Flores que no conocen la guerra [Pasado] [Miyori]
#1
ost


Matsuri posee algo especial.

No se trata de su parque de diversiones, ni tampoco de la base marine que allí se encuentra, los miembros pertenecientes al G-39. Nada de eso importa, pues al final, lo que contrasta aquel ambiente no es nada menos que sus flores. Hermosas y extravagantes, sirven para múltiples funciones que, en definitiva, hacen que merezca la pena cuidar de las mismas, entregando así bellos y hermosos campos visuales para todos y cada uno de ellos.

Kael había empezado a acostumbrarse a tomar la naturaleza de ese lugar como una vía de escape, una forma de desaparecer de su atuendo de marine, de ser una persona fuera del trabajo, y poder actuar como uno más, un hombre civil que intenta saber cómo es el mundo más allá del marine modelo. Nyra le había mostrado que existe algo más allá de su uniforme, y por ella, al igual que el resto de sus compañeros, está dispuesto a comprobarlo.

Y entonces, llegó a un sitio mucho más especial.

De entre todos los florales huertos que había avistado, alejándose aún más de lo que solía acostumbrar, encontró uno que llamó su atención por completo. No eran flores multicolores, ni tampoco un campo de flores de un vívido color. Aquel campo de flores blancas se extendía hasta donde alcanzaba la vista, meciéndose lentamente bajo el viento como un océano nocturno iluminado por la luna más llena posible. Matsuri tenía aquella clase de belleza que parecía imposible de encontrar dentro del mundo al que él pertenecía. Demasiado tranquilo, demasiado puro, como si fuera un verdadero crimen adentrarse en él aunque fuese para tomar una de todas las tantas flores que aquel campo podía albergar 

Y aún así, atreviéndose a dar un par de pasos, entró. Quería disfrutar de la vista mucho más de cerca, rodearse de aquella plantación aunque no tuviese intención de dañarla, y mucho menos de arrancar ni un solo tallo, ni una hoja, y por supuesto ningún pétalo de flor. La vista, magnífica por sí misma, recordaba a un campo de algodón, mucho más suave y puro, similar a estar cerca de nubes a su alrededor gracias a la inmensa cantidad de flores...y esa imagen, de alguna forma, relajaba.

Pero quizás fue la imagen de algo más, un pequeño destello naranja entre blanco lo que llamó su atención. ¿Había alguien más? ¿Quizás la que había trabajado aquel campo estaba allí? No podía observarlo con claridad, pero...no pudo moverse. Quedó inmóvil, buscando en su cabeza respuestas de dar una explicación cuando aquella persona le viera, y preguntase por su presencia. 

—Disculpad, no sabía que había alguien aquí.
  Responder
#2


Algunas veces es difícil conciliar el sueño cuando el corazón parece empeñado en permanecer despierto, desde que llegué a Matsuri una parte de mí ha ido reconstruyéndose a través de nuevas experiencias y anhelos que jamás pensé volver a sentir. Sabakun en cambio quedó grabado como el lugar donde lo perdí todo, donde aquello que juré sería eterno terminó desmoronándose hasta convertirse en una sucesión interminable de pesadillas junto a los recuerdos de aquella terrible ocasión en la que fui víctima de mi propio libertinaje, cuando la penumbra de una habitación oscura terminó enlazando mi destino con el de quienes, en aquel entonces, se convirtieron en mis aliados contra la corrupción de aquel Marine, aquel gyojin de aspecto poco agraciado a la vista, Arnold Redflag.

Llegar a Matsuri fue como recostar la cabeza sobre una almohada blanda, fría y reconfortante, donde por fin pude soltar todo aquello que me había pesado durante tanto tiempo, fue mi tierra de sueños, el lugar donde volví a respirar sin sentir que el aire doliera, fue el lugar donde poco a poco intenté ser de nuevo la joven que salió por primera vez de su hogar, de Baterilla, la que amaba la vida sin miedo y encontraba en la música una forma de existir más allá del dolor, el resentimiento o el odio mismo. Y aun así, las pesadillas no desaparecieron, siguen llegando durante el silencio de la noche como sombras que no piden permiso para mostrarme recuerdos vivos de aquel lugar, de aquel abandono, de lo que tuve que aprender a sostener en fragmentos sin la cobardía de huir de ellos. Debía recogerlos uno por uno, no para negar lo que fueron, sino para entender qué es la cicatriz de haber sobrevivido a las penurias de un camino que yo misma decidí recorrer. No solo encontré descanso en Matsuri, encontré la voluntad de alzar la cabeza y recuperar la fe en las personas, menos incrédula, sí, pero siempre prefiriendo la paz antes que la guerra.

