[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
#91
Los primeros pasos junto a aquel sendero me recordaron a las muchas incursiones que hice en la selva de Samba en busca de ruinas. Había un sinfín de leyendas acerca de la ciudad de los cielos, otras hablaban de un reino perdido. Todas ellas contaban cosas fascinantes sobre su cultura o sus tradiciones, incluso sobre sus conocimientos avanzados. Muchas historias y algunas de ellas contradictorias. Me pregunté si podría ser verdad que estuviese allá arriba, o qué tipo de gente habitaría en ella. Si hiciéramos caso al imaginario popular, seguro que se trataba de ángeles, aunque quién podría creer en su existencia? Bien es cierto, que nunca imaginé que hubiese tierra firme sobre nuestras cabezas cuando estaba allá abajo, en el mar de agua. Comencé a dudar si el resto de nuestro viaje sería en este nuevo mar blanco a partir de ahora. O como podríamos descender de ser necesario.

Un chasquido fuera del camino me hizo volver a la senda junto a mis compañeros. Ya en el camino, escudriñé entre las hojas que nos hacían de pared e incluso creí haber visto unos ojos mirándonos. Aquella selva era terrible, espeluznante. Parecía crecer a nuestro alrededor, como si unas garras se fueran cerrando sobre nosotros poco a poco. Los insectos zumbaban por encima de nuestras cabezas, en busca de un descuido para alimentarse. Todo allí parecía ser peligroso. Tanto, que hasta la misma luz del sol comenzó a abandonarnos.

—Será mejor que hagáis caso a nuestro cocinero —dije mientras tomaba un par de ramas  y una liana del suelo— Os aseguro que nada de lo que veo os sentaría bien en caso de comerlo. 

Agarré dos de las ramas y entrelacé la tira de cuerda vegetal entre sus extremos. La madera quedó unida de manera que podía ser utilizada a modo de pinza. Me aproximé a un lateral del camino y usé mi improvisado instrumental para examinar uno de los hongos. Su sombrero tenía un tono verdoso que me recordó al aceita que utilizaba el jefe Reena para sus tostadas. Del tronco de aquella seta se desprendía un anillo en forma de falda, como las de las bailarinas, aunque nunca había visto una dama tan letal como la que tenía enfrente. Las escamas y el saco que asomaba de la tierra terminaron por confirmar mis sospechas; Uker no tendría un buen ingrediente hoy. Contuve la respiración y arranqué el hongo con mis pinzas. Luego, amarré el otro extremo de las ramas con la cuerda, dejé un pañuelo de tela en el suelo y creé un hatillo del que tan solo salía la liana, como si de una bolsa se tratase. Fui realmente cuidadoso al manipular tanto las ramas como la cuerda o el pañuelo, para no entrar en contacto con nada que hubiese tocado aquel hongo, pues sabía de la toxicidad que poseía. Aceleré el paso y me reuní de nuevo con mis compañeros, para seguir adentrándonos por aquel sendero que parecía encoger a cada paso.

Habiendo avanzado durante unos minutos, algo sonó tras nosotros. Una voz, femenina, nos puso a todos en alerta. Rifles en alto, manos hacia las empuñaduras y predisposición para el combate. Yo salté hacia un lado para buscar algo de cobertura tras un árbol de unos veinte centímetros de diámetro. Mi cabeza asomó por uno de los lados, mientras que mi cuerpo lo hacía por el otro. Se trataba de una mujer de pelo rosa y con unas extrañas alas blancas tras su espalda. Pensé si se trataría en realidad de un ángel, de esos que las historias contaban que vivían en el cielo, entre las nubes.Su grito llamaba a Kiyoshi, a los sepultura al completo y a un tal Parlay. Dudé sobre a quién se refería mientras la fijaba en mi mirada. Mi primera reacción fue apartarme, pero si mis compañeros decidan entrar en combate, debía estar dispuesto a ayudarles. La chica se presentó, tal y como le ordenó Kiyoshi y fui entonces cuando caí. Ya conocía su nombre. Lo había visto en los carteles de se busca que acompañaban al último número del periódico.

—No sé qué sería antes, pero ahora es una pirata. Vi su cartel de recompensa en el periódico. Tengamos cuidado. Puede ser tan peligrosa como una Lamia 

La mujer de pelo rosa hizo una extraña pose y la acompañó de un guiño. Tras eso presentó a sus compañeros. La banda de los Hanu Mahana nos había alcanzado. Sin embargo parecía que no tenían malas intenciones, por el momento. Sus caras me resultaban desconocidas. Maldije mi tendencia a centrar más mis lecturas en la historia que en la actualidad, pues si alguno de sus miembros era buscado seguro que habían aparecido antes en los periódicos. Observé a los piratas, todos ellos bastante más extravagantes que nosotros, en especial su capitán, un tipo peculiar, pero ninguno de ellos me pareció una amenaza. O sería más correcto decir que ninguno de ellos me pareció en actitud amenazante.

Retomamos nuestro camino, con los piratas Mahana tras nosotros. Cada pocos pasos, volvía la mirada para ver qué ninguno de ellos estaba tratando nada. Cobardía? Exceso de desconfianza? Yo lo llamaba ser precavido. Anduvimos durante al menos una hora, aunque pareció mucho más al hacerlo en una penumbra casi total. La selva se había cerrado sobre nosotros de manera que casi parecía que avanzásemos por una cueva. Sin embargo, poco a poco fue llegando el amanecer a nuestro camino, pues la luz dos sol comenzó a filtrarse entre las hojas. La sensación de estar llegando al final de nuestra ruta pareció alimentar mis piernas. El corazón se me aceleró. Las palabras de mis compañeros me hacían ver que teníamos algo grande ante nosotros, algo especial. Miré a Kiyoshi y luego a nuestros improvisados compañeros. 

—Está bien, Kiyoshi —dije asintiendo a su petición y comencé a hablar sin dejar de mirar a la espléndida ciudad que se levantaba frente a nosotros—. Muchos son los que hablan sobre ella. Otros tantos los que la han buscado. Muchos perdieron la vida tras ella y algunos fueron tachados de locos. Este es el lugar donde las leyendas se convierten en historia —me giré e hice una reverencia mientras mi mano derecha señalaba hacia la ciudad tras de mi—. Amigos, desconocidos, saluden a la ciudad de oro. Shandora.



Antología
Emme's Codes

#92

¡Una libreta! ¡Debería haber llevado una en su morral! El arrepentimiento se convierte en caprichosas expresiones de molestia dirigidas hacia sí. ¿Cómo no pudo prever lo más elemental durante una nueva excursión? ¡La exploración! Las ansias de aprender las características de un hongo nunca antes visto, distinguir entre helechos y plantas parásitas, apuntar las peculiaridades de los tipos de madera en la zona. Un largo suspiro arrastra las pesadas penas que aquejan a la amazona.

La mirada asciende deseando sentir las delicadas caricias de los rayos solares contra sus pómulos; la distante realidad provoca que el entrecejo vuelva a fruncirse. ¿El astro padre empieza a mostrarse egoísta con aquellos que han sido empapados por la lluvia momentos atrás? No, no puede culparlo por lo inevitable, cuando el causante de la oscuridad no es otro que los altos árboles que empiezan a unir ramas y hojas en un espectáculo que le roba el aliento.

La dulce voz de aquel que se mantiene a su lado provoca que baje el mentón para buscar sus ojos en la media penumbra que abraza a los presentes. Hasta el último deje de agobio desaparece ante la petición del castaño, el apelativo cariñoso se convierte en la cereza del pastel.



—Querido…

Acostumbrada a utilizar la palabra “cariño”, por una vez saborea una nueva muestra de afecto, algo que podría utilizar solo con él. —No hace falta ni pedirlo, siempre lo haré.

Sonríe acentuando la comisura de sus labios hacia arriba, casi tiene que obligarse a taparse los labios ante el sorpresivo movimiento. ¿Una simple palabra puede mover montañas? No, es la confianza que el hombre deposita en ella lo que la obliga a moverse, la misma seguridad que siempre ha ostentado debido a su amplio conocimiento. Entonces… ¿Por qué los hombros caen al intentar reconocer las plantas que brotan desde las raíces de uno de los árboles? ¿Aquel es un hongo parásito o uno comestible? ¿Los frutos que parecen caer desde las ramas son seguros? Si es así debería haber alguno roído, sin embargo, no es el caso, están intactos, solo pútridos.

—No toques nada, cariño. —Las palabras saben a bilis. ¿Qué otra respuesta puede dar ante el desconocimiento? Arriesgar a sus amigos por orgullo o para aprender a base de ensayo y error no es uno de los planes trazados para esa tarde, imposible. —Ustedes tampoco. —Claro, para algunos la información entra por un oído y sabrá Enel por donde sale; lo entiende al ver a Yuuki saltar, revolotear, planear y usar lianas para adelantar al grupo. —¡¿A dónde crees que vas, Yuuki?! ¡Suelta eso! —Mas la pelirrosa desaparece como quien desea ir rápido al baño después de 15 horas en el trabajo.

—Argh, lo primero que se les dice que no hagan y es lo primero que hacen. ¿Y tú qué haces que no la detuviste? Muévete, Tezca, tenemos que ir a buscarla. —Se cruza de brazos antes de suspirar con fuerza. La molestia desaparece al darse cuenta que, quizá, si ella llegase a Amazon Lily haría lo mismo, la emoción invadiría cada ápice de su cuerpo, arrastraría a todo el mundo para que presenciaran su tierra natal, tocaría todo, olería todo, comería todo.. Una tenue sonrisa aparece hasta que la voz de Ryota rompe sus ilusiones.

—¿Hmm? ¿Sucede algo, querido? —Para ese momento la caminata ha aclarado su mente, al menos lo suficiente para entender que se halla en tiempo y espacio, sentidos conscientes, mente funcional y…



—¿Eh?

¿No había visto mal en un principio? Se acerca observando mejor al rubio, en medio de la penumbra. ¿Gordo? ¿Mostacho? Ah la ropa es casi la misma, nadie puede tener tanto estilo como Tezca. ”No, no, no; algo extraño pasa aquí.” ¡Ey! No tocó una sola planta como para decir que eso ha alterado sus sentidos. —¿Lo es? ¿Te perdemos de vista 30 segundos y te comes todo el buffet de una boda? —¡Nah! ¡Runin Kitay no es ninguna estúpida!

Está a punto de atrapar al rubio impostor del cabello cuando los vocablos de Ryota llenan el ambiente.

“Todos tenemos momentos humildes”

“Seguro te recuperarás”

“Saldremos de esto juntos.”




—Si tú eres el de la buena vista, no me quiero imaginar qué tan dañados deben estar mis ojos.

¿Advertir a su capitán? ¿Interrogar al Tezca de Temu? ¿Hacerle una pregunta personal que solo él pueda responder? Tentada está, pero no lo suficiente como para intentar demostrar el error del capitán, no, solo basta reírse por dentro y continuar preocupada por su pequeña y estúpida hermanita.

El paso se vuelve apresurado junto a los demás, el tiempo transcurre rápido cuando al fin logra ver una silueta conocida.  —¡Yuuki! ¡La emoción no te debe nublar la vista! —Regaña antes de cerrar la boca por completo formando una tensa línea, la mirada se achica, los hombros se tensan; está a punto de correr hacia adelante cuando esos gentiles brazos que tanto reconoce la sujetan con fuerza por la cintura, apretándola contra el cuerpo del navegante.  —¿Ryota? —La mente trabaja rápido. Claro, si él la ha sujetado solo puede significar una cosa.

