Realidad del Puerto | Aventura Tier 1 | P.A
#1
Día 70 Otoño, Año 17
Hora: 18:30 pm
Puerto en Baquella
Isla Baterilla, South Blue


Baquella es un pueblo donde las casas son construidas con piedra blanca pulida, brillando con intensidad a la luz del día mientras sus tejados se tiñen de un rojo intenso que se funde con los tonos anaranjados del atardecer a diario. Esta isla era reconocida no solo por su belleza, sino, por la calidez de sus habitantes, personas con la gracia de la humildad, son completamente hospitalaria con sus visitantes, además de ser admirables a la hora de ejercer sus oficios pesqueros. Cada día sus costas reciben todo tipo de navíos comerciantes, de viajeros, turistas, y por supuesto, el arribo de nuevos reclutas a la fuerza militar que existe en la isla.

El cuerpo militar que existía en Baterilla era compuesto por soldados que en su presencia constante son asignados a ciertas labores a cumplir dentro del cuartel, ya fuera como parte de su capacitación o en ejercer el servicio a la comunidad. Tareas tan simples como patrullajes en el muelle y sus alrededores hasta la intervención en disturbios menores en la zona comercial, o incluso labores administrativas como archivar, llenar formularios, inclusive algunos también cumplian con las asignaciones de limpieza diaria, se podría decir que en la base militar las misiones son rotativas para cada Marine. 

Gracias a esta vigilancia, Baquella no era un lugar donde los peligros acecharan con frecuencia, la presencia militar garantizaba una paz casi inquebrantable… o al menos eso parecía. El día de hoy, los Marineros de turno eran llamados uno a uno para recibir nuevas asignaciones, varias de las tareas de hoy eran simples encargos diplomáticos, otras en cambio, requerían una supervisión más directa y atención al detalle.

Kagura, una Marine de cabellos bermellón y ojos de un azul intenso, era bien conocida dentro de la base no por su carácter, sino, por cierta conducta que no ha sido fácil corregir para los altos mandos. En esta noche se le asignó una tarea particular en el cuál consistía en patrullar el puerto comercial. Durante las últimas noches varios navíos habían reportado la pérdida de cargamentos importantes para los mercaderes y navegantes. Las investigaciones iniciales resultaban desconcertantes puesto que solo se encontraban cajas vacías, sin señales de forzamiento ni indicios de piratería, ningún sospechoso fue encontrado en los registros del tablón de búsqueda del cuartel. Los habitantes de la isla no ofrecían pistas concluyentes por lo que se necesitaba de una vigilancia prolongada.

Es por eso que han designado esta misión al Marine del turno encargado de este patrullaje, para investigar, vigilar y finalmente descubrir que ha pasado con los cargamentos.

Carta a Kagura escribió:¡Estimado Soldado!

Debe presentarse en el puerto de mercaderes e iniciar la investigación de inmediato. Interrogue a los navegantes afectados y recopile toda información posible:

¿Cómo ocurrieron los hechos?
¿Qué mercancía fue sustraída de sus cargamentos?
¿Algún sospechoso de tener en cuenta?

Recuerde que ningún dato es insignificante.

PD: ¡ES OBLIGATORIO EL USO DEL UNIFORME!
El incumplimiento de esta orden conllevará sanciones.



Amphitrite toca la canción
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#2
Capitulo 11: Realidad del Puerto
Lugar: Baterilla, Puerto en Baquella
Fecha: 70 de otoño, año 17
Hora: 6:30 PM



Con un paso casi ligero, me abría camino en las calles de la zona de comercio, el clima cambiante de esta isla me hacía estremecer de vez en cuando, como el día de hoy, sentía que la noche era un poco más helada ¿Quizás porque el invierno pronto llegará?, más motivos para estar vestida apropiadamente y dejar mi mal hábito aunque eso era imposible. Esta noche portaba el uniforme de la marina como era debido, pero para ser sincera aun sentía como la sangre me hervía ligeramente al recordar el acontecimiento de esta tarde, nuevamente mis superiores me volvieron a llamar la atención por no lucir correctamente el uniforme, pero por más que explicara de qué se trataba de un mal hábito, me volvieron a sancionar por dicha conducta. ¿Quién dijo que el camino al éxito era fácil?, evidentemente estaba pasando por una mala racha y debía solucionarlo pronto, Mi debilidad podría ser mi mayor ventaja o eso dicen los hombres en tiempo de guerra. Por esa misma razón esta noche tenía un ace bajo el uniforme.

