Fish and Thieves | Ubbe
#1
Aceptar este tipo de trabajos se hacía con la constancia de alguien a quien le gusta comer tres veces al día y la ropa decente, incluso en el sol de la ciudad de Baquella hasta la luz del faro, cada trabajo era lo mismo: Cumplir con una tarea y salirme de ahí antes que alguien no se debería dar cuenta se da cuenta y sin embargo, debía seguir tomándolos. Este día, en este caluroso día no había una excepción: La brisa marina chocaba contra mi rostro mientras esperaba pacientemente el cargamento, unas 5 cajas de la pesca del día para llevar a la bodega casi al otro lado de Baquella. Parecía sencillo, sostenía entre mis manos un mapa con la ruta que debíamos de seguir, al ser producto fresco era mejor seguir una ruta corta y con sombra, si alguno de esos pescados con un ligero mal olor podríamos llegar a tener consecuencias, podríamos porque hasta donde esa mujer me había comunicado no me habían dejado en solitario como usualmente lo hacían ¿De verdad el pescado era tan bueno que tendría que ser trabajo para más de una persona? Quitando las carretas, por supuesto.
 
Me abanicaba con la mano mientras el barco se aproximaba lentamente al puerto, hasta que por fin atracó junto al muelle. Uno de los marineros lanzó la soga hacia el poste y, tras asegurarla con movimientos expertos, el avance de la embarcación terminó por detenerse. Fue entonces cuando recuperé la compostura, enderezándome hasta volver a adoptar una postura mucho más formal.
 
Mis ojos siguieron el descenso de la carga hacia las carretas alineadas sobre el puente de madera, y casi por inercia comencé a contarlas una a una. Era una tarea rutinaria, aburrida incluso; una de esas actividades capaces de hacer que el tiempo pareciera avanzar más despacio de lo que realmente lo hacía. —Está muy temprano, la jefa nos dijo que vendrían. — Alcé la mirada al trabajador que me había dirigido la mirada. —Entre más temprano, más pronto terminaré… aunque me parece que debo esperar... ¿Me entiendes?— Fue una simple respuesta al aire, aún más concentrado en que el barco no quisiera verme la cara de estupido. —Si, por favor, tengan cuidado con el cargamento: Parece ser que hay una pequeña banda de ladrones por la zona. — Eso finalmente me hizo voltear.
 
¿Podría ser?
 
¿Podría ser que esto no terminara tan aburrido como pretendía?
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#2
El calor de Baquella era de esos que conseguían que hasta respirar diera pereza. Aun así, Ubbe caminaba por el puerto con la misma tranquilidad de siempre, disfrutando de la brisa marina que conseguía aliviar un poco el ambiente mientras las gaviotas revoloteaban sobre los barcos recién llegados. Aquel no era el tipo de trabajo con el que soñaba hacerse rico, pero el dinero era dinero, y si transportar unas cajas durante un rato le permitía pagar la siguiente comida, tampoco iba a ponerse exigente.
Lo que sí le resultaba extraño era otra cosa; Normalmente esos encargos se los daban para hacerlos él solo. Era grande, fuerte y, salvo que hubiese que mover una montaña, rara vez necesitaba ayuda para cargar mercancías de un lado a otro. Sin embargo, aquella vez le habían insistido en que tendría un compañero esperándole en el puerto.
"¿Cinco cajas de pescado... y dos personas?"
No terminaba de entenderlo.
"O pesan muchísimo... o alguien se ha equivocado."
Se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada. No era la primera vez que aceptaba un trabajo sin hacer demasiadas preguntas, y probablemente tampoco sería la última. Cuando llegó al muelle, el barco ya estaba atracando. Los marineros comenzaban a asegurar las cuerdas mientras otros preparaban la descarga de la mercancía. Entre todo aquel movimiento, una figura permanecía inmóvil observando el cargamento con una atención que contrastaba con el caos del puerto.
"Debe de ser él."
Ubbe lo estudió unos instantes mientras seguía acercándose. No parecía alguien cualquiera. Había algo en su forma de mantenerse erguido, en la calma con la que analizaba cada caja, que llamaba la atención incluso antes de intercambiar una sola palabra. Apenas estaba a unos metros cuando alcanzó a escuchar la conversación entre aquel hombre y uno de los trabajadores del puerto.
"...Parece ser que hay una pequeña banda de ladrones por la zona."
Las cejas del bucanero se alzaron ligeramente.
"¿Ladrones?"
Una sonrisa divertida comenzó a dibujarse en su rostro.
"Bueno... eso sí hace que mover pescado suene un poco más interesante."
Sin decir todavía una palabra, terminó de recorrer la distancia que los separaba, dispuesto a presentarse justo cuando el otro apartara la vista del cargamento.
- ¡HEY BABY! - Chasqueó los dedos señalando al desconocido - Soy Ubbe, creo que tenemos algo entre manos, ¿right? ¿Has oido eso de los thieves? A ver si se atreven a intentarlo con nosotros, ¡GHAHAHAHAH! - 
Ubbe se presentó a su manera, con sus gestos y frases tipicas, siendo tan escandaloso como era siempre, terminando con una estruendosa carcajada.
[Imagen: ksMOGZu.png]
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#3
Entre el olor a sudor, sol y pescado arrugué ligeramente la nariz cuando una figura parecía llamar mi atención tan rápido como un trueno, invadido por ahora una especie de aroma a madera que terminaba por asentar la imagen frente a mi: Un hombre bastante alto, casi del tamaño de tres yo, haciendo la suficiente sombra para no sentirme tan irritado por el sol, de piel morena, musculo y de un extremadamente buen gusto al usar esos increíbles lentes me saludaba con un chasqueo de dedos.
 
Alcé la mirada, de que otra forma iba a verle si no, incluso su voz era del mismo tamaño que su presencia. —Ah, debes ser mi compañero ¿Te contrató esa mujer? Soy el único e inigualable Tezca Norova y me parece que seré tu jefe en esta tarea. Pareces fuerte, grandote, confiaré en ti si se nos atraviesa alguna molestia ¿Me entiendes? —Tal vez el tono de voz no era el más adecuado pero había una sonrisa altiva en el rostro mientras me acercaba a firmar los papeles que me extendía el marinero. Desde este preciso momento hasta que llegáramos a nuestro punto de destino aquel paquete ya era nuestra responsabilidad.
 
Caminé a las carretas, eran solo dos, una detrás de otra con las cajas apiladas mientras mi mano bajaba al mapa trazando con el índice la ruta. —¡Grandote! Digo… ¡Ubbe! — alcé la mano para llamarlo. —No sé si mi mayor preocupación son los animales o la flora y fauna que nos encontremos por el camino. Preferiría no llamar la atención por el pueblo, uno nunca sabe ¡Tal vez hasta podamos evitarnos a los ladrones! Ah… Baquella ya no es lo era hace años, si tienes alguna idea para no terminar oliendo a pescado del tiempo que estaremos cargando estas cosas: Acepto sugerencias— Tomé la parte la parte delantera de la carreta, intentando alzarla para comenzar el camino pero… nada. Lo único que salió de mi fue un desgarrador quejido, acompañado de un suspiro de cansancio ¿Qué tanto podían pesar aquellos pescados? No podía quedar en ridículo frente al grandote. Yo era un hombre que podía con todo.
 
Así que lo intenté una segunda vez y sin lograrlo, me giré para pedirle ayuda al hombre. —Creo que… ayer me pasé entrenando, claro ¿Me ayudas a llevarlo, amigo? —
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