—Cariño… —La voz suena más amenazante que dulce. Sujeta los brazos del castaño con la intención de soltarse cuando el nombre de “Barald” es expuesto a modo de advertencia. El cúmulo de emociones golpea a la amazona sin contemplación. ¿Desobedecer y lanzarse a romperle la cara a aquel que osa apuntar a Yuuki o tratar de respirar para evitar una lluvia de sangre? Runin muerde sus labios con coraje, Ryota puede sentirla tensa, casi abrazada al brazo de él, está vez para contenerse. Lo único que me queda es confiar en su capitán. En ese momento un nombre hace acto de presencia.

—¿Uker? —Trata de afilar la vista pero está lo suficientemente lejos como para reconocer sus rasgos, está bien, no importa; sabe quién es esa persona, ha visto las recompensas de la tripulación en los periódicos, un recuerdo lejano en Sorbet es suficiente. ¡Ah! ¿Quiere que se limpien las manos? 



—Y si mejor coges ese jabón y de lo metes por e-

¡Tranquilidad dijo la lora!

La voz se corta a media frase ante la interrupción del capitán de aquella tripulación de inadaptados. ¿Quién demonios es Juanita Mariana? —Suéltame tres segundos, cariño, solo tres segundos, por favor. —Masculla entre dientes, es ahí cuando sucede.

Incluso el corazón del más indolente se ablandaría ante la dulzura de las palabras expresadas por el ¿Impostor? ¿Por Tezca? La atención de la fémina vacila ante la duda, más que nada ante la tranquilidad que muestra Ryota. —El gordis me cae mejor, deberíamos conservarlo... —Asiente antes de sentirse libre. Si, es un impostor y Ryota es demasiado inocente. ¿Desde cuándo el rubio es tan abierto con sus emociones? ¡A otro perro con ese hueso!

De repente el joven de hebras violetas, en un arranque de amabilidad, pretende hacer las pases. Es ahí cuando lo ve, a duras penas. ¿Qué? ¿En qué se ha transformado? ¿Una rata? ¡Un usuario! Tan pequeño, tan adorable, tan… honesto. Runin se considera una persona versada en el arte de esclarecer mentiras; el pintoresco grupo no emite ninguna. Un suspiro escapa.

—No te vendes más porque no se puede. —Finge refunfuña apretando la mejilla del castaño. — Todo parece en orden, capitán… Y¡Bary! Ayúdame a evitar que se lance a esa mata de hierbas a buscar animales. —Suficientes problemas se han obtenido en un momento y ¿Qué mierda es eso? El pequeño topito ha crecido hasta convertirse en un ser de casi tres metros. La fémina observa hacía arriba, no sabe si con asombro, con repelús o con más de una pregunta en el bolsillo pero lo deja ser porque no será ella quien cargue al Tozco por el sendero.

—Muy lindo y todo pero aléjate, Yuuki…



¡NO EN ESA DIRECCIÓN, ESTÚPIDA!

Y se va, allá donde las personas sin sentido de supervivencia terminan. Runin suspira pensando que no le pagan lo suficiente, que debería comprar una correa para atar a más de uno. ¿La única persona cuerda que logra salvarse? Oh Barald, siempre Barald. El confiable Barald. —Por lo que más quieras, no desaparezcas esta vez. —No en esa aventura, no rodeado de extravagantes personalidades.

La hora pasa y la calma regresa a la morena, al principio la desconfianza se respira en el aire, después se vuelve entendible, en especial cuando se adelanta un poco para seguir analizando al Tozco Norova y al capitán de los Sepultura.

Al final camino se abre ante ellos, la luz poco a poco vuelve a asomar al final del sendero, el ánimo vuelve al cuerpo de la amazona y con ello una sonrisa que le recuerda que están en un lugar nuevo, que puede obtener información, buscar conocimiento, divertirse en un evento nunca antes visto a metros y metros del mar y el suelo. ¡El cielo vuelve a abrirse ante ellos! —¿Qué es… esto? —La risa de Ryota resuena sin pena, demente, emocionado, incorregible, ambicioso, libre y ella se ríe con él al verse contagiada.

—¿Shandora? Incluso suena místico. ¡Nosotros no perderemos la vida, amigo! —Emite, radiante de confianza, de esa picardía con la que siempre presiona a la vida. —¿Qué sucede, sepulturas? ¿Demasiado cansados aún con la vista que tenemos al frente? ¡Si quieres te cargo, chico jabón! Pero si te dejo caer de cabeza contra una de esas casas de oro, no me culpes. FUFUFUFU — Burlesca regresa a ver un instante a los tripulantes.

¡Ah! ¡Si es el Uker que conoce! El capitán-topo habla con amabilidad aunque su físico como un ser híbrido no le favorece en lo absoluto, el joven pelinegro que carga el rifle parece que de un soplido saldrá volando en cualquier momento y, por último, el chico al que observa sin disimulo ¿Un Mink? Como el que conoció en las peleas clandestinas en Sorbet; curioso, adorable y curioso. —Hay que ponernos al día, Uker, pero con tu capitán vuelto humano, por favor, le sienta mejor. —Le guiña el ojo al híbrido antes de lanzarse a la aventura junto a sus amigos.



—¡Aún me deben una disculpa! ¡Los mahatas perdonan, pero yo no! Fufufu

La sonrisa no desaparece de los labios de la fémina. Yuuki está bien, Ryota lo está aún más, Barald está con ellos y Tezca…

Tozca aún trata de respirar bien.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
#93
Tras el conflicto, viene la reconciliación. Ambos, mi hermano y yo, decidimos tomar el camino central y dejarnos de bobadas de un lado u otro. Pronto dejamos el mar de nubes atrás y nos adentramos en la selva, cambiando la arena fina por una vegetación intensa.
Avanzamos a paso ligero, aunque sin mucha prisa. Nuestros hombres, ansiosos de aventura, nos cubren las espaldas mientras Ubbe lidera al pelotón conmigo, a mí izquierda. Yggdrasil, tan fiable como cualquier otro, descansa en mi hombro diestro mientras manejo el mango con la derecha. Así uno se siente bien protegido.
Pasados unos minutos, el verde se va perdiendo para dar paso a un camino gris y áspero. Un sendero plagado de roca y granito que se dificulta todavía más por la inclinación del mismo. Para orgullosos Buccaneers como nosotros, esto no es más que un ligero contratiempo. Ubbe, todavía convertido en un titánico monstruo acorazado, aparta piedras y monolitos como si se trataran de meros escombros. Yo, fiel a mi estilo, decido sacar a pasear el hacha, que barre y rebana los sólidos peñascos como mantequilla derretida, allanando el sendero. Para nuestros hombres la cosa se pone más difícil. Una roca que me llega a la cintura equivale a dos o tres hombres puestos uno sobre otro para ellos. Pero si quieren formar parte de la tripulación más temida de los mares, han de demostrar que pueden con cualquier adversidad. -Vamos cabrones, no quiero escuchar ni una queja.- no he escuchado ninguna. De hecho, parecen más motivados que nunca. Aún así, hay que animarles como es debido. El que se quede atrás, se convertirá en el hazmerreír del resto, ¡¡VAMOS!!- no me hace falta ni mirar para atrás. Un rugido de guerra es la respuesta que me dan. Es la respuesta que busco.

Voy caminando tranquilo, inmerso en mis pensamientos de guerra y conquista hasta que siento un picotazo en el bíceps izquierdo. Es el Kaiju, me está llamando. -¡¿Eh?!- capta mi atención mientras doy un pequeño respingo sobresaltado. Algo me dice, pero de la frase, solo entiendo la mitad. -No sé que estás viendo pero habla en cristiano, ¿quieres?- me giro en la dirección en la que está mirando.
Ubbe estalla en éxtasis, y no es para menos. Al parecer nos está siguiendo el ritmo una especie de criatura trajeada. Un nacido del mar con chaquetilla y corbata, demasiado bien vestido para esta situación, pero demasiado molón como para preocuparme por ello. -¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- me río, tomando por el hombro a mi compañero para enderezarlo, después de que se presentara y le dijera con todas sus palabras inventadas lo fascinado que estaba. -Dale al freno, madaleno. Vas a aplastar al chaval, y podría servir de cena.- bromeo con un tono humorístico, aunque excesivamente ácido para el que no me conoce. Probablemente porque es verdad. -Sigurd Haakon, capitán del Ragnarok.- extiendo mi mano hacia él, que en comparación es gigantesca. -¿Vienes con nosotros entonces, peZqueñín?- No hay razón para pasar de él, y menos con lo interesado que está mi hermano. No representa ninguna amenaza y siempre puede sernos útil una mano más. Además, me pica la curiosidad con este sujeto. No es lugar para perderse y mucho menos para ir tan elegante. No me termina de gustar la gente elegante.
Los minutos se convierten en horas antes de que nos demos cuenta. El camino cada vez se inclina más y se comienza a convertir para la tripulación en un verdadero desafío de resistencia y voluntad, aún y con esas, nos vamos turnando para motivar a las tropas y que sigan avanzando. Yo mismo empiezo a sentir que me fallan las fuerzas, a respirar con más intensidad , fatigado. Pero la premisa es clara... Nadie se queda atrás. Nadie tiene la osadía de defraudar al resto. Prefieren morir antes de decepcionar a los demás, de traicionar los valores de la bandera que defienden. En este sitio no hay lugar para la debilidad. Yo lo tengo claro. Ubbe también lo sabe, y lo resalta orgulloso. Con esta gente vamos a desafiar a los mismísimos ángeles.
Con el recién llegado, la conversación es más sencilla. Es tan charlatán como cualquiera de nosotros, y eso no me desagrada en absoluto. Mi hermano es quien más interesado está en darle a la lengua. Parece hasta enamorado el desgraciado. Ni que fuera una sirena-tiburon guerrera. Tampoco voy a juzgar sus gustos, por muy de blancos o negros que sea yo... Me limito a respetar su opinión equivocada. Yo voy respondiendo a las preguntas y entrando a la conversación como siempre, altanero y sin nada que esconder. Por el contrario, yo solo tengo una pregunta que hago a mitad del camino. -Y dime una cosa, tío... ¿Como se mantiene tan limpio tu traje?- me limito a preguntar. Obvio de dónde viene o qué hace en mitad del cielo me genera curiosidad, aunque me la trae floja. Nosotros hemos venido a conquistar el cielo, y fuera de eso, todo es apoyo y obstáculo en el camino. Él decide cuál de las dos ser.

