[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
La conversación con los Sepultura podría ser de lo más interesante, pero la atención del resto del público fue captada por otro hombre. Una figura descendió de una nube que parecía tener la masa y capacidad suficiente para aguantar su peso y moverlo por ahí. Parecía un presentador, él mismo se llamó “El Dirigente”, siendo esto seguido por un grito de todos los locales que se encontraban en las gradas alrededor de ellos. Parecía desprender un carisma natural, algo perfecto para tomar el puesto en unos juegos tan reconocidos y, aparentemente, también famosos en esas tierras.

No hizo falta mucho más tiempo para que ese tipo fuera a lo importante, comenzando a nombrarlo y dividirlos por grupos. - Así que el idiota de Onizuka también está aquí -. Dijo el cocinero mientras esperaba ser nombrado. No tuvo que aguantar mucho más, su nombre fue el primero que la amplificada voz del presentador mencionó, al menos en cuanto a los Sepultura. Sin apuro ni prisa, se levantó de su asiento y acomodó su abrigo, mientras que no se dejaba de mencionar a los participantes de los demás grupos. - La birkaniana con el mechón de cabello blanco no te va a entender al hablar, Kiyoshi -. Recordaba su interacción con ella cuando se conocieron, esa incapacidad de entendimiento entre ambos que no se arregló aún con tantas horas de intentos. - Solo como un aviso amable -. Terminó de arreglar su abrigo y giró para ver a su grupo, de quienes se separaba temporalmente. Tras las palabras del propio médico, él mismo se dio el lujo de decirles algo más, pero esta vez sin discriminar a Varo.

“Dejemos nuestro nombre en las mentes de todos estos idiotas. Luego vamos a por el siguiente objetivo, como siempre”

Tal vez algunas manías de Kiyoshi se le habían hecho naturales a él también.

Sin más que comentar, simplemente avanzó entre las gradas para llegar al lugar designado para su grupo. No se explicó cuál fue el proceso de selección, el hombre simplemente mencionó que él los había separado y que los equipos estaban equilibrados. Una lastima tener a estos compañeros. - Kane, supongo que el destino desea que sigamos encontrándonos -. Tampoco iba a dejar pasar la presencia de otro pirata, a quien había visto algunas veces rebuscando entre los carteles de recompensa pero que no podía recordar su nombre con claridad.

Pero, claramente, la pieza que más le molestaba era el último integrante del grupo. Uno de esos asquerosos marines, uno de los que lo habían atacado en Little Garden. No le dirigió la palabra, tampoco se contuvo en mostrar su desagrado en su rostro, dudaba de que un marine pudiera hacerlo ganar, pero sí podía alcanzar puestos altos en una sola prueba sería suficiente para demostrar que al menos valía de algo.

Antes había escuchado su nombre, participaba en el grupo siguiente al del cocinero, pero sí que fue una sorpresa ver como Maki hacía acto de presencia en ese lugar. Ella era fuerte, no sería raro que luego de que se separaran como tripulación encontrara la forma de seguir avanzando, pero también era un alivio para el espadachín. Eso significaba que al menos no podía culparse de la muerte de la mujer.

Las reglas estaban claras, así como la prohibición a las hostilidades entre participantes. Eso significaba que ni los marines podrían capturar a los piratas ni estos podrían salirse con la suya intentando matarlos durante el transcurso del evento.

En cuanto el presentador preguntó si estaban listos, el cocinero llevó su mano izquierda a su pecho y volvió a presionar la zona más cercana a su corazón. Estaba listo, claro que sí, y no iba a aceptar una derrota luego de tanto viaje infernal hasta ese lugar.

Sin embargo algo tuvo que cortar esa aparente perfecta concentración. De pronto, algo comenzó a avisarle que algo malo estaba pasando, por lo que comenzó a buscar con la mirada a los miembros de su tripulación, con un claro enfado en su rostro. No es que notara que estaban en peligro, se trataba de algo mucho peor que eso: sentía que su comida estaba siendo criticada.

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Apenas podía ver la cabellera azul del capitán desde donde estaba, Kiyoshi y Varo habían quedado muy separados. Debía ser Kiyoshi, ese debía estar diciendo algo malo de la ración que le dio antes, Varo no sería capaz de hablar mal de él, ¿verdad?

Libro de recetas
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El joven arquero de la división 60 sigue reunido con el resto de marines, hablando tranquilamente con el cangreturga y los demás miembros de las otras divisiones sobre cómo pensaba que funcionaría el tema de la participación al haber sido enviados a las gradas. Los ojos del joven arquero de la marina recorren toda la zona, observando atentamente el lugar, a los habitantes de la ciudad y los invitados, buscando cualquier señal de dos personas en concreto, aunque una de ellas duda realmente se encuentre en aquel lugar, pero la otra tiene altas probabilidades de realmente estar en ese lugar. Los rojizos orbes del marine se fijan en cada detalle por insignificante que parezca, pues muchas veces la clave de la victoria o el escape se encuentra precisamente ahí, en los detalles. El ambiente se mantiene calmado y tranquilo conforme el resto de los marines se va acercando a las gradas, concretamente a la zona donde ya se encuentran Bertram, Juan y compañía, un lugar desde el cual ven la arena con total claridad, y que gracias a la disposición de las gradas, nadie bloquea la vista de los demás, siempre que no fuesen excesivamente altos como los gigantes. Paulatinamente el ambiente se va formando, las gradas se van llenando de aquellos que serían los espectadores, siendo que seguramente en cuanto los participantes sean llamados sus lugares se verán ocupados por otros habitantes o visitantes que solo quieran ser espectadores del torneo.

Una vez parece que todos están acomodados, las conversaciones empiezan y el ambiente se hace más relajado y tranquilo a pesar de la presencia de marines y piratas en la zona, una nueva voz llena el lugar, una risa peculiar y única, algo con lo que el arquero pelirrojo puede identificarse pues a lo largo de su vida mucha gente se burló de su risa, dijo que era un bicho raro y se rio de su forma de reírse, algo que con el tiempo el marine aprendió a ignorar. De pronto, de alguna parte de la arena, seguramente incluso desde el interior del enorme castillo del que sería el regente de la ciudad, sale un hombre que se sube a lo que a todas luces parece ser una nube, la cual por alguna extraña razón desafía todo lo que el joven marine sabe sobre las nubes y sostiene todo el peso del hombre mientras se mueve junto a él como si fuera un medio de transporte creado a partir de un trozo de nube con una densidad y firmeza fuera de los conocimientos del marine, que poco a poco empieza a abandonar el sentido común del mar que acaban de abandonar con la finalidad de evitar agotarse mentalmente al sorprenderse ante todas y cada una de las cosas diferentes que ocurren en aquel misterioso lugar.

Tras elevar una enorme cantidad de humo, o generarlo pues el pobre contramaestre no logra entender totalmente lo ocurrido desde tan lejos, se ve la figura en mitad de lo que parece ser la arena del torneo dando la bienvenida a todos antes de agradecer la espera y presentarse como El Dirigente. Tras ese nombre se escucha un vocerío proveniente de todas partes en las gradas gritando -EL FAVORITO DE LA GENTE.- algo que deja en claro que es una persona cargada de carisma, admirada por los habitantes de la isla y probablemente la imagen perfecta para presentar lo que parecen ser unos juegos muy populares entre la gente de aquí. Tras la pequeña introducción el presentador pasa al tema principal de la convocatoria de todos los allí presentes, los juegos del Emperador Zarutsuki, el causante de que tanta gente proveniente del mar inferior se encuentre ahora mismo sentada en las gradas, esperando unos juegos cuanto menos curiosos. Bertram desconoce por completo el funcionamiento de los mismos, siendo que de momento está a la espera de algo de información por parte del tal Dirigente, quien seguramente explicará las normas y demás del susodicho torneo.

-Solo espero que esta vez al menos pueda colaborar con mis compañeros en lugar de volver a estar rodeado de basura pirata, aunque la última vez ella estaba allí, la única persona que lamento sea pirata.-

Piensa el joven marine mientras mantiene la atención fija en el hombre que parece ser el encargado de llevar el torneo, siendo poco probable que lleguen a ver al organizador sino en el final del mismo. Por las palabras del hombre los participantes se dividirán en diversos grupos y antes de explicar nada más empieza a nombrar los participantes tras mencionar su grupo. El primer grupo ya le separa de uno de sus compañeros, siendo que su actual comandante tendrá que trabajar junto a uno de los piratas que trataron de arrestar, aunque ahora su afiliación no es cierta para el contramaestre, y dos marines, el buen cangreturga y la amable Nyra. El arquero no ha de esperar mucho a saber sus compañeros, pero al escuchar el nombre de ellos sus ojos no son capaces de esconder su desagrado, no solo vuelve a estar rodeado de piratas, sino que uno de ellos es otro de los que trataron de arrestar, algo que puede acabar en desastre si no saben dejar de lado sus diferencias en caso de que sea una pelea grupal y el trabajo en equipo sea primordial, como cuando se enfrentaron a los hermanos Sakana.

El joven marine se ajusta su equipo y empieza a caminar hacia el cubículo donde seguramente se encontrará con sus “compañeros”, y por mucho que internamente quiera meter una flecha en la cabeza de cada uno de ellos, prefiere mantener la calma, controlar sus emociones y no dejar que su desprecio hacia los piratas controle sus acciones y lo metan en un problema. El joven pelirrojo se acerca a la zona marcada para el grupo 2 y  observa el lugar, no pudiendo evitar rascarse tras la cabeza y decir

-Parece ser que cada vez que hay algo que provoca una división termino rodeado de escoria pirata, sir. Espero esto dure poco y cada uno nos vayamos por nuestro lado.-

Y es que recordando aquella vez que lo separaron de su división al llegar al Grand Line salvo por un cazador, ahora fallecido, todos los demás con los que tuvo que cooperar eran piratas, aunque por el momento el marine no lo sabía y eso facilitó las cosas. El joven se mantiene con una postura natural pero firme, sin tensar demasiado los músculos a la vez que muestra un control total sobre sus emociones, manteniendo sus ojos fijos en la figura del Dirigente. Cuando menciona finalmente el último grupo y menciona el nombre de MM un esbozo de sonrisa se forma en el rostro del marine que rápidamente esconde volviendo a mostrar su expresión neutral ante la situación, peleando internamente con su desprecio hacia los piratas.