Antes de que saliera del cuartel recibí una carta en donde me asignaron una tarea algo sencilla y repentina, cansada por laborar todo el día ahora debía realizar horas extras. Suspire pero me resigne, La carta mencionaba el reporte de una mercadería robada en el puerto, mi objetivo era recaudar información o encontrar pistas que resolviera el dilema, técnicamente una noche en la que debía realizar patrullaje, ¿Acaso era algún intento de pirateria? Bueno, la idea no sería del todo sorprendente pues estos actos de criminalista siempre eran frecuentes en esta isla.

Por ahora me encontraba en el lugar indicado caminando por las calles mientras observaba las tiendas y los locales pequeños, las calles siendo transitadas por los residentes no dificultaba mi labor. Atenta a cualquier sonido continúe avanzando, con mi sombrilla en mano a veces tocaba objetos que encontraba en la calle, pura basura humana, no era mi deber limpiar las calles pero recogí todo aquello que encontraba y lo depositaba en su respectivo contenedor. Por ahora no encontraba nada fuera de lo normal, simplemente perdiendo el tiempo.

Continuando mi camino, finalmente llegaría al puerto en donde algunos barcos estaban atracados, siguiendo las instrucciones de aquella carta debía interrogar a los navegantes y a los comerciantes que perdieron su mercadería, me aproximaba al barco más cerca, pero antes gritara a todo pulmón –¡BUENAS NOCHES ¿HAY ALGUIEN?!-- Grité con la esperanza que salieran todos a la vez, me desesperaba tener que esperar o mejor dicho, tener que interrogar uno a uno.
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#3
El puerto de Baterilla aquella noche rebosaba de vida, las farolas y antorchas iluminaban el sendero del muelle de madera mientras el constante ir y venir de los transeúntes hacían crujir las tablas bajo el peso de sus pisadas. Lentamente, el sol decaía en el horizonte dejando tras de sí matices anaranjados que poco a poco daban paso a tonalidades más frías, un cielo violeta acompañado por la brisa helada proveniente de las olas que besaban el entramado del puerto.

La mayoría de los puestos comerciales comenzaban a cerrar, por lo que la Marine podía observar cómo algunos isleños recogían sus pertenencias entre risas y conversaciones antes de retirarse a sus hogares, sin embargo, ciertos negocios seguían activos debido al tipo de clientela que frecuentaban los negocios, hombres navegantes que disfrutaban de una buena cerveza después de un largo día timoneando o descargando mercancía.

Fue entonces cuando la doncella nívea de ojos azules hizo su aparición entre los navíos aún encallados en la costa, captando la atención de todo civil que se cruzaba en su camino. Algunos simplemente decidieron cambiar de ruta en lugar de encontrarse con la oficial de turno. ¿La razón?, quién sabe, tal vez por antiguas fechorías, quizá por desagrado hacia el uniforme… o simplemente porque recordaron un camino más conveniente hacia otro lado.

Por el momento, la presencia de la marina bastó para poner a todos en alerta, no porque hubiese alzado la voz ni provocado un escándalo, sino, porque el uniforme que representaba daba a entender que algo ocurría en el puerto. Los mercaderes y trabajadores del muelle quedaron expectantes ante lo que pudiera suceder, algunos intercambiaron miradas confundidas, mientras otros simplemente la observaban en silencio.

—--- ¿A quién busca, señorita? —-- preguntó una mujer que en ese instante asaba calamares a la parilla, barnizándolos con salsa de barbacoa, la humedad de la salsa chocaba contra las brasas ardientes, levantando pequeñas nubes de humo cargadas de un aroma sumamente apetitoso.

—-- ¿Viene por lo de los cargamentos hurtados? —- añadió un hombre que cargaba dos enormes sacos sobre sus hombros, vestía únicamente unos pantalones beige y botas negras, sus brazos tatuados y la marcada musculatura dejaban en evidencia que era un hombre acostumbrado al trabajo pesado, tenía incluso facciones atractivas, ojos verdes, piel morena y cabello recogido en rastas, y, para desgracia, o quizá tortura, llevaba el abdomen sin prenda alguno que dejaba a la vista lo cuán marcado estaba su abdomen y sus pectorales a la vista de la Marine.

