[Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75]
#21
Como un pescador en su barca, tranquilo bajo la agradable luz del sol de verano, Kael espera pacientemente hasta que alguna presa alcanzase su anzuelo. Se mueve con gracilidad con la sala, manteniendo siempre un perfil bajo, observando en todas direcciones mientras busca a su persona adecuada, alguien que le permitiese mantener el movimiento y adquirir información. 

Tiene sus herramientas dispuestas para encontrar a la indicada, pero poco a poco, en el transcurso del tiempo, consideraría incluso oportuno alcanzar alguna dama de transición, alguien que le haga parecer más interesante ante ojos ajenos, y se mantuvo en búsqueda. No desea molestar en ningún momento a una persona actualmente emparejada, pero tampoco haría escrúpulos de ver alguna mirada incluso si pertenecía a una persona que superase su rango de edad. Al final, su belleza le permite llegar a escalas que muchos otros tan solo son capaces de imaginar, y la información apropiada...suele venir de manos más experimentadas con los años.

Por suerte o desgracia, los oídos de Kael fueron a parar con otro tipo de información algo más interesante...

— Vamos, Margaret, no te preocupes, estoy segura de que tu padre conseguirá razonar con ese hombre.

Si fuese un joven zorro como Nyra, seguramente las orejas de la fortaleza emocional se habrían visto expuestas ante el interés que esa información generaba. 

— No lo entiendes...Mi hermano... ese inconsciente habrá bebido más de la cuenta, ¡y ahora es muy posible que debido a su mala cabeza vaya a acabar como esclavo!

Aquello le hizo dejar la copa en el sitio, tratando de no dejarla muy a la vista, para que nadie se la arrebatase si iba a buscarla después

Tan solo tuvo que esperar pacientemente, dejando de lado toda intención de búsqueda, para centrar su atención en aquellas dos jóvenes amigas con una infinita calma. Se encontraban en un momento ciertamente incómodo, pero no fue necesario esperar más allá de unos minutos. La suerte se puso de su parte cuando la inmensidad de gente accedió al salón principal, visualizando la que podría ser su futura pareja de baile, a la que no quiso darle mayor importancia, al menos, en ese momento tan importante.

Confiando en sus compañeros para descubrir que estaba ocurriendo en algo tan visible y llamativo como el motivo de la celebración central, Kael ocupó sus esfuerzos en aquella joven separada, ahora completamente solo, que parecía nerviosa, asustada y agitada...y con ello comenzaría su juego.

Dejó de permanecer oculto, ofreciéndose a la vista contraria varios pasos por delante para no pillarla por sorpresa. Quería que ella pudiese observarlo a la perfección, que le echase un vistazo de arriba abajo si así lo consideraba oportuno. En este momento, confía plenamente en sus capacidades y su belleza como una ventaja para el momento, y no dudo en moverse acorde a su posición. Si seguía observando hacia el exterior a través del balcón, al menos sabría que alguien se acercaba por su espalda, marcando un paso natural, pero intencionado en su movimiento.

Cuando se acercó lo suficiente, relajó ligeramente su postura modélica, dejando en claro que no buscaba atención, sino mantener una conversación pacífica alejados de la fiesta.

—Debo reconocer que este lugar pierde parte de su encanto cuando uno contempla el balcón en lugar de la fiesta.—Sólo si Margaret decidía posar su mirada sobre Phantom, podría comenzar a observar una sonrisa tenue, moderada para el devenir de la conversación.—Aunque quizá sea precisamente por eso por lo que merece la pena contemplarlo, ¿me equivoco?


Sus ojos se desviaron brevemente hacia el salón principal, tratando de observar lo que estaba ocurriendo de forma superficial, para que sus pensamientos e intuición le permitieran hacerse una rápida idea sobre lo que en el interior estaba ocurriendo.

—Disculpad mi atrevimiento. —Colocó su mano sobre el pecho, realizando un pequeño gesto de disculpa y cortesía—. Sería imperdonable por mi parte asumir que buscáis conversación cuando tal vez solo deseáis tranquilidad. Sin embargo, si me lo permitís...sería igual de imperdonable ignorar a alguien que parece cargar con más preocupaciones de las que una noche como esta debería permitirse.

Dejando la pelota en terreno contrario, ofrecía la posibilidad de rechazarlo con completa libertad, dejando en ausencia cualquier tipo de presión o insistencia para aligerar su carga. Para cualquier otro, posiblemente el rechazo era una opción con altas probabilidades, pero Kael juega en un ambiente donde sus cartas siempre son de números más altos que las del resto...

Si ella lo deseaba tendría enfrente a un amigo, pero si lo rechazaba, sería la sombra que tan pronto como llegó hasta su vida desaparecería de la misma, sin dejar ni el más mínimo rastro, borrándose de su existencia.

—Permitid que me presente. Mi nombre en esta maravillosa velada es Phantom, y aunque apenas nos conocemos desde hace solo unos segundos—Aunque su tono de voz siempre peca de mantener una cierta monotonía, aprovechó los sonidos de alrededor para aparentar hablar en un tono más cercano, acercando mínimamente la distancia, sin pecar de osado.— ...me atrevería a apostar que vuestra compañía resultará bastante más interesante que la de la mayoría de personas que se encuentran ahí dentro.

Inclinó su cuerpo hacia abajo, realizando un nuevo gesto mucho más formal, ofreciendo su mano a la contraria para que lo tomase a continuación.

—¿Le permitiríais a este caballero la dicha de tener al menos un único baile con vos? 

Había jugado todas y cada una de las cartas que consideró adecuadas, manteniendo en el filo una apuesta arriesgada, pero que podría entregarle aún mejores resultados si conseguía su recompensa. El juego seguía ahora su curso, y él sólo podía esperar a obtener lo que su amigo le había pedido, a través de esta mujer solitaria.


Phantom
#22
Nyra Kuroshiro

Cuando la joven humink decidió abandonar momentáneamente el salón principal, sus aguzados oídos pueden escuchar numerosos murmullos en los círculos colindantes a ella, muchos de los cuales a buen seguro no serían demasiado de su agrado, pues eran afilados puñales en contra de la misteriosa mujer que había acaparado las atenciones del joven,

— Pero quién se cree que es esta?

— A mi no me suena de nada, no la he visto nunca.

— Oh por todos los... Eso es una cola?

Sin embargo, lo que más llamaría la atención de Nyra a medida que se acercaba a la puerta que la llevaría a la sala de juegos sería la queda conversación que Carlisle mantenía con un hombre del servicio de la mansión. El gentilhombre en cuestión lucía una librea especialmente elegante, indicando sin duda que pertenecía al grado más alto de sirvientes. Sostenía con una sola mano una pesada bandeja de plata, sobre la cual reposaba un sobre dorado con un sello de lacre rojo, el cual debía contener bastante papel dentro a juzgar por lo abultado del mismo.

Carlisle, a pesar de que la máscara cubriese la mayor parte de su expresión, tenía una postura mucho menos relajada que a la hora de hablar con la joven marine, y estaba apoyando una mano en el hombro del sirviente mientras susurraba quedamente.

— Está todo dispuesto? Ya sabes que es muy importante para mi.

— Soy conciente de la situación, señor. Yo mismo lo he revisado dos veces. Está todo. Solo dígame cuando he de entregarlo a su destinatario y me encargaré de que lo reciba sin dilación.

— No. — A ojos de Nyra, la mano de Carlisle que seguía sobre el hombro del sirviente se tensó, mientras su mandíbula se apretaba. — Me encargaré yo mismo. Después, durante el baile. Ya has hecho suficiente, no quiero que tú y el resto os impliquéis aún más en esto. Gracias, Jacques, por todo.

