Una explosión de acontecimientos. [T4 - PR] [Stroud]
#1
46 de Otoño, Año 17
14:30
Isla de Drum
Zona Norte de la Isla
Tundras Oeste


[Imagen: NOv9Fe7.png]

Allí yacían, campando a sus anchas. Como si nadie pudiese detener su expansión. Como si fuesen un bastión impenetrable, uno que va atravesando la línea de defensa y, progresivamente, instalándose más y más. El grupo de contrabandistas "Blitzkrieg" había encontrado un nuevo producto espectacular para comerciar, recientemente importado de la isla de Arabasta, ¿Cómo había llegado hasta allá, sabiendo que las corrientes del Grand Line son unidireccionales? Bueno, el Bajo Mundo tiene secretos y compuertas difíciles de entender y manipular, pero el hecho de que todas las islas se encuentran interconectadas por el mismo causal hacía que, a simples rasgos, fuese muchísimo más fácil de lo que uno pudiese imaginarse.

El Reino de Drum se empezaba a encontrar molesto, porque ellos podían ser los únicos que pudiesen tener exigencias y reclamos para su pueblo y población en general. Estos tipejos, maleantes y hábidos ilustres de la "vida fácil" parecían venir para quedarse, como una empresa que decide competir contra otra: El gobierno beligerante Vs. quienes pueden, progresivamente, empezar a tener más y más poder mediante la intimidación, la coerción o simplemente el soborno, en el mundo donde gobierna "Don Dinero".

[Imagen: n6g9ofy.png]
-Una persona capaz de segregar explosivo. Podría hacer una fortuna si se afilia con las personas correctas, ¿Cómo han conseguido tanta cantidad en tan poco tiempo?-

Una voz poderosa, imponente, capaz de mover masas e imponer con su presencia parecía estar dialogando con uno de los técnicos de aquel imponente campamento que cada vez parecía más una base militar que simplemente un lugar nómada de asentamiento. El sujeto yacía justo delante de un enorme tanque blanco que, efectivamente, se encontraba identificado como peligroso con su etiqueta y nombre explícito, para dejar en claro a más de un tonto que jugar con aquello traería consecuencias totalmente devastadoras. A su lado, un muchacho relativamente joven, aparentando unos veintitantos, intentando explicarle cómo habían procedido -¡Ah! Es que...la persona suda. Suda la sustancia. Entonces, en Arabasta hace mucho calor, y- el rubio, más bien mayor, alzó la palma recta, buscando detenerle y provocarle un respingo por el movimiento -Ya entendí, no soy imbécil.- girando su cuerpo, tapado por una larga túnica para poder amortiguar las gélidas temperaturas -¿Le dijeron que trabajara con nosotros?- preguntó al muchacho, el cual se vio automáticamente confundido, no quería dar una respuesta errónea que le costara caro -No hablamos directamente con él, nos fue imposible contactarle directamente. Está navegando por el Grand Line y parece que fue algo super ocasional. Lo conseguimos de unos comerciantes que trabajaron con él codo con codo.- su respuesta sonaba sincera, una que le provocó una sonrisa desafiante al rubio avejentado -Hm. Curioso. Qué será más valioso que el dinero que lo hace moverse, ¡PANDILLA!- exclamó en voz alta, haciendo que una decena de hombres entre fornidos y delgados se apareciesen casi hasta debajo de las piedras, como si hubiesen estado atentos a sus órdenes casi desde el primer segundo de su aparición -Averiguen el nombre del chaval, ¿Has dicho que era un chico? ¿Joven?- la pregunta buscaba indagar para que el equipo tuviese opciones razonables de búsqueda -Tenía ropa y pelo rojo, es lo único que me dijeron de él.-

------------------------O------------------------

A 250 metros al sur visto de forma cenital, yacía Stroud Redgrave, pudiendo divisar al completo de la estructura de madera y metal que ya dejó de ser un campamento y parecía el intermedio entre una base y pequeña fortaleza. Delante de él tenía una bandera clavada, "Blitzkrieg", campando a sus anchas, como si careciesen de temor ante cualquier agente externo que los detuviese, ya que siempre se habían abierto paso a sus negocios. No iban a quedarse demasiado, claro está, pero "si hacemos negocios, los hacemos bien", era el lema de su líder.

Las instrucciones eran claras, incluyendo una carta firmada por las propias autoridades de la Marina que fueron contactadas directamente con las instituciones administrativas de la monarquía de Drum, la cual yacía en su mano y estaba leyendo precisamente en ese momento:

[Imagen: jw19Nx9.png]

Las órdenes eran claras. La resolución, exacta. Había que desbaratar el campamento a como de lugar. Un pirata inconsciente dándole poder a personas malintencionadas, "un día más en la oficina" para cualquier oficial de la Marina.

Solo quedaba actuar, y permitir que la justicia detenga los males del mundo provocado por quienes solo buscan sus propios intereses en pos de destruir todo, y a todos, a su paso.

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#2
El día era frío, pero soleado. Stroud Redgrave empezaba a percibir un patrón que parecía desafiar la lógica de cualquiera que viniese de una isla con un clima medianamente normal: cuanto más sol hacía, más apretaba el frío. Durante su aún breve estancia en Drum, había ocurrido ya varias veces, pese al poco respiro que daban los nubarrones y las incesantes tormentas de nieve que asolaban aquella gélida isla. Desde una pequeña elevación del terreno estratégicamente seleccionada, y al abrigo de unas cuantas rocas sobre las que se acumulaba la nieve, contemplaba aquel campamento fortificado que se hallaba frente a sí. Haciendo visera con su mano derecha, cubriéndose sus ojos grises del sol y su cegador reflejo sobre la nieve de Drum, contemplaba el asentamiento en silencio.