Silenciosa era la noche cuando el valle del sueño sumergía a la mayoría de las personas de las islas, muy pocos permanecían en las calles, deambulando, quizás en busca de refugio en la vanidad del alcohol o incluso en el espejismo del amor mundano y placer, otros simplemente no tenía a dónde ir, ni un lugar al cual pertenecer, y quizás otros, como yo, no tenían nada más que hacer que quedarse despiertos observando cómo el mundo estaba sumergido bajo su manto nocturno.

Esta era la isla donde la primavera siempre parece ser eterna, el aire mismo parecía impregnado de un perfume suave, constante, no desaparecía por donde fuera que caminases o avanzaras, cada ruta conducía inevitablemente a arreglos florales intermitentes entre las veredas, entre las casas, como si la naturaleza hubiera decidido convertirse en parte del propio diseño de la ciudad, y entre todo ello se extendían innumerables parques que hacían del lugar un verdadero sueño hecho realidad. El Reino de Ran era sin exageración un destino que desbordaba vida plena, sus centros turísticos se distribuían como pequeñas joyas entre un parque de diversiones lleno de luces y risas, tiendas de todo tipo, establecimientos que ofrecían desde lo más cotidiano hasta lo más extravagante, zonas acuáticas para refrescarse, sin olvidar el hermoso corazón de la isla que se trata del palacio real, alzado con serenidad por el resguardo y vigilancia constante del cuerpo de la Marina como un símbolo de orden en medio de tanta belleza, un día no bastaba para explorar cada rincón de Ran, y aun así, pese a la variedad de distracciones y maravillas, mi curiosidad siempre terminaba guiándome hacia los campos de flores, allí… lejos del ruido y la multitud, encontraba una calama distinta, una belleza aún más pura con solo contemplar.

Una pesadilla blanca me obliga siempre a caminar sin rumbo por la ciudad, no sentía miedo pero sí una inquietud constante que se repetía cada vez que el sueño volvía hasta encontrarme despierta y sudada al borde de la cama con el estómago hecho un nudo. Caminar era mi forma de despejar la mente, aunque estuviera desorientada y somnolienta, respirar aire puro fuera de una habitación oscura siempre se sentía mejor que sentirme encerrada como aquella prisión de esclavos en juegos siniestros.

No sé en qué momento llegué ni cuándo apareció aquel hermoso rosal blanco bajo el baño tenue de la luz de luna, era tan bello que me arrancó un suspiro involuntario y avancé entre los claros del ramaje, cuidando cada paso hasta poder rozar con la yema de mis dedos la textura suave de sus pétalos, por un instante, me permití respirar sin ansiedad que me había acompañado horas atrás, era como ser recibida por un edén silencioso. Ya no me sentía pequeña ni vulnerable, solo en paz. La brisa del campo me envolvía por completo, acariciando mi cuerpo con delicadeza mientras los mechones naranja de mi cabello y las telas blancas de mi vestidura danzaban suavemente con el viento, cerré entonces mis ojos un momento dejándome llevar por aquella calma hasta que una voz masculina quebró el silencio. Me sobresalté apenas y con lentitud giré hacia la dirección de donde provenía, una disculpa fue lo primero que escuché, aunque no entendí de inmediato el motivo, ¿Por qué se disculpaba?, el campo no me pertenecía.

Entonces lo vi con mayor claridad, un joven de facciones atractivas como su altura, de piel nívea y cuidada, cabello lacio y semi largo en tonos azabache, sus ojos, fríos a primera vista pero tenían una ambigüedad extraña, difícil de percibir a simple vista, no intimida en absoluto pero tampoco invitaba a tener un trato directo. Una presencia serena, educada y qué instaba la cordialidad.

