Nuevas Coordenadas | [Pasado|Privado]
#11
Las palabras de alivio no tardan en llegar, mezclándose con una clara sensación de moral renovada, como si los fantasmas de la tristeza y desolación los hubiesen atacado en su ausencia, consumiéndoles la energía progresivamente. Claro que no podía permitirlo, iba a dejarlos ciegos de tanta alegría que pretendía esparcir, incluso si el cuerpo le pedía alimentarse con un festín vikingo de ser necesario, pero eso y el dolor de sus heridas recientes no iban a detenerlo, se encargaría después con sus conocimientos medicinales de dichos asuntos.

Lo cierto es que guiado por el hambre, sujetó un puñado de los dátiles y se los llevó a la boca, como quien ha estado naufragando en una pequeña islita desierta sin conocimientos básicos de supervivencia, incapaz de reconocer hongos comestibles de los venenosos. No había llegado a responder las palabras de los demás por ese motivo, y cuando estuvo a punto de hacerlo tras tragar a una velocidad alarmante, fue prácticamente embestido por Kuroshiro, quien se le echó encima abrazándolo sin permitirle oponer resistencia, apegando hasta su mejilla con la propia. —¡Oye! —reclamó, ofreciendo gruñidos como quejas.

Pero la rubia no contaba en su interminable ingenio con un detalle circunstancial, de alguna manera mágica, todo lo que entra en contacto con él a modo de prenda integrada también gana la propiedad de ser intangible, y una vez tragó, tras algunos segundos donde aquel descomunal afecto tomó protagonismo, los brazos de Nyra terminaron rodeando a la absoluta nada mientras Shin se movía hacia adelante, recuperando la solidez de su cuerpo y sujetando a la humink del cuello de su uniforme mientras el albino volvía a tomar una posición, justo delante de ella.

Acercó su rostro, encarándola con el ceño fruncido y fue ahí que escuchó a Kael. —¡Yo me encargo de Nyri! —exclamó, mirando al azabache de reojo y volviendo a los orbes aguamarina de Kuroshiro —Tú... eres una tramposa. —medio centímetro más, y sería capaz de sentir su respiración. A esa distancia la incrimina con su mano libre, apuntándola con el índice, una prueba de que en realidad no se molestaban irrumpiendo el espacio físico del otro, aunque Hasegawa no tardó mucho más en soltarla, tomar distancia y aplaudir.

—¡Bien hecho! ¡Aprendiste del mejor! —cerrando los ojos, continúa aquel pequeño escándalo con una sonrisa, para ahora sí, centrarse completamente en las palabras que tanto Hae-won como Omuyaga le dedicaron. Primero se centró en quien compartía su color de cabello —De maravilla, ChoiChoi. Lo recomiendo, fue una siesta reparadora. —sin obviar el detalle de que entrelazaba sus manos con las de George, extendió su diestra con el pulgar levantado, a modo de sello de aprobación. Sobre Kael...

—¡Oye! ¡Lo de hacerte cargo de ellos es porque creí que me moría! ¡No ves el pedazo de agujero que me hizo en el pecho! —el mismo dedo que vio la pareja se escondió, para extender el índice de la misma mano en dirección al pelinegro, mientras la extremidad libre señalaba la zona que el wotan atacó por última vez —Ya no cuenta ese trato. ¡Pero buen trabajo, soldado! —hizo el saludo militar a modo de parodia —A partir de ahora, vuelvo a estar a cargo. —se giró al resto del grupo, disfrutando los focos sobre su presencia.

—¡La División Setentaicinco no se detendrá ante ningún peligro! ¡Yo no volveré a caer! ¡Y avanzaremos hasta que no quede tierra por pisar! —exclamó, alzando el brazo hacia el techo, como si su cuerpo se alzase hasta la estratósfera mientras visualizaba sus palabras en su mente.

Dramatización de lo que Shin imagina


Pero ese entusiasmo fue rápidamente interrumpido por un rugido colosal de su estómago. Los presentes podrían jurar que en el estómago de Hasegawa existía una criatura mitológica esperando a salir destruyendo su abdomen en el proceso, haciendo eco incluso fuera de la residencia, al punto de preocupar a la dependienta de las habitaciones rentadas, quien no tardó en correr con todas sus fuerzas hacia la zona, creyendo que alguna criatura salvaje estaba atosigando a sus huéspedes. Shin transformó la sonrisa en un pequeño gesto con los labios entreabiertos, y de un segundo a otro comenzó a imaginar algún método inteligente para zafarse de esa monumental pérdida de seriedad, y llegó al instante en que la puerta se abrió.