Aspecto de Stroud




Dio una calada de Saltfin, su pipa en forma de orca, de cuyo lomo de madera se desprendía un delgado hilo de humo grisáceo que se deshacía tras alzarse en espiral durante unos centímetros. En su mano izquierda, presionada contra la palma bajo la cazoleta de la pipa, yacía un papel doblado y desdoblado mil veces, con aspecto oficial. La situación parecía crítica. ¿Quién lo hubiera pensado, en un lugar como aquel? Drum precisamente había llamado su atención por lo pacífico de su cotidianeidad, lo poco reseñable de su día a día, lo monótono de cada jornada en aquel paraje nevado. No hubiese sido mentir decir que la isla llegaba a ser aburrida, en el mejor de los sentidos. Tal vez por aquella misma razón se hubiesen instalado allí aquellos indeseables, en busca de una presa fácil.

En la lejanía, frente al campamento, ondeaba con pereza bajo la brisa isleña el estandarte, parcialmente rígido y medio congelado, de aquella intrigante formación: Blitzkrieg. La fortificación era sólida, y, para ser algo construido sin demasiado tiempo de por medio, el resultado era casi profesional. Quien fuera que fuese el responsable sabía lo que se hacía. Estaba bien protegido, y bien vigilado. Los ojos grises del Marine iban de un lado a otro, tomando nota de cuanto veía: la distribución, las dimensiones, las rutas de entrada y de salida. Su cabeza empezaba a pergeñar un plan, o el bosquejo de uno. Stroud, terminando de exhalar una voluta de humo, colocó ambas manos tras su espalda, suspirando con pesadez, y se giró, bajando por la pendiente que se había convertido en su punto de vigilancia.

Tan excepcional resultaba la situación, de hecho, que habían optado por poner cien hombres a su cargo, que lo observaban en formación, estratégicamente ocultos de la vista del campamento tras aquella elevación. Cien hombres, se decía pronto. A su edad, Stroud llevaba tiempo acostumbrado al liderazgo, una carga que soportaba sin queja y con honor, y que parecía amoldarse a la perfección a sus cualidades psicológicas, fueran estas las que fueran. Sin embargo, más allá de su propia división, jamás había tenido a tanta gente bajo su responsabilidad. En cierto modo, para ser honestos, Stroud Redgrave era el tipo de Marine que consideraba que cada inocente del mundo estaba bajo su responsabilidad, compartida con todos los demás uniformados de la Marina, pero no estamos hablando de lo mismo. En el fondo de su cabeza, una voz no dejaba de murmurar que podría haberse ocupado él solo, que podría mandarlos a todos a casa y no poner vidas en riesgo innecesariamente. Pero su voz racional lo acallaba: aquello hubiera sido despreciar su sacrificio y su entrega a la Marina. Esos hombres habían sido puestos a disposición directa del comandante, como él mismo había sido puesto a disposición de otros cargos superiores anteriormente. Y, como él, todos aquellos hermanos, hijos de la Justicia, debían estar dispuestos a morir en el sisífico deber de proteger a los inocentes y mantener, por mandato de la fuerza y la moral, la ley del Gobierno Mundial. Cien almas dispuestas a dar la vida, ciento una contando la suya.

Los cien hombres formaron en el momento en que Stroud comenzó a bajar por la pendiente, organizándose en una formación monolítica y rectangular, cien pares de botas haciendo crujir la nieve. Lo excepcional de la situación no dio lugar a indisciplina alguna. El joven comandante se situó frente a las tropas, observándolas en silencio y contemplando cada una de las caras frente a él, vaho saliendo de sus fosas nasales. "Bien," dijo con sencillez al cabo de unos instantes, "escuchen con atención."

Revisión de tropas


Al cabo de algunos minutos, Stroud y un total de cuarenta uniformados, todos de blanco, como la misma nieve que los rodeaba, marchaban hacia la entrada meridional en impecable formación. Frente a las puertas, los soldados comenzaron a cargar y apuntar sus armas. El comandante se ciñó sus guantes tachonados, en cabeza de la formación. "¡Stroud Redgrave, Comandante de la Marina!," exclamó, aun en su monótona voz. "En nombre de la Justicia, deponed las armas. Salid todos con las manos en alto, y sed juzgados. En caso contrario, este campamento será efectivamente tratado como una posición enemiga." Sus ojos grises permanecieron vigilantes, a la espera de la respuesta de la agrupación. A su espalda, los Marines mantenían sus armas cargadas, listos para el asalto que sabían que se avecinaba.



Off
#3

-¿Qué es...-

-¡SEÑOR! ¡AL SUR! ¡SE APROXIMA UN EJÉRCITO DE BLANCO! ¡SUBA A VER!-

Fue con prisa, pero, debido a los comienzos de la tercera edad (ya que aparentaba aproximarse a los cuarenta y tantos), aquel hombre rubio trepó por la escalera de lo que era la característica atalaya central, la única más grande que el resto y con el tejado rojo, pintada de diferente color para diferenciarla del resto de las direcciones. No estaba demasiado lejos de su posición inicial, el tanque metálico blanco yacía a, como extremo, cinco metros una cosa de otra.

-Binoculares.-

-¡SI!-

El soldado, que se veía notablemente preocupado no tanto por su inexperiencia, sino, por el enorme nubarrón de nieve, crujido y pequeño muy tenue temblor que provocaban simplemente con su marcha y sus armas calzadas entre las manos. Eran extremadamente distinguibles, incluso, parecían carecer de cualquier tipo de miedo, o pudor, de enfrentarlos de manera total y completamente directa. Sus uniformes le detalaban, lo que el avejentado rubio, automáticamente, detectó para quedarse totalmente estoico, aunque impresionado.

