[EVENTO FACCIÓN-REV.] La llama de la Revolución [South Blue]
#1
Venimos de este tema.

Apoyada en una de las numerosas columnas que rodeaban el patio de armas, en la cara opuesta a la que se encontraban se erguía una figura de casi tres metros de alto. Un hombre el cual vestía unos impecables pantalones grises de traje y una más impecable todavía gabardina. Todo ello iba complementado con un fedora el cual, en comunión con la sombra que proyectaba la enorme columna hacían completamente imposible vislumbrar su rostro. A su lado se encontraba una muchacha joven, de aproximadamente un metro con setenta centímetros de altura y con pelo rojo, quien mantenía una efusiva conversación con él.

- Como te decía, jovencita, no hace falta que hagas algo tan arriesgado - aquella figura acercó el cigarro a sus labios nuevamente, guardando silencio mientras daba una larga calada, escuchando las palabras de la joven pelirroja con la que estaba conversando - Ve a Mogaro - interrumpió las palabras de su acompañante, expulsando después una bocanada de humo - Puedes ser útil para la causa y demostrar tus habilidades en el astillero. Deberías ir allí con tu familia. Podrías llevarte incluso a la nonna ROSOSOSOSOSO - aquella sonora risa hizo que el hombre alzara la mirada, de forma que el ala de su fedora se elevara y dejara pasar algunos rayos de luz dejando de esa forma visible su rostro de cerdo.

El hombre se colocó nuevamente el sombrero antes de hacer lo propio con la corbata. El creciente ajetreo proveniente del otro lado de las columnas era un indicativo de que cada vez se congregaban más personas - Venga, jovencita, ve con los tuyos, que yo tengo cosas que hacer - le dio un toquecito con la mano en la espalda, momento en el cual la joven comenzó a caminar a paso ligero - Y piensa en lo que te acabo de decir, Fio

El hombre dio otra calada a su cigarro, soltando el humo de sus pulmones con un largo suspiro. Se peinó sus bigotes con el dedo índice y pulgar de su mano diestra. A su paso junto a las columnas, arrojó el cigarro, o más bien lo que quedaba de él, a uno de los braseros, haciendo que se consumiera casi al instante. Con paso decidido, Porco Ghibli entró en el gran patio de armas. El porcino de casi tres metros caminó, fundiéndose entre la multitud con la discreción que caracterizaba al Comandante Revolucionario de los Ejércitos del Sur, hasta alcanzar su posición en la tarima que había al fondo de la enorme estancia. Miró a los lados, buscando brevemente a sus compañeros comandantes, antes de volver la mirada a la muchedumbre

- Camaradas - dijo con seriedad - Guardad silencio, que no voy a repetirlo dos veces - explicó después, reconociendo a bastantes de los allí presentes - Bienvenidos todos a la Primera Asamblea de la Revolución. Todo aquel que sea originario del south Blue, que empiece a formar frente a mí de manera ordenada.

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#2
Atributos Personaje


No pude evitar sonreír al escuchar a Mizuki, quien de seguro, estaría teniendo un peor momento que la Skypean ahí adentro si consideramos su personalidad, no pudiendo evitar imaginarla como un tiburón enjaulado. —Pero…— Escribió en su libreta, sin saber si la gyojin pudiese leer en aquella oscuridad. —Aun así, eres mi amiga y a amigas se les trata bien— Arrugó la nariz, más que convencida de sus palabras e infló sus mejillas. —Además, toca controlar las emociones mejor… En especial frente a ellos— Era fácil de adivinar a quién se refería, estando en territorio Revolucionario, estaban en lo más bajo de la cadena alimenticia, si lo hacían bien, podrían dejar su pequeña marca en la historia y salvar cuantos esclavos pudiesen.

Y de pronto, ante el silencio de la rubia, giró su rostro hacia ella, viéndola babear y llevó la mano a su boca, en un intento de ocultar una risita que no hacía sonido, divirtiéndose ante lo que veía.

Nunca soltó la mano de Mizuki cuando caminaron, como si presenciara que por accidente, cuando se separasen, la chica sin sentido de la orientación desaparecería yendo por el lugar que no le correspondía y aquello le daba algo de miedo, mirando a su alrededor con mucho interés. Siendo tras unos minutos, donde ordenaron a todos, que Seraphine tiraba de vez en cuando de la mano de la gyojin cuando algo llamaba su atención, poniéndose de puntillas, aunque no fuese del todo necesario, considerando sus casi cuatro metros y la voz de un hombre, con curiosa apariencia híbrida, los silencio, pensando que era mitad mink, algo que no la sorprendió demasiado, ya que junto a los alados y humanos, era la raza que más veía, lo que la llevó a motivar a intentar conocer más revolucionarios, de seguro que tendrían todo tipo de historias y personalidades curiosas.

—Ordenada— Pensó, soltando la mano de Mizuki, siguiendo la orden. —Orden..

Sabía que fue mala idea pensar demasiado en aquella simple acción, casi se tropieza, pero consigue girar un poco los brazos para evitar plantarse de cara, utilizando sus conocimientos de baile para quedar de pie de una manera elegante. —Que te jodan, Seraphine— Sintió un tic en su ceja, manteniendo una sonrisa en sus labios.

