Un sinnúmero de barcos se acercaban discretamente, en la penumbra, a Baltigo, la isla blanca que refulgía en mitad de la noche. Su inconspicua superficie, cubierta de polvo blanquecino, arena y rocas, se encontraba aún a cierta distancia, protegida por los escarpados acantilados que bordeaban la totalidad de la isla. Para aquellos expuestos al viento marino, hacía un frío desgarrador, similar al que uno encontraría en las noches más gélidas del desierto más árido, que solo parecía intensificarse a medida que uno se acercaba a la isla. Sin embargo, la mayoría de nuestros protagonistas no habrían tenido ocasión de percibir la brisa aún, puesto que seguirían instrucciones estrictas de permanecer ocultos en las bodegas y los cargos de sus respectivos navíos hasta que llegase el momento de desembarcar, algo que, si bien dejaba escaso lugar a la épica, proporcionaba confidencialidad y discreción. Esto también indujo en ellos un fuerte sentido de desorientación, la mayoría de ellos siendo incapaces de saber cuánto tiempo llevaban exactamente de viaje, sin ser capaces de ver siquiera la luz del sol. La regla había sido estrictia, y ni siquiera habían podido salir a echar un vistazo al abrigo de la noche, cada una de las bodegas cerrada siempre a cal y canto.
El trayecto continuaba como lo había hecho, en líneas generales, desde que cada una de las embarcaciones saliese del puerto de recogida: en un silencio que únicamente rompían los gritos y las órdenes entre los marineros y los operarios de cada barco, propias de cualquier navío que se preciase. Por el bien de la operación, todos los revolucionarios presentes en ellos habían recibido órdenes estrictas de, además de permanecer ocultos de la vista y no moverse de la bodega de cada navío, procurar mantener silencio, o, al menos, no armar más jaleo del estrictamente necesario. El Ejército Revolucionario había sabido escoger bien los métodos de transporte para cada cual: habían elegido barcos que no levantasen sospechas de nadie en condiciones normales, habilitados para circular con normalidad a través de aquellos mares, y regidos por patrones o capitanes que supiesen bien lo que se hacían, minimizando el riesgo de que alguno de ellos se fuese a pique. Y, claro, que fuesen gente de confianza. Por una vía o por otra, se habían asegurado de que no quedase ningún cabo suelto. Los barcos, si bien independientes entre sí, llegaban en tres grupos que parecían bastante diferenciados, alcanzando Baltigo desde distintas corrientes y direcciones.
Por un lado, los Revolucionarios provenientes del South Blue habían sido aglomerados en la bodega de un barco pesquero de gran envergadura, el tipo de barco que uno podía ver con frecuencia pescando entre los más traicioneros oleajes del Grand Line. Su casco estaba hecho de gruesa madera reforzada con vigas por doquier, e incluso en el interior de la misma era posible ver percebes y moluscos de toda índola creciendo en la superficie de sus paredes, al calor de la humedad y la temperatura del lugar. Este barco había partido del Reino de Briss, donde había descargado su último cargamento, y había iniciado una estratégica ruta que seguía, con tal de no levantar sospechas, sus patrones habituales, deteniéndose en varias islas más del South Blue, como Isla Kárate, Baterilla o Samba. En todas ellas había hecho las paradas que hubiese cabido esperar de una embarcación como aquella, deteniéndose a efectuar reparaciones, vender parte de su cargamento y recoger a nuevos pescadores para su flota. Nada sospechoso, de no ser porque en su bodega, confinados entre enormes toneles llenos de pescado de todo tipo en diferentes grados de conservación y del hedor que los acompañaba, se encontraban varios reclutas del Ejército Revolucionario, que habían soportado estoicamente el trayecto. Junto al barco pesquero naveban otros tantos barcos, provenientes de los demás Blues. Desde el North Blue acudía lo que habitualmente se conocía como un collier brig, un colosal armatoste destinado al transporte de carbón. Era habitual ver navíos como aquel entre islas, sobre todo entre las más frías. En su bodega, entre los sacos de carbón, viajaban como polizones otros tantos reclutas norteños del Ejército Revolucionario. Venido desde el East Blue, en su travesía también los acompañaba un barco mercante de sake barato, destinado a aprovisionar decenas de tabernas porturarias y locales de dudosa reputación por todo el ancho mar, y en cuyos barriles viajaban, como pepinillos en salmuera, otro puñado de Revolucionarios con destino a Baltigo. Desde el West Blue llegaba uno de los navíos más distinguidos, destinado al restauración y coleccionismo de arte —legal y de otras clases—, cuya bodega, además de varios camaradas Revolucionarios, se encontraba repleta de cajas y estatuas de toda índole, acolchadas y sujetas con cuerdas.