Una vez están todos reunidos el presentador empieza a explicar las normas de los juegos, las cuales una vez escuchadas son realmente sencillas, pero conviene dejarlas clara desde un principio sobre todo ante nuevos participantes como lo son la mayoría por no decir todos de los participantes. Al parecer los resultados se dan por puntos en función de la posición de cada participante en la prueba, siendo que cada participante solo puede ir a una de las pruebas. En cada prueba hay libertad total para poder superarla, siendo que no lo decide solo la capacidad base de cada uno, sino también la creatividad a la hora de competir dejando claro que el ingenio es parte del evento. La cuarta es un anuncio de que el equipo vencedor tendrá derecho a pedir un deseo al emperador, quien lo cumplirá. Y finalmente, la norma que hace que la decisión de Bertram sea acertada, está prohibida la hostilidad a otros concursantes, por lo que nada de arrestar o atacar a piratas. Bertram se percata de que Uker no le presta demasiada atención y parece despreciarle y realmente no lo puede culpar, poniéndose en su lugar, si trataran de privarle de su libertad también resentiría al culpable. Por fortuna parece decidir no querer desencadenar un problema mayor por lo que mientras se mantengan calmados y neutrales no habrá problemas. Una vez el Dirigente pregunta si los participantes entendieron las normas el arquero simplemente asiente con la cabeza, sin decir nada y esperando a ver de qué trata cada prueba.


Carcaj de información
berchanpandared



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En el puesto de takoyaki, la respuesta de la mujer consiguió sorprenderlo más de lo que esperaba. No solo no parecía haberse molestado por aquella presentación tan extraña, sino que incluso le devolvió el cumplido con total naturalidad. Ubbe dejó escapar una pequeña risa por lo bajo. Aquella chica era bastante más simpática de lo que había imaginado. Cuando Maki comenzó a preguntarle por qué luchaba y mencionó los juegos, el gigantesco buccaneer la escuchó con atención, sin apartar la vista de ella. Le gustaba la tranquilidad con la que hablaba. No parecía especialmente interesada en presumir de fuerza ni en intimidar a nadie, y aun así desprendía una seguridad que solo tienen quienes están acostumbrados a pelear.Mientras ella seguía hablando, los ojos de Ubbe se desviaron un instante hacia la guitarra que llevaba a la espalda y después hacia las espadas.La presentación terminó de confirmar aquella primera impresión. Maki D. Zen'in. 
Ubbe repitió el nombre mentalmente un par de veces, intentando memorizarlo, cosa que sería completamente en vano. Dudaba que fuera la última vez que se cruzaran durante aquellos juegos.Cuando finalmente ambos se despidieron, el gigantesco buccaneer permaneció sonriendo un instante más antes de emprender el camino de regreso hacia las gradas, pensando que, de todas las personas con las que se había cruzado desde que había llegado a Shandora, aquella guerrera calva era, sin ninguna duda, una de las más interesantes, además le había hablado en su propia jerga,
“That’s tope de cool”, esperaba poder volver a cruzarse con ella en algún momento.


En las gradas, la muchacha de pelo naranja pareció escucharle, esta se detuvo apenas un instante y comenzó a rebuscar tranquilamente dentro de la bolsa. Ubbe inclinó ligeramente la cabeza, no entendía qué estaba haciendo, hasta que la vio sacar dos bolsas de patatas y tenderlas hacia él.
Durante unos segundos se quedó completamente inmóvil.
Miró las patatas, después la mano que se las ofrecía, después el rostro de la muchacha, y volvió otra vez a las patatas.
-...¿For me?
Su voz sonó casi como la de un niño al que acababan de regalar el juguete con el que llevaba soñando semanas. Las aceptó con una delicadeza impropia de alguien capaz de partir una roca de un puñetazo, procurando no aplastar las bolsas entre sus enormes dedos.
-Baby...Thank you...
Entonces volvió a levantar la vista buscando la mirada de la chica, el cabello naranja se mecía ligeramente con la brisa de Shandora mientras aquella desconocida le sonreía con una naturalidad que desarmó por completo al buccaneer.
No había hecho nada para merecer aquel gesto, y en cambio aquella chica había sido una de las personas más amables que habia conocido jamás.
Ubbe permaneció completamente callado mientras ella retomaba el camino junto a sus compañeros. La siguió con la mirada unos segundos más, sin darse cuenta siquiera de que seguía sujetando las bolsas delante de él.
Algo en aquella muchacha desprendía una calidez difícil de explicar, una sensación tan sencilla como agradable, no sabía su nombre, ni de dónde venía, ni siquiera a si volvería a verla en mucho tiempo. Pero por un instante le pareció que, entre toda la multitud que llenaba Shandora, acababa de cruzarse con la persona más amable del mundo, y solo cuando desapareció entre la gente volvió a reaccionar. El pelo naranja casi le recordaba a alguien, pero no consiguió indagar del todo en su memoria. 
Bajó lentamente la vista hacia las dos bolsas de patatas, sonriendo para sí.
-...Orange girl...
Murmuró casi sin pensar, y por algún motivo que ni él mismo terminaba de comprender… esperó volver a encontrársela durante aquellos juegos.


Entonces… Una enorme polvareda comenzó a levantarse sobre el estadio.
El gigantesco buccaneer apartó inmediatamente la vista de las bolsas y alzó la cabeza hacia el cielo.
-…¿Huh?
Una nube descendía a toda velocidad directamente hacia la arena, haciendo que los ojos de Ubbe comenzasen a brillar.
-Holy shit...
Se puso en pie prácticamente de un salto para ver mejor el espectáculo, olvidándose por completo de los takoyaki, las patatas y cualquier otra cosa que estuviera haciendo apenas unos segundos antes. La figura descendió envuelta entre polvo mientras una sonora carcajada resonaba por todo Shandora.
Ubbe sonrió al instante.
"COOL AS FUCK"
No sabía quién era, pero ya le caía bien, y cuando aquel extravagante individuo empezó a hablar a través del Den Den Mushi y presentó los juegos con aquella teatralidad tan exagerada, el gigantesco buccaneer no pudo evitar dejarse contagiar por el entusiasmo.
Y entonces llegó el momento, gritó quien era y se llevó una mano a la oreja. Durante una fracción de segundo Ubbe frunció el ceño.
-...¿Eh? - De pronto todo el estadio rugió al unísono.
-¡¡EL FAVORITO DE LA GENTE!!-
Ubbe dio un pequeño bote sobre su asiento.
-¡¡EL FAVORITO DE LA GENTE, BABY!!
Lo gritó con el mismo entusiasmo que el resto del público, aunque no tuviera la menor idea de por qué acababa de hacerlo y después miró alrededor y parpadeó, terminándose acercando un poco a Odiseo.
-...¿Lo he hecho bien, no?
No esperó realmente una respuesta. El muchacho seguía en cierto shock, de hecho parecia que estuviera quedandose medio dormido alli en las gradas. Ubbe ya estaba otra vez completamente atento al centro de la arena mientras el Dirigente continuaba presentando el evento y explicando las normas. Ubbe apoyó los codos sobre las rodillas mientras escuchaba con atención, aquello sonaba increíble.
Hasta que llegaron los equipos.
-¡El Equipo cinco está formado por Ubbe, Enji, Dharma y Tezca Norova!
-¿Baby?...
Miró automáticamente hacia Sigurd y después otra vez hacia la arena.
-Nos han separado...
Permaneció completamente inmóvil durante un segundo, y acto seguido, una enorme sonrisa volvió a aparecer en su rostro.
-¡GAHAHAHAHA! - Se dio una palmada en el pecho - ¡Pues habrá que ganar igual!
Se giró hacia Sigurd mientras se colgaba las dos bolsas de patatas del antebrazo y terminaba de engullir el último takoyaki de un solo bocado.
- Bro… - Le señaló con un dedo desde la distancia - No pienso ponértelo fácil.
Una sonrisa desafiante apareció bajo las gafas de sol.
- ¡Quiero verte en los juegos! - Levantó el puño - ¡Y si nos toca pelearnos...
Se golpeó el pecho con fuerza.
- ...voy a darte la mejor pelea de tu fucking life, baby!
No había desafío en sus palabras, había ilusión.
La ilusión de dos hermanos que llevaban toda la vida empujándose mutuamente para ser más fuertes. Todavía con aquella enorme sonrisa dibujada en el rostro, comenzó a bajar las gradas hacia el cubículo asignado al equipo cinco.
A mitad del camino levantó una mano sin llegar siquiera a girarse.
- ¡Don't die before I beat your ass, bro!
Y siguió descendiendo entre el gentío, buscando ya con la mirada a aquellos tres desconocidos con los que, durante los próximos juegos, compartiría equipo.
Cuando alcanzó el cubículo asignado al quinto equipo, Ubbe redujo ligeramente el paso mientras recorría con la mirada a quienes serían sus compañeros durante aquellos juegos. Bastó apenas un instante para comprender que aquel grupo no podía ser más distinto entre sí: El primero que captó su atención fue un hombre de aspecto tranquilo, mucho más discreto que los demás. No hacía ningún esfuerzo por llamar la atención y, precisamente por eso, terminaba haciéndolo. Había algo en él que transmitía seguridad sin necesidad de abrir la boca, una sensación difícil de explicar que hizo que el gigantesco buccaneer asintiera levemente para sí. Le daba la impresión de ser ese tipo de persona con la que resultaría fácil pelear espalda con espalda.
Su mirada pasó después al siguiente, el olor del tabaco le llegó incluso antes de que pudiera fijarse del todo en él. Instintivamente arrugó un poco la nariz. Siempre le había parecido un hábito desagradable; el humo le resultaba molesto y además, era algo que te mataba por dentro, no era nada fit. 
Fue entonces cuando el hombre habló; Marine.
Aquella sola palabra bastó para que la expresión de Ubbe cambiara apenas un poco. No era odio irracional, pero sí un rechazo que llevaba demasiado tiempo creciendo como para desaparecer de un día para otro.
Y, sin embargo...
Cuanto más lo observaba, más empezaba a incomodarle otra cosa completamente distinta.
Era guapo, bastante guapo. El buccaneer parpadeó un par de veces, convencido de que algo no terminaba de funcionar bien en su cabeza. Intentó centrarse en el uniforme, en el cigarrillo, incluso en el tono desafiante con el que hablaba... pero sus ojos terminaban regresando una y otra vez a su rostro.
"Fuck..." Pensó para sí. "Qué putada..."
Antes siquiera de terminar de procesarlo, el tercero comenzó a hablar. Y la situación no hizo más que empeorar. Aquel hombre irradiaba una confianza casi teatral, hablaba como si aquellos juegos ya hubieran terminado y él hubiese salido campeón sin despeinarse, señalándose a sí mismo con una seguridad que rozaba lo ridículo... y que, por algún motivo, le arrancó una pequeña sonrisa a Ubbe.
No sabía si aquel tipo era un fanfarrón incorregible o simplemente alguien incapaz de pensar en pequeño, pero había un problema todavía mayor.
También era increíblemente atractivo.
Durante unos segundos el gigantesco buccaneer permaneció completamente inmóvil, mirando alternativamente al marine y al desconocido mientras una única conclusión empezaba a abrirse paso en su cabeza.
"¿Qué coño le pasa a esta isla?"
Había demasiada gente espectacular reunida en el mismo sitio.
Primero el hombre tiburón, luego la chica del pelo naranja, después la Bald Girl.
Ahora aquellos dos, aquello empezaba a resultar hasta sospechoso, asi que respiró hondo, se recolocó las gafas de sol con un dedo y terminó acercándose a los tres con una sonrisa que recuperaba poco a poco la naturalidad de siempre.
Respiró hondo, se recolocó las gafas de sol con un dedo y terminó acercándose a los tres con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.
-¡Hey baby!  Soy Ubbe! - Chasqueó los dedos señalando al centro del grupo. 
El guapo marine, el atractivo fanfarrón y el tipo tranquilo. Poco le importaban las primeras impresiones. Cuando terminó, dio un paso atrás y apoyó ambas manos sobre las caderas.
-No tengo ni idea de quiénes sois, babies -Una pequeña risa escapó de su garganta.
-Pero una cosa está fucking clara… - se golpeó el pecho dandole mas peso a sus palabas
Abrió los brazos hacia ellos como si estuviera dándoles la bienvenida a bordo de un barco.

