielo sereno mientras la luna derramaba un brillo plateado sobre los caminos vacíos. El sonido de la soledad se mezclaba delicadamente con el canto distante de algunos grillos que quizás estaban escondidos entre los arbustos húmedos. El viento nocturno acariciaba mi rostro y a su paso me hacía estremecer ligeramente. La humedad del sereno nocturno me obligó a estornudar varias veces, así que terminé hundiendo las manos dentro de mi abrigo dejando salir otro suspiro, jugando distraídamente con el talón de mis botas para entrar un poco en calor. Permanecí quieta unos segundos, contemplando aquella calma silenciosa que parecía ser interminable. Mientras las estrellas titilaban sobre mi cabeza —Creo que sería mejor regresar— murmuré finalmente, dejando escapar un suspiro resignado antes de dar media vuelta.
Cuando de pronto sentí un ligero escalofrío recorrer mi cuerpo, A la distancia podía escuchar unos pasos acercarse lentamente, haciendo eco contra el suelo húmedo e interrumpiendo aquella calma que de un instante a otro se volvió inquietante, Un ambiente totalmente pesado. El viento dejó de soplar y hasta los grillos parecieron guardar silencio, ¿Eso era una buena señal?, Mi respiración se tensó mientras observaba hacia delante, no me atrevía a girarme todavía. Entonces sucedió de pronto una melodía dramática comenzó a sonar de la nada, envolviendo el ambiente con una entrada exageradamente poética. Parpadeé confundida, Espera… ¿¡una banda sonora!? ¿Quién demonios entra acompañado de música épica?
Cuando me giré para encontrarme con aquella silueta oculta entre la niebla, un recuerdo atravesó mi mente como un rayo. El día anterior había roto accidentalmente un florero en el cementerio tras visitar la tumba de mi madre. Mi corazón casi se detuvo de golpe ¿Acaso se trataba de un fantasma vengativo? —¡PERDÓOOON!— grité presa del pánico antes de echarme a correr sin mirar atrás.
Sin embargo, el movimiento brusco hizo que mi abrigo resbalara naturalmente de mis hombros, cayendo al suelo y dejando al descubierto mi cuerpo cubierto únicamente por ropa interior de tonos rosados. El aire helado golpeó mi piel haciéndome temblar casi al instante, al notar la terrible desgracia me detuve en seco mientras me giraba para contemplar la prenda—¡Ah… no, no, no!— murmuré horrorizada mientras regresaba apresuradamente para recogerlo.
Lo abracé contra mi pecho totalmente nerviosa y sin mas junté las manos como si estuviera a punto de decir una plegaria —Oh, santo sensei de la katana, protege a esta alma pura y libre de pecado… y castiga a los espíritus pervertidos que acechan en la oscuridad…— balbuceé diciendo toda clase de tonterías sin sentido pero no podia ordenar bien mis pensamientos, decía lo primero que venía a mi mente.Entonces, en medio de mi absurda plegaria, escuché finalmente una voz masculina llamarme por aquel peculiar apodo de compañera.
Cuando finalmente pude distinguir de quién se trataba entre la niebla, mis pensamientos quedaron en blanco por unos segundos. Era un hombre alto, de cuerpo increíblemente bien definido y una cabellera sedosa en tonos dorados que parecía brillar bajo la tenue luz nocturna. Sin embargo, mientras más se acercaba, más podía notar lo que claramente era su mejor cualidad, sus pectorales —Madre de Dios…— susurré para mí misma, completamente hipnotizada mientras llevaba una mano hacia mis labios, totalmente sorprendida.
Al quedar frente a mí me sentía totalmente presa de su presencia, realmente impone respeto, Me hizo una pregunta un tanto rara pero aun asi debia responder con sinceridad, comencé a agitar la mano frente a mi rostro como si fuera un tipo de abanico improvisado, intentando inútilmente calmar el rubor que invadía mis mejillas—De hecho, tengo mucho calor en estos momentos… señor tetón… digo… ¿Akira?— carraspeé rápidamente, intentando recuperar algo de dignidad antes de mirarlo directamente a los ojos con una sonrisa absurdamente nerviosa —Mi nombre es Kagura, Vine por algo de pan y leche, pero… por lo visto todas las tiendas cerraron…o quizas sea la hora jaja— expliqué lo evidente mientras soltaba una pequeña risa por lo bajo.