Mis ojos conectaron fijamente en los suyos mientras reinó el silencio unos segundos, era un desconocido, y sin embargo mi expresión somnolienta y cansada se convirtió en una sonrisa cargada de calidez como sí correspondiera un saludo en recibimiento hasta que dirigí de nuevo mi mirada al campo de rosas blancas. —- ¿No es un lugar hermoso?, no sabía que existía algo así.



Referencia
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
  Responder
#3
ost


La serenidad del cielo entremezclada con el bello paisaje floral, entregado con cariño en un vistazo que entregaba paz en cualquier corazón que tuviese la oportunidad de observar aquel lugar. No se trataba solo de un paisaje, era una obra maestra de la naturaleza, un lugar entregado por la humanidad para los ojos. Quizás no fue cultivado por la madre naturaleza, pero la humanidad sabía, de alguna forma, jugar con ella para hacer maravillas visuales que uno apenas tan solo consigue ver cuando sueña.

La voz risueña y relajada de la dama se entrega en un sonido tenue, mezclado como una gota de caramelo, llegando hasta los oídos del joven con una calidez que mantenía a la perfección la tonalidad de aquel lugar. Esa mujer parecía haber nacido en ese mismo lugar, vestida con los blancos pétalos de las flores transformados en hilos para tejer aquella tela que la envuelve, y dibujada en colores naranjas para formar el color de su cabello, y a su vez, tomado el azul del cielo para pintar el iris de sus ojos. Una flor que reinaba sobre las otras que riegan este campo, adornada con una más sobre su sombrero, la única y diferente de todo este lugar.

Alrededor de aquella zona no parecía haber ni una sola alma, ni tan siquiera el sonido de algún insecto o pajarillo parecía molestarlos en ese instante, entregado únicamente para las dos personas. Kael quiso pensar que estaba solo en aquel sitio, pero lejos de ser una realidad, la inocencia de aquellas flores tomaron en cuenta su osadía, y quizás, cómo recompensa o castigo, le acompañaron con una presencia desconocida, distinta, casi convocada para ese momento concreto...y él ya no podía retroceder, no sin arrepentirse de lo que en aquel lugar se perdería si lo hacía.

—Lo es, sin duda.—Su tono de voz, sin embargo, no lograba encajar jamás con la situación. Maldecido con una voz que siempre habla de la misma manera, trata de no romper el encanto del lugar con ese formalismo en su voz, consciente de su situación.—Es lo más bonito que mis ojos han visto jamás.

Su memoria podía ser buena, pero no lo suficiente cómo para poder decir que aquello era mentira. Ese paisaje quedaría grabado en su mente, y para su dicha o desgracia, la imagen de esa mujer, una gota de miel en todo un mar blanquecino, también quedaría grabado en él, tal vez por accidente...o quizás por destino.

Él, sin embargo, no piensa en nada de eso.

—No sois oriunda de esta isla, ¿verdad? Me sorprendería que alguien de aquí nunca hubiese visto este bello lugar.—Aquello solo era una deducción, pero una amante de las flores podría rebatírsela con facilidad si quisiera. Estaba jugando con las palabras, ya que al final del día, eso sigue siendo lo que mejor se le da.—Admito que si fuera mi caso, vendría tantas veces como oportunidades tuviera en mi día a día.

Caminó pequeños pasos en su dirección, sin poder llegar a considerarse como un acercamiento sino en lo más estricto de la palabra, acariciando los pétalos de las flores que conseguía tener cerca de su mano al caminar, tratando de mantener aquellas delicadas plantas sin herir a causa de su andar. Tan solo quería que la voz de ambos no se perdiera por la distancia, nada más.

—Si me permitís preguntar...¿Qué os trae por esta zona?—Una cuestión genuina, pero con una posible respuesta tan sencilla como la que tenía él ante una posible pregunta espejo. Tan solo dejaba que sus palabras adornasen la situación para al menos, no romper la tranquilidad del ambiente con una incomodidad jamás buscada.—Venir a ver las flores es...inusual, al menos en las personas que yo he llegado a conocer.

La tierra bajo los pies del marine se presentaba firme, falta de un trabajo reciente y curada con la luz del sol. Entendió al momento que, unida a este bello paisaje, la idea de la dama frente a él para tumbarse en un lugar como este parecía...intrigante. Llamó su atención durante unos breves instantes, y sintió con ello...¿tentación?