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#3
Atributos Personaje
 
No pasó mucho cuando se dio cuenta que en el mismo barco también Kasui y Shirohime viajaban con él. Al parecer iba en el barco correcto, a no ser que los tres se hubieran equivocado de destino, que sabiendo como es cada uno, no dudaba que aquello pudiera pasar. Durante el trayecto ninguno de los tres abrió la boca, pues tampoco era la intención revelar nada ni interrumpir el incómodo silencio que solo era acallado por algunos murmullos bajos. 

Le tomó por sorpresa cuando el primero en hablar de los tres fue el niño, el más callado de los tres y el que de forma evidente tenía los mayores problemas sociales. Lo más sorprendente no fue que hablara, sino lo que le dijo, no esperaba que en esa situación respondiera a aquella pregunta que le hizo hace un tiempo en su primer y accidentado encuentro. Algo tan básico como sobrevivir... era propio de Kasui, pero no por eso dejó de llamarle la atención -
Es bueno saber que al menos quieres algo, y si, más vale que sepas cuidar de ti, como dependa de Shirohime, ya puedes ir pensando en la siguiente vida. - Soltó una risa, pues a pesar de estimar un poco a sus compañeros, aún no estaba seguro si confiaría su vida a alguno de ellos. 


Lo siguiente fue lo que terminó de hacerle abrir los ojos y demostrar su sorpresa con su expresión facial. No podía creer que ese chico antisocial ahora esté soltando esas cosas que podrían ser hasta casi tiernas, seguramente sea la edad, los adolescentes suelen actuar de forma muy aleatoria. -
¿A ti te reemplazaron por un clon o qué? el Kasui que conozco nunca diría algo como eso. O ya sé, encontraste novia y te sacó el lado romántico - dejó caer su puño en una de sus palmas como si hubiera descubierto el mayor misterio del año, tras eso dejó pasar unos segundos antes de proseguir - Pero gracias supongo... Yo como adulto responsable supongo que tendré que también cuidar de ustedes dos, aunque sigo sin saber hacia donde vamos - Tras eso se volvió a acercar a la puerta para intentar ver algo del exterior, pero fue totalmente imposible. 


Pasaron unas horas luego de que finalmente les dieran la orden de salir de aquel lugar, cosa que agradecía, ya que no iba a poder soportar mucho más con ese molesto olor, el cual se empezaba a sumar al olor de varias personas encerradas y quien sabe si alguna de ellas mantenía rutinas saludables de higiene. Al Salir del barco junto al resto de las personas que yacían allí, y la vista era ante todo confusa. Al bajar del barco tampoco pudo dilucidar muy bien qué estaba sucediendo, lo único que podía hacer era ver a cientos de personas formándose como si fuera una ciudad militar muy bien organizada... o una secta demasiado eficaz en embaucar gente. 


Como si fuera un cordero más del rebaño fue siguiendo a la gente de su barco, quienes se iban formando en un grupo y caminando en fila. No soltó una sola palabra, pero miró a todos lados como si quisiera comentar cada detalle que veía. La isla no daba para mucho, no parecía haber mucha cosa ni algo que llame la atención a primera vista, además aquellas personas encapuchadas que los guiaban despertaban su curiosidad. 

Poco a poco fueron adentrándose a la isla, por lo que no le dio tiempo a memorizar cómo lucía el puerto de la isla, como también la gran cantidad de barcos que vio. Pocas veces había podido observar a tanta gente junta y eso empezó a confundirlo, pues según aquel joven en Baterilla, la revolución lo citó en este lugar, pero... ¿también citó a estas personas? ¿tanta gente está comprometida con su mismo ideal? eran dudas que no iba a poder responder por el momento.

Luego de un rato caminando sin saber donde, se detuvieron. Por suerte no perdió de su rango de visión a Kasui y Shirohime, pero no quiso decirles nada, ya que las personas encapuchadas pidieron silencio un par de veces, por lo que hablar no era una buena idea en ese momento. 

Sus ojos se abrieron cuando la fortaleza que aparentemente los esperaba estuvo visible. Una edificación de piedra, un material que parecía estar presente en cada rincón de la isla, la cual aún desconocía su nombre. La puerta principal estaba abierta de par en par y los invitaron a pasar, por lo que todos los presentes avanzamos hacia adentro y lo que se encontraron fueron unas escaleras que descendían hacia la penumbra, lo peor es que hacía allí es donde íbamos todos. La situación era un poco aterradora, pero su sentimiento de curiosidad iba creciendo por cada paso que daba, quería saber qué demonios estaba haciendo allí y también que esconde esta edificación tan peculiar. 

La respuesta no demoró en llegar, pues al descender varios minutos pudo divisar un enorme patio el cual para su sorpresa estaba completamente lleno. Nunca en su vida había visto tanta gente reunida en un mismo lugar, la emoción comenzaba a inundar su cuerpo, pues por primera vez en su vida sentía que estaba siendo parte de algo... parte de algo grande, era primera vez que de verdad se sentía parte de un ejercito, sentía por primera vez que un cambio era posible, que las cosas podían cambiar. 

