[Aventura T4][Presente Absoluto](+18) Hermanos de otra madre
#11
El agente A lo tiene claro. La estrategia inicial se ha ido al garete, pero no puede permitir por nada del mundo que esta mole de carga se lleve por delante a su compañero. Sin miedo al éxito, sale de su escondite y se lanza a por Ubbe con una de sus mejores técnicas. Este le da la espalda, atónito de haber encontrado oro buscando cobre sobre la tienda de campaña, así que el golpe conecta sin dificultad. Por desgracia para él, no comprende aún la gravedad de sus actos y a quien se está enfrentando. El golpe, que debía haber mandado a volar a la bestia, apenas le produce la suficiente picazón como para llamar su atención. El agente V aprovecha el momento para resguardarse de nuevo, así que ya ha cumplido con lo que realmente quería, pero las consecuencias no tardan en aparecer. Se pone en guardia, afrontando su destino, pero el kaiju ya se la tiene jurada.

Ubbe se sorprende de haber dado con uno de los agentes sin siquiera buscarlos de forma consciente. Tal vez la fortuna le sonríe o tiene un sexto sentido activable a la hora de repartir guantazos. Primero librándose de aquella explosión contra Burrich por centímetros, que debería haberlo matado. Ahora esto... Un don para las peleas forjado en el Ragnarok y nacido de la sangre Buccaneer.
En su sorpresa, antes de reaccionar, nota como algo golpea su pierna, atacándole por un punto muerto. ¿Se siente? Sí. ¿Acaso con una técnica tan pobre y débil piensan derrotarlo? Si es así, van por mal camino. Ni tan solo lo mueve un centímetro del suelo. El monstruo se gira y, curioso, observa al pequeño agente jugando a ser karateca. Le conmueve su coraje, pero aún así, no perdona el ataque a traición. Con un gesto rápido, lanza su mano titánica en comparación y rompe todo tipo de defensas del guerrero, que es sometido a una presión enorme bajo el agarre del pirata. La mano se cierra sobre el torso, aprisionando los brazos y dejando expuesta la cabeza y los pies colgando como un fuet.

El agente V no pierde oportunidad en ocultarse de nuevo tras la repentina oportunidad que le brinda su hermano de batalla. El desplazamiento es rápido, resguardándose de nuevo en los árboles, esperando que el agente A consiga tiempo suficiente para contrarrestar al buccaner y poder recuperar la estrategia inicial y la "Operación Jericó". Sin embargo, nada sale como debería.
El ataque es insuficiente y la defensa del adversario es imposible de doblegar. Lo único que ha conseguido A es lanzarse al vacío mientras llama la atención del dinosaurio, exponiéndose a un peligro mortal mientras él se oculta. Impasible, el pirata agarra de su compañero dejándolo a merced de su voluntad y el agente V no puede permitir ese sacrificio sin mover ficha primero.
Con unas agallas inmensas, a pesar de estar completamente herido y vulnerable, sale de su escondite mientras Ubbe decide como ejecutar a su rival y en un alarde de pericia y habilidad con las armas de fuego, se hace con dos pistolas que descansaban en sus cinto, lo último que le queda del campamento y, con una precisión absoluta, dispara cuatro tiros certeros.
-¡¡TÉCNICA DE EXPERTO TIRADOR: FOCS D'ARTIFICI DE VILANOVA!!-
Dos balas impactan directamente sobre él. Una en el hombro derecho y otra en la espinilla izquierda. Una tercera sale despedida a lo alto, pero la cuarta le persigue, y con un juego acrobático, estas chocan en un ángulo perfecto para que la tercera pille una trayectoria distinta y termine conectando por el costado bajo los hombros. Tres balazos perforantes, capaces de tumbar un elefante. Sin embargo, la piel de este ser va más allá. Su resistencia es suficiente como para que este ataque, capaz de doblegar a cualquier criatura sobre la tierra, para él sean meras cosquillas.
Agente V lucha por su hermano

