Knockin' on Heaven's Door | Privado [Pasado]
#11
Al final, no entré de vuelta a la base. Iba a pedirle un momento a Shin, pero enseguida empezó a contar la historia del combate contra Kazan, ¡y yo tenía mucha curiosidad al respecto!

Tanto me interesó, que apenas me di cuenta de que pasó el tiempo hasta que llegamos al hotel, cuya puerta de entrada ya captaba toda mi atención por su amplitud y pulcritud. Por supuesto, seguí escuchando con total atención, pero mis orejas se alzaban por el interés mientras mis pupilas viajaban descaradamente por todo lo que hallaban sin detenerse más de tres segundos ante nada por la necesidad de observar todo lo demás: las pequeñas plantitas de decoración en la entrada, el uniforme de los empleados, las lámparas, el suelo aterciopelado en una zona de espera con sillones y sillas aparentemente suavísimas y hasta las ropas de los otros huéspedes. No podía evitar preguntarme cómo sería tocar todas aquellas texturas, aunque por supuesto en ningún momento me alejé de mi compañero. ¡Pero es que no podía evitarlo! ¡Todo estaba tan nuevo, limpio y brillante! ¡Y las zonas eran tan amplias, luminosas y despejadas! ¡Era todo tan bonito y perfecto! Y, seguramente, bastante caro…

¿Cómo era posible que en sólo unos veinte días haya estado en los dos edificios más impresionantes de mi vida?

La historia fue concluyendo mientras hablábamos por el último pasillo y, aunque la curiosidad guiaba mi mirada allí donde un nuevo objeto entraba en mi campo de visión.

—¡Anda, no sabía eso! —exclamé volviendo a él mi sonrisa, genuinamente interesada, pues no había perdido detalle—. Entonces tendremos que tener cuidado cuando nos toque combatir desde el barco, supongo. ¡Y también cuando un wotan o gyojin use la misma técnica! Por suerte, Dimitri y Hae-won lo mismo no tienen ese problema~.

En cuanto se abrió la puerta, mis iris parecieron agrandarse debido a la sorpresa, hasta el punto en que no pude evitar que un suave “uaaaah” escapase de mis labios mientras observaba alrededor al entrar.

Shin no tardó en adelantarse y caminar hacia el centro de la estancia, extendiendo los brazos a ambos lados. ¡Era enooorme!

—¡¿Bien?! —exclamé impresionada—. ¡Es increíble!

Mientras hablaba, y sin dejar de mirar hacia los ventanales, me coloqué a un lado de la puerta y junté los pies antes de quitarme los zapatos simplemente apretando el uno contra el otro y sacando los talones, quedándome nuevamente en calcetines. ¡El suelo estaba demasiado limpio como para ensuciarlo!

Reí brevemente ante su broma respecto al dormitorio e ignorando a propósito el segundo significado, buscándolo un momento con la mirada.

—La verdad es que tengo curiosidad por todo lo que hay aquí. Espera, ¡¿tienes cocina?!

Mis pasos se dirigieron de inmediato hasta allí. Nunca había estado en un hotel que tuviera cocina en la habitación. ¡Eso era una casa! ¡Hala, una mesa isla! ¡Las amo! ¡Son tan prácticas! ¡Y la nevera era enorme! ¡Y el fuego parece nuevo!

—¡¿Esa es la ciudad?!

Mis pasos avanzaron hasta el ventanal más cercano, dejándome caer de rodillas en el suelo mientras miraba hacia abajo al tiempo que mi cola barría el suelo. No tenía ningún miedo, pero no podía evitar cierta sensación de como que fuera a caerme. ¡Nunca había visto una ciudad desde tan alto!

—¡Halaaaaaa! ¡Qué pequeñito se ve todoooo! ¿Se verá la gen…?

Un pequeño golpe se escuchó cuando intenté inclinarme más hacia delante para intentar ver más hacia abajo, olvidando la presencia del cristal por la pulcritud del mismo. No me hice daño, pero miré sorprendida la superficie transparente. Por suerte, como le había dado contra el flequillo, no quedó mancha alguna.

Cuando busqué a mi compañero con la mirada, este ya tenía una libreta en la mano, así que me apresuré a levantarme y a sentarme en la mesa que tenía junto a él, dispuesta a empezar la clase.

—¡No te preocupes! Hice mi turno por la mañana y mañana es mi día libre, así que no importa si terminamos tarde tampoco. ¡Tengo muchas ganas de aprender~!

Sin embargo, algo captó mi atención en el borde de la mirada, a un lado de la mesa… ¡el Mushi Mushi!

—¡Shin! No me has dicho aún el nombre de tu Mushi Mushi. ¡Eso no puede ser! —Espera, lo que me recuerda...—. Por cierto, ¿no deberíamos llamar a la base? Tendríamos que avisar de…

Mis iris habían buscado los suyos, pero tanta novedad me desconcentraba y de repente fue el sofá tras Shin el que captó toda mi atención. ¡Era tan grande! ¡Y parecía tan suaaave y mullido!

—Oye, Shin, ¿voy a tener que escribir? —inquirí curiosa—. Digo, no me importa, pero si no es el caso… ¿podemos estudiar en el sofá~?

No pude evitar un pequeño tonito de ilusión al final de la oración mientras mi cola se movía nuevamente tras de mí. ¡Tenía muchas ganas de tocar esa tela!
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#12
¿Dimitri y Hae-won? Eso tendría que verlo con sus propios ojos, y no es que desconfiase sobre la habilidad de la división, el punto estaba en que ni siquiera conocía el potencial en profundidad de la mayoría, lo que incluía a la versión actualizada de Omuyaga y su fruta del diablo.

Le intrigaba poner a prueba las verdaderas capacidades de Kuroshiro, no podía mentirse. A pesar de tenerlos a todos en el mismo espacio de importancia, las ambiciones que cargaba lo llevaban a creer que ella necesitaba ser genuinamente fuerte, y eso llamaba su atención.

Ya tendría tiempo de pensarlo, por ahora debía centrarse en brindarle las herramientas que Nyra pidiese con tal de conseguir su comodidad consigo misma incluso en un ambiente tan hostil. Si una de sus condiciones para estar presente en esa extraña reunión con su desconocida esposa era aprender las tradiciones familiares, encantado le daría las correspondientes lecciones, en la forma más intensiva posible. Al final, era transmitirle el conocimiento de toda una vida en sólo poco más de catorce días.

Lo que no esperaba realmente, era su entusiasmo, reaccionando con una emoción característica a todo el lujo con el cual sus iris aguamarinas se topaban. La rubia decidió quitarse el calzado, decisión que el mismísimo Shin había ignorado a consciencia, y se quedó observándola con una sonrisa bastante enmarcada en sus labios, permitiéndole disfrutar a su manera, sin meterle prisa alguna. Quizás era un profesor exigente, ¿pero dictatorial? A quién se le ocurriría.