Y cuando el Sol llega a lo más alto, nosotros alcanzamos nuestra meta, el final del sendero que culmina en un risco pedregoso, como un balcón con vistas a la grandeza celestial. Frente a nuestras narices, la vista más gloriosa que mis ojos de viejo lobo de mar han visto jamás. Una ciudad de oro, más brillante que el mismísimo Sol. Un reino áureo y celestial que hace palidecer a todo aquel que se aproxima o se compara. Jamás he visto nada similar ni nada que se le acerque. Belleza y grandeza en su estado más puro. A su alrededor diferentes caminos que convergen en la cuna celestial. Todo desde aquí te hace sentir más grande de lo que uno es en realidad. Como un ser superior.
-....Por todos los dioses...-
Ubbe y yo nos fascinamos al mismo tiempo, dejando caer a Yggdrasil al suelo, que en vez de clavarse en la tierra, resbala y cae de canto.Por unos segundos, solo se me viene un pensamiento a la cabeza, uno que ni siquiera yo imaginaba tener jamás. El de marcharme. El de abandonar la idea de arrasar con todo y preservar la reliquia de esta arquitectura celestial, de proteger sus murallas con mi vida. Solo el crujir de las telas y el rugido vigoroso del titán que me acompaña me hacen volver en mí.
Sus palabras resuenan como un trueno en la tormenta, como un volcán en erupción. Cada pirata allí presente se infunde en una armadura de coraje y voluntad, capaces de doblegar a cualquier adversario.
Así es Ubbe, nacido para ser líder, para cargar con la responsabilidad y el honor, dándolo todo en los momentos importantes, desafiando lo imposible. La historia tienes los ojos puestos en él.
Cada uno de los Hijos del Ragnarok rasga sus vestiduras, se golpea el pecho con violencia y demuestran su verdadera naturaleza. Están dispuestos a todo, y siguen a su comandante con absoluta lealtad y devoción. Yo no puedo estar más orgulloso.
Recojo el hacha rápidamente. El sentimiento positivo se marcha rápido y me invade una sensación amarga de vergüenza. Había cedido por unos segundos. Si no hubiera sido por mi hermano, tal vez habría palidecido. Nunca más. Con un tirón violento, desgarro todo rastro de disfraces y muestro los verdaderos colores del Ragnarok, marcados en mi piel. -¡¡YA LE HABÉIS OIDO, CARGAD, HIJOS DEL RAGNAROK!!- elevo a Yggdrasil al frente y empiezo a correr hacia el vacío, saltando aquel risco sin temor ninguno, con una furia y valor renovados en mí. Tras de mí, una lluvia de hombres y mujeres dispuestos a todo. Habíamos llegado a aquel lugar para robar su brillo, ya no hay marcha atrás. Tan solo queda llegar a la ciudad y hacernos con la gloria.
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos y Los Hijos del Ragnarok

Gloria... Yo les mostraré gloria. Las leyendas no se forjan en un día. Has de navegar cada vez un poco más, hasta la cima del mundo. Pero donde hay una voluntad inamovible, hay un camino que tomar. Tan solo hay que arrasar un par de ciudades o tres para que los débiles comiencen a obedecer. Si lo queremos, lo tomamos. El mundo nos pertenece. Y así mi nombre podrá brillar. Brillar con más intensidad que las ciudades de oro que reinan sobre las nubes. El Ragnarok y la raza Buccaneer brillarán más que el Sol y todos quedarán cegados por su grandeza

En efecto, cajita feliz

Importante --- Tropas
#94

Un camino selvático en penumbra que no te dejaba ver mas allá de unos excasos metros al frente. El oriundo espadachín del mar del sur caminaba junto a su tripulación en primera plana sin decir palabra alguna, en medio de su caminar, un tintineo metálico resonaba a cada paso que daba. Atracar en la costa el Aloha Kai nunca fue de su agrado, sin embargo, el destino siempre era sabio. Las ganas de conocer aquella tierra y encontrar sus lugares más ocultos era sin igual y junto al resto de sus nakamas continuaba su paso, no tan ligero, pero continuo ¿por qué debían de tener prisa? el sendero poco a poco les absorbía cada vez más y lo que en un principio era algo de vegetación se convirtió en un completo bosque plagado de criaturas a las cuales, aunque no pudiera ver podía escuchar. Atento a cualquier movimiento que lo pusiera en alerta continuaba su marcha, si bien, sabía que ellos allí eran los intrusos y que estaban invadiendo su habitat natural ¿no eran agresivos? no parecía al menos. Mantenía el semblante inexpresivo que le solía acompañar hasta que de pronto. - Espera ... ¿Tezca? ¿Eso de ahí es Tezca? - Aquel sujeto era peculiar, tanto que parecía el Tezca de un universo paralelo pues en lo único en lo que se parecía realmente era en la color del pelo. - ¿Enserio? - Los pensamientos del azabache por un momento se apoderaron de el hasta que Ryota le empezó a hacer un chequeo. Debido a la penumbra tampoco es que pudiera verlo bien del todo, fue que siguió caminando y por increíble que parezca, el gordo Tezco paso el chequeo del capitan, también de Barald que ahora con la mirada buscaba a Yuuki que se dedicaba a hacer el Tarzan. ¿Es que nadie se dará cuenta de que perdieron a Tezca por el camino? 

- Chst. - Chisto la lengua al apreciar que era lo que estaba ocurriendo justo delante de el. Aquello le puso alerta en décimas de segundo, todas sus alarmas saltaron y sus músculos se tensaron al ver como ese hombre el cual desconocía apuntaba con un arma a su compañera Yuuki. - Lo mato de una. - Barald flexionó sus rodillas de inmediato con la mirada fija en ese hombre dispuesto a arremeter con todas sus fuerzas y empalarlo con su katana en el pecho. Escuchó las palabras de su capitán que parecía querer jugar a otro juego que no fuera el de tener un combate épico aquí y ahora. Era una lastima aunque siendo sinceros, una pelea aquí y ahora no tenía lugar. En su diestra ya portaba a su mejor compañera, esa que evoluciona con la habilidad de su dueño. Nishiki. La colocó en su hombro, apoyándola avanzando pasando de largo a Ryota y Runin, pasando justo por al lado de esta ultima para dirigirse al tipejo del rifle con sus palabras habiendo calmado su sed de aniquilación gracias a la advertencia de Ryota. - Puedes lavarme las pelotas si quieres. - Le dedicó unas palabras al hombre del rifle con trastorno maniático de la limpieza sin quitarle el ojo a el, y sobretodo, a su mano derecha, esa con la que sostenía el rifle. Siguió avanzando unos cuantos metros hasta quedar próximo al capitán de los sepultura, Eros Focalor. Lejos de presentarse Barald desvió su mirada hacia abajo para poder verlo mejor ahora que estaba transformado en un topo. ¿También era un bendecido por el diablo como Ryota?- Hmmm ¿que hueles topo? - Barald al estar tan cerca de el podía ver como sus pequeños orificios nasales se abrían reiteradamente así como hacían los animales, parecía ser astuto. El también sabía que los animales de los alrededores los observaban. Nunca había visto un topo tan de cerca lo cual le llamo su atención.

El azabache invadió el terreno de los sepulturas ignorando las palabras de Kiyoshi porque a el nadie le decía que hacer o cuando hacerlo. - Yo los escucho, están por todas partes. -   Ahora desde su posición decidió observar al resto de la tripulación de los sepultura, estaba aquel tipo, Varo. El espadachín de Roshwann le hizo un gesto con la cabeza, saludándolo. Y por último desvió su mirada hasta Uker. Era el único que conocía de esos cuatro, sabía de su cartel de recompensa y de su habilidad con la espada, saludó a su rival de armas con un dedo en la frente como un saludo militar y esperó a que su tripulación avanzara para continuar el sendero hasta los juegos del soberano. Y en ese preciso momento, escuchar hablar al gordo le hizo recordar algo importante. Barajaba dos opciones, la primera era que el gordo se había comido a Tezca y la segunda era que Tezca se había perdido y este tipo era un random que se parecía a el. Eros convertido en su forma hibrida lo empezó a cargar a lo que sin darle muchas vueltas al asunto, contesto a Runin. - El que se fue esta vez fue Tezca dahahaha, miralo, nos dejó un remplazo ¿en serio llevamos andando todo este tiempo con este tipo sin darnos cuenta? - En aquel momento miro a toda su tripulación al completo, uno a uno. Tras aquello negó con la cabeza, como respondiéndose a si mismo. Y tras aquel primer encontronazo con la banda pirata de los sepultura, Barald continuaría con el resto hasta completar el camino en el cual no podía ver demasiado hasta llegar a Shandora.

[Imagen: DADADSADASDADA.jpg]

- Eeeeeee ¿estais viendo lo mismo que yo? -

Mira que había momentos en su vida que había grabado en su interior pero nunca jamás había visto nada como aquello. ¿Una ciudad de oro? Nunca había oido hablar de algo así en el mundo, tampoco de su viaje hasta este sitio, sin duda alguna, venir a la isla del cielo había sido todo un acierto. - ¿Shandora? Tiene que ser mia. - Ahora, tras las palabras de sus compañeros de ruta, conocía el nombre de aquella ciudad. En aquel instante por su derecha el caballo mas rápido, más valiente y más semental de todo el Grand Line paso de largo, galopando corriendo trás el capitán. - Eh tocho, vigila al bro, puede perder la cabeza en cualquier momento. -   Con su katana apoyada en el hombro, Barald había llegado hasta Shandora, de una pieza y sin ninguna perdida. Bueno, realmente si que había perdido algo, exactamente a Tezca pero ... ¿como vas a preocuparte por el gran y maravilloso Tezca Norova? ese tipo sabe cuidarse solo, estaba listo para volar del nido.

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
#95
El joven arquero se encuentra junto a su división en la primera y única isla que hay a la vista tras llegar a ese extraño mar de nubes al final del misterioso y peligroso camino ascendente por esa extraña columna de agua que surgió de las profundidades del mar y los elevó por los cielos como si la gravedad no existiera. Por fortuna ninguno de los presentes sufrió daños por el cruce, al contrario que en el viaje desde los Blues a las aguas que acaban de abandonar donde todos salieron despedidos y vieron sus capacidades reducidas a consecuencia del terrible golpe al aterrizar, además de no haber podido pelear en equipo como sería lo esperado para una división marine. El joven arquero observa a su alrededor y no ve piratas ni criminales por las proximidades, algo que le alegra aunque está casi seguro que no son los únicos que acudieron a esos juegos, pues donde hay juegos hay premios, y siempre que haya beneficios de por medio, un criminal no dudará en tratar de sacar provecho. Kibai parece alegre de regresar a tener bosques en lugar de un frío que te cala en los huesos o el calor abrasador de la arenosa Arabasta, pero para el joven cazador de ojos rojos como rubíes, no es algo a lo que de mucha importancia, durante su entrenamiento de cazador y su vida posterior a la tragedia aprendió a adaptarse al entorno de forma eficiente, tanto observando a los locales como estudiando de antemano todo lo que puede ser relevante de su destino.

El joven arquero había descargado parte de las provisiones a la playa para luego ver que harían con ellos, pues sin saber hacia dónde tienen que ir ni la distancia a la que está su destino, moverse con mucha carga por una isla y un bosque desconocidos no es buena idea, es como pedir a gritos que te puedan atacar sin más. Tras eso se reúne con Stroud frente a los nuevos marines que parecen haber llegado a ese lugar desde otros puntos del mundo, pero al tomar esa enorme columna de agua terminaron en las mismas aguas o nubes que ellos. El primero en presentarse de los nuevos, salvo los que ya saludó Bertram anteriormente, es un hombre con aspecto de cangrejo que, por sus palabras, seguramente haya consumido alguna fruta que le permite transformarse en tortuga. Su forma de actuar y presentarse le resulta algo cómica al joven arquero, quien ante los superiores suele mostrar un comportamiento más estricto y profesional, al menos en las primeras interacciones, sobre todo las que se dan en un entorno o momento más propenso a ser un ambiente profesional que casual. El joven sonríe viendo como eso es diferente a la formalidad y rectitud natural de Stroud. Tras eso aparece un sujeto que no para de aparecer y desaparecer entre destellos de luz, algo totalmente debido a una akuma no mi bastante peculiar, no sabría decir si solamente le hacía brillar antes de moverse a una velocidad superior a la que el joven arquero podía reaccionar o se convertía en luz o algo similar. Más importante aún, parecía compartir el mismo cargo de Stroud, siendo el segundo marine de mayor cargo que él frente al cual Bertram se llegó a parar.