Ubbe lo tiene claro. La chulería lo invade por completo, y su sed de sangre enciende en él una violencia creciente que se oculta en lo más profundo de su ser. No, no es tan sádico como su hermano, pero tiene dentro ese orgullo, ese gusto por la batalla de su raza. Tan solo que él lo expresa de la forma más épica y espectacular posible.
Con fanfarria, pero con honestidad en sus palabras, elogia de buen grado la actitud valiente del agente A, preso en sus manos. También ve como el agente V tiene la valentía de responder ante el peligro por salvar a su compañero, pero no por ello el gigante se detiene. El agente atrapado, busca zafarse de todas las formas posibles. Siente ese cosquilleo entre los dedos, que es respondido con más fuerza y un delicioso crujir de sus tiernos huesecitos. Alguna patada suelta, pero nada que siquiera se sienta realmente. Con todo en posición, baja el telón y apaga las luces de la forma más grandilocuente, con un cabezazo turbo nuclear atómico.

El agente A siempre ha sido un tipo desafortunado. Siempre. Le ha ido mal en el trabajo, en el amor y en la vida. A pesar de todo, sonríe y sigue peleando. A menudo suelta el comentario de siempre: la vida está compensando la buena suerte de tenerte, Víctor. Con eso le basta. Con eso, y con nunca dejar de pelear. No será menos ahora.
El agarre del hombresaurio le retuerce por dentro de dolor. Siente como apenas puede respirar y sus codos se clavan contra las costillas en contra de su propia voluntad. Aún así, trata de liberarse, sin éxito. Con rabia, mientras su rival parlotea y las balas vuelan, suelta un rodillazo contra la mano. Aún y con esas, no consiguen escapar. Solo le queda ver cómo el coloso, carga su cabeza hacia atrás y carga con un cabezazo destructor. 
-¡¡QUE TE JODAN, PEDAZO DE MIER...!!-
El choque retumba con un estallido ensordecedor. Una onda de choque se propaga por todo el claro con tanta fuerza que los árboles de alrededor se doblan ligeramente. El cráneo del agente A siente una presión abrumadora, cediendo y aplastándose. A no puede verlo, pero siente como algo dentro de su cabeza se ha hecho polvo, como su cerebro rebota de un lado a otro. Sus ojos están completamente en blanco, y sus dientes se contraen bruscamente en una mordida forzada que los hace rechinar entre ellos partiéndose. Cuando las cabezas se separan y la tensión de ambas cabezas se libera, casi como un resorte, la cabeza se desflexiona para atrás y la boca se abre, soltando un montón de sangre incontenible. El agente A está completamente desorientado, con todo el cuerpo entumecido y paralizado.

Cajita feliz
#12
El estruendo del cabezazo todavía resonaba entre los árboles cuando Ubbe se percató de los disparos recibidos, perforando la piel y arrancando pequeñas salpicaduras de sangre que contrastaban contra las placas óseas del anquilosaurio. El impacto se sintió, por supuesto que se sintió. Ubbe no era inmune al dolor ni mucho menos. Sin embargo, comparado con el peso de la transformación, con los golpes de monstruos como Burrich o con las innumerables cicatrices que había ido acumulando a lo largo de su vida, aquello apenas fue suficiente para arrancarle una mueca.
Lo que realmente llamó su atención no fueron los disparos. Fue quien los había realizado.
En una de sus manos seguía aprisionado el cuerpo del Agente A, que apenas podía mantenerse consciente después del brutal impacto recibido. El hombre había apostado todo a un único movimiento para proteger a su compañero y había pagado el precio por ello. Aun así, el otro seguía insistiendo. Volvía a salir, volvía a exponerse, volvía a arriesgar la vida por él.
Y cuanto más observaba aquella escena, más familiar le resultaba.
No porque conociera a esos dos hombres, no porque entendiera sus motivaciones, sino porque aquella clase de lealtad era imposible de confundir.
Había visto algo parecido demasiadas veces. En Sigurd y en el mismo. No era fuerza. No era poder. Era algo diferente; lealtad.
Y precisamente por eso, justo después de realizar su cabezazo y haber recibido los disparos, se giró velozmente hacia el origen de estos, cuando una sonrisa sincera comenzó a dibujarse bajo el rostro monstruoso del anquilosaurio.