Antes de poder hablar o preguntar algo a alguien escuchó una voz desconocida, pero que le respondió qué carajos hacía en un sitio como este. "Bienvenidos todos a la Primera Asamblea de la Revolución", eso fue suficiente para entender todo. No pudo procesarlo bien, ya que llamó a todos los originarios del South Blue a formarse frente a él y como el lamentablemente nació en Sorbet, se acercó al lugar donde fue designado. 


La sonrisa se mantuvo en su rostro mientras intentaba ver a su alrededor, primero para ver si Kasui y Shirohime lo seguían y después para comenzar a examinar el rostro de todos los que son sus nuevos compañeros de armas. Obviamente a quien más observó fue al hombre cerdo, lo más probable es que aquel peculiar aspecto fuera una fruta del diablo, pero... ¿y si era una nueva raza? ya existen los gyojins que son hombres pez, quizá pueden existir los hombres animales, cosas más raras se han visto en este mundo. En algún momento tendrá que preguntarle por esto para salir de dudas. 

Mientras divagaba en sus pensamientos seguía observando todo a su alrededor, intentando memorizar cada detalle y a la expectativa de qué era lo que seguía, porque si el ejercito revolucionario había convocado a una asamblea tan multitudinaria, era por algo importante, algo que quería saber cuanto antes. Apretó los puños para intentar contenerse y no demostrar lo emocionado que estaba, pues al fin estaba sintiendo que su vida podía tener un impacto real en el mundo. -
Bueno, supongo que es momento de conocer a los de arriba, a ver qué nos tienen preparado - Susurró para si mismo, pues demasiadas suposiciones estaban inundando su mente, pero sabía que tenía que ser paciente y que la mayoría de sus preguntas serían respondidas en los próximos minutos.

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Karmas

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#4
Atributos Personaje


Luego de desembarcar, pudo por fin escapar y liberarse de los olores de esa embarcación no digna de su grandísima epopeya de liberación y de victoria, ya que Shirohime, no aspiraba a nada más ni nada menos que una cruzada con caballos blancos y estandartes en alto. La lucha por el cambio, por el mundo blanco, no podía ser cualquier cosa; debía ser gloriosa, magnífica, mostrar cuánto poder puede ejercer la fuerza de su voluntad y por supuesto, iluminar a aquellos que todavía se escapan a la verdadera verdad. Una realidad justa, un mundo que debía nacer incluso si las nubes de tormenta caían por sobre los cimientos de la tierra, y Shirohime, estaba más que dispuesta a luchar con garras y dientes por tal cambio: Su cambio. No le interesaba nada más que la gloria y la fama, ya que ello conllevaba ser parte de la realeza, una digna partícipe de la monarquía que está por acontecer... y ante ello: Quiere gritar. Desea expresar a los cuatro vientos y que todos los mares de los Blues oigan su visión, que escuchen cómo el mundo se sacudirá y nacerá en pos de la nueva justiciera, la nueva reina y monarca del mundo blanco: Shiroland, la utopía, el epítome de la perfección. Un mundo bello y sin dolor, un mundo que puede compartir y en el que no tiene duda alguna que todos disfrutarán de su esplendor, de aquella luz radiante que ella, desprende y permite a los demás sonreír como niños después de recibir su dulce favorito.

Ella, la rubia de un sueño lleno de gloria y pasión... no abrió la boca en todo el trayecto por más que se viese tentada intentarlo, como es natural en ella; por ahora, simplemente se limitaba a ser una espectadora más del destino y formar parte de ese algo grande que los demás conformaban: Ser por ahora, una más. Por el momento... sólo una más. Por el momento.

Sus pasos eran tranquilos, pausados, y su expresión por el momento mostraba calma aparente mientras su corazón gritaba a los cuatro vientos su deseo de imponer la voluntad del mundo de blanco. Ah, ella, no podía evitar soñar o idealizar a sus compañeros: Imaginaba a todos ellos con capas ondeantes y armas centellantes, poderes capaces de partir la tierra y el cielo; una fuerza sin par. Lo que si no pudo imaginarse es que estuviera siguiendo el paso de... un hombre cerdo. Estaba curiosa por dentro y a la expectativa de aquello que pudiera acontecer con respecto a esa figura: Por supuesto que se hubiera esperado algo distinto y a un hombre de traje blanco con capa azul montando un equino blanco, pero no estaba cerrada a otras propuestas de camaradas y si, por algo estaba allí: Es que por dentro ardía el espíritu y ese vigor que el nuevo mundo demandaba.

Tomó aire. Inhaló profundamente y exhaló. Contenía sus ganas de entablar conversación y demostrar de lo que era capaz, aquello que podía hacer.

Tan solamente siguió caminando, caminando y fue hacia dónde le ordenaron. Carmen, estaba complacida por dentro de ver a su amiga tan tranquila, pero la gran pregunta es, ¿por cuánto?