Mis ojos descendieron por un instante hacia su playera húmeda de sudor, suficiente para sacar conclusiones precipitadas —¿Regresa al cuartel?— pregunté inclinando apenas la cabeza, imaginando que seguramente volvía de realizar alguna actividad agotadora.
25-05-2026, 10:16 AM (Última modificación: 25-05-2026, 10:19 AM por Akira Raito.)
La chica parecía nerviosa con mi llegada, se había puesto roja como un tomate, podía notarlo entre la neblina que destacaba del resto de colores al estar iluminada por la farola en la que estaba debajo. Pero lo que no me esperaba es que estuviera semi-desnuda... Tal vez mis palabras sobre el calor que podía estar pasando con ese abrigo tan gordo la habían hecho cambiar de opinión muy rápido, pero aquello era demasiado... QUE NI SIQUIERA ESTABA VESTIDA.
—¡AY, AY, AY, PERDÓN POR MIRAR! Madre mía... Madre mía... —grité y susurré al mismo tiempo, ignorando por completo que me había llamado "señor, ¿tetón?", qué mas da. Estaba demasiado nervioso con aquello que acababa de pasar. Iba vestida con ropa interior rosa de encaje, pero, ¡¿por qué me había fijado tanto?! Me medio tapé los ojos mientras me giraba para volver a prestarle la atención que se merecía, sin pararme a pensar esta nueva moda entre los marines de quedarse semi-desnudos. ¿Por qué si tenía tanto frío únicamente vestía un sujetador y unas braguitas?
Al girar de nuevo la mirada noté como estaba con la cara aun más roja que yo. Y con razón. Estaba haciendo gestos con la mano delante de su cara e intentando taparse con el abrigo, aunque de nada servía ya—. Ya te he visto, no hace falta que te tapes —dije con una sonrisa medio nerviosa y fijando la vista en la luz de la farola, evitando el contacto visual con la chica, espera, ¿qué?—. Quiero decir, que ya te he visto entera, bueno casi entera —no lo estaba arreglando nada, y la pobre seguía roja como un tomate—. En plan, sí, tápate, que hace frío, no te constipes —al tiempo que decía esta frase, le cogí el abrigo como pude, con rapidez y algo nervioso, para intentar ponérselo de nuevo y que se cubriera, cualquiera podía verlos así e imaginarse cualquier cosa, que no eran horas. Si bien era verdad que yo no tenía frío ya que acababa de venir de serrar maderas, el ambiente era algo gélido por culpa de la niebla. Y bueno, se podía decir que había conseguido salir airoso de esa situación... En mi mente al menos.
—Así mejor Kagura, ahora sí que estás calentita —terminé mientras le cerraba el abrigo, todavía evitando el contacto visual con ella y notaba como se reía por el movimiento de su pecho—. La leche yo sé de dónde podrías sacarla... Digo, que no se, NO SE de dónde podrías sacarla. Pero pan podemos acercarnos, aunque estén cerrados, los panaderos suelen trabajar la masa de noche —se había equivocado de la peor manera posible y asentía a la muchacha mientras le seguía la conversación—. Sí que tenía en mente regresar, estoy todo sudado, mira —terminé por señalar mi camiseta, toda empapada y pegada al cuerpo. Se podía diferenciar cada músculo de mi cuerpo con aquella prenda puesta, y seguramente si la llevaba mucho tiempo más encima el que acabaría por resfriarme iba a ser yo, dado que estaba empapada—. Mejor así —sentencié al tiempo que me la quitaba y me la enganchaba en el borde del pantalón para no tener que cargar con ella. Si se secaba rápido el sudor de mi cuerpo, no me pondría malo, pero llevar algo mojado con estas temperaturas tan húmedas era sentenciarme, así que ahí estaba, únicamente vestido con unos pantalones anchos y unas chanclas.
—Bueno Kagura, ¿quieres que te acompañe a por pan y leche? Creo que podemos tener suerte —está vez sí que le hice la propuesta mirándola fijamente a los ojos, habiendo acortado también la distancia entre nosotros y poniéndola ambas manos sobre sus hombros, animándola a explorar el pueblo de noche—. Puedo ducharme luego, no tengo prisa —por suerte, mi sudor no olía mal, es más, gracias a que cada día antes de dormir me ponía mi cremita de extracto de leche de arroz y flor de cerezo, se podía decir que olía bastante bien. Yo era un chico aseado, mucho más que cualquier otro, y me gustaba ir limpio y con buen olor. Para tener una buena imagen hay que cuidarse, y no vale solo con ir al gimnasio. Y para terminar, le regale una sonrisa a apenas unos centímetros de su cara, mientras ambos estaban siendo iluminados bajo la luz de la llama de la farola.
