¡Ah! ¡Ésa vez que Eros robó las velas! [Auto T5 - P.A]
#1
Día 77 de Invierno del Año 17 - Madrugada


Tras haber reunido la información suficiente para saber precisamente dónde estaban los barcos de Nozama atracados, el capitán de los Sepultura tenía consigo la primera pieza para permitirles a los Sepultura el ascenso a Skypiea sin verse derribados en el proceso por los cañones del lado de la justicia, no obstante estaba en él y solamente en él llevar a cabo el plan que le permitiría robarse las velas, salir de ese lugar y poder volver al barco sin ser capturado o asesinado en el proceso ¿Podría hacerlo? El oriundo de Baterilla no era alguien que se dejase llevar por la duda, y quizás eso era lo mejor pues les había permitido llegar a Jaya en una pieza contra todas las adversidades. Ellos, después de todo, desayunaban adversidades.

Lo más sensato sería por supuesto traer a Varo para la faena, pero él no era el más sensato y entendía que su trabajo cómo capitán era que ellos pudieran confiar en él.

Estaba en su forma completa midiendo no más de veinticinco centímetros de alto, por ello y por el amparo de la noche es que se pudo acercar por debajo de la tierra sin ningún tipo de eventualidad cavando una larga serie de galerías desde el bar donde había recaudado la información en cuestión.

Gracias a las vibraciones del suelo Eros podía sentir la cantidad de personas en la entrada del muelle. Por debajo de la tierra podía sentir la humedad, inclusive la cercanía del mar, no podía seguir avanzando bajo tierra sin ningún tipo de vicisitud pues sería arriesgarse a un paso en falso que lo dejaría bajo el agua y sin velas. Salió de la tierra olfateando el aire con sus sentidos de talpidae, podía percibir aproximadamente tres a cuatro personas. Dos de ellas estaban hablando de cosas irrelevantes, dos más estaban caminando por los costados de los muelles.

Los costados de los muelles estaban repletos de cargamentos, cajas, barriles y tablones de madera para reparar el puerto en caso de ser necesario. Había cemento, por el cual podría cavar pero con mayor dificultad, debía buscar la manera de escabullirse de los guardias moviéndose con soltura. Entendía que si intentaba de alguna manera escabullirse, por su torpeza, saldría más que mal.

Con sus dientes se acercó a la cerca metálica que rodeaba los laterales de los muelles, apenas uno de los guardias había pasado hacia el este caminando con el arma en las manos, sintió dos o tres metros cuando comenzó a morder el metal rompiendo el alambre para hacer suficiente espacio para poder pasar escabulléndose entre cajas y barriles hacia el interior del puerto eludiendo la primer tanda de guardias de seguridad.

Una vez avanzó lo suficiente en el muelle pudo percibir por las vibraciones del suelo que, efectivamente, las únicas vibraciones bajo sus patas eran las olas del mar golpeando contra los postes que sostenían el muelle. Entonces usó esta oportunidad para terminar su transformación pasando a forma humana para suspirar aliviado de haber sorteado el primer gran obstáculo de su operación ¿Cómo podía distinguir las velas de Nozama? Comenzó a mirar a los alrededores para buscarlas, con la escasa visibilidad que traía consigo la luna veía que la totalidad de ese muelle era comerciante, pesquero o civil. De los pocos que no eran piratas, asumió.

Caminó por las tablas de madera hasta que encontró un barco cuyas velas azules decían “Nozama”. Eso fue fácil, casi anticlimático, pero Eros no se iba a poner a robar la velas que estaban en los mástiles del navío pues eso los alertaría de manera irremediable, él debía ser lo suficientemente sigiloso para que en Skypiea no advirtieran de la faena en cuestión.

Volvió a su forma completa para saltar hasta la cubierta del navío, pues su objetivo consistía en usar sus sentidos para guiarse hacia la bodega de carga donde pensaba robarse las velas de repuesto pues, efectivamente, para los viajes largos asumía que una empresa con ese nivel de logística tendría al menos un juego de velas de repuesto.

Avanzando por la cubierta pudo notar que había moviendo, dos tripulantes estaban sobre el barco caminando de lado a lado del barco con serenidad, por las voces parecían estar revisando la carga debido a cómo se detenía de a poco moviendo peso de aquí para allá y revisando la mercadería o moviéndola. Cerca de allí había una persona inmovil, apostado. Por el peso podía sentir que no traía carga, seguramente era un guardia y por ende un obstáculo ¿Quería alertarlos y exponerse tan rápido? No podía aún, no sabía donde era la bodega de carga después de todo.

Se movió por un costado de la cubierta hacia una de las cajas acomodadas donde se quedó quieto, el guardia ya había pasado por ahí, tenía aproximadamente treinta segundos para actuar sin ser detectado según sus estimaciones en la ruta. Con las garras hizo un agujero debajo suyo en las tablas de madera, haciendo un agujero lo suficientemente grande para dejarse caer hacia el interior del navío.