El joven recogió el sobre y subió por las escaleras que llevaban al primer piso. Por su parte, Nyra, tras haber captado estas palabras, se internó en la sala de juegos, cruzando la puerta que le abrió galantemente un miembro del servicio.

El silencio que la envolvió en cuanto el sirviente cerró la puerta a su espalda fue casi sobrecogedor. Sin duda, la Mansión de Le Chevalier estaba brillantemente construida. La estancia que tenía ante sus ojos era aproximadamente la mitad de grande que el recibidor dónde había estado. Todo el suelo era de maderas oscuras, cubierto de alfombras en color granate con flecos dorados. Había una chimenea en la pared a su izquierda, frente a la cual varios nobles conversaban sentados en un sofá y dos butacones. En el extremo más alejado de la puerta, dos parejas jugaban al billar, aunque los flirteos, bromas y caricias disimuladas parecían importarles bastante más que la victoria o la derrota.

Pero lo que más llamaba la atención sin duda era el corrillo de cabezzas inclinadas sobre una mesa situada en el centro del lugar. Los cuchicheos eran constantes, y de cada poco, un gemido seguido de una nueva oleada de murmullos, y ocasionalmente un aplauso o dos se sucedían una vez tras otra.

Al entrar en el salón, unas cuantas cabezas se giraron hacia Nyra, curiosos por ver quien era la nueva incorporación, pero algo en la mesa volvió a captar rapidamente la atención de los observadores, que tras un coro de OHHHs aplaudieron cortésmente, aunque la alegría no llegaba a sus rostros. Un hombre mayor se levantó de la silla y se abrió paso, saliendo del círculo y cruzándose con Nyra, con la cabeza gacha y sin pararse a mirarla.

En la mesa, que ahora se podía ver mejor, había un tablero de ajedrez, en la cual de uno de los lados solamente quedaba un rey negro tumbado, mientras que un ejército de piezas blancas lo rodeaban. Del otro lado de la mesa, un hombre de pelo rubio ceniza, vestido con un curioso atuendo de color blanco y negro a juego con una máscara negra decorada con perlas estrechaba unas cuantas manos y guardaba un papel en el bolsillo de su chaqueta. Tras tomar un sorbo de la copa de vino que tenía a su derecha, cruzó sus ojos con los de Nyra. La humink fue consciente de como se detenía en diversos detalles de su vestido, desde su calidad, hasta la cola que asomaba por la parte trasera.

— Vaya, una cara nueva por aquí! Sed bienvenida, joven dama. Habéis venido en busca de algo de entretenimiento? Estas recepciones pueden resultar algo tediosas una vez se ha saludado a todo el mundo, no es así? Por eso a algunos nos gusta alimentar un poco nuestras emociones con un par de juegos.

Con gran habilidad, el hombre recogió todas las piezas negras, que había colocado en la zona de captura de su lado del tablero y las colocó de nuevo en posición, organizándolas para una nueva partida.

— Me haríais el gran honor? Aún queda tiempo para el discurso de Le Chevalier. Normalmente la apuesta son veinte mil berries por pieza capturada, pero no os preocupéis por ello. Me apetece algo más... ligero. Por favor sentaos. Mis buenos amigos, nos disculparían?

Como si hubiese sido una orden más que una sugerencia, el corro de nobles e invitados se disolvió tan rapidamente que habría parecido ensayado, dejando el camino libre a Nyra para sentarse en la mesa.

Imagen del Ajedrecista




Kael Omuyaga

La corriente de viento nocturno erizó levemente la piel de Kael cuando cruzó el portal del balcón hacia el exterior. Aunque el día había sido relativamente cálido, el invierno seguía haciendose presente en la isla, y las temperaturas habían descendido notablemente, lo suficiente para que Margaret, incluso llevando un vestido de manga larga acompañado de laargos guantes de seda negra, temblase ligeramente al recibir el soplo de aire producido cuando su amiga se internó de nuevo en el salón. O puede que quizás no fuese solo por el frío, ya que cuando el joven marine se la acercó, su mandíbula estaba tensa y su gesto torcido en un ademán a medias entre la frustración y la furia ciega.

— Preocupaciones, decís? Ojalá tener que cargar con mis preocupaciones. Llevo toda mi vida cargando con mis malditas preocupaciones, puedo con eso de sobra. Lo que me hacer hervir la sangre es tener que cargar con las preocupaciones de los demás, y sentirlas como si fuesen mias!

Como si las palabras no fuesen suficientes como para expresar todo lo que en ese momento estaba pasando por el interior de su cabeza, la joven terminó su frase arrojando violentamente su copa ya vacía desde el balcón. El recipiente de cristal se estrelló contra un árbol cercano, arrancando una nota aguda que por suerte se perdió entre el ruido de la música y el murmullo general que provenía del interior. Asimismo, la altura del balcón respecto al jardín y la escasa luz hicieron dificil que los sirvientes más cercanos localizasen el origen del ruido o a su causante.

Sorprendida y repentinamente azorada por lo que acaba de hacer, el rostro de Margaret se ruborizó, a la vez que se hiraba hacia Kael, el cual había iniciado su presentación.

— Oh, por todos los diablos, lamento muchísimo mi comportamiento. Por favor, os ruego que no tengáis una mala impresión de mi a causa de un pasajero momento de enfado.

La joven hizo una reverencia tan perfecta que Kael podría pensar que estaba leyendo el más estricto libro de etiqueta.

— Es un placer pues, señor Phantom. Os ruego que me disculpéis pero yo ya he peridido hace mucho la emoción de buscar apodos para los bailes de máscaras, o de siquiera plantearme figurar como una invitada misteriosa. Mi nombre es Margaret, Margaret Deschamps.

El nombre sonaría a Kael al momento, pues como comerciante que era recordaba haber visto una muy bien cuidad tienda en la gran avenida durante su paseo previo a la fiesta, dónde se ofrecían desde flores frescas a perfumes, joyas elaboradas con rosas bañadas en plata y muchos otros productos de fino lujo.

— Ojalá aún fuese lo suficientemente desconocida en esta isla como para ponerme en vuestro lugar, mi señor Phantom. Por desgracia, el nombre de la familia de mi padre, y los múltiples escádalos de mi hermano han hecho que las miradas recaigan sobre mi desde el momento en el que entro en cualquier tienda siquiera a preguntar por el precio de una tela. Pero no quiero aburriros con mi vida, aunque os daré la razón en algo. Al menos yo, a diferencia de la mayoría de esa gente, tengo las agallas suficientes para decir la verdad de frente.

La joven se giró hacia el frente, cruzando los brazos de nuevo.

— Por eso prefiero estar aquí, en el balcón, dónde no puedo oír como las cotorras con peluca de ahí dentro murmuran sobre mi y sobre mi hermano o mi padre.

Kael se daría cuenta que, al mencionar a su padre y hermano, los dedos de Margaret se crisparían sobre sus brazos. Al emncionar el marine su petición de un baile, la joven giró levemente la cabeza, mirándolo de reojo y asintió, metiendo la mano en las mangas de su vestido para sacar una tarjeta dorada con algunos nombres ya grabados.

— Aquí tenéis, escribidlo como mejor vea..... PADRE!

Margaret había desviado la mirada hacia dentro, y dejando caer la tarjeta a los pies de Kael, había cruzado el balcón rapidamente para agacharse al lado de un hombre mayor que se había desplomado sentado en uno de los bancos que cirncundaban el balcón.