Por otro lado, aquellos Revolucionarios que venían desde otras islas del Grand Line lo hacían subidos en lo que se presentaba como transporte especializado en movilidad y logística bovinas y traslado pecuario no procesado, pero que en realidad resultaba mucho más simple: un carguero de ganado, originario de Matsuri. Era un barco grande, de casco ancho y pesado, de escasa elegancia, cuya madera oscura e hinchada por el salitre se dejaba ver entre los restos de varias capas de pintura desconchada. En su enorme bodega, centenares de vacas viajaban apretadas en compartimentos estrechos, nerviosas o somnolientas según el día, en un suelo casi íntegramente cubierto de paja, y bajo el cual se ocultaban algunas pequeñas trampillas que venían a ser de gran utilidad en situaciones como aquella. Allí, en lo que había acabado siendo un minúsculo compartimento bajo una portezuela oculta por la paja, impregnado del constante hedor impregnado por el cargamento, con líquidos que se filtraban a través de los tablones de madera, viajaban en secreto algunos miembros de la Revolución procedentes de diversas corrientes del Grand Line, sorteando las olas de tan particular manera, enmascarados bajo aquel olor que hubiera hecho alejarse a cualquier fisgón que pretendiese meter las narices donde no le correspondiese. Junto con este navío llegaban otros dos: uno era un barco de transporte de residuos, cuyo hedor podía olerse a millas de distancia, y del cual sus pobres pasajeros, procedentes de varias islas, no podrían deshacerse en un tiempo. Otro era, simplemente, un pequeño crucero de turistas excéntricos, con controles escasos y vigilancia inexistente, y cuyos polizones habían podido sustentarse con las sobras del excelso buffet que se preparaba cada noche en la travesía. Todo ello, claro, a costa del Ejército Revolucionario, que se había asegurado de que nadie se fuese de la lengua.
Por último, aquellos Revolucionarios que venían desde más allá del otro lado de la Red Line, los que venían del llamado Nuevo Mundo, gozaban del medio de transporte más privilegiado de todos (sobre todo, con comparación con sus colegas del Paraíso): en solitario llegaba el mismísimo Yoru's Paradox, comandado por nada más y nada menos que Alhen Geouis, quien naturalmente también ponía rumbo a la Asamblea. El enorme y felino galeón, de presencia orgullosa, había navegado sin temor alguno a través de los mares con su llamativo casco rojo brillante, sus velas blancas y sus ornamentos dorados; poco importaba que destacase, Alhen, un maestro de la navegación, estaba acostumbrado a moverse con discreción y a evitar los lugares más peliagudos. A bordo del mismo, los Revolucionarios procedentes del Nuevo Mundo habían llevado a cabo una travesía que había transcurrido casi entre algodones, y habían disfrutado de la compañía de decenas de camaradas, compañeros del Ejército, además de todos los lujos que semejante barco pudiese ofrecer a sus cargos más importantes. A Alhen no le disgustaba la opulencia, eso estaba claro, pero sabía sostenerla con una navegación firme y segura. El Yoru's Paradox era una auténtica torre entre la discreción de los demás barcos que se acercaban a Baltigo, más bien insignificantes en comparación, tanto por su tamaño como su aspecto.