[Imagen: Q6wXAd5.png]
-Informen al equipo de inteligencia. Necesito información sobre el que está delante de todos.-

Su mirada se veía totalmente contemplativa. No sabía exactamente a cuántos metros estaban, pero los suficientes para ganar un minuto o dos para poder ponerse en posición ante la afronta y el conflicto que se avecinaba -Blanco, rubio claro, cabello largo, engominado hacia atrás. Barba incipiente, ceño marcado, cejas muy finas. Rango medio de la Marina, probablemente por el uniforme.- era una suposición, dudaba de que un Marine de contralmirante para arriba pusiese los ojos en un grupo organizado no tan poderoso como el de ellos, todavía no daban la talla...y él lo sabía -Tal vez capitán, o comodoro.- Volvió a los largavistas, solo unos segundos -Joven. Muy joven. Es un chavalín.- y Stroud, por aspecto altamente desarrollado y altura considerable pudiese hacerle destacar por encima de la media de su edad, ciertamente, todavía resaltaban esos pequeños detalles de piel tersa y algo puberta propia de, aún, no llegar a la mayoría de edad. El hombre, tal y como ocurre con la gente vieja, comenzaba a hablar solo a partir de este, ya que el recadero, en cuanto supo la alta probabilidad de juventud, partió inmediatamente hacia quienes parecían encargarse de localizar a cualquiera que buscase impedir sus planes y encontrar sus posibles puntos débiles, mientras que el viejo rascaba su extensa y frolija barba en son de pensamiento e incomodidad. Así operaba Blitzkrieg: Perforar, adaptarse, terminar y repite -Pobre niño, la famosa justicia le ha lavado el cerebro para que pierda la vida por cosas que ni siquiera comprende.- hubo algo de mofa y decepción, casi como si supiese perfectamente lo que dice y hace mientras bajaba los largavistas para volver a observarles a la distancia. Aún con vestimenta blanca, el rubio de la cabellera y su porte eran fácilmente divisibles, especialmente por ser un poco más alto que el resto de la media de tropas -No me gustan los niños. No quiero tener que cargarme un niño.-
Algunos minutos después.

Un destacamento de 200 tropas se apersonó, también, a las puertas de aquella muralla de madera. Aquellos que aguardaban como centinelas en las atalayas, preparados con arcos y flechas (Exactamente uno en cada una, incluso en la atalaya central, el que parecía más incómodo por la presencia de tantos agentes de seguridad). Ganaban en número, y eso tranquilizaba un poco a su líder que, con una túnica marrón que le cubría por completo su cuerpo, caminó directamente hacia todo ese grupo que empezaba a tornarse tremendamente amenazante.

200 y 1 contra lo que parecían ser 40 y 1. Aquel rubio parecía tenerse mucha confianza, excesiva, para enfrentar a lo que era casi todo el escuadrón del Blitzkrieg de esa misma base. Tal vez confiaba en exceso en sus habilidades o simplemente estaba lanzándose un farol. Ideas que volaban por la cabeza del rubio que, con aspecto sereno aunque provocador, sonreía de lado mientras le escuchaba.

¡Stroud Redgrave, Comandante de la Marina!

[Imagen: 8E0d8Hs.png]
-¿Joooooo? ¿Comandante?-

Casi, pero no necesariamente demasiado lejos de su suposición. Aquel vejete era analítico y perspicaz, mucho. Todo su equipo, el cual empezaba a generar un círculo rodeando a las cuarenta patrullas poco distinguidas, sonreía y bufaba a partes iguales, riendo con complicidad ante las palabras de un agente de la Marina que se veía completamente dispuesto a detenerles. Las órdenes fueron claras: "Deponer las armas", las ubicaciones, claras: El rubio justo encima de un gran cartel que decía "Blitzkrieg", que se anunciaba casi con fanfarrias que era la puerta. El joven comandante, a unos diez metros, con sus tropas relativamente próximas a él. Como si de un escenario de combate se tratase y generado por sus propios hombres, el rubio se veía confiado por la superioridad numérica, pero sabía perfectamente que soldado previsor vale por dos, ¿Y fuerte? -Tres opciones:- vociferó, dando pocos pasos hacia adelante, lentamente y reduciendo esos diez metros a nueve -O eres muy joven y no tienes ni idea de dónde te estás metiendo,- ahora a siete -o estás tirándote un farol y si cuela, cuela,- y ahora, quedaba a exactamente tres metros del rubio. Ambas cabelleras albinas estaban casi a la misma altura, aunque el jovenzuelo era ligeramente más alto que el anciano que, debido a la edad, se había encojido un poco, manteniendo ocultos sus brazos detrás de la enorme capa marrón que le protegía del gélido clima. Sus tropas, en cambio, se veían con ropas más afelpadas, abrigadas con pieles de animal pero lo suficientemente dinámicas para sostener cada uno un sable sencillo.

[Imagen: As4I7ji.png]
-o estás haciendo tiempo y distrayéndonos para emboscarnos de alguna manera.-

Él hablaba y hablaba, como si tuviese total y absoluto control de la situación. La distancia entre ambos era de, ahora, dos metros. Su rostro, al final de sus palabras, se tornó serio -¡Señor! ¡Stroud Redgrave! ¡Lo encontré!- un muchacho más joven, corriendo con nerviosismo e inexperiencia, empezó a gritarle a las espaldas del rubio -¿Uh? ¡¿Y qué tienes?!- ya era absurdo, el rubio hasta miraba hacia atrás con el cuerpo hacia adelante, ignorando por completo al agente de la marina y su escuadrón de 40 hombres justo delante de sus narices. Se veía tan absurdamente confiado que quiso prestárle atención a la información otorgada por el muchachito. Justo frente a él comenzó a leer un cuaderno, uno que parecía tener hojas adjuntas, despelotadas, desorganizadas y no demasiado pulcras. Allí, parecía que conservaban información de miembros relevantes y destacados del mundo; En algunos casos, traían recortes periodísticos adjuntos a su trayectoria y, en otras, teorizaciones sobre personas que han transmitido la información de boca en boca -¡Aquí está! "Stroud Redgrave, actual comandante de la Marina y líder de división ochenta y cuatro, ascendida a a división sesenta por sus altos méritos, excelente coordinación y fuerte implicación en mantener el status quo". La división se creó hace un año, han salido en el diario como los más prometedores de su generación.- una sonrisa de lujuria y desafío apareció en la mirada de aquel rubio ojiazul que, mostrando sus dientes, volvió a dirigirse hacia el niño prodigio -¡Así que estamos delante de un prodigio! ¡Ahora entiendo cómo es que vas tan subidito!- alzaba el mentón, como quien quiere indicar una superioridad moral y falta total de temor. El anciano, incluso siendo 41 contra él, mantendría la misma expresión: Sabía que, aún, tenía la situación bajo control.