— Padre, por favor, dime que lo has logrado, dime que Remy es libre...

El anciano miró a Margaret con los ojos vidriosos y negó con la cabeza.

— Lo siento, pequeña, ese hombre... fue demasiado para mi. Nunca me había enfrentado a alguien tan bueno. Todo lo que intentaba hacer era contrarrestado antes de acabar de trazarlo. He perdido. El señor me ha concedido como regalo de buena fe por mi honradez y deportividad la libertad de tu hermano, pero le he tenido que ceder la propiedad de nuestra casa, de la tienda y de la licencia de exportación. Ese era el trato...

Una continua serie de espasmos agitaron los hombros del padre de Margaret, que comenzó a llorar tapándose los ojos con las manos, mientras que su hija hundía su rostro en su hombro, tratando de infundirle consuelo.

— No te preocupes padre, encontraremos la manera de salir adelante...

El anciano sorbió por la nariz, frotándose los ojos.

— Tú seguro que si, hija mía. Eres joven, hermosa y lista. Encontrarás a un buen marido. Para mi ya es tarde.

Levantándose como pudo, Margaret dirigió la vista a Kael, como si de repente hubiese recordado que el marien seguía allí.

— Mi señor Phantom, no puedo prometeros que me quede al baile, así que si no me encontráis en la multitud, os ruego que me disculpéis, pero ahora mi padre me necesita.

Acto seguido, recogió la lista de baile, la guardó en la manga de su vestido y se giró de nuevo hacia su padre, acariciándole suavemente los hombros con la frente apoyada contra su sien.

La Caja de Pandora
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#23
Mis dedos viajan a unos centímetros de mis labios para ocultar parcialmente la risita contenida al escuchar a mi alrededor los comentarios de un montón de damas de alta sociedad a las que de todas formas nunca volvería a ver. Por supuesto, también muevo ampliamente mi cola en cuanto alguien la mencionó, presumiéndola, pues no sólo no tengo nada que ocultar, sino que estoy muy orgullosa de ella. Todas las noches la cepillo, y uso en ella tantos productos como en mi cabello. ¡No se mantiene así de suave, brillante y esponjosa por casualidad!

Sin embargo, aunque a mí me divierten sus reacciones, otra parte de mí no puede evitar algo de rabia por ellas y cierta pena por Carlisle. Visto lo visto, no me extrañaba que hubiera decidido recurrir a conversar con una completa desconocida para descansar un poco de las envidias y conveniencias a su alrededor. Seguramente el pobre lo tendría realmente difícil para hacer amigos en unas circunstancias así… ¿Quizás pudiéramos ser amigos por correspondencia? No estaba segura de si preguntárselo durante el baile, porque no quería que pensara tampoco que era una más queriendo aprovecharme de él…

Casualmente, el camino a la sala de juegos pasaba cerca de donde el pelirrojo se encontraba. Parece tenso y habla de algo aparentemente serio con uno de los sirvientes. ¿Y ese sobre tan grueso? Suena como que está en problemas… Por un momento me planteo ofrecerle ayuda, pero él subió al primer piso, dejando a Jacques atrás. Lo último que quiero es que piense que soy una espía o alguien con malas intenciones, así que finjo no haber oído nada y continúo hacia la sala de juegos, preguntándome si quizás pudiera ofrecerle ayuda de manera más directa durante el baile…

Sonrío al miembro del servicio cuando me abre la puerta, y pronto me encuentro ante otra sala llena de lujo, enorme (aunque no tanto como el gran salón) y con un estilo que, extrañamente, resulta tan llamativo como sobrio, con todas esas maderas oscuras y tejidos granates con destellos dorados en alfombra y tapicerías.

Junto a la chimenea, unos nobles conversan en los sillones, seguramente de cosas demasiado complejas como para que las entendiera. Junto al billar, me divierte ver un par de parejas que sin duda se lo estaban pasando bien. ¡Tiene que ser muy divertido venir a un sitio así con alguien de quien se está enamorado! Un sentimiento que aún se me escapa… igual que lo hizo mi hilo de pensamiento en cuanto me sentí observada. Sonrío de nuevo mientras camino hacia el centro, sin saber aún hacia dónde dirigirme, pues no había divisado a Choi ni a Dimitri.

Enseguida, una reacción en la mesa, seguida de aplausos, despierta mi curiosidad y es allí hacia donde me dirijo. Al hacerlo, uno de los caballeros allí sentados se marcha con la cabeza gacha y me pregunto si estará bien. ¿Quizás está enfadado o molesto por algo? Al volverme de nuevo hacia la mesa, veo que hay allí un tablero de ajedrez y, viendo el resultado en las piezas, imagino que quizás tiene mal perder.

Al alzar levemente la vista, mis aguamarinas se cruzan con los zafiros de un joven de piel pálida y cabello ligeramente similar al mío. El admira mis prendas y yo me fijo en los detalles de la suya, haciéndoseme curioso que coincida en algunos detalles con los de Kael. Sin duda, se tratará de algún tipo de moda de la nobleza.

Por supuesto, mi sonrisa se amplía ante su agradable saludo

—Así es~ —respondo al acercarme su  pregunta sobre el entretenimiento, aunque se me escapa una suave risita cuando termino de escucharlo—. Admito que para mí difícilmente podría resultarme tediosa una experiencia como esta, pero creo que toda reunión social puede ser un buen momento para juegos.

El joven es de lo más amable al invitarme a una partida, por lo que avanzo un poco más. Sin embargo, unas palabras después mi mirada se me abre un poco al tiempo que se me corta por un segundo la respiración. ¡Veinte mil berries por pieza capturada! ¡Ahora entendía el papel que se escondió antes! ¡Debe de ser un cheque! ¡No es de extrañar que el otro hombre se hubiera ido de aquella manera! Empieza a dolerme un poco la cabeza, y sin duda se debe a darme cuenta del peligro en el que habría podido meterme sin querer. Apenas separo los labios para decir que no poseo esa cantidad cuando él anuncia que no me preocupe por ello. Pero ¿a qué se refiere con “ligero”? ¡Incluso mil berries por pieza capturada ya sería mucho!

Aun así, cuando con su gesto nos quedamos solos, decido sentarme en la butaca que había quedado libre, creyendo que aún podríamos llegar a un acuerdo.

—Si verdaderamente os apetece algo más ligero, ¿por qué no apostamos la posibilidad de un baile~?

Quizás, una apuesta divertida fuera para gente tan rica algo más interesante, ya que el dinero era algo que veían a raudales cada día. Además, el dolor de cabeza, lejos de aliviarse, empieza a crecer, y una partida en estas condiciones sería complicado, especialmente en alguien tan obviamente habilidoso como él…



Diario de princesa
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#24
Como todo buen caballero, Kael mantuvo silencio tan pronto como la dama decidió alzar la voz para contestarle. Es de buen saber que la contraria estaría más dispuesta a ceder ante sus encantos si, además de mostrar la etiqueta formal y adecuada del momento, también se permitía el momento de escuchar atentamente las palabras de la persona que está hablando, mostrando en tus gestos y facciones un interés por lo que está contando.

Por supuesto, Kael alzó ligeramente en un pequeño gesto, restándole importancia a la situación.

—No es para mí problema alguno, señorita. Vuestro estrés seguro que se encuentra justificado, y es mejor que no sufráis sus consecuencias en un momento tan inadecuado como lo es en esta festividad.—Lidiar con gente con aquel nivel de irascibilidad era tan solo un día más en la marina, y con un genio mucho peor apoderado de personal de mayor rango.