Mientras el montacargas se acercaba, aparentemente involucrado en aquello que la joven nívea buscaba, varios de sus compañeros comenzaron a aproximarse también, movidos por la curiosidad ante la intervención de la autoridad en el puerto. Todos y cada uno de ellos estaban sin camisa, dejando expuestos torsos igual de marcados. Ahora tenía frente a ella a cinco hombres de musculatura trabajada bajo la tenue luz de las antorchas. ¿Podría recordar la sencilla tarea que se le había encomendado?

A pocos metros, y ajenos a la situación, varios niños corrían entre risas por la vereda del muelle, llevando pequeños barcos de juguete. Tres niños y una niña de vestido blanco jugaban a perseguirse, todos blandían espadas de madera pequeñas, excepto la pequeña, que simplemente corría detrás de ellos intentando alcanzarlos. Uno de los infantes llevaba una vieja gorra con la palabra “Maarrine” mal escrita en el frente, dejando en evidencia que jugaban a imitar a las distintas facciones del mar, y la más soñadora, Marine vs Pirata.



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#4
El sonido de las olas al romper contra el puerto formaba una melodía tranquila que lograba calmarme, como si la fatiga se fuera del todo, La humedad de aquella noche se aferraba a mi piel haciéndome estremecer ligeramente, aunque aquella sensación no me desagrada, de hecho me sentía muy a gusto. Permanecí observando el muelle por unos instantes, perdida entre el silencio y las miradas curiosas de quienes aún rondaban por la zona, Quizás no era del todo bienvenida en este sitio, Mi uniforme era la presentación de la ley y la justicia, podía entender los motivos de los civiles al desconfiar de la autoridad pero no todos los marines éramos malos o buenos, la justicia nunca será un punto intermedio así que me tocaria definir esa ideología esta noche. Estaba sumergida en mis pensamientos hasta que la voz de una anciana llamó mi atención. Al girarme, encontré a la dueña quien se encontraba asando calamares sobre las brasas de una parrilla. Me acerqué con pasos ligeros mientras ella me observaba con curiosidad antes de preguntar qué hacía allí. Sonreí apenas y llevé una mano a mi pecho en señal de saludo —Buenas noches… Vengo de parte de la Marine para investigar lo ocurrido en este puerto.

Antes de que la anciana pudiera continuar con la conversación, una voz grave me tomó por sorpresa. Alcé lentamente la mirada hacia él y, por un instante, olvidé por completo el sonido de las olas y el murmullo del puerto, La luz de las antorchas recorría su torso descubierto, marcando cada línea de sus pectorales y el abdomen trabajado por años de esfuerzo físico. Tragué saliva con discreción intentando no quedarme observando demasiado tiempo, aunque claramente aquella tarea comenzaba a complicarse más de lo esperado. Y para empeorar mi situación, varios de sus compañeros comenzaron a acercarse también. Todos sin camisa, Todos igual de musculosos y sexys –*Madre de Dios*-- Pensé mientras mis mejillas comenzaban a sonrojarse levemente, estaba en el ¿Cielo? es como si una canción sonara en mi cabeza, haciendo latir mi pobre corazón.


La fantasía de estar rodeada entre los brazos de aquellos hombres me hacía sonreír como loca por unos segundos, pero las circunstancias me trajeron de nuevo a la tierra, carraspeando con suavidad antes de recuperar la compostura propia de una Marine, decidi continuar con la conversación —Así es… Vengo a investigar lo de los cargamentos hurtados, Mi nombre es Kagura —respondí finalmente mientras le hacía un gesto a la anciana en forma de despido para luego acercarme aquellos obreros.

Observé a cada uno de los hombres antes de comenzar con las preguntas — Si no les molesta, me gustaría hacer unas preguntas – Fijando la vista en el hombre que me hizo la pregunta, pronto pasaría a realizar las preguntas correspondientes —¿Quiénes estaban a bordo del barco ese día? ¿Quién estaba encargado de supervisar la mercancía? —pregunté con firmeza, aunque mis ojos se distraen de vez en cuando hacia aquellos pectorales y torso bien definidos, haciéndome tragar grueso con algo de dificultad— ¿Vieron personas sospechosas cerca del muelle esa noche? ¿Algún barco desconocido… o alguien merodeando antes del robo?