El movimiento de semejante masa resultó devastador por sí mismo. Más de siete metros de músculo, coraza y peso giraron sobre el terreno mientras la gigantesca cola describía un amplio arco a la espalda del buccaneer. La maza ósea que remataba el extremo atravesó el aire con violencia, levantando tierra, piedras y raíces a su paso mientras barría la zona cercana a donde se encontraba el tirador. No hubo técnica. No hubo preparación. No hubo intención de ejecutar un movimiento complejo. Era simplemente la consecuencia inevitable de poner en marcha un cuerpo tan colosal. Los tres metros de cola ayudaron a la inercia del giro, haciendo que fuera inevitable que la presa fuera cazada. 

Y antes siquiera de que la cola terminara su recorrido, Ubbe ya se había puesto en movimiento, la tierra se hundió bajo la primera zancada, la segunda fue todavía peor. Con un pequeño avance veloz e inmediato, pudo acercarse en un instante a su contrincante. No existía rabia en aquel gesto ni tampoco crueldad. Desde el punto de vista de Ubbe, la pelea ya estaba decidida desde hacía rato. Lo único que cambiaba era cuánto tiempo iban a tardar aquellos dos en darse cuenta.
La enorme mano descendió entonces sobre la posición del agente, golpeándolo y agarrandolo, como había hecho con su compañero. Tras esto y a modo de escarmiento a los dos agentes, los golpeó entre sí usando su propia fuerza. 

Su voz sonó sorprendentemente tranquila para alguien que acababa de convertir un campamento entero en escombros.
- Primero él sale para salvarte a ti. Luego eres tú quien sale para salvarle a él. La verdad... i like that - sonrió - 
- Pero esto ya no es una pelea que podáis ganar baby. Seguir levantándoos solo va a hacer que acabéis todavía peor. No se de donde coño venís, pero si seguís con esto os voy a comer. Y no es una forma de hablar, baby - Definitivamente no lo era. 
El vapor escapó lentamente de su hocico reptiliano mientras la sonrisa seguía presente bajo las gafas oscuras. Miró al Agente A mientras seguía en sus intentos de huida en su mano - ¿Qué opinas, pequeño karateka?


INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4045 - 1399 = 2646
Energia: 4564 + 43 = 4607
Espiritu: 1045 + 0 = 1045
#13
Probablemente estemos frente a la mayor jaqueca de la historia del ser humano. El agente A, tras tremendo cabezazo nuclear, todavía no recupera el sentido. Todo para él está borroso. Figuras sin forma danzan frente a sus ojos como sombras difuminadas. Los oídos perciben un chirrido constante agudo, al igual que una radio cuando no recibe señal. La confusión y el mareo le persiguen mientras se intenta recuperar de un dolor punzante en la zona frontal del cráneo.
Los brazos siguen presos y comprimidos frente a las costillas, que cada vez se sienten más sueltas. Sin embargo, las piernas ya no le responden correctamente. No están paralizadas, pero las nota pesadas y lentas, como dos chorizos colgando. Ahí está, derrotado. Peleando por escapar de un agarre ineludible y maldiciendo en lo más profundo de su ser por no conseguirlo.