Kael, adornando su rostro con aquella sonrisa, mostró una hueca de impresión al oír el apellido Deschamps. No ha tenido la ocasión de estudiar como un local la importancia de aquel apellido, pero sí lo suficiente como para comprender que aquella mujer, como mínimo, era alguien que merecía la pena...o eso podría creer durante apenas un par de minutos más.

—Es un placer, señorita Margaret.—No usaría pues el apellido, entregándole dentro de su educación un momento menos formal, permitiéndola relajarse solo si así lo consideraba oportuno.

La conversación continuó su curso tal y como estaba predestinado con la dedicación del marine vestido de gala, manteniendo esa tranquilidad hasta que la tarjeta salió directamente ofrecida hasta sus manos...y cayó en el suelo de forma abrupta. No hubo sorpresa ni reacción. Tenía que mantener el disfraz de persona calmada y serena, tomando la tarjeta del suelo para poder devolvérsela a su legítima dueña, sin apuntar su nombre en la misma. No era el momento más apropiado para ponerla en una tesitura dada la situación.

Cuando tuvo la oportunidad, estiró la muñeca enguantada, devolviendo la tarjeta a Margaret tan pronto le comunicó su casi segura partida del lugar.

—No se preocupe por mí, ni se disculpe por absolutamente nada. Ocúpese de su padre; pues si el destino lo quiere nos reunirá en un futuro, cuando la situación sea más propicia.

Cuando la dama tomó la tarjeta para guardarla en su lugar, Kael se acercó un par de pasos más hacia aquel hombre que Margaret conocía como su progenitor. Por supuesto, el servicio del lugar se encargaría de ofrecerle los auxilios necesarios, pero era menester preguntar, al menos, para saber si requería de algo adicional.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?—Sacó un pañuelo del interior de su chaqueta, ofreciéndosela al caballero mientras apartaba la mirada. Ningún hombre deseaba que otro pudiera observar a otro llorando, por lo que seguramente, si aquel hombre la tomaba y mantenía silencio, Phantom tendría que abandonar la escena en silencio, manteniendo la postura erguida sin entregar ni una sola palabra más.

Muchas cosas habían entretejido aquella situación, y la información, si bien en algunos casos interesante, no era demostración de inseguridad para los miembros de la marina. Los juegos, movimientos, apuestas, e intereses de los burgueses y nobles de la isla eran responsabilidad de ellos mismos, y mientras no pusiera en peligro la seguridad de sus ciudadanos, podría mantenerse completamente al margen, sin hacer absolutamente nada más.

Lo único que restaba hacer, era finalmente reunirse con el resto, al menos, antes de que verdaderamente llegasen a comenzar los bailes, y el caballero tuviese que reencontrarse con su dama pelirroja.

Phantom
#25
Nyra Kuroshiro

La sala de juegos se quedó prácticamente en un silencio total, roto solo por los quedos murmullos de las dos parejas de la mesa de billar, las cuales seguían a lo suyo mientras el resto de la estancia se había quedado sorprendentemente vacía. El joven de pelo ceniza acabó de colocar las piezas en el tablero, ofrenciéndole a Nyra la reina blanca con su mano para que fuese ella misma la que la pusiese en su lugar.

— Debo admitir que no soy un gran bailarín, lo siento, querida. En parte por eso estoy aquí. Siempre he estado más cómodo ante un tablero que ante un montón de personas esperando a ver como muevo los pies. Pero lo que haremos será lo siguiente. Os apostaré vuestra compañía durante el discurso de nuestro querido afitrión, Le Chevalier. Debo admitir que asistir a un acto tan protocolario, y por lo tanto tan indudablemente insulso será menos agotador para mi ser pudiendo tomar del brazo a alguien como vos. Pero ahora, a lo importante, sentaos.

La partida fue breve, pero divertida. Aquel joven se esforzaba sin duda en no abrumar a la joven humink, aunque era a todas luces mejor que ella. Incluso se permitió un par de veces levantarse para, desde detrás de ella, extender el brazo por encima de su hombro para señalarle algún movimiento.

— Lo ves? Si juegas la torre hasta este punto, bloqueas los movimientos de varias de mis piezas o me obligas a sacrificar una de ellas.

En la última vez que hizo aquella maniobra, la mano del joven se posó delicadamente encima de la de Nyra, guiandola en su movimiento de un alfil.

— Lo veis? — dijo susurrándole con la cabeza junto a su hombro mientras sus ojos se fijaban en los de la marine. — Ahora me tenéis en jaque... Creo que estoy siendo muy gentil con vos, señorita.

No obstante, el momento fue interrumpido por un toque de corneta.

— ATEEEEEEEEEEEENCION!! EL DISCURSO DE LE CHEVALIER DARÁ COMIENZO ENSEGUIDA. POR FAVOR, COMIENCEN A AVANZAR TODOS HACIA LOS JARDINES DELANTEROS.

Nyra notó como la mano del joven se crispaba levemente sobre la suya.

— Vaya que inoportuno... Técnicamente aún no os he ganado pero... podemos fingir que han pasado tres turnos más y que os he dado jaque mate? Honestamente me gustaría acompañaros en el discurso.

Separándose de la humink, el joven extendió la mano para ayudarla a levantarse.


— O en todo caso, para ayudaros a volver con quién sea que haya tenido la suerte de acompañaros en esta fiesta.



Kael Omuyaga

El joven de pelo azabache contempló desde el borde del balcón hacia el banco cosntruido contra la mampostería dónde Margaret y su padre continuaban sentados, con la joven susurrando palabras de consuelo hacia el anciano. Este, cuando Kael se acercó, aceptó el pañuelo que le ofrecía, pasándoselo por la cara acalorada y secandose los ojos.

— Gracias joven, pero no es necesario. No deseo que usted se vea implicado en esto. Le agradezco su amabilidad con mi hija, le aseguro que estará encantada de tener un baile con usted esta noche.

 

Tras aquel breve y protocolario agradecimiento, el hombre volvió a juntar su cabeza con la de Margaret, y Kael, conocedor de sobra del valor de la intimidad, regresó al salón. Para su sorpresa, ni Dimitri ni Choi estaban visibles por ninguna parte, y Shin parecía haber encontrado también sus propios quehaceres, pues el peliblanco también se había esfumado de la estancia.


De hecho, a ojos de Kael, todo el salón aparentaba estar bastante más vacío que cuando lo había abandonado en dirección al balcón. Varios de los grupos que aún quedaban en la estancia, así como aproximadamente una docena de personas que estaban saliendo de una puerta lateral haciendo cometnarios entre si y mirando de reojo a la puerta mientras se cerraba, cambiaron rapidamente sus copas medio vacías por otras llenas de las bandejas que varios sirvbientes continuaban paseando por el salón, antes de consultar el ornamentado reloj de pared y dirigirse hacia las puertas principales del salón.


— Mucho has tardado, Phantom.

El susurro sobresaltó a Kael, que dirigió su mirada a su izquierda. Mirage, cruzada de brazos, con una copa medio llena en la mano y apoyada en una de las columnas con una expresión de aburrimiento, había vuelto a hacer gala una vez más de la habilidad que honraba su nombre de aparecer y desaparecer ante los sentidos del marine sin que este pudiese percibirla.

— Lo reconozco, se escuchaban las lágrimas de esa chica desde aquí. Resulta sorprendente la cantidad de gente que en un evento así, y con la motivación apropiada, acaba metida por su propia voluntad en situaciones... como las llamaría yo...