El comandante Hasegawa presenta a los demás entre desapariciones y reapariciones, siendo que el joven arquero los va saludando uno a uno con un gesto de la cabeza, siendo tantas personas y un intervalo de tiempo tan bajo que saludar verbalmente uno a uno llega a ser agotador. Cuando presenta a Nyra como su esposa el joven pelirrojo no puede evitar soltar una pequeña sonrisa al recordar como él mismo estuvo en una situación similar al momento de llegar al Grand Line, donde MM los casó sin más delante de los demás presentes en el cubo. Tras esas presentaciones viene un hombre rubio, con bastante músculo que menciona a un tal Légolas hablando de lo de regresar, algo que deja claro que es seguramente un chiste dirigido a Bertram al ser el único que menciona eso. El joven arquero, que pese a pasar gran parte de su tiempo cazando también leyó, reconoce la referencia y no puede evitar reaccionar

-Trehehehe parece que es el chiste más habitual cuando me ven con un arco. Como consejo, meter los dedos en el enchufe no suele ser una buena forma de peinarse. No es malo planificar las cosas con tiempo sir, saber los detalles es bastante útil.-

Los ojos del marine del arco están acostumbrados en percibir detalles que otros pasan por alto, y en ese momento estudia a todos los nuevos marines que está conociendo, por costumbre más que por querer usar esa información en su contra. Tras las presentaciones informales del resto, vino la de un marine con un carácter totalmente parecido al de Stroud, recto, formal y totalmente guiado por las reglas y el protocolo. En cuanto a la respuesta dada por el soldado Kael Bertram lo mira con calma y dice

-Mi división vino con su propio barco sir, por lo que saber como regresaremos ayudará a nuestro navegante a prepararse, además sabremos si necesitaremos reunir algo de utilidad en la isla, sir.-

Al ver como el propio Kael parece ser la voz de la razón para su líder parece que será un evento bastante entretenido para el arquero, quien observa con atención todo lo que les rodea por viejas costumbres, estudiando el entorno y las personas. Es así que ve como Kael parece querer reunir el contacto de miembros de otras divisiones, aunque parece querer evitar a Bertram por algún motivo por lo que se acerca a todos y con una voz tranquila y un movimiento calmado saca un pequeño manojo de hojas bien cortadas y unidas por una liga de goma, con su nombre escrito a mano y su ddm. Bueno, lo hice después de ver a su comandante repartir tarjetas de aspecto más profesional, más acorde a su personalidad y su forma de ser. El joven marine del arco no se echa atrás por cargos, aunque empieza por los que ostentan un cargo cercano al suyo tiende una hoja a cada uno de los presentes diciendo a todos los mismo

-Si todos estamos en contacto podremos reunirnos en caso de que algo provoque que nos separemos, o si hay que dividir fuerzas resultará más sencillo reunirnos y organizarnos., sir.-

Tras las presentaciones el grupo de marines empieza a moverse por el camino, aunque Akira parece haber decidido tomar la antorcha por algún motivo, todos caminan calmadamente por un camino que parece adentrarse más y más en el bosque, recordándole a cuando se adentró en Little Garden junto a la 60 para buscar a los marines perdidos allí. Como es costumbre en la división 60, Kibai no duda en ofrecerse como los ojos de todos al poder ver claramente con sus ojos felinos, así como el silencioso moja. El leopardo además tiene una capacidad extraordinaria para poder controlar el entorno con sus insectos. Mientras camina puede escuchar a los otros marines llamar a un compañero que al parecer se quedó rezagado, pero confía en que encontrará el camino hasta ellos, pues realmente el camino es medianamente oscuro, algo costoso de ver pero se puede seguir, siendo lo más destacable la presencia continua de ojos observando, como bestias esperando el momento adecuado para lanzarse a por ellos. El joven arquero, acostumbrado a moverse por terrenos boscosos y sin preocuparse demasiado por ello, observa con atención el camino, memorizándolo por si acaso mientras sus ojos se mantienen avizores a todos los detalles que rodean el camino, desde esos ojos a la distribución de los árboles, el tipo de flora presente y mantiene siempre en mente la posibilidad de que las plantas sean altamente venenosas o tóxicas, por lo que sin conocerlas se limita a no tocar nada. Mientras caminan las conversaciones siguen, iniciadas tras las palabras de Stroud empezando a hablar sobre las zonas de las que vino cada uno y demás. Al parecer ellos también tuvieron sus problemas al abandonar los Blues, parece que nadie puede cruzar esa dichosa corriente sin encontrarse con alguna organización mal de la cabeza. Al parecer ellos venían de una isla boscosa, y no paran de pasar por bosques, mientras que los compañeros del arquero mencionan las últimas islas por las que pasaron, aunque Bertram se rasca tras la cabeza y, escuchando lo que mencionan todos, dice

-La verdad este camino me recuerda a cuando tuvimos que investigar el bosque en Little Garden, dichosos dinosaurios como nos dieron problemas sir. .Parece ser que nadie logra cruzar esas montañas sin tener que jugarse la vida, aunque bueno, no soy oriundo de South Blue, simplemente la vida se dio de forma que no pude permanecer en el East pese a no tener reales motivos para quedarme en mi isla natal.-

El lado perceptivo del marine no parece detectar nada fuera de lo común hasta que llegan a un enorme río al final del camino, tras unas  tres horas de viaje, siendo que tienen que superar ese obstáculo para llegar a la ciudad. Uno a uno los marines van cruzando al otro lado, la mayoría saltando, salvo Moja que se detiene frente al rio y crea un puente con su akuma para cruzar con calma y hacer un gesto a los marines que quedan que usen su puente para cruzar también. El marine pelirrojo observa el entorno, observa a los demás marines al otro lado y recuerda el que falta tomando su arco y usándolo para anotar algo frente a las flechas de Moja indicando al marine rezagado que puede usar esas flechas para cruzar, tras eso cruza con los ojos atentos al entorno, silbando una melodía agradable y manteniendo el equilibrio, pues ya no puede permitirse el lujo de hundirse en el agua desde que consumió esa fruta. Una vez al otro lado se acerca a Moja y apoya su mano en su hombro diciendo

-Si puedes espera un poco a ver si el compañero rezagado de los demás llega y puede aprovechar tus flechas, le dejé un mensaje indicando que las use, estaré atento por si llega alguien más para actuar en caso de ser necesario, sir.-

Una vez estuvieran todos y fuera seguro que nadie los seguía, el joven arquero se reuniría con los demás, siendo costumbre en el contramaesre mantenerse más alejado del grupo, siendo el vigía de la retaguardia y el combatiente a distancia del grupo, ofreciendo cobertura y daño desde lejos a sus compañeros, ayudando a abrir huecos en la defensa enemiga.

Carcaj de información
berchanpandared



imagen 2026 03 09 211132250
#96
Era bastante extraño estar allí. Pese a encontrarse a miles de metros en el cielo, eso era literalmente una isla de verdad. Zhang sintió la arena sobre sus pezuñas, y mientras terminaba de bajar las últimas cajas del Wu Wei se limitó a observar lo verde que era la selva. ¿De verdad una masa de tierra podía sobrevivir flotando en el aire?

Había escuchado historias claro, pero al ser relatos tan viejos pocos lograban confirmar que todo esto existiera. Silencio, como siempre, estaba mas que feliz de pisar tierra firme, y sin dudarlo ni un segundo salió disparado a disfrutar de los arboles perdiéndose de vista para hacer sus cosas de mono.

Tardaron un poco en bajarlo todo, pero por suerte algunos habitantes alados de por ahí les echaron una mano para acomodar las cajas. Al parecer el torneo ese empezaría pronto. Viendo la destrucción de barcos que quedó abajo en las nubes, Zhang por fin entendió por qué habían citado a tanta gente... solo un porcentaje muy pequeño lograría la azaña de subir vivos, y ahí estaban ellos.

Esperaron unos minutos en el camino. Mientras terminaban de organizarse empezaron a aparecer diferentes personas y tripulaciones a su alrededor. Zhang prefirió mantenerse un poco alejado de los demás personajes, esperando a que su capitana, Bai, terminara de arreglarse. Eran un grupo bastante pintoresco.

Aunque el ermitaño no estaba muy acostumbrado a tanta gente desconocida y prefería estar alerta, la cortesía es lo primero. Cuando estuvo frente a ellos hizo una pequeña venia a modo de saludo y levantó la mano. —Hmmm... Zhang Guolao, mucho gusto. —les dijo presentándose.

De pronto, la mujer calva pegó un grito que hizo que la sangre del burro hirviera al instante. Por lo general era un Mink muy tranquilo, pero no iba a permitir que se burlaran de Silencio así como así. —Le vuelves a decir mierda al mono y te enseño a respetar a tus mayores... Hmmm —le soltó a la mujer sin inmutarse. Luego hizo un pequeño chasquido, logrando que su amiguito bajara de las ramas y se pusiera en su hombro. —Su nombre es Silencio, y un pirata puede robar lo que quiera. —le respondió, acariciándole la cabeza al macaco para que se calmara. Todo esto sin percatarse de que la mujer lo decía por Mahou, que era mitad mono.

Sin embargo, se tranquilizó rápido al ver que Bai la saludaba, parece que se conocían de antes. Zhang soltó un soplido al aire dejando escapar el enojo y, sin prestarle mucha más atención a los que lo rodeaban, empezó a caminar por el sendero. —¡Muy bien Mahou, vamos por ese entonces! —le respondió a su compañera, mientras buscaba un durazno entre sus ropas para lanzárselo.

Comenzaron a avanzar por la selva. Para Zhang que era un curioso por naturaleza, fue toda una experiencia ver las plantas raras del lugar. Mientras caminaban le dio un par de caladas a la pipa que había heredado de Lan, soltando el humo despacio para tranquilizarse. ¿A dónde demonios llevaría este camino?

Zhang vio como los demás se iban adelantando, parecía que se conocían todos y la emoción se palpaba en el aire. El viejo burro se alegró de ver tanta vitalidad en la juventud y por un momento se contagió de eso, así que apretó el paso para no perder de vista a sus compañeras ni a Silencio, que andaba persiguiendo a Mahou por ahí.

Pasaron varios minutos así, y pese a tener el sol pegando fuerte Zhang ni se enteró del tiempo invertido. El calor no le molestaba para nada, de hecho ni lo sentía, y con su cuerpo acostumbrado a los entrenamientos duros tampoco se cansaba fácil. Finalmente después de unas tres horas de caminata llegaron a la salida del bosque.

El brillo de esa ciudadela era una locura. Zhang abrió la boca sin poder creer que en serio habían terminado en un lugar así... Los cuentos siempre hablaban de una ciudad de oro, y ahora la tenían ahí enfrente. —Hmmm... —murmuró, para luego darle un golpe al suelo con su pezuña emocionado, soltando un pequeño relincho de asombro.

La sonrisa de Bai era contagiosa, y esa felicidad pronto se le pegó al burro, que intentó agudizar la vista sin mucho éxito la verdad. Pero lo que sí logró ver fue a la guerrera calva, que de pronto no parecía nada feliz.

Zhang se acercó a ella. Después de las horas de caminata ya había reflexionado y entendió que a veces su instinto animal le jugaba malas pasadas. —Buen día señorita, le pido disculpas por mi comportamiento de antes. —le dijo con tono suave—[b]. Me llamo Zhang Guolao y soy médico. En Zou tenemos una medicina muy buena para la alopecia, si quiere luego le enseño a prepararla.[/b]

El burro sonrió de forma inocente, sin medir mucho lo que sus palabras podrían causarle al orgullo de la mujer. Le dio una palmadita en el hombro en plan abuelo y se fue acercando a sus nakamas.

Estando ya en la entrada observó de nuevo a todos los presentes; se veían fuertes. El torneo ese estaba a punto de empezar, y aquel lugar donde se llevaría a cabo el torneo, apareceria frente a sus ojos, aquel matadero se veía peligroso. Zhang tensó el cuerpo y su pelaje se erizó un poco al pensarlo, el Guerrero del Mar no iba a poner las cosas fáciles.

Pero bueno, ya estaban ahí. Salió corriendo un poco torpe detrás de Bai, pues él también quería ver los secretos de la ciudad y obvio tenían que mantenerse unidos. [b]—¡Vamos Mahou, de pronto por acá hay buenos duraznos! —[/b]sonrió Zhang, ya más emocionado por lo que estaba a punto de pasar.