Estos no eran los únicos: a medida que se aproximaban a Baltigo, más y más barcos se volvían visibles. Había una enorme y polvorienta gabarra dedicada al transporte de ladrillos y tejas, y, no muy lejos de ella, un pequeño barco mercante cargado de grano. Hacía aparición también un barco de reparto de pescado salado, cargado, además de con quienes ya podéis imaginar, con barriles de salazón, así como un par de mercantes de verduras y frutas de todo tipo. Uno de los más curiosos era un enorme mercante de patatas y tubérculos, de una pesadez y una elegancia que haría palidecer a muchos de los buques insignia del mismísimo Gobierno Mundial, que parecía navegar junto a un barco que transportaba brea y alquitrán por varios astilleros. Y todos, con un silencio comprado u obtenido mediante la coacción, iban cargados también de quienes se disponían a prenderle fuego al mundo. En algunos casos, el viaje no había tomado más que un par de días, pero en otros uno podría haber jurado que llevaban semanas. Y esto no era únicamente debido a las enormes distancias a recorrer, sino a elementos variables y mucho más impredecibles como las inclemencias del tiempo, los caprichos de las corrientes, o algún inesperado amago de inspección que habría puesto bastante nervioso al más pintado. Sin embargo, tras tan tortuosos trayectos, aquellos navíos se acercaban finalmente a su destino, Baltigo, donde los esperaba un suceso sin precedentes en la historia del mundo.
Información
Participantes
Este tema, como indica su nombre, es para los llegados desde el Grand Line. Deberéis postear aquí.
Próximo turno
Tenéis hasta el viernes 29 de mayo a las 23:59 (hora española peninsular) para postear. No postear dentro de este plazo resultará en ser descalificado del evento.
295 FUE
209 RES
72 DES
72 PRE
330 AGI
267 REF
77 INT
219 VOL
140 CH
80 CA
Vitalidad: 5886 / 5886
Energía: 4496 / 4496
Espirítu: 1327 / 1327
Nivel: 24
El aroma era entre todo agradable, hablamos de Berry quien acostumbraba a vivir en la intemperie desde su nacimiento por tanto aunque fuese fuerte, MUY fuerte no había hecho gesto alguno de estar disconforme con su peculiar habitación debajo de las patas de la señora vaca como le había llamado. Le habían contactado vía den den mushi, una tarde o una noche en la que recorría Water Seven con algunas indicaciones de que pronto llegaría un barco a abordar y con otros detalles que típico de ella había olvidado completamente. Por suerte el abordaje le fue sencillo y por unos días no se aburrió demasiado, cuando se hacía de noche, la mink asomaba la cabeza por la trampilla y susurraba a la señora vaca, sabia y vieja siempre mascando un poco de pasto. Su pelaje bastaba para que su escasa ropa, una chaqueta y un conjunto de ropa interior negro fuesen suficientes para palear el momento de navegación. Sin embargo, la señora vaca no sabía adonde se dirigían realmente, noche a noche la zorra negra notaba que no obtenía mucho progreso y hacía un tiempo su den den mushi había entrado en un estado de indigestión a lo mejor por comer demasiada paja emitiendo solo una estática molesta al intentar usarse. No estaba nerviosa, había pasado por cosas mucho peores que apenas recordaba y tras la última aventura que había tenido de la cual ya solo recordaba escasas cosas, solo una frase permanecía en su mente, alguien gritando:
— ¡BERRY! —
Anunció en un susurro más cargado, mientras asomaba su cabeza y alzaba los brazos una noche más, la señora vaca emitió un Moo que las otras vacas replicaron en lo que la mink consideraba un saludo y sin saberlo camuflaba su susurro en el compartimiento que ocupaba. La zorra sonrió mientras estiraba sus piernas también, todavía en su mayoría dentro del compartimiento de la trampilla pero siempre con ese aire de grandeza, seducción y la belleza natural que una mink pura sangre podía desplegar. Tras un tiempo la señora vaca regresó su rostro hacia el de la mink, con una mirada que la zorra interpretó de que estaban cerca finalmente o quizás simplemente estaba agotada de tener que escucharle otra noche.—Quizás tengas razón señora vaca y estemos cerca de alguna isla, la verdad que el viaje fue interesante. No sabía que una vaca tuviese tantas historias interesantes.— bajó todavía más la voz a la vez que apoyó su cabeza sobre la paja, pareciendo un ratoncito entre el pajar, su olfato llegaba a captar algunos aromas a su alrededor lejos del hedor pero no les había tomado importancia ya que no le parecían divertidos o al menos de momento no habían hecho nada, por no decir que ignoró completamente a los otros que viajaban en su compartimiento por mero despiste y creía que era reducido, a veces la mink apenas diferenciaba a una estatua de una persona real tras tanto tiempo navegando en solitario. —Mi log pose tampoco funciona muy bien, supongo que hemos salido de Paradise pero no tengo idea de donde. ¿De verdad no le dijeron nada?— la vaca sacudió la cabeza espantando a unas moscas de su oreja, pero para la mink le estaba diciendo por décima vez (al menos de las que recordaba) que no tenía idea tampoco de la ubicación o la tarea por la cual habían llamado a la grandiosa Berry. La brújula en su mano seguía girando locamente, parecía un trompo y eso significaba que no estaban en un lugar preparado para esta o que al igual que su Den Den Mushi se había descompuesto.