29-05-2026, 09:22 AM (Última modificación: 24-07-2026, 12:19 PM por Kagura.)
Con reacciones torpes y a la vez elocuentes, lo observé actuar de manera inquietamente nerviosa, ¿La razón?...quizás porque estaba en paños menores, primero elevaba la mirada hacia el cielo, al farol, como si intentara concentrarse en cualquier otra cosa, pero inevitablemente terminaba mirándome otra vez apenas unos segundos después, delatando lo alterado que estaba pese a sus intentos por mantener la compostura. Sus movimientos eran rígidos, contenidos, y aunque la situación parecía incomodarlo más de lo que quería admitir, jamás perdió la elegancia ni la educación propia de un caballero. Incluso cuando apartaba la vista, lo hacía con respeto, cuidando cada gesto y cada palabra aunque la lengua le traicionaba. Entonces antes de que pudiera reaccionar, tomó el abrigo de entre mis manos con una rapidez sorprendente y lo acomodó sobre mis hombros de manera firme y cuidadosa, cubriendo mi cuerpo casi por completo en un movimiento ágil y natural, amarrándolo para que no se volviera a desatar. Aquello me dejó totalmente sorprendida, sobre todo al verlo desviar la mirada nuevamente mientras aclaraba la garganta, intentando actuar como si aquel gesto protector hubiese sido lo más normal del mundo.
¡¿De dónde podría sacar la leche, ah?!—repetí apenas escuché su terrible equivocación, quedándome en silencio apenas un segundo antes de estallar en una carcajada tan fuerte que me obligó a inclinarme hacia adelante debido a esas palabras, ¿Acaso quería que fuera ordeñar una vaca a esa hora?..bueno..eso es lo que pensé en su momento. Sin embargo terminé callándome de golpe cuando se quitó la camiseta. Mis ojos se abrieron apenas, completamente atrapados por la vista de su torso marcado bajo la tenue luz de la farola. Mi cerebro dejó de procesar cualquier otra cosa durante varios segundos; hombros anchos, abdomen firme, brazos trabajados… honestamente, parecía injusto que alguien pudiera verse así de bien y lo peor era que seguía actuando con total naturalidad –Sin duda…señor teton– decía tras levantar el pulgar como si estuviera aprobando algo en especifico, definitivamente este hombre era demasiado peligroso para mi salud o de cualquier joven de este pueblo.
Parpadeé varias veces antes de alzar lentamente la mirada hasta encontrarme con sus hermosos ojos azulados, sus facciones estaban tan cerca de mí, sin duda era todo un adonis con cuerpo esculpido por dioses griegos, sintiendo sus manos sobre mis hombros mientras me acomodaba mejor el abrigo. Tragué saliva apenas, todavía intentando recuperarme de aquella visión celestial que acababa de regalarme tan descaradamente. Centrándome en sus palabras mi mirada estaba fija en sus pectorales, parecían dos pedazos de enormes panes a los cuales cualquier dama quisiera encajar los dientes, bueno…las atrevidas quizás, ante su pregunta negué con la cabeza –A estas alturas ya me resigne, todo está cerrado entonces sería mejor regresar a casa– mencione tras meter mis manos en el abrigo, estaba tentada en apretarle un pectoral…no podia darme el lujo de parecer loca a estas horas de las noches –Si gusta me puede acompañar de regreso, las calles estan algo solitarias y para ser franca…tengo miedo– rei por bajo haciendo una pequeña pausa —Además mi casa queda en la misma dirección del cuartel, asi que seria menos incomodo si vamos por el mismo camino– mencione, esperando su respuesta pacientemente mientras mi diestra le apretaba el pectoral derecho.
Cuando sentí que me agarraba el pectoral con esa confianza, mi cerebro se reinició por completo, miré su mano ahí pegada amasando como si fuera lo más normal del mundo. ¿Era acaso yo la vaca a la que ordeñar? O eso o amasando pan, una de dos. Era lo que venía buscando la chica, ¿no? Pan y leche. Tras eso la miré de vuelta, esperando ver aunque sea una pizca de vergüenza… Pero nada, cero, y entonces solté una carcajada que se pudo escuchar a lo largo de toda la calle, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos con lágrimas.