-¡Vamos a hacer que el Equipo Cinco sea el más fucking awesome de toda esta mierda!-

HEY BABY
[Imagen: ksMOGZu.png]
Codicia. La voluntad de un hombre intentando eludir el destino preestablecido le hicieron verse envuelto en esta pequeña escena, una en la que hasta el más ateo acabaría rezando a Dios de no ser por una cómica intervención de un mago oportunista mentiroso a la par que ingenioso. Por más que ese ser supremo se engañara a si mismo; seguía siendo un mortal más en un mundo donde todo ser vivo sangra si le amputas su sucio brazo izquierdo seas humano, tenryubito o el patamon grande. Detrás de su personalidad correcta y su angelical porte escondía algo; Barald podía verlo. Una personalidad arraigada por este lugar. Pudo ver algo más no en su rostro que ocultaba tras el casco, pero si en esa mueca desagradable en el rostro, un gesto de divina superioridad la cual le hizo ver a un torpe no tan torpe merodeador del mar azul que eso no le estaba gustando. La intención del azabache era tocarlo, cumplir un plan genial que solo el conocía y desechar su utilidad, pero si, era un plan malvado claro ¿los piratas son malvados no? Quizá fuera eso; una evitable declaración de intenciones asesinas en forma de poder supremo divino no Jedai la que lo alerto. El azabache desconocía de la existencia de algún poder latente en el por tanto; ajeno a su control, hizo gala de ese poder por primera vez en su vida por puro instinto depredador delatador de intenciones no tan buenas. No era solo el alma de Nishiki la que gritaba sin ser escuchada, también lo hacía la suya propia. Si es cierto que pudo sentirlo emerger de su cuerpo, aunque no le había dado más importancia. Y así fue como su plan genial para ser el más cabrón de todos los cabrones no fue tan genial. Boicoteado por si mismo y su voluntad tiró por la borda el trabajo previo de embaucador orador ocultador de la verdad y ahora sufriría las consecuencias de la ira del juicio divino a manos del Custodio del Rey, Navar. - No podrás tocarme con eso - Pensó en aquellas decimas de segundos en las que podía ver como lanzaba un golpe directo con una caracola en su mano. La zurda de Barald ya buscaba introducirse en el interior de su chaqueta mientras imaginaba como despedazarlo para hacer que ese ángel, sintiera un verdadero infierno aun en el cielo mismo. Pero eso se quedo en su imaginación, algo lo medio desconectó por un segundo y ese algo lo pagaría muy caro, tarde o temprano.


Fuese como fuese, todo sucedió muy rápido sin que pudiera hacer nada. - Auch-  A pesar de su intento de resistirse por un momento, Ryota le agacho la cabeza tras golpearlo empezando a contar un montón de mentiras sacadas de una película que el mismo protagonizó en una vida pasada o algo por el estilo con demasiados detalles para no ser vivida en primera persona. En medio del discurso del orador dorado Barald no podía creer lo que estaba escuchando. ¿En serio este tipo se creera toda esta patraña? - ¿Que es lo que estas haciendo Ryo? - Susurró tan solo para que lo escuchara el ya con la cabeza en ángulo de 90 grados. Desde su nueva posición dejaba que la magia del momento sucediera escuchaba las voces de Runin de fondo; la buscaba con la mirada, temiendo sus represalias hacia el más de lo que temería al propio emperador de esta isla. Barald no pudo mirarla mucho debido a la fuerza del capitán agarrándole la cabeza y obligándolo a mantenerse pidiendo clemencia. - Bueno, me voy preparando para cuando Runin nos golpee durante los proximos dos meses, creo que no se le pasara este enfado tan fácil por más que le ponga caritas ... - Barald sin tener posibilidad alguna de hacer nada quedo viendo como del rostro del capitán brotaban lagrimas de sufrimiento real, era un artista. Barald al escuchar parte del discurso oratorio de Ryota entendió la situación en la que se encontraban y lo que estaba intentando hacer. - Ah el bro quiere usar sus trucos dahahhahahhahaha, win is win - no era para nada buena idea enfrentarse al ángel y esto, sin duda alguna, hubiera sido lo que hubiera sucedido nada más tocara la empuñadura de una de sus katanas o peor aun, que el juicio divino le hubiera alcanzado y lo hubiera desintegrado. Había sido todo un acierto por su parte intervenir.

[Imagen: ad-ADASDASDAS.jpg]
- Si que es bueno el bro, es un cabronazo, mírale, llora como un bebe dahahahha - 

Barald no había querido llegar a esa situación, el tan solo intento engañar a Navar, lo del aura asesina fue sin saber que sería así, fue de panas.  Igualmente Barald se la juraría por los siglos de los siglos por querer adjudicarle el juicio divino. - Un rey es un rey, haga el mal o el bien sea inepto o no. Eres sabio, pero solo sirves para servir, por eso siempre serás un lacayo. - Barald se contuvo de abrir su bocaza de charlatán ante las palabras de Navar y aceptó la invitación junto con Ryota para proseguir el camino hasta las gradas. Y así fue como los matatas se libraron del apocalipsis en Skypia por culpa de Barald y pudieron continuar en los juegos. En cuanto salieron de la vista del patamon grande avanzando por el camino hacia las gradas, el azabache atacaría de inmediato a Ryota peleando con el a puño descubierto sin técnica alguna en su manera de golpear, tan solo usando la fuerza bruta y sus intenciones claras de dejarle la cara irreconocible para que todas las minitas huyeran espantadas al verlo, lo gracioso es que ambos, acabaron igual. Después de eso, limpiaría el polvo de su ropa y continuaria el camino de brazos cruzados. Tambien contestaría al castaño, aun molesto. - Le temiste al éxito Ryo, tu solo pensaste en el oro y los juegos y yo pensé en algo mucho mejor ¿como te crees que conseguí el puto barco con piscina? - A pesar de que sabía que la intervención del castaño había sido todo un acierto jamás lo reconocería, al menos no delante de el. Barald detuvo su caminar para dirigirse a Ryota en última instancia a cerca de su comentario de Kutsukku. - ¿Lo sentiste igual que aquella vez? ... solo puedo decir que no se lo que sucedió, solo algo salió de mi cuerpo y el Custodio reaccionó a eso, o al menos, eso creo. -  El espadachín de ojos rojos no conocía aquel extraño poder, no tenía información mas allá de haber sentido "algo" salir de su cuerpo en aquel momento y intuir que por eso, Navar se había puesto así. - Pero lo mas importante - Barald andaba preocupado por algo en especial, algo que lo mantendría tenso.