La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
#97
Esquizo Esquizo / María Merlot



Costa de Skypiea, momento de paz.

¿Y ahora qué?
Seguir el camino.
Adentrarse en la densa vegetación.
¿Tocaría el sol?

La mirada ámbar de María Merlot se enfocó en la blanca arena a sus pies. El color impoluto la hizo sentir celestial. Jamás imaginó, ni en sus ensoñaciones más esquizofrénicas, llegar a un sitio que le inspirará esa sensación de... misticismo. Se puso en cuclillas, su largo cabello rosada se derramó a su alrededor, la delicada tela de la falda se extendió como una alfombra. Primero admiró, luego paso los dedos enguantados sobre la superficie arenosa. Muy real, no estaba dentro de su cabeza, no era una ilusión producto del peculiar ascenso que tuvieron al cielo.

Alzo la vista al horizonte, más allá de la playa, dónde aún flotaban restos de navíos menos afortunados. Una pregunta burbujeó en su cabeza: Si fuera capaz de recordar las historias ¿Pondría en riesgo su vida para tocar el cielo? La sonrisa de MonaLisa en sus labios dió la respuesta a ese cuestionamiento "Si, pondría su vida en riesgo una y otra vez por vivir aventuras", y más aún si era al lado de sus amados nakamas. A veces no se sentía digna de acompañar a Maki D. Zennin y a Hyákinthos, ellos eran personas funcionales con el poder de defenderse, sin embargo, la mayor parte del tiempo le importaban kilógramos de atúnes eso, porque si debía ser un peón para sus objetivos... lo sería con una sonrisa satisfactoria. Respirar el mismo aire que ellos era suficiente para ser feliz, especialmente el del hombre pelirrosado.

La mestiza se levantó, más allá del Flush Royal otros barcos estaban descargando los "materiales" para lo que "no lograba recordar" que pasaría ahí, tampoco le resultaba relevante. Con un suave gesto de su diestra echo hacía atrás los mechones de cabello que se movieron delante de su hombro derecho. Si debían llevar esas cajas que pidió Mara, necesitarían ayuda. Pensó en usar su apariencia para lograr que unos marineros caballerosos hicieran el trabajo pesado.

— ... ¿Vamos a cargar estás cosas? No pienso usar a Cara Melo, está descansando en el barco luego de esa agitada navegación. Tiene náuseas pero estará bien porque es macho y no se trata de un embarazo. Ya le di su medicina:una dosis extra de dulzura — comentó volteando hacia ambos Valar, y dándole la espalda a los otros barcos. ¿Por qué nadie se preocupaba por ir a buscar sobrevivientes? Por un momento quiso proponerlo pero se abstuvo porque no era tonta ni su Unnie ni Algodón de Azúcar estarían en la labor de ayudar a otros, menos cuando las puertas de la gloria estaba ante ellos en forma de vegetación tupida y un misterioso caminito.

— ... ¿consigo un par de manos extras? Solo tendr... — la frase de la mujer fue interrumpida por una voz en decibelios mayores, y más allá del tono, se trataba de la magnitud de todo un pasado que retumbó con tanta fuerza que los grillos y cebras en su cabeza se apagaron dando paso a un estado de conmoción y perturbación nacido del terror más irracional que alguien pudiera experimentar luego de años y años de maltratos verbales, psicológicos y fisicos.

¡¡¡¡ KAAAAAAAAAASSSSAAAAAAANAAAAAAAAA !!!!

Un nombre.
Un pasado.
Dolor.
Miseria.
Repulsión.
Miedo.

Los pensamientos dejaron de fluir. La temperatura corporal descendió, en especial en sus manos donde los dedos se tensaron buscando una manera de liberación inhibida. La respiración tranquila y normal dió paso a una agitación que poco a poco se fue volviendo pausada, una que la hacía sentir al borde de la asfixia motivado a intentar no hacer ruido, de no ser visible. El color abandonó su rostro, la sonrisa de antes se esfumó. La piel de porcelana se erizó, y un perlado sudor recorrió su frente hasta perderse en su barbilla y terminar en la arena como un soldado caído de un pasado que la perseguiría por siempre.

Los ojos perdieron brillo.
Su boca se secó.
Deseaba correr...
El cuerpo no respondía...

Era suya... Nunca lograría escapar... La encontró... A él le gustaba el juego del gato y el ratón...

No, no quería volver a esa vida. Le gustaba mucho su "ahora" y le fascinaba aún más el vislumbrante "después" junto a los Valar. Si regresaba a las manos de su antiguo Capitán se rompería, no tendría donde ocultarse porque su mente ya no sería un refugio. Ese lugar de paz y ensoñación se abrió a la luz de la libertad, comió de las mieles de una vida distinta, no como la soñó con su padre cangrejo, pero si perfectamente alineada con sus nakamas.

No podía permitirlo.
No quería ser de nuevo un juguete.
Los ojos se llenaron de lágrimas no derramadas.
Su boca no respondió, quería abrirla, pedir ayuda.
El corazón le tembló, tuvo miedo.
El dolor llegaría...

En la niebla de la desesperación un toque le transmitió seguridad... un tirón que la hizo por fin reaccionar, aunque aún estaba envuelta en la desesperación de saberse en presencia de su "hombre del saco", tanto que ni cuenta se dió que la voz era de una mujer con un matiz amable y pacífico.

Quien eres tú!!...

Protectora.
Familiar.
Poderosa.
Valiente.

La declaración de su hermana la hizo despertar. Ya no estaba sola, ya no era una muñeca a merced de los deseos de un sádico tritón. María vio la espalda de la Valkiria Besada por El Sol, la postura de batalla, su esencia de Diosa Guerrera. En ese momento con el astro rey más cercano que nunca y reflejándose en la pulida cabeza de su mejor amiga lo supo... primero en su cuerpo que se destenso como si ella hubiera desbloqueado la puerta del infierno y le permitió salir a la superficie. Luego lo supo su corazón: NO ESTABA SOLA. Y aunque lo sabía, que sus nakamas siempre la protegerían, ahora mismo su errático órgano visceral revoloteaba con pasión desmedida por el quilombo de emociones.

La mestiza bajó la cabeza, el cabello cubrió su cara, mientras un par de lágrimas dejaban sus ojos. Las limpió rápidamente mientras nadie veía. Siempre se sintió tan sola, tan desprotegida, tan vulnerable y desechable pero esa declaración de los Valar... solo reafirmaba que estaba en el camino correcto.

Por favor… ¡Aléjense de ella!

¿Por favor?
¿Desde cuándo esos bastardos eran educados?
No, no pedían nada.
Las tomaban y mataban a quien se interpusiera.

Tragando saliva, y con las emociones desbordadas, se asomó de detrás de la Capitana. A poca distancia observó a la culpable de su lapsus de terror. Por un segundo buscó en los archivos de su mente el lugar exacto dónde y cuando la conoció.

Una selva.
Lluvia.
Musica.
Violín.

— ¿Viví? — musitó más para si misma que para ser escuchada. La hermosa violinista de ojos color océanos, la que tenía familia y pocos amigos, la que tocaba sonatas que florecían de su corazón. No imaginó encontrársela alguna vez... ¿Habría conseguido a su héroe? Esperaba que si, porque los días siguientes "Kassandra" sufrió en carne viva la crueldad del villano...

Si su hermana atacaba a la dama musical... la mataría. La bola de boliche era demasiado poderosa y sobre protectora con ella. Sin pensarlo mucho llego a la conclusión que debía demostrar abiertamente que la dama era su amiga. Claro, inhaló un par de veces, intentando recuperar la compostura... aún tenía las secuelas del miedo abrazando su piel.

— ¡VIVI — alzó la voz, salió un poco temblorosa pero no importó porque el matiz alegre y genuino estaba ahí. Se movió de detrás de Maki — ¡Eres tu! No lo puedo creer. Dime por favor que el príncipe es guapo, que no ronca ni tiene halitosis — empezó a divagar para regresar a su estado normal. Dió un paso y luego otro más hasta romper la distancia con la peli naranja pasando los brazos alrededor de su cuello y abrazándola con fuerza: cuerpo contra cuerpo, tela contra tela, senos contra senos todo muy hetero.

Luego se separó dejando cada mano en los hombros de la violinista para mirarla a sus preciosos ojos azules y dedicarle su sonrisa más encantadora, esa que deslumbraba y derretía corazones — ... me alegro muchísimo de volver a verte. Ahora mismo no puedo llevarte a nadar pero cuando pueda, te prometo que serás la primera en mojarse por mi — comentó con dulzura recordando que cuando compartieron aquella noche en su habitación le había dicho que la llevaría de paseo submarino y María Merlot nunca olvidaba una promesa — ... ¡eres muy valiente! ¿Hubieras golpeado a mi Unnie si me tuviera de rehén? — preguntó sonriendo con travesura al tiempo que dejaba de tocar a la fémina y llevaba la diestra a sus labios para reír silenciosamente. Después se giro hacia la Valkiria y el médico — ... no, no me confunde, Unnie. Es complicado de explicar... luego lo haré, si, pero... — buscaba las palabras, no tenia ninguna. Lo que si parecía es que Vivi conocía también al hombre de cabellera rosada —... es mi amiga Vivi, la conocí hace mucho tiempo es Violinista y no tiene muchos amigos ¿vas a ser su amiga, Unnie? ¿y tú Algodón de Azúcar? — cuestiono con sus ojos suplicantes mirando de uno a otro. Luego gestionó las presentaciones — Mi hermana, y única Capiguana: Maki D. Zennin poderosa, quemada y con una pollota — miró de reojo a Miyori mientras señalaba a la calva Orome — ... mi luna, mi sol y mis estrellas, Algodón de Azúcar para mí... tu puedes llamarlo Hyákinthos. Es la persona más maravillosa del planeta azul, y claro que es un "marino", lo hubieras visto como plegaba, o era desplegaba, da igual, las velas en ese remolino infartante. Es el mejor — finalizó con un suspiro de admiración tan tangible como esa arena blanquecina. Claro, está de más acotar qué María estaba confundiendo los términos "Marino" y "Marine". Antes de poder hacer o cotillar sobre la razón de que Viví estuviera ahí... una presencia imponente y una risa particular la hicieron enfocarse en el hombre que la dejaba sin palabras, tanto que solo lograba formar una frase escueta pero significativa.

EL MACHO.

Los ojos ámbar brillaron, y la adrenalina de sus aventuritas juntos la embargó. Para no perder las buenas costumbres se abanico coquetamente con la diestra y parpadeó como la damisela que no era — ¡El MACHO! Ahora sí es oficial, estamos en el cielo y los ángeles fornidos han venido a recibirnos con sus bien formados cuerpotes — brincó guiñándole un ojo mientras se lo comía con la mirada, no por guapo, sino por el sexapel masculino dominante que el pirata desprendida — ... conoce a mi amiga Vivi, Viví él es Bartolomiau conocido en "Tequila Maní" como EL MACHO — los presentó señalando de uno a otro. María era una persona extrovertida y sociable por naturaleza, así que le correspondía ser la leche de ese peculiar cereal con formitas de iguanas, violines, jeringas y biceps.

Cuando EL MACHO le propuso llevarla acuesta todo lo demás quedó en segundo plano. Ir encima de ese pequeño gigante le daría una vista espectacular, no ensuciaría sus botas y evitaría cargar la "mercancía". La sonrisa se extendió hasta sus ojos y sin que lo dijera dos veces saltó a los brazos de su transporte humano.... ignorando por completo al resto en esa playa y en ese sendero.



En el camino de la forni... four de 4.