—¿¡Q-qué fue eso!? ¿¡S-s-se ha metido una de esas alimañas!? —armada con un palo de escoba, observó a todos los presentes, hasta que sus ojos preocupados chocaron con los de Shin. El albino observó a la mujer cuarentona, y su rostro pasó a ser automáticamente el de un sex symbol, acomodándose el cabello y haciendo brillar sus ojos cerúleos apoyándose en su fruta del diablo.

—No se preocupe, bella dama. Eliminé a la criatura que nos interrumpió. Si no fuese por mí, es posible que mis compañeros no hubiesen soportado... —usó el mismo gesto de arreglarse las hebras albinas para enaltecer el bíceps de ese brazo, y podía jurar que pudo observar una pequeñísima hemorragia nasal en la pobre mujer, que avergonzada, se cubrió la cara y se retiró de la escena tras un fuerte portazo.

¿Shin? Bueno, quizás se exigió muchísimo en sus primeros minutos despierto, y empezó a ver borroso, con una sonrisa que temblaba de manera casi cómica junto a un tono de voz que rozaba lo caricaturesco, únicamente escuchado en circos. —No se... preocupen chicos. El suelo se ve bien, tomaré una siesta, es todo lo que necesito... —para nada el aroma a comida cociéndose le dio la señal a su cuerpo de que debía alimentarse de manera urgente.

Y para nada los dátiles de antes desataron su apetito voraz.

Cayó al suelo rendido ante la naturaleza, aunque con la suficiente energía mental para ponerse a entrenar en ese mismísimo segundo.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1871 + 0 = 1871
Energia: 2222 - 70 = 2152
Espiritu: 468 + 0 = 468
#12
La felicidad que me llevó a abrazar a Shin se empañó un poquito ante las palabras de Kael.

―Jooo… ―me quejé con tono infantil y el ceño ligeramente fruncido aun a sabiendas de que tenía razón.

Pero no me dio tiempo a separarme del albino, porque enseguida se volvió intangible y me encontré con mis brazos avanzando pura inercia ante la repentina nada. ¡Pero qué rápido come!

Casi de inmediato, me agarró del cuello del uniforme al tiempo que acercó muchísimo su rostro al mío, con cara de enfado. Continué mirándolo con genuina sorpresa hasta que me llamó tramposa y, teniendo así la certeza de que no iba en serio, de inmediato enlacé mis manos a la espalda y sonreí.

―¡Lo sé~! ―acepté orgullosa.

Apenas unos segundos después, su aplauso y felicitación me hicieron mover la cola con energía.

―¡Bieeeeeeen! ―celebré con ambos brazos en alto y una pierna levantada hacia atrás en lo que bien podría haber sido un saltito de alegría.

Y no perdí el tiempo. Mientras el resto continuaban entre ellos, aproveché para destapar la sémola de trigo y removerla con un tenedor para que se soltara. Por supuesto, aproveché para añadirle pasas y los trocitos de dátil que Dimitri había cortado. ¡Ya estaba lista! Sin embargo, para cuando terminé de sacar los platos, un increíble rugido me alertó y tuve que darme la vuelta para fijarme en Shin, quien aún conservaba aquella cómica pose. ¡¿Había sido él?!

La señora que nos había alquilado la casa apareció de inmediato, y en cuanto mencionó a las alimañas yo me volví de nuevo hacia la vajilla, dándole la espalda al tiempo que me cubría la boca con ambas manos, tratando con todas mis fuerzas de contener la risa que luchaba por salir, ¡y más cuando el albino declaró que había derrotado a la criatura! ¡Ay, no, por favor! Al final tuve que toser para intentar disimular el sonido que casi no podía evitar, pero por suerte ella se marchó antes de que mi intento de fingir se volviese insostenible y estallara en carcajadas.

Por suerte, me dio tiempo a poner una cama de  sémola de trigo, bien condimentada, en uno de los platos y, justo por encima, una porción de aquellas verduras decoradas con un perfecto huevo al vapor justo en el centro.

―¡Shin! No voy a permitir que hayas sobrevivido a todo aquello para morirte ahora de hambre. ¡Toma! ―anuncié, colocándole el gran plato en la mesa―. ¡Puedes repetir si quieres más!

[Imagen: bFT18hL.png]

Acto seguido, comencé a hacer lo mismo con el resto de platos, colocando todos cerca de donde había colocado el del albino y dejando el mío propio para el final. Si nadie lo había hecho para entonces, llenaría un par de jarras con agua y colocaría un vaso para cada uno. Solo cuando estuviera todo listo me sentaría en mi lugar.

―¡Que aprovecheee~! ―deseé antes de empezar a comer―. ¡Ay, qué ricooo~! ¿Os gusta, os gusta, os gusta?
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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