[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte I)
#1
Los participantes provienen de este tema.
Aquí se desarrollará la "Prueba del Coloso"




Todos los participantes, por favor, postead a continuación vuestra aportación a la prueba. Recordad usar el comando [ personaje=3941 ], sin espacios
  Responder
#2
Atributos Personaje


Antes de avanzar conoció a una leyenda, aquel que coincidía con su wanted. La cabra, el mismísimo goat. Había oído leyendas, y ante todo debía marchar con la frente en alto grupo que le había tocado. No eran Sepultura, pero había algo de su responsabilidad como capitán en la mirada de cada uno de ellos, en su esperanza de ganar, en los sueños portaban consigo.

› Es mi momento… Voy a darlo todos.

Hubo una sonrisa, su mejor intento, tras escuchar cuál sería el primer juego.

Llegó su momento, era el primero, Eros sintió como su pecho latía. Tum tum. Tum. Tum. ¿Sentía acaso la presión de tener que competir? No. No era eso. Era la mirada de la gente, era el peso de la presión social ¿Cuánto le importaba lo que pensasen de él? Mucho, poco. Las manos le temblaban y él no podía si no observarlas temblar, esto no era miedo era igual a hablar en público. Era como cuando conocía a alguien por primera vez, y temía por qué pensasen hacer, quienes fueran, que percibieran de su existencia.

No podía darlo todo, no podía demostrar sus habilidades si se veía mermado, limitado por sus propias inseguridades, sus propios miedos. El capitán de los Sepultura respiraba tratando de encontrar la paz. Se agachó sosteniéndose el estómago, la panza le dolía y ya todos querían que avanzara, que fuese su turno de demostrar su fuerza.

Los muertos solo morían cuando eran olvidados ¿Acaso él quería ser olvidado en vida? Inspiró profundamente, y se palmeó el rostro con vehemencia.

› Dalo todo… Dalo todo… ¡Dalo todo!

Se levantó, haciendo sonar su cuello y sus huesos mientras se disponía a dar un peso frente al dial que debía golpear. Pero no, aun no era suficiente… Sentía las miradas de todos, no estaba en su elemento. Tosió ligeramente, levantó la diestra y decidió hablar a todos los que le prestaran atención.

› ¡D-Disculpen… Voy a volver a venir, pero me haría bien si se… tapan un poco los ojos o hacen como que no miran!

Pidió permiso antes de volver para atrás, inspiró y cerró los ojos. Esto sería un combate real, esto sería un campo de batalla. Si tan solo hubiese una manera de dejar de sentir las miradas de la gente…

Cada neurona de Eros se coordinó, con su inteligencia superior entendió… Que había una forma.

Entonces, se convirtió a su forma completa. Nadie sospecharía de un pequeño topo.

[Imagen: monty-mole-mole.gif]

No corrió, tampoco se metió bajo tierra. Anduvo caminando, pasito a pasito hasta la caracola. Entonces inspiró posándose frente a la caracola, la olfateó con todos sus sentidos, y entonces el mundo era oscuro. No veía a la gente mirándolo, no percibía sus emociones, en ese momento solo existía su estirpe, su presencia, su objetivo, su competición. La música de Skypiea lo ensordecía, sentía la presión de los juegos...

Saltó con fiereza hasta posarse frente a la caracola, el movimiento fue veloz, tensó los músculos con fiereza antes de lanzar un golpe con la diestra aplicando cada gramo de sus músculos de hierro como el arma de combate que era. Un golpe rápido de la diestra efectuó la descarga de la energía cinética de su impacto, su pequeña pata superior se entumeció por la potencia del golpe y finalmente aterrizó con ambas patas al lado del cuerpo, volviendo a su forma humana.

Suspiró, e hizo una reverencia a todos.