No...es imposible que él tuviese una idea como aquella. Eso, sin duda, sí que podría considerarse como un auténtico disparate...

 
[Imagen: jGxJg3p.png]
  Responder
#4
Mis ojos azules conectaron de nuevo con los del chico azabache y me sentí feliz tras sus palabras, estaba de acuerdo en que aquel campo era realmente hermoso, una sonrisa de complicidad pero también de alivio se dibujó en mis labios aunque parecía ser tenue. Me alegraba no ser la única de ver tan hermoso paisaje, sin duda este momento viviría eterno en mis recuerdos.

— No, ciertamente no soy de aquí… — respondí con calma mientras permitía que el joven desconocido se acercara unos cuantos paso más, obligándome a elevar ligeramente el rostro para no perder de vista el revestimiento neutral de sus facciones y la tonalidad de su voz monótona. — Vengo de tierras muy lejanas, quizás no conozcas ese lugar…. — Hice una breve pausa para respetar la presencia de la brisa que ahora nos acompañaba, levantando y moviendo algunos mechones anaranjados sobre mi rostro antes de apartarlos con delicadeza detrás de mi oreja.

Cerré los ojos durante unos segundos mientras evocaba los recuerdos de aquella isla que me vio crecer dia a dia, fue testigo de las aventuras que tuve como también los lazos que logré desarrollar con las personas que fui conociendo en el camino, recordé las hermosas casas construidas con arena condensada, moldeada como arcilla hasta solidificarse en cimientos de un blanco inmaculado, los tejidos rojizos que coronaba cada edificio, la bulliciosa zona mercantil, el muelle y por supuesto que recordé los navíos que anunciaban sus llegadas y partidas cada vez que rozaban con suavidad el puerto de aquellas costas tranquilas, lo recordé todo como si se trata del lugar más perfecto del mundo.

— Baterilla, una isla tan maravillosa, no tiene campos tan hermosos como estos pero sin duda posee una belleza muy propia… — Levanté de nuevo la mirada y asentí levemente antes sus palabras sobre aquel campo de flores blancas. — Sí, parece un lugar que solo existe en los libros, ¿verdad?, aunque a decir verdad esta isla también alberga rincones realmente preciosos.

Sin embargo, su siguiente pregunta encontró un ancla capaz de arrastrarme de vuelta a mi precaria situación.

—- ¿Es realmente inusual? —- incliné ligeramente la cabeza mientras la brisa hacía lo suyo de nuevo, meciendo las telas de nuestras ropas y arrastrando consigo algunos pétalos desprendidos, al mismo tiempo, el inminente anochecer envolvía el lugar en una atmósfera más fría y apacible — Creo que lo inusual sería no venir a contemplarlas, al menos eso creo.

Un breve silencio se instaló entre los dos, concediéndole al joven desconocido el tiempo para asimilar mis palabras, aunque suponía que su verdadera duda no era aquella que formuló con cautela, sino el motivo por el que me encontraba en un lugar como este… sola.

—- No puedo dormir… — suspiré con cierta resignación mientras una de mis manos ascendían hasta mi nunca para acariciarla con suavidad, un gesto que delataba el nerviosismo que sentía en ese momento. — He tenido pesadillas últimamente… — recordé aquellas escenas que se repetían una y otra vez en mi cabeza como un bucle interminable del que era incapaz de escapar, me robaba el sueño y me ahogaba en la ansiedad de mi soledad, como una persona perdida en su barco. El cansancio se hacía evidente en mi rostro como en mi cuerpo que se balanceaba con sutileza de un lado a otro, incapaz de ocultar el peso de tantas noches sin un verdadero descanso… — Vine para despejar la mente por un momento…

Elevé la vista hacia él una vez más procurando dejar atrás aquella sombra que amenazaba con reflejarse en mi rostro, no quería ser irrespetuosa, tenía mi atención como también sentía que mi cuerpo caería pronto contra él pero mantuve mis pies firmes. Mi manos se fue a mi rostro mientras tocaba el puente de mi nariz y presionaba mis ojos cual jaqueca que amenazaba con pronto aparecer.