- ¿[Imagen: Barald-golpeado-1.jpg]
- ¿Cual es el secreto para aguantar las palizas de Runin? Creo que no estoy preparado para eso. -




Ya en la grada, espero paciente junto al resto de sus compañeros a que empezaran los juegos. Observaba el principio de los juegos olvidando lo sucedido anteriormente para ahora centrarse en lo que había venido hasta aquí. Estuvo atento a la presentación de aquel hombre que apareció volando en una nube. - Waoo ¿usan nubes voladoras? ¿por que tu no tienes una de esas Yuuki? - Sorprendido al ver tal cosa con sus propios ojos llevo su zurda a su barbilla, pensativo, ahora envuelto en sus pensamientos haciéndose preguntas sencillas como ¿que clase de combustible usan? ¿cómo consiguen hacer que las nubes sean sólidas? fuese como fuese, lo investigaría todo pronto, quizás cuando acabaran los juegos. Las gradas estaban repletas de gente con diferentes ropajes distintivos según su raza, a priori parecía haber alguna clase de diferencia social clara. Barald se  Ahora, tras la estela de humo que se disipó la silueta de aquel hombre se vio clara. En medio de todo esto, el azabache se tomaría el gusto de colocar uno de sus cigarrillos en su boca. - Tiene gancho el tipo, si si -  No conocía al enmascarado, pero el carisma de una persona siempre es de algo de valor, de mucho valor, momentos antes se había demostrado. Encendió su cigarrillo cuando el dirigente dio por comenzados los juegos. Barald escucho todos los grupos, conociendo a algunos de los nombres que resonaban por ahí. Dio una calada extensa, tranquila, justo antes de levantarse de su asiento y junto con el tintineo metálico que le acompañaba a cada paso que daba, comenzó su marcha, recordando sobre todo las últimas palabras de advertencia del dirigente a cerca de las hostilidades. No querían que hubiera ningún tipo de altercado violento que manchara los juegos ¿realmente eran tan pacíficos? ¿o solo era marketing? - No os fieis de nadie en los juegos, más de uno de esos cabrones jugaran sucio. -  Dijo mientras se alejaba de los Hanu Mahana avanzando por las gradas hasta llegar al lugar establecido para el grupo dos. Una vez llego quedó mirando hasta que llegaran el resto de integrantes de su grupo, uno de ellos el conocido Uker Rackham. ¿Que persona con origen en el mar del sur no conocía su nombre? - Quien sabe realmente lo que quiere ese hijo de puta, Uker. - Lo saludó, a su manera, con ambos brazos cruzados, observando a los otros dos pertenecientes al grupo. Ignoró las palabras del vestido de uniforme ¿por que todos visten siempre igual? jamás vi a ninguno en pantalón corto. Luego estaba el grandote, no lo conocía pero parecía ser un tipo tremendamente fuerte, y de tremendo tamaño. No era humano. 

Cofre del tesoro
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3272 - 235 = 3037
Energia: 2827 + 0 = 2827
Espiritu: 1114 + 0 = 1114
Mi malestar se esfumó en cuanto una extraña y tremendamente sonora risa anunció, tras una nube de polvo, la llegada de un tipo rarísimo con una máscara aún más rara yendo… ¡SOBRE UNA NUBE!

―¡HALAAAA! ¡¡Qué  guay!!

Erguida en la silla, mis iris no pierden detalle de cada movimiento y quedo completamente hechizada por por el carisma de quien se hace llamar “El Dirigente”…

— ¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!! —

Aplaudo riendo con aquel coro del público, sintiendo cómo comienza la fiesta. ¡¿Ya empiezan los equipos?! ¡Qué rápido!

Tras la sorpresa de reconocer los tres primeros nombres, un vuelco en el corazón me sorprende al escuchar el mío propio. ¡¿Ya?! ¡Grupo uno! ¡¡Qué superrápido me ha tocado!!

En mi sorpresa observo a Juan y Stroud y no puedo evitar reír con la acusación de Enji. Mientras Juan le responde, escucho el nombre de Uker en el número dos. Me preocupa que estemos tan cerca, pero decido anclarme al presente dándole unas suaves palmaditas al caparazón de Juan.

―¡Vamos, Juan, vamos! Hay que darse prisa, ¡yo no tengo la fuerza para cargar contigo!

Sin saber si Stroud sí podría o no con él, me aseguro de avanzar a paso ligero, pero sin dejar a nadie atrás. Mientras caminamos, respondo a la curiosidad del gyojin sobre nuestro cuarto miembro.

―Sí, a mí también me suena ―sonrío al tiempo que agito mi cola alegremente. Si se encuentra aquí, ¡es que tiene que irle bien!

En cualquier caso, era mejor hacerme la despistada en cuanto a los carteles, y era mejor que otros marines no supieran que tengo buenas relaciones con algunas personas buscadas por las autoridades. Todo fue con normalidad, al menos hasta que, una vez ya en la zona de la arena, le escucho un nuevo comentario de mi compañero tortuga.

―¿Nombre común…? ―inquiero girando levemente el rostro. ¿Por qué le pondría eso tan triste…?

Pero, una vez en el cubículo, vuelve la alegría a mi rostro en cuanto nos encontramos con el cuarto miembro de nuestro grupo.

―¡Claro! Encantada de conocerle ―saludo avanzando un paso por delante de Stroud y Juan para que, desde atrás de mí, ninguno de los dos pueda ver el veloz guiño al moreno. Su forma de mirarme me demostró que me recordaba, y obviamente yo tampoco me había olvidado de él, pero no era prudente que mis compañeros supieran que nos conocíamos―. Estoy segura de que todos podremos ponernos de acuerdo y colaborar por la victoria~.

Pacientemente vi cómo el resto de cubículos se iban completando con los distintos equipos.

No lejos de  nosotros, Kael, Masami y Moja comparten grupo en el equipo tres (¿cuándo habían llamado a Moja?). Por supuesto, les sonrío, y una parte de mí quiere saludarlos, pero justo entre nosotros se encuentra el grupo dos, donde además de Bertram se encuentra Uker, a quien no puedo evitar mirar de reojo al tiempo que no quiero llamar su atención. Aunque quizás no tendría que preocuparme tanto, ya que él ni me mira. ¿No se acordará de mí…? Contengo un suspiro con sentimientos encontrados al respecto.

Queriendo centrarme en el presente, sigo observando los grupos, y no puedo evitar sonreír al ver a Miyori en el cuarto. Sin embargo, mi mayor sorpresa viene en el quinto. ¡Enji y Dharma están juntos! Ellos y uno de esos dos piratas muy grandes. Me pregunto cómo se van a llevar… Menos mal que, rodeados de tanto público, Enji no corre peligro, porque si no…

¡Shin está en el número seis! ¡Y está con Akira! Los saludo enseguida desde mi puesto. Vaya, y encima les ha tocado con el pirata enorme de verdad. ¡No me sorprendería nada que terminaran ganando! Del resto de los que conocía personalmente solamente quedaba Kibai en el número siete.

Cuando todos están en sus posiciones, el presentador concluye la explicación de los juegos. Por supuesto, presto absoluta atención a cada detalle, pero lo que más capta mi atención es…

«¡Un deseo!».

Pero no, no puedo distraerme… Si quiero ese deseo, ¡hay que poder ganar primero!

Kuroshiro
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Haciendo gala de sus a veces nulos momentos de percepción, Kael comprueba como su compañera de división, capaz de prevenir lo que al azabache en ocasiones se le termina de escapar, trae consigo unas palomitas para que, intuye, tanto ella como quién pidiese un poco pudiese disfrutar de un pequeño tentempié en lo que terminaban de realizarse los juegos.

Podía parecer una pequeña tontería, una estupidez como muchas otras, pero un minúsculo gesto como ese puede dejar ver que si a él se le olvidan las cosas entre el entero océano de pensamientos que siempre guarda en su mente, puede confiar en ella y su amigo para que le cubran las espaldas.

Por más que sepa que no está solo, siempre es correcto poder sentir lo mismo en sus adentros.

—Gracias, Nyra.

...o quizás se había confundido y eran solo para ella.

No tarda demasiado tiempo antes de aparecer un hombre extremadamente extraño, enmascarado, interesante a ojos del soldado raso de la marina quién, al verlo en el medio del escenario, parece dar a entender que los juegos están a punto de darse lugar, presentando los mismos.

¡Soy El Dirigente…!

 ¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!!

El público enloquece al oír el nombre de este personaje tan aparentemente carismático. Su forma de hablar en su presentación tan llamativa, su voz agradable y su emoción ante los eventos del cielo dejan en claro que ese sujeto, por lo menos, está bien cualificado para la presentación de un evento de la escala de Skypiea. 

En aquel discurso que nadie estuvo dispuesto a interrumpir, el caballero comenzó a hablar del emperador Zarutsuki, el gobernante de los cielos a quién en ningún momento tuvo la capacidad de conocer de lejos, en un folleto, o de ninguna otra manera que no fuera escuchar su nombre dentro de la marina y en los archivos de Skypiea, cuando recababa información antes de la llegada a estas elevadas tierras. Tenía curiosidad por conocerlo, ver su rostro en algún lugar de ese teatro para saber quién era aquel Shichibukai que, en adición a toda su fama, gobernaba como uno de los siete guerreros del mar. Los piratas pueden ser unos seres curiosos cuando se presenta la ocasión, pero mientras obedezcan las órdenes que el mundo les impone, Kael apenas cuestionaría su autoridad...salvo en contadas ocasiones.

Tras esto, se fueron entregando los nombres de los participantes de los juegos. El nombre del joven soldado apareció presentado en el grupo número tres, acompañado del Contramaestre Alejandro, junto con Masato y...una persona particular.