Ataúd
[Imagen: xNGUFie.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5162 + 0 = 5162
Energia: 4369 - 600 = 3769
Espiritu: 1546 + 0 = 1546
#3
Atributos Personaje


Pipa humeante en boca, y aún cruzado de brazos, Stroud contempló cómo El Dirigente continuaba ascendiendo en su nube, alzándose sobre todos los demás en el estadio. Había algo tras aquella inquietante máscara que, además de ser enormemente sospechoso, le resultaba desconcertante. Tal vez fuese el poder de su oratoria, la facilidad con la que parecía encandilar a las masas, jugando con sus apetencias a placer, haciéndolas chillar y enloquecer con simples movimientos o unas pocas palabras. Él mismo había sido víctima de sus encantos, que habían inhibido, incluso, sus naturales instintos de desconfianza, que deberían haber saltado como resortes ante alguien de aquel suspicaz porte; en su lugar, no había dudado en acudir presto al lugar que él había indicado, cumpliendo órdenes como si de un superior se tratase. No era solo su oratoria; El Dirigente parecía ser muy consciente de la situación en que se encontraban los recién llegados: era fácil cumplir órdenes de alguien que emanase autoridad de aquella manera, especialmente, cuando uno se encuentra en un entorno desconocido, y quién sabe si hostil. Pocas veces antes había visto Stroud semejante dominio de la comunicación pública e, incluso, de la manipulación de la que hacía gala aquel personaje a quien todos parecían adorar. Incluso a él le resultaba algo difícil sucumbir ante el entusiasmo que suscitaba, ante la forma en que él ordenaba y dirigía la gran orquesta que era aquel estadio.

La multitud clamaba ante las preguntas del enmascarado, y él parecía encantado. El joven Marine sacó su pipa de su boca, pasando a sujetarla con la mano izquierda y vaciándola sobre el suelo, permitiendo que las brasas se extinguiesen, mientras El Dirigente daba por iniciados los Juegos y el estadio se venía abajo en júbilo y ovaciones. Guardó la pipa de nuevo en el bolsillo de su pantalón. Un tipo menudo, a quien pudo reconocer de los carteles y los periódicos, fue el primero, transformándose primero en lo que parecía ser un pequeño topo. Arqueó una ceja.


La prueba del coloso... Observó a sus compañeros de equipo, sin musitar palabra, y asintió con la cabeza, arremangándose los puños de su camisa y dejando sus antebrazos al descubierto, dejando claro que él se ocuparía de aquella primera prueba. No estaba seguro de poder optar a un buen lugar, y sabía que siempre había lugar para sorpresas. Mientras doblaba sus mangas con cuidado, miró a su alrededor, contemplando cómo la multitud bullía de emoción, haciendo retumbar el mismo suelo. Insospechadamente, el sobrio y joven Marine había encontrado cierta inspiración en lo siniestro de El Dirigente, que, evidentemente, si de algo sabía, era de arengar a toda aquella multitud; por una vez, podía dejarse llevar por aquella corriente de emoción, anticipación y celebración, entrar en comunión con aquel juego que parecía proponerles El Dirigente. Había entendido que ganarse al público era tan importante como participar correctamente. Esbozó una discreta sonrisa bajo sus fríos ojos grises. Si el enmascarado quería jugar, Stroud jugaría a su juego, sin trampa ni cartón.