— Creo que debo esconderme de nuevo señora vaca, le agradezco la colaboración, le daría un besito pero sé que está casada con el señor Moo y no soy una rompe parejas. O al menos eso me acuerdo. Bwahahaha...— guiñó el ojo de manera coqueta antes de volver a su trampilla completamente y cerrar la misma bajo la paja, faltaba poco o eso decía la señora vaca y finalmente le recordarían la razón de tan curioso viaje hacia quien sabe donde. Leyó el papel oculto en una de sus botas "anatipac Berry" así debía presentarse si alguien le pedía un rango, ¡menos mal que lo había anotado!.
resumen
Berry recuerda muy poco la labor por la que se le llamó, tampoco recuerda mucho los motivos del viaje tras pasar varios días y ver su den den mushi en un estado que cree descompuesto. Habla con las vacas del lugar asomándose cada tanto por la trampilla mientras se aproxima a su destino, manteniendo su posición discreta al menos lo máximo posible, incluso ignorando que otros viajan con ella dado lo despistada que es.
40 FUE
64 RES
163 DES
163 PRE
94 AGI
92 REF
88 INT
99 VOL
50 CH
0 CA
Vitalidad: 1500 / 1500
Energía: 1855 / 1855
Espirítu: 447 / 447
Nivel: 12
Las manos de Seraphine se enroscaron alrededor del cuello de Mizuki y apoyó su mentón en el hombro de la rubia, conteniendo su respiración, el lugar era sin duda no muy agradable y la chica de cabello multicolor se estaba mareando un poco, pero tampoco era nada nuevo para la antigua esclava que pasó varios años viviendo en una celda, con la compañía de otros esclavos en la cercanía, muy segura de que olió carne podrida en algún momento de su pasado; no obstante, debía reconocer que pasó demasiado tiempo desde ese entonces, necesitando unos minutos para que su nariz volviese a acostumbrarse, agradeciendo que fuese su vista la que se encontraba más desarrollada que su nariz.
Y sin querer, apretó un poco más, agradeciendo el no poder soltar sonidos, ya que cuando escuchó el Berry, la skypean pegó un brinco, con su corazón latiendo de manera desembocada, apretando el cuello de la gyojin, hasta que se dio cuenta, soltandola de inmediato con una expresión que quería decir lo siento, controlando sus ganas de agarrar a la mink de la cola y tirar de ella para que se metiera con algo de pánico, odiaba el hecho que cuando se encontraba animada o nerviosa, que su cuerpo no pareciera poder diferenciar entre las dos emociones, poniendo a la revolucionaria en modo de supervivencia, estaba feliz de poder hacer algo con peso en la revolución, aunque fuese solo asistir a algo y mantenerse callada, estando cerca de sus objetivos, pero al mismo tiempo, estaba que daba varios saltos de lo animada que estaba y temía hacer el rídiculo, dejar mal parados a la Corriente Libre.