Ubbe, la bestia, es diferente a los demás guerreros. Es un monstruo despiadado e implacable, un cazador con la fuerza de un titán y la resistencia de un acorazado de la Marina. Sin embargo, tiene corazón para aquellos que muestran coraje y valores en el campo de batalla. A diferencia de su hermano de otra madre, que vive por y para la masacre, Ubbe disfruta de la pelea sin la necesidad de torturar a sus rivales, y con un alma noble y clemente para aquellos que presentan una batalla entretenida. Pero aún con ese espíritu compasivo, no deja de ser un orgulloso Bucanero hijo del Ragnarok, y su brutalidad no conoce límites.
Con un gesto rápido, engancha al tirador del dúo cómico al que se está enfrentando. Este ha salido de su escondite a defender a su camarada, pero sin éxito, pues el aguante del coloso es tan masivo que apenas ha percibido el aluvión de plomo perforante. Con ambos tipos bajo su merced, juega con ellos como si fueran ridículas figuras de acción, y estampa sus cabezas una contra la otra.
El kaiju se divierte torturando a los agentes con su particular forma de pelear, pero es plenamente consciente de que esto está visto para sentencia. En un alarde de humanidad, tras valorar positivamente la voluntad acérrima de los soldados y la lealtad que se procesan el uno al otro, les propone una tregua. Por poder, cumplir su amenaza no sería molestia alguna, al contrario. Con un simple bocado los puede decapitar. Pero antes sus ojos vive el reflejo de lo que representa el Ragnarok. Pasión por la batalla, coraje y lealtad.

El agente V ha actuado más por instinto que por coherencia. Ser un estratega precavido y calculadora es algo que lo caracteriza, sobretodo en mitad del campo de batalla. Pero cuando tú compañero de armas es un suicida desquiciado con la capacidad intelectual de un ariete de guerra, los momentos de subterfugio y razón brillan por su ausencia. Y esta clase de acciones pasan factura. Porque un tío con iniciativa es bueno. Pero un imbécil con demasiada iniciativa es peligroso.
Completamente expuesto, sufre la las consecuencias del agarre del coloso. Sus brazos se retuercen sobre su pecho, presionando las costillas y dificultando la respiración. Sus pies se elevan del suelo y puede sentir el vértigo al alzarse a gran velocidad. La violenta sacudida lo marea por completo, y como guinda del pastel, el coscorrón contra A deja claro que de esta no va a salir airoso. Y puede que no con vida.
Sin embargo, le sorprende la actitud de su rival tras este viaje turbulento. Lejos de matarlo a estampadas contra el suelo, les da una oportunidad de sobrevivir, de rendirse. Tenía entendido que los miembros del Ragnarok eran una de las bandas criminales más peligrosas del Gran Line. Pese a tenerlos ocultos del ojo mediático para no causar revuelo innecesario, este tipo ha matado al aprendiz del cazarrecompensas más relevante del siglo. ¿Y a ellos les va a dejar con vida? Lo que sí que no le sorprende es la respuesta del karateca, que no duda en responder tal y como es él. -¿Y porqué no mejor me comes los huevos y me dices a qué saben? ¡¡JAJAJAJA...!!- le vacila, mientras se descojona con esa risa aguda que lo caracteriza. La ha oído mil veces. Nunca se cansa. Sabe que es hombre muerto. Y el Agente A morirá con una sonrisa antes de suplicar a un pirata. V sonríe con una mueca dulce. Si este ha de ser el final del camino, mirará a la parca con orgullo. -Si te lo comes a él, te va a dar una indigestión de lo podrido que está. ¡¡JAJAJAJA!! Empieza conmigo, mis cojones saben mejor.-

Porque así son ellos. Así funciona la hermandad de verdad. No saliendo del útero de la misma madre. Sino desafiando la diversidad juntos. En las buenas y en las malas, cerca o lejos, siempre. Vivirán con honor y morirán con gloria. ¿Y es que acaso Unbe y Sigurd no harían lo mismo?