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⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋

Baúl de los recuerdos
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#5
El aire frío golpeó el rostro Descendió por la pasarela con calma, haciendo crujir la madera bajo su peso no dijo nada. Simplemente observó Las figuras con antorchas comenzaron a guiar a la multitud y Shiryūko avanzó con el resto. El polvo blanco que levantaba el viento se pegaba a su haori mientras la enorme fortaleza aparecía ante ellos aquel lugar parecía muerto nadie les encontraría

Su mano se posó unos segundos sobre la empuñadura de la katana principal, más por costumbre que por necesidad. Cuando descendieron las escaleras y el enorme patio iluminado por antorchas apareció ante sus ojos, el mink se detuvo un instante...estandartes revolucionarios, Cientos de hombres y mujeres, Comandantes, Soldados, Personas que habían decidido enfrentarse al mismo enemigo Shiryūko observó la escena en silencio antes de continuar caminando. —Así que este es Baltigo...Su voz apenas fue más alta que un murmullo después siguió avanzando sin llamar la atención.

La voz del comandante resonó por todo el patio Shiryūko alzó la mirada hacia la tarima reconocía autoridad cuando la veía no necesitaba más explicaciones cuando escuchó la orden para los revolucionarios del South Blue, comenzó a avanzar sin prisas, junto al resto de convocados sus pasos eran pesados pero silenciosos para alguien de su tamaño no buscó conversación, no buscó destacar simplemente ocupó su lugar en la formación, cruzando los brazos sobre el pecho mientras observaba al su entorno y esperó, escuchar primero hablar después era una regla que le había servido durante toda su vida.
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#6
Atributos Personaje


De manera que mi llegada a Baltigo quizás no había sido lo que realmente esperaba, el tiempo fue difícil, hice mi mayor esfuerzo en quedarme callado, pero eso es algo simplemente imposible para una figura tan destinada a ser la estrella de la revolución como lo soy yo. El vocero, el que habla, el que da al mundo a conocer que es la revolución, al menos así me considero yo. Cuando un grito indico que podíamos comenzar a salir sentí como mis patas dieron minisaltos en su lugar como esos cartoons antes de correr y nada, simplemente corrí hacia afuera con todas las de la ley, me esperaba un lugar maravilloso, una isla en problemas, un reino en caos, pero lo que vi fue diferente. Parecia que habíamos llegado a un gigantezco pedrusco blanco sin más.
 
Bajé del barco por una pasarela improvisada que parecía que si dos yo cruzábamos al mismo tiempo nos caeríamos de golpe y poco a poco me percate de la cantidad de barcos que se acercaban a la costa, y sin duda medida todos iban desembarcando comenzaba a parecer un ejercito que claro, en medio de la nada poco podíamos hacer. La emoción corría por mis venas y con las intrépidas ganas de dar mis discursos me adelante un poco para ponerme frente a un grupo de los que desembarcaran, pero cuando me disponía hablar un grupo de figuras que no conocía comenzaron a llegar con antorchas, se cuadraron delante de todos quitándome mi oportunidad de hablar y de nuevo la misma situación, ir hacia un sitio en silencio, sentía que mis cuerdas vocales dejarían de funcionar si no hablaba dentro de la próxima media hora, aunque puede que solamente estuviera exagerando.
 
—UAAAAAH!!! ESE ES EL CASTILLO DE LA REVOLUCION. — Era imposible mantenerme callado en todo momento, me volvería alguien irascible si no me expresaba tal cual quería y mucho mas al ver semejante construcción, era del mismo material blanquecino, erosionada por quien sabe que tantas cosas, pero al acercarnos más y más parecía un lugar abandonado lo que volvió a decepcionarme, carajo este viaje no ha hecho mas que decepcionar mi conejil corazón. La puerta de adelante estaba abierta como quien esperaba visitantes en pleno día de acción de gracias, aunque la realidad comenzaría a mostrarse en cuanto entramos al lugar y vimos las escaleras hacia abajo, como era lógico la inmensa cantidad de personas comenzó a descender por las dichosas escaleras, lo que vi yo, no se los demás, pero me emocionó de tal manera que di un salto con todas las ganas de fundirme con la estructura al ver que dentro había una sala gigantesca donde había muchísima mas gente ya esperando, el emblema de la revolución, armas, gente increíble. —YUUUUUJU!!! ESTA ES LA PUTA REVOLUCIÓN QUE MERECEMOS TODOS!! MIREN NOMAS, MIREN NO MAS!! VAMOS HACER HISTORIA. — Se que muchos mas me miraron con extrañez pero no me importa en lo absoluto, yo si que disfruto de mi revolución.
 
Caminé un poco para ver mas de cerca los estandartes con nuestro emblema, parecía que tuviera 5 años emocionado por cada fibra de esos emblemas como si fueran el mayor logro que había alcanzado en la vida, hasta que escuché una voz mencionando a los originarios del South blue y me acerque; las ordenes eran como de costumbre claras y directas, formarse delante de un hombre cerdo que no olía a Mink por alguna razón. Como buen soldado me apechurre entre la multitud para poder colocarme en uno de los primeros puestos de las filas aunque por mi tamaño seguro que me terminen cambiando pero poder ver de cerca a uno de los lideres de la revolución me ponía la piel de gallina.