Cayó en un camarote vacío donde tomó un momento para olfatear los alrededores, sus conocimientos de astillería y carpintería le podían hacer suponer el extremo donde estaría la mayor parte del peso, la bodega y la zona de carga.

Anduvo por uno de los pasillos en completo silencio. Todo estaba oscuro y eso lo ayudaba pues el cegatón no podía ver aún con las lámparas encendidas. Corrió con una agilidad inusitada hasta que llegó a la bodega de carga en cuestión. Allí se topó con algo que no esperaba púes, apenas entró, escuchó un ronquido. Había un hombre sentado con un rifle sobre el regazo.

Al moverse entre las cajas emitió un crujido en una de las tablas que causó que el hombre abriese los ojos

Malditas ratas…

Farfulló el hombre causando que Eros suspirase aliviado de no haber sido encontrado aún, no podía permitirse fallar aun, no podía ser el eslabón más débil de su tripulación pues ellos se merecían un capitán pleno.

Esperó unos minutos en completo silencio, y quietud a que el hombre se relajase nuevamente. Para su fortuna no tardó en escuchar otro ronquido, y fue cuando volvió a su forma humana pues tenía que usar sus ojos para buscar las velas entre las cajas. Algunas cajas estaban marcadas de una manera, otras de otra, pero todas tenían en común que traían consigo el logo de Nozama para identificarlas… Excepto un par que estaban más al fondo de la bodega, cubierta con redes y sogas para que no se viesen comprometidas en caso de haber marea turbulenta durante sus viajes.

Aprovechó entonces la situación para acercarse poco a poco hasta una de ellas, convirtió sus pies en los de un topo usando una patada para cortar las redes en cuestión, entonces comenzó a abrir las cajas procurando ser lo más silencioso posible pese a su torpeza. Abrió la primera caja, comida, el segundo barril, fruta, la tercera caja, pescado ¿No sabían conservar más inteligentemente la comida? Con razón tenían ratas.

Entonces abrió la cuarta caja. Tela, mucha tela. Posó la mano sobre las mismas y pudo sentir la impermeabilidad y la textura de las velas. El color coincidía con lo que buscaba pues, efectivamente, acababa de encontrar lo que buscaba ahora es cuando se planteaba una dicotomía que lo ponía en jaque ¿Cómo salir de ahí con ese tremendo pedazo de caja? El peso no era un problema pues bien podía levantar toneladas sin dificultad, pero el tamaño de la misma, la cantidad de guardias apostados afueras, necesitaba elucubrar un plan como correspondía y digno de los Sepultura, algo sofisticado, algo metódico y refinado.

Que carajos…

Escuchó a sus espaldas, girándose para quedar cara a cara con el hombre. El tipo en cuestión era posiblemente un semi-gigante, pues viendolo de pie podía decir que era más alto que un humano pero menos portentoso que un gigante. Era un tipo ancho que parecía relativamente encorvado, ya entrado en años y claramente apaleado por la vida de trabajar en los puertos, la piel estaba curtida y con cicatrices testigo del sol en altamar mientras que las manos se veían resecas y llenas de callosidades. Era quizás de los más longevo de su grupo teniendo una frondosa barba blanca, y un uniforme de Nozama.

Los ojos de color negro del semigigante aun adormilado analizaba al capitán de los Sepultura que poseía la parte baja de las piernas de un topo en ese momento, quizás por eso es que tuvo que usar unos escasos segundos para reparar en lo que estaba pasando frente a sí tras despertar ¿Acaso seguía soñando? No fueron más de uno o dos segundos, pero cuando abrió la boca para comenzar a gritar y elevó el rifle en dirección a Eros el capitán de los Sepultura arremetió a toda velocidad en dirección al sujeto con una patada golpeó la mandíbula del sujeto y con el otro pie le pegó a la mano que sostenía el arma. El tipo voló cayendo contra el suelo, lo que generó efectivamente un estruendo y lo dejó inconsciente.

Su posición había sido comprometida ¿Podría salir de ahí sin llamar más la atención? ¿Habrían sido los otros trabajadores de Nozama alertados por la llegada del Sepultura? Eros debía pensar rápido, tapando nuevamente la gran caja de las velas con su tapa y usando las sogas que había cortado para hacer unos nudos lo suficientemente fuertes para agarrar la misma en cuestión.

Entonces tomó una decisión que, quizás fue de las más inteligentes del hombre topo en esa noche, pegándose junto a la puerta de entrada a la bodega. Esperó unos segundos, esos segundos finalmente se convirtieron en minutos y finalmente un hombre se acercó para observar la situación del semigigante tras haber escuchado el golpe de su caída contra el suelo. Apenas este entró, Eros en cierto punto agradeció que éste fuese un humano cómo por una cuestión de anatomía.

No tuvo tiempo de preguntarle a su compañero que había pasado cuando el capitán de los Sepultura se posicionó detrás de él con ambos brazos abrazando su boca, y su cuello aplicando la suficiente presión para dejar inconsciente tras unos segundos al hombre que arañaba, golpeaba y pateaba al Sepultura que lo asfixiaba quien no daba el brazo a torcer gracias a su superioridad física. Entendía que estaban trabajando, entendía que no eran guerreros, y era por ello que no hubo sangre en esa noche ni un asesinato. Eros era un luchador, alguien que vivía para ejercer la guerra con caballerosidad, no planeaba arruinarle la vida a quien no le arruinaba la vida a otros.