A pocos metros, las risas infantiles rompían la tensión del ambiente mientras varios niños jugaban a ser marines y piratas con espadas de madera, completamente ajenos a la investigación que comenzaba frente a ellos, sonreí levemente al recordar mis tiempos de infante, cuando jugaba a ser parte de los Marine, el mundo de los pequeños sin duda era más amplio y más inocente.

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#5
El obrero de ojos verdes la observó con cierta confusión ante las expresiones tan inusuales de la oficial de turno, quizás le desconcertaba verla tan abstraída, casi como soñando despierta. ¿Qué estaría pensando?, su distracción se hizo todavía más evidente cuando aparecieron sus compañeros.

—- ¡Hey, Shibah! ¿al fin echan mano a nuestra caga?
—- Eso creo, hermano.
—-- Uhhh papa, ya era hora que cayeran esos cheles.
—- Mirála pues, anda ida esa cipota.
—-- capaz toca tirar carnada pa’ que regrese…

Mientras la joven de la sombrilla salía poco a poco de su trance, víctima una vez más de su talón de Aquiles, los obreros conversaban entre ellos usando una jerga extraña y sumamente coloquial isleño, dejando en evidencia que no eran originarios de Baterilla. Venían de tierras lejanas pero cada cierto tiempo encallaban en el puerto para abastecer su barco con recursos del mercado y a su vez intercambiar mercancías mediante trueques, pues no eran hombres acostumbrados al uso constante de Berries.

La conversación murió apenas Kagura se presentó, el grupo de obreros guardó silencio de inmediato, prestando atención a la lluvia de preguntas que les hacía la mujer de uniforme blanco. Shibah, quien parecía el más sensato de todos y el único capaz de sostener una conversación realmente civilizada, fue el encargado de responder.

—---- Estábamos todos nosotros, era de noche, habíamos recién llegado y nos dispusimos a calentar nuestras barrigas con un banquete y cerveza de la isla… —- explicaba el buen señor con la mirada perdida en el suelo tratando de concentrarse en recordar todos los detalles. —-- Siempre antes de dormir nos percatamos que todo esté bien en el almacén, y habíamos traído quince cajas llenas de frutos rojos y uvas para entregar, la mañana siguiente nos dimos cuenta que desapareció una caja…

—-- ¡Y la babosada pasó en frente de uno, maje! — exclamó uno con gran resignación y algo de enojo.

—-- Teníamos vigilancia por lo que era casi imposible que nos hayan invadido, en mi barco solo estamos nosotros, cinco obreros, mi señora esposa, y mi hijo de siete años.

—-- Ese cipote parece lagarto, se trepa en to’ laos.

—--- Muchos de los comerciantes piensan que nosotros hemos sido los ladrones de las cosas perdidas, pero…lo cierto es que hasta nosotros hemos perdido mercancía, no queremos tener mala fama, a mí barco solo sube mi gente y mi hijo, que también viene a jugar con sus amigos cada noche. —-- El señor Shibah parecía algo preocupado ya que su negocio se estaba viendo afectado, y al ser un sistema de trueque donde las personas querían ver plata y no objetos, en Baterilla encallaban con algunas buenas personas que aceptaban su manera de  negocio. Dar y recibir.

—-- No hemos visto a nadie sospechoso, hemos hecho vigilancia pero nunca damos con alguien que quiera invadirnos a nosotros, y las personas no quieren que hagamos vigilancia en sus barcos por lo mismo que han pensado que les vamos a robar.

Los niños correteaban alrededor de la Marine formando círculos a su alredor, la mayoría jugaba a ser piratas, apuntaban sus espadas de madera hacia ella mientras lanzaban un fuerte y exagerado alarido de “¡¡AAAARGH!”, tras declarar aquella “guerra” salieron corriendo entre carcajadas, sin embargo, justo cuando un niño moreno, de ojos ámbar y largas rastas estaba a punto de escapar, uno de los obreros lo sujetó por el cuello de la camisa y lo levantó como si fuese un gato.