MUSIQUITA DAMISELA INDEFENSA

A caballito sobre el mastodonte moreno, la mestiza iba disfrutando del paisaje uno muy verde, que se volvía más denso con cada paso. observó un río cristalino, donde se podían visualizar peces coloridos. Si tan solo pudiera nadar iría por ese camino mojado de felicidad. Por suerte estaba muy entretenida siendo cargada por EL MACHO como para saltar por chorrocienta vez al agua.

"... y no le dió tiempo de llegar hasta mi. Mi Unnie lo agarró y lo estampó contra la otra pared..."

"... 88 veces debo pasar el cepillo por mi cabello, 108 por el de Cara Melo, es un ritual. ¿Por cuántas veces lo pasan ustedes?"

"... es fácil me dijo, solo debes recordar lo que te dije, me dijo, Thrym-sama me engaño. No pienso volver a navegar. Renuncie entre la Aaaa y el aaaaaah de ese remolino que nos lanzó a las nubes... necesito poner un aviso en el periodo ¿Sabes navegar, Bartolomiau? Porque cuando pisamos esa playa quedo la vacante abierta..."

"... Viví toca algo para nosotros... emocionante y selvático..."

"... termino cayendo por un hueco en ese templo y no sabemos si ese enano sobrevivió..."

"... los tomates no sangran ketchup..."

La melodiosa voz de la semi sirena acompañaba al grupo sin descansar contando de todo y nada a la vez mientras sus manos trenzaban el lacio y castaño cabello del masculino. En un momento de introspección por su obra de arte cabelludo escuchó a su hermana hablarle a otro grupo sobre que los perseguía un mono. La atención de María fue fugaz, sin reaccionar a las palabras del "burro en dos patas" hacía su hermana porque su amado objeto de fanatismo se rio celestialmente. Sin darle mayor importancia, continuo en lo suyo dejándose caer de espaldas, quedando boca abajo y mirando hacia Vivi al tiempo que sacaba el tanto de su muslo y se lo extendida con una sonrisa con el mango hacia ella para que fuera más fácil de sujetar — ... le falta color, le falta personalidad... ¿le concederías tu favor a EL MACHO con un mechón de tu precioso cabello, Vivi? — le pidió con una sonrisa juguetona esperando su reacción, cualquiera podía ver qué la mestiza estába a trenzado a su amigo pirata. Si hubiera ido a pie, seguro tocaba todo lo llamativo, sin importar las advertencias de sus nakamas... buenos, si les haría caso pero la tentación hubiese sido muy grande.

Cuando la chica se lo dió junto con su tanto, María tomo impulso y volvió a la posición inicial, usando el mechón naranja en una trenza y sin dudar, también corto una porción de su rosado cabello para usarlo en otra trenza. Lamentaba que su hermana estuviera por una fase de calvicie porque su color verde oscuro hubiera quedado fabuloso en una de las clinejas. En relación a Hyákinthos, jamás... ¡Nunca de los nuncas! Le tocaría ni mutilaría sus divinas hebras pasteles — ... quedaste muy guapo, Bartolomiau — le comentó al hombre tomándolo por las mejillas y obligándolo a echar la cabeza hacia atrás para que sus ojos se encontraron. Ámbar sobre marron — ... ahora tienes el favor de dos mujeres hermosas y divinas. Ve, vé y vence como nuestro campeón — los ojos brillaron de emoción y finalizó dándole un suave beso en su frente como una ofrenda previa al guerrero amigo.

En Zou tenemos una medicina muy buena para la alopecia.

La atención de María, su vena cotilla se giró a la voz. Fue quien interactuó antes con su hermana — ¿Aliciado? — repitió con interés inclinando unos grados su cabeza, haciendo que el cabello largo y rosado cayera en cascada enmarcando su precioso rostro — ... pero Señor Peludito El Gris, que cosas más sinsentido dice... ¿Cómo se alisara el cabello sino tiene, pues, cabello? ¿Acaso no la ve? Es un aeropuerto de mosquitos, una bola de boliche, una cara muy larga... cuidado con el sol reflejandose en esa superficie, puede quedar mas ciego usted y no, no nos hacemos responsables de pagar gastos médicos — bromeo con encanto, solo para chinchar a su hermana aunque si alguien abusaba de los malos chistes, que se atuviera a las consecuencias, y no habla a las dictaminadas por Maki, sino a las ejecutadas por sus puños rompiendo sus cabezas.




Final del camino, hay una civilización.
Dorado y ovalado. ¿Dónde estamos?

Así fue como las tres horas pasaron en un parpadeo, fue su hermana quien se adelantó hacia la salida. La vegetación quedaba atrás y una ciudad se abría ante ellos. Inconscientemente María tomo su caracol visual e hizo una foto, luego paso una pierna por encima de la cabeza de Bartolo para quedar sentada en su hombro derecho, cruzando una sobre la otra, en una pose muy sofisticada y que realzaba su presencia divina.

No sabía que decir. No dijo nada. Estaba en shock ante tanta perfección angelical. Solo atino a sonreír  expectante... el futuro se coloreaba glorioso, y aunque su campeón con ofrenda fuera EL MACHO... su capitana y su médico arrasarían si decidían participar. Es más, debería buscar dónde apostar todos sus berrys en favor a ellos, así los vería multiplicados en un santiamén.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#98
Más allá del mar hay paisajes que tienen el poder de dejar al más diestro poeta sin palabra alguna y esta isla, si así se le podía llamar, era uno de esos sitios tan irreales que faltaban palabras para describir su belleza.
 
¿Qué secretos resguardaba aquel sitio?
 
¿Qué se escondía detrás de la espesa vegetación que los recibía?
 
El médico de los Valar estaba por completo seguro de que la travesía por aquel sitio, sin importar como fuera, sería algo que preferiría no olvidar. Anotaría cada detalle de su viaje en su bitácora y lo memorizaría como si se tratara de un atlas de anatomía. No podía esperar más para adentrarse en el bosque y descubrir que tipo de plantas, hongos y animales se encontraría… ¿Podría estudiar alguno? Esperaba que sí, pues, con la sola presentación de la isla sobre las nubes, ya podía vislumbrar que el sitio sería un laboratorio natural tan vasto como Little Garden y la emoción por aprender sobre la zona era algo que su mirada dorada, que parecía brillar más con cada paso que daba hacia el sendero, no podía ocultar.
 
—¿Cargar? ¿Cosas? ¿Nosotros? Pfff…La voz dijo que descargáramos los suministros del barco, no que lo lleváramos a algún lugar —. Le respondió a Merlot cuando la escuchó preguntar por la mercancía que ahora estaba sobre la arena y de hecho, estaba a punto de continuar su diálogo con una lista de razones por las cuales no pensaba llevar nada que no fuera suyo, sobre sus hombros, pero entonces una voz alta y ruidosa lo hizo tensarse y ponerse en alerta al notar la reacción que esa voz o ese nombre, no podía estar seguro, generó en Merlot.
 
Apretó sus puños con fuerza sobre los tirantes negros que colgaban de la mochila, del mismo color, que llevaba consigo y se giró con cautela para observar a la persona que se acercaba, atento a cualquier movimiento que pudiera ponerlo en peligro en esas tierras desconocidas, incluso, cuando se giró, ajustó sus guantes de cuero sobre sus manos, por si tenía que usar sus puños, pero…en todo caso, al ver a la mujer que se acercaba sintió cierta familiaridad que lo hizo ladear la cabeza: Había visto antes esos ojos de huevo frito.
 
La estudió por unos segundos, analizando su rostro para encontrarlo en algún archivo oculto en su memoria, pero no daba con el nombre de nadie, eso sí, no podía dejar de pensar que en algún momento escuchó que alguien le pidió un “favor” con el mismo tono que usaba ahora la chica, pero el solo pensar en eso lo hizo confundirse más y tal vez la de pelo naranja lo había notado, pues le habló directamente a… ¿Marine rosa dijo?
 
—¿MARINE? ¿QUÉ? —Dio un paso atrás, lo que lo hizo chocar con uno de los enormes árboles que había en el camino, para luego pasar su vista de un lado a otro por la costa y en lo que alcanzaba a ver del interior del sendero. —¿Dónde viste a un marine? ¿Quién eres y por qué me conoces? Y, más importante: ¿Quién mierda es Kassimira? —La metralla de preguntas llegó desde ese sitio incómodo al que se había acercado para evitar al supuesto “marine” que mencionó la pelinaranja, pero antes de que ella pudiera responderle nada, una figura imponente bloqueó el sol, todo mientras que María parecía haber reaccionado de regreso, lo que lo llevó a escuchar la voz de fondo de la semi sirena mientras que él solo intentaba disociarse, aunque esa disociación no le duró demasiado.
 
Su mandíbula se desencajó por un segundo cuando miró hacia arriba para encontrarse con el portento de hombre frente a él… ¿Y se conocían? ¿De verdad se conocían? Porque en sus libros, esa pregunta que hizo el hombre fue dirigida a ellos y: ¡Pues que suerte!, pero ¿Por qué parecía estar rodeado de personas que podían recordarlo a él y él no a ellos? Era tan confuso.
 
—Debo estar enloqueciendo —. De un bolsillo de su nueva túnica, el médico sacó un frasco con más esencia de menta, dio una buena inhalación y cerró sus ojos para intentar comprender lo que sucedía con los dos nuevos miembros que se acercaban al grupo… ¿Podía confiar en ellos? No debería, así que por si acaso, el médico prefirió mantenerse al margen de cualquier conversación…bueno, eso hasta que Maki le preguntó algo directamente, ahí fue donde toda su posible concentración se rompió.
 
—¿Cómo voy a saber que sucede? Si tu no sabes, yo mucho menos… ¿Y por qué sería amigo de una desconocida, Merlot? No deberías confiar en las personas de buenas a primeras por más que parezcan acercarse con buenas intenciones —. Ya alejado del árbol y más cerca de la pelinaranja, la estudió desde arriba. No le pareció que fuera una persona que tuviera malas intenciones, pero…siendo claros, él también se veía muy inocente a la vista de muchos, así que se mantendría firme en su idea de mantenerse al margen, aunque…siempre podía intentar obtener algo de información. —Y tú, chica naranja… ¿Cuáles son tus intenciones aquí?
 
Su interrogatorio habría seguido, pero la voz de Merlot, vislumbrada por “El Macho”, fue suficiente para de nuevo sacarlo de sus cavilaciones… ¿Qué ni Merlot ni Maki medían el sentido del peligro? Aunque…Ellas mencionaron algo de un rapto y una ayuda que, de nuevo, el médico no podía recordar: ¿En qué momento alguien se atrevió a secuestrar a Merlot? Suspiró y negó con la cabeza, parecía que tendría que ser el único atento en ese grupo de inadaptados.
 
—Estoy rodeado de idiotas —. Murmuró antes de escuchar al enorme hombre comentar algo sobre algún torneo…un tópico que captó su atención y lo hizo levantar la cabeza para intentar mirarlo a la cara.
 
—¿Torneo? No, es como dice Maki, no tenemos idea sobre algo así, solo vinimos para continuar con nuestro viaje, pero en todo caso ¿Qué tipo de torneo es? ¿Lo sabes? —Ahora sí que se interesó en el tema ¿Por qué? Porque en los torneos se puede ganar dinero, se pueden hacer apuestas y si son torneos tipo justas, quizá se puedan dar por desaparecidas algunas personas, algo que a él le vendría más que bien. —Y sí, supongo que debemos seguir este camino y… ¿Qué haces? —El médico parpadeó un par de veces cuando vio que el hombre se acomodaba a Merlot sobre sus hombros, así que en verdad se conocían…bueno, eso era un alivio.
 