Un Salto a la Revolución
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#7
Atributos Personaje


El viaje había sido agotador, eterno e increíblemente incómodo. Miga Jeno no pudo evitar sentirse exhausto cuando finalmente le dijeron que podían desembarcar. Se aseguró de tomar sus cosas, ver que su speedo siguiera intacto y con un paso firme salió de la embarcación. Tan pronto llegó a cubierta, el frío le dio de golpe en todo su cuerpo, más no por ello quiso colocarse ropa, él era un hombre orgulloso del cuerpo que el destino le había dado, para él, su físico era una de las muchas pruebas que demostraban que era un gran ser iluminado, incluyendo sus buenos dotes.

Flexionando sus músculos a medida que caminaban, combatía el frío ligeramente. Una vez dentro de la cueva, se sentía mucho más cálido, era de esperarse debido a la multitud de revolucionarios que estaban allí. Contemplando la escena, se perdió en sus pensamientos. La adrenalina corrió por su cuerpo, estaba en un gran santuario de la armada revolucionaria, un templo lleno de personas con los mismos ideales, su cuerpo empezaba a acelerarse, la sonrisa no se disipaba de su rostro, todo se veía increíblemente positivo. Miga Jero, estaba como un niño en un parque de diversiones.

Caminó entre el tumulto, empezando a distinguir caras, había visto a algunos anteriormente y ni siquiera sabía que eran parte de la armada. Otras caras eran completamente nuevas, sin mencionar que no todos parecían simples humanos. Se mantuvo caminando por todo el lugar hasta que escuchó la llamada hacia los originarios del South Blue.

— ¡El Gran Ser Iluminado reportándose, señor! — exclamó con entusiasmo mientras flexionaba sus bíceps y procedía a formarse con el grupo.

— ¡Oh, también están aquí; sabía que no se lo perderían! ¡Estaba ansioso por encontrarlos! — saludó al par de caras conocidas que estaban presentes dentro del grupo, con una gran sonrisa y movimientos exagerados con las manos.


karmas
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#8
Al poco de que los den den mushi dejaran de funcionar, todos los revolucionarios variopintos que estaban atrincherados en la bodega comenzaron a salir al exterior. Yamaguchi observó como la persona que se le había presentado, Miga Jero subía a cubierta, sintiendo que no quería relacionarse demasiado con él, ¿quién se autodenominaba como alguien “iluminado” en su primera interacción? Por supuesto alguien a quién le gustaba llamar la atención y, para alguien como era Ryu, era preferible para él mantener un perfil bajo.

Parecía que eran mucho más barcos los que habían partido hacia la misión que se les había asignado, o eso entendió Ryu cuando vio a todas aquellas personas reuniéndose y movilizándose en esa isla. Había mucho viento y arena, pero gracias a unas antorchas que había que seguir y al color blanco de la isla, era fácil no perderse hacia dónde había que dirigirse. Yamaguchi, sin pensárselo dos veces, caminó hacia la zona designada, hasta que llegaron a un edificio, uno que parecía ser algo simple aunque enorme. Sin embargo, al entrar en él y, después, bajar por unas escaleras que parecía llevar al subsuelo, Yamaguchi vio que era mucho más complejo de lo que podía aparecer en un primer lugar.

Al bajar esas escaleras, llegaron a una enorme sala bajo tierra, que estaría a oscuras de no ser por las muchas antorchas que había en el lugar. En ese lugar tan privado e íntimo, era posible que toda la revolución se concentrara en ese lugar subterráneo. Desde luego, que alguien con claustrofobia debería estar experimentado toda clase de crudas sensaciones.

De repente, los que debían ser unos altos cargos de la revolución, empezaron a poner orden en el lugar, organizando a todos los presentes en distintos grupos según su mar de origen.¿Un cerdo? Sus ojos no le engañaban. Había un cerdo con gabardina y bigote tomando el liderazgo en el que sería su grupo.Y me llaman a mi bicho raro por poder producir cera kususususu.

Mientras se movilizaba para seguir las órdenes del comandante, pudo distinguir a varios de los compañeros que había visto en la bodega del barco pesquero en el que habían viajado, limitándose a no interactuar con ellos hasta que vio a una dulce chica de pelos rosados casi tropezarse. El corazón casi le dio un vuelco cuando la vio. Quiso ir a saludarla pero Yamaguchi entendió que no era el momento más adecuado para entablar una conversación o saludarla después de haber estado tanto tiempo separados. Ya habría tiempo para hablar largo y tendido. La prioridad era la revolución. Con eso en mente, Yamaguchi avanzó al frente, quedando en primera línea, parándose frente al cerdo, esperando cualquier orden por su parte.

