[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano

Un hombre con una misión y un destino, uno que siempre enfrentaba sin miedo, ni dudas. Hacía tiempo había dejado de evitarlo. Dejaba reposar el acero de su arma en el hombro dejándola descansar una vez más que al igual que todas y cada una de sus hermanas se habían acostumbrado al fragor de la batalla desde que sus manos la empuñaban y aun así, todas y cada una de ellas mantenían su filo intacto. Jamás las maltrataba, las mimaba así como si fueran su esposa y al igual que a sus mas allegados las daba siempre su lugar en su mundo. Todavía no se acercaba al alma, ni de lejos, sin embargo, la favorita de todas ellas pedía a gritos volver a ser desenfundada para nutrirse de la sangre de un nuevo enemigo, pero ese alma no era escuchada por su portador. No todavía. Frente a el, lo que bajo su propio juicio podría ser una de las 10 maravillas del mundo ocupaba toda su atención. La ciudad de oro de la Isla del Cielo, Shandora. Así como Varo y Yuuki la habían llamado. Era algo tan increíble de ver que si alguien le hubiera contado sobre ese lugar jamás le habría creído, y así como otros tantos recuerdos esa ciudad quedaría en la memoria de un mortal más, un cualquiera, que ahora tenía un nuevo objetivo en mente, uno muy ambicioso. - Sera mía - Una ciudad construida con oro ¿algún pirata que recordéis tenía un tesoro tan grande como una ciudad? Algo dentro de el le decía que no sería la última vez que pisaría esa tierra.

El guiado por el sendero de su propio acero y la no suerte del diablo quedó rezagado del grupo, teniendo una visión panorámica de todos y cada uno de los miembros de su tripulación. Por un momento, todo a su alrededor quedo paralizado, como si por una fracción de segundo el tiempo no estuviera corriendo. Ahora, en aquella fracción de tiempo, presto atención a su tripulación dejando de lado la ciudad dorada y todo lo que ocurriera a su alrededor. El tiempo para el volvió a la normalidad y su expresión, anterior de sorpresa, volvió de nuevo a su cara inexpresiva que siempre le acompañaba. - ¿Estarás a la altura? - La confianza que sintió respondió la pregunta que se hacía a si mismo sin tener que formularla. Jamás los dejaría caer, ni aunque la muerte llegara a visitarle.

El tintineo metálico de sus andares volvió a aparecer a la que dio tan solo un paso y siendo el último de los suyos, avanzaría siguiendo los pasos del capitán. Pero algo estaba sucediendo no tan lejos de donde se encontraba y eso, llamó su atención. Freno su andar y giro su cuello, fijando su vista ahora en otro punto diferente, de ese de donde provenía todo ese escándalo. Observó como desde ese lugar, decenas de hombres saltaban hacia la muerte así como si ese hubiera sido su destino desde un principio. Hombres decididos, ilusos, pero decididos. Abrazaron la muerte sin miedo y aunque eso tuviera su punto de valor para el azabache, le pareció una perdida de vida innecesaria. El espadachín de la isla helada del mar del sur ni si quiera cambio su expresión. Afinó un poco más su vista desde su posición. De entre todos esos hombres, uno de ellos parecía haberse levantado del suelo a excepción de sus compañeros. A continuación, escuchó el estruendo sonido grave de aquel cuerno que inundó toda la ciudad; interpreto que todo estaba a punto de empezar. Cegado por aquel flashazo de luz que apareció frente a el, llevo su zurda hasta su frente intentando ver algo más allá, pero a pesar de su esfuerzo no pudo ver nada hasta que la luz desapareció. Una vez sus ojos se acostumbraron de nuevo a la claridad normal del ambiente, vio clara la figura del que parecía ser un ente grandioso. Duplicaba su altura a proporción y detrás de ese casco que le cubría la parte superior de la cara ocultaba su presencia. 

Escuchó el discurso y espero su turno una vez hablaron todos cargando con su diestra el acero, sin moverlo. Sintió algo dentro de el, algo que quería salir con todas sus fuerzas. Su ansia de dominar aquel lugar amenazaba con salir de su cuerpo. Dejo que Yuuki introdujera su mano en el bolsillo a sabiendas de que era lo que estaba intentando. - Ya lo gaste todo Yuuki, prueba suerte en otro momento. - El azabache susurró a su compañera que solía rebuscar entre los bolsillos de todo el mundo, para el no era algo nuevo, hoy no iba a darla ninguna colleja. - Ah tranqui parece un buen tipo yo jamás le haría nada -  Y eso queridos amigos era una mentira más grande que el New Era Joy Park, para ese momento ya había calculado 3 maneras de matar a ese tipo. Barald dio dos pasos al frente, quedando a 2 metros del angel. - Mi nombre es Barald Kane, de los Hanu Mahana. - Tras sus palabras, quedo a la espera de las siguientes indicaciones hasta empezar los juegos, no sin antes elevar la mirada hasta el ángel con el cuello echado hacia atrás para poder mirarle mejor. Algo dentro de el emergió producto de su convicción en venir a llevarse el oro, el de la medalla de oro de ganador no el de Shandora, no seáis malpensados ¿desde cuando le gusta a Barald llevarse lo que no es suyo? ese algo, era su voluntad. Esa que le dominaba.

[Imagen: IMGUUSSRRS.jpg]
- He venido a ganar estos juegos. - 

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
Las vibrantes personalidades de los Hanu Mahana contrastan con el tímido sosiego de los Sepulturas. Tras la efusividad se despliega la sensatez: unos buscan fortuna y aventura; otros se decantan por la lógica y la información. ¿Runin? No podría prestar más oídos sordos ante las nimiedades de los nuevos conocidos. Los sonoros pasos se abren camino hacia el inminente futuro, los orbes chocolate brillan tanto como el oro que se extiende ante sus narices. La reluciente ambición, el deseo de explorar hasta la última roca del lugar, el dominio sobre todo y todos, y los vínculos que los unen; cada uno de ellos avanza en dirección hacia lo desconocido, guiados por el sentir que más los motiva, qué los hace únicos.

¿Y ese ruido? ¿De dónde proviene? La mirada se alza, los pasos se detienen, los labios se separan y el entrecejo se frunce. ¿El calendario indicaba alguna procesión de suicidio masivo o la estupidez acaba de alcanzar una cúmbre que no sabía existía? Las palabras de Ryota resuenan en la cercanía, por lo que Runin camina en su dirección sin alejar la vista de los hombres y mujeres que caen del alto risco.



—No puede ser… esto es atroz.

Emite aquellas palabras en un ligero tono que sugiere preocupación. Cardan parece sentir lo mismo al acercarse, asustado, hacia su dueña, ascendiendo por su cuerpo hasta posarse sobre su cuello. ¿Es aquel escenario suficiente para remover la fibra más sensible de la fémina? Los gritos emocionados se convierten en dolencias, miedo, desesperación y muerte. ¿Incluso alguien como ella es capaz de sentir pena por el prójimo? ¿Compasión? ¿Temor?



—Espero no cancelen el evento por eso.

No, claro que no. ¿Con quién creen que están tratando?  ”Prioridades definidas” es lo que le gusta pensar antes de actuar, incluso antes de sentir. El respeto por la muerte no significa respetar las decisiones en vida. ¿Han saltado por deseo propio o motivaciones anexas? Levanta los hombros con un deje de quemeimportismo hasta que la voz del capitán de los Sepultura llama su atención. ¿Ritos fúnebres? ¿Enterrarlos? Runin levanta las cejas con cierto grado de interés expresado en cejas levantadas y la comisura de sus labios elevándose con ligereza.

Separa los labios, deseando cuestionar, cuando el ruido de un cuerno de guerra se expande alrededor del lugar. —¡¿Ah?! ¿De dónde proviene el ruido? —La mirada abandona el escenario anterior para buscar a sus compañeros, al menos hasta que una fuerte luz la ciega al instante. Su cuerpo se mueve antes que su mente cuando se pone en guardia. No es especialmente buena esperando ataques, ni siquiera cuando puede ver bien; sin embargo, nunca es mal momento para hacer entender que no teme a las sorpresas.

Habiendo pasado el susto inicial, la fémina trata de abrir los ojos para enfocarse en aquel que intenta atacarlos. ¿Eh? Cuerno de guerra, alguien alado con la belleza propia de lo etéreo, una isla en el cielo, un poblado de oro, muertes inminentes en la lejanía. ¿No es obvio? ¡El final ha llegado! ¿No era lo que profesan los viejitos en Sorbet junto a los mensajes de amor sobre un dios que no recuerda en una iglesia que huele a madera añeja, sueños y compasión? ¡Claro que sí! ¿Qué diría la difunda Nuvia sobre ello?