Cajita feliz
#14
Durante unos segundos, el gigantesco híbrido permaneció inmóvil con ambos agentes agarrados entre sus manos. La respiración pesada escapaba lentamente de su hocico reptiliano mientras observaba a aquellos dos hombres destrozados que, pese a todo, seguían encontrando fuerzas para preocuparse más por el otro que por ellos mismos. Era extraño.
Ubbe había peleado contra monstruos, piratas, marines, bestias y toda clase de locos desde que había abandonado su hogar. Había conocido cobardes que huían dejando atrás a sus compañeros. Había visto capitanes utilizar a sus tripulaciones como escudos humanos para salvar el pellejo. Había visto traiciones por dinero, por miedo y por simple egoísmo.
Aquello era distinto.
Uno había saltado a una muerte casi segura para salvar al otro, luego el otro había hecho exactamente lo mismo, y después habían vuelto a hacerlo otra vez.
No eran fuertes, ni especialmente peligrosos, pero tenían algo que Ubbe reconocía perfectamente: Lealtad.
La misma clase de lealtad que había visto en Kal. La misma que veía cada día en Sigurd. La misma que mantenía unido al Ragnarok incluso cuando el mundo entero parecía empeñado en romperlo, por eso seguían vivos, porque cualquier otro enemigo habría terminado aplastado contra el suelo mucho antes, porque Ubbe respetaba el valor, respetaba el coraje, y respetaba a quienes estaban dispuestos a jugarse la vida por alguien más. Por eso les había dado una oportunidad.
Una única oportunidad para abandonar aquella locura con algo más que un cadáver a cuestas.
Era una oferta sincera, una salida digna, una forma de terminar aquella pelea sin que ninguno tuviera que seguir perdiendo sangre. Durante un instante, incluso llegó a pensar que la aceptarían.
Pero no.
En lugar de eso, habían elegido la peor opción; se habían puesto a vacilarle.

La sonrisa desapareció poco a poco del rostro de Ubbe.
No fue algo repentino, no hubo un estallido de rabia ni una reacción super agresiva, simplemente dejó de sonreír mientras observaba a ambos hombres reírse de aquella manera, como si estuvieran sentados en una taberna contando historias y no colgando de las manos de una criatura capaz de partirlos por la mitad. Durante unos segundos permaneció en silencio, escuchando las carcajadas, los insultos y las bromas que se lanzaban incluso ahora, cuando la pelea estaba decidida y la diferencia entre ellos resultaba tan evidente como la que existía entre un hombre y una hormiga.
Lentamente, la mano izquierda se abrió.
El cuerpo del Agente V cayó varios metros hasta golpear el suelo del claro con violencia, rodando entre la tierra removida y los restos del campamento destruido. Ubbe ni siquiera siguió su caída con la mirada. Sus ojos permanecían fijos sobre el otro agente mientras los enormes dedos de su mano izquierda cambiaban de posición, cambiando el agarre de una mano a otra pero con su puño abrazándole solo la cabeza. 
El contraste era grotesco.
Agarre de Ubbe

El cuerpo entero del agente quedaba suspendido en el aire mientras las piernas colgaban sin tocar el suelo y los brazos apenas podían moverse. Frente a él, la monstruosa figura híbrida lo observaba desde varios metros de altura, inmóvil, con el vapor escapando lentamente de las fosas nasales.
- Os he dado un chance, baby's.
Su voz sonó grave, mucho más grave que antes.
- He escuchado vuestra mierda. He visto cómo os protegíais el uno al otro. He visto cómo seguíais levantándoos incluso sabiendo que no podíais ganar.
Los dedos se cerraron ligeramente alrededor de la cabeza del agente. Si apretaba más, podría incluso hacer estallar su cráneo. 
- Y por eso seguís respirando.
La enorme mano libre comenzó entonces a cerrarse lentamente en un puño.
No había prisa, no había ninguna necesidad de apresurarse.
- Pero no habéis querido aprovechar mi oportunidad y encima habéis elegido la peor opción posible, os habéis puesto a vacilarme en mi cara...
Todo el claro parecía contener la respiración mientras la gigantesca masa de músculos del brazo se tensaba poco a poco.
- Tenéis los cojones de Sigurd...
La sonrisa regresó, pero esta vez no era amistosa.
- ...pero os falta mi fuerza, baby.
El brazo se echó hacia atrás.
Y el suelo tembló.
- C'MON BABY!! -