¡Viva la revolución!
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#9
Kasui

Atributos Personaje


El niño escucho las palabras de su compañero, no lo miro pues ya le parecía incómodo el momento como para si quiera mirarle mientras decía aquellas palabras tan humillantes para él, lo pensó, le hubiera gustado mentir o quizás haber guardado silencio hubiera sido suficiente. El joven ni tan si quiera lo miró  antes de seguir caminando con su rostro inexpresivo, aún que, en este había un muy leve rubor que esperaba que nadie pudiese notar. El niño se acomodó su capucha antes de seguir caminando, por su baja estatura y la multitud de gente, le costaba demasiado ver algo, por ello mientras caminaban iba dando algún saltito que otro de manera discreta, buscando analizar todo lo que había a su alrededor.

El niño estaba asombrado, habían demasiadas personas ahí, aquello le hizo sentirse en peligro, no conocía a nadie, no sabía quién eran si quiera un cuarto de las personas que habían en ese lugar, lo único que veía es que todos iban en el mismo sentido, lo bueno, la gran mayoría (excepto alguno que otro) estaban en total silencio, cosa que le hacía aquello más llevadero. El niño estaba en su paranoia de persecución siempre y esa situación lo hacía vulnerable, luego cayó en cuenta, en el momento en el que se dio cuenta de que habían personas que parecían contener más rango lo supo, esto era una gran reunión, no era posible prácticamente que alguien burlara tantos ojos para asesinarlo por sorpresa, esto lo dejó un tanto más tranquilo aún que no pudo evitar no bajar la guardia, de hecho, estaba generándole algo de nervios aquella situación, tanto que tras levantar su ceja derecha y izquierda empezó a apretarse el dedo índice izquierdo con su mano derecha.

Miles de preguntas se generaban en su mente, donde carajo estaban? Después de tantos días de viaje, cabía posibilidad de haber cruzado las fronteras y los límites de sus capacidades para de manera conveniente estar en aquel lugar…tras el grand line? Quería preguntárselo a su navegante, pero no le pareció un buen momento para hablar. Como eso, miles de preguntas se formaron en su cabeza hasta que de repente, les hablaron y les comunicaron que aquella era la primera gran asamblea.


El niño sintió unas mariposillas muy extrañas en el estómago, que era aquello? Era orgullo? Realmente se sentía orgulloso de formar parte de algo junto a sus nuevos camaradas? Aquello era extraño, además, les estaba hablando un hombre cerdo, que podía haber más genial que un hombre cerdo? Solo un hombre panda (puesto que era su animal favorito), un hombre fénix o alguna vaina así, pero para él aquello no era más que simple imaginación por lo pronto.


El niño se colocó en su lugar respectivo, no nombró una sola palabra, solo se mantuvo firme y atento pues parecía que su vida iba a dar un giro inesperado, otro más. El niño, como actual “capitán” temporal de su ni tan pequeña flota de rebeldes, decidió ponerse delante, no le gustaba llamar la atención, decidió hecho, por norma general no lo hacía ni aun si quisiera (aún que nunca ha querido) pero sí que es verdad que entendió que, si él tomó aquella responsabilidad, era cosa suya ponerse ahí.

Tras colocarse escuchó los gritos del conejo, aquel conejo no le había caído bien. Era precioso? Si, era un hombre conejo, eso mola. Pero hablaba demasiado y eso, no mola, de hecho le causaba bastante rechazo.

Pero, algo aún peor pasó, su otro nuevo compañero también había llegado…en qué momento habían pensado en unirse a ellos? El niño tuvo un leve tembleque de ceja mientras se giraba hacia el hombre Fuertote y extrovertido para así hablarle sin pronunciar palabra, teniendo fe de que le leyera los labios.

~~Por favor…no hables. Ajá

Tras aquello miro hacia el frente y se colocó totalmente recto, había hecho conteo, estaban casi todos sus nuevos nakamas, solo faltaba una y no podía evitar preguntarse dónde estaba. Solo esperaba no haber fallado como capitán temporal y que esta estuviese viva. Sin más, el niño se dio cuenta d que su compañera no había nombrado palabra, estaba cumpliendo su promesa, aquello lo alivió un poco. Sin dejar de tratar de analizar todo a su alrededor el niño trató de prestar atención a lo que debían decirles, aun que no podía evitar pensar en qué momento habían decidido que era buena idea que gente tan llamativa fueran parte de algo secreto…aun que en el caso de sus compañeros, lo llamativos que eran los llegaba a hacer discretos, como iba a ser uno de esos dos un revolucionario? Eso los hacía impredecible, lo cual era bueno, solo esperaba que el conejo fuera igual…y si no lo era…esperaba no tener que trabajar con el
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#10
El viaje desde Mogaro hasta Báltigo había transcurrido sin contratiempos. Kisuke había fumado conmigo durante buena parte de la travesía, uno de esos silencios cómodos que solo se construyen entre quienes comparten un ideal en común. Al bueno de Bambú le sometí a un interrogatorio disfrazado de conversación casual durante días y días de viaje, abanico en mano y cigarro en la otra, preguntando por todo lo que no aparecía en los informes con la curiosidad implacable de quien considera que el chisme es tan vital como la información oficial. Yoru iba y venía a su antojo por el barco antes de desaparecer en cuanto el Yoru's Paradox atracó en Báltigo, perdiéndose entre las rocas blancas de la isla como si llevara años conociéndola, que, en cierto modo, así era.
 