La hiperactividad de Kuroshiro era tal que hasta ignoró la doble intención de su broma, saltando hacia la cocina tras darle a entender que quería conocer la totalidad de la habitación por su siempre incansable curiosidad, y Hasegawa recordaría eso. Aunque tampoco tardó en acercarse a los ventanales y sorprenderse por las privilegiadas vistas al reino Ran, sosteniéndose sobre sus rodillas y prácticamente barriendo el suelo con su cola. Lo malo es que no pudo evitar ser dominado por las carcajadas cuando la frente de la humink chocó contra el cristal, como si no se hubiese dado cuenta de la ventana debido a la transparencia perfecta.

—¡Oye Nyri! ¡No te vayas a estampar contra otro muro invisible! —exclamó entre risas mientras lo preparaba todo, "limpiándose las lágrimas" de la risa que lo atacó.

A medida que se fue calmando, sucedió igual con Kuroshiro, quien finalmente se sentó en el lugar designado, Shin haciendo lo mismo junto a ella. Asiente brevemente ante la información de sus turnos, entonces se prepara para ir estableciendo las prioridades principales de las clases, organizándolas en su cabeza en completo silencio. El tiempo era oro.

Iba a responderle sobre el caracol comunicador, pero la cuestión sobre la base le rememoró lo de la puerta, y casi comienza a gritar lo importante que era prestar atención en clase cuando Nyra volvió a distraerse, preguntando sobre el sofá. El albino observó el mencionado, y suspiró, negando con la cabeza a modo de resignación. —Un rato, luego será primordial volver a la mesa, aunque seguro esta deje de servirnos. —recordó las costumbres a la hora las meriendas, o el simple hecho de compartir un sake. —Sé que tienes buena memoria, pero no vas a escuchar pocas cosas. Así que espero que te guste mi voz. —afirmó con una sonrisa —Por eso la libreta. A tu gusto será si prefieres o no anotar. —entonces se puso de pie, guiando el camino hacia el sofá y dejándose caer sobre el mismo primero.

—La cosa esa se llama Den Den y se apellida Mushi, no le des más vueltas. —descartó de inmediato la importancia del nombre, y se centró en lo relevante. —Empecemos de una vez. —en ese instante, el tono tan alegre y cantarín de Shin se tornó ligeramente más serio. No significaba nada malo, sólo expresaba con mejores resultados su concentración respecto a las siguientes palabras que diría.

—Bien. A día de hoy no sé qué tanto escuchaste cuando vino a verme Ichiro, pero voy a explicarte sobre mi familia. Si no entiendes esto es imposible continuar con lo demás. —no dijo aquellas palabras "subestimándola", sino, como un hecho. Contarle la historia era un cimiento obligatorio —Incluso desde que los viejos tienen memoria, los clanes Hiroshi y Hasegawa han estado en conflicto político. Ambos son históricos formadores de marines, y con ello no me refiero a que destacaron por sobre el resto, sino, que el oficio forma parte de la tradición familiar. —repasó, observándola a los ojos con suma atención. La mirada de Shin habituaba a ser fuerte, resaltándose en instantes así —Siempre lucharon por ganar cercanía hacia el Palacio Real en el Reino de Sorbet, la isla donde nací, sin embargo, la lucha política entre ellos los ha perjudicado antes de que siquiera pudiesen acercarse al objetivo. —otra breve pausa, intentaba no saturarla de información y permitirle procesar cada paso.

—Sabotaje social. Muertes de líderes en circunstancias extrañas. Artimañas políticas y todo lo que se te pueda ocurrir. Se debilitaron tanto entre ellos, que pasaron a ser clanes menores, a una escala inferior incluso al estado de crecimiento en el que se encontraban cuando vivieron su apogeo. —desvió la vista al ventanal, acercándose gradualmente al punto en donde él gana protagonismo —Cuando los nuevos lideres asumieron sobre los clanes, decidieron algo polémico. Considerando la enemistad histórica que jamás iba a permitirles avanzar, creyeron que sería buena idea unificar las dos casas, y la mejor manera de hacerlo sería pactar un matrimonio entre los herederos principales de cada familia. En el caso de los Hiroshi, al haber decidido tras múltiples reuniones que los hijos de esta unión llevarían el apellido Hasegawa, eligieron a Kiyoko. Mientras que el elegido por el otro bando fue Ichiro... —resopla ese nombre con desgana.

Repentinamente, Shin se levanta del sillón y expande los brazos —¡Luego de unos meses, una cigüeña apareció en la casa de Kiyoko e Ichiro, y dejó al bebé más perfecto que el mundo haya visto! —finalmente se señaló, con una sonrisa radiante y pequeñas estrellitas lloviendo de su gesto —Así fui creado. —demasiada tensión, y claro, muchísimos datos, debía romper la carga de alguna manera o empezaría a sentirse sucio de tanta nobleza recorriéndolo.

—Ese bebé tan perfecto y radiante pasó a materializar la unión de los clanes, y cargar con la responsabilidad de, en un futuro, liderar las dos casas al mismo tiempo. Un sólo nombre al mando de familias que antaño se preferían muertas, tras infinidad de generaciones repitiendo el ciclo. —ahí se explicaba el motivo de la broma. Acababa de confesarle uno de los mayores motivos por los cuales lo habían convertido en un arma desde pequeño, nació sin destinos que elegir, al menos desde la intencionalidad de los altos mandos.

Así como la causa que eligió gracias a Himari tiempo después, desde antes de llegar al mundo ya se había establecido un objetivo más grande que su existencia.

Su tono solemne desde esas últimas palabras se mantiene, así como un contacto visual que se iba volviendo inexpresivo —Seguí las reglas hasta que me aburrí, y un día decidí abandonar Sorbet. Supongo que los Hiroshi no se lo tomaron bien, porque siempre estuve bajo la tutela principal de los Hasegawa. —ahí entraba el motivo de la boda que buscaban imponerle —Por lo general, yo podría haber elegido con quién quería casarme, pero como los Hiroshi habían resignado el apellido acompañando mi nombre, consideraron que el hecho de volverme "rebelde" era una deuda sobre su honor como familia. Estoy seguro de que ese es el motivo. —rememorando las palabras de Ichiro, "el problema que le resolvió" tomaba sentido con esa explicación —Si me lo preguntas, creo que el patriarca de los Hiroshi le exigió al de los Hasegawa este matrimonio para... "recuperar" el control sobre mí. O al menos compensar la humillación que debe utilizar como excusa con tal de imponer sus intereses. —observa entonces al Den Den Mushi, intentando ordenar sus pensamientos.

—Hiroshi Sakura... no la recuerdo muy bien. —suspira, elevando la vista al techo —No me permitían interactuar con otros niños de pequeño, así que no podría decirte cómo era en esos años. El caso es que es una de las hijas del patriarca de los Hiroshi, casarme con ella implicaría poner un par de ojos de parte de la familia de ellos más importante sobre quien lideraría los dos clanes. —recuperando su sonrisa, la observaría de soslayo —Es un juego político, sin más. —reconoció, retomando su gesto confiado —Un juego que se abrió por mis acciones, de lo contrario, no habrían tenido ni un sólo argumento para imponerme nada. —afirmó, sin titubeo en su voz.