—¡Oye, quieta, qué haces! —dije bajando la mirada hacia Kagura mientras me quitaba las lágrimas de los ojos y le sonreía. Sin duda aquello me había hecho cosquitllas—. ”Señor tetón…”¡Madre mía, eres una sinvergüenza! Y encima me vienes con el cuento de qué tienes miedo… Claro, ella, súper asustada, ¡pero bien que aprovechas para meter mano! ¡El que tiene que tener miedo aquí soy yo, tchakikikikiyah! —me volví a reír a carcajada limpia, si es que el que había sido asaltado en plena vía pública había sido yo, ¿cómo que tenía miedo?
Coloqué mi mano sobre la suya para lentamente apartarla de mi pecho mientras seguía intentando que se me fuera aquella risa nerviosa y la guié para que se agarrada de mi brazo y sintiera el enorme bíceps que me marcaba—. Si quieres sujetarte de algo, mejor de aquí, fíjate —le dije mientras hacía fuerza y lo apretaba para hincharlo.
—Te acompaño a tu casa, no puedo dejar que vayas por ahí agarrándole del pechito a la gente, debo proteger a este pueblo de tus instintos salvajes —afirme cerrando los ojos con una sonrisa mientras hacía un gesto de “sí” con la cabeza, moviéndola hacia arriba y hacia abajo, al tiempo que levantaba mi otro brazo con el dedo índice estirado hacia arriba, con un gesto de anotación aportando un facto. Y tras eso marque un paso lento para que no se tropezara con el abrigo si echamos a andar. El frío se pegaba pero con el cuerpo al descubierto, el toqueteo y las risas tenía el calor subido hasta las cejas, con las orejas y los mofletes rojos y casi volviendo a empezar a sudar de nuevo.
—Por cierto, eso de escoltarte hasta la puerta de tu casa… ¿Cómo es que no te obligan a dormir en el cuartel? Bueno, en cualquier caso, soy un caballero de cabellera dorada, y es mi deber, aunque… Vamos a olvidar la estupidez esa de la leche, ¿vale? A ver, entiéndeme, me dio un lapsus… Quiero decir, estás ahí prácticamente desnuda en mitad de la calle, bueno, mi cerebro dejó de funcionar… Hagámos un trato, yo te acompaño pero a cambio olvidamos esto, ¿vale? —quise explicarle de manera nerviosa, intentando que esta vez las palabras no me jugaran una mala pasada.
En ese momento y tras terminar de hablar, la miré de reojo, con una sonrisa medio de lado y negando con la cabeza, de nuevo con nervio, mientras empezábamos a caminar por la calle vacía e iluminada por las luz de las farolas. Y un pensamiento se me cruzó veloz como un rayo—. ”¿Me va a llamar a partir de ahora señor tetón? ¿Y mi nombre?” —miré de nuevo al cielo estrellado, por lo menos una cosa tenía clara, y es que la noche iba a ser de todo menos aburrida.
Y más aún teniendo en cuenta que a mitad de camino tenía pensado convencerla de tomar el desvió en dirección a las granjas para, realmente, ordeñar vacas.
Off
¡¡¡Perdón por tardar tanto!!! ¡¡Con las recolecciones, aventuras, fiestas de mi tierra y todo se me fue la cabeza!! ¡¡Perdón!!
Explotando de risa ante mi semejante atrevimiento, no sentí vergüenza alguna de mis actos hasta que él comenzó a reirse y a burlarce de manera explosiva, comenzando a sentir como mis mejillas ardian por la situación, quise retirar la mano pero por algún motivo (mi fetiche) estaba adhrerida a semejante pedazo de pan,digo, pectoral (mmm...pectoral). Debo confesar que quizás esta vez…solo esta vez…se me fue un poco la mano con los impulsos, es cierto que mis acciones contradicen mis emociones pero…¿Quien ofrece semejante festín a quien carece de razonamiento?, en mi defensa y para no parecer una total atrevida, quería justificarme…pero las palabras de este hombre eran tan afiladas que me hacía balbucear sin sentido, viéndolo reírse por algún motivo termine acompañandole con una risa forzada y leve –Jeje…simplemente quería saber si eran reales– mentí, simplemente menti, la carne es débil.