“Mi niña, nunca es tarde para vivir la vida, tampoco para arrepentirse”

¿Es este el momento idóneo para hacerlo? La mirada asciende hacia el astro padre, desciende hasta el alto hombre que les da la bienvenida y es cuando escucha vocablos escapar de esos suaves labios que parecen tallados por lo abstracto, lo onírico, lo inmaculado.



—Babosa, me asustas.

Avergonzada por sus pensamientos más terrenales niega en completa molestia, bufa en un intento de buscar la paz interior hasta que el esposo del jabón líquido intenta presentarlos de la manera más mundana y agraviante posible. —Tu hermana. —Responde. En serio, ¿quién diablos es Juanita Mariana? —Fu... —Esconde sus labios en un intento de no hacer notoria la risa ante el comentario de su capitán, quien, siendo tan despreocupado como siempre, atiende a su necesidad de exponer su nombre.

No solo él, todos los Mahana siguen la misma corriente. ¿Para qué ir contra ella? Al final del día también disfruta del reconocimiento de los medios. ¡¿Quién no lo haría?! —Fufufu, ¿por qué tan agresiva, hermanita? —La pasiva agresividad de Yuuki provoca divertidas negaciones que son imitadas por Cardan.

Llegado el turno de la amazona, levanta el mentón, la sonrisa se extiende demostrando la confianza típica de su persona, el pecho se infla con determinación; su serpiente imita cada movimiento, incluso la mirada parece tornarse más sagaz, para variar.



—Runin Kitay, miembro de los piratas Hanu Mahana; un gusto conocerte, cariño.

Sin ápice de vergüenza muestra tanto embeleso como necesidad de embelesar. —Él es Cardan, también forma parte de la hinchada, como dice mi querido capitán. Por favor, no lo lastimes, es solo mi dulce mascota. —Por un día que no exponga mentiras, nadie morirá. ¿No?

—Oh, solo para especificar. Exploradora y carpintera de mi tripulación. ¿Necesitas alguna información más, guapo? —Cuestiona. De repente, gira su rostro hacia el mink de sombrero. ¿Cómo dice llamarse? Varo Ganchin: un explorador. Por la información dada con anterioridad parece ser una persona letrada. Los orbes chocolate suben y bajan antes de guiñar hacia él. ¿Qué cosas interesantes tiene qué decir? Hace mucho que no conoce otro explorador. ¿Será mejor que ella? Debería aprender un poco de sus conocimientos.

Así como sus amigos recién están aprendiendo que se ha convertido en una carpintera. ¡Ah! No ve momento perfecto para empezar a ponerse manos a la obra con el Aloha Kai, su nuevo gran experimento. Siempre después de caminar junto a su capitán y amigos, rebuscando con la mirada más allá de donde apuntaba el ángel.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Parecía que los miembros de la división 60 se habían predispuesto a repartir tarjetas tan pronto como Kael decidió tomar el número de uno de los suyos. Así, cuando el comandante Stroud hizo entrega de sus tarjetas, le siguió su Contramaestre Bertram Gaufrid, que hizo lo posible por ofrecer a todos los presentes de la misma forma, pudiendo así comunicarnos entre todos con mayor celeridad. El comandante de la división 75 y la única integrante femenina de todo el batallón, por supuesto, se vieron sorprendidos por esta magnífica idea, entregando a viva voz una respuesta de aceptación por la idea, queriendo replicarla en el futuro. Para el azabache, la idea podría haber sido tomada de tener algún rango justificante de aquella descripción, pero para sus adentros, no tomaría tal osadía ni siquiera en el rango de Sargento, y al permanecer a día de hoy como Soldado Raso, prefirió utilizar su tiempo durante todo el transcurrir de su estancia en el Paraíso para procurar informes, analizar todos los datos de criminalidad a los que tuviera acceso en la base del G-39, y más importante, trabajar como agente encubierto para, de esta forma, destapar enclaves criminales dispuestos en las ciudades.
Un trabajo al que sin duda, estaba bien especializado para realizar.
Su sorpresa acudió en cuanto su compañera de división, quién había mostrado cierto desánimo desde la llegada a los cielos, se acercó al mismo para preguntar en un susurro algo acerca del rubio de la división 80. Kael, por supuesto, no entendía nada, pero no tuvo la capacidad de reaccionar frente a esa idea de forma racional.
Otra vez volvía a ser víctima de su debilidad.
Llevó su diestra por encima del mentón, cubriéndose la boca por completo mientras que la nariz respiraba de forma algo alterada y pesada, preocupándose por saber si el abrupto cambio de sus facciones sería notado por su compañera.
El soldado Raito, como caído del cielo, por suerte, los interrumpió.
Aprovechó esos momentos de contacto entre él y su compañera para tratar de calmarse. Aquel acto le había pillado completamente desprevenido, y el susurro de su voz en su oreja...le había pasado factura.

—Parece que tienes muy buen oído, Akira.—el miembro de la ochenta continuó hablando sin mostrar ningún interés ni molestia en el asunto. Buscaba también ser amigo de Kuroshiro, y eso fue motivo suficiente para descartar una continuación de la conversación por parte de Omuyaga, enfocado en distintas cuestiones más acuciantes dentro de su cabeza...
Como empezar a entender que había momentos en los que podía pasar por eso, y momentos en los que era mejor mantener las formas.

―¡Pues a mí me encantaría jugar a algo con una pelota! Creo que sería muy divertido poder jugar a algo por equipos. Con Shin para lanzar pelotas y Kael para aguantar lanzamientos, ¡ganábamos seguro!
 
Bien, esa, no era precisamente una de sus ideas.

El más racional de los tres no ofreció palabra en respuesta, esperando que esa idea no fuera sino otra de las muchas ilusiones de la humink las cuales, si bien con verdadera intención de cumplirlas, quedasen opacadas por los quehaceres necesarios de la marina, y otra serie de actividades que impidiesen a la mayoría de los presentes realizar algo como eso. 
Principalmente, porque él era demasiado malo en esa clase de juegos.

En aquel espacio reducido, Kael comenzó a comprobar como todo el mundo parecía capacitado para interrumpir o introducir su palabra en conversaciones ajenas, y si bien de todos ellos a Shin era al único al que se lo permitía internamente sin ninguna molestia, no fue de su completo agrado que mencionase, precisamente, el dato que él estaba tratando de omitir.

―Sí, así es. Tal y como dice mi comandante, un supuesto teniente Wotan de la Marina con traje andrajoso nos atacó, y tuvimos que hacer lo posible por sobrevivir y vencerlo antes de poder escapar del lugar.―Y si decidía no volver a entrometerse, de nuevo, trataría de dejar la conversación en ese momento, una vez más, omitiendo el resto de detalles que pudiera evitar mencionar en aquel momento tan informal entre los ahora dos humanos y el mink.


Las horas se sucedieron más calmadas, volviendo hasta que finalmente todos y cada uno de los marines atravesaron el río sin ningún tipo de dificultad, observando como, de todos ellos, Hasegawa utilizaba capacidades menos comunes para realizarlo para, de nuevo, demostrar su genuino control de su tan poderosa Akuma.

Pero entonces...

Víctimas de la locura comenzaron a sucederse. Uno tras otro, el sonido más seco que acompañaba ese "crack" tan difícilmente descriptible, fue acompañado de otros más blandos, dolorosos, sangrientos...y que cualquier ser con empatía podría llegar a sufrir revolviéndose el estómago hasta encogerlo por completo. 

No puede, desde esa distancia, contar el número de víctimas humanas y no humanas que se han sucedido una tras otra en aquel lugar a la distancia, ni tan siquiera por el ruido de sus cuerpos que, entremezclados en los gritos, taparon seguramente muchos otros ruidos de víctimas mortales justo antes de fallecer. Observó los rostros de todos los presentes, algunos consternados, otros confusos y...algunos, simplemente, no respondían, paralizados sin procesar la situación.

Kael respiró hondo, y esperó una respuesta, o más bien una orden de parte de mandos superiores, concretamente, del joven Comandante Nanashi o del que habían considerado era uno de los mayores héroes de la Marina en el momento actual: el Santo Enji. 

Ninguno de ellos lo hizo, por una razón especialmente única y concreta.


Proveniente de la tierra dorada de Shandorah, el sonido de un cuerno de guerra hizo eco en los vientos hasta llegar a los oídos de todos los marines testigos que, petrificados por una situación u otra, quedaron a la espera de conocer el motivo por el que aquel artefacto había sido activado. ¿Un llamado de aviso? ¿Un acontecimiento? 

"Puede que hayan sido testigos de la masacre". 

