[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Muchas cosas habían pasado a lo largo de tres horas, o quizás no tantas pero las suficientes para que el tímido capitán de los Sepultura tenga que caminar con la mirada relativamente gacha atento a las formas de la variopinta tripulación que ahora los acompañaba el frondoso sendero, más allá de apuntarles con su rifle e insultarlos, tanto Uker como Kiyoshi parecían amenos a su manera. Varo por su parte era más cauteloso y Eros simplemente desvió la mirada cuando se hizo alusión a su forma híbrida y dejó en claro que esperaba una disculpa de ellos ¿Se habían ofendido los Juanita Mariana? Intentó recapitular mientras avanzaban, pero su preocupación dejo de ser la sociabilidad cuando pudo ver a Shandora en todo su esplendor finalmente cayendo en las palabras que Varo había profesado.

Era verdaderamente una ciudad…

› Es obsidiana, tan hermosa… ¿Cómo habrán logrado ese color azul en todo?

Era fácil olvidar que debido a su daltonismo, Eros confundía los tonos amarillentos con azulados por lo que Shandora se veía lapislázuli desde su perspectiva. No obstante, tampoco fue relevante, pues cuando giró la cabeza para dirigirse a su compañeros una vez salidos del frondoso verdor del camino uno pudo notar a la distancia cómo decenas de hombres saltaban un risco, o lo intentaban, cayendo inefablemente a su destino. Se desplomaron como costales de huesos, caían con la misma sutileza. Pam, pum, crash. El capitán de los Mahana parecía horrorizado por la escena.

› No te preocupes, juzgando cómo han caído no sufrieron antes de fallecer… Me pregunto cómo serán los ritos fúnebres aquí… ¿Alguien los enterrará? ¿Creen que me dejen ha…?

Pero su voz fue interrumpida por el estruendo de los cuernos de guerra que lo hicieron cerrar los ojos junto a la llegada del destello ¿Qué clase de ataque psicológico era ese? Ninguno, simplemente se veía encandilado de forma irremediable. No podía pasar a su forma completa para valerse de su olfato cómo Kiyoshi pedía, pues eso suponía soltar al tripulante de los Mahana y exponerlo a un peligro inminente, en cambio lo abrazó con mayor ahínco para cubrirlo con su cuerpo en caso de ser atacados. Pero el ataque no llegó, el encandilamiento cedió y frente a ellos había una figura imponente.

Nunca había visto a alguien así, parecido quizás a la dama de cabello rosado que viajaba con los Mahana ¿Qué clase de raza sería? Era como aquel tirador de los Cabos Gemelos que había luchado contra Uosan Sakana, ¿Acaso eran ángeles? ¿Y que tan fuerte serían? Incógnitas, que no sabría aún pues con la llegada del ángel, y las palabras de Ryota, Eros se limitó a asentir en silencio dejando finalmente al hombre de bigote rubio en el suelo, con sumo cuidado, para volver a su forma humana tomando un paso al frente mientras escuchaba a su propio compañero hablar.

La cantidad de insultos que musitó Kiyoshi así como sus ordenes para con él hicieron que, en el trayecto en que Eros comenzó a romper los tres metros de distancia que lo separaban del ángel hasta poder orientarse, su mente tuviese que elucubrar la mejor excusa jamás oída para poder llevar la fiesta en paz en Shandora. Con nerviosismo rascó su nuca, infló su pecho y se dispuso a hablar finalmente.

› S-s-soy el capitán Focalor de los piratas de la Sepultura, hemos llegado a la isla para participar en los juegos como invitados de honor que somos. Nos sentimos más que agradecidos por la invitación de su majestad, lamentando de corazón perder la carta en la Knock Up Stream, y esperamos dar lo mejor de nosotros para que el evento se lleve con un espíritu deportivo. Sabrá disculpar las formas directas, somos hombres de mar, endurecidos por las tormentas y curtidos por las experiencias que hemos transitado… Lejos están los días donde los buenos modales no nos suponían una señal de debilidad Teehehehe

Tras intentar meter una broma para suavizar las formas de su tripulante, aclaró su garganta, y desvió la mirada. No le temía al ángel, pero si sentía vergüenza por tener que hablar tanto en frente de tantos desconocidos. Parte de ello era mentira, parte de ello no. Eros sonrió al ángel con la mayor serenidad que pudo recolectar, entonces de señalar con la palma a Uker y Varo.

› Uker Rackham, el Marcado, y Varo Ganchin, la Epidemia, conforman el resto de mi grupo ¿Sería tan amable de… escoltarnos hasta dónde los juegos tendrán lugar?

Entendía que, si llegaban a esa isla por los juegos, y tenían un vigía en la entrada para corroborar sus identidades entonces cada paso que diesen tendría que ser monitoreado.

Ataud
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La ciudad era, desde luego, impactante. ¿Qué tanto oro había allí? ¿Era siquiera real o solo decoración? No es que planeara llevarse nada de allí. Si algo sabía era que lo mejor era no enfadar a nadie en una isla a la que no pertenecía. Por eso, el foco fue directamente hacia su amado y acompañante. La respuesta inicial del propio Tezca le hizo cuestionarse la amistad de sus tripulantes. ¿En serio...?

—No serás el único de quien se lleven una buena. ¿Cómo se atreven? A TI.

Gruñó por lo bajo, claramente molesto, tratando de no verse más de lo que realmente estaba. Si ni siquiera el propio Tezca tenía idea... ¿Cómo se atrevían a olvidarlo? ¿A TEZCA NOROVA? Ni el en esos dos años había sido tan irresponsable. Cerró los ojos, tratando de enfocarse en lo que el propio hombre estaba haciendo. Lo observó, atento, sintiendo todavía la presencia del Ñordiki tras su espalda. Qué malditamente incómodo. 

De nuevo, la calma pronto inundó su mente, pese a la molestia inicial, más cuando el propio Tezca comenzó a realizar esas imitaciones. Le resultó divertido, cón tanto dramatismo incluído y, cómo no, halagándose como de costumbre. Que no hubiera cambiado en ese tiempo le parecía una mezcla de entre fascinante y hermoso. No querría que cambiara nunca ese hombre. Solo sabía hacerle brillar como ninguno... Su sonrisa volvió a hacerse ver, elevando su mano, cubriendo parte de su rostro en una leve risita divertida. ¿Cómo no podía calmarlo cuando tenía un humor tan único? Además, creía totalmente a Tezca, por mucho que hubiera un capitán, estaba convencido de que él era quien mejor sabría manejar a toda su tripulación.

—Quizás debas ser actor de doblaje, Tezca. Se te da bien.

Un humor y confianza cuanto menos contagiosos, haciendo que prácticamente olvidara el malestar inicial. —Seguro que estarán más perdidos que tú. — Hablaba, por supuesto, sin conocer. —Por eso habrá que encontrarlos cuanto antes. — Y preguntarles por qué diantres osaban dejar solo a su amado hombre... Pero ya lidiaría con eso más adelante, ahora mismo no era relevante... Y pronto el fuerte ruido logró que esa parte pudiera omitirla prácticamente de forma inmediata, ahora regresando a un aire mucho más serio y atento. ¿A qué vino semejante ruido? ¿Por qué de repente parecían haber gritos? De repente parecía incluso haber una locura, sangre que parecía provenir de donde el griterío. ¿Suicidio colectivo? ¿Era una forma de dar la bienvenida quizás en Skypea? Era... curioso. Tezca fue el que habló primero, pero Jin se encontraba arqueando una ceja, todavía tratando de asimilar qué diantres era lo que estaba ocurriendo. —No tengo idea... No me apetece lidiar con sectarios suicidas...

De nuevo, una nueva interrupción, esta vez de un cuerno, volviendo la mirada en la dirección al sonido de forma automática, que lo guiaba directamente hacia el palacio que había contemplado al inicio. Qué maldita mala idea. Sus ojos se cerraron y la mano se posicionó frente a él, tratando de no cegarse ante el repentino destello que se aparecía frente a él, ahora más confuso, sin ser capaz de ver nada más que puro blanco. Solo fueron escasos segundos antes de poder ver de nuevo. Parpadeó una, dos... hasta cuatro veces para reacostumbrarse de nuevo a la visión fulminante, ahora con un nuevo acompañante que lo dejó, desde luego, sin palabras. ¿Un ángel? A ver, sí... estaba en una isla del cielo pero... ¿¡UN ÁNGEL!? No sabía qué decir, era, cuanto menos, hermoso... Inesperadamente precioso, pese a no ser capaz de ver su rostro. ¿Qué tan bonito sería...? No parecían alas de birkaniano, tampoco de lunarian... Esas alas, en conjunto a esas ropas y la calma que parecía emanar eran impactantes. Exploró por completo ahora la figura que estaba frente a él, preguntándose si en algún momento llegó a perder la consciencia, pero no, la sangre seguía por allí, Tezca también y, obviamente, el sonido del agua similar a un váter que provenía del Ñordiki. Ah, necesitaba otro cigarrillo para asimilar eso. No podía evitar completar la información mental al ver entonces las dos esferas: una se encontraba en el pecho y la otra en el abdomen. 