—-- Ey, cipote, vení pa’ cá antes que te reviente tu tata—- El pequeño respondió sacándole la lengua descaradamente, demostrando una absoluta falta de disciplina, acto seguido, le propinó una patada en la cara al hombre y escapó corriendo lejos del alcance de sus tutores navales.

—-- Lamento eso, está en la etapa de la rebeldía… —- expresó Shibah mientras suspiraba con pesadez, avergonzado de su propia criatura… —-- Por Favor, sí puede usted hacer la vigilancia… estoy seguro que encontrará a los culpables… todas las noches desaparece algo del mercado o de los barcos.

—-- Nos has revisado el barco todos los días en busca de esos objetos perdidos, y no me iré de aquí hasta que se quede en evidencia que somos personas honradas. 

—- Mirá alero, aquí la gente abre la naza mucho y wachea poco.

—--Dale, Dale —--- Chifló uno de los chicos mientras sonría sordamente —-- apártense pue´ que la chela anda chambeando.



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#6
De pronto cada obrero comenzó a hablar uno tras otro de una manera tan jovial mientras yo intentaba mantener el hilo de aquella conversación tan extraña y fragmentada. Por alguna razón aquella lengua me resultaba inquietantemente familiar, como si ya la hubiese escuchado antes en algún rincón olvidado de mi memoria. ¿Acaso un recuerdo de otra vida?, era imposible saberlo con certeza pero sonreí por inercia. Sin embargo, algo tenía más que claro, todos compartían exactamente la misma versión de los hechos, Eso me permitía descartar algunas preguntas, al menos las menos puntuales, Aun así, las dudas continuaban clavándose en mi mente como pequeñas espinas imposibles de ignorar, quizás alertas creciendo silenciosamente mientras observaba cada gesto y cada mirada.

¿Qué acciones debería tomar ahora?, aquella pregunta comenzó a rondar mi mente mientras analizaba cada detalle escuchado hasta el momento. Pero mis pensamientos fueron interrumpidos cuando los niños de hacía unos instantes regresaron corriendo alrededor de mí, Los pequeños reían con entusiasmo mientras proclamaban ser grandes piratas. Sus espadas de madera terminaron apuntándole en un improvisado desafío infantil que despertó algo en mi interior, un recuerdo cálido y lejano. Recordé aquellos tiempos donde fantasear con aventuras parecía lo más natural del mundo por lo que no dude en responderles.

¿Piratas?... ¡Será mejor que escondan bien su tesoro!—exclamé en tono divertido pero a la vez molesta, no solia tolerar mucho a los pequeños. Aquellos bribones comenzaron a dispersarse entre carcajadas, aunque uno de ellos fue detenido por el cuello de la camisa antes de escapar, recibiendo de inmediato una reprimenda por parte de uno de los obreros. Tras recibir una disculpa por el comportamiento de los pequeños, deje escapar una leve risa antes de responder con total tranquilidad —Es mejor corregirlos de pequeños… antes de que la realidad los alcance – Aquellas palabras nacieron acompañadas por la difusa imagen de mi hermano mayor, quien había decidido recorrer el sendero más oscuro, el camino de la piratería. Un recuerdo amargo que cruzó fugazmente por mi mente antes de desaparecer bajo la seriedad de la situación. Pero antes de que el hombre pudiera añadir algo más, retomé el control de la conversación con más firmeza.

Bien, esta noche vigilaré el puerto. Por favor, permanezcan en sus navíos y no permitan que nadie suba o descienda de ellos. A partir de ahora será una especie de toque de queda – La medida era simple pero estricta, mi idea era mantener a todos en sus lugares para facilitar mi trabajo y así poder detectar cualquier movimiento sospechoso— Mi vigilancia comenzará dentro de dos horas…— Tras una pequeña reverencia, termine alejándome del muelle en silencio. Necesitaba un punto donde pudiera observar todo sin interrupciones, así que permanecí cerca del puerto mientras el tiempo avanzaba lentamente hacia la noche. Cuando finalmente llegó la hora, comencé a patrullar la zona con calma, observando cada embarcación atracada mientras un suave silbido escapaba de mi labios. Mi sombrilla descansaba entre mis dedos como si fuese un bastón elegante en el cual apoyarme, La brisa marina acariciaba mi ropa y el constante murmullo del océano terminaba envolviendo poco a poco en una calma extraña. Aun así, en el fondo de mi mente permanecía aquella incógnita imposible de ignorar. ¿Qué sucedería esta noche? --Que ganas de comer cafe con semita...