En ese momento, el puño de Ubbe salió directo al cuerpo del agente A, soltándolo justo en el instante del impacto. El golpe lo lanzó unos metros más allá, y Ubbe ni siquiera se preguntó si seguirían vivos o no. Habían cruzado una línea que, por mucho honor que hubieran cosechado en la batalla, no iba a perdonar. Tras el golpe, empezó a marcharse de la zona por donde habia venido. 

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2646 + 42 = 2688
Energia: 4607 - 395 = 4212
Espiritu: 1045 + 0 = 1045
#15
El orgullo y el coraje son cualidades dignas de un guerrero. Esa fortaleza mental que te sobrepone a cualquier situación y, en ocasiones, te da ese impulso para seguir adelante. Pero en exceso, esas virtudes se convierten en prepotencia y soberbia, o así se pueden percibir. 
El rostro de Ubbe se ensombrece por completo ante la actuación de los hermanos. Siente como se están mofando de él a pesar de reconocer su valentía. Las oportunidades de un final clemente e indoloro para ellos se esfuman en el momento en el que el Agente A abre la boca y V le sigue la corriente. La diplomacia queda en segundo plano y retoma las actitudes propias de un hijo del mar, de un pirata del Ragnarok. Sin titubeos, libera al más malherido de la dupla y lo deja caer varios metros sobre lo que alguna vez fue su base de operaciones en cubierta, chocando bruscamente contra sus destrozados artilugios. No da tiempo a esperas ni pausas para afianzar su agarre contra el primero que se atrevió a reírse de él, y tras remarcar su error y todo aquello de lo que carecen, soltar un tremendo golpe que manda a volar al karateca a varios metros de distancia.
Así finaliza la batalla, sentando las bases del orgullo Buccaneer y con un aprendizaje marcado en la piel para aquellos que osan cruzar la linea. Con ambos soldados fuera de juego, casi al limite del aburrimiento, retoma su camino y su propósito, el cual era hacerse con material para su hermano de armas. Sin volver la vista atrás, se pierde en la inmensidad del monte, como una fuerza de la naturaleza inalterable que tal y como llegó a causar estragos, se retira con toda la solemnidad del mundo.

El agente A no tiene ni tiempo para pensar en la siguiente broma cuando nota como la gravedad lo empuja para abajo una vez más. El movimiento es rápido y liberador, imposible de reaccionar, pues esperaba acabar partido por la mitad, no dejar de sentir la presión en el pecho que lo comprimía hasta la asfixia. 
El alivio le dura poco. La mano del hombre dinosaurio lo atrapa en mitad del vuelo, cerrándose sobre él como un castigo divino por sus ofensas y enalteciendo lo frágil y vulnerable que es cuando toca enfrentar los verdaderos peligros del mar azul. En una fracción de segundo, pasa por su mente un sinfín de momento, desde amargos a dulces. Sus primeros amores, sus primeras pérdidas... Y luego, oscuridad. La oscuridad de un apéndice que se cierra sobre su rostro como un cepo para osos. La oscuridad de una sombra tan alta como un edificio y escamosa como un dragón. La oscuridad del final del camino tras una vida de conflictos. 
Lo último que siente es un impacto. Un choque atronador, como si le hubiera alcanzando un rato en mitad de una tormenta. Su abdomen arde por completo. Siente dolor en cada fibra muscular, en cada órgano que rebota contra los límites de su cuerpo luchando por no salir despedidos. Él si lo hace. Vuela. Sale disparado como una bala de cañón. No ve nada, sus ojos están cerrados mientras se pierde entre los árboles eyectado. No respira, pues le duele respirar. No piensa, pues la sensación es tan amarga y cruda, que todo le parece dar vueltas. 
Antes de que pueda caer, el Agente A cede al dolor y se desmaya.

