Miyori Hoshino
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
60
108
151
138
70
111
100
80
4
96
Verano, año 6
Baterilla, Muelle
Recuerdo perfectamente el día que conocí a Jesse, aunque supongo que para contar esa historia primero debo hablar de cómo era mi vida en aquel entonces, ese día caminaba en dirección al puerto cargando varias cajas de cartón entre los brazos, dentro llevaban panes recién horneado, mi andar me llevaba directamente al negocio de la familia Hoshino, local humilde. Mis hermanos mayores y mi padre ya se encontraban allí organizando todo para partir a alta mar, así que me habían pedido que llevara el pan antes de que zarparan. Siempre odié esos días.
Cada vez que mi familia debía salir a pescar, la casa quedaba demasiado silenciosa, a veces pasaban cuatro o cinco noches antes de que regresaran, y durante ese tiempo yo permanecía sola en la isla, únicamente bajo el cuidado de la señora Raquel, una anciana vecina que se encargaba de vigilar que no me ocurriera nada mientras ellos estaban fuera, ella tenía un gato gordo y malhumorado que me observaba como si hubiese invadido su territorio cada vez que entraba a su casa, pero amaba jugar con él cuando me dejaba, pero fuera de es, estaba sola. No teníamos más familiares en la isla, nadie más aparte de nosotros. Por las noches debía regresar caminando por mi cuenta hasta la parte más alta del pueblo, donde nuestra casa estaba construida, el trayecto era largo.
Cuando finalmente llegué al puerto aquella mañana, encontré el muelle lleno de movimiento por mis hermanos que iban de un lado a otro cargando redes, cadenas y cubetas de carnada, otros pescadores revisaban cuerdas o subían barriles al barco mientras las gaviotas revoloteaban encima atraídas por el olor del pescado fresco. Mi padre, por otro lado, permanecía dentro del negocio haciendo inventario con una rapidez casi desesperada como si el tiempo nunca fuera suficiente antes de zarpar. Recuerdo haber entrado al local empujando la puerta de madera con el hombro.
El negocio era pequeño, construido con tablas envejecidas por la humedad y el salitre, a ambos lados había grandes canastos llenos de hielo donde descansaban peces de distintos tamaños, algunos moluscos y varios crustáceos, el aire olía intensamente a mar, algo a lo que ya me había acostumbrado desde niña, dejé las cajas sobre una de las mesas mientras mi padre seguía escribiendo números en un cuaderno desgastado. Parecía completamente concentrado, frente a él había un mapa extendido donde marcaban las zonas en las que esperaban encontrar ciertos peces y mariscos. Mis hermanos discutían sobre azuelos y rutas de pesca mientras él anotaba las cantidades, revisaba provisiones y daba órdenes sin detenerse ni un momento. Todos parecían tener prisa ese día, y yo en medio de todo aquel movimiento, únicamente pensaba en que dentro de unas horas volvería a quedarme sola.
—- Papá…
—- ¡Ah, Miyori! que bueno que has llegado, tu viejo está a punto de irse, ¿has traído el pan? —- dijo sonriente mientras colocaba una mano sobre mi cabeza y acariciaba los mechones tenues de mi frente.
—- ¡Si!
— - ¡Muy bien!, es parte de las provisiones que llevamos para alimentarnos pero también…. —- se acercó a mí como cómplice y me susurró un poco al oído. —- Es el secreto para atrapar tantos atún posible, no le digas a tus hermanos. —-- Me confió su secreto, aunque años después descubrí que todos ellos lo sabían también.
—- ¡Papá, es hora de irnos! —- Gritaron mis hermanos desde el barco, a lo que mi padre se apartó de mí y me tomó en brazos para segundos después caminar unos cuantos pasos hacia la entrada de la fachada, ahí pude ver a mis otros hermanos que esperaban pacientes, al verme alzaron sus manos al aire y se despedían con sonrisas ante mí.
—- ¡Hermanita prometo traerte muchas ostras de mar! —- dijo mi hermano Kenta, quién de todos era el que más me consentía, aunque sería injusta si los comparase entre ellos, todos tenían su forma de mostrarme afecto.
