28-05-2026, 07:16 AM
07:00 AM
Dia 12 de Invierno, Año 17.
Base de la Marina, Reino de Roshwan
El viento helado aullaba a través de las rendijas de los pasillos de piedra, arrastrando una escarcha implacable que amenazaba con congelar los pulcros pisos de la base de la Marina. El viento traido de las tundras mas allá del Reino de Roshwan, donde el clima era mil veces mas frio, llego a la capital y fue contundente como un baldazo de agua. Probablemente iba a ser uno de los días mas fríos del año.
Y tan de sorpresa había caído esta repentina ola de frio, que ni la base misma estaba preparada pese a todos los recaudos. Soldados estornudando en los pasillos tapados con pieles, oficiales que corrían de un lado a otro con informes congelados y el ala médica estaba completamente colapsada atendiendo casos de hipotermia y resfriados comunes. Ni hablemos de la cocina, colapsada de marines buscando raciones de sopa de pollo para sobrellevar la helada.
Fue en medio de ese caos administrativo cuando el cabo de guardia, haciendo la ronda de asignación de tareas matutina, llego hasta los barracones. Y como era de esperar no habia nadie.... o casi nadie.
—¡Aquí abajo, señor!—
El pobre hombre miro hacia los costados buscando la procedencia de aquella voz finita. No fue hasta que golpee el suelo con el tacón de mi bota que se dio cuenta mi presencia. Clavó su mirada cansada en mis escasos quince centímetros de altura. Dio un suspiro de frustración pura y dio un vistazo a una tablita con hojas sostenida por un broche de latón.
—¿Usted es el soldado Pizz Kiita?...—
Me acomodé la visera de mi ushanka de la Marina, la cual insistía en deslizarse hacia abajo debido a que me quedaba notablemente grande, y clavé los talones en el suelo con rigidez. Llevé mi mano enguantada a la frente en un saludo militar perfecto, manteniendo el ceño fruncido y los dientes apretados para proyectar el máximo nivel de profesionalismo posible.—¡¡Si señor, soldado Pizz Kiita de servicio, a sus ordenes!!—
—¿Dónde esta el resto de tu grupo, Soldado Kiita?—
—¿Dónde esta el resto de tu grupo, Soldado Kiita?—
Plante aun mas mis pies y enderece aun mas mi espalda, sin quitar mi mano de la frente mientras hacia fuerza con el rostro fruncido para aparentar un look mas serio y agresivo.
—¡¡Señor, la mitad del grupo esta en la enfermeria con un resfrio severo , señor!! ¡¡La otra mitad esta en las cocinas, tengo entendido que hay sopa de pollo, señor!!—
Otro suspiro escapo de la boca del cabo, parece que tendría que relegar tareas al soldado mas pequeño de la base y no le generaba mucha confianza, pero dada la situación no parecía haber otra alternativa que confiar en el tontatta. —Bufff.. pues... muy bien. Soldado Kiita, dada la situación extraordinaria, te encargo la custodia temporal del equipo de comunicaciones de la base.— Ordenó a toda prisa antes de salir corriendo hacia el despacho del comodoro.
No me importaba que me hubieran asignado una tarea que otros considerarían menor. Pocos entenderían la importancia de aquella tarea. Si las comunicaciones de la base caían por culpa del frío, los piratas podrían aprovechar la vulnerabilidad para atacar a los civiles de las isla o de islas cercanas.
Y el soldado Pizz Kiita no lo iba a permitir.
07:20 AM
Dia 12 de Invierno, Año 17.
Base de la Marina, Reino de Roshwan
—Oi! Escuchen con atención, pelotón de comunicaciones, porque no voy a tolerar ninguna baja en mi guardia bajo ninguna circunstancia. —
Con los brazos en jarra y postura erguida, gritaba al numeroso pero decaído pelotón de comunicaciones conformado por...
Una docena de den den mushis.
—Soldados, los quiero en fila para el conteo, no quiero perder a ninguno en el traslado. Iremos a la biblioteca de la base, alli la temperatura es ideal para su recuperación. ¡¡Ennnn fila, soldados!!— Utilizando un trozo de papel y un lápiz que debí sostener con ambas manos debido a su longitud, comencé a contar a los enfermos caracoles que constituían el pelotón. 1.. 2... 4.. 8... Contaba mentalmente pero un estornudo proveniente del primer caracol en la fila me interrumpio la cuenta. Me acerqué al espécimen y utilicé un fragmento de tela limpia para limpiarle la nariz, o lo que fuera que tuviese en la base de las antenas, y apoye mi mano contra su piel rugosa para tomarle la temperatura. — Humm... como lo sospechaba, un resfriado...—
Mientras examinaba al primer Den Den Mushi, noté que otro de los caracoles me observaba fijamente con sus dos ojos saltones. El pequeño caracol estiró un poco el cuello, frunció lo que simulaba ser su ceño y apretó la comisura de sus labios, imitando de manera idéntica mi propia expresión seria y amargada.
—Pipipipipipi...— Una pequeña risa característica se me escapó del pecho antes de que pudiera contenerla, pero de inmediato recuperé la compostura. Me aclaré la garganta ruidosamente, me ajusté la gorra que se había ladeado de nuevo y golpeé suavemente el suelo con mi bota clara. —Bien hecho, soldado. Mantén esa actitud firme y resistiremos el invierno..—
07:30 AM
Dia 12 de Invierno, Año 17.
Base de la Marina, Reino de Roshwan
—¡Pelotón en línea! ¡Movilización general hacia la biblioteca! ¡Sigan mi paso y no dejen que sus mantas toquen el suelo helado!—
Coloqué mi rifle perfectamente cruzado sobre mi hombro derecho, asegurando la correa con mi mano. Me paré al frente del pelotón y di un fuerte pisotón que resonó en el suelo de madera.
Comencé a marchar. Con técnica estricta, y tan rígida y tan exageradamente sincronizada que parecía un pequeño robot de cuerda patrullando el suelo de la base. Mis rodillas se elevaban a noventa grados exactos con cada zancada, mis botas golpeaban la piedra con un ritmo milimétrico y mi cola esponjosa iba perfectamente alineada con mi columna para no perder el equilibrio.
—¡Jap!— Exclamé al dar el primer paso con el pie izquierdo. —¡Jap!— Repetí al asentar el pie derecho.
Detrás de mí, para mi absoluta satisfacción militar, la hilera de Den Den Mushi comenzó a moverse. Envueltos en sus pequeñas mantitas de colores recortadas, avanzaban arrastrándose sobre la piedra fría, intentando seguir la línea recta que mis botas iban trazando. El caracol que me había imitado antes iba a la vanguardia del grupo, con las antenas erguidas y la mirada fija en mi espalda, liderando el lento pero constante avance del pelotón caracolero.
Atravesamos el pasillo principal a paso de desfile. Varios soldados de infantería que regresaban de las patrullas exteriores se detuvieron en seco al vernos pasar. Eran gigantescos en comparación conmigo, auténticas torres de carne y hueso que nos miraban con los ojos muy abiertos y las bocas semiabiertas. Pero el aclamado Almirante Pizz Kiita no se deja intimidar facilmente.
—¡Jap! ¡Jap! ¡Mantengan el ritmo, pelotón! ¡No miren a los costados, la distracción es el primer paso hacia la derrota!— Bramé mientras descendíamos por la rampa que conducía hacia las profundidades de la base.
—¡Jap! ¡Dos, tres, cuatro!—
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