—*¿Qué hay de ti?, ¿Qué te ha traído por aquí?*

Lo cierto es que eso último fue solamente pronunciado en mi cabeza porque efectivamente había caído en los brazos de morfeo, siendo empujada hacia el frente donde bien podría impactar contra el chico o contra una cama de flores blancas, cualquiera de las dos… lo siento tanto.
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
  Responder
#5

Aquellas primeras palabras levantaron en el escondido civil cierto atisbo de interés. ¿Tierras lejanas? Una consecuencia inusual para alguien que se encuentra posiblemente encerrada en las corrientes del Grand Line, ahora obligada a continuar avanzando o vivir en una isla como esta de forma permanente.

Aquel pensamiento no se hizo negativo en absoluto; pensar en dejar que el resto de sus días fueran entregados a esta bella tierra llena de flores y parque de atracciones era un plan de ensueño, un lugar dulce y cálido para aquellos que consideren de este supuesto mar un verdadero sacrificio.

Quizás era triste, pero al mismo tiempo...cálido. Una ola en un mar templado, dispuesto a relajar a una persona hasta el fin de sus días.

Pero el sonido de la verdad se hizo presente en aquellas palabras pocos segundos después, revelando la verdad sobre aquellas tierras lejanas de las que había comenzado a hablar.

—¿Baterilla? Así que venís del South Blue...ya veo.—Las casualidades llegaban a ser pequeñas en una tierra lineal. Ni siquiera tuvo a bien hacer el esfuerzo de cuestionar su razonamiento. Una tierra rocosa, tropical en su centro, y coronada con un volcán dormido durante milenios, reposando en silencio, mientras la gente con humildad se mantiene a través del turismo y de la pesca.—Tenéis razón, sin duda. Esta tierra es con diferencia la más hermosa que he tenido la dicha de conocer en todos mis años.

Llegaba a ser intrusivo pensar en esa idea como cierta. Comparar Matsuri con su tierra natal era algo que quizás en futuras ocasiones no llegaría a admitir en voz alta, pero de todas formas nadie se había preocupado por la verdadera procedencia del marine fuera de servicio. Kael parecía cómodo en el silencio del anonimato, entregando su atención a la dama de las flores en lugar de a sí mismo.

Si no atiende sus propios pensamientos estando fuera del trabajo, quizás pudiese descubrir una faceta nueva de sí mismo...

Pesadillas.

Aquella palabra inundó su mente como una niebla oscura y espera. Lejos de generar miedo, tan solo incitaron a la curiosidad de aquel que siempre vivía ensimismado, firme y preocupado. No supo por qué alguien como ella, en apariencia carente de cualquier problema verdadero de la sociedad, podría estar siendo víctima de unas pesadillas tan dolorosas como para provocar una ausencia de sueño tan severa, y eso, una vez más, levantó la curiosidad del hombre.
 
—Lamento mucho oír eso. Espero tengas a alguien en casa que pueda llegar a cuidar de una dama como tú. Debe de ser duro soportar unas pesadillas como esas y no saber que hacer. ¿Te ocurren a menudo?—Quizás era su sentido del deber, su interés por saber algo más, o quizás simplemente era un momento distinto a lo que suele habituar aquel hombre, pero definitivamente, no todos los días llegaba a mostrar verdadero y genuino interés por algo tan banal como aquello.

Esa tarde, el de cabello alargado se estaba comportando ciertamente de maneras muy diferentes a las que suele habituar.

Dió un paso hacia ella, luego otro, y después uno más, esta vez, admitiendo incluso para sí mismo el recorte de distancia que estaba llegando a emitir. En el fondo de su cuerpo comenzó a emanar un nuevo sentimiento, aflorando suavemente en su pecho. ¿Lástima? ¿Culpa quizás? No...aquel sentimiento era un poco más genérico, ligeramente distinto, sin llegar a mostrar algo tan concreto ni cercano. El caballero de armadura gruesa tan solo mostraba algo de humanidad...pero eso ya era más de lo que suele habituar.

Hasta que de pronto...la chica se desvanece.

Víctima del peso de su propia conciencia, la falta de sueño y el cansancio terminaron venciendo a la joven en un combate el cual libraba bajo su propio lecho en solitario. La dama de cabellos del atardecer había estado ocultando su condición durante la conversación, dejando entrever ciertos detalles hasta que, finalmente, el reloj de su destino terminó por terminar aquella cuenta atrás que la desvanecía de todas sus fuerzas, y ahora solo podía pedirle descansar.