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#7
La noche aconteció de manera lenta y todos aguardaban a que la joven Marine fuese quien trajera la verdad al puerto. ¿Quiénes eran los ladrones?, ¿Qué clase de persona poseía la agilidad suficiente como para no dejar rastro alguno en la escena?. Los obreros del muelle, pescadores y comerciantes acataron cada una de las indicaciones que la doncella de la sombrilla había dictado pues aquella noche era ella quien dominaba el lugar, la única autorizada para deambular libremente por toda la extensa pasarela de madera que recorría la zona mercantil. El sonido del oleaje golpeando contra los pilares del puerto acompañaba la tensa espera mientras las antorchas apenas lograban iluminar por completo el muelle.

Es posible que para Kagura la noche se sintiera eterna pues las horas transcurrieron lentamente sin que existiera algo más que aquella sofocante quietud allí donde caminara, las antorchas se balanceaban suavemente debido a la brisa nocturna del alta mar, proyectando sombras alargadas sobre la madera húmeda, sin embargo, cuanto más avanzaba el tiempo más evidente resultaba que quien estuviese detrás de los robos sabía perfectamente cómo ocultarse entre la oscuridad y el silencio de la madrugada.

Fue entonces cuando el sigilo llegó a su fin, frente a ella aparecieron ocultos entre las sombras de uno de los negocios, uno de pescadería, cuatro niños, los mismos de hace unas horas, vistiendo harapos demasiados grandes para sus cuerpos con algunos trapos cubriendo parcialmente su cabeza incluso uno de ellos llevaba un parche sobre el ojo izquierdo. Todos permanecían agazapados detrás de unas cajas húmedas de madera observando hacia distintas direcciones como si temieran ser descubiertos en cualquier momento, sin embargo ninguno prestaba atención al lugar desde donde la Marine se aproximaba con pasos cautelosos.

—- ¡Vamos, debemos ser rápidos! —- Indicaría uno de ellos qué era exactamente el hijo de aquel hombre obrero que buscaba limpiar su reputación en el muelle.

—- ¡¿Noah, y si la Marine nos atrapa?! —- dijo la niña que parecía ser la voz de la razón en medio de ese grupos de infantes.

—- ¡Ella dijo que escondieron bien nuestro tesoro!, Eso quiere decir que también jugará con nosotros, ¿No?

—- ¡Si! — respondieron todo al unísono menos la niña que sabía bien que se estaban metiendo en graves problemas con los adultos, sin entender muy bien sobre los bandos reales del mundo.

—- Que bueno que sea ella la Marine, era aburrido tener que serlo siempre, ser piratas es más divertido jajaja

—- ¡Si!, Quiero ser pirata, como los grandes reyes…

—- ¡Bien, no veo a la señora por aquí, intentemos llegar a nuestro escondite!

En cuanto tuvieron la oportunidad, comenzaron a moverse con rapidez, cargando entre los cuatro una caja de madera de tamaño mediano, lo bastante ligera para ser transportada por sus pequeñas manos pero claramente lo suficientemente valiosa como para justificar el riesgo,habían logrado sustraerla de un barco pequeño, uno que no contaba con vigilancia constante en la cubierta. La estatura de los niños les daba una ventaja natural, podían escabullirse fácilmente y colarse por espacios estrechos hasta desaparecer entre los puestos del puerto sin levantar sospechas, nadie suele desconfiar de la presencia de un niño… y ellos lo sabían demasiado bien, sin embargo, aquello no era un saqueo al azar, no atacaban cualquier embarcación sino navíos ligados a su propio entorno, a sus propias familias, aprovechando descuidos y rutinas conocidas por ellos mismos, y quizá ahí residía el error que la soldado en turno había pasado por alto, el no haber revisado ni consultado adecuadamente los cargamentos de los demás barcos atracados, y es por eso que conseguir toda la información por más mínima o tonta que sea, termina siendo necesaria. Ahora con la caja entre ellos y el movimiento sigiloso de regreso entre las sombras del puerto, la situación de vandalismo se redujo a un simple juego de niños.