—Pero no me arrepiento. A día de hoy, ya decidí qué pesos quiero cargar y cuáles es mejor olvidar. —su paz al decirlo indica que es genuinamente honesto con sus palabras, y es precisamente por ello que luchará contra el compromiso impuesto. La libertad, a ojos de Hasegawa, resulta innegociable —Bien, ¿todo claro o hay algo que no entiendes? Si tienes dudas es el momento, antes de pasar a lo siguiente. —la humink no se hacía una idea de todo lo que faltaba por aprender.

La historia resumida de los clanes y el motivo de su nacimiento sólo eran la punta del iceberg.
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#13
Reí cuando Shin lo hizo, sabiendo que tuvo que haber sido gracioso verme chocarme por accidente.

Poco después nos sentamos en el comedor (¡ya haría en otro momento que pusieraa nombre a su Mushi Mushi!), ¡aunque logré convencerlo de irnos al sofá! ¡Bieeeen!

—Shin, ¡usas tu voz de forma increíble! —exclamé emocionada, recordando todas las facetas distintas que había llegado a ver de él, incluyendo la última sorpresa de aquel baile de máscaras—. ¡Seguro que eres increíble contando historias!

Lo seguí alegremente hasta allí, y realmente me encantó la sensación de la alfombra bajo los calcetines. Él se sentó y yo hice lo propio a su lado, dejándome caer sobre mi pierna derecha, doblada, mientras la izquierda seguía en contacto con la alfombra. Así, quedé mirándolo de frente, dejando a mi diestra el respaldo y tras de mí la mesa en la que habíamos estado. ¡La tela era taaaan suave! Enseguida me giré para agarrar el cojín más cercano. ¡Estaba hecho con el mismo tejido! ¡Y era tan blandito! Enseguida lo abracé como si fuera un peluche y mis gemas se volvieron expectantes hacia el albino. ¡Estaba lista para empezar!

Hacía bastante que no me contaban una historia, así que estaba muy emocionada, especialmente porque era la suya.

Érase una vez, dos clanes, Hiroshi y Hasegawa, que siempre vivieron en conflicto. No pude evitar que mis orejas se movieran ligeramente hacia atrás ante la mención de que ambos eran formadores de marines. ¿Ligados a la Marina como tradición familiar? Intenté que no se me notara, pero mentiría si dijera que no me preocupó un poquito aquella información… y la nueva no me hizo sentir mucho mejor. No tenía buenos recuerdos ligados al Reino de Sorbet, pero me esforcé en centrarme en lo importante.

Los conflictos llegaron al sabotaje mutuo y a la sangre. Quizás también al soborno, traiciones y otras cosas. Tanto se debilitaron mutuamente, que supuse que a duras penas llegaron al presente. Por eso decidieron fusionarse. Fue entonces cuando escuché por primera vez el nombre de la madre de Shin: Kiyoko. No pude evitar preguntarme cómo sería. Al final, ella e Ichiro tuvieron que casarse por obligación, y eso era bastante triste...

—Pobrecitos… —murmuré, habiendo llegado a apretar más el cojín contra mi pecho en algún momento sin que me hubiera dado cuenta.

De la nada, Shin se levantó extendiendo los brazos.

—¡Luego de unos meses, una cigüeña apareció en la casa de Kiyoko e Ichiro, y dejó al bebé más perfecto que el mundo haya visto!

El contraste fue tan súbito ¡que no pude no echarme a reír! Por supuesto que tenía que aprovechar para lucirse, ¡no por nada era el protagonista, después de todo!

Sin embargo, conforme más escuchaba, más comprendía las expectativas de los dos clanes sobre él. Siglos de historia sobre sus hombros, y ahora dos familias que ansiaban ser poderosas sentían el miedo de ver caer su imperio casi antes de nacer. Con lo fácil que podía ser que cada uno se encargara de su propia vida en vez de querer controlar el futuro de generaciones que ni van a llegar a conocer… ¡La gente podía ser tan compleja!

Al final, por supuesto, cuando Shin se fue de Sorbet, las dos familias se pelearon. Me preguntaba qué habrían recibido los Hiroshi a cambio de dejar que se mantuviera el apellido de los Hasegawa. ¿Quizás ya no les parecía suficiente? ¿Considerarían que, tras su rebeldía, el pacto se habría roto de algún modo? ¿Creerían que un nuevo matrimonio pactado sería suficiente o querrían más cosas además?

Hiroshi Sakura. ¿Cómo sería? Quizás era una pobre chica en la misma situación que Shin y en el fondo se alegraría de no casarse con un desconocido.

Mis ojos se abrieron mucho ante una nueva información. ¡¿No le permitían interactuar con otros niños?! ¡¿Nunca había jugado con otros niños de pequeño?! El ceño se me frunció al tiempo que apretaba el cojín. Aquello me enfadó, y de verdad. ¡¿Cómo se puede ser tan ruin de tratar así a un pobre niño?! ¡Normal que esté tan obsesionado con entrenar! No era sólo su nueva ambición tras conocer a Himari, ¡es que durante los años más importantes de su vida casi no le dejaron hacer otra cosa! Y claro, como no era suficiente, pues ahora a intentar ponerle una espía. Si eso es así, imaginaba que se habían esforzado en encontrar a una candidata que creyeran capaz de manipularlo. No pude contener un bufido. ¡¿Por qué no se cansaban y lo dejaban en paz?!

Pero su paz en aquellas últimas palabras lograron calmarme un poquito. Sólo un poquito. Sí, sabía que esa era una pelea que había que luchar simplemente para dejarles claro una realidad que ya estaba decidida por más que no la aceptaran, ¡pero seguía dándome mucha rabia!

—¡Qué pesados! ¡Que se ocupen de su vida! —me quejé indignada dando un golpe con el cojín al sofá, aun sabiendo que una solución tan fácil no sería aceptada por ellos.

Intentando relajarme mediante el movimiento, apoyé la espalda contra el respaldo y subí ambos pies al sofá, colocando el cojín sobre mis rodillas.

—Vale, sí que tengo preguntas… —adelanté, ligeramente más tranquila—. La primera, ¿qué edad tienen tus padres? ¿Hace mucho que no los ves juntos? —inquirí, ladeando ligeramente la cabeza, con curiosidad—. Si tan importante es para ellos la unión de sus legados familiares y tú te has ido… ¿Crees que les habrá dado por intentar tener otro hijo por si no te recuperan? ¿Sería posible que tuvieras un hermano y no lo sepas?

Analicé su reacción, sin estar segura de si era una posibilidad que quizás no se había planteado o si yo estaba preguntando alguna tontería. Por supuesto, escucharía su explicación. Después de todo, era una idea horrible, pero si lo habían tratado como un objeto desde pequeño, ¿por qué no traerían a otro hijo al mundo para hacerle lo mismo?

—Sobre Sakura… ¿Crees que su familia puede intentar aprovechar la situación para intentar cambiarte el apellido a Hiroshi?

No sabía mucho de nobleza, pero había oído historias de familias con ramas principales y secundarias. No tenía ni idea de cómo podría funcionar eso, pero si la hipótesis del hermano fuera factible, podría ser que hubiera una posibilidad.

Y, por último...

