[FIC-PASADO] El maestro de mi padre
#1
Memorias de Tenma. Tema 1
He vivido tantas cosas de pequeño que a veces me cuesta recordar con detalles las cosas. Mi mente está centrada en el presente, y cuando hago ejercicios de introspección y recuerdo viejos tiempos, suelo tener nada más que pequeños destellos y pinceladas de lo que alguna vez fue.
No obstante, hay episodios en la vida de uno que quedan grabados en la memoria a fuego. Esos recuerdos que se convierten en sueños o pesadillas recurrentes y te persiguen.
El caso es que, cuando tengo la confianza y simpatía de hablar de mis vivencias más destacables, la gente me tilda de falso, exagerado o de tener la percepción de la realidad alterada. Pero hoy me siento preparado para hablar de un hombre muy particular. Un hombre que, más que marcarme a mí, destacó en la vida de mi ahora difunto padre. Os explicaré cómo conocí al Maestro Jackie Chun.


El Maestro de mi Padre 
Parte 1. Pasión por entrenar:
Corría la primavera de hace 16 años. La recuerdo bien. En mi tierra natal, crecían flores rosadas por el campo y los árboles daban un fruto anaranjado dulce. Recuerdo como mamá lo preparaba con diferentes condimentos y aderezos para el desayuno.
Para aquel entonces yo era un niño que amaba ir al colegio y la vida sencilla con mis padres. Mamá estaba en casa siempre, cuidando de todo y de todos. Papá, sin embargo, volvía cada día tarde a casa, cansado, hambriento y sudado. Recuerdo como mamá le regañaba a la hora de cenar. Mi madre siempre había sido muy gritona y gruñona, y cuando mi padre llegaba tarde del trabajo, se ponían a discutir. Al parecer mi padre iba a "entrenar", y mientras que a mamá no le gustaba la idea, a papá se le iluminaba el rostro con solo la idea de pensar en hacer esa cosa.
Yo no tenía idea, en esa tierna edad, de que significaba entrenar. Pero sin duda me llamaba la atención y despertaba mi curiosidad. Normal, pues no solo era un chaval observador, sino que mi padre era un referente para mí.

Una tarde, completamente decidido y determinado, al acabar las clases, en vez de volver a casa, me di a la fuga en busca del lugar de trabajo y "entreno" de mi padre. En el proceso de búsqueda, se dice, que me perdí un poco y algún vecino me tuvo que ayudar a encontrar el camino. Yo apuesto a que son invenciones para ganarse el favor de mis padres y dejarme algo ridículo, pero sea como fuere, llegué a encontrarlo.
Allí estaba él, mi padre. En un descampado, lanzando golpes y desplazándose de un lado para otro a toda velocidad. El verlo allí, ejercitando, despertó en mi un deseo de entrenar y combatir tan intenso como indescriptible. Una chispa de guerrero me hacía desear la batalla y ser tan increíble como mi padre en ese momento.
Mi padre, al descubrir que estaba allí y tenía esos deseos de pelea y ser tan fuerte como él, se emocionó enormemente. Quién iba a decir que ese día, esa decisión, cambiaría mi vida para siempre.
Fue entonces cuando mi padre decidió que debía dejar la vida del estudiante atrás.
A la mañana siguiente, todo estaba preparado. Mi madre no estaba para nada de acuerdo con la decisión, pero no solo estaba decidido mi padre, sino que yo estaba lleno de ilusión y determinación. Dejábamos nuestra tierra natal atrás y viajábamos al País de Kano, a los Campos Zhuzi. Allí conocería a cierta persona...
Continuará...
Aclaraciones
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#2
Parte 2. Una casa de bambú

La mañana siguiente tras el encuentro con mi padre, fue de lo más particular. Al levantarme e ir al salón a ver a mi madre y desayunar, mi padre tenía las cosas listas y preparadas. Dos mochilas grandes y pesadas estaban en la mesa central, cargadas hasta arriba de ropa, víveres y objetos pesados. Él estaba pletórico y feliz. Podía compartir con su hijo su gran pasión, entrenar y pelear. Por otro lado, mi madre, nos miraba angustiados y le recordaba a mi padre una y otra vez que este no era el estilo de vida que quería para su hijo, que ella quería un hijo estudiante. Yo no hablé aquella mañana. Tenía ganas de entrenar y salir de aventuras, pero no quería dejar a mi mamá atrás y toda la vida que tenía. Pero la decisión ya estaba tomada y la ilusión en mi creció con euforia. Mi vida iba a cambiar .
Mi padre se cargó las 2 mochilas y nos fuimos al puerto, donde cogimos un barco de transporte de pasajeros. El viaje en barco se me hizo muy agradable, y aunque no puedo hacer memoria de ningún recuerdo particular, se me quedó grabado el peculiar logo de la compañía, que estaba impreso en todas partes, Cápsula Corporación.

Tras un día de viaje, llegamos. Nos encontrábamos en el País de Kano. Al desembarcar, pude encontrar un paisaje fascinante y lleno de fantasía. Grandes montículos de piedra se elevaban al cielo y la vegetación cubría las laderas de las montañas. Las casas y establecimientos que se podían encontrar eran de papel fino en vez que de material tosco, las gentes vestían sedas de colores vivos y la fauna local era exótica y desconocida para mi. Tantos estímulos nuevos y coloridos despertaron en mi un gran afán de descubrimiento y curiosidad. No obstante, mi padre y el destino tenía otros planes para mi.
Sin poder saborear apenas aquel lugar místico, fui arrastrado hacia los bosques y colinas de aquella isla, donde la vegetación se volvía monótona y la fauna era hostil.
Lo que en su momento era un puerto fino, exótico y elegante, ahora era un campo lleno de bambú firme y alto, de color jade a la luz del Sol. El campo no albergaba apenas vida animal, pero la brisa del viento traía de vez en cuando el cantar de algún pajarillo tímido. Y cuando me quise dar cuenta, sumado a lo joven que era, en cualquier dirección se veía el bambú tapando el camino. Aquello se había convertido en un laberinto infranqueable y una trampa para cualquier turista. Cualquier turista... Pero no mi padre, quién iba siguiendo un camino grabado en su memoria, hasta llegar a un lugar perdido.
Cruzando una cantidad de bambú infinita , un claro. Un claro en mitad de la nada. En el, una gran extensión de terreno, delimitada por más bambú en todas direcciones. Y allí, en el núcleo del claro, una casa.

La casa parecía sacada de una de las novelas que me leía mi madre antes de dormir. Era una casa cuadrada, con una fachada blanca, pero con un tono amarillento a causa del tiempo. El tejado era de dos aguas, de un color rosa pastel muy chillón y llamativo.
La casa no tenía chimenea, apenas una ventana era visible y tenía una puerta muy pequeña, perfecta para mi, pero no para mí padre. Sin embargo, llamaba la atención una pintada rosa en la fachada, al lado de la puerta, que decía "Pekoms Home" en un tono rosado más clarito.

-Ya hemos llegado.- se detiene mi padre a la entrada del claro. -¿Estás preparado, hijo?- me pregunta mi padre, sonriendo, mientras mira la entrada de la vivienda.

La puerta empieza abrirse lentamente. Asustado, me engancho a la pierna de mi padre. Poco a poco, empieza a asomar una mano por la puerta.

-Hace mucho que no sé nada de tí, alumno...-  resuena una voz tétrica tras la puerta. - ... y veo que vienes acompañado...
-Sí, es mi hijo. Será tu discípulo más fuerte, Jakie Chun.- afirma mi padre con determinación.
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