A medida que se adentraron en el camino, el médico notó, no solo el río que corría a su lado, regalándole la visión de algunos coloridos peces y un agua cristalina, si no también varias especies de plantas que pudo reconocer a primera vista, así como algunos hongos de los que era mejor mantenerse alejados; sin embargo, justo cuando iba a abrir la boca para dar la advertencia, un ¿Hombre? ¿Burro? Mink…sí, eso…un mink burro se acercó a su grupo. Lo escuchó presentarse y dar una reverencia a la que el pelirrosa respondió de igual manera.
 
Demasiada gente. No podía sentirse seguro en un grupo con tanta gente.
 
No es como que tuviera algún tipo de fobia social, pero considerando el entorno desconocido, no sabía que esperar.
 
Por simple manía volvió a acomodarse sus guantes y, en ese leve momento, antes de que pudiera hacer algo más, escuchó el grito casi ensordecedor de Maki y… ¿Ah? ¿Mono? ¿De verdad había dicho mono?
 
El médico miró hacia atrás del burro, ladeó su cabeza y vio a una humink mono que era acompañada de una enorme mujer con alas blancas.
 
Un burro, un mono y un ángel.
 
El pelirrosa esbozó una sonrisa nerviosa y volvió a sacar su frasco con esencia de menta, esta vez no solo para oler el contenido, si no para comprobar que este no había sido cambiado por ninguna droga, porque debía estar alucinando y eso que ni siquiera había tocado los hongos que bordeaban el sendero.
 
—Esta isla me hará enloquecer...definitivamente —. Seguía con la guardia alta solo por si acaso, pero lo cierto es que ahora que seguía adentrándose en el sendero, ya ni siquiera la sofocante humedad del ambiente ni los animales o plantas raras que pudiera observar, lo sorprendían luego de ese peculiar grupo con el que se toparon antes.
 
Eso sí, esto no quería decir que no estuviera atento a su entorno, pues no quería terminar envenenado por ningún motivo, aunque…si que se estaba planteando dibujar, cuando llegara a un sitio tranquilo, aquellos hongos venenosos que le parecieran interesantes, solo para recolectarlos más adelante, por meros motivos académicos…claro…
 
—Mmmm…Maki tiene razón —. Salió de su ensoñación un instante para hablarle a la pelinaranja, al hombre enorme y a las dos Valar. —En este sendero he visto muchos hongos que, aunque tienen colores muy lindos, son bastante venenosos, con tocarlos podrían sufrir sus efectos, así que manténganse en el sendero y blablablá…ya saben, no quisiera usar un antídoto por algo que puede evitarse —. Aunque lo cierto es que priorizaría el uso de cualquier botiquín para el mismo o para las Valar…él no era un buen samaritano y solo curaría a otro si había intereses de por medio.
 
Luego de aquella advertencia, el médico siguió su camino, eso sí, manteniéndose a la retaguardia, pues había una figura más atrás que no se había mostrado del todo, la de un misterioso hombre de cabellos negros que el médico pudo ver de lejos, pero con quien no tuvo el gusto de compartir como con el resto de los que había entrado al sendero. En un momento, el pelirrosa se detuvo solo para mirar atrás y observarlo, pero fue cosa de un segundo antes de volver a ponerse en marcha o…eso creyó que haría, pues solo bastó ese descuido para que el mink burro se acercara a Maki para… ¿Disculparse? ¿Por qué se disculpaba? Claro…El pelirrosa no podía recordar el incidente anterior con Silencio, pues estuvo muy absorto procesando al curioso grupo; sin embargo, ahora que escuchaba alto y claro al viejo mink, el médico no pudo hacer más que soltar una carcajada antes de darle a Maki unos golpecitos amistosos en su hombro.
 
—¡Alopecia! Pfffff ¡JAJAJA! ¡Maki, tu…! —Ni siquiera podía terminar una frase antes de volver a reírse de nuevo de la “desgracia” de su compañera, algo que fue acompañado de algunos comentarios de Merlot que solo hicieron que el médico tuviera que sostenerse la panza por la risa que el inocente comentario del mink había provocado.
 
Aquello fue lo último que el delicado hombre pudo recordar antes de salir por completo del sendero…el resto de la información se hundió en lagunas mentales de las que nunca saldrían.
 
¿Cuánto tiempo caminaron después de su ataque de risa? No tenía idea, pero ahora…ahora podía agradecer haber recorrido todo el sendero sin rechistar, pues al llegar a lo que parecía ser el final de este, lo que sus ojos vieron fue simplemente, majestuoso. Ya no había risas ni carcajadas, solo un rostro que, como el de un niño, se maravillaba con lo que había frente a sus ojos.
 
—Eso es… —¿Oro? ¿Era una ciudad de oro? No fue capaz de terminar la pregunta, pues dio unos cuantos pasos para observar aquel edificio del que Flint comentaba en ese momento. Un palacio, estaba seguro de que ese edificio era un palacio… ¿De verdad verían al gobernante de aquella isla flotante? El médico sacudió su cabeza de lado a lado… ¡Eso no importaba ahora!
 
Necesitaba procesar cómo es que podía existir una civilización como tal. No tenía sentido, no había explicación que ahí, en medio de las nubes, la prosperidad hubiera sonreído de tal manera que cualquier ambicioso mataría por siquiera observar los deslumbrantes hogares de los habitantes del cielo…sí, porque ahora sí que se creía por completo que estaban en el cielo, pues no había manera de que en tierra firme pudiera replicarse el esplendor de aquella ciudad cuyo nombre era desconocido, al menos para el médico.
 
—Debemos…debemos ir hacia ese lugar ¡Vamos! ¿Qué esperan? —Con ánimos renovados el médico le habló a su grupo improvisado justo antes de escuchar un estruendo que venía un sitio entre lejano y cercano…lo suficientemente lejos para que les tomara su tiempo llegar y tan cerca como para ver, desde su lugar, a un grupo de gente cayendo por un risco.
 
El médico quedó en blanco.
 
—Jmmm…Supongo que si estamos en el cielo todos deben tener alas y tirarse desde un barranco debe ser algo normal… porque o es eso o allá hay un ritual de suicidio colectivo —. Señaló hacia el punto desde donde se notaba a un grupo de gente cayendo solo para que sus compañeros pudieran notar lo mismo que él.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
#99
El paisaje sufria algunos cambios, una isla tan curiosa como esta, aun mostraba más enigmas, conforme avanzaba algunas preguntas revoloteaban en su mente, preguntas que solo él podria responder y que solo él podria saber. Pero sin duda alguna cada una de ellas le permitian generar más y mejor conocimiento de lo que podria estar sucediendo. Pues quedo mucho más claro cuando pudo hacer memoria sobre sus conocimientos y el nombre de Zaratsuki obtuvo una relevancia muy importante. Era el gobernante del cielo, un Shichibukai, poderoso claramente y junto con otras historias alrrededor de él. No podia comprobarlas, pero sabia que tenia que estar un tanto más tranquilo, pues donde un ex- pirata gobierna a veces el orden no lo es todo. Pero ahora es que rectificaria sobre los usos y costumbres de esta alejada y enigmatica Skypea. Así con eso en mente y sin mayor preocupación, seguia manteniendo su cuartada conforme avanzaba por el camino que habia elegido, a paso tranquilo, pues podia verse que el recorrido no iba a ser para nada corto hasta llegar a lo que podria ser una ciudad o un poblado o incluso un palacio, pero eso quedaria resuelto en cuanto pudiera llegar al final de esta ruta, que si tenia un inicio, debia tener un final.

Conforme andaba en el camino, más seres se hacian aparecer, algunos un tanto alebrestados, otros mas centrados y unos tanto más preocupados o enfocados. Dharma los veia a cada uno de ellos, los miro pasar delante de el de una manera normal, no tenia ninguna intención de socializar, ni de entretenerse en la banalidades de los seres más simples del mundo. Pues no entendía por que usaban su tiempo para habladurías, mientras algo mas interesante e importante esta por suceder. Dharma conservaba  el enfoque necesario o al menos lo que el creía para tener su concentración al maximo, pues esta en un lugar nuevo. Aunque entendía que lo que se aproximaba no era una guerra, ni una batalla a muerte, al menos no por ahora. El oriundo de Wano seguía su marcha tranquila y concisa, dejándose rebasar por todos ellos o quizá algunos hasta iban mas adelantados. Eso le daba totalmente igual.

Con un rostro que denotaba solemnidad, orgullo y quietud, una combinación que demostraba la singularidad del espadachín. Las horas se hacían minutos, pues aquel recorrido de varios kilómetros, parecía llegar a su fin. Algunos le habían mirado, lo había notado, un grandulón y una mujer calva, también otro tipo de cabellos rosados. Al menos son los que podía sentir de primeras, sin intentar tampoco cruzar la mirada con ellos, pues no le merecían mayor importancia. Sus orbes esmeralda se mantenían atentos al camino, el cual era bastante bello y adornado por el mismo del universo, una peculiaridad un tanto insignificante, pero que de alguna forma tenia un valor que representaba algo especial. Pues se podía sentir la calma y la paz de la propia naturaleza

De repente mostrando el final del camino, al menos de momento, se alzaba frente a el y todos los demás de manera imponente un monumento a la arquitectura, una construcción que irradiaba divinidad, por decirlo de alguna forma. Pero poco a poco, la curiosidad de Dharma se sacio muy rápido, pues recordó aquella ciudad como si fuera un cuento de niños.  | Shandora...| Dijo, como para si mismo en su tono frio e invariable.| Bro... es brillante... pero... pensé que seria más brillante | Se mantuvo caminando, aun traía la caja de artículos de Nozama, desde hace un buen rato, pues no era de los que aprobaban el alcohol ni el daño al cuerpo con sustancias vanas y pestilentes. Así que ni siquiera lo miro o uso. 

Mientras tanto, su cuerpo se relajaba un poco, dando unos leves estiramientos, moviendo sus hombros lentamente, sintiendo como crujían algunos de sus huesos. | Interesante...| Aun con su gorra puesta y sus ropajes de la empresa Nozama, al menos un par de etiquetas en ella, se mantenía atento a lo que su vista alcanzaba a apreciar, haciendo uso de ese sentido visual en su máxima expresión, observando detalladamente cada parte de aquella "ciudad" pues parecía más una zona un tanto "privada" que un pueblo. Como si fuese un palacio y su jardín por decirlo de alguna forma. La inmensidad de ese lugar era algo de admirarse y no solo por lo espacioso, sino por el propio orden que podía demostrar, si bien no parecía estar en condiciones "optimas" era algo secundario de juzgar, pues era un lugar que parecía ser más un centro de entretenimiento o incluso podría ser de entrenamiento, para sus propias tropas. Juntando un poco de toda la información que iba obteniendo, no cabía duda alguna que ahí podían llevarse a cabo la justa deportiva de la que tanto había oído hablar en los últimos días.


OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Aunque durante el ascenso la reacción de Shin había sido divertidísima, e incluso me quejé con un «¡Eso no ha sido cursi! Y aunque lo fuera, ¡¿qué problema habría?!» con los brazos en jarra, mi humor cambió bastante cuando me di cuenta de la suerte que habían corrido otros barcos. Durante un momento dudé cuando el albino me recordó que no dirigíamos el barco, pero aun así igualmente mi impulso me llevó a intentar ayudar a los tripulantes a rescatar a todo superviviente que viéramos, si es que quedaba alguno. Por eso tampoco me cambié de ropa cuando Kael me lo indicó. En su lugar, caminar tan cerca del sol secaría mis prendas mientras cumplía esa tarea autoimpuesta.

Una vez en tierra, tras haber ayudado a descargar el barco de Nozama, la situación no hizo más que evolucionar… de un modo u otro.

Aunque mi estado de ánimo no lo demuestra, me alegro de ver de nuevo a la División 80. Sin embargo, hay alguien cuya enorme presencia obviamente falta, y no pedo evitar preocuparme y preguntar por su ausencia.