—- ¡Cuidate mucho, Miyo, tus hermanos vendrán pronto a cuidarte!
—- Bien, es momento de irnos, cuidate mucho y no olvides hacerle mucho caso a la señora Raquel… —-- Dijo mi padre mientras me dejaba de nuevo en el suelo y se despedía con otra caricia sobre mi cabeza, en ese entonces tenía ocho años, y me encargaba del puesto de pescadería desde los 6 años, pero no sola, esta era mi primera vez sola entonces estaba muy nerviosa, ¿Y si me equivocaba?, pero mi padre tenía confianza en mí, no podía defraudarlo.
—- ¡Lo haré, seré una gran vendedora!
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Jesse S.
Fuerza
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Agilidad
Reflejos
Inteligencia
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C. de Haki
C. de Akuma
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45
45
40
40
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55
3
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29-05-2026, 09:46 AM
(Última modificación: 29-05-2026, 06:40 PM por Jesse S..)
Caminaba con aire pesado y arrastrando lo pies con algo de molestia, lo cierto es que se había apuntado para alistarse en la marina y hasta el momento no había recibido información alguna, por lo que de momento debía esperar, el poco dinero que ganaba haciendo algún que otro favor tenía que gastarlo en comida por que no le daba para comprarse caprichos, aunque de momento tampoco es que quisiera nada. Después de todo su humor no era el mejor, especialmente cuando estaba solo, pero en compañía de otras personas si se animaba un poco.
Fue caminando hacia la tienda de pescado que había en el muelle del pueblo, posteriormente pudo ver como había una especie de despedida, una chica joven, menor que él por varios años se despedían de aquellos estaban subidos a un barco, no quiso interrumpir el momento, especial porque conocía a la niña y a los que estaban en el barco, eran la familia que atendían la tienda de la cual necesitaba comprar.
Cuando el barco se hubo alejado un tanto, decidió acercarse un poco más hasta colocarse tras ella.
– Es triste verlos marchar, pero sabes que volverán, es peor cuando sabes que no va a volver… – Dijo con aire melancólico, claramente hablaba de la situación de su madre.
Y aun peor era cuando la persona que mas queria te pedía que renunciaras a la libertad en la que creía para unirte algo en lo que no confiabas demasiado, pero claro, su madre lo pedía por su bien, para que estuviera a salvo, ella bien sabía que su hijo de haber podido elegir seguramente se habría convertido en rebelde, o hasta en pirata… Y ella sabía que los piratas y los rebeldes, muchos, acababan en la cárcel e incluso ejecutados. Y sabía que la promesa que le había hecho a ella era el último vestigio de protección materna que ella le dedicó, por eso debía respetarlo.
– Esto… ¿Ahora te encargas tú de la tienda? Siento no darte mucho margen para que te adaptes, pero necesito comprar unas cosas... – Se rascó la nuca.
Realmente no le parecía justo tener que asaltarla de esa forma, pero a veces no había margen para la reacción, pero entendía que ella quisiera tomarse su tiempo, y si tenía que quedarse a su lado durante ese rato lo haría, no es que tuviera nada mejor que hacer, lo único que volver a casa llevaba un rato, pero no pasaba nada.
Realmente no era la primera vez que hablaba con ella, lo había hecho brevemente en algunas ocasiones cuando su madre le mandaba a comprar, pero nunca se había parado a hablar con ella de verdad. Era cierto que ella se veía mucho más joven que él, pero si la dejaban encargada de una tienda es posible que no fuese tan infantil como él podía pensar.
– Si quieres, puedes tomarte tu tiempo. – Dijo, para después dedicarle una sonrisa.
En parte, sabía que él también había tenido que tomarse su tiempo desde que su madre murió para cumplir su promesa, entendía que ella también necesitase algo de tiempo, aunque la situación era distinta.
Miyori Hoshino
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C. de Akuma
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Recuerdo que cuando mi familia partió en el barco pesquero, me quedé varios minutos observando cómo su silueta se hacía cada vez más pequeña en el horizonte, permanecí allí contemplando la inmensidad del mar mientras les deseaba buena fortuna y un viaje seguro. La brisa cálida de aquel día acariciaba mi rostro con suavidad como si intentara reconfortarme por mi soledad sin ellos, sin mi familia. Pero debo dar lo mejor de mí hasta que regresen.
