El Hipotecado - Tsunamaro [Presente Relativo]
#1
Sylvanas ya tenía varios dias en aquella isla, disfrutando de los saqueos que habia realizado cuando llego, y de algunas apuestas, pero habían algunas cosas que no se lograba quitar de la cabeza, entre ellos era la posibilidad de poder avanzar hacia el Grand Line, el gran cementerio de los Piratas y donde las grandes leyendas se formaban, el mar del sur le estaba aburriendo ya, y la verdad quería convertirse en una mujer que quedara marcada en la historia del mundo, como aquel hombre que una vez consiguió toda la fama y fue ejecutado.
 
Sus pasos se detuvieron cuando un sujeto llamo su atencion, era un hombre pez que parecía muy acabado, quizas preocupado pero espera un momento ¿un hombre pez? Era lo segundo más raro que habia visto en su vida, seguido por aquel sujeto negro con alas que le gano en un piedra, papel o tijeras hace un par de años – ¿te has comido una fruta del diablo? – pregunto con curiosidad, debido a que recientemente ella habia consumido una, y no le habia otorgado un poder extraordinario, pero habia escuchado que algunas podrían cambiar la apariencia del usuario por algun animal.
 
Sylvanas iba con su clásica túnica negra, misma que tenía una capucha que cubría su cabeza, pero en aquella ocasión dejo su cabello blanco al descubierto, una vez alzo su mano para retirarse la capucha – me llamo Sylvanas ¿y tu? – pregunto con curiosidad, mientras jugaba con una moneda dorada entre sus dedos de la mano derecha, aquel chico parecía un fenómeno, quizas por eso le llamo la atencion para poder detenerse y hablar con el.
 
Mientras esperaba en una respuesta por parte del chico pez, pensaba en que iba a necesitar una tripulación, quizas no era mala idea poder conseguir algunos usuarios de Akuma No Mi con poderes interesantes, la persona delante suyo parecía ser una buena opción.


Kermas Positivos


Karmas Negativos


inventario
  Responder
#2
Día 1 de Invierno, Año 17

Desde que despuntó el alba, llevaba un servidor paseando su escultórica anatomía por aquella plaza y, hasta el momento, ningún viandante había tenido a bien detenerse a intercambiar unas palabras con quien humildemente suscribe.

¡Por los barbos de Neptuno! Acumulaba ya, sin exagerar, como tres larguísimas horas sin practicar mi afición favorita: charlar con extraños. De modo que, cuando la dueña de aquella moneda que me cegó se aventuró a dirigirme el verbo, no pude más que girarme con entusiasmo hacia el origen acaramelado de aquella voz franca para encajar de pecho y con ambas manos bien plantadas en la cintura la pregunta más rotundamente extemporánea y ofensiva que me habían formulado desde que mis pies palmípedos hollaron por vez primera la costa baquellana.

[Imagen: YbstmC55_o.png]
—NO SÉ...
Espero haberte ayudado
...Lo que es una fruta del diablo.

Ciertamente, por aquel entonces, la existencia de las Akuma no Mi rebasaba los límites de mi sapiencia. Y es que este infrascrito había crecido en barriadas humildes de los fondos abisales, latitudes en las que, por motivos evidentes, los usuarios de fruta del demonio escaseaban. Tanto podría haberme comido una sin saberlo como no.

Pero a lo que íbamos.

Seguía mediando la mañana de aquella jornada invernal, el cuerpo serrano de este humilde feligrés de Poseidón aún rogaba desesperado algo de perreo conversacional y, justamente, acababa de presentárseme, atendiendo por nombre Sylvanas, un bombón desencapuchado.

«Lo propio, digo yo, será presentarse de vuelta», ¡ocurrióseme!

—¿Conque Sylvanas, eh? —paladeé, inclinándome ante ella sin perder de vista los dos ojazos plomizos que, serios, parecían escudriñarme—. Muy bien. Pues sepa usted que me declaro a sus pies, señora, y, si fuera menester, a cualquier otra extremidad de su persona.

Antes de seguir, retomé la vertical. Tras ello, apuntándome el mentón con el pulgar, proclamé:

[Imagen: bmv7GxI6_o.png]
—¡TSUNAMARO! 
Lleva por nombre quien le habla.

Entretanto, dos chavales del pueblo —el tal Eita, hijo de la panadera, y su hermano— pasaban a la carrera, aprovechando para saludarme.

—¡Adiooos, Hipotecaaado! ¡Nos vemos, Hipotecaaado!

...

Condenados críos...


Karmas
  Responder
#3
No habia consumido una fruta, aquella respuesta le habia dejado con cierta curiosidad o por lo menos, habia entendido que no consumió una, de lo contrario sabría muy bien a que se estaba refiriendo, despues de todo Sylvanas era se habia hecho con el poder de una de estas cosas, recibiendo un poder un poco curioso.

Movió un poco su cabeza, mientras cerraba su ojo izquierdo, pensando en un poco en las palabras que habia utilizado ¿estaba a sus pies? Era un sujeto un poco raro hablar, pero antes que pudiera responderle, escucho a unos niños saludarle y llamarle bajo un apodo algo curioso ¿hipotecado? No pudo evitar que se marcara una leve sonrisa, a ella le habían dicho la Bruja Negra por sus ropas oscuras, porque hacía “pactos” y aquella serpiente que parecía controlar desde que era una niña.