El nombre de Maki Zenin había sido registrado en la mente del casi siempre en alerta marine, revisando la información proveniente de la corriente Rakusei y Daiya, a sabiendas de los piratas conocidos en la corriente Akai. Líder y capitán de las piratas Valar, aquella mujer debía de ser un hueso duro de roer cuanto menos, y aunque no tuvo la oportunidad de extraer la información suficiente de aquella persona, sí que sabía que tener que participar junto a ella en los juegos del cielo era algo para lo que Omuyaga debía de entregar con una mentalidad distinta.

Una que ya había utilizado con otros dos piratas anteriormente...

Al bajar hasta las gradas, el marine comenzó a caminar hasta el cubículo del grupo tres, encontrándose en el lugar al señor Montoya...crispado. La mirada hacia la pirata dejaba en claro que su hostilidad hacia ella no iba a ser disipada por medio de los juegos, a sabiendas de que unos marines tenían que colaborar con alguien a la que el gobierno tiene anunciada una recompensa de ciento cuarenta y cinco millones de berrys. 

Claramente, ningún marine normal y con un claro sentido de la rectitud estaría cómodo con la situación, y eso no podía reprochárselo a él. 

Kael se acercó, primeramente hasta el marine, para poner una mano sobre su hombro y, solo si lanzaba su mirada de vuelta, sería el momento en el que negaría con la cabeza, sin entregar palabra alguna. La altanería y las hostilidades estaban vetadas en aquella tierra santa, y el de la setenta y cinco prefería mostrar una cordialidad ante aquellos con los que tendría que colaborar de alguna u otra forma. 

Fue apenas un par de segundos después que se acercó hasta la mujer, chocándole el puño que alzó en dirección hacia ellos con los guantes de combate puestos sobre sus manos, cubriéndolas y preparándolas para cualquier situación. 

—Me llamo Kael. Quizás seáis unas criminales abajo, pero mientras tú y las tuyas os comportéis aquí las leyes de Skypiea nos prohíben iniciar ningún conflicto con vosotras, así que espero que, temporalmente al menos, podamos llevarnos bien. No vamos a quedar bien en los juegos si no podemos hacer algo tan sencillo, ¿me equivoco?—Aquello, aunque directamente estuviera siendo una pregunta para la pirata, también era una señal de advertencia para el contramaestre a su espalda, tratando de calmar las aguas hostiles entre aquellas dos personas. No tenía la autoridad suficiente como para entregarle una orden, por lo que, si quería amansar a la fiera, debía tratar de hacerlo de una forma bastante más sutil, con la labia que le precede.


Comenzó a observar al resto de concursantes. Competir contra sus compañeros no era algo con lo que estuviese especialmente cómodo, pero desconocía por completo el tipo de pruebas a las que debían presentarse, por lo que, con la calma que precede a la tormenta, se mantuvo firme ante la dificultad que procedía continuación.

"Lo siento por todos aquellos que van a competir contra Shin, pero está claro que aquí va a demostrar que vale mucho más con sus acciones que con sus palabras". Una pequeña sonrisa se le formó en el rostro durante un instante. 

Si algo tenía claro de su amigo, es que cuando se trata de competir, no hay quién le pueda poner más ganas...

Presentación angelical
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—Solo era cuestión de tiempo para poder recordarlo, simplemente necesitan tenerme algo de paciencia —dijo eso mientras pasaba su vista de Jin a Tezca, al que le sonrió por el comentario que dejó caer sobre su memoria. —¿Lo ves? No me hago el difícil, no contigo al menos —. Le habría gustado seguir la conversación, pero en cuanto las presentaciones entre la pelinaranja y ambos hombres estuvieron terminadas, el médico aceleró su paso para pasar, en medio de los ángeles que llenaban las gradas, hasta un escenario diferente, aunque…justo antes de eso se tuvo que detener ante el grito del rubio que hacía que su mente quedara en blanco. Tuvo tiempo de captar su número en el aire y menos mal llevaba consigo el pequeño caracolito dorado que lo ayudaba a comunicarse, pues pudo anotar aquellos números antes de que se le olvidara.

—Espero que hayas anotado también, Mina —. Sí, Mina era Miyori, pero no dejó que la chica lo corrigiera, más bien, no hubo tiempo, pues ya estaban frente a otro pintoresco grupo.

Es verdad que su mirada y sus palabras fueron directamente al cocinero del mechón blanco; sin embargo, a pesar de todos los defectos que pudiera tener, el doctor no era ningún grosero para dejar a alguien con la palabra en la boca, bueno, no si ese alguien se le hacía agradable a la vista.

Ladeó su cabeza cuando el hombre de largos cabellos azulados le empezó a hablar… ¿Lo conocía? Mencionó una isla en la que había estado, es cierto, pero no podía recordar ni su rostro ni su nombre, así que, como solía ocurrir cada vez que algún conocido al que no frecuentaba se le acercaba, se dibujó algo de confusión en su mirada antes de que las palabras del pirata lo hicieran recordar un acontecimiento muy específico, uno que hizo que sus ojos brillaran por la simple emoción de tener aún el curioso recuerdo en su memoria.

—¡Oh! ¡El chico del perro! Lo recuerdo…Bueno, Ares, no es que pueda recordar bien tu nombre ni tu rostro ni siquiera recuerdo el color del perro, pero sí que puedo recordar el momento en que Uker me confundió con un veterinario —. Miró de reojo a Uker, casi juzgándolo por aquella confusión. —Aunque tal vez solo fue un visionario, pues ahora hay más animales en mi tripulación de lo que podría esperar… ¡Ah! Tampoco recuerdo si dije mi nombre, soy Hyákinthos, puedes decirme Cherry —. Por supuesto que se dio cuenta de la formalidad del chico y también de la leve tensión… ¿Sería tímido o solo estaba nervioso por algo? Menos mal que el médico, aunque distraído, podía ser hablador si le daban cuerda. —¿Y? ¿En dónde esta el perro? ¿Sigue vivo? ...No lo veo por aquí, creí que era tuyo —. Tomó aire antes de seguir hablando. —Jmmm…Espero que no haya desperdiciado mis insumos médicos, aunque…

Su mirada se desvió por un momento, al otro lado de las gradas alcanzó a ver al enorme buccaner que viajaba con ellos desde el sendero y, por supuesto, a Merlot…Tal vez debía alcanzarlos, pero en ese momento escuchó la presentación que el peliazul hacía de sus compañeros.

—¡Jmmm…! Un gusto conocerlos. Quisiera decir que recordaré sus nombres, pero Uker puede dar testimonio de que eso no ocurrirá pronto y…chico… —Miró a Kiyoshi. —No soy tonto, solo tengo amnesia —. Porque claro que había escuchado su comentario, aunque lo cierto es que no se ofendió, solo le sacó una sonrisa…tal vez el ambiente festivo lo tenía de buen humor.

De nuevo su mirada fue hacia las gradas en las que Merlot y Barto se habían acomodado y las ansias por tomar asiento se apoderaron de él de repente, así que volvió a sujetar a Miyori del brazo para poder marcharse con ella, aunque, antes se detuvo en seco frente al que se presentó antes como Capitán de los Sepultura.

—Capitán… ¿No? Creo que deberíamos hablar después, en estos mares siempre es bueno tener contactos —. Al terminar de hablar le pasó su den den mushi al pirata, dejó que agregara su contacto y luego hizo une leve inclinación con su cabeza para despedirse del grupo, aunque antes de que pudiera avanzar mucho, Uker lo separó de Miyori por un instante.

—Cocinero, no comas ansias, no creo que este sea el sitio para hablar de esas cosas —. Se acercó para hablar en voz más baja de lo normal, asegurándose de que solo el pelinegro lo escuchara. —Pero te puedo adelantar que encontré otras cosas en Little Garden y Drum…No creo que se acerquen mucho al objetivo de la investigación, pero supe algo de un laboratorio en Arabasta —. Chasqueó la lengua al recordar aquello. —Lamentablemente no pude pasar mucho tiempo en esa isla como para investigarlo o si quiera saber si era real, pero tengo algunas cosas que podrían interesarte —. En ese momento se separó del hombre, apenas un paso. —Llama a Odeth... —Otto. —Si lo crees necesario, de todos modos, seguro será buena idea que se entere de esta isla.

Cuando se separó de Uker volvió a cruzar su brazo con el de Miyori, quien lo guío hasta que se encontraron con dos enormes hombres que, por sus armas, hicieron que el médico caminara más rápido de lo normal para alejarse; sin embargo, en ese pequeño instante, perdió de vista a la pelinaranja. Quedó en blanco y sudando frío por un par de segundos, hasta que escuchó la conocida voz de Miyori, quien no solo le señaló el camino a tomar, si no que volvió a su lado. Pudo suspirar aliviado.

Cuando llegó a las gradas, cerca de Merlot, Barto y una Maki que también parecía acabar de llegar, el médico no dudó en sentarse. Creyó que tendría algo de paz; sin embargo, una polvareda lo hizo alzar su mirada hacia el medio del escenario, luego escuchó una risa peculiar y una voz que retumbó en el estadio. El médico se quedó quieto, observando aquel espectáculo maravilloso, pues… ¿Quién diría que una nube podría servir como medio de transporte?

Ese sujeto enmascarado, “El Gobernante” —nombre que solo existía en la mente del pelirrosa —, se ganó al público en segundos, tanto que tuvo que taparse los oídos cuando todos lo recibieron con un pregón que parecía más que ensayado.

—¿Emperador? Oh… ¡Cierto! Las caracolas hablaron de algo así…Jmmm, aunque estoy decepcionado, creí que veríamos al tal emperador… ¿Qué sabes tu de esto, Beto? —Beto era Barto, en su intento por memorizar el nombre que el enorme sujeto antes le dijo, terminó pronunciando cualquier otra cosa. —¿Quiénes crees que sean esos dichosos participantes? —El médico preguntó de nuevo al hombre, pero lo cierto es que era más una pregunta retórica.