—Mmm… Shin… Eso de que ambas familias han entrenado siempre a la Marina… ¿Significa que saben cosas que ha pasado en la Marina…? —Mis orejas se habían ido ligeramente hacia atrás y mis dedos acariciaban una y otra vez la tela de forma medio oculta en la parte baja del cojín—. Si es el caso… Mmm… ¿Podríamos… no mencionar mi apellido cuando fuéramos? —pregunté con una suave sonrisa, intentando que no se me notase el nudo creciente en el pecho—. ¿Crees que sería creíble que yo no tuviera apellido… o tu padre se habrá informado ya sobre los miembros de tu división?

¿Le traería problemas a Shin si la historia de mis padres salía a la luz? ¿Podrían lograr echarme de la Marina por eso…?
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#14
Comenzaba a resultarle curioso... desde algún punto se notó a sí mismo más atento a las reacciones de Kuroshiro, como si le importasen más en comparación al resto, o fuese sencillo leerla dados los tiempos prolongados que habían compartido, conociéndola mejor. Si bien, terminó perdiendo la costumbre de incluir nuevas presencias constantes en sus rutinas habituales, con ella era mucho más fácil, porque insistía sin invadir, y siempre, o casi siempre sonreía, como si su fe o convicción alrededor del motivo tras esos gestos fuesen infinitas.

Un tipo de fortaleza similar a la que el propio Shin le muestra a los demás. Incluso si seguía siendo una debilucha.

No pasó por alto su risas acompañando las propias, ni el comentario sobre su voz, mostrándose emocionada ante el inminente relato de una historia nueva. Tenía condimentos conocidos, y al mismo protagonista que se había acostumbrado a leer, sólo que aquellos trazos de tragedia no iban a diluirse, formando parte de su esencia.

Otro motivo para nunca dejar de mostrarse animado.

Por esa misma atención que le prestaba incluso hablando sobre la historia de los clanes, percibió el movimiento de sus orejas, exhibiendo quizás contra su voluntad una pena que no verbalizó, a diferencia del modo en que se apiadó de Kiyoko e Ichiro, aunque fuese con una sola palabra. Y hacia el final, el cojín que gozó del abrazo de Nyra fue golpeado contra el sofá, produciendo una sonora carcajada en Hasegawa. Alguien ultra fanático de las personas expresivas no podía evitar disfrutar de ese tipo de reacciones.

Pero eso no terminaba de explicar su gusto particular por simplemente verla bufar y refunfuñar desacuerdos contra los clanes, haciendo gala de muchísima energía.

Al margen de ello, había esperado genuinamente que Kuroshiro no tuviese preguntas para continuar con la clase, pero el mundo no podía ofrecerle siempre los resultados ideales en bandeja de plata, y la pequeña humink no tardó en hacerle saber que sí, su relato le generó incógnitas, empezando por cuestiones sobre sus padres. ¿Por qué querría saber eso? No tuvo idea, al menos hasta pocos segundos después, donde terminó arqueando una ceja hacia arriba debido a la idea que ella había expresado. Estuvo en desacuerdo de manera automática, y se lo explicaría, de momento le permitiría terminar de hablar.

La cuestión sobre Sakura también perdía lógica dentro de la historia y tradiciones que ambos clanes compartían, porque a pesar de haber sido enemigos más tiempo del que fueron una única familia, enfocaban la crianza de los más pequeños en la misma cultura, y con ello, mantenían viva una filosofía que incluso a día de hoy Shin seguía recordando.

El parásito de la nobleza.

Lo que sí contestó de inmediato, fue el tópico sobre si su familia conocía información interna de la marina, a lo que Hasegawa sencillamente sonrió de manera tan amplia que sus dientes blancos relucieron, y a pesar de cerrar los párpados se podían apreciar esos mismos brillitos imaginarios en su gesto, digno de cualquier modelo élite. —¡No tengo idea! —resumió lo obvio, pero no tardaría en explicarlo antes de que la chica preguntase si podían evitar su apellido.

—De pequeño me tuvieron aislado de información innecesaria según ellos. Si conocí a Kael fue porque nos educamos en la misma institución, y era de los pocos que podía mínimamente seguirme el ritmo entrenando. Además, le cayó bien a mi familia, algún día te contaré esa historia. —misma pregunta, ¿por qué era tan fácil hablar con ella? Es como si años de cerrarse de pronto le pesaran, y quisiera explicar lo que ha callado durante ese tiempo. —Así que no sabría decirte. Ellos querían construir en mí al marine más exitoso portando alguno de los dos apellidos, y debido a ello sólo me enseñaron cuestiones protocolares, intentando que no me influencien héroes de la marina, o símbolos ajenos a lo conocido allí, en Sorbet. —resumió, escuchando poco después aquel detalle tan significativo. 

¿Qué intentaba ocultar?

—No me digas que este es el momento donde me dices que eres una criminal encubierta. —se lleva las manos a la cabeza, simulando una sorpresa fatal —¡Oh, no! ¡Y yo que te dije todos mis puntos débiles! —enaltece el mismo gesto, haciendo del drama exagerado un teatro aún mayor.

—No me cuentes si no quieres, pero tampoco puedo prometer que la ausencia de apellido no lo lleve a investigar. Así hizo con Himari. —claramente se refería a su padre —Si eso es un problema, entonces preferiré que no vayas. Pero piénsalo mientras te respondo lo otro, y me dices. —se encoge de hombros, restándole importancia, porque confiaba en ella.

—Ahora, sobre tus otras preguntas... —una breve pausa, donde hace un repaso mentalmente —Vamos por el principio. —contestarle también implicaba tratar asuntos referidos a las costumbres de los clanes, así que le venía bien.

—Ichiro tiene cuarenta y siete. Mi madre... cuarenta y tres. —a diferencia del padre, Kiyoko sí recibía el privilegio de ser llamada como lo que merecía por Shin —Pero no importaría si tienen otro hijo. Buscar la boda con Sakura implica que los patriarcas no se han rendido conmigo, y si lo hacen, entonces el heredero pasaría a otra unión entre clanes. Los siguientes en las listas de ambos líderes —resumió, recostándose sobre el sofá y colocando un brazo a lo largo de la parte superior del respaldo —Ichiro debe haber presionado para mantenerme como legítimo futuro líder, de lo contrario, los dos perderían influencia dentro de los clanes. —ahí se explicaba un poco de la insistencia de su padre, aunque dudaba que el peso político de Kiyoko le importara a aquel ambicioso hombre.

—Respecto al apellido Hiroshi, es imposible que lo cambien mediante Sakura. La costumbre es que se lleve el del marido, por eso yo nací como un Hasegawa. —esa razón se conectaba con el tema anterior —Piensa que en cualquiera de los dos casos, los Hiroshi ganan. Tanto si consiguen la boda, como si me niego. Porque los siguientes en la lista seguro serían un hombre del clan Hiroshi y una mujer del clan Hasegawa. —exactamente al revés de como se construyó su vida. En ese momento, Shin giró el rostro hacia Nyra, sacando la lengua entre sus labios.

—Pero ese no es mi problema. —confesó, tan alegre como siempre. 