Pudo sentir una sensación hostil a su lado, volteando sus ojos, apreciando la arcilla de Tezca al instante. ¿Atacar? Elevó su diestra, colocándola sobre el hombro del contrario en un intento de relajarlo. Si desconocían a qué venía, no era buen momento para atacar, tampoco parecía peligroso. Hizo un movimiento de cabeza, de lado a lado, esperando que Tezca lo viera y así pudiera evitar cualquier momento hostil antes del inicio de lo que pudiera venirse. Lo mejor era guardar todas las fuerzas posibles.

Apartó pronto su mano, volviendo la mirada a la figura que se presentaba frente a él. Quizás solo se trataba de un habitante que custodiaba el lugar y siguiera un protocolo. La información llegó pronto; el nombre de la ciudad era Shandora, por lo que mencionaba aquella hermosa figura. Qué lástima no poder ver más bajo esa máscara. Es más, también daba un nombre. “Zarutsuki”. ¿Cómo sería? ¿Qué tipo de persona sería? Solo mencionaban que era un magnánimo... Pero claramente podría ser alguien de relevancia.

Tezca fue el primero en adelantarse y presentarse frente al ángel una vez aquel hombre (o ser, o belleza, obviamente) solicitaba identificación. Una vez vio que Tezca terminó, dio un paso al frente, hombro a hombro con su amado y compañero, con mirada firme y segura.

—Soy Jin Onizuka, de parte del Banco Goldreich.

Ahora tenía que verse profesional. Miró tras él, donde el Ñordiki estaba probablemente. —Y él... bueno... Dudo que necesite que lo presentemos. Lo acabamos de conocer. — Tampoco es que conociera bien a ese bicho, solo que había pasado horas con él mirándolo quizás más de la cuenta.

Cajita de Tabaco
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Durante breves instantes, no estuvo seguro sobre los pasos a seguir. ¿Debían avanzar? ¿O algún vocero del prestigioso evento les indicaría las formalidades a respetar en las sagradas tierras de Skypiea? Observó al resto de marines y, especialmente, a sus compañeros de división intentando discernir lo que estuviesen pensando mientras él se mostraba con la misma calma de siempre, esa sonrisa que el mismísimo Omuyaga le ha visto incluso mientras caía inconsciente en el combate contra el wotan que enfrentaron en Kutsukku.

La barrera que alza contra la incertidumbre, o peor aún, situaciones de vida o muerte. Porque según su filosofía, los más fuertes siempre sonríen.

Y las escuetas dudas habrían permanecido, de no ser porque gritos agónicos y desesperados se hicieron presentes a varios metros de distancia. Pudo identificar la ruta, al llegar y finalmente tocar algo de tierra, hizo un paneo de los caminos que podían recorrerse, y considerando los espacios cercanos, aquel risco pertenecía al sendero del medio. Por dentro, agradeció lo que les terminó tocando, el salto del río fue mucho más sencillo de lo que aquellas elevadas alturas estaban demostrando, especialmente con la enorme cantidad de personas que caían sin parar, en un mar de carne y huesos crujiendo súbitamente contra el suelo, añadiendo el visceral sonido húmedo de las tripas esparciéndose entre charcos de sangre.

Hasegawa abrió los ojos con suma sorpresa, y la curva en sus labios se borró. Los ropajes de esos hombres y mujeres, a penas distinguibles, le indicaban procedencia pirata, o al menos fue el prejuicio del que fue víctima considerando la apariencia salvaje que transmitían tanto en pintas como en actitud, sin poder imaginar otro resultado posible. Pronto, el ambiente en su cabeza cambió, pasando de un humor relajado pero precavido a ser tomado de rehén por este último estado casi que en su plena totalidad.

Resguardó en sus pulmones el suspiro que iba a desprenderse de sus labios, girándose al resto, y justo cuando iba a abrir la boca para dar indicaciones, pues la enorme presencia de los buccaneer más llamativos lo alertó de sobremanera, aún sin llegar a identificarlos e ignorando al último superviviente, un cuerno de guerra se hizo presente, silenciando los demás sonidos y llevándose toda la atención del albino, quien se giró a la procedencia del que supuso, era la señal para iniciar algún tipo de anuncio. No parecía tener fin en lo que aquel minuto transcurría, vibrando en su cuerpo casi como la música que los acompañó en la subida por el Knock Up Stream hasta atravesar los mismísimos cielos, e incluso la conclusión de semejante tono anexó otra sorpresa.

En el fondo esperaba algo parecido, considerando la importancia del evento.

Detrás, y frente a la ruta desde donde salieron, un destello lo llevó a darse la vuelta otra vez, y no llegó a cegarlo gracias a que aún llevaba puestas sus gafas de sol. Lo curioso, es que fue tan potente que ni con esa protección parcial pudo distinguir lo que sucedía entre medias, hasta que finalmente emergió una criatura como jamás había presenciado hasta la fecha. Su porte era prácticamente divino, presumiendo una altura típica de los lunarian, con el detalle de que sus alas eran totalmente blancas, asemejándose a lo que uno podía imaginar cuando ideaba el concepto de un ángel.

Portaba una indumentaria que daba a entender un contexto ceremonial, y fue ahí que Shin decidió quitarse las gafas, guardándolas en uno de los bolsillos de su chaqueta reglamentaria. Intentó hacer contacto visual, más le resultó imposible considerando que el casco se lo prohibía, por ende se fijó en el resto de detalles que su contextura física exponía. Los rasgos visibles de aquella presencia denotaban una belleza inconmensurable, donde incluso cada uno de sus cabellos anaranjados parecía estar puesto ahí con el cuidado de un artista obsesivo, incrementando esa extraña presencia que pocas veces había sentido.

Desde luego, en ninguna ocasión con el combo exacto que aquel ser alado les mostraba.

El cetro de unos cinco metros le resultaba intimidante, más por la altura que el color dorado, y no volvió a llevar la vista hacia el rostro cubierto por el casco negro del hombre hasta que este tomó la palabra. En ese instante, se fijó en las cinco esferas a la altura del esternón, junto a la boca del estómago, aunque no demoró mucho tiempo en volver a elevar la mirada, prestando suma atención a cada una de las frases que el imponente extraño pronunciaba, viéndose incapaz de interrumpirle.

Menciona a la ciudad de la leyenda, Shandora, y sus párpados vuelven a abrirse con sorpresa al entender que literalmente estaban delante de un sitio que sólo escuchó de pasada en fábulas e historias pretenciosas. Era real, y pertenecía al Shichibukai Zarutsuki, iban a disputar los juegos del cielo enfrente de un palacio que creyó inexistente, y que fue incapaz de reconocer hasta que aquel sujeto frente a ellos lo presentó.

Aún inmerso en preocupaciones, Hasegawa volvió a sonreír, cerrando durante breves segundos los párpados, momento en donde se solicitó la identificación de los asistentes con lujo de detalles. Para sorpresa del marine, quien tomó la palabra en primer lugar fue un sorprendido Juan Sebastian, quien hizo una reverencia de cabeza donde casi se le cae la gorra, y deleitó a los presentes con su carisma puro e inocente.

Decidió que lo primero sería un saludo formal, tomando su turno de hablar —Permítame presentarle mis respetos como lo hacíamos de donde vengo. —juntó los brazos a los costados de su figura, y le ofreció una reverencia completa, símil al ferviente régimen samurái. —Es un placer estar en presencia de un sitio tan legendario. —recuperó su postura original, y fue en ese preciso instante que más allá del respeto verídico ofrecido a la figura imperturbable, volvió a dejarse llevar por su naturaleza, ese carisma que nunca lo abandona.


Entonces, el albino dio un paso al frente, cerciorándose de mantener una distancia prudente con los demás para extender levemente los brazos a la altura de su cintura, y envolverse en el fulgor de su akuma, transformando todo su cuerpo en esa extraña y curiosa energía elemental, encarnando el propio concepto de la luz. El brillo era tenue, pues las intenciones del marine no eran hacer una proeza extraña o tomar por sorpresa a quien tomaba nota de los nombres, sólo quería iluminar, demostrarle quién es al completo, tanto en porte como en palabras.