Se situó en el centro del cubículo, antes de echar a caminar hacia el centro de la arena, hacia el lugar desde el que habían emergido los extraños maniquíes que El Dirigente había erigido para la ocasión. Caminó con lentitud, asegurándose de no transmitir prisa ni nerviosismo. Un paso, y después otro, y después otro. Serio, que no inexpresivo, alzó su vista hacia el público, y, en un ademán, abrió ambos brazos en horizontal, con sus manos abiertas y las palmas de las mismas dirigidas hacia el cielo, bajo aquel sol abrasador. Demandaba la atención del público y de los demás participantes; saliese como saliese aquello, se aseguraría de que todos lo viesen, portando el estandarte de la Marina en su uniforme blanco, refulgiente con una luz casi cegadora. Continuó caminando con serenidad, sus ojos grises clavados en el muñeco situado más hacia la izquierda y más próximo a su cubículo. A medida que se aproximó, alzó su vista hasta el refulgente palacio que presidía Shandora, buscando aquel balcón sobre el que descansaba un trono, y sobre el cual descansaba ahora una silueta. Si el Emperador Zarutsuki estaba allí, no podía tratarse de nadie más. Clavó sus ojos en el trono, incluso sin poder distinguir la silueta con claridad, alzando su mentón, y llevó su mano derecha a su pecho, sobre su pectoral izquierdo, antes de efectuar una cortés reverencia. No tenía ni idea de dónde se había sacado aquel gesto, pero aquella era su forma de dedicar su actuación al anfitrión de aquellos Juegos.

Finalmente, se plantó delante de la figura, y bajó sus brazos, adoptando una posición firme, marcial, neutral. Cerró los ojos por un instante, frunciendo su ceño. "... And Justice For One," musitó, mientras apretaba sus puños con fuerza y dejaba que toda su musculatura entrase en tensión, conteniendo la respiración y apretando sus músculos abdominales, como si se preparase para recibir un impacto en el estómago. Dio un pisotón sobre la arena con su pierna izquierda, provocando una pequeña polvareda que emergió desde la misma, y el mochi comenzó a fluir desde sus tobillos hacia arriba, comenzando a acumularse en sus piernas y, de forma visible ahora que había arremangado su camisa, en sus brazos. Estos parecieron hincharse ligeramente, adquiriendo la textura de la sustancia y cubriéndose de un extraño patrón de espirales que se volvía especialmente perceptible en aquella luz abrasadora. Exhaló a través de su nariz, al mismo tiempo que llevaba su mano derecha a su cadera, mientras el puño empezaba a retraerse sobre sí mismo, pareciendo como comprimirse hacia dentro del mismo antebrazo. Sus ojos se abrieron, fijándose sobre la figura que reposaba frente a sí. "¡Strength... Beyond Strength!," exclamó, dejando que el aire saliese con fuerza de sus pulmones, al mismo tiempo que aquel puño, como un muelle, se descomprimía y propinaba un fuerte golpe ascendente sobre el objetivo.

Permaneció estático por unos instantes, midiendo internamente la intensidad del golpe que acababa de propinar, antes de regresar a su posición original, mientras el mochi sobre su piel y en su puño comenzaba a desvanecerse una vez más, con las espirales integrándose de nuevo sobre la piel y volviéndose imperceptibles en cuestión de unos segundos. Dejó escapar el aire a través de su boca, permitiendo que la tensión acumulada se fuese con él. Dio algunos pasos atrás, giró sobre sí mismo e hizo una sobria reverencia ante el público, antes de volver a caminar de vuelta hacia su cubículo.



Off

  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 4497 - 718 = 3779
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
#4
Atributos Personaje


Las palabras del Dirigente hicieron que la enorme sonrisa de Ubbe se ensanchara todavía más.