La muchacha sin nombre acabó reposando sobre Kael, sujetando su cuerpo antes de que cayese rendida en aquel suelo cargado de flores blancas. El marine tuvo que pensar con rapidez el motivo de su desfallecer, y las pesadillas llegaron a su mente para entregar la respuesta. Una persona normal podría desfallecer en el suelo por un alto nivel de cansancio acumulado. 

Ahora, quedaba él en soledad ahí, con una mujer desconocida, sin entender qué debía hacer, o cómo podría proceder. 

"Llevarla a la base de la marina solo le traería problemas innecesarios. Ella solo necesita reposo, pero...no sé donde duerme, y no quiero dejarla sola." Su mente divagaba en posibilidades. Cargarla hasta la ciudad podría incluso generarle problemas al caballero, recibiendo miradas indiscretas cargadas de juicio inquisitivo por llevar consigo a una dama inconsciente. 

Al final, tuvo que tomar una complicada decisión. Ninguna respuesta era correcta en aquel momento, pero tenía que tomar la que consideraba menos negativa. 

Con sutileza y cuidado, dejó que sus piernas se plegasen en dirección hacia el suelo, manteniendo el contacto estable con la mujer mientras buscaba terminar sentando sobre aquel suelo, ignorando aquella cama floral hasta que, al final, terminó por entender que aquello era mucho más suave de lo que había imaginado. Mantuvo la espalda firme hasta que, cuando por fin encontró la postura deseada, arrebataba de su cabeza el sombrero a la dama, permitiendo así a su rostro descansar, reposando sobre las piernas del soldado, únicamente para evitarle así acabar encontrando en su despertar petalos de flores, tallos o incluso tierra por la desconsideración del hombre, la cual no estuvo en ningún momento dispuesto a permitir. Allí, recostada de lado junto a él, mantuvo a aquella dama descansando, quizás durante lo que esperaba fueran unos minutos, o tal vez unas horas.

No importaba el tiempo que durase, ni tampoco cuanto tendría que esperar. Él se mantendría a su lado por una cuestión de principios, cuidando que al menos no quedase en solitario velando porque aquella desconocida no despertase completamente sola.

Solo el murmullo del viento acariciando los pétalos y el lejano canto de algunos pájaros rompían, muy de vez en cuando, la quietud de aquel único momento. Las flores se mecían con suavidad alrededor de ambos, como si la propia isla hubiese decidido guardar silencio para concederle a aquella joven el descanso que llevaba demasiado tiempo negándosele a ambos. Ella había sido invadida por sus propios malos sueños, y él, sin saberlo, estaba acechado por la inclemencia de su trabajo, sin ofrecerse a sí mismo tan siquiera, la posibilidad de un breve descanso, maldecido por su propio sentido del deber.

Aquella quietud se sentía inesperadamente agradable, porque por primera vez en mucho tiempo, no había informes que redactar, órdenes que cumplir, ni delincuentes a los que perseguir. Aquel pequeño momento, escondido de toda vista del mundo entero, era solo contemplada por el lento transcurrir de los minutos, el perfume de las flores y la respiración tranquila de dos personas que, sin conocerse, al fin, parecían haber encontrado un lugar donde descansar sin miedo.
[Imagen: jGxJg3p.png]
  Responder
#6
Esa sensación…
pesadez,
dolor,
cansancio…
Otra vez…

Efímero fue aquella sensación del cuál me mantuvo distante, serena y calmada, envuelta en un manto de oscuridad fría, permanecí completamente inmóvil, obligándome a respirar en profundas bocanadas al sentir escaso el aire, mi cuerpo estaba tendido sobre un suelo que olía a pura humedad combinada en óxido, todo mi cuerpo dolía y cada músculo protestaba al sentir el mínimo movimiento ejercido sobre ellos, incluso mis huesos parecían quebrarse al intentar levantarme, y mi corazón golpeaba con tanta fuerza contra mi pecho en cada latido cobarde a la sensación de verme llegando al final de mis días.