—El día ochenta verás lo frágil que es la línea entre la unión y el odio de tantas generaciones. Si hacen falta estos protocolos y modales es porque un mal gesto puede faltar al respeto de cualquiera de las partes, y afectar para siempre esas relaciones diplomáticas. —mantiene su tono tranquilo, ocultando cuánto le estresa realmente el asunto —Así que si ya no tienes más dudas, pequeña Nyri, podemos empezar. —acompañando esas palabras, estiró su espalda, tronando algunas contracturas y elevando los brazos hacia el techo tras un largo bostezo, desperezándose. 

Todavía tenían mucho por delante, a penas estaban empezando, y no iba a recordarle sus asuntos personales, tratando de no presionar.
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#15
Aunque estaba muy molesta con el final de la historia, la carcajada de Shin hizo que se me pasase más rápido de lo que yo misma esperaba. Después de la conversación que tuvimos, sabía que, cuando reía conmigo, lo hacía de verdad, y saber que conmigo no fingiría (o al menos no estando a solas) me hacía sentir especialmente segura con él. No… No era sólo eso.

Siempre me esforzaba por que todo el mundo sonriera pero, de algún modo, me hacía especialmente feliz ser testigo de su propia felicidad.

Tenía mucha curiosidad por todo lo que lo rodeaba, y eso incluía la historia sobre cómo se conocieron él y Kael. Cuando confirmó que algún día me la contaría, mi cola dio algunos golpecitos sobre el sofá. ¡Eso significaba que volveríamos a quedar incluso cuando terminara el periodo de clases!

—¡Valeeeee~! —canturreé alegremente.

Por un momento, pensando en la vida tan aburrida que tuvo que tener de niño y la poca influencia externa que tuvo, me pregunté cómo habría sido conocernos a esa edad…, pero el pensamiento no duró mucho. Era otra la pregunta que me inquietaba y que no tardé en pronunciar.

—No me digas que este es el momento donde me dices que eres una criminal encubierta.

Sonreí de lado ante la broma, pero mis orejas se agacharon un poquito al mismo tiempo. No, no era una criminal, pero para más de uno no habría diferencia con que mis dos padres lo fueran. Sin embargo, no me gustó en absoluto la sugerencia de que yo pudiera preferir quedarme atrás.

—Claro que quiero ir, Shin —aseveré sin el menor rastro de duda—. Más bien me preocupa... Bueno, puede ser un poco largo, así que mejor lo explicaré después...

Me esforcé en volver a centrarme en el presente. Realmente quería ayudarlo a él a dejar atrás de una vez todas esos fantasmas que aún hoy se empeñaban en seguir persiguiéndolo desde el que hace años ya decidió que era su pasado.

Al parecer, la idea de un hermano no era necesaria, ya que, si no funcionaba con Shin, igualmente dejarían de ser los representantes de sus clanes. Así pues, los Hiroshi ganarían con boda o sin ella.

Me animaba mucho verlo alegre a pesar de la situación, porque reafirmaba que, pasara lo que pasase, él ya había decidido su futuro y que la reunión del día ochenta no era más que un mero trámite para reafirmar algo que ya todos en su familia deberían saber sobre él. Sin embargo, eso también me hacía preguntarme qué podría hacer yo para apoyarle más allá de molestar a Ichiro...

Y, por supuesto, esto traía de vuelta la cuestión anterior.

—Ya no tengo más dudas. Pero Shin, es que... —Mis iris se desviaron, sin poder sostener como antes los suyos. Sin poder evitarlo, mi voz sonó bastante más bajito—. Mi madre... era una pirata. Cuando se enamoró de mi padre, un marine, y dejó esa vida y se fueron a vivir lejos... Querían cambiar las cosas desde dentro, pero... cuando descubrieron que estaba con una criminal buscada, pues... bueno... ya te imaginarás lo que pasó... —En algún punto había pasado a abrazar un poco más el cojín mientras lo miraba sin verlo, acariciándolo casi sin darme cuenta—. ¿Crees que... me echarían de la Marina si se enteraran? Podrían pensar que soy una traidora y que he querido entrar por venganza o lo que sea... ¿Y si... me termina pasando lo mismo que a mis padres si eso sale a la luz?  —La voz se me quebró en aquella última oración—. No podría... cumplir la promesa que te hice si lo hicieran...
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#16
Kuroshiro se mostraba demasiado segura, su presencia en lo que teóricamente debería ser un omiai, del cual se saltaron varios pasos considerando la disputa política, estaba casi confirmada, y entendía que echarla hacia atrás a esas alturas generaría un efecto contraproducente. No dudaba sobre sus asombrosas capacidades para inmiscuirse en asuntos que no la involucran, bajo la excusa de una buena causa. Era el tipo de persona capaz de aparecerse a último momento gritando que se oponía a la boda con tal de favorecer su individualidad.

¿El fin justificaba los medios? Si era desde la perspectiva de Nyra, seguro que sí.

Tampoco omitió su reacción inmediata a su pregunta y a la acusación inocente. Aún y si se veía notoriamente afectada, pudo controlar las emociones y dejar ese asunto para después, absorbiendo toda la información que podía y valorando los hechos con mayor perspectiva instantes después, son aptitudes que Hasegawa suele respetar, rememorándole las enseñanzas sobre la fortaleza en su infancia, y el cómo resignificó dichas filosofías a su propio camino.

Lo preocupante llegó después. Nyra desvió la mirada, detalle que le llamó excesivamente la atención, pues sus orbes aguamarinas suelen mantenerse firmes contra cualquiera, y en casi cualquier situación, pero en ese pequeño fragmento de tiempo incluso su voz se vio reducida en volumen, como si estuviese delante de otra persona.

Shin intentaba hacerse a la idea de que no todos representan todo el tiempo su mejor versión, aspecto que lo lleva a ser como es de cara al resto, pero encontrarse esas realidades solía generarle un fuerte impacto. Cada miembro de la División Setentaicinco estaba bajo su protección, y se esforzaría al máximo para mantener esa palabra en su interior, sin embargo, existía una diferencia en observarles potencial como para protegerse solos, y considerar que necesitan ser defendidos constantemente.

Lo que Nyra le mostraba, era inseguridad genuina.

De cierta forma, su esperanza de verse acompañado hasta la cima se difuminó levemente.

Observó lo del cojín, escuchó a su voz quebrándose, y con las propias iris cerúleas mostrando una tristeza contenida, imaginó el destino de los padres de Nyra. En completo silencio, Shin se puso de pie, dándole la espalda y llevándose ambas manos detrás de la zona cervical, soltando un largo suspiro.

—¿Y qué más da? —una pregunta tan simple, que resumía todo lo que el albino pensaba respecto a sus preocupaciones. Podría ser cruel, pero así se enfrentaba a las preguntas sin respuestas controlables. —Si algo como eso te hace dudar, entonces no puedes acompañarme a donde pienso ir. —creía que todo se iría haciendo más salvaje a medida que avanzasen, sin terminar de conocer lo que se esconde exactamente más allá. Pero el punto seguía siendo el mismo, incluso si no tuviese esa hipótesis.

—¡NyriNyri! —su tono se escuchó alegre, podía resultar confuso. Pero entonces, se giró —Pensé que serías más fuerte que esto. —su sonrisa era protectora, y mucha gente se contentaría únicamente con ello, saber que alguien daría todo para evitar que uno se ponga en peligros. Y si por dentro sentía una angustia irremediable, es porque la conoce, y entiende que bajo su lucha personal, eso está lejos de ser suficiente.