El Agente V, frente a la actitud de su camarada, se anima a sonreírle a una muerte segura. Lo han intentado y han fracasado. Pero ambas cosas lo han hecho juntos. Ve aterrorizado como el rostro del coloso difumina la sonrisa hasta transformarse en una mueca insalubre de descontento. Aún así, se niega a perder la alegría de haber vivido una vida plagada de aventuras junto a su hermano. Completamente indefenso, con las lágrimas peleando por no saltarse de los ojos, acepta su destino.
No espera caer de golpe varios metros de altura. Incrédulo, siente como sus brazos dejan de contraerse contra su pecho y como se desploma a gran velocidad hasta estamparse contra telas, aparatos y piezas sueltas. Por un segundo achina el rostro por el daño de clavarse tuercas y tornillos por la piel, como aquél que pisa piezas de juguete, pero su mente no asimila lo que está pasando. Por un instante, se cubre el rostro torpemente, esperando una parada o golpe de cola para mandarlo al otro barrio. Pero lejos de ver llegar el golpe, apenas alcanza a ver cómo su hermano sale volando como un misil tras un puñetazo del monstruo. 
La cara de V es un poema. Tiene que asimilar demasiadas cosas en décimas de segundo, y no es capaz de asumir toda la información. Reír, caer, dolor, mirar, bloquear, esperar, ver, sentir, analizar... Todo pasa demasiado deprisa. Pero cuando vuelve a alzar la vista, el kaiju, en vez de rematar la faena y pisotearlo como a una miserable hormiga, se da media vuelta y se retira victorioso. Sin aspavientos, sin alardear su evidente superioridad ni causar un genocidio. Tan solo, se va.

V corre a toda velocidad a la posición de su hermano. Sus piernas apenas le responden y su brazo ha dejado de nombrar sangre desde hace rato. Es un amasijo informe que le cuelga del brazo. Aún así, se sobrepone a todo dolor y va a socorrer rápido el cuerpo de su amigo. Este no responde. Está plenamente inconsciente, con una fractura en la cabeza y el abdomen destrozado. Aún así... Respira.
Y no respira por milagro de Dios, ni por intervención de una entidad superior. Respira porque Ubbe lo ha querido. Ha tenido en su mano poder decapitarlos de un mordisco o haberlos hecho puré de huesos y vísceras. Pero ha visto algo en ellos, algo que no han respetado y aún así se les ha concedido. Una demostración de que el poder, orgulloso de si mismo, decide sobre la vida y la muerte del resto. No como un acto de clemencia, sino como la rebeldía misma de su naturaleza, porque Ubbe se impone incluso sobre lo que esperan de él. Es el privilegio de ser el más fuerte, el rey de los monstruos.
Unos gritos de agradecimiento se esgrimen de la boca del soldado, que tartamudea entre la alegría y el llanto, alabando la bondad de la criatura. Pero él... Él ya se ha marchado.