Intenté moverme con paciencia, lentitud, agonizante ante el dolor que ejercía en mis extremidades, incluso el simple peso de mi cabeza parecían negarse a obedecerme, apenas conseguí extender una mano hasta encontrar la pared más cercana, me apoyé contra ella para lentamente ponerme en pie a como pude. Conozco este lugar, sé exactamente dónde estoy y sé perfectamente lo que pronto sucedería, mis piernas temblaban ante el terror que sentía, mi garganta raspara áspera por la sequedad al intentar hablar, pero no era necesario, no había voces, ni pasos, ni respiraciones cerca, solo el constante sonido de un “Tic Toc”

Era un sonido metálico del collar alrededor de mi cuello era lo único que emergía en aquella soledad del vacío, recordándome con cada pulso el verdadero significado de ser una esclava.

Estaba sola en ese lugar, de nuevo, de nuevo, de nuevo…
¿por qué estoy aquí de nuevo?

El ritmo de aquel sonido comenzó a alterarse, aquel tic…toc… que antes parecía lejano empezó a acelerarse poco a poco, volviéndose más intenso, más presente, hasta llenar por completo aquella habitación oscura de su ruido desenfrenado, hasta convertirse en una presión insoportable que atravesaba mis oídos y chocaba contra mi mente. Cerré los ojos con fuerza, intentando resistirlo pero el dolor se volvió demasiado, mis fuerzas desaparecieron lentamente, mis piernas dejaron de sostenerme, y una vez más, mi cuerpo terminó desplomándose contra el suelo.

Frío, completamente frío…
Aquella sensación gélida calaba rápidamente sobre mi cuerpo hasta sentir que toda mi esencia era prisionera de su tortura, mi piel ardía por el choque de temperatura, mis huesos dolían y el respirar se había convertido en un esfuerzo doloroso mientras mis manos temblaban sin poder detenerse, ambas sobre mi pecho como si intentaran robar el poco calor que les quedaba en las palmas, ahí estaba otra vez… sucumbida ante aquel momento que me arrebató la fuerza, mi confianza, el momento que me hizo sentir pequeña e inútil.

— ¡¡¡¡MIYORI!!!! — siempre los recuerdo llamándome, sus voces regresan una y otra vez, como ecos atrapados en aquel momento, el instante en se preocuparon por mí, el mismo momento en que luchaban contra aquel ser corrupto que encontró placer en quebrar nuestras mentes, en obligarnos a enfrentarnos entre nosotros como si nuestras vidas fueran un simple juego para su deleite. Mis dientes chocaban entre sí, soportando, mi cuerpo temblaba ante la desesperación de querer levantarme, de querer correr hacia ellos, de querer proteger a mis compañeros que seguían luchando mientras yo permanecía incapaz de hacer algo.

¿Qué puedo hacer? ¿Qué se supone que debo hacer?
Las preguntas se repetían en mi mente mientras el aire comenzaba a faltarme, respirar dolía, cada bocanada era una lucha contra aquella sensación de hielo que se extendía por mi interior, congelando hasta las pocas fuerzas que tenía, congelando mi voluntad, y aun así… solo quería ayudarlos.

Sentí que estaba a punto de morirme pero al abrir los ojos con desesperación, la oscuridad desapareció, ya no estaba en aquel lugar, me encontraba nuevamente en aquella habitación de paredes blancas, donde enormes ventiladores arrastraban corrientes heladas que se mezclaban con una fina capa de niebla sobre el suelo, la pureza de aquel sitio contrastaba con la pesadilla de la que acababa de escapar, era casi imposible comprender cómo había pasado de una sala oscura y vacía a un lugar tan limpio, tan silencioso…

Pero mi verdadero desconcierto no estaba en el cambio de escenario, estaba en mis manos, sosteniendo mi arco, la cuerda permanecía tensa y la flecha apuntaba directamente hacia aquella dirección frente a mí. Un enorme mazo, el arma perteneciente al Wotan de piel azul, aquel mismo que luchaba por la libertad de quienes habían vivido encadenados, de quienes habían cargado con el peso de una vida sin elección, pero esta vez no representaba protección, no estaba levantándose para liberar a alguien.

El enorme mazo mantenía atrapado contra el suelo a aquel Gyojin asesino, y entonces lo escuché… un sonido débil, un sollozo, el gimoteo desesperado de alguien que lloraba clemente.

¡¡ME RINDO, POR FAVOR, PIEDAD!! – gritó desesperado, llorando, cubriendo su rostro ante la vergüenza de haber sido utilizado, expresaba asegurado el ser solamente una víctima.