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-Te diré que vamos a hacer: Te vas a dar media vuelta y le dirás a tus superiores que la banda Blitzkrieg se fue de Drum, así, pum, desapareció. Nosotros levantaremos campamento en, como mucho, tres días, puedes hasta custiodarnos haciéndolo. Nosotros seguimos con nuestro negocio, y tú sigues con tu leyenda, niño prodigio. ¿Qué me dices?-

Sonaba realmente negociador, aunque habían burlas y risas de parte de todos aquellos bribones que creían que, simplemente por ser más, podían subyugar a los presentes que los detenían de mantener su tráfico de sustancias explosivas en la siguiente isla del Grand Line -No me gusta cargarme críos y trabajar con ellos, es un desperdicio de potencial, ¿¡Conseguiste información sobre el chaval del líquido!?- exclamó, ahora, clavando su mirada sobre el comandante y todos sus soldados detrás, manteniendo su enfoque en aquella dirección ya que, sus tropas, mantenían esa seguridad circular de aproximados 10 metros de diámetro -¡! ¡S-sí! ¡Iba a informarle de él! ¡Sí!- el chico dio un respingo, empezando a escucharse el ¡SHISH-SHISH-SHISH! de cada hojita maltrecha moviéndose a paso raudo, nervioso -¡Aquí! ¡Owen Yang! ¡Cabello rojo, ropa roja! ¡Siempre va acompañado de una chica con velo cruzado en la cara!- sí, aquel joven pirata había ganado la suficiente relevancia para poder empezar a ser marcado, registrado y buscado. Justamente al lado de su descripción yacía su actual Wanted actualizado y plegado sobre sí mismo que, expandido, daba su importe -¡Y VALE DOSCIENTOS SESENTA Y CINCO MILLONES DE BERRIES!- La expresión del rubio se tornó completamente pálida, ampliando sus párpados mientras empequeñecían sus pupilas -Ahora entiendo el porqué se mueve.- sonrió con malicia, frunciendo el ceño sin quitarle sus ojos azul radiante a los grisáceos del agente -Por ustedes.- y en efecto: Quedarse quieto, tarde o temprano, supondría su inminente captura...pero había algo en el muchacho que empezaba a resultarle...

...familiar.

Pecas.

Ojos grises, pecas.

-Chaval, ¿Te conozco de algún otro sitio?-

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#4
El enfoque que Stroud había decidido dar a aquella operación era, como no podía ser de otra manera, uno de enfrentamiento directo. Él mismo era de la opinión de que la Justicia no debía esconderse ni amilanarse, sino mostrar su presencia con orgullo en gloriosa confrontación, como un estandarte en sí mismo. La Justicia, por un lado, debía actuar, y, por el otro, debía reinar, y no era posible, ni deseable, reinar desde las sombras. La actuación de la Marina debía ser siempre un faro que inundase la isla con su luz: los ciudadanos y los maleantes por igual no solo debían saber, sino ver y sentir, que la Justicia estaba presente. Una realidad irrefutable.

El Marine no había parecido preocupado ni inquieto durante su marcha hacia la puerta sur del fuerte, ni lo estaba. Era algo que algunos malinterpretaban acerca de Stroud: lo habitualmente impertérrito de su carácter no era ninguna fachada. Los ojos del Marine analizaban lentamente los contingentes que habían empezado a acumularse en el sur de la fortaleza, la mayoría a ras de suelo, aunque también los centinelas desde lo alto de las atalayas a los lados, que ejercían control sobre el terreno desde las empalizadas. El fuerte albergaba más efectivos de los que había supuesto en un primer momento; tomar aquel sitio no sería fácil, y una gota de sudor corrió por la sien del Marine. Una de las primeras lecciones de estrategia militar era que tomar una fortifiación como aquella solía requerir un número de efectivos considerablemente superior en el bando atacante; la ventaja que proporcionaba su fortificación sería considerable. Hablando en términos estrictamente numéricos, la cuestión podía darse por perdida. Solo podía confiar en sus planes y en la probable diferencia de entrenamiento entre un lado y el otro. En eso y, claro, en que lo subestimasen.

Stroud mantuvo sus manos enguantadas detrás de su espalda, en impecable postura, mientras las tropas de Blitzkrieg hacían acto de presencia y formaban un anillo alrededor de ellos. Era un error táctico dejarse rodear, sin duda alguna, pero le convenía dejarlos pensar que tenían ventaja sobre él, como, de hecho, tenían. El razonamiento de Stroud era simple: si el enemigo quería pensar que tenía ventaja, había que darle motivos. Frente a él se había personado un hombre rubio que, incluso antes de pronunciar palabra alguna, se revelaba de forma evidente como el líder de aquella operación. Stroud no reaccionó ante ninguna de las opciones que planteó el hombre mientras se acercaba, paso a paso, a él, su mentón ligeramente alzado y acentuando la escasa diferencia de alturas entre ambos, sin dejarse acobardar ante la imponente presencia de quien era, evidentemente y pese a todo, un luchador más que experimentado. Sus ojos grises permanecieron clavados con frialdad en los del hombre, de una forma que podría haberse interpretado como aburrimiento en otro contexto, pero que en aquellos instantes significaba que no estaba sino esperando a que dijese la respuesta correcta. La exigencia de Stroud había sido clara, y no iba a repetirla. La pelota seguía en el tejado del líder de Blitzkrieg.