El patio de armas subterráneo era una bestia de otro calibre. Excavado en la roca viva de la isla, iluminado por centenares de antorchas y braseros cuya luz anaranjada rebotaba contra las columnas talladas a golpe de cincel que se alzaban a intervalos regulares de unos seis metros entre sí a lo largo de las paredes, era una maravilla de ingeniería moderna. Los estandartes con las siglas del Ejército Revolucionario que colgaban entre las columnas lo adornaban desde una altura de unos ocho metros hasta casi rozar el suelo. El espacio reunía a más gente de la que muchos de los presentes habían visto junta en toda su vida luchando por una misma causa, era revitalizador ver el alcance e impacto que nuestro ideal era capaz de convocar. Cinco filas se habían formado, cada grupo ocupando su flanco del patio formando delante mío una imagen que pocas veces en la historia del mundo había visto con semejante claridad: un ejército que no luchaba por un rey, ni por una bandera, ni por dinero, sino por la idea de que el mundo podía ser distinto.
 
Recorrí los veinte metros que separaban la entrada del patio de su centro con una calada larga al cigarro, con las sandalias de madera repiqueteando sobre la piedra en cada paso, el sonido rebotando entre las paredes excavadas en la roca y perdiéndose entre el murmullo de la multitud hasta que esta fue apagándose sola, atraída por mi figura de sombrero a rayas y capa verde que avanzaba sin prisa hacia el frente. Me detuve a unos cinco metros de las primeras filas, abrí el abanico y lo agité despacio sobre el costado izquierdo de mi cara, dejando que mis ojos grises recorrieran cada rincón del patio de extremo a extremo antes de volver al frente y reclamar la atención de los presentes – “Bienvenidos todos” – exclamé con voz jovial, permitiendo que el murmullo de voces muriera antes de continuar – “para quienes no me conocen me llamo Alhen Geouis.” –  dije, permitiendo que las paredes de piedra del patio transportaran mi voz hasta el último rincón de la sala – “Soy una de las Manos de Elisabeth D. Kaiten, es decir, de nuestra líder. He navegado hasta aquí desde el Nuevo Mundo para estar presente en el momento más importante de nuestra causa, y si han llegado hasta este patio esta noche es porque cada uno de ustedes forma parte de algo que ningún gobierno, ninguna armada y ningún almirante del mundo ha sido capaz de detener.” – hice una pausa breve, di una calada larga al cigarro y avancé otros tres pasos hacia la derecha antes de girarme de nuevo hacia la audiencia, señalando con el cigarro hacia donde se encontraban los comandantes a unos diez metros de distancia.
 
“Esta noche están en presencia de cinco de las personas más influyentes que tiene nuestra causa.” – el humo del cigarro dibujó un arco en el aire iluminado por las antorchas cuando se;ale hacia donde se encontraba el primero de las figuras a quienes presentaría – “Porco Ghibli, Comandante de los Ejércitos del Sur. Es un misterio de pies a cabeza, el mejor espía que tenemos, el hombre que mueve el contrabando con la precisión de un relojero y que ha salvado más barcos y más vidas de las que ningún marine salvará jamás. Si alguna vez llegó información vital a sus manos fue porque este hombre la consiguió primero.” – hice una pausa permitiendo a la audiencia procesar la información, di una calada y caminé cuatro pasos hacia la izquierda antes de girarme de nuevo hacia la audiencia. Llevé la mano a la Princesa Carmesí y la desenvainé sosteniendo la hoja recta de acero ennegrecido frente a mí antes de señalar con ella hacia el flanco contrario a unos quince metros – “Vallerie Dodgers, Comandante de los Ejércitos del Norte. La mejor tiradora que ha producido esta Revolución. Comanda la unidad de francotiradores y conoce cualquier terreno mejor de lo que sus propios habitantes lo conocen. Si alguna vez sintieron que alguien les cubría las espaldas seguro era ella.” – envainé mi espada con el mismo sonido limpio con el que la había desenvainado, avancé otros cuatro pasos hacia el centro y me detuve. Abrí el abanico despacio y lo agité sobre el costado izquierdo de mi cara mientras recorría a la audiencia con los ojos antes de señalar con él hacia el siguiente comandante – “Gol D. Ick, Comandante de los Ejércitos del Este.” – hice una pausa de un segundo, dejando que el nombre resonara entre las columnas – “No necesita presentación, pero se la merece de todas formas. Ha entregado cada fibra de su ser a esta causa con una intensidad que solo él es capaz de sostener. Es excéntrico, es imprevisible, y es exactamente el tipo de persona que necesitamos para triunfar.” – cerré el abanico de golpe, caminé otros tres pasos y me detuve frente a la audiencia. Me quité el sombrero a rayas con la mano izquierda, dejando al descubierto por un instante los pequeños picos capilares que se creaban sobre mi cabeza, y lo sostuve frente a mí en un gesto que era a la vez una reverencia y una presentación – “Kisuke Kageyama, Gran Líder de los Ejércitos del Oeste. El hombre que plantó cara a un almirante de la Marina y volvió para contarlo. La razón por la que el Reino de Mogaro se haya unido a nuestra causa. Si esta Revolución tiene futuro, es en parte porque hombres como él decidieron que lo tendría.” – Me coloqué el sombrero nuevamente despacio, dejando que la sombra del ala volviera a caer sobre mi mirada. Caminé otros tres pasos y con un movimiento brusco de la muñeca hice que la capa verde oscuro ondeara hacia un lado, señalando con el gesto hacia donde se encontraba la última figura de los cinco a presentar – “Anna Saoki, Comandante de los Ejércitos del Gran Line. Con su música se opuso contra un sistema que enriquecía a los ricos y empobrecía a los pobres, y llegó hasta aquí. Eso les dice todo lo que necesitan saber sobre ella.”
 