Y así, pareció robarle rayos al sol, y brillo al oro de la legendaria Shandora, sonriendo con el ego que lo caracteriza, y mirando con serenidad al extraño ser alado.

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—Soy Hasegawa Shin, Comandante de la Marina, y líder de la División Setentaicinco.

En su grandilocuencia, y aún brillando gracias a su fruta del diablo, continuó con la misma calma y a su vez, egocéntrico tono de voz —Junto a la gente a mi cargo, custodiamos un navío perteneciente a la empresa Nozama, y de esa forma llegamos hasta aquí. —breve pausa, donde se señaló con el pulgar derecho, enalteciendo la curva de sus labios —Pretendo ofrecer mis respetos a los juegos participando, y demostrándole a los presentes quién será el mejor marine de la historia. —dicho eso, y con una sonrisa que pasó a demostrar unas vibras más divertidas que soberbias, finalizando su pequeña presentación, reduciendo el brillo de su cuerpo y tomando una forma tangible nuevamente.

Se giró con lentitud tanto a Stroud como a Enji, sin ser brusco ni abrupto en sus movimientos. La mirada cerúlea de Shin no iba en coincidencia con la sonrisa de sus labios, expresando cautela de manera extremadamente clara, y si los demás habían visto a esa enorme cantidad de personas cayendo y muriendo en aquel risco, entonces entenderían que era su manera de indicarle a los líderes de las otras dos divisiones un pedido de atención desde ese punto en adelante. Dicha prioridad lo hizo no disfrutar de las vistas en las gradas, donde el poblado obviaba esas curiosas interacciones al final de las cinco rutas, siguiendo con sus actividades entre puestos comerciales y charlas meramente sociales.

Aún y si participaban en los juegos del cielo, la labor principal de los marines era proteger lo justo.

E iba a asegurarse de cumplir esa función.

Let there be light
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3093 + 0 = 3093
Energia: 3514 - 28 = 3486
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
Después de un rato terminé dandome por vencido de seguir vociferando los nombres de mis compañeros tesoro, si seguia gritando tan solo iba a sin voz antes de encontrarlos y eso si que era malo, despues no habria quien le cante a Enji como mujer despechada mientras le tocaba el pecho, eso era parte del espectaculo, ademas sabia que iba por el camino correcto porque se podía ver que recientemente habia caminado por el mismo sitio que iba yo honey por eso preferí ir cantando mientras ignoraba las claras miradas que se asomaban por las oscuras partes del bosque, nada mejor que cantar en la ruta desaparecida. —OJALAAA QUE LOS DOS SEAN FELICES, QUE EL MUNDO LE SEAAAA DISTINTOOOO QUE EL DESTINO LOS UNA POR SIEMPREEEE Y SE OLVIDE QUE YA YO NO EXISTO.— El camino era largo si pero nada mejor que mover mis maracas al ritmo de la musica que yo mismo iba cantando, al final de cuentas si me quedaba pensativo o llorando por ser el ultimo honey eso no iba arreglar absolutamente.


—SI ALGÚN DÍA TU VAS A LA IGLESIAAAA, DONDE EL CURA ENLAZOOO NUESTRA VIDAAAA. — Despues de un buen rato caminando por el dichoso bosque, que buen rato, fueron horas, horas caminando en ese camino honey, estaba mas perdido que Adán y Eva en el día de las madres, pero me aferre al camino, a seguir caminando hasta que vi el rio y era claro que había que pasarlo, conozco perfectamente mis capacidades físicas amor y saltar ese rio no seria ningun problema en realidad, suponiendo que hacer eso no seria mas dificil que bailar en un tubo, aunque pensandolo bien el tubo puede que sea un poquitico mas dificil sobre todo cuando la clientela no te deja ni un billete metido entre la tanga disque porque les da miedo que los arresten despues de descubrir que el sexy bailarin tambien es un marine, poof, esa si que fue una mala noche para ser marine, honey. —Bueno Masami, deja el show, salta, salta.— Me dije a mi mismo dandome un pequeño golpe en ambas mejillas para concentrarme.

Respiré varias veces con fuerza dejando que el aire llenara mis pulmones y tras el ultimo suspiro honey flexioné las piernas y me impulsé hacia adelante como si hubiera preparado una coreografiá para un vals de quince años pero no uno cualquiera, uno de esos malandros donde uno se pone puto, cachondo y hablándole mal a la señora que se quiere llevar el centro de mesa o hasta el final de la noche tesoro porque siempre tengo que hacerlo con estilo tesoro, y antes de darme cuenta ya había saltado los diez metros que tenia el rio cayendo del otro lado, arreglando los dos mechones de pelo que había dejado por fuera de mi gorra y observando entonces la ciudad dorada que yacía frente a mi, no sin antes escuchar el ruido y retumbar de lo que parecía ser mucha gente aun así seguí caminando por un minuto mas en donde solo se escuchaba un estruendoso sonido, parecía como uno de eso cuernos de guerra que usaba Sigrid cuando hacia sus cosas vikingas, pero no podía saberlo del todo.

Lo mejor de todo eso fue visualizar a poquísimos metros de mi a los chicos, era imposible no reconocer el pelo de Aki-chan o el cuerpazo rojizo y cangregistico de Juanse, aunque no se si me reconozcan sin maquillaje y con este uniforme honey, una diva fuera de producción siempre pierde un poquito de impacto. —CHIIIIICOOOOOS. — Les grité y entrecerré los ojos para percatarme que delante de ellos había una persona como yo, con alas, era una de las pocas personas que había visto en mi vida con alas por eso mismo corrí hacia ellos con entusiasmo y en ese momento un chico con brillitos parecía presentarse al señor de las alas hermosas, claro pero no tan hermosas como las mías, es mas, si quería le podía pasar la rutina para tenerla tan blancas y radiantes como las mías, eso del skincare quedó atrás yo uso un wingcare, lo mejor de lo mejor tesoro.

Intenté apartar al chico de brillitos para acercarme al de hermosas alas, pero mis manos pasaron de largo como si estuviera hecho de, bueno, de eso de brillito, pero no se, parecía como medio rarito, pero no rarito de rico, sino rarito de raro, no se si me entiendo, no me gusta para nada. —Mejor mirame a mi tesoro, mira mira. — Le dije con una hermosa sonrisa radiante y luego di una vuelta en medio del tipo con las alas, desplegando un poco mis propias alas blancas y bien cuidadas —Soy Masato Ami, Soldado Raso de la Marina y artista oficial de la división 80 y te aseguro que el birkaniano mas sexy que conoceras en esta y todas tus otras vidas tesoro — Volví a girar de vuelta esta vez toqueteando mi cuerpo con sensualidad. —Llamame Masami, o mi amor, como tu quieras. — Sin duda ese traje le quedaba divino, si no me agarraban en ese momento probablemente le termine robando un besito, o dos, o quien sabe si algo mas y por estar de puto o coqueto, o un mezcla de ambos casi olvidaba que los chicos estaban ahi, incluso estaban los de 75. 

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—AHHHHHHHHH. HASEGAWA.... — Grité de golpe. —Lo siento Comandante Hasegawa, no me habia percatado de que era usted, disculpeme. — apenas caia enn cuenta que el tipo que brillaba era el comandante de la división 75 Hasegawa Shin, estaba un poco apenado asi que me acerque hacia Aki-chan para hablarle al oido. —¿Por que me dejaron atras aki-chan— Le susurré a mi compañero en sus oidos, despues de todo ahora simplemente tenia verguenza de haber tratado a un superior de ese modo, incluso habiendo otros marines que no conocia y claramente no pertenecian a la división 75.

Mi Estupido y Sensual Off
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La explicación de Varo lo dejaba más que claro, ese era el lugar del que hablaban las leyendas y los cuentos: Shandora.

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- ¿Ponernos al día? -

El cocinero no recordaba tener algo de lo que hablar con la mujer, pero fue ella misma quien se alejó antes de que pudiera decirle eso. Lo importante no estaba en ese nuevo grupo que los acompañó, lo importante era esa ciudad a la que habían llegado. Deseaba recorrerlo, aprender lo que tenía para mostrarles a los piratas que habían llegado ese día.

Kiyoshi, pese a lo cansado que se encontraba luego de tantas horas de recorrido, aceptaba que podía seguir hacia donde tuvieran que ir. Eros cargaba al integrante del grupo contrario, cosa que le parecía extraña pero no fuera de lo que el capitán haría comúnmente. El explorador de la tripulación seguramente querría comenzar a investigar esa ciudad que Eros describe como si se tratara de obsidiana. - Es de oro, Eros, todo es de oro -. Dijo para dejarle claro al hombre la situación, pero con una idea rondando su cabeza.