Su imperturbabilidad se quebró ligeramente, sin embargo, cuando entró en escena un joven que parecía traer un dossier sobre él. El Marine arqueó una ceja, esperando en silencio mientras leían aquella información sobre él. Tampoco dijo nada, continuó en silencio, sin responder a las provocaciones. Meditó por un instante la propuesta que le hizo el hombre: custodiarlos durante tres días hasta que levantasen campamento. Aquello hubiese implicado deshacerse del problema sin pegar un solo tiro, sin derramar una sola gota de sangre. Y aquello, claro, hubiera sido intolerable. Naturalmente, se trataba de una trampa o, en el peor de los casos, una salida fácil para aquellos criminales, que obtendrían la posibilidad de continuar con su operación tranquilamente en algún otro lugar. Eso resultaba evidente. Lo que se planteó Stroud fue si habría podido usar aquello para su propia ventaja. Sin embargo, descartó rápidamente la idea, favoreciendo su proceso mental habitual: lo mejor era lidiar con el problema allí y en aquel momento, cortarlo de raíz. Por primera vez, fue a decir algo, pero, incluso antes de abrir la boca, el joven intervino de nuevo.

"Owen Yang," pensó, repitiendo el nombre para sí. Nadie que hubiese visto su rostro hubiera pensado que lo había reconocido al instante. El pelirrojo de Cabos Gemelos... y de Little Garden. El sonido hidráulico proveniente del brazo de Sohem pasó por el fondo de su mente, como un ruido en blanco, por un instante, pero lo supo ignorar. Había seguido su trayectoria en los periódicos, pero jamás se hubiera imaginado que habría estado implicado en una operación como aquella. ¿Qué lo unía a Blitzkrieg? Empezó a hacerse una idea cuando el hombre rubio hizo alusión que se movía por ellos, por la Marina. No debía de andar muy lejos, por lo que decían. Stroud tragó saliva. ¿Aquel hombre había pretendido reclutar a Owen? ¿En qué se había metido exactamente aquel pelirrojo?

Finalizado su discurso, colocó una mano en el hombro del pelirrojo, a quien superaba ligeramente en altura, y que intentaba comunicarse por Den Den Mushi, aparentemente en vano. Parecía estar perdiendo la cabeza. "Tranquilízate," se limitó a decir pausadamente. "Vamos a buscar la forma de salir de aquí, ya veremos qué hacemos luego. Examina este lado de aquí, e infórmanos si encuentras algo, ¿de acuerdo?"


Debía dejar de pensar en él como una especie de civil en apuros, llevado por las circunstancias. Aquel muchacho se había labrado su propio destino a consciencia, y aquella recompensa que mencionaba el hombre era nada más y nada menos que el fruto de sus propias decisiones. En parte, él mismo era responsable de que aquella amenaza siguiese con vida, navegando a sus anchas por el Grand Line. Era un error que debía enmendar.


La súbita pregunta del hombre rubio, sin embargo, lo sacó de sus pensamientos. Se acercaba el momento. "Lo dudo," se limitó a decir por única respuesta, visiblemente no dándole importancia a la pregunta, volviendo a fijar sus ojos en los del malhechor y examinándolo de arriba a abajo. Habían esperado lo suficiente. Se produjo un silencio antes del caos que se avecinaba, mientras la tensión que todos podían sentir en el aire se aproximaba a su cénit a pasos acelerados. Era el momento de descabezar a la serpiente: era su única oportunidad de salvar vidas en una situación de desventaja numérica como aquella. Destruir su moral era la mejor primera jugada. Suspiró por un instante, y finalmente hizo una señal a las tropas tras él con las manos que mantenía detrás de su espalda, que saltaron como un resorte a atacar al hombre rubio, ignorando por un instante a las tropas que los habían rodeado y adoptando una formación en flecha, en un rugido que coronaba la explosión de aquel polvorín. Stroud dio un pisotón mientras sus hombres aún entraban en formación, haciendo que la nieve crujiese bajo el talón de su bota, mientras algo parecía comenzar a ocurrir por debajo de su abrigo. "And Justice For One," pareció anunciar en su monótona voz al mismo tiempo. Allí, en mitad de la nieve, en mitad de la nada, el estruendo se volvió ensordecedor, con todas las tropas en movimiento, gritando en coordinación, sus ecos recorriendo el paraje níveo. Sin dejar pasar ni un instante, el pisotón que había dado sirvió para tomar impulso para comenzar su movimiento, y él mismo encabezó el asalto como la punta de la flecha, recorriendo en un instante los dos metros que los separaban, y cargando no uno, sino dos puñetazos simultáneos desde su cadera, directos hacia el mentón del hombre rubio. "Double... ¡Jawbreaker!," exclamó en plena explosión de adrenalina, mientras sus nudillos se aproximaban a velocidad vertiginosa a su objetivo en un movimiento ascendente y coordinado, de forma que ambos impactaron al mismo tiempo y con fuerza, desde los dos lados, en la mandíbula del hombre rubio.

Segundos después, el plan de Stroud se ponía en marcha en el fragor de la batalla. Mejor dicho: la segunda fase del mismo se ponía en marcha. Desde el este y el oeste, y presumiblemente antes de que los centinelas pudieran actuar, dos pelotones habían subido con todo el sigilo posible hasta las atalayas que coronaban las empalizadas. Los arqueros que allí hacían guardia, como la mayoría del campamento, habrían estado lo suficientemente distraídos por el asalto desde el sur liderado por Stroud para darse cuenta de que, en efecto, el Marine les había tendido una trampa, atacando también desde los flancos. El ruido ensordecedor de la batalla que se producía delante sus narices, metros abajo, era suficiente para encubrir el discreto ataque que se producía simultáneamente desde los lados de la fortaleza, y que buscaba neutralizar, antes que nada, a los guardias sobre las atalayas. Dos oleadas blancas y uniformadas comenzaron a inundar el este y el oeste, como un oleaje que se alzaba de entre las nieves. Al norte, fuera de la indiscreta vista de sus centinelas, un último pelotón contemplaba la escena desde una posición privilegiada, siguiendo las órdenes de Stroud. Comenzaba la toma del fuerte.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3352 + 0 = 3352
Energia: 3064 - 543 = 2521
Espiritu: 802 + 0 = 802
#5
El tono y porte del muchacho seguía empezando a generar cierto sentimiento de familiaridad en el viejo rubio que alguna que otra cana timidona se apersonaba en su cabellera, ¿Acaso es porque es o fue relevante para el cuerpo de la Marina y ya lo vio con anterioridad? No sabía el qué, pero en cuanto yacían dos metros el uno del otro, empezó a tener un recuerdo vago que iba despertándose como la germinación de una planta en sus inicios.