Con un gesto totalmente digno de un caballero, me sorprendí un poco cuando su mano tomó gentilmente mi mano para guiarla hacia otra parte de su cuerpo, precisamente a su brazo, cuando mis dedos tocaron la superficie de aquella masa firme, no pude evitar quedarme maravillada ante semejante cuerpazo, al sentir como el músculo se tensaba bajo mis dedos no pude evitar apretarlo para comprobar de que también fueran reales –Madre de Dios…– dije asombrada ante tal atributo, no era fanática de los bíceps, pero había que reconocer que el sujeto era una maravilla, un pedazo de carne jugosa que cualquier mujer quisiera deleitarse.
Ofreciendo llevarme a casa no dude en asentir con la cabeza ante tal ofrecimiento, pero al escuchar su comentario sobre mis instintos salvajes, sin duda me sonroje como un tomate pues ahora su impresión sobre mi era la de una chica traviesa, pero ese no era el caso. Omitiendo las emociones que quieren desbordar, comencé a caminar a su ritmo mientras lo escuchaba hablar, sus preguntas eran inquisidoras pero a la vez sus manera de explicarse eran un tanto cómico, sin duda era un empezar un tanto único, extraordinario pero sobre todo…tan malintencionado, cualquiera podría sacar sus propias conclusiones.
Si suelo dormir en el cuartel, pero debido a mi extraña condición de quitarme la ropa…me suelen enviar a casa para…tranquilizarme– confesé abiertamente mientras continuamos con nuestro andar, apenas estaba comenzando mi camino en la marina y ya tenía ciertas complicaciones que debía de tolerar, ante el juego de palabras y las ideas alocadas que salieron de los labios del rubio, simplemente me reí por bajo mientras seguíamos un camino desolado, oscuro y frío, el único sonido que se podía apreciar era el de nuestros pasos al caminar sobre la tierra semi humedad, pero aun asi la compañia no era del todo mala.
Y…¿Usted qué hace tan tarde por las calles, regresa de cumplir alguna tarea? – tratando de que la conversación no muriera, mi mano seguia apretando el bicep del hombre, quien hasta ahora habia demostrador ser lo que muchos hombres no era: un caballero digno de la compañia de una gentil e inocente dama (como yo).
—Cuidado, a ver si con la tontería de comprobar si son de verdad me vas a cortar la circulación —bromeé dándole un toque con mi codo en el costado, notando cómo no soltaba el cacho ni queriendo.
Pero cuando me soltó el motivo real por el cual la mandaban a dormir a su casa, me detuve un segundo en seco. Parpadeé un par de veces, procesando la información y me giré para mirarla de arriba abajo, envuelta entera en ese abrigo—. Espera, espera... ¿Me estás diciendo que en la Marina, institución que representa la justicia, te mandan a tu casa como a un niños que se porta mal porque te da por desnudarte en los pasillos? —solté un poco de aire suavemente por la boca, soltando una carcajada nasal y negando con la cabeza por lo surrealista—. Ahora entiendo cómo es que estabas a punto de congelarte en mitad de la calle… A mi no me quites más ropa, que a este paso al que van acabar arrestando por alteración del órden público va a ser a mí.
Volvimos a retomarla marcha, con sus dedos aún envolviendo mi brazo y al escuchar su pregunta sobre qué hacía yo despierto a esas horas, me encogí de hombros—. Digamos que tengo demasiada energía acumulada y no llego a cansarme del todo nunca… Y bueno, terminé encontrándome con una chica salvaje a punto de convertirse en cubito de hielo.
Justo en ese momento, llegamos a un cruce, hacia la derecha, las luces de las farolas continuaban hacia la zona más residencial, y el camino directo a su cama. Hacia la izquierda, las farolas se perdían y el camino de tierra se dirigía hacia las afueras, donde el aire olía más a tierra mojada y naturaleza. Mi sonrisa se volvió picarona y frené en seco nuestra marcha, girándome para quedar frente a ella.
—Oye... —empecé, bajando un poco el tono de voz para darle tono de misterio—. Antes estabas muy empeñada con el tema de la leche. Y como buen caballero de brillante cabellera que soy, vamos a saciar tus necesidades.
Señalé hacia el camino oscuro de la izquierda con el pulgar, enseñándole los dientes con una sonrisa.
—¿Qué te parece si vamos por ahí? A las granjas, venga, vamos a ordeñar una vaca de verdad, a ver si se te da tan bien como agarrarle el pecho a la gente. El Señor Tetón te enseña —la reté con la mirada y una sonrisa, alzando una ceja—. ¿O es que te da miedo la oscuridad de las afueras del pueblo?