No pudo seguir con ese pensamiento por mucho más tiempo, pues el desastre comenzó. El caos y gritos que vienen justo antes de una muerte sin igual, hombres lanzándose al vacío como si sus cuerpos estuvieran hechos de goma, pero que terminaron por estrellarse contra el suelo de manera horrorosa. Uker solo pudo verlos y poner cara de asco, preguntando quien se lanzaría a su muerte así nada más. Antes de que pudiera preguntarse el porque de todo ese alboroto, el zumbido que llenó el aire fue lo que captó su atención.

El aviso de una guerra, de una llamada, tal vez otra cosa. No podía reconocer de dónde venía esa melodía que llegaba a cada uno de los rincones de ese lugar, pero podía prever que no traía nada nuevo. Tal vez no iban a ser aceptados ahí, tal vez habían traspasado tierras que no debían traspasar, esos pensamientos llenaron su mente hasta que el armonioso sonido finalizó, momento en que algo más llegó.

El destello de luz que hizo aparición fue brutal para sus ojos. Los cerró por unos instantes, llevando su mano izquierda frente a su cara y con su palma apuntando a lo que sea que generaba la iluminación, apenas abriendo los ojos para intentar ver algo entre los pequeños espacios generados por sus dedos. Su otra mano, descendió hasta tomar nuevamente una de sus katanas, liberándola de su vaina de la misma manera que lo había hecho en cuanto la mujer alada se presentó frente a ellos. Podía agradecer que no durara tanto como ese sonido de antes, pues no tardó en aparecer una especie de ángel frente a ellos.

Kiyoshi no tardó en amenazarlo, pero el recién llegado tampoco se tomó mucho tiempo para presentarse. Mientras hablaba y Uker ocupaba su sentido de la audición para prestarle atención, sus ojos viajaban entre los detalles que pudiera rascar de esa figura. El cetro que llevaba en la mano, esa extraña esfera en su pecho, el casco que no le permitía verlo a los ojos.

Decidió abandonar su postura defensiva, de momento. Esa criatura no estaba atacándolos y simplemente les pedía presentarse con su nombre. Le parecía extraño, pero al menos podía relajarse por unos momentos antes de tener que estar atento a cualquier ataque. Sin más que hacer, devolvió la hoja del arma a su lugar, soltando también la katana para que vuelva a su lugar de descanso

Fue el propio médico del grupo quien se presentó, así como el nombre de la tripulación. El capitán lo siguió, algo más torpemente que Kiyoshi, pero creando una especie de mentira que Uker no se dignó en desmentir. - Rackham Uker, Parte de la tripulación de Los Sepultura y el… -. Apretó sus dientes y los hizo rechinar por un pequeño momento, molesto por admitir algo que nunca terminó de salir por su boca. - Deseo participar en los juegos -.

Por alguna razón, dejó fuera a su tripulación en esta última frase, algo de lo que él mismo no se dio cuenta.

Cuando las presentaciones a su, al parecer, anfitrión, hubieran terminado, el cocinero se cruzó de brazos y terminó de dar forma a la idea que su mente creó en cuanto Eros confundió el material de la ciudad que tenían frente a ellos. - Espadas de obsidiana… -. Un pensamiento dicho al aire, pero que podría ser oído por cualquiera a su alrededor. La obsidiana era un material famoso por su filo, extremadamente peligroso y útil en las manos correctas. Su aparente utilidad como arma letal era tan frágil como la propia piedra, pues se rompía ante cualquier golpe, o incluso cambios de temperaturas específicos.

Si pudiera encontrar un mineral con características similares, o hallar una manera de quitarle la fragilidad al mineral oscuro, la idea de crear un arma así de peligrosa era tentadora. Lastima que nunca aprendió a forjar, o a hacer manualidades en general. Tal vez eso le faltaba para poder mejorar como espadachín, crear sus propias armas.

Libro de recetas
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Miradas tensas, un dealer, que no es un dealer, es mink gato que usa un sombrero de ala ancha de medio lado, usa un traje como de mesero. Reparte cartas entre aquellos que están dentro en la gran mesa ovalada. Las cartas suenan por la alfombrilla que la adorna y tiene seccionadas partes con líneas blancas. Las cartas bailan tras sus lanzamientos precisos hasta las manos de los jugadores. Entre ellos un hombre de unos quince centímetros de altura, seguido de un una mujer que usa ropa de oficial, está a medio vestir pues está perdiendo ella es curiosa aunque tiene alas, un chico androgino que es muy peludo, imposible de saber con tanto pelo, come una banana mientras no ve sus cartas, un mink cebra con melanina por lo que se ve todo negro pero tiene unos ligeros patrones de negro y gris muy oscuro, me molan su flow.  

En el momento en que las primeras cartas se deslizaron a las manos de cada jugador. Se siente la tensión del momento como si nos mecemos en medio del mar profundo donde esperamos que alguien flaquee para darle un corte a la yugular que nos dé alimento. Las fichas están repartidas y el hombre cebra es quien tiene la mayoría de ellas. No parece un juego justo, pero así es la vida, tienes que apostar, arriesgar a lo desconocido. Va la segunda ronda de cartas. El hombre cebra toca la mesa dos veces y lanza unas fechas.

Seguido el hombre pequeño arroja una ficha de diferente color. Esla ciega. La mujer de poca ropa revisa sus cartas. No se inmuta. Sus ojos azules intensos, mi atención puesta en sus movimientos, quiero leer su mente, no puedo, su neutralidad no me intimida pues ella es quien más va perdiendo en las apuestas. arroja fichas, lo equivalente a 1000 Ryos. Veo mis cartas cuatro de diamantes y cuatro de picas. No me encanta, pero ya tengo algo con lo que jugar. Mi noche tampoco ha sido la mejor.

-¿Qué pasa, tigre? ¿No confías en tu suerte?-

Sus palabras no son hacia mí, son hacia el más pequeño de la sala.

-Claro que no, mujerzuela-Ki, el todo poderoso y digno Reginald no tiene miedo a nada.-

Tras sus palabras arrojó otras monedas igualando la apuesta. Sin duda alguna parecía un duelo entre ellos. Son los que menos fichas tienen. Sin dar lugar alguno a las dudas llegó mi turno al habla pero no hubo palabras, solo igualo la apuesta entre ellos. Siento que no puedo hablar sin ver primero que hay en la mesa y de la misma manera el cebra completa necesario para apostar.

-Ustedes hablan demasiado.- Agregó con su equino rostro y sonrisa burlona.

No lo puedo creer, muestran las primeras tres cartas. J de trébol. A de corazón. 4 de trébol. Las cosas cambian. No es mi turno al hablar pero veo inmediatamente.

-Casa llena chicos, apártense.- Dijo arrojando una ficha blanca con dificultad. Implicaba que apostaba todas sus fichas con la clara y única intención que supiéramos que su mano es fuerte. Sospecho, lo miró acusadoramente, podría hablar y llenar de charlatanería este momento para que supiesen que yo no estoy con tonterías. Decido no hablar, siento que no debo hacerlo, no lo hago, No entiendo, me cuesta hablar en esta mesa. Solo sonrío con soberbia y desvío la mirada.

-Así que tienes algo caliente entre las manos.-
-No tienes ni idea cielo.- Hasta yo comenzaba a calentarme con su voz y su mirada azul.
-Callense ambos calenturros.-

-Entonces yo también voy all in, baby-

La mujer parecía tener algo entre planes pero la verdad es que me parecía que ambos estaban tratando de engañarnos. Yo conté las fichas que tenía y pagué, no quería dejar supieran lo que tenía guardado pero claramente una mano fuerte.

El hombre cebra parecía cansado de la competencia y pagó para develar un diez que también era de trébol. Eso hizo que todos viéramos con emociones encontradas. Alguien tenía una escalera. No era seguro, pero era posible. El hombre cebra se adelantó a su turno riendo de manera equina haciendo ruidos y moviendo mucho sus labios. Ese sobresalto me alarmó, él llevaba toda la noche siendo el más calmado.

Dos golpes en la mesa de manera consecutiva. No se podía hacer nada en la posición de ellos pues habían apostado todo su dinero y ya no tenían más. Yo sin pena arrojé unas monedas unos 2000 Ryos mas para que supiese que no me andaba con juegos y que si quería ganar debía apostar. Mi sorpresa fue que él apostó el total de fichas que me quedaba y eso hacía una cantidad de dinero tal que en la mesa fácilmente había un cuarto de millón. Demasiado como para dejarlo escapar.