Con cuidado dejó a los cuerpos inconscientes en un costado de la bodega, dejándolos a ambos 1.000 berries sobre el pecho para en cierto punto pagarles por las molestias que les estaba ocasionando finalmente dirigiéndose hasta su botín.

Levantó la caja poniéndola en su espalda mientras aseguraba las sogas en cuestión alrededor de su pecho para añadirle firmeza pues se estaba por llevar a cabo la segunda parte de aquel plan elegante y detallado: Salir de ahí cagando. No podía sentir las vibraciones en el barco, no podía saber cuántos guardias estarían esperando más allá de los dos inconscientes y aquellos tres en la superficie, sin contar que el capitán del navío estaba el bar, y la alarma no sonó gracias a su capacidad de subyugar a los guardias con los que se había cruzado pero el tiempo en ese momento no era su amigo.

Con la elegancia que lo caracterizaba, es decir, con mucha fuerza bruta el topo recordó el agujero por donde había entrado en ese camarote vacío, la posición correcta para poder escapar y, si bien eso conllevaba exponerse a ser visto por uno de los laterales, era mejor que pasar entre todos subiendo por las escaleras y revelando lo que acababa de pasar sin ningún tipo de coartada. Preparó sus piernas de topo, y entonces comenzó a correr como alma que llevaba el diablo en dirección al camarote por donde había ingresado previamente.

Abrió la puerta sin violencia pues recordaba haberla dejado entreabierta cuando pasó al llegar, entonces convirtió su cuerpo en su forma hibrida aumentando su estatura hasta medir dos metros y medios, y su peso junto con su masa muscular para ganar la trompa alargada de un topo las garra que acompañaban la transformación en manos y piernas y el portento físico de una verdadera bestia pues sería necesario para lo que estaba por suceder.

Eros corrió con todo su portento físico contra la madera lateral de aquel camarote saliendo por uno de los costados del navío, el salto fue lo suficientemente violento para destrozar la madera lanzándolo gracias a su peso pluma como una bala de cañón. El crujido de la madera para su fortuna no alertó a vigías sobre el barco pero al caer sobre los tablones del muelle notó un hombre a unos cinco metros que pudo ver la silueta de la bestia cargando consigo la caja a la espalda como un repartidor. Le hubiese gustado afirmar que desde ese punto todo fue coser y cantar, o que se pudo ir sin llamar la atención pero eso sería una mentira y ante todo los Sepultura eran criminales honestos.

El vigía realizó un movimiento que hizo que todo se volviese una cuestión de tiempo soplando un silbato que emitió un pitido que ensorcedió por un segundo a Eros, entonces el capitán de los Sepultura rugió en su forma de hombre topo lanzando uno de los barriles cercanos hacia el hombre. Lo hizo rodando por el muelle, y fue cuando el hombre tuvo que usar ambas manos para poder detener el movimiento de aquel barril antes de que lo arollase o cayese al agua, para su suerte Eros tenia mala puntería pero buen instinto pues fue en ese momento que el topo saltó nuevamente hacia la entrada del muelle aterrizando por encima de las puertas del muelle.

¡Es un monstruo! ¡Es un gyojin! ¡Es un rey marino!

¡No! ¡Es un topo gigante!



Dijeron los guardias sorprendidos antes de que el capitán de los Sepultura se dispusiese a pegar otro salto que los dejaría atrás moviéndose más de cincuenta metros con ese movimiento. Los hombres no lo persiguieron, de hecho estaban lo suficientemente atónitos para hacerlo en ese preciso instante y, para cuando se dieron cuenta que lo que acababan de ver no era producto de sus imaginaciones pues el hombre topo había birlado la seguridad del muelle.

Para fortuna de Eros, la mercadería de Nozama podía estar fuertemente resguardada pero confiaba que para cuando se diesen cuenta que lo que había sido sustraído no había sido nada de los cargamentos que llevaban hacia los clientes si no las propias velas de repuesto ellos ya estarían en Skypiea. Corrió ahora en su forma humana por las calles de Jaya, Mock Town se veía hermosa cuando había cumplido con su propósito, el objetivo final era llegar con la Black Widow para poder dejar las velas en la bodega de carga.

Necesitaba tomar medidas, analizar detalles del peso, inclusive cabía la posibilidad en la cual tuviese que pintar a la Black Widow aunque sea con una manera de pintura para que no pareciese el navío de los Sepultura, pero eso sería un problema para el futuro, pues una vez puso pie en la cubierta de su barco con la velas robadas en la espalda estuvo más que claro

Misión cumplida

Resumen
[Imagen: xNGUFie.png]
#2
✓
Aventura Autonarrada T5: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 10

— Reputación: 25

— Berries: 20.000 - 2.000 (generoso) - 30% (karmas) = 12.600

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