Kael se mantuvo a la espera, observando como de aquella ciudadela, procedía a acercarse frente a ellos una criatura desconocida y de aspecto angelical. No portaban el color negruzco característico de los Lunarian en la piel, y por la forma de sus alas desconocía si era un Birkaniano, pero aquellos pensamientos simplemente quedaron silenciados en su mente, manteniendo el temple ante un desconocimiento tan banal que no merecía la pena prestar atención en aquellos instantes.

"Así que una identificación, ¿eh?"

Los hombres de la marina comenzaron a caminar uno a uno para presentarse ante aquel, empezando por Juan, quién no parecía estar dispuesto a seguir un orden precedido por los rangos, no obstante, el de cabello azabache decidió mantenerse a la espera aún así, buscando que todos los que lo superaban en rango lo hicieran previos a él, como un acto de cortesía, más llevado a la rectitud de la jerarquía que por otra cuestión distinta a la mencionada.

El siguiente en mostrar su presentación, manteniendo el mismo rango que el Gyojin, fue mi querido amigo Shin, dejando en sus palabras la evidencia clara de que, a día de hoy, por más que la situación lo requiriese, jamás cambiaría su forma de ser. Por muchos años que lo conociese del pasado...puede que todavía tenga algunas cosas que aprender de él.

Fue entonces que apareció el undécimo marine, alguien que no les acompañó en ningún momento durante el viaje, y que ni siquiera estuvo presente durante la presentación de las tres divisiones. De haber sido jurisdicción de Kael, en ningún momento se habría quedado atrás ese birkaniano, especialmente al tener algo estudiado el estilo de vida que llevan los miembros de su raza en esta tierra, al menos, por conceptos generalizados.

Aprovechó la fuerte llegada de Masato y sus palabras hacia el albino para acercarse naturalmente hacia Juan, aquel al que consideraba más aceptable de entre los cuatro miembros de la división ochenta. Tenía en mente el genuino buen oído que tenían algunos de los marines allí presentes, por lo que no se molestó en tomar mayores precauciones que cambiarían el estado de alerta de los que prestasen atención.

―Juan, sería conveniente que actuásemos con cautela a partir de ahora. Ninguno queremos que sea la marina la causante de problemas.―Desconoce si él entendería completamente el significado de sus palabras, pero en beneficio de la duda, le entregó la oportunidad para, ya de paso, comprobar hasta que punto podía verdaderamente confiar militarmente en un hombre como él. 

El grito de presentación del Santo fue más que suficiente para perder aún más las expectativas que el soldado había puesto sobre él. Sin duda, incluso un hombre como él poseía un fuerte valor para atreverse a insultar a uno de esos ángeles en un territorio con una influencia tan mínima de parte del gobierno mundial. Al menos su actual gobernante era un conocido Shichibukai, y si era magnánimo, o no llegaba hasta sus oídos la ofensa de estos seres, quedaría en un momento de nervios sin repercusión alguna en el futuro.

Fue durante la siguiente presentación que tuvo la capacidad de conocer el nombre del otro mink al que no había tenido la capacidad de ponérselo anteriormente: Alejandro Montoya Jara. Por supuesto, el rango de Contramaestre ya había sido identificado anteriormente dadas las hombreras del marine, pero con ello en mente, al menos podría dirigirse apropiadamente a él, si la situación lo requería. En su rostro pudo comprobar en tan solo un vistazo como él, al igual que su comandante, no parecían aprobar las medidas tan liberadoras de la división ochenta. Al menos, parece que los de menor rango de algunas divisiones iban en concordancia con la de sus superiores, si bien no todos compartían las mismas ideas.

Akira no tuvo la misma idea que Kael, dejándose presentar primero antes que personas de mayor rango como el Contramaestre Bertram, por ejemplo. El valor que precedía el capitán de su división parecía inyectado en el de cabello puntiagudo, comprobando en él como su osadía, si aquel hombre alado que nos daba la bienvenida perdía la paciencia, podría terminar en una muy, pero que muy mala situación. 

Suspiró, esperando que no hubiesen incidentes en todo aquel asunto tan particular.

El que continuó con aquel momento burocrático fue el comandante de la división de la corriente distinta: Stroud. 

Su presentación fue escueta, firme, lo que esperaba ver de un hombre como él, y sin mayores rodeos. Al no considerar que debía responsabilizarse por los actos de una división que no era la suya, prefirió no juzgar. No sabía que clase de ideas y pensamientos mantenía en su cabeza, pero sin dudas, esperaba que tuviera en mente al menos tantos pensamientos en mente como él los tenía en todo momento.

Acortando la lista en gran medida, la única dama del batallón tomó turno previo al pelirrojo, algo que ya en aquel momento había podido esperar de su parte. Su atención solo fue deliberadamente hacia ella cuando de reojo comprobó la reverencia de la humink, algo que no terminó de entender por parte de los dos integrantes de la setenta y cinco. ¿Habían hablado de algo durante el camino hasta el lugar? No...le estaba dando vueltas innecesarias. Esa era la forma correcta de presentarse en ocasiones normales, pero no con el traje de la marina.

Aún así, empezó a dudar. 

Sus ojos siguieron su figura al caminar cuando terminó su presentación, acercándose hasta Hasegawa para, de esa forma, decirle algo directamente al oído. Fue justo en ese momento específico cuando Kael apartó la mirada por completo, tratando de calmar sus pensamientos tan pronto vió los labios ajenos dirigirse tan cerca de su compañero, sin que nadie más los escuchase. Si no fuera por el momento que había sufrido por su parte horas atrás, quizás la habría tachado de indecente, pero sabía perfectamente que su forma de ser tan particular le hacía realizar aquel acto para entregar información sin que nadie pudiera escucharla.

Al final, el que debía aprender a controlar sus emociones frente a los susurros, era él.

Apenas el contramaestre Bertram presentó su nombre con la formalidad que esperaba de alguien de su rango, terminaron por quedar presentes tan solo dos soldados. En términos generales, la actitud de la división sesenta le hizo entender que aquellos marines sabían comportarse adecuadamente si la situación lo requería, algo que tuvo a mal juzgar en el encuentro entre las tres divisiones, y que, desde ese momento, junto con otros nuevos pensamientos, tendría a bien corregir.

―¿Me permites que vaya primero?―preguntó a Kibai, previo a dar el siguiente paso, acercándose hasta la supuesta figura de poder en las tierras del cielo.

"¿Jugar, o no jugar? Esa es la cuestión."

Sus dos compañeros de división habían tomado la opción de intentarlo. Quizás era una buena manera de hacerse conocer en las nobles tierras celestiales, que si bien sus noticias parecían apartadas del resto del mundo, quizás con la influencia de la gran Empresa Nozama podría extenderse por todo el ancho mundo.

―Kael Omuyaga, soldado raso de la Marina, miembro de la división 75, y marine escolta de una de las embarcaciones de la empresa Nozama hasta estas tierras. De ser posible, también me gustaría participar en los juegos.―Su mente se mantuvo dubitativa entre una presentación militar y una de estilo burgués. Los otros dos miembros de su división habían optado por realizar una del segundo estilo, por lo que, en concordancia con quién era el líder de su división, dejó su juicio en confianza de su compañero, y con el trabajo de quién lleva toda una vida practicando su etiqueta y los más estrictos modales para la más alta clase social, Kael entregó con completa formalidad una solemne y educada reverencia, antes de apartarse adecuadamente del paso, para que el último de los presentes finalmente pudiera identificarse frente al ángel.

Se acercó sólo entonces hasta sus dos compañeros de división, las personas en las que verdaderamente podía confiar en aquel momento, y a la espera de lo que fuese a acontecer a continuación, alejados lo suficiente del lugar de presentación, entregó unas pocas palabras.

―Los tres vamos a participar en los juegos, por lo que vamos a tener la oportunidad, pero espero que si no se manda ningún equipo de investigación sobre lo sucedido con esos hombres, los marines que no participen decidan ir a reconocer la zona si tienen la oportunidad para ello.

Todo debía seguir su curso, y con la esperanza puesta en el dios que lo protege de todo mal, esperaba que nada negativo les ocurriese a ninguno de los marines, y por supuesto, a ni un solo civil de este hermoso lugar que debían proteger todos ellos, de alguna forma o de otra.

Presentación angelical
[Imagen: jGxJg3p.png]
Dentro del sendero, en medio de la confusión
 
No podía hacer más que suspirar ante la confianza de Merlot y Maki en gente que el médico consideraba como completos desconocidos, estaba seguro de que algún día se encontrarían con alguien que podría ser un peligro y estarían en más de un problema por culpa de aquella inocencia que parecía aceptar a cualquiera, así que, bien, al menos él podría mantenerse alejado de todo aquello o eso tenía pensado hacer hasta que la sirena lo presentó y la mujer pelinaranja le habló y bueno, en honor a la verdad, no parecía más peligrosa que Merlot, así que tal vez podía aceptar su compañía, así como la del enorme hombre que se supone los había ayudado en algún secuestro, al menos mientas caminaban por el exótico sendero.
 