La joven se acercó a Kael, levantando una mano para colocar dos dedos bajo el esternón del joven marine, que fue subiendo lentamente hacia arriba describiendo un paseo que acabó en un pequeño capirotazo en su mentón.


— Demasiado duras para poderlas morder.


En ese momento, un sonido de trompeta sacudió la estancia, haciendo que Mirage pusiese los ojos en blanco.


— ATEEEEEEEEEEEENCION!! EL DISCURSO DE LE CHEVALIER DARÁ COMIENZO ENSEGUIDA. POR FAVOR, COMIENCEN A AVANZAR TODOS HACIA LOS JARDINES DELANTEROS.


Negando con la cabeza, la joven se engarzó del brazo de Kael, apoyando la cabeza suavemente contra su hombro.


— Juro que voy a arrojar a ese enano gritón por la ventana la próxima vez que lo vea. Anda, vamos afuera. Cuanto antes termine el discurso, antes podremos bailar...




El patio exterior de la mansión estaba en ese momento lleno de gente. Sin embargo, ambos marines, cada uno con su respectivo acompañante, encontraron que les era relativamente fácil encontrar un buen sitio. Nyra vería que la gente se apartaba a su paso, y sus agudas orejas en esta ocasión no captaron ningún tipo de comentario hacia ella, aunque muchas miradas se dirigían tanto hacia la humink como a su acompañante. Kael, por su parte,encontró que Mirage parecía haberle envuelto a él en su propio hechizo de intangibilidad, pues sorteaban a grupos, parejas y sirvientes como fluiría el agua de un río alrededor de una roca.

Casi como su fuese una maniobra del destino, ambos marines acabaron bastante cerca el uno del otro, aproximadamente a unos ocho metros de distancia entre sí y a siete metros de la puerta de entrada al salón, con todos los invitados mirando hacia el balcón de la primera planta.



Al cabo de apenas unos segundos, una nuevia fanfarria de trompetas precedió a una auténtica algarabía de luces y estruendos cuando decenas de fuegos artificiales de todos lso colores estalló en el cielo. Círculos de luces blancas, rojas y azules, girándulas de chispas doradas que llenaban el aire con sus silbidos, enormes paraguas de bengalas que covnertían el cielo en una cascada de colores hasta desvanecerse poco a poco. Cada nuevo estallido arrancaba aplausos y gritos de asombro de los invitados y de la población que se agolpaba fuera de los muros, que resultaban audibles incluso desde la mansión.

Tras la finalización del espectáculo, una figura se hizo presente en el salón, agradeciendo los vítores y las alabazas con un gesto de la mano. Nyra, de estar mirando hacia el balcón, se sorprendería enormemente al ver a Carlisle, el cual sonrió hacia los invitados que se congregaban bajo él.

— Gracias, gracias a todos por venir. Como todos los años, y como mi padre y mi abuelo antes que yo, es un orgullo daros la bienvenida a nuestro baile!


Una nueva oleada de aplausos silenció su siguente frase.


— Si, desde luego, mi familia está sumamente orgullosa de llevar tantos años siendo el inicio de la temporada en nuestra preciosa isla. Lamentablemente, por motivos de su salud, mi padre en esta ocasión no ha podido realizar este discurso, así que disculpadme si soy breve y os permito empezar a demasiado rápido.


Más aplausos.


—  Quiero rendir, eso si un pequeño homenaje a mi antepasado, el primer Chevalier, Paulie Dumont el cual...


Las palabras de Carlisle llegaban de manera cada vez más apagada a los oídos de Nyra, la cual en este momento empezaría a notar un hormigueo en las puntas de los dedos y en la boca, similar a cuando se le quedaba dormida una mano. Asimismo, su dolor de cabeza continuaría en aumento, al punto de que un sentimiento de mareo la asaltaría.


Su acompañante apreció darse cuenta, pues la joven notó como su agarre a su brazo se tensaba, ayudándola a sostenerse.


— Mi señora, no tenéis buen aspecto. Creo que algo os ha sentado mal. Por favor, acompañadme, os pediré un vaso de agua dentro.


Kael por su parte, estaría viendo el discurso con Mirage cómodamente recostada contra su brazo, en una actitud del todo menos protocolaria en un momento así, lo que levantaría alguna que otra mirada en las nobles más cercanas, e incluso alguna que otra conversación susurrad tras un abanico abierto para evitar que el sonido o los labios delatasen sus palabras.


Si en algún momento el marine dirigía la vista hacia Nyra y su acompañante, vería como esta daría los síntomad de no encontrarse demasiado bien, y como el joven rubio de cuyo brazo se sostiene la mira con expresión preocupada y se abre camino de vuelta hacia el salón.


Al mismo tiempo, un nuevo susurro se iría abriendo paso hacia su oído.


— Deberíamos ir colocándonos en la zona de baile, o nos sacarán los mejores sitios y tendremos que pelearnos con esas momias perfumadas para que nos dejen movernos a gusto...


Casi como si la hubiesen escuchado, una nueva lluvia de fuegos artificiales señaló el final del discurso de L eChevalier, a la vez que una suave tonada comenzaba a sonar a sus espaldas en la gran explanada de lsoas de piedra que conducía a la mansión.


La Caja de Pandora
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#26
Sonreí feliz ante la alternativa ofrecida por el caballero de rubios cabellos, sobre todo porque no me cerraba la puerta en su invitación.

—En realidad he venido con un acompañante, pero está ocupado y no estoy segura de si lo encontraré más tarde. Si no apareciera, estaré encantada de disfrutar de vuestra compañía durante el discurso si me vencéis… lo cual es, en realidad, bastante probable —reí agitando levemente mi cola, tratando de ignorar el ligero dolor de cabeza que se iba incrementando de manera lenta, pero aparentemente firme.

Bastó que me sentara para colocar la reina blanca en su lugar para comenzar la partida. Ciertamente, se trataba de un jugador excepcional, e incluso tuvo la inmensa amabilidad de mostrarme algunos movimientos, llegando incluso a levantarse para colocarse tras de mí y enseñarme desde mi propia visión del tablero. Más aún, incluso, cuando en aquel último movimiento llegó a guiar delicadamente mi mano con la suya antes de fijar sus zafiros en mis aguamarinas en aquella cercanía que nos envolvía.

—Vaya… —murmuré sonriendo, impresionada por su gran habilidad—. Sin duda estáis siendo gentil. Resulta evidente que podríais haber sido vos quien me tuviera a mí en jaque casi desde el principio de la partida.

Si mi dolor de cabeza no hubiera ido aumentando conforme avanzaba la partida, muy probablemente me habría puesto bastante nerviosa la (falta de) distancia entre ambos, especialmente por el susurro junto a mis sensibles oídos y la suavidad del roce de su piel sobre la mía. Sin embargo, mi mareo era tal que en esta ocasión ni siquiera se me ocurrió pensar en cuáles podrían ser sus intenciones más allá de la propia partida en el pulido tablero de madera ante nosotros.

El sonido de la corneta resuena, y yo tengo que cerrar los ojos mientras mis orejas se echan para atrás por aquel ruido demasiado alto para mis oídos y el dolor de cabeza. Enseguida vuelvo a abrirlos al tiempo que escucho que el discurso está por comenzar, noticia que pareció molestar un poco a mi actual acompañante. Aun así, sonreí, pues evidentemente no iba a negarle un premio más que bien merecido, al menos mientras no apareciera Shin, cosa que ya le había advertido desde el principio.