Mis manos se aferraron con fuerza a la madera del arco, debía disparar, sabía que debía hacerlo… está mintiendo. Arnold es alguien malo, él intentó matarnos, no, no solo eso, él quería que nosotros mismos acabáramos uno con otros, ante ese recuerdo mis dedos temblaban alrededor del arco mientras mi mente repetía una y otra vez la misma orden, debo hacerlo, tengo que hacerlo, él está intentando engañarme, ya viví esto antes…

“Os lo juro que no miento, yo solo quiero salir con vida y dejar de torturar para que no me torturen a mí…” — Mis manos temblaban, la madera se había convertido en una extensión de mi propio sufrimiento, las astillas se clavaban en mi palma hasta hacerme sangrar pero aun así no podía soltarlo, aunque toda mi convicción me gritaba que era un engaño, cerré los ojos… estaba confundida, aturdida, ¿Y si realmente era alguien obligado a hacer cosas horribles? ¿Y si no actuaba por maldad sino por miedo? ¿si simplemente hacía lo que hacía porque temía morir a manos de aquellos que decían ser sus dueños? no podía culparlo, no podía juzgarlo, pero tampoco podía ignorar lo que había hecho, y esa contradicción me estaba destruyendo.

Mis lágrimas comenzaron a caer en silencio, mientras mi mente estaba confrontando dos verdades que no quería aceptar, entonces… lo escuché, su risa rompió el silencio y al principio comenzó como un sonido bajo, imperceptible, después fue escalando hasta convertirse en una carcajada llena de burla y crueldad, abrí los ojos lentamente y entonces lo ví, sus ojos carmesí estaban clavados directamente en los míos.

— Pobre niña tonta… — su tono de voz era mucho más grave, llena de odio, resentimiento, burla… — ¿Acaso sientes pena por mí?

De nuevo, comenzó a reír a todo pulmón a pesar de que el mazo le presionaba su abdomen, a pesar de que sabía que en mis manos tenía un arma apuntando a él, yo no era una amenaza, y no planeaba serlo realmente. Dejé caer el arco junto con su flecha al congelado suelo.

— El problema de creer que todos pueden ser buenos es que algún día morirás intentando convencer a alguien que jamás quiso dejar de ser malo.

El silencio volvió a devorarlo todo, la niebla cubrió la habitación hasta convertirla en un vacío blanco mientras aquellas palabras se incrustaban en mi pecho como fragmentos de cristal, ¿en qué momento la verdad deja de ser verdad? ¿cuándo una mentira se vuelve indistinguible de ella? ¿quién decide dónde termina el bien y dónde comienza el mal?, mi corazón se niega a aceptar que exista alguien incapaz de albergar una sola chispa de bondad, me niego a creer que una vida pueda quedar tan vacía que ya no recuerde lo maravilloso que es vivir… crecer… amar.

Con lentitud…
Recobré la consciencia que había perdido tras días sin dormir, había intentado huir de eso, había intentado escapar de ese momento por miedo a volver a esos sueños que no eran más que recuerdos repitiéndose una y otra vez… siempre regresando para recordarme la misma herida, para recordarme lo ingenua que soy.

Respiré profundo, con calma, sin emitir sonido alguno, la brisa fresca acarició mi mejilla y movió algunos mechones de mi fleco mientras aún atrapada entre la ensoñación y la realidad, contemplaba un cielo despejado y hermoso. Por primera vez en días encontré la calma que había perdido, dejé que las lágrimas nacidas durante aquel sueño terminara de recorrer descendiendo por mi rostro, y al mirar a mi alrededor, comprendí dónde estaba, con quién me encontraba… y el acto egoísta de haber usado a aquel desconocido joven de cabello azabache como apoyo durante mi caída.

— Lo siento… — susurré mientras me incorporaba lentamente, quedando sentada frente a él pero de espalda, solo por un instante, quería evitar que me viese limpiando mis lágrimas, intentando verme menos desastrosa. Cuando sentí que estaba mejor, volví mi mirada junto una tenue sonrisa hacia aquel joven que había cuidado de mí mientras tenía esas pesadillas blancas. — No quise ser una molestía, pero… gracias.
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)