Los ojos verdes se enfocaron en Berry, no pudiendo evitar soltar un pequeño quejido; algo le decía que iban a pasar un largo tiempo así, por lo que era mejor mantener la paciencia, aunque le estaba costando cada vez más ante el deseo de tocar tierra firme y, por puro interés científico, prestó ultra atención especial por si la vaca le respondía o no.
resumen
Recuerda que vivió durante un tiempo en condiciones similares y odia el hecho de encontrarse algo nerviosa y animada al mismo tiempo, con las acciones de Berry provocándole un susto, lo que ocasiona por consecuencia que abrace a Mizuki por el cuello con demasiada fuerza, queriendo llegar cuanto antes, mientras se asegura de que su compañera se encuentre bien y presta especial atención a la vaca por si le responde a Berry.
- Mudo
- Tic
- Sin orientación
- Desapercibido
- Don nadie
- Friolero
- Daltonismo (Tritanopia)
- Tímido
Inventario
Arco
Objetos bélicos
2
Especificaciones
Requisitos: 7 FUE / 10 DES / 10 PREC
Resistencia: 1000
Daño: 15
Escalado: 0,3 DES / 0,3 PRE
Alcance: 20
Unidades de peso: 2
Berries: 30000
Descripción: Un arma que consiste en una cuerda tensada entre dos extremos curvados, utilizada para disparar flechas. El arco se ha utilizado en la caza y el combate a lo largo de la historia.
arco002
Flechas
Munición
1
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: 10
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 3000
Descripción: Pack de 20 flechas para arco. Cada una provoca 10 de daño.
207 FUE
127 RES
165 DES
46 PRE
48 AGI
87 REF
109 INT
90 VOL
46 CH
105 CA
Vitalidad: 3216 / 3216
Energía: 2831 / 2831
Espirítu: 408 / 408
Nivel: 14
Incertidumbre, desconocimiento, calma. Realmente muchos estarían nerviosos, en pánico casi, pero no es el caso de nuestro gigantón, ha pasado por tantas cosas, ha pasado por presenciar la masacre de los suyos, ha visto como el mundo le ha arrebatado todo lo que tenía, desde entonces ha encontrado un par de amigos, siendo que uno de ellos ha desaparecido, dejando al chico sin saber nada de él, tampoco qué le ocurrió, simplemente desapareció cuando estaban en Little Garden.
De los demás, apenas podría considerar conocidos, y ni eso, pues a muchos ni los recordaba, pues apenas habría compartido unos momentos con ellos, sin ser lo suficiente como para considerarlos conocidos, mucho menos amigos. Por ahora la única persona que él puede decir es una amiga, pero no es alguien con quien vaya a compartir demasiado tiempo, ambos siguen caminos y rutas diferentes, eventualmente se desencontrarán.
¿Dónde se encuentra el gigante? En una zona interna de un barco que evita que sepa nada de donde se encuentran. No ha tenido ocasión de echar un ojo al mar o al cielo nocturno, con lo que desconoce por completo su ubicación, tampoco tiene idea de la ruta que han seguido, a decir verdad, no sabe nada de lo que está ocurriendo ni de lo que ocurrirá, pero siendo sinceros, nadie lo puede saber, solo sabe que es algo organizado por los altos cargos, y que son ordenes de ellos que no sean visibles y no vean el exterior.
Sobre ellos una serie de tablones que los separa de una instancia llena de animales, concretamente, vacas. El olor no es precisamente agradable, y el joven a saber como cabe en aquella instancia sin tocar la sustancia que gotea de lo que, para ellos, es el techo
Una mink suelta una expresión excesivamente alta, lo que rompe el silencio que reinaba, apenas roto anteriormente por las vacas del piso superior, esperando que nadie se acerque a indagar, el gigante saca una petaca de sus ropajes y le da un largo trago, el vicio está presente aún en situaciones como esta.
Su mirada analiza su entorno, cada rincón, cada objeto, cada persona, al parecer hay bastantes ahí, una de las personas casi asfixia a otra tras el grito de la primera, lo que hace pensar que no está acostumbrada a las sorpresas. Por ahora el chico mantiene el silencio, su voz no es sutil, no es sigilosa, y su coletilla, no es precisamente agradable de escuchar.
El chico toma su arma y la coloca en su regazo, preparando las cosas para pulirla, limpiarla y cuidarla.