—Nuestras historias no necesariamente deben contarse. —manteniendo ambas manos detrás de la cervical, en una postura relajada, vuelve a recortar las distancias con Kuroshiro —Pero nos convierten en quienes somos. Si crees que la tuya va a perseguirte y borrar tus sueños, entonces te recomiendo olvidarla, porque ese miedo siempre formará parte de ti. —suspiró, cerrando los ojos unos instantes.

—¡Sólo que...!

El rostro del marine rompió el espacio personal.

Se acercó tanto que podía sentir su respiración, inundado del color de sus iris, manteniendo el contacto visual con la misma alegría que venía exhibiendo en los instantes previos a esa conclusión, volviéndose menos fatalista —...quiero que siempre recuerdes quién eres, Nyri. Te has convertido en una de las personas en las que más confío. —reconoció, dándole un toque en la frente que rompió la cercanía entre sus rostros y labios, echándola hacia atrás, y volviendo a ponerse recto.

—¡Lucharé contra el mundo si se oponen a la libertad de los necesitados! Si vas a seguirme, es un peso que debes estar dispuesta a cargar. —aquello lo vinculó a su miedo a terminar siendo ejecutada, pero esa verdad ya había sido calculada por la siempre inquieta mente de Hasegawa.

En el tiempo que llevaban conociéndose, le enseñó las diferencias entre arriesgarse a morir y estar preparado para ello.

El punto de quiebre estaba en algo muy sencillo, y a la vez complejo.

La firme creencia de que vencerían todas sus batallas.
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#17
Cuatro palabras rompieron el silencio después de exponer mi origen.

No me sorprendió. Yo ya sabía que a él no le molestaría, pero mis preocupaciones no venían de cómo él fuera a reaccionar, sino de cómo todo ello pudiera repercutir en él por la reunión con su familia o en un futuro que se me hiciera más cercano que el que tenía previsto originalmente.

Sin embargo, hubo algo en su siguiente oración que me dolió. En ese sentido, me alivió que estuviera dándome la espalda o quizás mis gemas podrían haberme delatado.

Sí, había explicado lo que me preocupaba, pero claramente no había logrado transmitirle bien el porqué.

Ocurrió entonces otro de sus repentinos cambios, girándose hacia mí con un tono tan alegre que me sorprendió. No me molestó cuando dijo que pensó que sería más fuerte, pero aunque en parte me gustaba el deseo de protección que transmitía su gesto, también me preocupó que pensara que, por no ser lo bastante fuerte, no podría valerme yo.

Sin embargo, sonreí un poquito cuando él lo hizo. Tenía mucho que decir, pero antes quería escucharlo hasta el final para asegurarme de poder responder a cualquier duda o malentendido que pudiera haber.

Pero era cierto. Ya sabía que nuestras historias nos convierten en quienes somos, mas me tranquilizó escuchar que no necesariamente debían contarse. Aún sentada en el sofá, lo observo alzado frente a mí y descubro un pensamiento. ¿Cuántas veces había tenido que mirar hacia arriba para poder verlo?

Mis orejas se alzaron alerta y mis ojos se abren por completo cuando, en un único movimiento del albino, su rostro queda la misma altura que el mío, tan cerca que casi me confundía no poder contemplar aquellos mares cerúleos al mismo tiempo.

—… quiero que siempre recuerdes quién eres, Nyri. Te has convertido en una de las personas en las que más confío.

Aquel toque tan familiar me hizo revivir todos los otros que compartimos, otorgando aún más poder a las palabras que él mismo había manifestado.

Sonreí, compartiendo el sentimiento. Ambos lucharíamos contra el mundo en favor de la libertad. Sin embargo, lo que no diría es que, aunque sabía que tendría que seguirlo, mi objetivo era, en algún momento, poder mirarlo en esa cima como a un igual.

Aun así, aún tenía algo que aclarar.

—No voy a rendirme, Shin —confirmé con un brillo confiado en la mirada mientras buscaba la suya—. No voy a rendirme…, pero creo que hay algo que no has entendido o yo no he sabido explicar.

Fui entonces yo quien se puso en pie y comencé a caminar tranquilamente, enlazando las manos por detrás, dándole inicialmente la espalda.

—No me avergüenza la historia de mis padres. Ellos quisieron luchar por la liberación de los esclavos y estoy muy orgullosa  de lo que hicieron. —Comencé a dar la vuelta a la mesita de café junto al sofá—. Tampoco me avergüenza tener razones para pensar que fueran a venderme como esclava antes de que pueda recordar. Estoy convencida de que mi maestro me compró. —Mis pasos se detuvieron cuando llegué a la mitad, quedando justo ante mi compañero, pero separados por la madera. Aún no lo miré—. Shin, ambos compartimos el mismo sueño…, pero este ya era nuestro antes de conocernos. Yo ya sabía todo esto cuando entré en la Marina. Antes de entrar, ya me había imaginado muchas veces con el mismo final que mis padres. La muerte… no es lo que me asusta. —Sólo entonces mis aguamarinas se volvieron calmadas hacia él—. Al principio, estaba dispuesta a dejarme matar. Con suerte, para cuando me descubrieran podría haber llegado a hacer tanto ruido que quizás más gente quisiera cambiar las cosas desde dentro. Si acaso, sí me asustaba, y aun ahora un poco, el que puedan ejecutarme antes de que mi muerte pueda significar algo. Necesitaría hacerme un nombre primero. Pero, después de aquella conversación en la playa… —sonreí—, mis planes cambiaron un poco. Podría intentar apañármelas para escapar, y más teniendo mi fruta. Pero ¿qué haría después? No quisiera unirme a la Revolución e incentivar masacres. Quizás podría aprender a ser navegante y hacerme pirata como mi madre. Podría liberar esclavos de manera ilegal y asegurarme de llevarlos a salvo a alguna isla muy lejana de donde los hubiera rescatado. ¿Quién sabe? Quizás algunos quisieran unirse a mí y terminara teniendo mi propia tripulación… aunque seguramente sería una muy mala capitana —reí con suavidad—. No, no es eso lo que me asusta, Shin… —volví a caminar, tratando de descifrar su mirar—. Lo que me asusta… es quedarme sola. —Un miedo que ya le había transmitido con anterioridad—. Tener que alejarme de Dimitri, de Kael, de Choi…  De ti. —En aquel momento mis ojos se desviaron, robándome aquel pensamiento la fuerza para sostener los suyos—. Yo lucharé por ese sueño sueño aunque sea sola…, pero te prometí que me haría fuerte. Te prometí que te  seguiría hasta la cima…

Finalmente, mis pasos se detuvieron cuando apenas unos centímetros separaban mi cuerpo del de él. Con los puños cerrados, hice acopio de toda mi voluntad para atreverme a alzar la mirada. El brillo vidrioso de mis gemas contrastaba con la seguridad de mi rostro y la calma de mi voz.