-No tiene nada de malo perder contra una de las manos más fuertes.- Sonidos de risa equina. Era graciosa, pero no me daba risa que me subestimó a mi y a mis cuatros. Tiré la monedas para que vieran que pagaba, de mala gana, por su burla. Me había dejado llevar claro, todos allí lo percatarse al instante.

-Eres un iluso muchacho-ki. Te engaño con el truco más viejo del libro.- Dijo el pequeño cruzándose de brazos mientras se llevaba un mini-puro a su mini-boca. Lo curioso de él era que su voz era insanamente grave para su tamaño. El equino mostró sus cartas una Q de trébol y una K de corazones. Que desgraciado, sus risas caballezcas llenaron el silencio. Ya me daba por perdido y era como si cayera por un torrente de agua imposible de detener.

Ya estaba por agarrar las monedas con risas que tenían un eco estruendoso además que sentía como me sacudía del enojo. Coloqué mis manos por encima de las suyas para detenerlos. Entonces pude notar como el dealer asentía y mostraba la última carta. Era de corazones, inimaginable era un número que es mayor que tres y menor que cinco, un número que no es un número primo y es entero. Si hubiera un corte de cámaras podría verse la decepción del hombre cebra y como yo parecía caer sin sentido en un abismo de fichas de poker, mujeres. 


Entonces la caida aceleró y cuando pense que llegaba a un abismo oscuro y negro desperté de golpe. siento la madera del suelo del barco muy cerca de mi cara y me duele todo. Empujo con fuerza para levantarme y al separar mi rostro de allí siento el hilo de saliva que va desde la comisura de mis labios. ¿Dónde estoy? Sé que me anoté a un viaje para ir al cielo pero no recordaba con precisión, la verdad la jaqueca no me ayuda.  — juraba que el viaje al cielo era una metáfora. — Desde mi encuentro aquella vez donde me encerraron con una mujer en una jaula no había vuelto a beber así, ya recuerdo por que lo había dejado de beber así, me pongo a conversar con las mujeres y termino en jaulas o dentro de un barco. 

Salí a cubierta sintiendo cierta molestia en la entrepierna. Ya bien era sabido que en las mañanas uno puede estar mucho más animado que de costumbre pero me sentía extrañamente duro. Tan duro estaba que me vi obligado a buscarme una ropa más cómoda. Así que decidí ir en comando. Busque entre lo que quedaba una botella que pudiera llevar como una buena túnica. Algo decente que no se notara demasiado la carpa. Y para quien no entendió hablaba de que tenía una erección que me molestaba un poco. 

Creo que parecía evidente que había llegado tarde a la fiesta pues no había nadie, pero habían otros barcos allí. Dañados, claramente fue un viaje ajetreado. Busqué mi práctica mochila que ahora llevaba oculta entre mis faldas. No tenía en claro bien que debía seguir y al encontrarme con los caminos con antorchas altas pensé que seguramente debería haber vida inteligente aquí. Un lugar que me parece un paraíso por lo curioso que es y lo mucho que si parece el cielo. 


—Creo que la chica no mentía con lo del viaje al cielo en el barco del placer. Aish, como me duele. — Visto que el mar no es mar si no como nubes puedo pensar en eso y al ver de nuevo hacia la selva vi unos caminos. Los caminos y mi sueño de haber ganado una mesa de poker super intensa con los cuatros pensaba que podría ser minumero mágico de la buena suerte. Aunque no era mi meta. Elegiría dicho sendero. No sin antes agigantarse. Y por qué lo haría, pues mira en un camino donde todo está lleno de selva. Así no me van a ver y la verdad me gustaría llegar donde no esté tan aislado ahora mismo. Ver esta playa sola me da un poco de tristeza.  


Mi indumentaria no iba muy adornada, pero a mi siempre me ha hecho destacar que nunca he llevado nada de toros hacia arriba y por una vez lo cambiaría. Y la verdad al ver que estaba en el cielo yo claramente me arreglaría con las mejores fachas que tenía. Capaz podría hacerme con un buen partido o hacer un buen dinero que la verdad últimamente no he tenido buena suerte con esto. (Miento, la verdad es que nunca he tenido suerte con el dinero.)

Me convertí en un gigante. Apasionado por el deseo de ser visto quería ser grande y abarcar unos 15 metros era una envergadura que me serviría. Podría apreciar desde una perspectiva diferente el camino ya que la altura y una buena visión me permitiría explorar de manera calmada, llamando la atención de toda la buena fortuna que me espera delante. Seguramente unos marines con un peaje y armas de fuego. 

El revuelo de más adelante me alcanzó y un calor inusual inundó mi pecho. Me habría gustado apresurarme pero las prisas no van conmigo en absoluto y un tipo grande y tan seductor como yo no podía andar con prisas. Además de que no podía andar por ahí con la minga bamboleando de lado a lado. Ya llegaría y me enteraría, aunque por la distancia y con mi vista parece que hay otros además de mi haciendo de las suyas. 

La ciudad parece demasiado brillante y la verdad en la sangre se sentía una hermosa sensación, pero no la comprendía y no la digería. Yo no sabía dónde estaba y tampoco porque este lugar es importante. De hecho no tenía idea alguna cómo había llegado. No había podido hacerme con una buena brújula, de esas que me habló Mizuki en su momento. Me sentía genuinamente extraviado y perdido y cuando 

Pero entonces pude notar que todas las personas tienen alas. TIENEN ALAS. Desde la isla Karate yo no había cruzado con personas que tuviesen alas. Aquí hay una ciudad llena de ellos, llena de gente, puede pensar que son parecidos a mi. Me encantaría conocer más sobre este lugar. Mis pasos, gigantes, mi alas, hacen sombra y al abrirlas de la emoción me doy cuenta que este es un lugar sumamente mágico y hermoso. Yo no se que me excitaba más si toda esta gente o si era mi erección la que más me excitaba. 

Yo claramente quería conocer el lugar y sin dar lugar avancé con pasos vencedores habían demasiadas personas y demasiada energía. Yo no quería problemas, nunca quiero problemas, pero ahora mismo quería fluir hacia adelante y encontrarme con cosas buenas. Mis interacciones con los demás no eran con intención alguna de interrumpir los asuntos ajenos. Al no sufrir de la memoria de las personas que no cambiaron su aspecto desde que los conocí hasta hoy fueron evidentemente reconocidos. Ciertamente habría otros que había conocido pero que no los pude reconocer ya fuera por disfraz o por que nunca nos hubieramos conocido por voz. Hacer una lista de ellos o intentar desesperadamente acercarme a ellos no iba conmigo. Además que de algunos ya vi que no parecían buena publicidad en este momento.

¿Cómo debería presentarse? Entonces recordé a esa mujer que ya no existía más pero de cierta manera le debía el favor.  — Mi nombre es Heras de Bel-Nadin tengo un mensaje para esa familia. Me invitaron a conocer la ciudad pero la otra persona no logró llegar.— Aclaré, de manera tranquila, adoptando un apellido que no era mio. De no ser por ella yo nunca me habría atrevido a tomar ese barco y si existía alguna persona que fuera importante para ella que mereciera saber qué le pasó podría entregar ese mensaje y cerrar ese ciclo, claro no todo era verdad, pero necesitaba ir cubriendo las bases. 

Tenía que mantenerme tranquilo y esperar a ver que me ofrecían aquella figura repetitiva que antes había exigido aclaraciones.

Jackson cantando billi jin
Maki llevaba medio camino y no podía hacer que merlot se callase, contando las historias una y otra vez de sus aventuras, de todo lo que habían pasado en parejas o de manera individual, iba adelante, esperando que algo les atacase, que algo les emboscase, esperando la saeta, el veneno y la trampa, pero nada de eso llego, solo aves, hermosas aves que respondían a la llamada silbante de Maki, peces multicolores y una nueva integrante venia con ellos. Maki pronto supo que era una chica de bien. Sobre todo, porque su hermana le había aceptado. Tenia buen ojo para la gente y decidió hace un tiempo que confiaría en su intuición, salvo. Cuando portase un jodido uniforme azul —Seguro no eres Vivi… como te llamas niña?...— Pregunto a pesar de que se le olvidaría pronto el nombre. Melones. Había decidido su nombre desde que le vio. ¡Pero hey! Podía preguntar, porque quizás tenía un nombre fácil de recordar como Maki 2… nunca se sabe. Miro de reojo primero y después con una risa tímida y algo nerviosa al grupo del inicio de chiste de rutina standapera, el burro, la mona y el ángel. Como se había confundido… aunque. Parecía o le parecía que había visto ese martillo antes. Se rasco el mentón como si ahí tuviera algún tipo de switch que le hiciera recordar.