—¿Y crees que haya un concurso de belleza? Porque si es así, Merlot debería inscribirse, seguro ganaría sin dudar…Ni en la tierra ni aquí en el cielo tendría competencia digna —. Le sonrió a la chica antes de empezar a escuchar como el Dirigente empezaba a llamar a grupos de gente…Había nombres conocidos…Incluso alzó una ceja cuando llamaron a Jin y a Uker…¿Por qué ninguno le dijo que participaría en los juegos? Al menos si sabía que “Beto” participaría, pero… ¿Maki?

—¿Eeeeh? ¿Maki? ¿Cuándo entraste y por qué gritas como si quisieras matar a alguien? ¡Y no me mires así! ¿Qué fue lo que te hizo Uker? Apenas hablé con él hace poco y parecía bien, si es lo que te preocupa —. Quiso detener a la chica de que bajara a la arena, quiso preguntarle cuándo se inscribió, pero fue lo bastante rápida para bajar, así que el médico, prácticamente, se quedó con la palabra en la boca. Suspiró y se hundió en su silla…Todo le parecía tan extraño.

Y más extraño le pareció cuando escuchó su nombre.

Parpadeó un par de veces, se irguió en su silla… ¿Cuándo se inscribió él en esos juegos? —Es un error ¿verdad? —Miró a Merlot, buscando respuesta en su mirada, pero dudaba que la chica supiera lo que sucedía. —No, no, no…no pueden hacerme jugar y ensuciarme, vine a lucirme no a esto… ¡Ah! ¿Debería bajar y decir que es un malentendido?

Apenas y terminó de hablar cuando dio un salto que lo hizo aterrizar sobre la arena y luego de caminar casi en círculos, rodear el área de otros grupos y refunfuñar por todo el camino, terminó en el cubículo que le habían señalado.

Se cruzó de brazos, mordió su lengua y esperó a que el resto del grupo llegara para presentarse y comunicarles que él no pretendía participar en nada…Bueno, ese era su plan hasta que escuchó sobre aquel premio.

—¿Un deseo? —Pudo imaginar miles de cosas que necesitaba y que podría pedir. —Je, eso mejora las cosas, parece que ahora si nos estamos entendiendo —. Habló para si mismo mientras que sonreía con algo de malicia…es verdad que no recordaba haberse inscrito en nada, pero si era un error, ya no quería remediarlo, así que se quedó en su sitio hasta que el resto del grupo apareciera, tal vez tenía suerte y sus compañeros serían verdaderos prodigios en… ¿En qué exactamente? Ni siquiera sabía que tipo de juegos se supone que eran estos.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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Para su sorpresa el Sepulturero se topó repentinamente con la joven de cabellos que brillaban cómo el sol, o es que ella se había acercado. Frente a frente. Parpadeó un par de veces, en un silencio sepulcral, y entonces ató los cabos cuando analizó detalle a detalle la voz, la cadencia, el nombre, sus palabras. Porque los vivos existían para recordar.

› Recuerdo… Crema de maní, chocolate, jalea de fresa, y queso.

Le sonrió en respuesta, asintiendo con cortesía y aun sorprendido por las vueltas que daba la vida. Parecía que ahora serían compañeros, por ahora.

› Espero podamos intercambiar unas palabras en otro momento

Había mucho que decir, sobre mucho tiempo que pasó. Le daba curiosidad, y no podía evitar preguntarse ¿El también habrá cambiado tanto? Antes de retirarse el dúo angelical de Hyakinthos y Miyori, el médico pareció hacer todo su mejor esfuerzo para recordar de quién se trataba Eros. Lejos de molestarse el sepulturero negó con la cabeza suavemente, y posó la diestra en su pecho con una reverencia leve del torso.

› Quedó sano en Whisky Peak, lamentablemente los mares lo iban a exponer a mucho más peligro. Le buscamos un hogar que lo adopte, y lo cuide durante su recuperación… Y si, si, por supuesto yo… Mi numero es…

Cerca estornudó una persona, por lo que solo los cercanos pudieron escuchar el número de Den Den del Sepultura, pero vaya si lo dijo finalmente haciendo su mejor esfuerzo para darle una sonrisa serena tanto al de cabellos cerezos, como a la de hebras cual trigales.

› Les deseo el mayor éxito en los Juegos.

Tras unos momentos, el estruendo llevó su curiosidad hacia las cercanías del evento principal.

Por primera vez en tanto tiempo el rostro de Eros mostró una emoción similar al maravillamiento al observar esa nube que decantó en una tormenta de polvo, y finalmente la llegada de un animado maestro de ceremonia. Repentinamente la furia mermó, sorprendido por lo que estaba viendo ¿Esa nube será algo tecnológico, o meteorológico? El presentador parecía carismático y llamativo, definitivamente le habría agradado a los Piratas del Cabaret. Inspiró con profundidad, y suspiró posando la diestra contra su pecho al recordar a los tripulantes caídos de dicha tripulación.

› A Rosse le hubiese encantado estar aquí, ¿verdad Varo?

Le dirigió al mink, su compañero en tiempos del Cabaret, antes de suspirar finalmente escuchando los nombres y los juegos a grandes rasgos explicando la dinámica de equipos ¿Así que no estarían juntos? “Waitgon Dólar, Focalor, Kiba Naruze y Miyori Hoshino! “ Exclamó la voz del presentador ¡El fue el único del cual solo dijeron su apellido! ¿Estaba siendo discriminado? Rascó su entrecejo pensativo y suspiró. Tal parecía que compartiría equipo con la muchacha con la que compartía fragmentos del pasado ¿Y los demás? ¿Waitgon Dolar? ¿Kiba Naruze? No le sonaban carteles de “Se busca” con esos nombres ¿Acaso serían miembros de la marina? Ladeó la cabeza de lado a lado contemplando a quienes llamaban su atención en las proximidades.

Los había en las gradas casi tan grandes cómo gigantes ¿No era ese el carnicero de Whisky Peak? Observó caras conocidas como el leopardo de Cabos Gemelos, pero procuró no reparar demasiado en los miembros de la marina antes de devolver su atención a sus compañeros de viaje.

› Estoy de acuerdo… Durante los juegos somos adversarios, rivales. Esto es la guerra.

Al pasar junto a Kiyoshi golpeó su hombro dándole un empujón si acaso ligeramente hosco, para entonces girarse dirigiendo la mirada hacia sus compañeros por última vez.

› Nos vemos en la última ronda, Sepultura. Es hora de demostrarles porque soy el capitán.

Sabía que no serían eliminados, sabían que iban a seguir avanzando. Un capitán conocía a su gente como la palma de su mano, sabía las fortalezas y debilidades de todos, entendía por ejemplo que Kiyoshi era pragmático y si tomaba ésto en serio, es porque estaba preparado. El no podía ser menos, lo daría todo.

› Hacia el cubículo 4

En otras noticias, la palabra cubículo era en verdad chistosa, y tras ese encuentro efímero y esa declaración de guerra para con los suyos, no tardó en alejarse poco a poco de las gradas pasando entre la gente, quizás un poco más lento de lo que le hubiese gustado. Le costaba pedir permiso porque sentía que estorbaba a la gente, y por su escasa altura Eros costaba hacerse notar. Con un poco de paciencia, finalmente pudo saltar y moverse hasta el punto de encuentro.

Del uno al siete, de izquierda a derecha. El nuestro era el del medio. Uker en el segundo, Varo y Kiyoshi en los laterales extremos. Levantó la mirada hacia el cielo, contempló al presentador y toda su parafernalia una vez más y finalmente se aproximó hasta el cubículo indicado pensando en las vicisitudes que vendrían.

Al llegar dirigió la mirada hacia todos los presentes, asintiendo con la cabeza en respetuoso saludo. Estaba nervioso, no por tener que combatir o mostrar sus habilidades, no por tener que participar en un evento deportivo… Si no por la cantidad de personas que estarían pendientes de él. Inspiró, y expiró. Repetidas veces repitió el proceso hasta acompasar el ritmo de su aliento, y finalmente asintió con la cabeza tratando de llenarse de determinación para hablar a sus compañeros.

› M-Mi nombre es Eros Focalor. De los Piratas de la Sepultura… Soy fuerte.

Flexiona los músculos del brazo derecho para graficar su punto, quizás era todo lo que era pertinente saber para su equipo desde su perspectiva. No obstante, no tarda en darse cuenta que quizás esa no es la mejor forma de explicarse pintándose un tono carmín en sus mejillas pálidas para agachar la mirada, enfocándose en sus pies para no ponerse aún más nervioso.

› Me refiero… Si se trata de una prueba de combate o carpintería, son mis especialidades… Pueden contar conmigo.

Aseguró con una expresión serena en el rostro pese a su incomodidad, y una convicción que contrastaba con esa timidez que portaba. Las primeras impresiones eran difíciles, concluyó en su mente, pero al menos había una cara conocida, un pedacito de Baterilla lo acompañaba aún a sabiendas de que nunca podría volver.

Ataúd
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No pasó mucho tiempo hasta que Mahou llegó con una cesta llena de frutas y se sentó a su lado. Los demás habitantes del cielo se encontraban encantados ahora con Silencio, acariciándolo y dándole un poco de comida, haciendo que el macaco se sintiera como en casa.

"Pequeño diablo", pensó Zhang mientras observaba el rostro de maldad que emanaba su amigo. Esperaba que no causara alborotos y que, por favor, no se robara nada; definitivamente tendría que acordarse de revisar bien sus pertenencias al terminar aquel torneo.

Zhang tomó un pedazo de la fruta que había soltado el monito, se la comió de un solo bocado y, con la boca aún algo llena, le respondió a su compañera: —Diviértete, pero procura no meterte con los tipos de las alas, se ve que no tienen mucha paciencia con los extranjeros.