Escuchó a la chica nueva presentarse, algo que hizo que el médico simplemente asintiera con su cabeza y se dispusiera a continuar con su camino, aunque no hizo dar más que un par de pasos cuando escuchó su nombre por parte de la chica de ojos azules como el mar…Jmmm…Azules…Algo le decía que había visto esos ojos antes.
 
—¿Ah? No conozco una isla con ese nombre —. Se detuvo en seco y encaró a la chica, aunque su voz, lejos de ser grosera, solo estuvo llena de confusión. No podía recordar la isla de Baterilla y tampoco ningún faro, bueno sí, recordaba muchos faros y ese era el problema…podía tratarse de cualquier faro en el que hubiera estado, pero, antes de que pudiera hacer más preguntas, ella mencionó algo que lo hizo abrir los ojos como platos y formar una casi perfecta “o” con su boca. —¡TU! ¡La chica de ojos de huevo frito! ¡Te recuerdo! Bueno, no…no recuerdo ni tu cara ni tu nombre, pero recuerdo ese momento —. El médico soltó una risa que contrastó con su actitud distante de antes.
 
—Por supuesto que recuerdo el incidente del “suicidio” ¡Qué insolencia! Mira que creer que alguien tan hermoso como yo sería capaz de arrebatarse la vida, pero, no te culpo, supongo que no es normal para ti ver a alguien con un equilibrio tan envidiable —. Presumió un poco simplemente porque tenía ganas de hacerlo, todo mientras pasaba una de sus manos por sus suaves cabellos rosas para acomodar mejor los mechones que caían sobre su frente. —¡Je! Pensar que me conociste cuando me infiltré en la marina para…bueno, no importa para que...pero si que ha pasado tiempo desde aquellos días —. Aclaró su garganta antes de caminar a un lado de la chica y pasar un brazo sobre sus hombros para hacerla caminar a su ritmo.
 
—Ahora entiendo lo de “marine rosa”, pero los dioses me libren de ser de la marina, tuve suficiente con aquella vez que me infiltré —. Ahora hablaba con más calma, no es como que hubiera aceptado del todo a los nuevos integrantes del grupo, pero teniendo un pasado en común podía permitirse ser más relajado. —Por cierto, recuerdo que llevabas un violín contigo ¿Aún lo tienes? Quizá podrías deleitarnos con alguna tonada cuando lleguemos a un sitio menos…caluroso —. Porque la humedad que se cernía sobre ellos era tan sofocante que podría hacer que cualquiera que no estuviera acostumbrado empezara a sentir los efectos en su cuerpo…menos mal que su tiempo en Little Garden lo “entrenó” para casos así.
 
Un rato pasó caminando junto a la pelinaranja hasta que el silencio cayó sobre ellos y ahora era la voz del hombre enorme, cuyo nombre no recordaba, volvía a hablar…Mencionó algo sobre una tripulación pirata, pero el médico no se molestó en siquiera intentar recordar aquel nombre, era inútil, sabía que lo olvidaría de inmediato; sin embargo, cuando el hombre volvió a dar detalles sobre el torneo, gracias a las preguntas de Maki, fue suficiente para que el pirata pelirrosa se adelantara hasta quedar a un lado del “gigante”.
 
—La verdad escuché la voz, pero…no creí que nosotros tuviéramos que participar en nada...No vine para eso, solo queríamos explorar la isla y quien sabe, hacer algunos negocios...¿Entiendes? —Le habló al enorme sujeto que llevaba a María sobre sus hombros. —De todos modos, no mentiré, no puedo recordar la mitad de los que dijeron las caracolas —. Miró hacia arriba, pero en lugar de fijarse en el rostro del hombre, se encontró a una entretenida Merlot que… ¿Qué hacía exactamente? El médico alzó una ceja, curioso, deseando ser más alto para saber lo que tramaba la sirena con el cabello del otro pirata, porque conociendo lo que le había hecho a Maki en su camino de Little Garden a Drum, podría esperar cualquier cosa de parte de la chica…aunque, lo cierto es que fuera lo que fuera, tampoco estaba dispuesto a detenerla…¿Qué tan malo podía ser?
 

 
Final del Sendero No.4
 
Sus ojos dorados no se separaron de aquella imagen suicida que antes llamó su atención, con interés en conocer el final de las almas que con el ánimo de una tropa enardecida se lanzaron al precipicio, pero no se confundan, aunque sus irises pudieran brillar como si estuviera viendo el mejor de los espectáculos, no era por sadismo, no, era porque esperaba ver algo “mágico”, como el desplegar de unas poderosas alas que alzaran a aquellas personas sobre el suelo, pues eso sería, simplemente, majestuoso; sin embargo, ya debería saber que tener altas expectativas sobre algo siempre terminaría decepcionándolo.
 
Lo siguiente que escuchó fue un sonido conocido para él: huesos quebrándose, cráneos rompiéndose, carne estrellada contra el pavimento, el sonido acuoso de los músculos y órganos esparciéndose sobre una superficie demasiado dura.
 
—¡Ah, es una lástima, nunca volaron! —Chasqueó la lengua e hizo un puchero, no por lástima, no podía sentir algo así por meros desconocidos que decidieron lanzarse a su muerte, si no por la decepción de no obtener lo que quería. —Supongo que al final solo era un suicidio —. Su tono desinteresado y casi aburrido no pasaría desapercibido para quienes estuvieran cerca, tampoco la opacidad de sus ojos, que volvieron a lucir distraídos…bueno, al menos hasta que se fijaron en lo que tenía frente a él.
 
Todo sucedió muy rápido desde el momento en que el estruendo de las tropas caídas se apagó hasta la aparición de aquella figura luminosa que hizo que el médico se llevara una mano a la cara para proteger sus ojos de la luz.
 
—¿Qué es…? —Antes de terminar la pregunta, el médico se quitó la mano de su cara y observó a quien tenía al frente. —¡Wow! Eres…
 
No pudo decir más, pues no había manera de expresar la belleza de aquel ser con palabras vanas. El pelirrosa mordió su lengua, enmudeciendo por completo al ver a tan divina persona… ¡No! Persona no, era un ángel, realmente un ángel como en las historias: Hermoso, divino, magnánimo. Tan vasta era su belleza que incluso, los ojos del médico, cuyo brillo se perdió luego de presenciar como el espectáculo suicida no terminó como esperaba, recuperaron su interés en presencia de aquel ser.
 
Todo en él encantaba, todo en él atraía. Desde sus largos cabellos naranjas hasta esas ropas que hacían honor al tonificado cuerpo del hombre. Era tanto es espectáculo de ser vivo que ni siquiera había necesidad de que su rostro se revelara por completo para saber que bajo el casco negro que cubría su cabeza habría un ser que opacaría la belleza de casi todos, tal vez, solo Merlot podría competir con él…bueno, se atrevería a decir que él mismo también entraría dentro de ese juego, pero estaba tan embelesado apreciando al otro que no tuvo tiempo para presumir.
 
Fue cuando habló de un tal “Zukaritas” que el médico fue capaz de espabilar por un momento, solo para prestar atención, no solo a sus palabras, si no también al bastón que el ángel llevaba en una de sus manos y que era más grande que el hombre enorme que estaba a sus espaldas… ¿Cómo era capaz de usar un arma tan grande? Bueno, primero que nada… ¿Era en verdad un arma o solo un objeto ceremonial? Deseaba preguntarle, pero en ese momento las presentaciones empezaron.
 
Maki fue de las primeras en hablar. No lo había notado, pero la mujer lucía más imponente que de costumbre, ahí frente a la ciudad de oro, ella lucía como una amazona dispuesta a enfrentar cualquier batalla, además, ahora que hablaba, sus palabras mostraban una gracia muy distinta a la habitual, era casi poético, sublime, pero…había un pequeño gran problema.
 
El pelirrosa abrió los ojos por la sorpresa y se dio una palmada en la cara que seguro le dejó una marca rojiza… ¿Por qué? ¿Por qué la mujer tenía que ser tan sincera? ¿En verdad era necesario decir que eran piratas? Ni siquiera tenían que presentarse con su nombre real cuando se trataba de un completo desconocido en una isla que, literalmente, estaba sobre las nubes…Pudo haber dicho cualquier otra cosa, aunque lo que era peor es que en esa presentación de la chica tanto él como Merlot quedaban involucrados.
 