Resumen
Kelvin analiza todo lo que le rodea, manteniendo el silencio, como si no quisiera llamar la atención, al menos más de lo que ya llama. Toma un trago de whisky de su petaca y coloca su bisento en el regazo, preparándolo todo para hacerle los cuidados.
Karmas
Usados en el turno:
Vicio: Tienes una gran dependencia a una sustancia concreta y, si pasas más de un tema sin consumirla, recibes un -5 en todas las estadísticas que se acumula por cada turno posterior, hasta un máximo de -25 (5 turnos seguidos). Si vuelves a consumir dicha sustancia, tus atributos se recuperarán en 5 por turno, hasta un máximo de volver a la normalidad. Debes aclarar tu vicio en la ficha. (Whisky)
Karma: -1
Inventario
Bélico
Svart Mjølner
Creaciones propias
3
Especificaciones
Requisitos: 20 FUE / 30 DES
Resistencia: 1500
Daño: 60
Escalado: 1 FUE / 0,5 DES
Alcance: -
Unidades de peso: 2
Berries: 999999999
Descripción: Es una variación de un bisento, emulando una especie de báculo de hechicero propio de novelas fantásticas, solo que al final se encurva creando una hoja bastante curiosa. Es de un tono negro salvo por la zona del filo, que es plateado y mide 25 metros de largo.
kelvin001
Variado
Den den mushi
Comunicación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 4000
Descripción: Animal que constituye el principal método de comunicación. Es idéntico a los caracoles y su tamaño varía entre 5 y 40 cm, aunque algunos alcanzan tamaños superiores al metro y medio. En su estado natural se comunican mediante ondas de radio.
dendenmushi001
Log Pose
Navegación
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: -
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 50000
Descripción: Dispositivo de navegación con forma de brújula estrictamente necesario para viajar por Grand Line.
logpose001
Colgante Familiar
Creaciones propias
0
Especificaciones
Requisitos: -
Resistencia: 500
Daño: -
Escalado: -
Alcance: -
Unidades de peso: 1
Berries: 999999999
Descripción: Un colgante hecho por la madre de Kelvin, juntando la faceta guerrera del padre de Kelvin y su piedra de preferencia(tigre ametista) y la bestia que representa su familia y su piedra de nacimiento(dragón jade)
El mundo parecía estar cada vez más agitado, las mareas infinitas del mundo traían consigo el olor de la revolución para quien supiera ver los patrones o entender las señales. La Gyojin Mizuki no era uno de aquellos individuos por suerte o por desgracia, sin embargo hasta ella podía entender que si las grandes manos de la armada revolucionaria habían convocado a un grupo recién formado como lo era la tripulación de Corriente Libre para participar de una reunión multitudinaria, era porque estaban cocinando algo de escalas nunca antes vista o cuanto menos vivida por una persona joven como la escamosa navegante, aunque por lo poco que sabía podían estar haciendo un recuento de cabezas para ver si atacaban un lugar o avisar que no llegaría ayuda con las provisiones en ciertas regiones.
La navegante que viajaba sin timonear ni comandar la embarcación donde estaba se lamentó hasta cierto punto ser incapaz de disfrutar el recorrido sobre las mareas a medida que se acercaba a la costa de Baltigo, aquel destino que ella desconocía pero pronto vería. Cuanto menos durante el breve momento inicial de su viaje la mujer de ojos azules capaces de ver figuras y formas en la oscuridad había tenido la oportunidad de ver numerosos bovinos alojados bajo la cubierta del barco, igual que ella misma y otros miembros de la armada revolucionaria por la liberación del pueblo prontamente imitarían en un compartimiento aún más profundo dentro de la embarcación.
Lo único reconfortante de aquel viaje y aquella situación para la mujer tiburón era que había podido viajar junto a su amiga y camarada, la Skypean de ojos verdes y un angelical nombre -No sé cuánto falte Sera, pero cada vez falta menos, pronto seremos libres de este olor y podremos respirar un poco más, cada vez falta menos.- le dijo con suavidad a su compañera de cabello multicolor mientras acariciaba un poco la cabeza tras sentir el peso de su mentón en el hombro de la Gyojin. Mizuki sintió una presión inesperada después de cierto ruido, pero la rapidez con la que su amiga se había apartado le resultaba decepcionante -No te disculpes que no me has hecho daño ni ha sido a propósito, necesitas acostumbrarte a que no soy tan frágil.- reitero como si ya hubiera dicho algo similar en el pasado en más de una ocasión.