La Prueba del Coloso.
Sus ojos descendieron inmediatamente hasta aquellos enormes troncos que acababan de aparecer sobre la arena, había que golpear, había que hacerlo más fuerte que nadie. Sonaba divertido, jodidamente divertido. El gigantesco buccaneer dejó escapar una pequeña risa mientras hacía crujir los nudillos de ambas manos.
-...Heh
Miró de reojo a sus tres compañeros, aún no los conocía, no sabía cómo peleaban, ni cuál era su especialidad, Pero aquello... aquello sí lo tenía claro. Dio un paso al frente mientras se golpeaba el pecho con el pulgar.
-Baby… - Una sonrisa confiada apareció bajo las gafas de sol, y marcó músculo ante ellos intentando impresionar a los 3- ¡THIS IS COSA MIA!
No había arrogancia en sus palabras, solo una seguridad absoluta, si había una prueba en la que podía aportar algo al equipo era aquella, quizá si había una de resistir, también sería bueno, y de hecho de correr mucho también sabía, pero lo que mejor hacía sin duda, era pegar bien fuerte. Dirigió una última mirada hacia los tres, levantando un pulgar antes de comenzar a caminar hacia la zona asignada para los participantes de la primera prueba.
-¡Voy a conseguirnos un good start, trust me! - y sin volver la vista atrás, avanzó hacia su estaca con su despreocupación habitual, balanceando los hombros como si fuera a disfrutar de un simple entrenamiento y no de una competición capaz de conceder cualquier deseo del mundo. Cada paso hacía retumbar ligeramente la arena bajo sus botas, la sonrisa seguía ahí, porque, por primera vez desde que había llegado a Shandora... Ubbe volvía a estar haciendo lo que mejor se le daba.

Golpear, golpear muy fuerte.

Ubbe abandonó el cubículo con una tranquilidad impropia de alguien que acababa de ser (auto)elegido para inaugurar los Juegos del Emperador. Mientras descendía hacia la arena, el murmullo del estadio iba creciendo a su alrededor. Cientos de personas observaban a los participantes desde las gradas, esperando que alguno fuera capaz de dejar una primera impresión imposible de olvidar. A mitad de camino giró ligeramente la cabeza, y no tardó en encontrar a Sigurd entre el resto de competidores; incluso rodeado de tanta gente, era imposible no localizar a otro buccaneer de semejante tamaño. Sus miradas se cruzaron apenas un instante y Ubbe sonrió de inmediato. No necesitó decir nada, se limitó a levantar un pulgar que solo podía dedicarle a un hermano antes de continuar su camino.

Fue entonces cuando sus ojos se desviaron hacia otro de los equipos, allí estaba la muchacha del cabello anaranjado, maldita sea, parecía que ella también iba a participar en alguna de las pruebas y aquello le hizo sonreír todavía más. Sin darse apenas cuenta, enderezó la espalda, sacó un poco más de pecho y volvió a colocarse las gafas de sol con un gesto tranquilo, una absurda necesidad de lucirse nació en su interior, no para demostrar nada, simplemente… quería que pensara que era cool. Esperaba que la Bald girl, Sigurd y cualquier otro participante estuvieran atentos a su actuación, porque iba a ser prehistórica. 
-...Heh - Se recolocó las gafas de sol con un dedo “Check this out, people"


Mientras seguía avanzando, levantó uno de sus enormes brazos hacia las gradas, respondiendo al entusiasmo del público con la misma energía que estos les dedicaban a ellos.

-¡¡COME ON, BABIES!!
- Su voz retumbó por buena parte del estadio -
¡¡MAKE SOME NOISE!! 
Ubbe respondió con una carcajada grave antes de seguir caminando: -¡¡GAHAHAHAHA!! - disfrutando del momento como si llevara toda la vida esperando vivir algo así.


Al llegar frente a la caracola de medición, toda aquella actitud despreocupada desapareció.
Justo antes de empezar su numerito, observó a los que iban a participar junto a él, vio a una variedad de participantes que intentaría dejar grabados en su memoria, aunque eso era difícil por su mala memoria; eran los competidores con los que compartiría una de sus primeras experiencias en este maravilloso evento. 