Dejó escapar un suspiro mientras que su mente empezaba a buscar una manera de zafarse de todo esto. Estuvo disociando por un buen par de minutos en los que apenas escuchó las presentaciones del resto, entre ellos la chica de pelo naranja que conoció en una isla del South, del enorme pirata que cargaba a Merlot y del pelinegro que no había dicho nada en todo el camino. Al final, cuando sintió una mirada sobre sí, aunque quizá era su imaginación, el médico volvió a suspirar y se irguió para mirar al ángel con…gusto, mucho gusto.
 
—Hyákinthos, así sin apellido, no tengo o al menos no puedo recordarlo, aunque puedes decirme Cherry o como prefieras, cualquier apodo que venga de un ser tan bello sería aceptado con gusto por mi persona —. Sonrió de medio lado mientras jugueteaba con unas cuantas hebras de su largo cabello rosa. —Y como dijo la señorita Maki, soy parte de los Valar…También puedo dejarte mi den den mushi, si así lo deseas, no me molestaría —. Al carajo se había ido su idea de mantener una coartada o de dar un nombre falso, después de todo, sería incapaz de mentirle a tan perfecto ser, no si quería ganarse al menos una pizca de su confianza o, al menos, sacarle su número.
 
Cerca de ahí podía escucharse el murmullo de las personas del pueblo, tan ajenos a lo que ocurría como el mismo Hyak estaba ajeno a ellos, pues en ese instante ni el oro ni la plata ni cualquier chuchería barata podía encantarlo más que el ángel que tenía frente a sus ojos.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
Narrador / María Merlot



¿Las palabras vendrían a su cabeza?
¿Se exteriorizarían en su boca?

Por primera vez en las tres horas que estuvieron caminando aquel sendero selvático pero maravilloso, la mestiza hizo silencio. La voz no lograba dejar sus cuerdas vocales, y los pensamientos solo podían girar en la belleza que se alzaba ante sus orbes ambarinos. Una ciudad dorada, una ciudad de ensueño. ¿Serían todos felices en ese sitio? ¿Habrían personas malas y crueles? ¿En algún sótano... alguien estaría profanando la misticidad de la isla? ¿La perfección existía? Si le preguntaban, siendo ella tan hermosa como ninguna otra, respondería que no. Sin importar cuantos suspiros, sonrojos, buenos o malos pensamientos incitará en los demás, solo se quedaban con eso: Su exterior. ¿Sería ella capaz de hacerle lo mismo a esa ciudadela? ¡No, no y no! Aunque impactada por su majestuosidad, le daría el beneficio de la duda… sin embargo, si al igual que ella, estaba rota por dentro, entonces sería mejor regresar sobre sus pasos al Flush Royal e irse de ahí.

El comentario anterior de Bartolomiau, sobre un torneo la hizo intentar forzar la mente a lo que había dicho la voz dentro de su cabeza, o fue a través de las caracolas gigantes, aun tenía sus dudas sobre eso. Sabía que habían ido hasta ahí por petición de Mara-Nita, luego de que su barco fuera atacado por viles gusanos de mar. Un evento, si, pero no sabía exactamente que tipo de evento. Por su parte, preferiría no sudar ni ensuciarse, sea lo que sea lo vería de lejos… aunque, nunca se sabía que podría suceder. Por eso declaro al masculino macizo su campeón: Destrozando cráneos, pateando traseros, y trayendo la gloria a sus bellas damas y, obviamente, a la Sandwicheria de Hongos de los que hablo su hermana. Sonaba muy vegano, algún día  visitaría alguna sucursal para probar una preparación deliciosa, le intrigaba porque con esas manotas no las imaginaba haciendo pequeños emparedados de pepinos, sus favoritos.

¡Ah, es una lástima, nunca volaron!

La voz de su objeto de fanatismo la hizo mirarlo, tan hermoso y sofisticado como siempre, luego se enfocó en la dirección que él miraba. Se arrepintió al instante, por culpa de su buena vista fue capaz de ver un apilamiento de cadáveres frescos. Los orbes se abrieron como platos, por la impresión, luego frunció el entrecejo con pesar, aunque eso no le restaba a su etérea belleza. ¿Qué había sucedido? El sentido común le dijo que… habían saltado del risco pero la razón la desconocía… ¿Habría alguien persiguiéndolos? ¿Tenían miedo? ¿Por qué esos dos rubios en pie no los ayudaban? Si, definitivamente habían pelusas en el sótano, la hermosa ciudad tenía la primera mancha en su perfecta fachada. Antes de dejar de verlos, la pila de cadáveres se movió y de él emergió un hombre: ¡SOBREVIVIÓ! El entrecejo de la joven mestiza se relajó, y de su boca un suave suspiro emanó al tiempo que llevaba su mano al corazón: Nació de la tierra abonada por sangre… entonces, una palabra vino a su mente, una palabra que dibujó una media sonrisa en sus labios… ¡FOTOSÍNTESIS!

María abrió su boca, lista para recuperar la voz cuando… un sonido se superpuso a ella, y a todos los demás. Tan estruendoso que chillo en sus oídos. La obligó a llevar ambas manos a cada oreja intentando disminuir sin éxito la molestia ensordecedora. Los ojos ambarinos se cerraron mientras un leve gemido “hhmmmp” dejó sus labios, imperceptible para cualquier porque se perdió en  el estridente retumbar del cuerno de guerra o tal vez una advertencia para irse de ese lugar… ¿Sería la segunda pelusa encerrada en el sótano? Seis, trece, veinticuatro… sesenta, un minuto completo. ¡Que alguien lo calle! Quiso exigir pero nada ni nadie podría superponerse a ese llamamiento de atención… supuso.

Cuando el tormento, peor que los grillos en su cabeza, se apagó, la pelirrosada abrió los ojos para encontrarse con otro ataque blanco a otro de sus sentidos. Esta vez: La vista. Un destello que la cegó hizo migrar sus manos a los ojos para protegerse de la agregación visual ¿¡Pero qué clase de tortura estaban causándole!? Empezaba a pensar que no eran bienvenidos en ese lugar, aunque ella siempre era bien recibida en cualquier lugar. No bajo las manos pero si abrió los dedos para que la mirada pudiese enfocarse… entonces, lo supo:

ELLA ERA UN ÁNGEL.
Estuvieron equivocados toda su vida.
No era una descendiente de sirenas.
Era descendiente de ángeles.
Porque ese individuo, era casi tan hermoso como ella.
Le daba puntos extras por las alas.
Ahora necesitaba conseguir un par de esas.

Las manos bajaron, su sonrisa se amplió. Se inclinó hacia delante, sujetándose de la cabeza de Bartolomiau, para detallar al recién llegado. Cabello largo, lacio y anaranjado. Cuerpo esbelto pero bien definido. Ropa que se asemejaba a la suya propia. Un báculo largo para tumbar frutas o alcanzar cosas. Un casco negro que lamentablemente ocultaba parcialmente su rostro. Cuatros esferas plateadas. Dos alas blancas como las del Príncipe Einarr. Y alrededor de tres metros de belleza pura y dura. Claro, María no solía impresionarse por seres hermosos, estaba curada de eso… se veía todos los días en el espejo. ¡JA!

Antes de agregar algo comenzaron las presentaciones. Ella se quedó muy cómodamente sentada sobre el hombro derecho de Bartolomiau. Con sus piernas cruzadas una sobre otra. Usando la cabeza de su transporte para colocar el codo de su brazo izquierdo y apoyarse, sin hacerle daño, en este mientras inclinaba su propio cabeza para recostarla sobre el dedo índice de esa mano dejando una escena de la dama preciosa y pensativa. El cabello rosado, y muy largo, caía como cascada a su lado. El color de su atuendo morado realzaba su posición relajada como si ella fuera la invitada de honor de ese ritual de sudor, lágrimas y sangre. Y quizás lo era, porque posiblemente nunca en su vida, ese ángel de casco metálico ni nadie ahi, volvería a ver a una mujer tan divina.

BOOMPALA

— María Merlot — comentó con su encantadora voz cuando fue su turno. No había mucho que decir luego de la presentación de su Capiguana pero, por favor, ella siempre tenía algo que decir, así que sonrió con travesura al ángel y continuó — … Merlot… no Chardonnay, Sauvignon Blanc, Albariño o Riesling… tampoco Cabernet Sauvignon, Malbec, Tempranillo o Pinot Noir… solo Merlot… ¿Sabes, no? «como el vino del paso manso y elegante, el que sabe esperar en la barca de roble, un licor que se siente, cordial y vibrante, con cuerpo de guerrero y alma de noble »... — recitó el verso que siempre evocó el Capitán Borracho cuando hablaba de su amado “Vino Merlot”, al finalizar llevó su diestra con femineidad a la base derecha de su cuello y con un gesto lánguido movió su cabello hacia atrás con gracia, sin dejar de mirar al ángel. Procedió entonces a guiñarle con complicidad y sortilegio. Solía maravillar a quien la mirará… ¿Ese ángel sería la excepción? Si lo era, entonces, no circulaba sangre por sus venas —… Pirata Valar, Reina de Estrellas, maleta de mano de Bartolomiau… o sería más correcto decir de “hombro”… Hmmm — señaló con la mirada al castaño sonriendo celestialmente ante esa ocurrencia. Entonces, dejando la pose de antes, volvió a inclinarse hacia delante, y siguió hablando al Ángel —… y amiga violinista que tiene tu mismo color de cabello… — cuando dijo esto, hizo silencio por un breve segundo cayendo en la verdad de sus palabras...