Se guardó el resto de sus pensamientos para sí mismo. Aquella hostilidad parecía el pan de cada día en ese sitio; al final, las historias del Mar Azul eran ciertas, y allí en lo alto también hacía falta muchísima humanidad.

Sin embargo, no pudo darle muchas más vueltas al asunto, pues un fuerte sonido estalló en medio del lugar y, de una inmensa nube de polvo, salió un hombre con máscara volando por los aires. —Mira, Mahou, puede volar... —le dijo Zhang, apuntándolo con un dedo.

El ambiente se animó de inmediato y las personas a su alrededor comenzaron a gritar al unísono. Aquella energía era indescriptible y, casi sin quererlo, el viejo burro terminó dando unos pequeños saltos contagiado por la emoción mientras recibían a aquel hombre enmascarado.

Fue entonces cuando el Dirigente comenzó a nombrar a los participantes del torneo y, pese a lo esperado, los tres habían quedado en grupos separados. Zhang se lamentó por un momento, pero ya era la hora del show.

Zhang repitió las palabras del hombre volador, o al menos hizo su mejor intento por traducirle textualmente lo que estaba sucediendo a Bai, quien se veía algo confundida. Definitivamente tendrían que retomar sus clases al terminar este torneo.

Antes de partir hacia la arena, Zhang sacó su Den Den Mushi para anotar los números de sus compañeras. Se ruborizó un poco recordando el día en el que intentó llamar varias veces al número de Bai, dándose cuenta después de que resulta que ella no tenía número en ese entonces.

Tras guardarlos, Bai continuó dando algunas órdenes, por lo que Zhang le tradujo lo que entendió a Mahou. —Dice Bai que anotes nuestros números, y que divertirte es más importante que ganar el torneo. —le explicó el viejo a la chica mono.

Después observó a su capitana, quien tras dar aquellas instrucciones no tenía mucho más que añadir. —Claro, Bai. Tendré las orejas bien abiertas e intentaré no llamar la atención. Suerte. —le dijo, viéndola marcharse hacia su respectivo cubículo.

Zhang se levantó entonces para despedirse de Mahou y de Silencio, no sin antes dejar al macaco en medio de unas señoritas que disfrutaban de su compañía. —Te comportas, bandido. —le advirtió a su amiguito con un tono burlón.

Silencio, respondiéndole, le lanzó una sonrisa a Mahou como deseándole suerte en los juegos. Por su parte, Zhang le acarició la cabeza de forma paternal a la chica y comenzó a descender hacia la pista de tierra batida.

A su alrededor, todos los jóvenes se encontraban sumamente animados: saltaban, reían, cantaban... e incluso querían matarse entre ellos. "Uker", escuchó entre tantas voces. Aquel hombre que había conocido unas lunas atrás... ¿Seguiría siendo igual de fuerte?

Zhang se movió despacio hacia el lugar que le habían asignado y, al llegar, reconoció al hombre de cabellos rosados que minutos antes se había reído de su chiste con la mujer calva. Los demás aún no habían bajado al cubículo, por lo que Zhang se acercó al joven, que ahora parecía algo irritado.

Esperaría a que todos llegaran para presentarse formalmente. Hasta entonces, Zhang no se había detenido a pensar en el famoso deseo que daban como premio, y aunque no estaban allí para ganar, aquello sonaba bastante tentador. ¿Qué tanto poder podría tener un Shichibukai dueño de una ciudad de oro puro? Zhang golpeó el suelo con su pezuña y esperó pacientemente a que la función diera comienzo. —Zhang Guolao, mucho gusto — 


La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Narrador / María Merlot



Pues si, desde aquí se ve todo más centrado y mejor-don.

La voz de EL MACHO la hizo sonreír. Le agradó saber que también le gustaba el lugar que escogió. La vista a la arena de los juegos resultaba perfecta, y sobre todo no tenían a nadie atrás que pudiese lanzarles licor o algún otro fluido en el éxtasis de la victoria o derrota. Los orbes ámbar se posaron por unos minutos en Bartolomiau. Se conocieron en Tequila Maní hacia más de un año. Esa noche en el bar la secuestraron y ayudo a sus nakamas a rescatarla pero más allá del valor, fuerza y hombría demostrada, algo resplandecía en él… tal vez, le hacia recordar lo que ella no era “Tímida, Callada, Silenciosa, Musculosa, Hombre, Marrón”. Lo cierto era que le generaba cierto respeto, cosa que solo sucedía con los gigantones.

Otra memoria, una más lejana y borrosa la abordó en esos breves segundos de introspección. La manera en que se sintió aquella mañana y la razón de encontrarse con su Unnie en ese bar. Los eventos del foso. El agua fluyendo hacia arriba, paredes falsas, un primo de increíble piel dorada, un disparo a la espalda de su hermano, un peluche herido, una antorcha humana, un matrimonio forzado, manos llenas de sangre. Trago saliva, eso no se volvería a repetir. El sitio era abierto, la luz del sol los acompañaba, el cielo era más celeste que su cabello natural, y sobre todo, no había nada que temer, sus amigos estaban cerca — … Bartolomiau — pronunció su nombre en un suave susurro, que a pesar del bullicio, esperaba ser escuchado — … que encantador es volver a encontrarte… luego de que le patees el trasero a todos en la arena vamos a celebrar comiendo un festín de frutas. Seguro aquí se dan variedades celestiales — le propusó con una sonrisa — … anota mi contacto de piruleta… hablemos mucho, aun después de que nuestros caminos se separen. Soy muy buena hablando, y tú eres muy bueno escuchando. ¿No es la combinación perfecta? — bromeó entre risas agraciadas suministrándole el contacto, y esperando recibir el suyo.

Luego de esa interacción, y manteniendo su hermosa sonrisa, regresó su vista al cielo azul. ¿Sería esa isla lo más cerca que llegaría a las nubes? Le resultaba intrigante lo que escondía el firmamento. En su lógica: si el océano era basto… entonces, el manto encima de su cabeza también debía serlo. ¿Los seres alados negros y blancos nadarían más allá de lo que podía apreciar? ¿Habrían corales, pájaros, historias, entre las olas del paraíso? Le gustaría mucho descubrirlo, tal vez alguno de esos seres con alas la llevará a volar si se lo pedía amablemente. Uno, dos, tres parpadeos. Mejor dejaba de mirar tan fijamente lo inalcanzable del techo azulado, porque juraría que vio una brillante estrella fugaz.

Algodón de Azúcar y Viví regresaron de sus asuntos. ¿Cuáles? Lo cierto, y aunque fuera muy cotilla, le importó poco porque se entretuvo con sus pensamientos y EL MACHO. Antes de siquiera intentar preguntar, las palabras murieron en su boca cuando el objeto de su fanatismo, y amo supremo de su vida, le indicó que si había un concurso de belleza ella lo ganaría.  Esas palabras la acariciaron, y si fuera de las que se sonrojan lo estaría. María se queda tranquila los segundos siguientes, aunque tenía la sensación de estar siendo observada fijamente pero le restó importancia porque siempre sucedía…

¡¡ HYA HYA HYA HYA HYA !!

¡Sean todos y todas bienvenidos y bienvenidas a Shandora! ¡La ciudad que convierte las leyendas en realidad!

Carcajadas contagiadas. Voz llamativa. Una nube blanca. María buscó al causante de aquella conmoción general. ¿Una polvareda? ¿El polvo estaba vivo?  ¡Hpmmh! Ella se cambio varias veces en lugares polvorientos… no debió hacerlo, ahora entendía que eran partículas pervertidas. Claro, poco tiempo tardó en aparecer el verdadero ser vivo. La mestiza inclinó la cabeza mientras sus labios formaban una perfecta “O” ante la elocuencia de ese… personaje.

¡Soy El Dirigente…!

Cuando se presento, ella asintió pero lo que no se espero fue la respuesta exorbitante del público, mucho más que cuando apareció. Denotaba cariño y promesas de algo más arraigado en sus corazones. ¡Ella quería eso!

¡¡EL FAVORITO DE LA GENTEE!!

La diestra de la pelirrosada se posó sobre sus labios abiertos mientras los ojos brillaban con entusiasmo, admiración y ganas de descubrir todos sus secretos, comenzando por: ¿Qué había debajo de la máscara? Una risa se escapó de la garganta cuando los grillos y cebras repitieron el nombre y el coro del público. “El Dirigente. El Favorito de la Gente”. Rimaba, le fascinó. Necesitaba algo así para ella misma: ¿María Merlot, hermosa como un melón? ¿María, Reina de las Peonias? ¿María la que con su brillo ciega? No, terrible… debía pensar algo apropiado.

Más aplausos.
Más entusiasmo.
Eso la contagió.
La hizo sonreír y aplaudir.

A continuación iré diciendo sus nombres para que vayan descendiendo a las casillas de la pista y poder comenzar ¡Démosles un fuerte aplauso!

— Yeeeeeeeeeeeeeeeeeeeheeeeeeeeeeeeeeeeeeeeei — se unió a los vitoreos de pie embargada por la emoción del rebaño con alas. Se llenó de adrenalina solo de pensar en que pasaría a continuación. Esperaba no olvidar buscar un sitio donde apostar por su campeón: EL MACHO.

Uno a uno nombres fueron dichos por EL DIRIGENTE, asignándolos a un grupo. Pérdida en el entusiasmo del momento, aplaudiendo y riendo con los nuevos amigos alados que hizo, los que estaban delante de ella en las gradas, ni siquiera prestó atención a los participantes. En esos momentos la pelirrosada era un ave más en esa jaula de la diversión.

El Equipo dos está formado por... Bartolomeo Flint...