And Justice For One,

[Imagen: 6cHaUQH.png]
-¿Oh? ¿Qué idioma es ese?-

El rubio no escatimaba en lo absoluto en imponer su presencia, sus gestos, su comportamiento o sus posición, la cual parecía incorruptible e imposible de modificar. El líder de la banda sabía que algo estaba tramando o que su poder respaldaba su fuerte capacidad de confrontación, ya que nadie en su sano juicio realizaría una maniobra tan arriesgada como ir de frente, sin tapujo y sin frenos sin infiltrarse de alguna manera en particular. Si eran más que ellos o simplemente los rodeaban, aquello, sencillamente, se volvería una absoluta y completa batalla campal sin precedentes. Era inevitable, era hasta peligroso sabiendo los contenedores de explosivo líquido que yacían justo en los interiores de la fortaleza que sus riquezas y sus ganancias, ciertamente, podían perdecerse. Aquel que parecía estar lleno de confianza aparentemente por su superioridad numérica, realmente, era por su tremenda capacidad de pragmatismo a la hora de resolver los conflictos como el mismo que yacía justo delante de él.

Pero en el momento que el chico se tensó y quiso abalanzarse hacia él...

...algo ocurrió.

-¡!-

Un destello. Como un flechazo, impactó justo contra su memoria, un recuerdo que estaba tremendamente borroso. Uno de esos que uno mitiga, olvida o simplemente cubre en arena o abajo de la alfombra porque, así, la vida puede vivirse con mayor soltura y tranquilidad. En cuanto vio esa mirada tan decidida y feroz, una tensión perturbadora invadió sobre su pulmón izquierdo -¡¿De nuevo?!- pensó, mientras cerró uno de sus ojos, adolorido como el que más. Era como si hubiese recibido justo una puñalada en una zona que parecía muy sensible, mientras que la imagen que traía delante...se reemplazaba por otra de un momento anterior.

[Imagen: ULediBb.png]

Parecía que todo se había coordinado para perjudicarle en el instante que el ahora identificado como comandante de la Marina y todo su pelotón, simple y llanamente, hayan decidido abalanzarse encima de él. Su experiencia en combate lo precedía, ya que pudo, dando un movimiento derecho de sus piernas, moverse a un metro hacia su derecha para provocar que aquel puñetazo doble siguiese su curso hacia adelante en su salto, esquivándolo por completo -Este...chaval...- su mirada seguía perturbada, MUY distinta a la fuerte confianza que había demostrado hasta ese momento. Había perdido totalmente el enfoque y, además, olvidado un poco que dentro de lo que él llamó como "su campamento", comenzaba a gestarse un accionar que podría poner a su equipo en mucho más que un aprieto. Lo mismo ocurrió con su pelotón de cuarenta soldados que, abalanzados entre sí, buscaban golpear al rubio avejentado, haciendo que sus movimientos empezasen a descoordinarse por culpa de la cantidad tan abrumadora de espadas que volaban en direcciones aleatorias y su mente...maquinando a todo vapor, buscaba obtener respuestas de semejante distracción -¿Qué fue eso? ¿Un recuerdo?- el punzar, otra vez, fue atroz -¡AGH!- llevó su mano izquierda hacia el pulmón del mismo sentido, un poco bajo, casi al final de las costillas. Aquello era casi imperceptible debajo de su larga capa marrón que le cubría por completo, pero suficiente distracción para que un espadazo volase directamente sobre él, ¡PUMB!. Incluso con la agilidad y reflejos inusitados que demostraba tener, dando pequeños saltos y movimientos hacia atrás hasta quedar a 5 metros del agente que lo golpeó en primer lugar, fue imposible evitar que le pegase de lleno la culata de una de las cuarenta espadas que volaban hacia sí mismo, provocándole tomar mucha más distancia.

-¡CABRONEEEEEEEEES!-

-¡LOS VAMOS A MATAAAAAAAAR!-

-¡MALDITOS HIJOS DE PUTAAAAA!-

Aquellos que generaban aquel círculo ficticio observaron la escena, consternados de que su líder haya recibido, aunque sea, un único impacto que, si bien no se vio doloroso, afectaba en la moral del equipo ante alguien que se veía y creía intocable. Ellos, con una rabia sin igual, buscar cerrar el círculo para reventar todo lo que se encontraba adentro, hasta que...simple y llanamente, algo ocurrió.

[Imagen: GhwZf7E.png]
-¡NI SE LES PUTO OCURRA DAR UN PASO MÁS!-

Su grito fue ensordecedor, de esos que estremecen el cuerpo de cualquiera que tuviese una mínima oportunidad. Retumbo casi tanto como lo hacía la voz del joven agente que yacía, ahora, a cuatro metros, y lo mismo ocurría con todo el pelotón de Marines que lo había abrumado poco después. La mirada del rubio yacía en el suelo, con una rabia ante un sentimiento que tenía en el fondo de su corazón: Nada podía estar fuera de su control o, al menos, provocarle esta sensación de angustia tan molesta, sin resolverse. Era una mezcla física, mental y emocional que no le encontraba razones de existencia, pero hubo un impulso físico, irracional, que detuvo y estremeció a todos los presentes. Pareció un pulsar, una onda que asustó y heló la sangre de todos aquellos que no parecían tener la voluntad suficiente para resistirle. Fue tan paralizante, tan tremendo, que hasta sus hombres entraban en pánico con su presencia.