Miró a Vivi.
Miró al Ángel.
Miró a Vivi.
Miro al Ángel.
Cabello anaranjado.
Largo y lacio.
Ambos hermosos.

— ¿También eres un ángel, Vivi? ¿Dónde están tus alas? — le preguntó con sorpresa, y como su mente funcionaba a revoluciones distintas… llego a otra conclusión —… Si Ángel es un Ángel, y Vivi es su hermana por ende ella es un Ángel, y si yo soy hermosa como un Ángel, entonces… — hizo una pausa dramática uniendo los hilos de su cabeza — … Algodón de Azúcar es… Celestial y Glorioso — abrió sus brazos al cielo, sonrió como nunca, inclinó su cabeza hacia atrás como si estuviera recibiendo la consagración e iluminación del sol — … gracias por bendecirnos con Algodón de Azúcar omnipresente voz estruendosa que resuena dentro de mi cabeza — dijo con adoración. Cualquiera cerca escucharía y vería su pose religiosa. Y aun así, ante tanta locura bizarra, la mujer no dejaba de ser preciosa, que su cabeza estuviera defectuosa era otra cosa mariposa.

Dharma  "El Orador" oriundo del País de Wano, vengo a los juegos del Soberano Zaratsuki.

La voz grave e invariable que la siguió, la hizo parpadear: Una, dos, tres veces. Era el extraño silencioso y taciturno del sendero — ¿Dhana? — repitió en forma de pregunta, aunque no esperaba ser respondida — ¿Eres tu Dhana? — le preguntó directamente con un brillo de emoción genuino en sus orbes ambarinos — … tu hermana nos pidió que te encontráramos. Estaba muy preocupada por ti y porque se perdió en el mar, y la atacaron estos gusanos babosos. Ella no pudo venir con nosotros pero nos dijo que te dijera que te amaba mucho, que no olvides cepillarte los dientes y que… no causaras problemas. Ah, y también que hicieras pipi de pie, aunque si podías evitar hacer pis en baños públicos mucho mejor. ¿O eso me lo dijeron a mí? Hmmmm, si posiblemente fue a mi, olvida eso ultimo por favor... — hizo un puchero encantador, ahora estaba confundida sobre que dijo “Mara” que dijeran a “Dona”. Si, María Merlot, estaba confundiendo al misterioso y aterrador hombre con una mujer llamada “Dona” — ... en fin… da igual, quédate cerca de mi, yo te cuido de los ángeles guapos… — le sonrió con travesura celestial. ¿Y esa propuesta? Simple, Dhana era una mujer muy fea, si alguno de esos increíblemente apuestos ángeles la veía o decía algo sobre su apariencia difícil de mirar (para una mujer, claro esta), los iba a golpear. Nadie podía juzgar a otro alguien porque pareciera mas hombre que mujer, siendo mujer.

Mientras todo eso ocurría los habitantes de esa isla parecían estar alzando un festival, con puestos por aquí y puestos por allá. ¡Qué bueno que Hyakinthos le dio dinero! Iba a comprar de todo — Angelito… ¿Algún sitio de interés que debamos visitar? — musito cuando su mente empezó a imaginar las ofertas y demandas durante lo que parecía un día de fiesta.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
Antes de poder acercarse un poco a las chicas, la risa del hombre de cabellos rosados se hizo presente en todo el lugar. Por un momento el viejo burro no entendió el motivo, pero se limitó a reír un poco también mientras la chica que estaba sobre el gigante hablaba.

—Por fortuna, señorita, yo más ciego no puedo quedar. —Zhang se rio otro poco por los comentarios de los compañeros de la mujer calva; siempre estaba bien sonreír un rato.

Zhang trotó detrás de sus compañeras y le pasó a Mahou el durazno que había traído desde el barco. —Come algo jovencita, ya buscaremos los duraznos dorados más tarde. —le dijo pasándole la fruta, y de paso, le lanzó otra a Silencio, quien chilló por un momento protestándole a Zhang por darle de comer primero a Mahou.

Avanzaron solo un poco más, maravillados al ver la magnitud de aquel pueblo antiguo, que contrastaba con todo lo que sus ojos habían visto alguna vez. Era tal la belleza del lugar, que no fue sino hasta que se escuchó el grito de otras personas a lo lejos que Zhang logró notar lo que los demás veían.

Crack, pum. El sonido de la vida saliendo de los cuerpos. Aquello que lamentablemente lo perseguía desde su juventud, ahora lo envolvía en un contraste macabro con lo que su único ojo captaba. Zhang dejó de mirar Shandora, y aunque por la distancia no lograba ver más que manchas, el ruido de una montaña de cadáveres creciendo lejos de ellos era inconfundible.

El rostro de Zhang se apagó, y la felicidad que hasta entonces recorría su cuerpo desapareció de golpe. Tragó un poco de saliva. ¿Podría ser ese lugar mucho más retorcido de lo que decían los cuentos? Escuchó a los demás comentar la caída, y se limitó a permanecer en silencio mientras se acercaba a sus compañeras.

—No confío en este lugar... —le susurró a Bai en su idioma natal, intentando permanecer junto a ellas para evitar caer en alguna trampa o juego macabro.

De pronto, un estruendoso sonido de guerra retumbó en las largas orejas del burro. Ante el ruido, se vio obligado a llevarse ambas manos a la cabeza, intentando de algún modo bajar un poco el volumen, pero era una tarea casi imposible que perduró por varios segundos, castigando su fino oído. Silencio, parecia entenderlo, y chillaba con fuerza, como exigiendo que ese ruido terminase pronto.

Y entonces, una luz iluminó todo a su paso, dejándolo cegado de inmediato, aquello le recordo algunas lunas atrás aquella batalla... Nada de esto era normal. La montaña de cadáveres, el torneo, el Shichibukai, la marina, Beff Jezos… Nada parecía tener sentido, y por esto, Zhang, aún ciego por la luz, se puso en posición defensiva por instinto.

Tal vez fue el último en verlo cuando recuperó la vista: un ángel hermoso y gigante estaba totalmente de blanco frente a su ojo. Con aquella imponente arma, hizo que los sentidos de Zhang se pusieran en alerta; sus palabras sonaban como órdenes absolutas.

Escuchó a los demás hablar y presentarse, y parecía entonces que solo él encontraba todo aquello tan extraño y peligroso. Golpeó de nuevo el suelo con su pezuña, soltando un suspiro de aire helado que pronto desapareció, intento mantener la calma... Bai parecía algo nerviosa y confundida con su reverencia, y por ello, Zhang dio un paso al frente para tomar la palabra.

Zhang hizo una pequeña venia al alado en señal de respeto, al fin y al cabo no era más que un invitado en estas tierras. —Me presento, soy Zhang Guolao, y pertenezco a la tribu Mink. Vengo como miembro y médico de la tripulación Mano Vacía, y parte de este trío de seres que busca entender la vida. —Dio un paso hasta quedar justo junto a sus compañeras—. Bai, Mahou, el mono Silencio y mi persona, Zhang. Gracias por la bienvenida.


La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Tras finalizar su aterrizaje, Kibai pudo comprobar con cierta satisfacción interna que su salto había impreisonado al comandante Juan Sebastián, el cual tras exclamar de alegría le pregúntó inmediatamente qué tipo de alimentación seguía. Lo cierto era que el comportamiento de las otras dos divisiones de la Marina, si bien resultaba ciertamente histriónico a comparación de la férrea disciplina que regía todos los actos de la División 60, tenía un toque refrescante que era muy de agradecer. Permitiendo que una ligera sonrisa se dibujase en su rostro como única señal externa de su orgullo, el mink reflexionó acerca de las actitudes que estaba viendo tanto del comandante como del capitán Enji.

— Tengo que recordar tomar nota de esto. — pensó para si. Si bien aquel modo de proceder podía ser menos discreto o acarrear problemas a nivel interno (ya que no seguían para nada los protocolos estándar) o bien incurrir en situaciones complicadas, también sin duda les hacía integrarse en las poblaciones de las islas con mucha más facilidad y sería más sencillo ganarse el cariño y la confianza de los ciudadanos.