El cargamento que llevaban era liviano por lo que su andar era muy rápido y nunca voltearon hacía atrás puesto que su mente era llegar a donde tenían su escondite, entre ellos se decían que debían ser más rápido. Casi corriendo llegaron al firmamento del muelle donde ya no había más tabla por recorrer pero si la arena que daba paso a los manglares solitarios, podría parecer una escena peligrosa que niños tan pequeños estén sin la supervisión de un adulto, pero… para sus padres y tutores, eran ángeles que dormían pacientemente en sus camas después del beso de buenas noches y un cuento bien leído, quién diría que eran querubines con una imaginación muy extremista a tal punto de pensar que para hacer un juego realidad debían robar.

Llegando a la zona donde nacía los manglares y el denso bosque, entre resbalones del fango y quizás una rama atravesando su camino, ellos se reían puesto sentían la victoria de haber robado nuevamente sin ser atrapados, se adentraron más y más hasta llegar a lo que parece ser una choza de ramas hecha con hojas de palmas, una bandera negra coronando la estructura triangular, y en su interior tanto como alrededor, estaban todos los cargamentos perdidos que sus familias habían reportado como robados, exactamente, en cuatro barcos habían robado este grupo de niños “piratas”, pero al final de la noche la Marine solo encontraría la verdad de que realmente solo habían robado a sus propios padres.

¿Qué hará Kagura ahora?, ¿Aplicará la ley en simples niños que con inocencia jugaban a ser piratas?
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#8

La noche parecía no terminar jamás, Caminé sola por el muelle mientras el sonido del mar golpeaba constantemente contra los pilares de madera, dejando que mis pasos fueran lo único que rompiera aquella calma incómoda. Durante horas no encontré más que silencio absoluto, ¿Quienes eran los ladrones? ¿Acaso será un falso rumor?, descarte la idea de inmediato pues por algo estaba aquí. Seguí caminando con la esperanza de escuchar o ver algo, mis sentidos estaban atentos ante cualquier situación, Fue entonces escuché risas, risas infantiles, ante aquella soledad y silencio solo pude sentir como un escalofrío recorría mi cuerpo de pie a cabeza –Fantasma— susurre pero al mismo tiempo sacudí la cabeza para descartar esa idea, a pesar de todo podía escuchar unos susurros, como ratones o algo así.

Al girarme pude observar unas silueta detrás de unas cajas, reconocí casi de inmediato  a los infantes que se encontraban asechando, me giré de inmediato para que no se dieran cuenta que los había visto, mientras llevaba una mano a mi cuello comencé a reírme por bajo –Jajaja..estoy hijos de la chingada…– de pronto todo comenzaba a cuadrar, los niños también estaban entre los sospechosos pero aun asi no los tome en serio, el juego superó la realidad y debía aceptarlo, esta vez…se la jugaron, una obra maestra totalmente, pero toda causa tiene su efecto. Dejando que actuarán como quisieran, debía lograr que bajaran la guardia para saber cuál era su objetivo. Cuando estaba fuera de la vista de los infantes no dude en ocultarme de manera que pensaran que me había ido hacia otro lugar. Ninguno notó mi presencia mientras ellos abandonaban el muelle y avanzaban hacia la arena húmeda que conducía directamente a los manglares –Astutos…– murmure cuando entendí por qué nadie sospechaba de los niños ellos eran capaces de esconderse en espacios donde un adulto jamás podría entrar sin hacer ruido o levantar sospechas inmediatas.

Continué siguiéndolos entre ramas, barro y raíces mientras ellos avanzaban sin mirar atrás, convencidos de que una vez más habían logrado escapar. La luna apenas atravesaba el espeso bosque de manglares y aun así conseguí mantenerlos siempre a la vista hasta llegar a una pequeña choza improvisada con hojas de palma y troncos mal acomodados. Sobre ella ondeaba una bandera negra ridículamente mal pintada que intentaba imitar a los grandes piratas de los cuentos. Desde la entrada pude observar cajas, herramientas, sacos y distintos objetos amontonados alrededor del escondite. Todo lo reportado como robado estaba allí. Sentí una mezcla extraña entre alivio y agotamiento al descubrir que el supuesto grupo criminal que mantenía en tensión al puerto entero no eran más que niños jugando demasiado lejos de los límites permitidos por la realidad.