—Por supuesto. Sería incapaz de negar una victoria que a todas luces es vuestra. Si mi compañero no aparece, estaré encantada de acudir a vuestro lado~.

No tardamos en caminar juntos hasta el patio exterior, y por suerte este era tan grande que no resultaba difícil encontrar un lugar sin que estuviéramos completamente apelotonados. Sin embargo, eso no significaba que no captáramos miradas a nuestro paso, seguramente por la elegancia entre ambos… ¿O quizás también a él lo conocían de otras fiestas?

No muy lejos, mis iris divisan al fin a un rostro conocido, detectando a Kael no lejos de allí, acompañado por una atractiva dama pelirroja. Tras dedicarle una sonrisa, el sonido de los fuegos artificiales llevó todas las miradas, incluida la mía, hacia el cielo sobre todos nosotros.

Son realmente PRECIOSOS, y resulta mágico ver cómo acompañan con sus luces y movimiento la música que les da coro. Sin embargo, tanto ruido resulta demasiado para mí y mi dolor de cabeza, más aún con los aplausos y gritos de asombro, así que aunque no llego a taparme las orejas por pura fuerza de voluntad para no causar mala impresión, mis orejas se agachan solas y mis iris se desvían discretamente hacia la multitud, centrándome más bien en sus gestos y reacciones, pues tantas luces empeoran mi mareo y muy, MUY a mi pesar, no me permiten disfrutar bien de los fuegos.

Cuando terminan, alzo de nuevo la mirada y mis ojos se amplían visiblemente al reconocer en el balcón a Carlisle. ¡Si su padre y abuelo daban los discursos, él debe de ser el futuro (o quizás actual incluso) anfitrión de esta fiesta y las que vengan!  ¡Por eso lo conocían entonces todos! ¡¿Y me ha pedido un baile precisamente a mí?! ¡Guau!

Aplaudo cuando los demás o hacen y sigo cada palabra… todo el tiempo que puedo. Sin embargo, el mareo llega a tal punto que realmente empiezo a encontrarme mal y casi tropiezo incluso sin haberme movido, por lo que realmente me alegro de no haber apartado mi brazo del del joven rubio, o seguramente no habría podido sujetar nada antes de caer al suelo.

Este lo nota enseguida y asiento ante su ofrecimiento de volver a la sala de baile.

—Sí, por favor… Ya me dolía la cabeza durante la partida, pero creo que debería sentarme… —¿De dónde viene el hormigueo en los dedos? ¿Por qué parece que me cuesta hablar un poco?—. Gracias por la ayuda…

Sólo espero poder llegar a una silla antes de casi volver a caerme, por favor…

Diario de princesa
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#27
Kael escuchó las palabras del hombre con cautela, considerando que podría llegar a expresar algo de mayor interés para él. Cuando entendió que posiblemente aquella afirmación había sido hecha meramente por cortesía, entregó una sonrisa formal y una confirmación elegante en el movimiento de su cabeza, solamente para devolver sus pasos hasta el salón para así, con disimulo, perderse en aquella escena que perdería por completo el resto de su interés.

Desconoce si realmente algo más ocurriría durante esa noche, pero no tenía demasiado tiempo para poder pensar en ello. A sus ojos solo llega la visión de Nyra, quedando perdidos de su percepción todos y cada uno de los miembros de su división que habían acudido junto a él en aquella noche de ensueño para algunos. La humink se había encontrado junto con un invitado del lugar, alguien a quién seguramente era mejor no molestar, dado que habría caído en los encantos de la morena. Pensó en acercarse hasta la zona, pero antes de que el pensamiento abandonase su mente, en un parpadeo completamente preparado, se le abalanzó una vez más aquella dama encantadora, esa mujer de brillante cabellera carmesí que había elevado todas las alertas de Kael...y le había hecho caer presa de cierto encanto particular.

Ni tan siquiera dos segundos le tomó pasar su brazo por la cintura de la dama en cuanto esta se acercó y posó la mano sobre su abdomen, cambiando por completo su chip mental cuando aquel susurro en su oído desapareció, procedente de aquellos labios. Recibiendo el agarre a su brazo con gracia, dejó que el agarre les permitiese avanzar en conjunto hacia el exterior tan pronto el llamado terminó, precedente al discurso de Le Chevalier.

Se acercó entonces a su oreja, devolviendo la jugada que la contraria, con tan mala fé, había puesto en activo en su pareja para el baile con tan solo un pequeño susurro. Phantom no tenía la capacidad de bajar tanto la voz, pero al menos, podría actuar como si así fuese oportuno.

—No deberíais jurar en vano, Mirage. Después de todo, quisiera poder sentir todas y cada una de vuestras palabras con el don de quién las posee.—Críptico y al mismo tiempo encantador, Kael dejaba entrever una señalización que, con un pensamiento suficientemente sopesado, una persona lo suficientemente avispada podría entender, pero él, por supuesto, jamás lo revelaría como tal.

Pero al final, quién estaba perdiendo de vista su objetivo era él, adormecido por los encantos de la contraria, sabiendo que podía mantener el juego, pero no toda la atención en donde debía.

Escuchando el discurso en entendido silencio, poco a poco recuperó su cordura al comprobar de reojo las miradas indiscretas de aquellos que se encontraban a su alrededor. Al principio, lo tomó con naturalidad, acostumbrado a ser observado por su belleza y no por su persona, miradas con recelo o devoción solían ser constantes. Aquello cambió cuando su mente comenzó lentamente a procesar la información. No eran miradas de asco ni de deleite: eran miradas de vergüenza ajena salidas de la indiscreción de quién ahora se mantenía agarrada de su brazo, impidiéndole tomarla de la cintura como debía hacer en un protocolo algo más...formal y cercano a partes igualadas.

No dejó que el agarre cesase, pero aquello fue suficiente como para visualizar el estado de salud de Nyra. Algo le estaba pasando, y su acompañante cercano no era alguien de quién el marine tuviese la capacidad de fiarse. Parecía confundida, algo adormecida quizás...y no supo que hacer.

— Deberíamos ir colocándonos en la zona de baile, o nos sacarán los mejores sitios y tendremos que pelearnos con esas momias perfumadas para que nos dejen movernos a gusto...

En aquella tesitura, Kael solo pudo pensar en adelantarse, utilizar la excusa para mantenerse al lado de la dama, y al mismo tiempo, observar la entrada del lugar para comprobar el comportamiento de la misma. Ella podría haberle visto si tan solo hubiese alzado la mirada, y eso le entregó una idea tan pronto recortó la distancia, junto a la pelirroja, hasta el camino que ellos estaban tomando para alejarse del lugar.

—Seguro que el baile será de nuestro agrado. Permítame pues demostrarle que mi baile será inclusive mejor que los que puede encontrar en cualquier parte de la Isla de Samba.

Ese mensaje, no fue dirigido hacia ella, sino hacia la compañera de oído inigualable que no parecía estar especialmente lejos. Su misión de infiltración en la isla de Samba, aquella en la que ambos compañeros bailaron juntos para llamar la atención de un traficante, quizás sería una buena pista para reconocer la voz de Kael, y hacerla saber que se encontraba cerca. Al menos él tendría la mirada puesta de reojo en la salida, cuidando desde la distancia a su compañera mientras que, al mismo tiempo, se permite una danza con la mujer que, a todas luces, lo tiene completamente intrigado.