— ¡MI CAMPEÓN! — gritó con frenesí al escuchar el nombre del trenzado bucanero. Con las manos le toqueteo el musculoso brazo — Eres tú, eres tú, eres tuuuuuuuuuuuu — le dijo con mucha alegría a su compañero — Si, si, y sí. Es él… Bartolomiau — se llevó las manos a la cintura, viendo a sus “ya” amigos emplumados — ¡EL MACHO! — levantó las manos a la altura de su barbilla moviéndola lentamente hacia los extremos como si extendiera un cartel invisible, su voz salió suave y lenta haciendo énfasis en cada silaba.

Cuando el hombre se fue, y el listado continuó, ella siguió aplaudiendo como los oriundos. La verdad, nunca pasó por su cabeza asociar nombres con caras conocidas. Por culpa de eso, los nombres Juan Sebastián y Bertram Gaufried no resonaron más allá del punto de atención real de su particular cabeza de pez.

El Equipo tres está formado por Maki D. Zen’in…

— ¡MI UNNIEEEEEEEEEEE! — gritó exaltada, sumando más decibeles a la algarabía del lugar. La mirada buscó a la bola de boliche pero no regresó junto a ellos. No importaba, seguro fue a anotarse a esos juegos sudorosos, muy típico de ella — Mi hermana Capiguana ana ana ana. Yeeeeheeeeeeeeei — canturreó con simpatía moviendo los brazos en círculos frente a ella, lo que causó que las personas alrededor empezaron a preguntarse quien y qué tan poderosa era esa tal Maki D. Zennin.

¡El Equipo cuatro está formado por…. y Miyori Hoshino!

La mestiza aplaudió y ánimo… pero no caía en el nombre de Vivi porque para ella Vivi era, pues, Vivi. La vió irse — ¿Por qué te vas, Vivi? ¡Nooooooooooo teeeeeeeeeee vaaaaaaaaaayaaaaaaaaaaas! — le pidió pero fue tarde, su voz se perdió en la multitud al igual que la cabellera anaranjada — ¿Por qué se fue? — miró con preocupación a Hyakinthos esperando una explicación con su ceño fruncido como si le hubieran arrebatado a su nueva muñeca favorita.

El Dirigente siguió nombrando y nombrando. La tristeza por el abandono de Vivi quedo atrás. Ella siguió mimetizada al festejo global. Hasta que sucedió lo más inesperado de todo… el grupo ocho fue anunciado haciéndola girar de inmediato la cabeza hacia su amo y señor. ¡Iba a participar! Eso fue muy inesperado.

Es un error ¿verdad?

La voz indignada y fastidiada la hizo reír. Hasta ella pensaba que había un error. Cuando las miradas de ambos se cruzaron. La semi sirena le dedicó una sonrisa cargada de encanto magnético, y un toque de travesura — … ahora tengo un favorito entre favoritos — sus orbes brillaron con la admiración enfermiza que sentía hacia el médico. Lo vio irse — ¡ALGODÓN DE AZÚCAR ERES EL MEJOR Y MÁS DULCE! PATEA TODOS ESOS TRASEROS ANÉMICOS — lo animó con mucho más cariño que a los demás — … es la mejor persona del mundo — comentó a quien estaba cerca para escucharla. 

Luego de tanta emoción, la fémina se dejo caer en su asiento, dándole una palmadita en la cabeza al den den visual en su hombro. Con la diestra se abanicaba mientras pensaba en buscar algo para beber… ¿Tendrían batidos de frutas? Buscaría en algún momento un stand para refrescarse…

Y por último, el Equipo nueve está formado por Maria Merlot…

— Oh… ¡Se llama como yo! — exclamó señalándose sorprendía y aplaudiendo al grupo nueve — … espera, y si soy yo y es un malentendido como con mi Algodón de Azúcar… o si Capiguana nos inscribió sin decirnos… ¿Por qué haría eso? … — musitó para si misma uniendo los cabos sueltos en su confusa mente — … Ah, por su cabello… que iba a saber yo que tendría una reacción alérgica al tinte color Hyakinthos Littlelesco… y que por eso iba a quedar, bueno, calva… — siguió murmurando sin saber realmente que hacer.

¿Quería participar? Al principio quiso drenar la frustración causada por el "Ya No Más Ángel" en esa arena, luego con la aparición de El Dirigente y el ambientazo en las gradas, quería quedarse ahí. ¡Dilema, dilema! Mordiendo su labio inferior sopeso todo, comenzando por un evento similar. Cuando abordaron el ferry en aquella isla que no recordaba con rumbo a estas nuevas aguas, Hyakinthos le pidió ocultarse bajo una capucha. Su vida, miserable vida, giró siempre alrededor de su rostro de ensueño, de su cuerpo confeccionado por los dioses. No era idiota, por donde pasaba, desde siempre, atraía miradas de admiración, de lujuria, de envidia, de asombro… si bajaba a esa arena todos esos ojos de pollo estarían sobre ella. ¿Cuál era el problema? En realidad ninguno, su cara bonita era su principal activo… ¿Con eso podría ganar algún juego? Si, podía… más bien no hacer ganar a otros. Sin embargo, la idea más bizarra destelló en su interior: ¿Ganar se trataba de un número o de una sensación? Con solo llamar la atención de las personas correctas, podría obtener nuevos amigos… y los amigos eran necesarios para obtener mercancía. Acababa de tener un ejemplo perfecto, de como las masas dominaban a la colosal estructura. No tenía alas, ni una reputación previa pero tenía belleza, toque divino y sintonía natural. El momento para usarlo sin contemplaciones era HOY.

Se levantó de su asiento, tomó al den den visual entre las manos y lo dejó colocado sobre la baranda superior de las gradas con vista perfecta a la arena —… te diría que captures mi mejor ángulo pero todos son buenos. Regresó por ti en un rato — sonrió y luego beso su cabecita. Con un suspiro caminó al inicio de las escaleras. La pasarela estaba lista, el escenario preparado… y con un “Hechizalos Sirena” mental empezó el descenso… acompañada de un sonido trompetezco que resonó de algún lugar…

VENENO ROSA

Un paso tras otro, cada movimiento un suave y fascinante vaivén como las olas del mar traídas al cielo, que resaltaba su espectacular figura enfundada en el delicado vestido de dos piezas de color purpura. Su cabello iba y venía con ella, y sus labios mostraban una angelical sonrisa. Su bajada no era solo un movimiento físico, sino una danza cautivadora que fue dejando una estela de admiración a su paso y capturando la atención de los ángeles negros y blancos. Un efecto en cadena en esa parte de la grada: miradas, suspiros, piropos, propuestas indecentes nacidos de la euforia, y el borracho de antes parecía tener una hemorragia nasal en su repulsiva narizota. Al llegar a la baranda que separaba las gradas de la arena, saltó gracialmente hasta equilibrarse sobre esta. Viendo a las gradas, dándole la espalda a la arena. La observaban cautivados, esa sección del coliseo, haciendo un breve silencio expectante.

La brisa movió su largo cabello rosado.
La sonrisa encantadora se dibujó en los pecaminosos labios.
Los orbes ámbar recorrieron al público, viendo a todos, viendo a nadie.
La apertura de su falda dejaba ver tersa piel de la pierna izquierda.
Levantó la diestra, cerró los ojos, inclinó un par de grados la cabeza.
Posó para ellos, un segundo.
Entreabrió los ojos, el brillo en estos reflejaba su feminidad y su aura angelical.

— María Merlot. Reina de Estrellas. Comerciante Valar… — la voz sonó suave y embriagante como la primera luz del día — … honrada de estar en sus juegos — llevó ambas manos a la altura de su corazón, el gesto buscaba enfatizarles el agradó que sentía — … por favor, acompáñenme durante mi participación con sus  buenos deseos… — hizó una pausa desviando tímidamente la mirada hacia la izquierda — … con ustedes a mi lado, y sin importar el resultado, seré ganadora… —  levantó la mirada, volviendo arrastrarla con dulzura hacia todos en esa zona de la grada — … en mi corazón — remató formando con sus manos el símbolo estándar del órgano bombeador de sangre ♥.

Sin esperar más, tomó impulso y saltoó hacia atrás. Envuelta en la tela morada y cabellera rosada, aterrizó en la arena volviendo a posar hacia el lado de las gradas dónde estaban las personas que buscaba poner hechizar haciendo uso de su lindo rostro y simpatía natural — … Grupo 9 — les comentó por si acaso alguien lo olvidaba. Con las manos sobre sus labios repartió besos. Luego se encaminó hacia el lado del palacio.

— … Reina, sin duda perteneces a un Castillo pero los cubículos están hacia el otro lado. Da tu mejor esfuerzo, preciosa — le gritó un alado, alguien que se dio cuenta que iba en la dirección contraria.

María se detuvo, volteó a ver que todos estaban hacia el lado opuesto, se rió encantadoramente de su despiste y tomo rumbo al lugar que se supone debía ir. Mientras caminaba, con su bamboleo hipnotizante, iba saludando a las gradas. Llegó al sitio justo cuando el enmascarado estaba diciendo las reglas. ¿Dónde podía conseguir un báculo como el que tenia apoyado contra el suelo? Le preguntaría después. Su atención se perdió cuando El Dirigente alzo el tercer dedo…, lo cierto es que siendo Hyakinthos, la cara conocida más cercana, solo se fijó en lo hermoso que se veía vestido con ese vaporoso traje blanco con influencia de la isla arenosa… ¿Qué tal se vería Hyakinthos con el cabello azul celeste? ¿O con una cola de tritón de increíbles escamas pasteles?

¿Estáis preparados participantes?

María parpadeó ante la pregunta — … ¡Yeeeeeeeeeeheeeeeeeeeeeei! — le respondió con alegría alzando las manos y sonriendo. Ella no estaba preparada, ella no sabía que hacía ahí abajo, ella solo estaba… viviendo el aquí y el ahora… y yendo al cubículo que le correspondía...




ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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