Cuando llegaron al punto de encuentro, sonreí al ver su guarida improvisada, rei por bajo sin que ellos lo notaran, cuando finalmente bajaron la guardia decidí salir de las sombras lentamente para que pudieran verme con claridad –Vaya vaya…realmente son piratas– El susto fue inmediato, Algunos retrocedieron y otros se quedaron inmóviles observándome como si realmente fuera el enemigo final de su aventura imaginaria, me estaba conteniendo la risa mientras me cruzaba de brazos y los observé durante unos segundos antes de hablarles con firmeza —¿Así que ustedes son los grandes piratas que tienen al puerto entero sin dormir?... Qué decepción…– Dejé que el silencio los aplastara antes de continuar, ahora debía darle su regaño —Escúchenme bien. Ser pirata no es ponerse un parche y correr riéndose por la noche. Los verdaderos piratas destruyen hogares, provocan guerras y hacen sufrir a personas inocentes, nadie se excluye de esta norma– Señalé entonces todas las cajas amontonadas alrededor de la choza improvisada —Cada cosa que robaron le pertenece a alguien que pasó horas trabajando bajo el sol para conseguirla, y ustedes ni siquiera robaron a desconocidos… Le robaron a sus propias familias, a sus padres– Suspiré con cansancio mientras los veía bajar lentamente la cabeza, parecian que no habían entendido la gravedad del asunto hasta ahora —Los marines no jugamos a ser héroes. Protegemos a las personas para que puedan vivir tranquilas. Esa es la diferencia entre los piratas y los marines, ¿Matarían a su familia? ¿Robarian a los ancianos? ¿Estan dispuesto a huir de la libertad?– Cada pregunta era una sentencia más clara.

Aun así, seguían siendo niños. Lo comprendí al ver cómo algunos intentaban contener la risa nerviosa mientras otros discutían entre ellos intentando culparse mutuamente por la idea del escondite. Sus caras llenas de barro y sus intentos fallidos de parecer peligrosos terminaron agotando mi paciencia más rápido de lo esperado. Negué lentamente con la cabeza antes de acercarme nuevamente a ellos. —Hoy solo fueron cajas y herramientas… pero mañana alguien podría salir herido por culpa de un juego –  A pesar de todo, terminé dejando escapar una pequeña risa cansada mientras observaba aquella absurda choza — Aunque debo admitir algo… su escondite era bastante bueno – extendiendo mi mano hacia el que parecía ser el líder, acaricie su cabeza mientras dibujaba una sonrisa siniestra –Por lo tanto…deberán recibir un castigo – Tomé unas cuerdas abandonadas cerca de la choza antes de acercarme nuevamente a ellos. Sin hacerles tanto daño, los até cuidadosamente por el torso y los brazos para luego dejarlos colgando de un árbol resistente cerca del campamento improvisado – Estarán aquí hasta el amanecer – técnicamente estaban a 4 metros sobre el suelo.

Cuando el tiempo transcurrió y el amanecer comenzó a teñir el horizonte sobre el mar, los baje del árbol y aún atados, los lleve al puerto en donde sus padres esperaban preocupados, No dude en explicar toda la situación a las familias y luego los guiaria personalmente hasta el escondite oculto entre los manglares. Comprendí que aquella noche había sido mucho más absurda de lo que cualquiera hubiera imaginado al principio. La realidad del puerto sin duda era compleja entre la diversión para los niños y el estrés de  los adultos, ¿Como será su dinámica a partir de ahora? sin duda cambiaría. Regresando al cuartel con mi sombrilla en mano me encontre con algunos niños que jugaban a ser marines desde temprano, seguramente estaban de camino a la escuela, no dude en regalarles dinero para que compraran algo delicioso en la merienda, simplemente porque jugaban a ser del mejor lado. Continuando con mi camino, al llegar al cuartel me regañaron por llegar solamente en ropa interior ¿En que momento lo perdi?, quien sabe, seguramente de camino hacia aqui. Suspirando levemente, debia hacer el reporte de lo que paso en el puerto y con ello podria descansar finalmente.

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#9
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Aventura T1: Completada

Recompensas Narrador (Miyori)

— Puntos Mugiwara: 6

— Puntos de Rol: 10

— Berries: 15.000


Recompensas User (Kagura)

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 10+5 = 15

— Berries: 10.000+10% = 11.000

STAFF DE NAKAMA NO MI
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