Aquel grito que había asustado o al menos sobresaltado a Seraphine fue la gota que colmó el vaso mental de la Gyojin que estaba lista para decirle sus verdades a la persona que era incapaz de entender que se suponía que hicieran todo el sigilo posible mientras viajaban, entonces con la limitada iluminación que había en esa bodega por primera vez Mizuki vio directamente a Berry, la había escuchado antes o visto de reojo moviéndose, sin embargo al enfocar su vista en ella de forma concreta no pudo evitar abrir la boca al verla, era una mujer de pelaje oscuro con patrones amarillentos de casi un metro menos que la propia Gyojin y sin embargo lo que vio fue suficiente para hacer cortocircuitar por un momento a la oji azul que quedó con la boca abierta mientras la saliva comenzaba a caer lentamente por los lados de aquellas fauces de tiburón que bajo descuidadamente sus manos donde la luz reflectaba el par de grilletes sin cadenas que decoraban sus muñecas.
31-05-2026, 09:35 PM (Última modificación: 31-05-2026, 09:35 PM por Voz Seductora.)
El oleaje pareció intensificarse bajo el casco de cada uno de los navíos en que los diversos grupos habían estado viajando, volviéndose más agitado y violento a medida que se aproximaban a la costa. Desde lo alto de la cubierta del Yoru's Paradox, sus tripulantes pudieron observar el resto de barcos que parecían convergir con el suyo en aquella isla en particular, todos atraídos, como si de una fuerza magnética de tratase, hacia Baltigo. Poco a poco, los barcos comenzaban a detenerse, pero sin fondear del todo. Gritos desde cubierta, procedentes de los trabajadores de cada barco, comenzaron a indicar a los tripulantes ocultos en sus bodegas, entre su cargo, que podían empezar a salir ordenadamente. Lo hacían todo con una prisa y una eficiencia admirables, conscientes de la profunda ilegalidad en que estaban incurriendo al hacer aquello, y queriendo quitarse de enmedio lo antes posible, sin disimularlo ni un poco, pero cumpliendo profesionalmente con su compromiso, monetario o de otro tipo, con el Ejército Revolucionario.
De cada barco y barcaza se extendieron improvisadas pasarelas hechas de tablones que a duras penas parecían soportar el peso de los Revolucionarios. Sin embargo, aguantaron. A medida que los Revolucionarios bajaron de sus barcos finalmente, el aire fresco pareció una bendición, por frío que fuese, para sus castigadas fosas nasales, que durante días habían aguantado el hedor de vivir en la bodega de un barco, si no algo peor para alguno de ellos. La vista era espectacular: decenas y decenas de individuos bajaban de los barcos, agrupándose por centenares en la costa de la isla. Desde el interior de la misma, con parsimonia pero con firmeza militar, como si aquello se tratase de un desfile del mismo Gobierno Mundial —ironías aparte—, comenzaron a llegar figuras portando antorchas, de las escasas fuentes de luz que podían verse en la superficie de aquella isla. Lo que allí se estaba formando pasaba poco a poco de parecer una enorme muchedumbre y empezaba a asemejarse a un ejército. Un ejército en mitad de la nada, en lo alto de aquel pedrusco blanquecino en mitad del mar, pero un ejército al fin y al cabo.
Las figuras que habían llegado con las antorchas se cuadraron ante los recién llegados, que continuaban creciendo en número a medida que las bodegas de aquel sinfín de barcos continuaban vaciándose. Una vez todos hubieron desembarcado, los navíos que los llevaron hasta allí no tardaron en comenzar a desmontar a toda prisa las pasarelas y a soltar amarras, no sin que sus capitanes recibiesen bolsitas de (no tan) misteriosos contenidos, presumiblemente el finiquito de los generosos pagos por haber llevado a cabo aquella arriesgada labor. Los de las antorchas no parecieron reconocer a nadie, salvo, por supuesto, a quienes habían llegado en el Yoru's Paradox, frente a los que se cuadraron con especial firmeza, especialmente en el caso de Alhen Geouis, conscientes de la importancia de sus rangos.
