[Navegación, P.A.] De la sartén a las brasas
#1
[70 de invierno,
año 17,
Arabasta, corriente Rakusei]
Venimos de aquí, nuestro tema de partida de Drum.

La División 60 había pasado por otros cambios de clima antes, pero ninguno se comparaba a aquello. Hacía apenas unos días, los Marines se cubrían de escarcha y nieve con tan solo pasar unos minutos en el exterior. El Royal Quiver había pasado meses esencialmente congelado. El timón helado se había aferrado a las manos enguantadas de Stroud, de forma que simplemente separarlas le daba la impresión de ir a desprenderle la piel. Sus uniformes se habían convertido en camuflaje prácticamente perfecto en la nada de blancura que era Drum.

En aquellos instantes, sin embargo, la situación era todo lo cercano a la opuesta que podía ser. Stroud permanecía detrás del timón, cómo no, pero ya no lo cubría ningún abrigo. Se había permitido el lujo, en una inusitada y completa ruptura del protocolo, no solo arremangar los puños de su camisa, sino desabrochar los tres botones superiores de la misma, en un vano intento por que corriese el aire y, de alguna manera, lo refrescase. Un sol implacable y radiante, casi plúmbeo en su inamovilidad, reinaba sobre el cielo, fundiendo cualquier nieve de recuerdo que quedase en el Royal tras aquellos días de travesía. A Stroud le sorprendía que el mismo mar no se hubiera evaporado. Incluso sobre las aguas, el aire se ondulaba bajo el calor, dando un extraño efecto a la isla a la que se aproximaban, que se acercaba progresivamente desde el horizonte: la misteriosa Arabasta. Sus enormes construcciones destacaban contra el cielo, con aquel característico estilo arquitectónico, como ninguno que el Marine hubiese visto antes. Saltfin, apagada desde hacía horas, descansaba sobre un pequeño barril junto al timón, que Stroud empleaba como mesita auxiliar durante su tiempo tras el timón.

"Id arriando la mayor, que no flamee. Recogedla limpia," indicó con cierta desgana poco característica de sí, percibiendo cómo, bajo aquel calor infernal, se encontraba casi sin aliento tras pronunciar apenas unas pocas palabras. Recorrió su frente con el dorso de su mano, limpiándose una cantidad abrumadora de sudor que, sin duda, no tardaría más de un minuto en volver a aparecer. Sus ropas estaban empapadas, como si acabase de salir de tomar un baño en alta mar. Jamás se había encontrado con temperaturas como aquellas. Pensó que el infierno debía de ser algo parecido a aquello. Tomó de nuevo sus cartas de navegación y sus mapas, extendiéndolos frente a sí, con cuidado de no empaparlos de sudor. La ruta había ido esencialmente como había planeado, sin contratiempos mayores; no cabía duda, se encontraban frente a Arabasta.


[Imagen: YRSeKZh.png]

Resopló, volviendo a colocar los mapas sobre el barril, y comprobando su Log Pose, que ya parecía comenzar a registrar el campo magnético de la desértica isla. El pobre barco de la División 60 parecía ya lamentarse por aquel nuevo paradero, sus tablones y estructuras dilatándose bajo aquel calor abrasador. Parecía quejarse por el enorme contraste entre los meses en Drum y aquella nueva aventura. Stroud acarició el timón instintivamente, como buscando reconfortar a la goleta. "Foque fuera en cuanto entremos al muelle," ordenó de forma casi instintiva, a medida que el Royal Quiver se abría camino entre las olas hacia uno de los fondeaderos que se dispersaban por la costa de la isla, "y dadle cadena al ancla."

En cuestión de minutos, la goleta de la División 60 fondeaba en uno de los muelles de Arabasta. Era hora de descubrir qué agurdaba a los Marines en aquella isla.
#2
El joven arquero al igual que el resto de la división no es ajeno a los cambios climatológicos. De hecho vivió algunos más que el resto siendo el que más cambios de aguas tuvo de entre los miembros de la división al haber iniciado sus aventuras en el lejano West Blue, antes de ser trasladado al South Blue, concretamente en Roshawn  donde conoció a la mayoría de los miembros actuales de la división. El barco, que hasta hace unos días peleaba con un aire y una agua heladas hasta el punto de que la superficie del barco estaba continuamente cubierta de nieve y una capa de hielo que el arquero deshacía con paciencia siempre que tenía un rato libre, ahora pasa por un clima completamente opuesto, un calor abrazador que de ser alguien que no conoce ese tipo de climas no sabría cómo lidiar con ello, pero el joven aprendió desde pequeño a adaptarse al entorno y al clima, por lo que siempre es raudo a la hora de prepararse para las temperaturas y nuevos desafíos de cada zona, aunque al estar limitado por tener que usar el uniforme de la marina tiene que ser bastante ingenioso al respecto.

La fiel goleta de los marines empieza a sufrir por las aguas y los cambios radicales de los climas de esas aguas, algo normal teniendo en cuenta que es un barco relativamente sencillo y pequeño que aguantó con fiereza y mucha fuerza los múltiples viajes, contando el cruce por las enormes montañas que separan el Grand Line de los mares cardinales, El joven contramaestre se encuentra en la cofia rascándose tras la cabeza como de costumbre, con un uniforme de la marina más fresco, formado por una camisa con las mangas cortas unos pantalones amplios y fabricados de una manera específica que favorece la circulación de viento y a mantener al usuario fresco, pero eso no es suficiente para climas como el de Arabasta, el calor es realmente infernal por lo que es necesario preparar una ropa específica que, al contrario que muchos piensan, cubre bastante el cuerpo pues está hecha para que refleje la radiación y al mismo tiempo evite que el cuerpo se caliente, haciendo que el cuerpo mantenga una temperatura estable.

Ante la voz cansada del comandante, algo peculiar dentro de lo que suele ser pues pese a mantener un tono invariable no se le notaba agotamiento o cansancio en estos temas dejando ver que el calor toma su mella en el rubio, el pelirrojo se mueve ágilmente por el barco junto a los demás para preparar el barco para su llegada a la calurosa isla de Arabasta. El calor del lugar es tal que las maderas del barco crujen al expandirse mientras los restos de nieve de los últimos días termina de derretirse, y hace que el arquero se arrepienta de haberse comido esa extraña fruta, un pequeño chapuzón en el mar ahora mismo aliviaría bastante el calor de los marines. El sudor baja por la frente y la nuca del marine que aún lleva su pelo largo, habiendo usado el cuchillo que él mismo fabricó para afeitarse con cierta facilidad y destreza, mientras que tomó cierto cariño por llevar el pelo largo por lo que decidió mantenerlo así de momento. Una vez el barco se aproxima y fondea en el muelle de Arabasta acercándose con cautela, el propio arquero es quien echa el ancla para asegurar que el navío no se marche a la deriva, estando ya listos para adentrarse en la isla y ver qué les depara esa nueva y misteriosa isla.
berchanpandared



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#3
LLEGADA CON EXITO
TEMA CERRADO


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