Se rio de sí misma rascándose la cabeza rapada cuando el monje le indico lo de la medicina para la alopecia. Pero por dentro sus dientes crujieron con ira. Pero. No era el momento de pelear. —No reconoces el estilo de una mujer guapa cuando la vez caballito?— Le respondió conteniéndose de iniciar un pleito pues su hermana comenzó a enumerar una cantidad ingente de cosas graciosas de su nuevo estado, —Es solo algo momentáneo… ya volverá mi color natural… espero— Miro con ira sanguinolenta a la sirena y después se volvió al grupo de furros. Quizás después habría algún momento para ponerle la cola al burro. Maki había visto antes a esta chica. La reconoció después de verla bastante. Pero no recordaba su voz. —Tú… creo que te conozco ¿No? ¿Eres esa tipa muda que conocí en Drum no?... o fue en Whisky peaks?... no recuerdo bien. — La recordaba por que era muy fuerte y ahora. Parecía que lo era más… la vena de la batalla poco a poco en Maki comenzó a inflarse más y más… estaba con mucha gente fuerte alrededor.  Se detuvo frente a ella un segundo. —Esos músculos… te ves mas fuerte… si… has estado entrenando?. Quizás cuando terminemos nuestros asuntos podamos enfrentarnos que te parece?... digo. Medir fuerzas. — Dijo caminando de espaldas por el camino sin dejar de apreciar a todos alrededor para finalmente agarrar del brazo para llevar adelante a Hyak y a la chica nueva que parecía que “Adoptarían” parecía como el Gigantón Moai. Solos. 

 El único que no le daba buena espina era el silencioso empleado de la paquetería que los acompañaba. Parecía demasiado estirado. Hermoso, bien entrenado. Pero. Sospechoso. Sus ojos afilados le dedicaron una mirada felina desconfiada antes de continuar arrastrando adelante del grupo a sus amigos con el coloso de los… ¿Mushrooms?... parece nombre de sándwich —Gigantón, te uniste a un servicio de sandwicheria? Me suena a hongos… son buenos?— Dijo la estúpida. Seguro había visto el símbolo de los piratas en el diario, pero pito que los recordaba. No ponía atención a esas cosas.

Espera… a esa mona también la había visto antes… no… si… bah da igual.

Se agachó unos segundos, hundiendo dos dedos en el barro. Lo frotó entre el índice y el pulgar. No había demasiadas huellas. Un ave gordo? Algún ciervo?. Nada que oliera a depredador. Aquello le inquietaba más que encontrar sangre y no le dejaba bajar la guardia. Los animales parecía que abundaban igual que la vegetación. Al menos la mas curiosa, Merlot estaba sobre el… mierda estaba jugando otra vez con el cabello, esta vez del gigantón… ¿Sería muy cruel cortarle todo ese cabello rosa para que aprenda?... fue en ese momento que algo raro ocurrió. Un ave, Pequeña, negra como azabache voló cerca de ella, se posó en una rama. Maki le miro, le silbó una vez más y este parecía responderle… giro su cabeza a un lado, luego a otro. Y elevando una vez más el vuelo terminó posándose sobre su hombro. Maki respondió con un pequeño silbido diferente, casi una conversación. El ave agitó las alas y desapareció entre las copas. No le había dicho nada útil. Solo que todo estaba demasiado tranquilo.

Cuando el ave volvió a volar, perdiéndose en el follaje abrió los ojos de par en par… pareció que una ráfaga de viento le golpeaba el rostro dándole una revelación aterradora mientras fruncia el ceño y le removía un mechón fantasma de la frente —Acabo de hablar con un jodido pájaro?— Murmuro.
…
…
…
Maldita merlot.

Miro un instante atrás, como posando la mirada en cada uno de los pintorescos miembros de esta compañía… si algo emergía de entre las ramas podría saltar sobre todos para defenderlos?... Maki no quites el dedo del gatillo de tu espada se dijo a sí misma. Si alguien cortaba a Merlot o Hyak siquiera con la mirada. Morirá.

Al llegar al borde, al linde del bosque Maki se emocionó, quiso saltar a la ciudad, pero viendo a un costado… pudo medio ver… cosas cayendo… era horrendo… una ejecución? ¿Un ritual? ¿Una batalla?... Maki miro sombría la situación. Estuvo a punto de decir algo cuando escuchó el rugir de la gente. Cientos de voces eufóricas Maki se quiso agazapar con algo de temor. No el temor que siente que serás herido, sino por los suyos. Tremendamente perspicaz quiso saber de donde venia dicho sonido como un cuerdo, estruendoso. Enorme… —Es…. ¿Una bestia? Debe ser enorme… prepárense señores de los cielos… Valars…— Quiso ordenar la tostada con patas, pero. Algo apareció frente a ellos. algo cegador, destellante y peligroso. Merlot se quedó en silencio, las hojas viajando por el carrusel del viento se detuvo y el trinar de las aves desapareció. Maki quiso saltar como lo había pensado antes. Hyak… quiso ubicar a su hermano. No lo vio, pero lo sintió. La mano salió sola. Ni siquiera pensó en ello. La palma quedó frente a Melones como un escudo improvisado.

Un… ángel, no como los falsos que Maki había visto por todo el mundo. Sino uno verdadero casi que se vio obligada a ponerse de rodillas, suplicar por perdón y absolución de pecados, pero no. No lo hizo, se resistió su voluntad era grande. No se sometería ante nadie.

Entonces el dios. Hablo. No lo era, pero para Maki y para la resonancia de su propio espíritu consideraba que sí. ¿Juegos?... información. Vale. Quizás era el anfitrión de dichos juegos. Claro. 


Esto era… emocionante… —Saludos emisario… mi nombre es MAKI D. ZEN´IN del Clan Zen´in de Marine Ford… antigua recluta Marine, pero con los ojos despiertos y henchida de ira venganza y furia, decidí unirme a mis amigos, mis luces en la niebla, mis hermanas y hermanos. Los piratas Valar. Servidores de los dioses. pero enemiga de los falsos. Para buscar el camino recto a la tierra prometida. Al reino de Valinor… la última isla, donde todos los tesoros sean entregados a manos llenas. Tesoros del alma, la sabiduría, la fuerza y la belleza. Tu quién eres… si no es impertinente la pregunta.— Declaro Maki acostumbrada a no mentir y lidiar con las consecuencias de su honestidad.

La ciudad a pesar de encontrarse ante esta aparición no mostraban mas que una mirada furtiva como si fuera rutina o quizás estaban mucho mas concentrados en sus propios asuntos comerciales. Maki deseaba probarse a si misma, desde que Bartolomew había mencionado aquello de juegos sintió que la competencia le llamaba. Solo esperaba que el monstruo de los Valar estuviera a la altura y no resultara en una jodida decepción como en todo lo demás que intentaba.

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
Su figura sobrevoló el río, rasante. El chaquetón blanco, característico de su rango, flameaba cual capa en su espalda; el viento inflaba sus mejillas mientras una sonrisa ancha, plena y un poco maniática pintaba sus labios en todo momento. La emoción del desafío, la expectativa, la novedad, lo estaba desbordando. Superó el ancho del cauce, rebasó a sus compañeros de división en un parpadeó y, nada más tocar el suelo, se acomodó para seguir la carrera. La GLORIOSA División 80 se tomaba muy en serio esas competencias entre camaradas y, como capitán, era menester para él ganar siempre que pudiera y a como diera lugar.

Soltó una carcajada al escuchar el llamado desesperado de Juan.

—¡Shihahahaha! ¡La vida no espera a nadie, Juancho! ¡Apúrate que si no…!

Un rugido lo interrumpió.

Decenas de voces corearon al unísono un grito de guerra. Decenas de almas, perdidas en un fervor cuasi religioso, aullaron a los cielos en uno de los picos más altos del mundo. Enji los escuchó y se detuvo. ¿Qué carajos era eso? Vio un risco, un lugar elevado desde donde, seguramente, se tenía una visión privilegiada de la ciudad de oro, y encontró subidos en su cima a un pequeño batallón de hombres y mujeres. Se hizo sombra con una mano y agudizó la mirada para tratar de discernir, pese al brillo del sol que lo cegaba, lo que estaba pasando allí arriba. ¿Se trataba de un ritual, acaso? ¿Alguna especie de tradición propia de la tierra que flotaba sobre las nubes?