Antes de que pudiese responder a su interlocutor, este se percató de que su superior se alejaba de ellos y, sin pararse a esperar ni un instante salió en pos de su compañero, tomado la decisión (que Kibai consideró amablemente calificar simplemente como de "poco acertada") de hacer honor a su sobrenombre y transformarse en una tortuga, terrestre a juzgar por el abultado caparazón sin forma de laúd y las patas ligeramente más largas, antes de gritarle a su capitán que le esperase.

Negando con la cabeza e incapaz de ocultar ya la sonrisa de oreja a oreja que le adornaba el rostro, Kibai se dispuso a aguardar a todos sus compañeros cuando algo captó su atención: en el risco de aproximadamante medio centenar de metros de altura que se alzaba a su izquierda, justo enfrente de la entrada al óvalo formado por las gradas de madera, una gran algarabia parecía estar empezando a formarse. Dos enormes figuras estaban de pie al borde del precipicio, con una pequeña multitud congregada frente a ellos. Aunque la distancia le impedía distinguir con claridad los rostros o símbolos que pudieses portar, su vista captó el fugaz y revelador destello de una hoja de acero brillando por el sol, antes de que las dos figuras más grandes soltasen un potente grito y se lanzasen al vacío, siendo seguidos de manera casi inmediata por todos los otros individuos congredados allí arriba.

Y fue entonces cuando todas las sonrisas murieron.

Uno tras otro, todas las figuras más pequeñas que habían saltado al vacío se precipitaron inexorablemente hacia su cierto final, estrellándose contra el suelo a los pies del risco entre gritos y crujidos viscosos que delataban el desembramiento por choque y la rotura de huesos. Apenas un par de segundos después, la brisa trajo hasta las agudas fosas nasales del mink el revelador olor de la sangre humana. Al otro lado, parecía que a los habitantes de aquella ciudad dorada les era indiferente todo lo que estaba aconteciendo, pues continuaban tranquilamente con los quehaceres propios de los preparativos de un gran acontecimiento o celebración, acarreando provisiones y mercancías de aquí para allá y ultimando el montaje de los puestos de venta.

— Minks inferiores tenían que ser. — pensó para si mientras la última docena de hombres y mujeres encontraba su muerte tras realizar aquel salto suicida. Las reacciones a aquella extrañísima y grotesca estampa no tardaron en hacerse notar, con el capitán Enji realizando algunas sorprendentes burlas al respecto y alertando a Juan de la posibilidad de que hubiesen consumido algún tipo de planta venenosa, así como Akira y el propio comandante gyojin tambien resultaron grandemente impresionados. Sin embargo, lo que realmente hizo sonar todas las alamras internas de Kibai fue Stroud.

El joven rubio se había quedado mirando el espectáculo del salto al vacío en masa con una expresión facial complicada de descifrar, antes de hacerles la seña acostumbrada para indicarles al mink y al resto de su división que estuviesen en alerta. Pero la señal era lo de menos. No por primera vez desde que abandonasen Arabasta para dirigirse a las coordenadas dónde embarcarse en la Knock Up Stream, el comadantante parecía... nervioso? Si es que tal cosa era posible. Arrugando el entrecejo, Kibai eligió no airear sus opiniones al respecto de lo que acababa de ver, al menos por el momento, ya que varios de los presentes parecían bastante afectados por lo ocurrido.

Casi sin darles tiempo a reponerse, un fuerte sonido de un cuerno asaltó sus sentidos, no al nivel de la total sobrecarga sensorial que había sido la melodía emitida por las caracolas gigantes, pero si lo suficiente como para ensordecer cualquier conversación que pudiese haber empezado a surgir entre los miembros del grupo. Aquel resonar, profundo y vibrante, parecía provenir de la enorme pirámide dorada que se alzaba a su derecha, aunque Kibai no supo discernir si era producto de otra caracola gigante, de si alguien estaba de verdad soplando un cuerno en alguno de los escalones de la construcción. Durante un lapso de tiempo que le pareció sorprendentemente largo al mink, pero que cuando por fin cesó resultó haber durado mucho menos, a juzgar por la nula variación solar y que el olor a sangre fresca seguía llegándole en oleadas con cada soplo de viento, el cuerno siguió sonando, solo para ser sustituido por un brillante y cegador destello que obligó al mink a levantar un brazo para tapar su visión, mientras sus pupilas verticales se convertían en meras rendijas para dejar fuera la mayor cantidad de luz solar posible.

— Definitivamente, este es un mundo completamente distinto al que tenemos bajo nuestros pies. — pensó el mink mientras sus ojos se iban acostumbrando a la luz y se atrevía a mirar por encima de su antebrazo. Ante los miembros de las tres divisiones se había materializado un ser que, de acuerdo a los mitos y leyendas que el mink había podido ver en las islas por las que hbaía pasado, solo podía ser descrito como un ángel. Se trataba de un hombre, bastante alto, casi el doble de alto que el propio Kibai, con el rostro semicubierto por un casco de color negro que le tapaba hasta justo encima de la boca, vestido con ropas de un color blanco tan puro como las nieves recién caídas de Drum, combinadas con unas telas de color rojo que se enrollaban en torno a su figura. En su torso, cinco esperas de color gris plateado parecían estar incrustadas en su carne, con cuatro de ellas formando una especia de cuadrado entre sus pectorales izquierdo y dercho y ambos lados de su abdomen, con un quinto punto justo bajo su esternón, en una forma que recordó cómicamente a Kibai a la cara de cinco puntos de un dado de marfil como le que habían usado en una ocasión para apostarse unos cuantos berries entre los miembros de la División.

A pesar de que portaba un enorme báculo en una de las manos, el mink no precibió en el recién llegado ningún tipo de amenaza, más bien todo lo contrario. Aquel ser parecía emanar una cierta sensación de paz y tranquilidad que relajó el pulso acelerado de Kibai tras la visión de lo ocurrido en el risco y el sonido del cuerno. El ángel no se presentó como tal, pero dio la bienvenida a los marines, identificando aquel lugar que se encontraba a sus espaldas como Shandora, y pasando a pedir a todos los presentes que se identificasen uno por uno.

El primero en hacerlo fue el gyojin cangrejo, aún transformado en su forma de tortuga, lo cual no dejaba de ser una visión casi irreal, de ver un animalito que no levantaba ni medio metro del suelo presentándose formalmente ante aquel ser de apariencia divina, provamando su cargo como comandante de la marina y aludiendo a sus preferencias de dieta.

El líder de la División 75 fue el siguiente, haciendo un respetuoso saludo antes de alzar los brazos, activando lo que pare´cia ser algún tipo de Akuma no Mi relacionado con la luz, pues todo su cuerpo comenzó a brillar a la vez que se anunciaba como el futuro marine más fuerte de todos. Arrugando la nariz por el exceso de perfume que aquel tipo se había puesto, Kibai vio como por el rabillo del ojo otro miembro de la División 80 que no había percibido con anterioridad trataba de apartar al comandante en medio de su presentación, sin ser capaz de tocarle seguramente debido a que los poderes de Shin provenían de una logia, antes de presentarse el mismo y, por alguna razón, tirarle los trastos a aquel ser.

Sin embargo, aquello no había terminado, pues tanto el capitán Enji, el cual debió de considerar muy necesario el insultar al ángle llamándolo Cabeza de Lata y quedándose totalmente en ropa interior, como Akira, el cual había sacado de algún lugar unas gafas de sol y se había embadurnado la cara de protección solar antes de dirigir sus propios piropos hacia aquel ser, hicieron gala de una absoluta y total deformación de la realidad.

Mirando de reojo hacia su propio comandante, Kibai contuvo una sonrisa al ver la expresión del pobre Stroud. Para el marine rubio, tan amante del protocolo, la disciplina y el correcto desempeño de un marine en todas las facetas de su vida, aquel espectáculo debía estar siendo lo equivalente a que alguien usase la bandera del Royal Quiver para limpiarse el trasero en una noche de disentería. Stroud cruzó su mirada con el mink, haciendole de nuevo un gesto que indicaba que necesitaba hablar con él, antes de dirigirse al ángel para presentarse a su vez. Respondiendo al mismo moviendo el círculos el dedo índice para  señalar que lo harían después, Kibai vio como, por suerte, tanto la humink Nyra como Moja y Bertram hicieron presentaciones bastante acordes al protocolo, dejando solo restantes al humano que se había presentado como Kael como al propio Kibai.

Este le preguntó al mink si le importaba que fuese él primero, a lo que Kibai accedió con un ademán de la mano en dirección al ángel.

— Por favor, los humanos primero. — le dijo con un brillo divertido en los ojos. A pesar de la cruenta situación que se había producido en el risco, todo aquello tenía un tinte de irrealidad que despertaba en el mink una sensación de ibertad muy exraña, similar a cuando uno se percata de que está soñando, pero no es arrancado del sueño.