La sonrisa seguía dibujada bajo las gafas de sol, pero el resto de su cuerpo quedó completamente inmóvil. Durante unos segundos no hizo absolutamente nada. Permaneció observando el enorme dial colocado frente a él mientras respiraba lentamente, después dio un paso al frente. Su cuerpo comenzó a crecer de forma gradual; la musculatura se expandió bajo la piel mientras gruesas escamas iban cubriendo cada centímetro de su espalda y sus extremidades. La coraza apareció poco a poco sobre su lomo, endureciéndose hasta formar la característica armadura de un anquilosaurio, mientras una enorme cola terminaba de desarrollarse detrás de él, rematada por una pesada maza ósea. Un colosal ser de 8m de largo apareció en medio de la arena. 
Las gafas de sol permanecían sobre su rostro, como siempre y cuando la transformación terminó, el gigantesco animal permaneció inmóvil unos instantes frente al tronco. Clavó las patas contra la arena, bajó ligeramente el centro de gravedad y comenzó a cargar el peso sobre la cola. El movimiento fue lento al principio, casi imperceptible, pero la maza fue ganando velocidad a medida que describía un arco cada vez mayor alrededor de su cuerpo. Ubbe puso toda su fuerza en ese ataque, listo para intentar llegar a lo mas alto. 

¡HOME RUN, BABY!
Su cola se movió hasta que dejó de parecer una simple extensión de su cuerpo, y pasó a convertirse en un proyectil, el impacto llegó un instante después. La maza osea golpeó el dial con un estruendo que retumbó por toda la arena, levantando una nube de polvo alrededor del tronco mientras el propio suelo parecía temblar bajo sus pies; después, Ubbe no se molestó siquiera en comprobar el resultado. Deshizo lentamente la transformación mientras se daba media vuelta y emprendía el camino de regreso hacia su equipo con la misma tranquilidad con la que había llegado, como si acabara de completar un entrenamiento cualquiera.
Solo cuando estaba ya a mitad de camino volvió a sonreír.
Había hecho todo lo que podía hacer.
Ahora le tocaba hablar al marcador, baby.


HEY BABY
[Imagen: ksMOGZu.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7304 + 0 = 7304
Energia: 5212 - 663 = 4549
Espiritu: 1159 + 0 = 1159
#5
Atributos Personaje


Cuando miro a Hyakinthos mierda estaba enfurecida, si le hubiera dicho que estaba ahí o que lo había visto podría haber ido a “hablarle” directamente, consultarle que tenía en mente cuando la dejo sola en la jodida isla más espeluznante del mundo rodeada de criaturas feroces, marines y quien sabe cuántas jodidas plantas venenosas y con solo dos tangas de cambio de ropa. —BAH!!! Nada, no ha hecho nada, pero para la próxima tienes que decirme cuando veas a tus malvivientes de amigos. Me entendiste?— Dijo sin bajar las revolucuiones. En realidad el medico no tenia la culpa, solo sabia que cuando veía a un hombre guapo era un imbécil, pendejo, retrasado, perro, idiota, repelente, abyecto, vomitivo, mugroso, maldito, diarreoso, estercolero, inmundo, malnacido, pudendo, apestoso, maloliente, cabrón, maricón, huevón, pendejo, tarado, cancerígeno, jodido, culeado, gilipollesco, pelotudo, encamado, malnacido, retardado, atrasado, inútil, mongol, burdo, estúpido, insulso, putrefacto, traicionero, indigno, chupapollas, soplahuevos, esnifacojones, hueleculo, coprófago, masca-almorranas, infecto, cerdo, nauseabundo, cochambroso, cochino, verdulero, infame, ruin, rastrero, degradado, descerebrado, zoquete, zafio, puto, engreído, esquizofrénico, granúlenlo, infeliz, profano, calamitoso, deficiente, cretino, lelo, ramero, fulano, calientahuevos, ridículo, petardo, pasmarote, fistro, desidioso, puto, reputo, soputo, recontraputo, hijo de puta, hijo de un millón de putas, escupepitos, caradepedo, necrófilo, alientoamojón, lambe-bukaka, revuelcaleche, coñoesumadre y de su abuela, conchudo, culoroto, nalgas reventadas, tragasable, succionapitos, esfínterpartido, ojetedeshilachado, sorbemocos, capullo, pelmazo, zoquete, masturbador crónico, espurio, chupa-tampones, regludo, coprófago, gerontófilo, turro, ojete, atorrante, tierrúo, pajúo, PERO JAMÁS, JAMÁS, había sido deshonesto ni malintencionado con ella. En fin… ya arreglaría cuentas con el kakas. 