—¿Qué carajos…? No, no, no… ¡Eh! ¡QUE NO CREO QUE ASÍ LES CREZCAN LAS ALAS!

Poder, ascensión, reconocimiento, gloria; todo lo buscaron al dar un paso al frente y precipitarse al vacío. Los vio saltar, los vio elevarse menos de un metro y luego, irremediablemente, los vio caer. Una avalancha, una ola de carne que se precipitó treinta metros hasta impactar en el suelo y quebrarse.

—Tch…

Cerró un ojo por la impresión cuando, incluso en la distancia, el sonido característico que hacen los huesos al partirse los alcanzó. Crujieron a la vez una docena de ellos, y luego otra, y luego otra. Lo peor de toda esa situación, de ese despropósito, es que no fue breve. Hombres y mujeres llovieron durante segundos completos. Los primeros en caer y morir fueron triturados por quienes venían detrás, y ellos por los que venían detrás, y así. Unos sobre otros, carne y hueso se amalgamaron en la tierra hasta formar una sola masa sanguinolenta de la que asomaba algún brazo, alguna pierna doblada en un ángulo imposible, o alguna cabeza cuya expresión de horror ( o gloria ) afortunadamente era incapaz de reconocer.

¿Qué carajos acababa de pasar?

—Juancho. —Su mano derecha, mientras se encontraba obnubilado en el caos, logró alcanzarlo, pero Enji no podía apartar la mirada del nuevo cementerio—. Sé que se supone que el veneno no me hace efecto… pero, por las dudas, que no se te ocurra hacer ensalada con ninguna planta que encuentres aquí arriba. Dios, hasta me dio un puto escalofrío.

Un hombre se levantó, el único superviviente de esa masacre, y, como si el universo lo reconociera, el zumbido de un cuerno se hizo escuchar. ¿Estarían usando, otra vez, las enormes caracolas que vieron en la costa? ¿O se trataba de un cuerno real que podía sonar en toda la isla a través de un soplido? Cuando finalmente se calló, dejándoles de regalo un pitido en los oídos, un fulgor apareció al frente de la procesión marine. Una luz blanca tan intensa que resultaba imposible sostenerle la mirada.

—¡Carajo! ¿Qué mierda pasa en esta isla del diablo? —exclamó mientras se cubría los ojos con el antebrazo—. ¡Shihahahaha!

El destello menguó al cabo de unos segundos y reveló, al desaparecer, una nueva presencia frente a ellos. Un hombre alto y desgarbado, de cabellera larga y naranja, estaba parado en su camino. Poseedor de dos alas blancas en la espalda y una serie de bolas incrustadas en el torso, llevaba consigo un báculo dorado, un casco de hierro y prendas ceremoniales que, otra vez, le trajeron reminiscencias de secta a la cabeza. Más allá de ese detalle, sin embargo, Enji lo encontró poco amenazante, como si su mente interpretara inconscientemente las facciones “angelicales” del ser que los abordó como una señal para relajarse. Aquel no era un enemigo.

Al menos, no todavía.

«¿Shandora? ¿Zarutsuki? Ahhh, así se llamaba el rey de aquí»

Información importante, pero no más que aquella recibida por el ángel un segundo más tarde. Ni más ni menos que Juan Sebastian, cangrejo, tortuga y marine del mes, dio un paso al frente en su forma reptil para presentarse. Enji, por supuesto, guardó silencio para darle lugar a su amigo. Después de Juan llegó Shin, y después de Shin llegó Masami. ¿En qué momento los había alcanzado? No tenía ni pajolera idea, pero menos mal y no se quedó perdido en el bosque. Volver a buscarlo hubiera sido toda una odisea.

Cuando los tres se habían presentado, el capitán de la siempre GLORIOSA División 80 tomó su turno, dio un salto y se paró sobre el caparazón de la tortuga Juan Sebastian. Los centímetros extra le permitieron no quedar tan abajo en comparación al ángel de tres metros y mirarle así a la cara.

—Hey, Cabeza de Lata. Yo soy Enji —dijo, señalándose el pecho con el pulgar derecho—. héroe y capitán de la marina —Extendió el brazo izquierdo y realizó un barrido que finalizó señalando a Akira y Masami—, líder de la GLORIOSA División Ochenta —Para finalizar, movió por completo su brazo izquierdo hacia la derecha, rotó el torso y acomodó las piernas para darle la espalda al ángel y enseñar, con ese gesto, la palabra “Justicia” que yacía tallada en su chaqueta mientras lo observaba por encima del hombro—. Vine para que el cielo me conozca y conquistar estos juegos. De nada.

La chaqueta se desprendió con tanto movimiento y acabó cayendo al suelo, y allí se quedó Enji, parado sobre Juan, enseñándole la espalda y los calzones al ángel que había llegado a recibirles.

off
Momentos antes de Shandora
Dilema Colectivo


Definitivamente… la que estaba fuera de lugar en aquella situación…
era yo.

Una errante que había alzado su arco, preocupada por un rostro que me resultaba familiar al de una persona que conocí en el pasado, tal vez tenía sentido, su cabello ya no era de aquel color cascada que tanto me había maravillado pero sus ojos seguían siendo los mismos, una mirada ambarina llena de vida que ahora me observaba con una tortura insoportable, como si yo fuera el verdugo de su libertad, el depredador que una vez la cazó.

¿Por qué me miras así, Kassandra?

La doncella de labial negros me observaba con inquisición, cuestionando ahora mi presencia y el vínculo que me unía no solo a Kassandra, sino también al marine de cabello rosado quien parecía no reconocerme en absoluto como también negaba su profesión, y actuaba con pavor de la palabra que esta significaba.

¿Yo podría estar más confundida de lo que ya estaba?

— ¿María Merlot? — musité en voz baja mientras guardaba mis pertenencias, contemplando aquella escena tan inusual que se desarrollaba ante nosotros, cada vez eran más las personas que se acercaban a aquel rompecabezas sin resolver, y al menos para mí… aún había demasiadas piezas fuera de lugar.

— Pues… — estuve a punto de justificar mis acciones pero antes de que pudiera hacerlo o siquiera a reaccionar, la protagonista de todas mis aflicciones decidió hablar en mi auxilio.

Sonreí al escucharla pronunciar aquel apodo tan entrañable nacido de mi fascinación por el violín, un profundo alivio me invadió al comprobar que Kassandra estaba bien, que ella seguía viva, que por fin era libre de quienes alguna vez la habían encadenado, por eso cuando abrí los brazos para recibirla en un cálido abrazo agradecí en el silencio a quien quiera que hubiese escuchado mis plegarias por concederme aquel milagro de tener a la verdadera María Merlot.

— ¡Aún no conozco a ese tal príncipe! — retomé con una pequeña risa respondiendo a su ensoñada realidad que siempre me pareció maravillosa — Nunca he soñado con algo así, ni lo he buscado, ¿Un príncipe… y el verdadero amor? — negué con la cabeza. — De momento solo amo la música.

Mis manos sujetaron su cintura y mi mejilla se acomodó sobre la suya como si la estuviese apachurrando, sin tener en cuenta, sin darle importancia…  al masaje de sus prominentes senos sobre los míos. Si… todo muy hetero. —- ¡Me alegra verte aquí!, ¡¿Todos ellos son tus amigos?!, ¡Y claro que hubiese intentado rescatarte a como de lugar!

María me presentó a sus leales compañeros, los mismos que apenas unos instantes atrás habían tenido recelo de mi presencia, ¡y con toda la razón del mundo!, me habían pedido identificarme ahora que el ambiente parecía más seguro y sintiéndome algo avergonzada por mis acciones, incliné ligeramente la cabeza hacia el frente en señal de disculpa mientras un tenue rubor persistía en mis mejillas. — Lo siento mucho… pensé que ella estaba… bueno, es una larga historia. — balbuceé con torpeza, supongo que María tiene razón, es demasiado difícil de explicar.

— Mi nombre es Miyori Hoshino, es un verdadero placer conocerlos, Maki y Hyákinthos — dirgí entonces mi atención al joven de cabello rosado — por cierto, Hyákinthos…

Me acerqué apenas un poco a él, procurando permanecer siempre al lado de María como mi eje de enfoque… — A ti te conozco de Baterilla, soy la chica con la que coincidiste en el faro durante una madrugada… — intentaba explicar, haciendo memoria de ella noche en que piratas saquearon el pueblo —- En ese momento pensé que ibas a suicidarse por que estabas al borde de las barandas, ¿no lo recuerdas? — Busqué la verdad en sus ojos.