 
Guardé silencio y me detuve frente a la fila que habían formado los oriundos del South Blue. Terminé mi cigarro con una ultima calada que anunciaba el fin de algo más y, cambiando de voz completamente a una más baja, más afilada, llena de peso y tan diferente a la anterior me volví a dirigir a la audiencia – “Antes de que esta asamblea comience, hay un asunto que resolver.” – mi voz viajó por el patio sin necesidad de alzarse, rebotando limpiamente entre las columnas de roca hasta los últimos rincones de la sala – “El camarada Porco me informó de la identidad de un traidor en nuestras filas.” – hice una pausa de dos segundos, dejando que el silencio del patio hiciera su trabajo – “Lo hemos verificado. No hay margen de error ni lugar para la duda.” – fijé mis ojos en la figura del traidor y pude ver su rostro lleno de terror. Lo sabía perfectamente, al intentar engañarnos había cavado su propia tumba. Salté al frente cubriendo la distancia a gran velocidad, la capa verde oscuro ondeó detrás de mí mientras avanzaba, mis pies dejando la piedra del suelo con una ligereza que contrastaba con la gravedad del momento, cerrando la distancia en un instante. Junté los dedos de la mano derecha en tres secciones, pulgar solo, índice y corazón juntos, anular y meñique juntos.
 
– “¡RYU NO KAGIZUME!” –
 
Mi mano convertida en una garra de dragón encontró la cabeza de mi objetivo con una potencia que hizo vibrar el aire a mi alrededor. Yamaguchi, el hombre de la camisa blanca con los botones abiertos dejó de estar entre los vivos antes de que su cuerpo terminara de caer, su cabeza aun en mi mano derecha arrancada completamente del cuerpo. Con la mano contraria lancé al aire un puñado de octavillas que se dispersaron por el patio como hojas en el viento, cayendo entre las filas, sobre los hombros de los presentes, sobre el suelo de piedra iluminado por las antorchas. En cada una de ellas estaban las pruebas, todo lo que necesitaban saber sobre Yamaguchi y sobre quién le había puesto allí.
 
Las pruebas contra Yamaguchi

Tome una bolsa de cuero que portaba para la ocasión con mi mano izquierda que tras lanzar las octavillas estaba libre de nuevo, y dejé que el silencio del patio respirara durante un instante largo antes de hablar de nuevo – “Arrastrarse para adentrarse en un lugar donde no eres bienvenido es lo más bajo a lo que puede caer un ser humano.” – mis ojos recorrieron las filas sin prisa, tocando a cada uno de los presentes durante un instante – “Los años de esfuerzo y dedicación de cada uno de ustedes, la sangre que ha costado llegar hasta aquí, no serán manchados mientras yo esté de pie. Esto es lo que le espera a todo aquel que traicione una causa tan noble como la nuestra.” – guardé la cabeza del traidor en la bolsa de cuero, la cerré y regresé a la plataforma de la cual había saltado.
 
Volví a mi voz habitual, y con ella volvió también algo del peso que había llenado el patio durante los últimos minutos, dejando espacio para algo distinto, algo más grande todavía – “Pero vaya bochorno me ha dado” – dije sacando un abanico de mi gabardina y empezando a agitarlo sobre el lado izquierdo de mi cara – “les pido una disculpa, pero no podíamos permitir que semejante ser tuviera la suerte de presenciar lo siguiente” – mis ojos recorrieron las filas una última vez para luego decir con aire formal – “les pido por favor silencio total, ni una sola interrupción, murmullos ni movimientos innecesarios.” – me giré hacia el fondo del patio donde unas gruesas cortinas de tela oscura colgaban desde el techo hasta el suelo, avancé los diez metros que me separaban de ellas y asomé la cabeza entre los pliegues – “Señorita Lilly” – dije en voz baja – “estamos todos. Todos menos él, como siempre.” – hice una pausa breve antes de añadir, más bajo todavía, solo para ella – “El mundo está listo para recibirle.” – me aparté despacio, me coloqué el sombrero, abrí el abanico y lo agité una última vez sobre el costado izquierdo de mi cara antes de volverme hacia la sala con una sonrisa.
 
El momento había llegado.
 

 
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