—Shin, no me asusta luchar… Me duele la idea de tener que hacerlo sin ti…
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#18
Así que la inagotable Nyra Kuroshiro no iba a rendirse después de todo. Algo en su interior pegó un salto de felicidad, celebrando la proeza, el instante en que anteponiéndose a su pequeña trampa y prueba ella decide demostrarle el valor de su voluntad, la lucha que la alimenta con tanta energía, incluso y si bajo la perspectiva de Hasegawa había tambaleado.

Decidió seguirla a pesar de mantener una distancia que, mientras le daba la espalda, le permitió moverse alrededor de la mesa de café, escuchándola atentamente.

Amplió el relato alrededor de su historia, lo cual respetó manteniendo el mismo silencio que ella le regaló cuando hizo gala de sus elevadas exigencias en relación a la fortaleza. Fue entendiendo entonces varios puntos que le hicieron abrir los ojos con sorpresa, ella había sido comparada, aparentemente, descubriendo que en algún punto de su vida fue sometida como una esclava

Pensó casi de inmediato en Himari. Si Kuroshiro pasó por ese infierno y aún con esas decidió enfrentar al sistema desde dentro, no podía dudar sobre su fuerza mental y los valores que defiende, porque sabría que lucharía con todo lo que tuviese hasta el final. Si bien, se lo había demostrado con hechos, insistencia y mucha dedicación, enterarse del relato completo le hizo afrontar la realidad de que estaban mucho más alineados de lo que en un inicio habría pensado.

Los recuerdos del pasado se difuminaban, dejando frente a sus ojos cerúleos la silueta del presente, con un claro camino hacia el futuro, donde todos los sueños se desarrollaban para finalmente descubrir el resultado tras el esfuerzo. Curiosamente, esa idea vino a su cabeza mirándola a los ojos, cuando por fin ella dejó de evitar el contacto visual, enfrentándose a sus palabras a través de lo que las iris cerúleas expresaban.

Lo que decía crecía en intensidad, conectando los fragmentos de su vida con los miedos que la atacaban hasta los días más presentes, y a medida que la tensión entre ambos seguía subiendo, los pasos de Nyra la acercaban a su posición, como si su propio cuerpo estuviese indicando que lo ubicaba en el ojo de la tormenta. Como si el reflejo vidrioso de sus iris tratase de hacerle ver la clase de persona que tenía delante, haciendo un esfuerzo inconmensurable para no quebrarse y confesar lo que había entre líneas de sus palabras, de una manera increíblemente directa.

'Me duele la idea de tener que hacerlo sin ti…'

Sus párpados seguían expresando una fuerte corriente de sorpresa, pero esta vez no se relacionaba con haber sido testigo de la verdad entera tras cada capítulo de sus primeros años de vida. Los orbes cerúleos del albino se fijaban en la casi nula distancia que los separaba, y como siempre habían sido tan cercanos desde lo físico, al menos en todo lo superficial que los acercamientos de Shin suelen ser.

¿Entonces por qué un impulso tan intenso le hacía sentir que faltaba una pieza allí?

Seguía observándola, buscando la respuesta, pero no llegaba. Hasta que su cuerpo comenzó a moverse solo, justo en el instante donde finalmente dejó de pensar, manteniendo su mente en blanco. Fue como si una cascada de memorias le hubiesen hecho ser testigo otra vez de todos los esfuerzos que Kuroshiro había puesto para acercarse, demostrarle que estaría ahí, y que iba a dejarse cada gota de esfuerzo por poder verlo de igual a igual.

Recorrió esos escasos centímetros como si fuesen miles de kilómetros, y antes de procesar lo que había decidido, los brazos del albino rodearon a Nyra a la altura de su espalda, arropándola en un abrazo suave, donde la atraía hacia a su pecho mediante el agarre. Contrario a lo que podría haber imaginado, detrás de la sorpresa se dibujó una sonrisa cálida, intentando llegar hasta la pequeña humink en cautiverio, a la suerte de lo que la vida hubiese preparado para ella. A la chica que se interesó por hacer el bien, cuando todos los años vividos le mostraron lo podrido que puede estar el mundo.

A Nyra Kuroshiro. La persona que estuvo ahí cuando su propia historia volvió a buscarlo, sin dejarlo caer en ideas oscuras, o caminos equivocados. Le recordó quién era, cómo era, y ahora volvía a profundizar lo que le preocupaba, porque de eso se trataba el tener humanidad.

A pesar de todo, Shin jamás lo terminaría entendiendo en carne propia, pero sí podía ver el camino que esa sensación trazaba en las personas que lo rodeaban.

Con un suave gesto, y aún sin hablar, Hasegawa rompió levemente el abrazo, pero sin retroceder su torso. La diestra buscó con el dedo índice el mentón de Kuroshiro, guiándola a levantar la mirada para volver a cruzarse con sus ojos, un choque de azules y turquesas que podía llenar de color el cielo de cualquier mundo.

—Sigues siendo una debilucha, no tengo pensado dejarte sola.

No había alejado el dedo del rostro contrario, y sólo lo retiró tras dar un pequeño paso hacia atrás, dándole algo de espacio personal, aunque aún invadiéndolo más de lo que se suele recomendar para evitar malos entendidos. Después de un gesto tan inmenso, en donde abrazó por voluntad propia a alguien tras un millón de años, necesitaba descomprimir esa extraña sensación, y sus labios hablaron antes de terminar de imaginar su siguiente oración. —Pero si sigues hablándome así, entonces tendré que besarte, Nyri. A este paso oficializaré nuestra propia boda. —sacó la punta de su lengua entre los labios, recordando el motivo original por el cual se habían reunido y usándolo en su contra.

—Prometiste que te harías fuerte, así que creeré en ti. —confesó a los pocos segundos, aún haciendo contacto visual. —Por un momento pensé que me habían robado a mi pequeña Nyri. No vuelvas a darme esos sustos. —exhaló aire, simulando una preocupación que ya lo había abandonado. —Honraremos la memoria de tus padres, te lo aseguro. —sus ojos cerúleos brillaban, incluso sin el uso de aquel extraño poder tan característico.

Lo extraño, es que creyó verle un fulgor más intenso que el suyo durante breves instantes.

—Y también, iluminaremos el mundo.

Se señaló en esa última frase, dándole a entender que estaba dispuesto a cargar con ella ese poder.

Una luz destinada a llegar a cada persona que lo necesite.
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#19
El tiempo se estiraba hasta volverse eterno entre unas miradas que no necesitaron más sonido para expresar toda la emoción que contenía esa línea de horizonte entre cielo y mar.

El espacio que parecía infranqueable dejó de existir cuando sus brazos me rodearon con la suavidad y la calidez de unos rayos de sol. Mis ojos se abrieron un poco más ante el inesperado contacto, pero mi cuerpo se dejó llevar hasta dejarse arropar. Con la mejilla apoyada contra su pecho, mis manos se alzaron solas hasta la altura de su cintura hasta que mis dedos se enredaron en la tela de su espalda. Sin darme cuenta, silentes gotas cálidas comenzaron a rodar por mis mejillas.

¿Cuándo había sido la última vez que me abrazaron así?

¿Cuándo alguien había venido alguien a darme un abrazo que necesitaba
sin que yo hubiera tenido que pedirlo dándolo primero?