Phantom
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#28
Kael Omuyaga

El dúo de Kael y Mirage se abrió paso rápidamente hasta la zona de baile, una explanada de losas de piedra pulida, cuidadosamente secada y preparada para que ningun asomo de humedad amenazase la estabilidad de las parejas que danzasen sobre ella. La joven de pelo escarlata demostró no equivocarse en las palabras que había pronunciado un poco antes, pues apenas habían pisado la pista un círculo de personas comenzó a agolparse en todo su alrededor con las damas ojeando sus tarjetas doradas y los hombres oteando en busca de la mujer que les había concedido el primer baile, mientras que las parejas que ya se habían encontrado empezaban a ocupar sus puestos en la pista.


En cuanto los músicos situados en el extremo más alejado de la mansión, justo enfrente de la entrada comenzaron su primera pieza, Mirage atrajo hacia sí a Kael, colocando una mano encima de su hombro derecho y enlazando sus dedos con los de su mano izquierda, comenzando a describir una suave danza en círculos. Al marine no se le escapó que, aunque mantenía los ojos fijados en los suyos, la joven parecía evitar casi de manera inconsciente a las parejas que tenía incluso a su espalda, describiendo un fluido patrón en espiral a lo largo de toda la pista de baile.

Asimismo, en una de las ocasiones en las que Mirage describió una grácil vuelta de ciento ochenta grados para acabar apoyada de espaldas contra su pecho antes de girarse de nuevo en una maniobra refleja de la anterior, Kael podría sentir un tintineo metálico bajo su vestido, indicando que sorprendentemente, la joven parecía llevar algún tipo de arma encima. La propia Mirage pareció darse cuenta, pues sus cejas se fruncieron por un leve segundo antes de cambiar su agarre aprovechando el cambio de la música a una tonada más lenta. Su mano abandonó la mano de Kael quedando apoyada en su pecho, mientras que su mano izquierda se deslizaba suavemente desde el hombro del joven de pelo azabache hasta la parte trasera de su cuello.

— Tengo que reconocer que me estoy divirtiendo en esta fiesta bastante más de lo que tenía pensado. Ahora que esta canción está a punto de acabar, debería dejarte ir, Phantom, para que pudieses complacer a alguna otra damisela con tu compañía, pero resulta que hoy es posible que me haya levantado un pelín egoísta...

La mano que reposaba sobre el pecho de Kael jugueteó con las cadenas doradas que adornaban su traje de gala, enredando sus dedos en ellas.

— Y resulta bastante obvio que los dos estamos muy cómodos faltando totalmente al protocolo y provocando comidillas para el próximo mes en las tertulias de lectura y partidas de bridge de todas las cotorras que tenemos a nuestro alrededor. Como me da que ni tú ni yo vamos a quedarnos mucho tiempo más en esta isla, creo que hacer un segundo baile es algo que nos podemos permitir, no crees?

Sin embargo, los ojos de Mirage se desviaron hacia la puerta de la mansión, que había sido cerrada. Casi al mismo tiempo, débiles sonidos metálicos llegarían a los oídos de Kael por encima de la música, a la vez que el rostro de la joven de pelo escarlata se contraía en un rictus de frustración antes de adoptar de nuevo su expresión habitual.

— Creo que esta fiesta aún tiene cosas que ofrecer, pero mi consejo, querido...

La mano del pecho abandonó las cadenas doradas y subió hasta la mejilla de Kael.

— Es que te quedes aquí conmigo.



Nyra Kuroshiro

Los pasos de Nyra, que serían algo tambaleantes a causa del mareo que poco a poco se iba convirtiendo en un un cansancio somnoliento que le hacía tener los ojos entrecerrados mientras se suejtaba del brazo del joven de pelo ceniza, fueron dirigiéndose de neuvo hacia la puerta del salón principal, sorteando a los grupos de invitados que se dirigían hacia la zona de baila al estar el discurso de Le Chevalier ya acabando. De manera leve, debido al ruido y a su propio estado, la humink oiría a su compañero Kael hablar con la joven de la cual estaba acompañado acerca de sus habilidades como bailarín que rivalizaban con la isla de Samba. La música empezaba a oírse también desde la entrada de la mansión, pero quedó subitamente ahogada cuando las grandes puertas de madera se cerraron tras de sí.

Al frente de Nyra y el joven, estarína dispuestos una veintena de hombres en trajes completamente negros, con excepción de las camisas, que eran de un blanco nacarado casi artificial. Todos ellos se encontraban, por alguna razón, armados tanto con rifles a la espalda como cuchillos a su cintura.

— Todo listo?

La voz de su acompañante habría cambiado radicalmente el tono al que había empleado con ella, siendo mucho más frío y profesional, como un general que dicta órdenes a sus tropas.

— Si señor. Los pagos en metálico, joyas y cuadros han sido ya almacenados en las bodegas del barco. Las licencias y títulos de posesión han sido registrados a su nombre y enviados con doble copia para certificar su autenticidad. Solo falta el pago de Le Chevalier, y podemos irnos.

El hombre que había hablado dirigó su mirada hacia Nyra, arqueando una ceja.

— Ehh... Señor? Quién es ella?

Nyra notaría como la tela que mantenía su máscara atada se rasgaba con un suave crujido y caía al suelo, dejando su rostro al descubierto.

— Nos la llevamos, no la has visto? Conozco a un par de personas con una extraña obsesión por este tipo de seres, especialmente por los ejemplares hembra. Está casi dormida por la toxina pero necesitará una segunda dosis para el via...

— ESO SI QUE NO!!

Una voz reconocible para Nyra sonó desde lo alto de las escaleras. Al alzar la vista aún con los ojs medio cerrados, reconocería a Carlisle, que se dejó caer desde el piso superior, estoque en mano, apartando al joven de pelo rubio de ella. Nyra notaría como la desplazaba a su espalda, a la vez que le alargaba una segunda espada que llevaba colgada de su costado a la vez que le dirigía un breve susurro.

— Espero que la Marina haga honor a su fama y sepas usar esto, o las cosas se pondrán muy feas.

Acto seguido, se giró de nuevo para mriar al joven de cabello rubio.

— Óyeme bien, desgraciado. Puede que mi padre me desherede por esto, pero no voy a consentir que se secuestre a gente en mi propia casa. Habría soportado las apuestas ilegales, incluso lo que has hecho con los Deschamps, pero lo de secuestrar a mis invitadas es pasarse de la raya.

El joven escuchó el breve discurso de Carlsile con una expreisón aburrida, antes de tomar una espada que le cedió uno de aquellos hombres y desenvianarla de golep, dejando caer la vaina al suelo.

— Pequeño aspirante a Chevalier, todo hubiese sido mucho más sencillo si te hubieses limitado a hacer lo mismo que tu padre y soltar tu discurso mientras yo nos proveía de beneficios a ambos... Ahora tendré que decirle a tu padre que su hijo se ha comportado muy mal...

La punta del estoque del joven chocó contra la de Carlisle.

— Y que he tenido que darle una lección. Vosotros, coged a la chica y lleváosla al barco!

Los hombres sonrieron y se abalanzaron sobre Nyra, mientras Carlisle ya aquel extraño joven comenzaban un furioso combate de esgrima.

La Caja de Pandora
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#29

Resultaba un alivio que pudiera guiar el camino mientras yo simplemente luchaba contra el mareo y procuraba mantenerme despierta. ¿Era así como se sentía Dimitri normalmente…? No podía ni imaginármelo, debía de ser una pesadilla…

La voz de Kael me alcanzó durante el camino, pero yo no tenía la claridad mental para interpretarla. Al menos, sabía que se encontraría en la pista de baile… Intentaba mirar alrededor, pero no encontré a ninguno de mis otros compañeros de división.