Volvió a abrir sus ojos, mientras se cruzaba de brazos – ¿hipotecado? Es un nombre bastante curioso – su mirada se mantuvo en el extraño sujeto, mientras recordaba a aquel otro chico de las alas negras – ¿Por qué te dicen de esa manera? No me digas que tu… –  arrugo un poco la nariz pensando en aquella opción, y su mirada se dirigía a los muelles, no habia ningún barco en ese momento – no, no es posible – se alzó de hombros, negando la posibilidad de que hubiera comprado un barco con un buen dinero, quizas un pesquero

Su atencion volvia al chico, fijándose ahora en ¿aletas debajo de su cabello? – ¿Seguro que no te has comido una fruta del diablo? No pareces humano – cuestionaba aquello, era extraño, muy pero muy extraño y hasta ese momento, Sylvanas no conocía del todo la existencia de las diferentes razas del mundo, incluso no sabía que ella misma era una Kuja, una clase de humanos que solamente nacían mujeres y de las cuales tenían una unión con las serpientes, por aquella razón su Poplar siempre le seguía y le hacía caso, como si fuera un perro
  Responder
#4
[Imagen: Fe0dRmBd_o.png]
—Uggg…

«Bof, qué vergüenza.»

No estaba en absoluto orgulloso de mi sobrenombre. Y, encima, aquella muchacha parecía haberlo malinterpretado. Lo deduje por la forma en que, al oírlo, dirigió la vista hacia el embarcadero, por entonces desierto, y murmuró por lo bajini que aquello no podía ser. Debió de pensar, aunque solo fuera por un instante, que mis deudas tenían algo que ver con un barco. «Pues no, ojalá.»

—¡Oh, no, no! De haber tenido yo navío a estas alturas, le aseguro que un servidor estaría ya rumbo al Grand Line, y no plantado en esta plaza haciéndole gasto de paciencia a usted. Lo de Hipotecado es solo un apodo de mal gusto —traté de explicarle—, fruto de una larga historia de la que aprendí que el dinero, como cualquier virus, pudre el alma de quien lo alberga y luego parte presto en busca de sangre fresca.

«Y, aun así, cada noche elevo súplicas a Neptuno por una pronta recaída en aquella dolencia. A ser posible, joder, crónica esta vez», pensé.

Todo lo que exterioricé, en cambio, fue un suspiro prolongado que culminó cuando Sylvanas volvió a preguntarme si me había comido una de aquellas frutas. Porque no parecía humano, añadió esta vez.

—No lo parezco, mi doña, porque no lo soy —resolví—. ¿O es que acaso es la primera vez que se cruza usted con un gyojin?

«¡Por supuesto, coño! ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Debía de ser la primera vez que aquella mujer se topaba con alguien de mi raza.»

Habida cuenta de aquello, y como para mí ya era costumbre sacar unas monedas a cambio de una pizca de gyojinología, enseguida activé el modo comerciante.

—Si tal es el caso, señorita Sylvanas, permítame proponerle una cosa, con la venia de su excelentísima señora...

Quise acompañar el convite con uno de esos gestos de familiaridad que acostumbro a dispensar a mis potenciales benefactores, así que me dispuse a tomarla del brazo. Fue entonces cuando advertí algo removerse bajo la manga de su túnica.

[Imagen: bLNl15ZA_o.png]
«¿Qué cojones...?
¿Lleva algo vivo escondido ahí?...
»

Por discreción, decidí no preguntar, no fuera a meterme sin querer en asuntos ajenos, y continué con mi propuesta.

—Verá. Quien le habla conoce un sitio por aquí donde preparan unos buñuelos de pulpo para chuparse los dedos. Y se me ha ocurrido que quizá tendría usted a bien invertir esa monedita con la que lleva un rato jugueteando —se me pusieron los ojitos brillantes— en la nobilísima y muy honorable causa de alimentar a este pobre desgraciado. A cambio, resolveré gustoso cualquier duda que tenga sobre los gyojin y, ya de paso, usted podría contarme qué diablos son esas frutas de ídem.


KArmas
  Responder
#5
Escucho con atención el motivo de su apodo y aunque no lo dijera de manera directa, no necesitaba hacerlo ya que podía entender el motivo: Las deudas, y es que el dinero era una maldición que todos tenían, pero no a todos le alcanzaba, habían personas que la noche les alcanzaba pero todavía no tomaban ni el desayuno, otros que extrañaban ropa caras de temporada, y muchos más que las buscaban en robos e incluso mataban por él.

Lo que le pareció curioso es que mencionara sus ganas de ir al Grand Line, seguramente allí estarían más personas de su raza Gyojin ¿Cuantas más razas existieran? Estaban los hombres con alas y ahora los hombres pez, una sonrisa se marcó en su rostro al saber que aun habían muchas cosas que podía conocer más allá de los mares de los blues a de los cuales ha estado moviéndose en estos – la verdad es que no, una vez conocí a un sujeto con alas pero no creo que sea un Gyojin – cerro su ojo derecho mientras recordaba aquel sujeto.

Antes que pudiera responder, aquel sujeto intento tomarla del brazo donde descansaba Poplar, cual reacciono con un rápido movimiento – es mi compañero – hizo un leve movimiento con la moneda, antes de ofrecérsela como si fuera una pelota – se llama Poplar – abrió su túnica, dejándola como una “capa” y a su vez, dejaba ver brazo donde estaba aquella serpiente blanca – le gusta estar alli – alzo sus hombros, antes de finalmente quitarse la túnica, para llevarla en la mano donde se encontraba la serpiente, misma que se movía para esconderse en ella.

Con un movimiento de su cabeza, le indico para que caminara junto a ella, al lugar donde le había mencionado  — parece que el destino ha querido que nos juntemos — mientras decía aquellas palabras, el viento provocaba que su larga melena blanca se moviera un poco – estoy planeando ir al Grand Line – una sonrisa se marco en su rostro, mientras imaginaba como sería famoso el cementerio de los Piratas – precisamente, planeo colocar este mundo de cabezas – sus ojos grises se dirigieron al chico Gyojin
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 2 invitado(s)