El camino continuó para todos mientras algunos conversaban cordialmente con Maki, quien parecía guiar la expedición y advertirnos de los peligros que escondía aquel lugar, yo en cambio no podía evitar maravillarme por todo lo mencionado, no por la parte de los efectos corrosivos, era más bien por notar pequeños detalles en sus formas. Me resultaba tan increíble como fascinante descubrir que existiera una biodiversidad tan hermosa y al mismo tiempo tan tóxica para nuestros cuerpos.

Escuchaba con especial atención a todo lo que explicaba Hyákinthos que parecía ser una persona culta sobre las plantas, ¿se dedicaría a eso?, ¿explorador? — De acuerdo… no tocaré nada.



"¡Espartanos! Preparad el desayuno y comed bien, ¡porque esta noche cenaremos en el infierno!"

Vino a mi esa frase que una vez leí en una novela muy antigua, de ficción y épocas antiguas sobre valientes guerreros que dieron su vida por defender su orgullo y sus ideales, ¿la razón de ese recuerdo?, un fuerte sonido que  llegó a mis oídos desde la cima de una montaña, una cantidad masiva de personas cayendo desde lo alto para desplomarse contra el suelo, aparté la mirada tan pronto como me acerqué a un árbol, y detuve mi andar para cubrir mi boca… quería vomitar.

¿Qué fue eso?,  ¡¿Quién los obligó a tal atrocidad?!

Sentí mucha tristeza al verlos morir de esa manera, y solo esperé… anhele, un descanso eterno.




Avanzar parecía estar marcado por un mal presagio después de haber presenciado la muerte ajena pero debíamos continuar a pesar de lo sucedido, las indicaciones habían sido claras, no debíamos apartarnos de la ruta establecida, sin embargo, mi corazón me suplicaba dirigirme hacia aquella zona en busca de supervivientes.

¿Habría… aunque fuera uno solo, que hubiese logrado escapar de un destino así de cruel?

Mis dudas se desvanecieron con la aparición de una figura casi astral, un mensajero enviado por recibir en aquella tierra a los viajeros provenientes de islas lejanas, nuestro grupo, que ahora era numeroso con la llegada de nuevos rostros desde un Mink de pezuñas con melana blanquecina, una mujer de rasgos que hacia referencia a los de un primate y una hermosa mujer alada cuyo cabello se dividía en dos tonalidades opuestas, blanco y negro. Y entonces, entre pasos silenciosos me percaté de una presencia más que había actuado desde las sombras, un hombre de cabellos tan negros como el azabache y ojos del color de las esmeraldas.  — *¿Dharma?*

Instintivamente di un paso en su dirección pero desistí de la idea de saludarlo, las cornamentas de la proeza no nos permitían desviarnos de ese curso y por ello continué avanzando junto al resto del grupo sin saber que estaba pasando ahora, Skypiea ha sido el lugar que más sorpresas me ha entregado. Un destello desde lo alto para cegarnos parcialmente durante unos instantes hasta que una entidad de apariencia celestial hizo su aparición, erigiéndose como el guardián de aquello que nos aguardaba al siguiente “nivel” de esa ruta.

Sus manos sostenía un cetro dorado más largo que su propio cuerpo, sus vestiduras eran amplias y elegantes, caían con naturalidad la seda de sus telas que ceñían algunos puntos de su figura musculosa, su piel era nívea por completos y sus ojos permanecían ocultos tras un grueso caso de metal que le confería un aire solemne como impenetrable y neutral ante la balanza de las decisiones. Lo que más llamó mi atención fueron las cuatro esferas incrustadas a ambos lados de su abdomen, ¿tendrían algún significado? resté importancia al verme eclipsada por la majestuosidad de sus alas blancas, tan puras que era difícil no asociarlo a un ser angelical.

— Mi nombre es Miyori Hoshino.… — dije con voz tranquila y serena, acatando las indicaciones del ángel que nos había solicitado identificarnos para poder cruzar el umbral que resguardaba, fue entonces que mis ojos azules deslumbraron lo que estaba un poco más allá, me parecía visualizar personas preparando sus puestos para iniciar sus negocios mercantiles con cajas repletas de sus regalías, fue entonces cuando recordé que había llegado a este lugar gracias a la dedicación de una persona.

Dona.
Perdoname, Dona. Te dejé muy atrás.
¿Ahora que hago?, ¡Ella tiene las credenciales para ingresar al festival!

Me preocupé infinitamente sin saber como continuar o justificarme, posiblemente me tendría que quedar a que la banda y los demás de la tripulación llegase con los cargamentos, eso pensé hasta que la mujer de vestiduras negras y sublime calvicie tomó el mando para hablar por sus compañeros y aliados, ¿Estaría yo implicita en esa presentación?



Amphitrite Toca la Canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
Una vez que Bertram terminó de cruzar, usando el puente de flechas vectoriales que había creado y agradeciéndole el favor, Moja esperó unos instantes por si quedaba algún rezagado de las otras divisiones. Pero visto el percal, y con el capitán Enji ya volando sobre el agua como un poseso, nadie más iba a usarlo. El mink hizo un leve movimiento con los dedos y las ocho bandas de la fruta Aro Aro se desentrelazaron en el aire, encogiéndose rítmicamente hasta desaparecer de vuelta en sus muñecas. Se acomodó la gorra con un tic rápido de la cabeza; mantener las flechas activadas mucho tiempo le terminaba dando un dolor de sienes de lo más molesto.

Cruzar el río fue la parte fácil. Lo que vino después... eso sí que no venía en los manuales de la academia.

Primero fue el horror en el risco de la ruta vecina. Un grito de guerra lejano, un montón de piratas saltando al vacío y luego el sonido. Ese crujido húmedo, espantoso, de huesos machacándose contra el suelo de oro que llegó nítido a las orejas felinas de Moja. Medio centenar de vidas extinguidas en tres segundos por pura estupidez. El mink ni pestañeó, pero las pupilas se le contrajeron hasta casi cerrarse por completo. Sabía perfectamente lo que era ver morir a la gente por culpa de las malas decisiones de otros.

Luego, el estruendo del cuerno y ese maldito destello blanco que lo obligó a taparse los ojos con el antebrazo izquierdo, soltando un bufido molesto. Al bajar el brazo, allí estaba el tipo de tres metros. Un ángel con alas blancas, casco negro y cinco esferas metálicas incrustadas en el esternón, justo a la altura de la boca del estómago. El sujeto empezó a hablar con una voz ceremonial que atronaba el ambiente, pidiendo identificaciones para los dichosos juegos de Zarutsuki.

Y ahí empezó la verdadera tortura para Moja: la vergüenza ajena.

Juan Sebastián, el gyojin, se transformó en una tortuga y empezó a hablar de que le gustaba la lechuga. Luego el comandante Shin se puso a brillar como una bombilla de feria con su fruta de luz, soltando un discurso sobre ser el mejor marine de la historia que a Moja le pareció de un egocentrismo indescriptible. Pero el culmen de la desgracia fue Enji. El capitán de la 80 se subió encima del caparazón de la tortuga, se presentó como "héroe", hizo una pose ridícula dándole la espalda al ángel y, con el ímpetu, se le cayó la chaqueta de capitán al suelo, quedándose allí en calzoncillos enseñándole las nalgas a un enviado divino.

Moja sentía que el pelaje negro de la cara se le encendía de pura rabia y bochorno. Aquellos tipos llevaban el mismo uniforme que la Marina que a él lo había rescatado de las cadenas. ¿Esa era la imagen de la justicia que daban? ¿Un exhibicionista, una bombilla y una tortuga comedora de verduras?

Dando un paso lateral para alejarse ostensiblemente de aquel grupo de desequilibrados, Moja se colocó a un lado, buscando un mínimo de cordura militar. Se cuadró, pegando los brazos a los costados de su robusto cuerpo de pantera, y levantó la barbilla hacia el ángel de tres metros. Sabía que tenía que identificarse por orden superior, y él no iba a ser el que rompiera las reglas.

-Contramaestre Alejandro Montoya Jara. División Sesenta de la Marina- dijo. Su voz sonó directa, seca, cortante como una bayoneta, rompiendo su habitual silencio solo porque la situación lo requería.

No añadió nada más. No habló de sus gustos culinarios, no brilló, ni se quedó en paños menores. Volvió a la posición de firmes, con los ojos amarillos clavados en el casco del ángel, esperando que el protocolo continuara antes de que a alguno de los otros marines le diera por hacer otra estupidez.

Información

*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3698 + 0 = 3698
Energia: 3916 + 4 = 3920
Espiritu: 742 + 0 = 742


Salto de foro:


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