No supe cuánto me hacía falta hasta que lo tuve. Simplemente me quedé allí, atesorando la sensación con los ojos cerrados al tiempo que me calmaba su perfume. No sabía cuándo, pero él se había convertido en aquel refugio al que siempre podía regresar.

Sólo cuando una caricia me llevó a alzar el rostro, mis párpados se abrieron de nuevo, guiándome de nuevo hasta aquel cielo que tan familiar se me hacía ya y que jamás me cansaría de mirar.

—Sigues siendo una debilucha, no tengo pensado dejarte sola.

Su voz me despertó una sonrisa, feliz por el mensaje real tras las palabras que pronunció.

Él retrocedió un paso, aún sin romper el contacto.

—Pero si sigues hablándome así, entonces tendré que besarte, Nyri. A este paso oficializaré nuestra propia boda.

A la breve sorpresa inicial, la siguió una risita silenciosa. Fui yo quien rompió el contacto llevándome las manos a la cara cuando sentí que volvía a mi rostro una versión mucho más suavizada del sonrojo por el que pude pasar al inicio de la tarde.

—Deja de burlarte de mí —me quejé aún sonriendo mientras lo veía sacarme la lengua al tiempo que pasaba las muñecas por mis mejillas, casi tanto como excusa como por necesidad.

Apenas había humedad, por lo que mis iris pudieron buscar los suyos de nuevo en cuanto aseguró que creería en mí, y ver el alivio tras aquel susto inicial por el que pareció pasar me hizo reír un poquito más.

—Honraremos la memoria de tus padres, te lo aseguro.

Una palabra dada, solemne en la cerúlea voluntad que alumbraba su mirar.
Una que aviva el fuego de un deseo que me acompañó toda la vida.

—Y también, iluminaremos el mundo.

Se señaló al decirlo, y la pulsera de mi diestra se alzó cuando fui a acariciar el colgante cuando asentí con un juramento que no necesitaba pronunciar.

Sin embargo, aún faltaría tiempo para aquello. Este momento es el presente y había algo mucho más acuciante.

Me senté en el sofá con la espalda recta, transmitiendo en mi sonrisa convicción.

—Un día iluminaremos el mundo, Shin… pero, por ahora, quiero ayudarte a iluminar el tuyo.

Sólo entonces enlacé los dedos de ambas manos sobre el regazo.

—¡Estoy lista para continuar~!
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#20
No esperaba descubrir esas dos gotas recorriéndole las mejillas tras levantar su rostro con aquel suave toque, una pequeña guía para dirigir las joyas aguamarinas al cielo que la observaba, dibujando como fiel reflejo breves retazos de preocupación en su expresión. 

Y como cada día junto a ella, se asomaba un nuevo descubrimiento alrededor de sensaciones que creía extintas en su interior, pues sin importar que fuese debido a la emoción, su corazón pareció escogerse al toparse con esas vistas, dejándole un sentimiento tan firme como imposible de ignorar.

Odiaba verla llorar.

Fueron ideas que sirvieron de alimento a lo que experimentó segundos después, más exactamente luego de bromear con besarla si seguía hablándole de ese modo, produciendo un sonrojo más sutil que los de antes, pero no por ello menos hermoso.

Durante milésimas, sus párpados se abrieron más de la cuenta, y sólo imaginó. Acercarse, sujetarla de la mejilla y...

—Si vas a reír y ponerte roja cada vez que "me burlo de ti", entonces lo haré más seguido. —soltó de forma abrupta, con el tono burlón que lo caracteriza y relajando las ideas que no llegaron a formarse del todo entre sus pensamientos, especialmente cuando ella se tapó la cara con sus manos. ¿Qué demonios había sido eso...?

Intentó omitirlo sin más, esperando a que se limpie las lágrimas y transmitiéndole una determinación que se quedaría grabada a fuego en su memoria.

El brillo de la pulsera llamó su atención, pero lo que bajo la perspectiva de Hasegawa se llevó los reflectores fue la forma tan decidida con la que hizo su retorno al sillón, recta y determinada, con el brillo que la caracterizaba. ¿Es que no se daba cuenta? Si era el caso, entonces tendría que decírselo —Si quieres iluminarlo, sólo sigue sonriendo. Es lo que hacemos las personas fuertes. —la propia curva en sus labios se manifestaba, predicando con el ejemplo, y transmitiendo de forma sutil esa pequeña gran frustración que lo consume cuando la ve llorar.

—Pero si realmente quieres seguir tan rápido... no te detendré. —suspiró, sentándose a su lado, un poco más cerca que instantes atrás, y con el torso en su dirección. La rodilla diestra del albino rozaba a Kuroshiro.

—La historia que te conté es la base de todo, por obvias razones. De otra forma no entenderías que cada posible gesto carga el riesgo de un desafío que rememore la historia conflictiva entre clanes. Y según lo que aprendí, llevarte es una pequeña falta de respeto. —la miraba fijamente, con una sonrisa en los labios. Soltó aquel comentario tan tranquilo como si fuese el detalle de lo que desayunó esa mañana —Ahí es donde definimos quién eres exactamente en esta reunión, porque considerando la importancia del evento, sólo pueden estar presentes familiares directos de los comprometidos. —resaltó, asintiendo con bastante ánimo.

—A ojos de toda esta gente, serás una posible amante. La variable que no esperaban, una intrusa. Pero mi excusa, será que eres mi testigo personal, lo que impondré de condición para participar del encuentro. —levantó el dedo índice, intentando ser claro con lo siguiente —Y este encuentro se llama 'omiai'. "O" es el prefijo que aporta cortesía. "Mi" significa "observar". "Ai" implica algo así como "entre ambas partes", aunque obvio, debe ser escrito con los kanjis correctos... —bajando el dedo y mirándola a los ojos otra vez, decidió resumir el asunto —En simples palabras, es una presentación formal entre dos personas, implica la valoración de un posible matrimonio, aunque en este caso... prácticamente lo han cerrado sin nuestras opiniones. —en realidad, no podía hablar por Sakura. Pero ya le estaba dando mucha información como para ponerse a detallar esas nimiedades.

—En este contexto, tu rol como testigo se vuelve algo complejo. Dicho de manera rápida, no puedes hablar sin que te den espacio para ello, tampoco puedes contestar en mi nombre, ni hacer preguntas directas o indirectas que busquen conocer un poco más a los invitados. Mi recomendación es que actúes con confianza, sin disculparte por existir, ni tratando de caerle bien a todos. —su expresión se volvió serena, más seria —Actuar sabiendo que no perteneces ahí, pero sin intimidarte por ello. Debe ser tu mantra. Dejaremos los modales para después. —antes lo había dejado difuso, y resumido a una broma, pero la segunda enseñanza se especializó en lo que significa su presencia en el omiai, esperando que le haya quedado claro.

—Bien, si lo entendiste, podemos pasar a algo que te va a gustar. —asintió, volviendo a sonreír. Alzó ambas manos en forma de garras a la altura de su pecho, generando expectativa, y finalmente levantó los brazos al techo, entre risas emocionadas —¡La ropa! ¡Vivaaaa! —celebró, dándole pie a seguirle el juego si se le contagiaba la emoción.
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