Tras la presentación de Kael, también muy acorde al protocolo estándar de la marina, solo restaba Kibai. Caminado a largas zancadas haciendo revolotear el abrigo con los kanji  de Justicia a su espalda, el mink se detuvo frente al ángel. Kibai hinchó el pecho, apoyando la mano derecha en el pomo de Raimei mientras que mantenía la izquierda firma junto a costado, antes de hacer un breve gesto de inclinación con la cabeza y calvar sus ojos esperalda en el lugar que imaginaba el ángel tendría, o debería tener los ojos.

— Mi nombre es Kibai, proveniente del lejano reino de Zou, El Relámpago Dorado de la División 60!

Dando por terminada su presentación, el mink se agachó un momento al ver que al comandante Juan se le había caído su gorra al suelo al presentarse. Recogiendo la prenda, se levantó de nuevo, quitándole un poco el polvo que había tomado del suelo. Acercándose a la pequeña tortuga, Kibai hincó una rodilla en tierra, no pudiendo evitar hacer un pequeño "pat pat" en la cabeza del animalito antes de colocarle cuidadosamente de nuevo la gorra sobre su cabeza.

— Se le había caído esto, señor.

Pocas veces la palabra señor había salido de entre los colmillos de Kibai con más respeto que aquella. SIn duda no era para menso, acaba de ver como una tortuga le superaba en rango de una manera avasallante. Definitivamente, tendría que empezar a ponerse las pilas.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3496 + 0 = 3496
Energia: 3450 + 10 = 3460
Espiritu: 970 + 0 = 970
Bai indicó con una sonrisa que la siguieran, tal vez puede ser una expresión inusual, pero a Mahou le importaba mucho más el simple hecho de ver a sus amigos sonreír que detenerse a pensar en lo extraño que puede resultar. Fue entonces cuando escuchó a Zhang acercarse por detrás, al girarse, vio el durazno que sostenía en la mano, e inmediatamente quiso arrebatarselo como un perro hambriento, entre risas. - Ukikikiki... ¡Si la ciudad es toda de oro, puede haber un durazno de oro-uki! ¡Es cierto-uki! 

Tal idea bastó para llenarla de entusiasmo, con el durazno presionado entre los dientes, aceleró el paso esperando alcanzar a Bai, con apoyo de su puño libre para correr. Pero inesperadamente, el ambiente cambió cuando un rugido numeroso que la llevó a detenerse y a levantar la vista, la escena de decenas de hombres sufriendo un trágico final la dejó boquiabierta, instintivamente se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos con fuerza, prefería no tener que soportar el estruendo de aquellos impactos, y entonces llegó otro ruido estruendoso, un potente zumbido que fue seguido de un destello que molestaba a sus ojos, permaneció unos segundos esperando a que su vista se acostumbrara a la luz, y cuando por fin volvió a abrirlos, presenció la llegada del ángel, lo primero en lo que se fijó fueron sus alas.

Casi de inmediato desvió la mirada hacia Bai, luego regresó al recién llegado, así alternando la vista entre ambos con una evidente confusión. - ¿Qué...? ¿Qué está pasando-uki...? - y con curiosidad se fijó en otro detalle, las cuatro esferas que el ángel lleva incrustadas en el cuerpo, una sobre el pectoral izquierdo, otra a la altura del pecho derecho, una tercera en el costado derecho del abdomen y la última en la parte izquierda del abdomen inferior. Obviamente se preguntaba si era doloroso llevar tantas cosas adheridas en el cuerpo, pero antes de que pudiera preguntar, era momento de escuchar la bienvenida. - Emperador Saru Cookies-uki... - pensó con el estomago.

Esto confirmó que aquella era la ciudad de la que Bai y los libros hablaban, acto seguido vio cómo ella se inclinaba respetuosamente ante el ángel, seguida por Zhang, lo que fue suficiente para entender que se trata de una figura importante, y sin perder tiempo hizo una pequeña reverencia antes de presentarse, aunque sin decorar mucho sus palabras. - Eh... ¡Si, si! ¡Yo me llamo Mahou Chikao-uki! Y vengo con Bai y Zhang... ¿Hay frutas de oro en este lugar-uki? - Sonrió con toda naturalidad, por supuesto tenía que hacer la pregunta más importante tras recomponerse apoyó un puño sobre la cintura mientras sostenía el bastón sobre el hombro con la otra mano. Después apartó la vista del ángel, y la dirigió hacia los puestos comerciales que comenzaban a instalarse, se relamió los labios en un movimiento casi instintivo, pues ahora su cerebro del tamaño de un durazno tiene un nuevo objetivo. 

resumen

karmas

gastos
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1821 + 0 = 1821
Energia: 1796 + 2 = 1798
Espiritu: 270 + 0 = 270
De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido al numeroso grupo de visitantes, pudiendo observar como un humano del mar azul, de cabellos moreno y ondulados, soltaba toda clase de improperios hacia mi persona. No obstante, y en una primera instancia, me mantuve en calma, esperando a que todos y cada uno de ellos se presentaran como era debido. Cuando terminó de hablar el último de ellos, me toqué la sien derecha con un gesto discreto, y cuando bajé la mano, moví rápidamente el bastón con mi siniestra hacia la cara del hombre que se presentó bajo el nombre de Kiyoshi, impactando a modo de advertencia con un extremo del mismo directo. — Cuiden sus palabras — advertí, volviendo a cuadrarme marcialmente para dirigir mi mirada hacia la mujer llamada Runin Kitay. — Desconozco si está intentando seducirme con su innegable belleza, habitante del mar azul. — declaré, alzando mi cetro a pocos centímetros del suelo para, seguidamente, hacerlo descender abruptamente contra la superficie, golpeando esta con el extremo inferior de mi bastón, a modo de toque de atención.— Pero más le vale comportarse o serás juzgada y enviada a Los Lamentos por intento de seducción a la autoridad. — sentencié, firmemente, mostrándome completamente impasible ante los encantos de la mujer.

Ahora sí, mi mirada se dirigió hacia la mujer de pelo rosa y alas blancas de color inmaculado. Una mujer que, otrora, sería catalogada como una “Scrum”, término usado para tachar y recluir a la lacra social que suponía nacer como un birkaniano. Un término que tan sólo un servidor junto a mis hermanos, los primarcas, y el propio consejero de nuestro magnánimo emperador éramos capaces de evitar a pesar de compartir ese mismo linaje por nuestras venas. Todo por nuestro estatus, y por la posición social que tenían nuestras familias. Pero cada vez quedaban más lejanos aquellos días de desigualdad social. Y todo gracias a él. — Yuuki proveniente de la raza de Birka — asentí con la cabeza gentilmente, llamándola de esa manera al no tener, aún, un título con el que distinguir a los de nuestra raza. — Es un honor recibirle, mi nombre es Navar, de los Custodios del Emperador — añadí volviendo a erguirme y llevándome la diestra hacia la sien en un gesto discreto, tocando mi casco. Entonces apunté mi mirada - oculta por mi casco - hacia el resto de visitantes - incluyendo al caballo, la serpiente, y el hombro con problemas de obesidad y bigote -, arriba a abajo con detenimiento — Suponemos que estos habitantes del mar azul son sus invitados... — y me aparté un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel variopinto grupo— Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas y a aquellos quienes vuelven a sus orígenes — dije señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalicé, y permanecí allí, firme e impertérrito, como una máquina.

Una vez pasaran a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.



INFO
De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido al dúo de habitantes del mar azul que, por alguna extraña razón, estaban siendo seguidos por uno de nuestras aves autóctonas, los Ñordikis. Desafortunadamente, no parecía haber ningún representante de nuestra tierra en aquel reducido grupo. Me mantuve en calma, esperando a que los dos de ellos se presentaran como era debido, haciéndolo el hombre de cabellos dorados de manera grandilocuente mientras que, su acompañante, de una manera algo más escueta y efectiva,  declarando que pertenecía al Banco Goldreich, eso sí. Por su parte, el ñordiki se limitó a producir su tan característico graznido, del que todos nosotros estábamos ya tan acostumbrados.

— Un habitante del Bajo Mundo. — dije, mirando de arriba a abajo al hombre de la pálida tez. — Espero que no manche con su codicia la pulcra y legendaria tierra de Shandora — advertí, completamente serio y firme, quedándome en silencio durante un par de segundos hasta que decidí apartarme un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel dúo de personaje y al ñordiki.— Mi nombre es Naver, de los Custodios del Emperador. Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas — dijo señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalizó, y permaneció allí, firme e impertérrito, como una máquina.

Una vez pasaran Onizuka Jin y Tezca Norova - junto al ñordiki - a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.



INFO


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 15 invitado(s)