Cuando nuestros pasos se detuvieron y un sonido de madera ahogó la música a nuestras espaldas, me giré para ver las puertas cerradas y percatarme al fin, demasiado tarde, de que habíamos quedado aislados de la multitud.

De inmediato, una veintena de hombres armados se presentan ante nosotros y yo me agarro un poco más fuerte del brazo de mi acompañante, alerta. ¿Estábamos en peligro?

Pronto, mi corazón se saltó un latido. Si durante aquella velada las la voz del joven resultó suave y cristalina como el murmullo de un arroyo, esas dos palabras fueron hielo acerado. Cuando, con esfuerzo, mis pupilas lo observaron de reojo, su expresión me resultó irreconocible.

Uno de los hombres ante nosotros respondió a quien sin duda era su jefe. Lo analicé como pude, a él y al resto de recién llegados. Dinero, joyas, arte, documentos… Todos en una bodega. ¿Lo que había ganado antes a aquel hombre en la partida de ajedrez, quizás? ¿Por qué estoy yo presente en una conversación de negocios como esta…?

Pensar resulta difícil, pero el mismo varón realiza en voz alta una pregunta similar a la que yo tenía en mente.

Como única respuesta, el sonido de una cinta al rasgarse y el sordo repique de la máscara sobre el pulido suelo. Con el corazón golpeando con fuerza mi pecho, mis iris se abren al máximo al tiempo que me alejo del desconocido que me había manipulado, sintiéndome traicionada y casi desnuda en aquel lugar en el que la identidad resulta una intimidad inmaterial.

Pero nada de eso importa al rico de ojos fríos cuando anuncia que me llevarán como uno más de aquellos objetos, haciendo alusión a mi apariencia. “Ser”, “hembra”, palabras que sólo se suman a la sensación de rígido metal en el cuello que evoca el fantasma de Kutsukku.

Tic, tac, tic, tac…

Pero esta vez es Carlisle quien corta la cuenta atrás del mecanismo. Su voz suena desde el piso superior y no tarda en dejarse caer, colocándose como un muro entre el esclavista y yo, ofreciéndome una espada que, a pesar de mi estado mental, no tardo en tomar.

La idea de hacer honor a la Marina y la adrenalina de la situación me mantienen lo suficientemente despierta mientras analizo al grupo alzando el arma en una posición defensiva. Escucho que quizás Carlisle pase a ser desheredado por esto, los actos deplorables del rubio y la complicidad de Le Chevalier, información que memorizo mientras me esfuerzo por mostrarme más entera de lo que realmente estoy.

El hielo se lanza con intención de sofocar el fuego, dando inicio a un duelo en el que una orden dada a aquellos soldados me impide intervenir. Sé que no puedo permitir que Carlisle se preocupe por mí o eso podría costarle caro, por lo que lucho con todas mis fuerzas para quitarme a aquellos hombres de encima. Mis movimientos son lentos, pero la orden de llevarme implica que no pueden intentar matarme, y saben que dejarme marcas permanentes influiría en el precio que pudieran pedir por mí, lo que me resulta una ventaja al combatir a pesar de su evidente superioridad numérica y lo que me subestiman por mi estado.

La actividad física y el peligro me ayudan a mantenerme despierta y lo más centrada que puedo a pesar del dolor de cabeza y el sueño, y pronto esos hombres descubren que una no llega a marine por una cara bonita. Mis movimientos, si bien no son perfectos, están lejos de ser los de una novata y queda pronto visible el fruto de años de entrenamiento. Centrándome en herirlos evitando matar, me aseguro de utilizar mi agilidad para esquivarlos y dañar brazos y piernas con tal de desarmarlos y evitar que me siguieran, dejando inconscientes de un golpe a todos los que puedo.

De algún modo, consigo vencer y dejarlos a todos en el suelo. Aun agotada y con la frente perlada por el esfuerzo, trato de avanzar un paso para llegar hasta Carlisle, pero mi cuerpo deja de responder y tropiezo. Ni siquiera siento el golpe al caer yo también.

Con los ojos entrecerrados, un último deseo de ayudarlo antes de desvanecerse con un fundido en negro en el abismo de mi mente.

Diario de princesa Nyra
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1919 + 0 = 1919
Energia: 2063 - 2045 = 18
Espiritu: 204 + 0 = 204
#30
Si tan solo las puertas hubiesen quedado abiertas, él quizás la hubiese escuchado...

— Tengo que reconocer que me estoy divirtiendo en esta fiesta bastante más de lo que tenía pensado. Ahora que esta canción está a punto de acabar, debería dejarte ir, Phantom, para que pudieses complacer a alguna otra damisela con tu compañía, pero resulta que hoy es posible que me haya levantado un pelín egoísta...

Aún mantenía el agarre firme, pero su conciencia estaba en otra parte. Había perdido la noción del baile, de sus pasos marcados por la memoria muscular y lo que tenía aprendido de cara a los años más que de un interés genuino. 

Si tan solo encontrase a su amigo, quizás él podría haber permanecido en esa pista de baile.

— Y resulta bastante obvio que los dos estamos muy cómodos faltando totalmente al protocolo y provocando comidillas para el próximo mes en las tertulias de lectura y partidas de bridge de todas las cotorras que tenemos a nuestro alrededor. Como me da que ni tú ni yo vamos a quedarnos mucho tiempo más en esta isla, creo que hacer un segundo baile es algo que nos podemos permitir, no crees?

Kael no estaría de acuerdo, pero sus ojos se perdieron en cuanto las puertas se cerraron. Shin tenía razón, y si él no actuaba en ese momento, algo podría ocurrir. Estaba actuando tarde, y tenía que hacer algo.

Ella tomó las cadenas de su vestimenta como si fueran suyas, dando a entender que podía quedarse junto a él...y eso fue lo único que lo despertó. Su mente comenzó a agilizar pensamientos a una velocidad pasmosa, buscando una respuesta adecuada, un motivo para romper esa conexión sin herir los sentimientos de la dama...y el acero resonó bajo la tela de su vestido.

Una parte de él, una que no se había despertado en años, quería quedarse en esa pista de baile, mantener el enlace que tenía junto a aquella dama enmascarada que posiblemente jamás volvería a encontrar, perdiéndose en la fantasía de lo que no es más que, sino, un simple sueño del que debe despertar, antes de que se convierta en pesadilla.

Su mano tomó la contraria posada en su mejilla, y su rostro se tornó serio, denotando quizás decepción, tal vez arrepentimiento, pero sobrellevado por su posición, deber...y preocupación por su compañera.

—Lo lamento...—Aquellas palabras se entregaban, preludio del rechazo ya establecido.—Pero debo irme. 

Tan pronto la mano fue gentilmente apartada, la conexión entre ambos rota...Kael se irguió firme, endureciendo sus pasos, manteniendo la entereza que perdió para mantener la cortesía, la etiqueta, y la formalidad. Aquel hombre volvía a ser digno, pero no con paso noble. La resistencia de su cuerpo se antepone a la de todos aquellos que se entrometen en su paso, buscando pasar sin perder un segundo más de lo necesario. Camina tan rápido como su cuerpo le permite, tratando de no interrumpir a las parejas que danzan aún en la pista, una vez la canción ha terminado. Quizás algunos intercambiarían pareja, pero él no debía pensar en nada de eso.

"Dime que me he equivocado, Nyra. Dime por favor que Shin se equivocaba".

Si nadie interrumpía su andar, terminaría llegando a la sala, dispuesto a comprobar el estado de su compañera...y creer que nadie más que su propia mente juega en contra de ellos.

Phantom
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