Una pregunta recorrió las cabezas de los presentes: ¿qué estaban haciendo allí? Lo cierto era que, por muy multitudinaria que resultase aquella congregación, no había mucho más en Baltigo, que más bien parecía un peñasco salino en mitad del mar que una isla civilizada que pudiese albergar una Asamblea de aquellas magnitudes. No había infraestructura, ni... casi gente, realmente, más allá de aquellos encapuchados con antorchas, que exigieron silencio de los recién llegados. Lentamente, como si no fuera con ellos la cosa, comenzaron a caminar, guiando al grupo en una silenciosa procesión, caminando hacia el interior de la isla. Era cierto que en su mismo centro, entre las rocas, existía una fortaleza pétrea, blanca como el resto de la isla, pero no había señales de vida en la misma, ni luces, ni humo, ni ruido, ni nada.
Bajo las frías estrellas del Grand Line, entre puntuales rachas de viento que levantaban enormes oleadas de arena blanca y polvo que se deslizaba entre las rocas, todos los Revolucionarios convocados caminaron en silencio, a la expectativa de ver de qué iba todo aquello. Todos menos, claro, Alhen, que fumaba despreocupadamente a medida que caminaba, e incluso en aquellas condiciones parecía encantado de abanicarse con vanidad, como si no fuera con él la cosa. Lo cierto era que él sabía bien qué los esperaba, aunque no pronunció palabra al respecto.
Lentamente, toda la muchedumbre allí acumulada comenzó a aproximarse a aquella gran fortaleza que regía sobre la isla, construida quién sabe cuánto tiempo atrás y con qué propósito, guiada por aquellas mismas antorchas que encabezaban la procesión nocturna. La edificación era de piedra, aparentemente la misma piedra blancuzca que predominaba en el resto de la isla, pero mucho más desgastada por su exposición a los elementos, de aspecto prácticamente abandonado, erosionada por los fuertes vientos que asolaban Baltigo en sus días de tormenta. Tan erosionada estaba, que en muchos puntos parecía fundirse con la propia roca en torno a la cual había sido edificada, produciendo una construcción que, a ojos vista, daba la impresión de fundirse con su propio entorno de una forma inquietantemente orgánica.
La puerta principal estaba abierta de par en par, sus destartaladas puertas de madera inmóviles y polvorientas, como si nadie las hubiera tocado en mucho tiempo. Al otro lado, lo que el grupo encontró fueron, además de varias pequeñas subidas de acceso a las zonas superiores de la misma, una enorme escalera que parecía descender hacia la penumbra. Sin embargo, abajo, al fondo de aquellos peldaños excavados en la roca y desgastados por las pisadas y los años, parecían esperar luces oscilantes, como de fuego, acompañadas de un ruido. Un ruido que, de hecho, no hizo sino intensificarse a medida que todo el grupo bajaba por aquel lugar.
A medida que terminaban de bajar aquellas escaleras, todos quedaron deslumbrados por cuanto esperaba abajo. Tras un pórtico también excavado en piedra, se extendía un enorme patio de armas, iluminado por centenares de antorchas y braseros, donde esperaban otros tantos cientos de personas que charlaban alegremente, y que parecían haber estado esperándolos. A un lado y otro de la colosal estancia, entre sus columnas excavadas en la aquella misma roca blanca de forma tosca pero experta, colgaban enormes estandartes, bordados a mano, con el emblema del Ejército Revolucionario, y sus siglas: "R. A.". Resultaba impresionante para cualquiera ver aquello, puesto que aquel emblema rara vez se veía, y mucho menos exhibido de forma tan orgullosa y evidente. Estaban en casa. Poco a poco, una serie de figuras que parecían destacar entre la muchedumbre comenzaron a organizarla en varios grupos.
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Próximo turno
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