Enji, el líder de su división (cuya falta de prendas atentaba contra el protocolo marine y habría despertado mi curiosidad de modista interna de haberme encontrado con mejor humor), ensombrece su rostro al hablar y mi corazón golpea con fuerza el pecho mientras no quiero escuchar lo que sé que va a decir.

―Ella  murió.

Mis manos cubren de inmediato nariz y labios con una ahogada aspiración de puro horror. ¡No…!

―¡Es broma!

.  .  .


Tras unos segundos de dificilísimo ajuste mental, el alivio y la rabia se mezclan en una única reacción.

―¡Enji! ¡Con esas cosas no se juega! ¡¿Cómo te has atrevido a hacerme pasar ese mal rato?! ―exclamo con los brazos estirados hacia abajo y los puños cerrados, aunque enseguida los vuelvo a subirlos a la altura del pecho con la risa del albino―. ¡Pero no te rías, Shin, que así lo va a hacer más!

Unos segundos después el alivio iba ganando, pero las presentaciones con la división desconocida (un tipo rubio con pinta de serio, otro pelirrojo que medía lo mismo que yo y dos minks felinos) llegó antes de que el sentimiento pudiera terminar de asentarse. Durante estas, Shin dice quién es con toda la confianza y luz que lo caracteriza, aprovecha para elogiar a Kael mientras lo señala y…

¡¿QUÉ?!

De inmediato, acompañando un rostro rojo como un tomate, mis brazos extendidos comenzaron a agitarse como los de un dibujito animado.

―¡¿Cómo que Nyra Hasegawa?! ¡Nyra Kuroshiro! ¡KUROSHIRO! ¡¿Y cómo que más reciente esposa?! ¡¿Cuántas se supone que tienes?! ¡¿Y qué es eso de dormir en el sofá si no…?! ¡Aaaaaaah! ―Mis manos habían viajado cada una a un lado de mi cabeza, con los codos en alto, mientras yo giro todo mi torso de un lado a otro en una negación e incomprensión imposibles de contener. ¡¿Cómo había podido decir algo así, y delante de un montón de desconocidos?!―. ¡Shin! ¡Hay demasiadas cosas mal en esa frase como para poder corregirlo todo! ¡Aaaah!

Por suerte, el gyojin de la 80 se me acerca en ese momento, ayudándome a bajar a tierra… ¡con un regalo!

―¡¿De verdad?! ¡¿Es para mí?! ―pregunto con la ilusión reflejada en mis aguamarinas mientras tomaba la el par de botas. ¡Son fuertes y resistentes, e idénticas para las que se necesitan en el uniforme!―. ¡Muchísimas gracias, Juaaan~!

De inmediato, me apoyo en una de las caracolas de un metro para cambiarme los zapatos y lucir de inmediato el nuevo par, guardando el antiguo en la mochila. ¡¿Qué mejor sitio para estrenarlo que esta gran aventura por los cielos?!

Mientras lo hacía y seguían los saludos y presentaciones, escuché la voz de Akira, pero realmente aún no miraba hacia la zona. Como estoy ocupada cuando empiezan a darse el número de Mushi Mushi, simplemente doy un mensaje al compañero que, por oído, sé que está más cercano a ellos.

―¡Kael, dales también el mío, porfi! ¡Luego tú me das los suyos!

Cuando pongo los pies sobre la arena, miro al navegante de la 80 por primera vez en mucho tiempo. De inmediato, por alguna razón que no puedo llegar a comprender, me pongo muy nerviosa cuando lo miro. ¡¿Qué le pasa?! ¡¡¿Qué me pasa?!! Tengo MUY buena memoria, pero no soy capaz de notar una diferencia, ¡pero yo sé que está distinto! ¡Simplemente lo SÉ!

Quise ir a comentárselo a Shin por si él notaba algo, pero el rubio se acercó precisamente a este para hablar con éste. Dándome de algún modo ¿¿vergüenza?? rondar cerca de Akira, fui corriendo hacia Kael.

―¡Kael, Kael! ―exclamo bajito, tirándole de la manga para que baje un poco la cara y pueda susurrarle al oído―. ¡¿Qué le pasa a Akira?! Yo lo veo igual, de verdad que lo veo igual, ¡pero está distinto, te lo prometo, Kael, de vedad que sí! ¡¿Tú no se lo notas?!

En ese momento, se acerca a mí el rubio de la 60 con aura parecida a la de mi compañero moreno, Stroud se llamó (porque sí, había prestado atención a las presentaciones mientras me cambiaba el calzado), me entrega una de sus tarjetas.

―¡Muchas gracias~! ¡Es muy bonita, me encanta! ―Exclamo mientras la observo, ilusionada. Una vez se aleja, vuelvo a girarme hacia Kael mientras la guardo en la mochila―. ¡Oye, las tarjetas son una muy buena idea! ¡Podríamos hacerlo nosotros también!

Para bien o para mal, la comitiva ya estaba empezando a ponerse en marcha, por lo que no tardamos en adentrarnos en la sombría espesura de la selva.

Durante unos metros el camino fue bien, pero el camino se envolvió en penumbra enseguida. Por suerte, a Akira se le había ocurrido lleva la antorcha par iluminar un poco el camino, pero los sonidos que venían de todas partes no dejaban de inquietarme, siendo incapaz de ubicarlos realmente o saber si eran de criaturas peligrosas o no. No podía evitar sentir constantemente como si algo nos estuviera mirando atentamente…

Para mí, lo más preocupante es el tema de Masami. ¿Se había adelantado? ¿Se había atrasado? ¡¿Cómo Enji pudo haberla confundido con Bertram?! Si no hubiera estado preocupada, sin duda me habría echado a reír. Si al menos tuviéramos una pista para saber por dónde buscarla, me propondría para ir a por ella, ya que este sitio quizás podría ser bastante peligroso… pero es mucho mejor tratar de llamarla tal y como propuso su líder, sí. En el peor de los casos, tendría que confiar en mi oído y estar muy, muy atenta, para avisar a todos si escucho algún tipo de grito.

Lo que sí que me ayuda a tranquilizarme son las bromas de Juan sobre pedirle a Enji ir a un sitio que no fuera un bosque. Dejé escapar una risita. ¿La última isla en la que estuvieron fue más o menos similar?

―No te preocupes, Juan. ¡Si no hay restaurantes donde vamos, yo te cocino lo que quieras! ―Aunque, eso sí, había dicho algo que era muy importante que todo el mundo tuviera claro―. Chicos, yo os cocino lo que queráis a todos, pero hacedle caso, no se os ocurra coger nada para comer o cocinar, porque yo tampoco he visto nada comestible todavía… ―Al parecer, Kibai también debe de saber de cocina, porque no tarda en comentar al respecto. El otro mink, sin embargo, sí que parece de muy, muy pocas palabras…

Y, aunque yo pensaba que llevar una antorcha de varios metros haría fácil seguir esquivando a Akira, aquella distracción me hizo descubrirlo repentinamente a mi lado. ¡Aaaah! ¡Nooo, pobrecitooo! ¡¿Cómo había podido hacer que se sintiera mal con…?! ¡Eh!

―¡Que no es mi marido! ―exclamo en un tono ligeramente más alto de lo que pretendía. De inmediato, me cubro nuevamente medio rostro con las manos, preocupadísima por que lo hubiera podido hacer sentir peor―. ¡Perdón, perdón, perdón! ―me disculpo enseguida en el mismo tono que usó él, nuevamente sonrojada, sin saber si era por la vergüenza de haberlo hecho sentir mal antes, por la de haberlo empeorado ahora o si por el propio comentario respecto a Shin―. No has hecho nada malo, Akira, lo siento muchísimo… ¡Me caes superbien! ¡Y me encantaría ser superamiga tuya! Siento mucho mucho si te he dado esa sensación sin querer… Es solo que… Mmm… ―Pienso un par de segundos, pensando bien la mejor manera de exponerlo, hasta que finalmente lo miro con completa curiosidad―. ¿Te has hecho algo… distinto? No sé, ¿ha pasado algo desde la última vez que nos vimos desde lo de Kutsukku…? Es que te noto algo muy diferente y no sé lo que es…

Por suerte o por desgracia, el… ¿guepardo?, ¿leopardo?, ¡Kibai!, no tarda en acercarse a mí y presentarse, ya que ciertamente no pude estar del todo presente antes.

―¡Yo soy Nyra! Encantada de conocerte~ ―saludo moviendo alegremente la cola mientras enlazo mis manos a la espalda.

Al parecer, no es tan intimidante como podía parecerlo en una primera impresión. ¡Me cae bien! ¡Y además es listo! ¡Tiene un muy buen plan para protegernos de lo que haya tras esas miradas!

―¡Se me da muy bien! ―agito nuevamente la cola, orgullosa de mi capacidad para ver en la oscuridad―. También tengo muy buen oído, así que puedo ponerme al centro y avisaros si escucho algo raro por alguno de los lados ―anuncio antes de poner una pose militar marina con la mano extendida en la frente y el codo en alto―. ¡Contad conmigo!

Y, de inmediato, aprieto el paso para colocarme en el lugar designado y cumplir mi importante misión. ¡Vivaaa!

La pregunta de Enji sobre los juegos era interesante… ¡aunque esta vez sí me reí al oír sus ocurrencias! No es que yo los hubiera visto nunca tampoco, así que ¿por qué no jugar a imaginar?

―¡Pues a mí me encantaría jugar a algo con una pelota! Creo que sería muy divertido poder jugar a algo por equipos. Con Shin para lanzar pelotas y Kael para aguantar lanzamientos, ¡ganábamos seguro! ―río de nuevo―. ¡Mientras no sea una competición de nado, deberíamos poder hacerlo bien!

Eventualmente, tras varias horas de viaje, un segundo amanecer parece despuntar entre las hojas de la selva.


Acelero el paso enseguida, sin poder contener la curiosidad por aquel brillo, y en cuanto la linde se despeja, descubro finalmente que aquel inmenso astro era en realidad…

―¡¿Eso es una ciudaaaaaaad?!

Teniendo que cubrirme los ojos a modo de visera, mi mirada queda igualmente deslumbrada por todo el resplandor del nuevo firmamento dorado en un mar de desperdigadas estrellas coronadas por un altísimo y espléndido sol.

Y, ante todo aquello, una inmensísima arena en la que lo que más destaca para mí son las filas de más gente alada de la que vi jamás y el sonido de una multitud que nos aguarda con gran emoción y expectación.

¡No podemos hacerlos esperar!

¡Tenemos que llegar allí! ¡¡Tenemos que llegar allí a la de YA!!

Algunos de mis compañeros se me adelantaron. Varios dieron saltos, cada uno con su estilo, y no puedo evitar echarme a reír cuando veo el modo tan divertido en el que decidió probar Akira. ¡¡A la vuelta tenía que probar a hacer eso!!

Pero, de momento, eché varios pasos hacia atrás y corrí para coger carrerilla al tiempo que saltaba con un grito de emoción que terminó con nuevas risas al aterrizar dando algunas vueltas con los brazos alzados al cielo, haciendo gala de practicados movimientos con mis nuevos bos, y mi esponjosa y suavísima cola envolviéndome el cuerpo hasta que, tras algunos otros movimientos de exhibición, quedé mirando hacia aquella ciudad a la que hice una gran reverencia aunque nadie de allí quizás me viera debido a la distancia. ¡¿Y si había algún Mushi Mushi visual?!

Rápidamente, aprovechando que aún quedan algunos compañeros por cruzar, me aparto unos metros a un lugar menos visible desde allí y me apresuro a sacar un cepillo de la mochila para arreglarme el cabello antes de entrar en la ciudad. ¡¿Me daría tiempo a echarme algo de la crema de sol que me he traído?!

¡¡Tengo que correr!! ¡¡AAAAAH!!

Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 5 invitado(s)