Hasta que una voz me sacó de mis pensamientos y al girarme descubrí que se trataba de un joven de cabello rojizo y estatura mayor que la mía, lo que más me llamó la atención fue el parche que cubría uno de sus ojos, no era un desconocido, de hecho era un cliente frecuente al que había visto en varias ocasiones y también crucé ciertas palabras de cortesía cual saludos y modales. Al principio no supe qué responderle, me limité a observarlo con cierta inseguridad incapaz de identificar si aquello que oprimía mi pecho era tristeza, preocupación o simplemente melancolía de una ausencia que ya conocía, sin embargo, cuando mencionó que era peor cuando sabía que quienes partían no iban a regresar, sus palabras me hicieron detenerme a pensar, ¿A qué se refería exactamente? Lo observé con cautela mientras mis manos se aferraron inconscientemente a la tela de mi vestido rosa, arrugándola entre mis dedos, me quedé viendo esa extraña tristeza que parecía esconder tras su única mirada visible.
En ese momento el joven escarlata me hizo saber que había venido para comprar algunas cosas de la tienda y lentamente me fui sintiendo más segura, recordé mi motivo y mis responsabilidades por lo qué asentí con la cabeza con lentitud y sonreí gentilmente —- ¡Si, yo te puedo ayudar! —- expresé con el pecho inflado en señal de orgullo. Yo también soy una Hoshino, debo cumplir con mi papel.
—- Estoy bien, puedo hacerlo… —- dije con voz tranquila mientras caminaba a la tienda de nuevo —- por aquí… —- expresé cuál centinela guiando el camino, aunque estaban solo a unos cinco pasos de la orilla del muelle.
—- ¿Qué necesitas comprar?, tenemos de todo tipo de moluscos y peces —-- expresé con emoción mientras me colocaba detrás del despacho pero era muy alto por lo que tenía que recurrir a usar un banco para alcanzar la barra.
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
Jesse S.
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No dudo en seguir a la niña que le guio hasta la tienda, una vez allí miró alrededor y lo cierto es que no estaba seguro de que comprar, su madre siempre lo tenía todo claro, y era la primera vez que acudía a aquella tienda en soledad… Siempre estaba tan distraído que muchas veces no se paraba a escuchar sus palabras… Realmente la echaba de menos, seguramente ella sabría que comprar y lo que le convenía.
– No sé que debo comprar… – Dijo mirando al suelo, apretando con sus manos las monedas que llevaba en sus bolsillos. Sabía que podía pagar, pero no lo que comprar. Deseaba que al menos la comida tuviera un sabor parecido a la de su madre.
En ese momento sintió una soledad que inundaba su corazón y una sensación de inseguridad que hizo que una lágrimas escapase de su único ojo. En realidad no solo había perdido a su madre, toda sensación de seguridad y calma se había esfumado por completo, y no se había dado cuenta hasta que había notado que no era capaz de afrontar una simple compra.
Se frotó el ojo con el antebrazo y busco con su mirada a la niña, para tratar de volver a sonreír.
– ¿Qué es lo que te gusta a ti comer? – Preguntó, quizás de esa forma podría orientarse, y aunque no fuese lo que su madre comprase, si podía ser algo que tuviera buen sabor.
Probablemente ella no cocinaba en casa, o si. Pero se preguntaba si ella sabría cocinar, seguramente mejor que él. Pues él cuando tenía que hacer algo más complejo que unos huevos fritos lo cierto era que se perdía y terminaba haciendo las cosas al revés. Para la cocina nunca había sido demasiado hábil en realidad.
– ¿Qué dirías que es lo más rico y fácil de cocinar? – Se rascó la nuca, se notaba mucho que tal vez estaba yendo a lo sencillo y práctico, pero no podía hacer otra cosa.
Desde que su madre se había ido las cosas no eran fáciles.
Aquella niña tenía mucho más valor y entereza que él..
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