Aviso

Final
#16
El bosque volvió a tragarse poco a poco el sonido de sus pasos mientras el gigantesco buccaneer avanzaba entre los árboles sin volver la vista atrás, aún transformado en su modo hibrido entre bestia y hombre. La adrenalina del combate comenzaba a disiparse y el peso de la transformación se asentaba de nuevo sobre sus músculos mientras el silencio regresaba lentamente a la montaña. Allí donde hacía apenas unos minutos habían sonado explosiones, disparos, golpes y gritos, ahora solo quedaba el rumor del viento atravesando las copas y el crujido ocasional de alguna rama bajo su peso.
Ubbe caminaba sin prisa, pues no sentía ninguna euforia, tampoco remordimientos; aquella pelea había sido extraña desde el principio. Había empezado buscando acero para Sigurd y había terminado aplastando un campamento secreto en mitad del bosque, enfrentándose a dos desconocidos que habían decidido jugarse la vida contra alguien infinitamente más fuerte que ellos.
La mayoría de las personas habrían huido.
Muchos habrían abandonado a su compañero para salvar el pellejo, muchos si, pero aquellos dos no.
Una y otra vez habían elegido quedarse. Una y otra vez habían decidido ponerse delante del golpe que iba dirigido al otro. Incluso cuando el resultado parecía evidente. Incluso cuando ya no existía ninguna posibilidad real de victoria, y eso era algo que Ubbe entendía. Más de lo que probablemente aquellos dos hombres podrían imaginar.
Porque mientras avanzaba entre los árboles no podía evitar pensar en Sigurd
Pensar en la hermandado y orgullo que sentían por su grupo, por lo que significaba aquella unión para el. Era algo más que una simple amistad o una alianza, era hermandad, pura y dura. 

La lealtad era una cosa extraña. No te hacía más fuerte, no te hacía más rápido, no mejoraba tus técnicas ni te enseñaba a pelear. Pero aun así había personas capaces de desafiar monstruos por ella, y aquello tenía valor, mucho valor.
Quizás por eso no había terminado el trabajo, no porque fueran de traje, no porque le dieran pena, ni siquiera porque le cayeran especialmente bien.
Simplemente porque habían peleado como guerreros, habían perdido, sí. Pero no habían dejado de luchar y protegerse todo el rato.  Ubbe soltó una breve carcajada por la nariz.
- GAHAHAHA...
Todavía recordaba las carcajadas, los insultos, incluso después de haberles dado una oportunidad para retirarse.
Negó con la cabeza.
- Vaya dos fucking idiots, baby... - murmuró para sí mismo.
No sabía si seguían vivos, no había comprobado el estado de ninguno de los dos tras marcharse. Quizás uno de ellos había muerto. Quizás ambos seguían respirando, o quizás dentro de unos años volverían a cruzarse en algún rincón del Grand Line.
No tenía forma de saberlo, y la verdad era que tampoco le importaba demasiado. Su camino continuaba, y el de ellos también, si es que todavía les quedaba alguno. Lo único que sabía era que, durante unos minutos, aquellos dos hombres habían conseguido arrancarle algo parecido al respeto, y eso ya era más de lo que podía decir la mayoría de la gente que se cruzaba con él.
Entonces un pensamiento mucho más importante regresó a su cabeza: El acero.
Ubbe se detuvo unos segundos, miró hacia un lado, y luego hacia el otro, entonces frunció ligeramente el ceño mientras observaba aquel interminable mar de árboles que se extendía en todas direcciones.
- ...Joder.
Permaneció inmóvil un instante más.
- Creo que me he vuelto a perder, me cago en la puta... tendria que haberme guardado el mapa...
Se encogió de hombros.
Después reanudó la marcha como si nada hubiera pasado.


INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2688 + 63 = 2751
Energia: 4212 + 64 = 4276
Espiritu: 1045 + 0 = 1045
#17
✓
Aventura T3: Completada

Recompensas Narrador (Sigurd Haakon)

— Sin recompensas.

Pese a ser un narrador oficial, debes tener consentimiento de la administración para poder utilizar a agentes pertenecientes al gobierno mundial por más carne de cañón que sean. Por favor, tenlo en cuenta para futuras narraciones así como el uso de diales. (Se entiende que el único fin de ellos era mantener más parejo el combate, sin embargo, debes tener permiso del staff.)


Recompensas User (Ubbe)

— Puntos Mugiwara: 17

— Reputación: 30 + 10 = 40

— Atributos: 2

— Berries: 96000

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


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