El rubio se erguió hasta quedar, ahora, a cuatro metros -Todos ustedes, adentro.- miró a TODOS, a excepción de Stroud, incluído los Marines -Si no quieren que los asesine a todos y cada uno, agentes, métanse adentro de la fortaleza y desbarátenla. Han venido a eso. Háganlo, ahora.- determinante, demandante, exigente. Todos procedían como si estuviesen completamente enajenados, como si "malos y buenos siguiesen las mismas órdenes por igual"...más no pasaba lo mismo con el comandante. ¿Cómo es posible? ¿Qué estaba pasando con ese muchacho? El tropel de los pies comenzó a dirigirse con una timidez y extrañeza que era hasta incómoda, porque parecía que el líder los Blitzkrieg, por alguna razón, quería congelar el tiempo ahí mismo. NADA escapaba a su control, muchísimo menos sus pensamientos más irracionales -Cierren la puerta y cumplan a lo que vinieron, Marines.- también los ordenaba a ellos, soldados de ambos bandos cooperando para que sus cabezas no sean cortadas en ese mismo segundo.


El bullicio y batalla campal incontrolable empezó a escucharse justo detrás de ellos. En el proceso, disparos, algunas explosiones arbitrarias por aquí y por allá, pero nada que no pudiese ser medido por su equipo. Confiaba en ellos, y sabía que podrían detenerles, aunque...con inferioridad numérica como posiblemente tuviesen los agentes de la justicia, tal vez, haría un poco de ayuda de parte de su comandante para poder realizar la misión como exitosa -Stroud Redgrave.- el único ruido que podía escucharse era el de aquel gélido viento soplando, y las cabelleras rubias de ambos sacudiéndose casi al unísono.

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-Morirás aquí mismo.-

Su cuerpo casi desapareció ante los ojos del rubio de ojos grises que yacía no muy lejos de él. De la mano izquierda del anciano y por debajo de su capa, brotó una espada lo suficientemente larga como para poder provocar un corte que fue de descendente a ascendente, justo en el instante que se colocó delante de él a la distancia relativamente exacta para solo darle con la punta de la espada -¡¡¡¡!!!!- En exactamente ese movimiento, el apuñalamiento autoinducido de su cuerpo, otra vez, apareció, uno que había sido inexistente hace ya, como mínimo, siete o seis años. Aquello parecía haber sanado, pero...como si el recuerdo de su cabeza no fuese suficiente, también lo era el de su cuerpo.

Luego de aquel intento tan torpe por intentar atacarle, dio un pequeño salto hacia atrás, con esa velocidad tan abrumadora que parecía tener. Era inconcebible, ¿Qué estaba ocurriendo? No estaba cansado, y estaba jadeando. Su respiración se escuchaba pesada y empezó a toser, como si un fantasma del pasado estuviese provocando asfixia. No le quitaba la vista de encima a esas pecas y esos ojos grises. Esto no tenía ningún tipo de sentido, ¿El líder de Blitzkrieg, en problemas, ahora, contra un niño? Esto tenía que resolverse sí o sí -Niño, ¿Quién...eres? ¿De dónde...eres?- tenía una ligera corazonada, tal vez, investigando sus orígenes podría descubrir...un mínimo detalle de cómo una herida de hace más de diesiciete años, luego de haber sanado unos ocho, volvía aparecer de forma tan súbita. Buscaba mantenerse erguido, era difícil, pero con su atención y cuerpo totalmente pendientes hacia Stroud, ignorando completamente el estruendo escándalo que estaba pasando justo detrás de él y vulnerable a cualquier cosa que pudiese ocurrir a sus espaldas.

Aquello lo estaba perturbando sin cesar.

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Bélico


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Energia: 3715 - 5 = 3710
Espiritu: 1288 - 300 = 988
#6
La situación estaba por precipitarse de una forma que los cálculos de Stroud jamás hubiesen previsto. En el instante en que se había lanzado a propinar aquel ataque con sus dos puños, que normalmente hubiera tenido efectos casi devastadores en cualquier luchador menos experimentado, el hombre rubio había reaccionado con una velocidad casi sobrenatural para el Marine, esquivándolo sin ningún problema. El Marine llevaba tiempo entrenando en mejorar la velocidad de sus propios ataques, en la capacidad de reducir al máximo su forma de telegrafiar, y, sin embargo, no había sido suficiente. Aquel golpe, si bien probablemente no hubiese sido ni cercano a letal para alguien como el líder de Blitzkrieg, podría haber supuesto una contundente primera victoria moral que habría allanado el camino para el resto de la operación. Solo el abrumador número de sus soldados lograría hacerle un rasguño, por una mera cuestión de superioridad numérica, ángulo e imposibilidad física de esquivar una marea humana al completo. Pero eso no sería suficiente, y Stroud lo supo en cuanto vio su forma de reaccionar.

Sin embargo, el hombre parecía repentinamente perturbado por algo. Tal vez fuese un gesto, la forma en que cerró uno de sus ojos, o algo en su mirada, pero los ojos entornados de Stroud fueron capaces de captar que algo había ocurrido: aquella mirada confiada y de absoluto control sobre su alrededor, que a Stroud se le hacía familiar, casi como la suya propia, se había esfumado para dar pie a algo distinto. Y aquello solo precedió a un rugido, a un grito que Stroud, como todos los demás presentes, sintió en su interior casi como una manifestación tan auditiva como física del dominio. La presencia del hombre rubio estremeció al habitualmente infatigable Marine como pocas cosas lo habían hecho antes en su aún corta vida, haciéndole sentir una suerte de compresión que se extendió por su cuerpo de la misma manera que lo hizo por su mente. Un sudor frío le recorrió el cuerpo, dos gotas cayendo por su sien, como si todo su sistema le dijese que se encontraba en peligro. ¿Qué era aquello? ¿Era algún tipo de poder?

No pareció ser el único en sentir aquella suerte de oleada de control que el hombre rubio irradiaba; todos los presentes se estremecieron a ojos vista, incluyendo a sus propios hombres, que, para estupefacción del Marine, procedieron a hacer exactamente lo que el líder les ordenó. Aquello no tenía ni pies ni cabeza. ¿Era Stroud el único en resistirse a aquella influencia? No tenía ningún sentido. ¿Lo había excluido a él a propósito? ¿Quería un duelo a solas? ¿Y por qué les ordenaba algo así? ¿No iba precisamente contra sus planes? Las preguntas comenzaban a agolparse a gran velocidad en la cabeza del joven Marine, que debió realizar un esfuerzo activo por mantenerse agudo y no perder la atención sobre su entorno, viendo cómo sus soldados, en efecto, hacían exactamente lo que se les había ordenado, ignorando por completo el protocolo que él mismo había establecido al planear la toma minutos atrás. Aquello suponía un inconveniente considerable para su propio plan: había confiado en ser él mismo la cabeza de aquel ariete que ayudase a romper la barrera que era la ventaja numérica de los defensores. Sin su liderazgo, se temía que todo aquel plan se fuese a pique en cuestión de unos minutos. Cien almas condenadas a morir en aquel fuerte, masacradas por aquella banda de maleantes. Solo le quedaba confiar en su entereza y en que se ciñeran a su estrategia, en la medida de lo posible, y en que el pelotón norte interviniese inmediatamente para ayudar a decantar la balanza.


Pero debía mantener su atención intacta, lejos por aquel momento de la planificación táctica, y volver al campo de batalla real que se plantaba frente a él. Sobre la piel de sus manos, extendiéndose desde debajo del propio abrigo que lo cubría, y manifestándose incluso parcialmente en sus dedos, su piel había adquirido una textura extraña, cubierta de pequeñas espirales que se deshacían para volver a formarse al instante. Sus ojos grises continuaron clavados en el hombre rubio, mientras todo aquello era procesado en el fondo de su mente. Habían quedado repentinamente a solas, en la nieve, lejos del pandemonio que se desarrollaba dentro de aquella fortaleza de madera. El hombre rubio había perdido la confianza que lo caracterizaba, o al menos eso parecía, pero el combate parecía adquirir un tinte mucho más personal. Pareció desvanecerse de la vista, únicamente para volver a materializarse junto a él, espada en ristre. "Es rápido. Es muy rápido," pensó Stroud para sí, mientras vio resplandecer el filo de la hoja, reflejando la refulgente luz de la nieve en su trayectoria, "pero su espada no lo es. ¿Por qué?" Su mente lo procesaba todo a toda velocidad, en una constante descarga de adrenalina que pocas veces en su vida había sentido. En aquellos instantes, Stroud fue más consciente que nunca de que su vida estaba en riesgo. Una jugada errónea, un movimiento mal calculado, y estaría perdido. Mientras la espada avanzaba hacia él, su mano izquierda comenzó a retraerse hacia atrás de forma casi automática, cargando inercia, mientras comenzaba a recubrirse de viscoso mochi, como un muelle que se comprimía dentro de su propio brazo, únicamente para salir disparada, estirándose como una goma hacia la mano izquierda del líder de Blitzkrieg. "¡Strength Beyond... Strength!," gritó, a la vez que su puño golpeaba con potencia la misma mano con que el hombre sujetaba su espada, obligándole a soltarla con el impacto.

Normalmente, la espada hubiese caído sobre la nieve bajo sus pies, pero fue lo suficientemente rápido como para atraparla con su mano derecha, cazándola al vuelo y aferrándose a su empuñadura con su férreo agarre. Instantes después, el hombre se alejaba unos pasos de él, tal vez aún sin ser consciente de haber perdido su arma, su respiración escuchándose pesada, cargada, ronca. El —escaso, pero no inexistente— instinto médico de Stroud empezaba a figurarse qué pasaba allí: aquel hombre estaba enfermo. Debía de ser una vieja gloria del submundo, y en sus años mozos debía de haber sido un auténtico monstruo. Sin embargo, su cuerpo parecía dar señales de cansancio considerables. No sabía exactamente de qué padecía, claro, pero empezó a volverse evidente. La velocidad a la que se movía, su capacidad de reacción y, en general, sus habilidades de combate uno a uno no parecían casar en absoluto con la lentitud de la que había hecho gala, y que había dado lugar a la abertura que Stroud no había dudado ni un instante en aprovechar. "¡Seguid el plan, muchachos! ¡Luchad, luchad!," exclamó Stroud sin dejar de mirar a su adversario con un bramido, cuyo volumen, aun con lo monótono de su voz, sería más que suficiente para que lo escuchasen sus soldados al otro lado de la empalizada. El líder de Blitzkrieg era solo uno más. Uno más del sinnúmero de pequeños señores de los bajos fondos, entronados por la corrupción y la desesperación humanas sobre un lugar más alto que el que les hubiese correspondido en cualquier otro estrato de la sociedad. Su indiscutible y abrumador poderío físico no negaba lo inherente a su naturaleza: simple escoria. No merecía más adornos. Al pensar en aquel hombre en sus años mozos, un recuerdo corrió por su cabeza, un recuerdo que llevaba años enterrado, como si hubiera estado esperándolo en un baúl que Stroud había hecho por ignorar. Se le vinieron a la cabeza aquel fatídico día en su isla hacía nueve años, aquel incendio, aquellos barriles de pólvora, aquellos piratas, aquel Marine corrupto, aquel contrabandista...

Cortó el pensamiento en seco, consciente de que podría nublarle el juicio. "Stroud Redgrave, Comandante de la Marina," reiteró ante la pregunta del hombre con una mueca de asco, "de Spider Miles. ¿Y quién eres tú? ¿Qué tienes que ver con Owen Yang?," inquirió, mientras las espirales que parecían extenderse por su piel se desvanecían, y la misma volvía a la normalidad, si bien aquello era algo que casi nadie habría podido notar a simple vista, únicamente perceptible en las falanges de sus dedos que quedaban al descubierto por sus guantes tachonados. No solía conceder a escoria como aquella la cortesía de una conversación normal, pero sentía que la ocasión merecía una excepción a su norma, y, con un poco de suerte, tal vez podría averiguar algo más sobre aquella operación. A su alrededor, la brisa gélida soplaba, inflando el pesado abrigo blanco que lo protegía del frío.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3352 + 0 = 3352
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#7
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