Lamentablemente cuando ocurrió todo esto, no escucho los grandes ánimos de la Mandarina ni de su pez favorita estaba encolerizada. Aunque la Maki chiquita con alitas de ángel le tiraba la oreja insistentemente mientras intentaba obligarla a reaccionar dándoles un saludo o al menos devolverles la sonrisa. No podía ser tan colérica que se enojase con todo el mundo por un pene que la trato mal. O si podia?.

Maki miraba de pies a cabeza a la pantera… era pantera? Da igual, era otro peluche come perros más de la marina. Mientras no se metiera en su camino no habría problemas. Jamás lo había visto y solo esperaba salir pronto de los dominios del jodido emperador o al menos fuera de la vista del ángel para ajustar cuentas con un par de asistentes al evento.

—He?.... que me miras tanto saco de pulgas?... no tienes suficientes juguetes chillones en tu cubil? No me mires las tetas pervertido.— Bromeo en el final de la frase con una voz más sensual, melosa y embustera. Mientras se apoyaba sobre su guitarra casi sonriéndose —Quita esa cara de bonachón y defensor de la ley por que si bien son aliados aquí el que manda es ese de ahí— Apunto sin ver al hombre que había hecho la presentación de os juegos en la nube más molona del universo. —Así que guarda tus garras que no me intimidan… chaqueta fuera de temporada con patas.— Dijo sin saber o más bien no recordando que este Mink, el poderoso Moja tenía motivos para odiarla y querer desollarla en este preciso momento.

—Sisi… dale… seguro eres mejor que yo corriendo. Je je je— Dijo acelerando con el Bulling mientras con su palma se tapaba los labios negros y sus ojos se torcían iluminados por la malignidad del comentario.

—Si si… claro, llevémonos bien, al fin un cachorrito con educación… Kael?... si, bueno no soy buena con los nombres y mucho menos con los rostros, pero estoy segura que no te había visto… que bien que al menos uno de ustedes mantenga las formas y no nos obliguen a enfrascarnos en un conflicto. Mas aun… bueno quizás no lo saben, pero… somos… Artistas.— Toco el Mástil y rápidamente lo llevo al frente para rasgar una corta y melodiosa tonada. Su calva refulgió como respondiendo al hecho y sonrió más amenamente que con la pantera. El puño de ambos exploto en mil millones de pedazos de amistad. Pero… cuando vio al otro hombre… Solo le dedico una mirada… una que se apago justo después de la explosión de mil millones de colores… movió su guitarra nuevamente detrás de su cuerpo y quiso fulminar con la mirada al tercero. Una nueva desconfianza… —No tengas miedo pequeño, Kael y el gato están aquí para pararme las patas si intento acosarte…— Dijo dando una vuelta sobre si misma mostrando que, aunque estaba armada hasta los dientes no pretendía partirles la cabeza ahora mismo. —Que les pasa a tus amigos, parece que no hubieran cogido jamás. je je je o peor… que cogieron entre ellos y no quieren que nadie se entere. Jajajaja. ¿No nada? vamos dame una sonrisa al menos tarado.— Dijo codeando a Kael su nuevo mejor amigo intentando romper el hielo con los Marines de acero.

Cuando el anfitrión comienza a dar las explicaciones del evento, Maki mira a todos, los brazos de todos eran mucho mas flacos que los de ella. mierda. Sería que tendría que participar en la prueba de fuerza. —DEMONIOS!!! No es mi fuerte pero frente a los escases… descuiden tratare de dar lo mejor de mi… saldré primero si les parece.— Dijo con confianza, pero por dentro con los nervios destrozados. Quería comer algo dulce por todas las rabias que habían pasado.

El objetivo era una especie de tronco, dos metros de alto medio de ancho, lo suficiente como un humano grande. Maki se agacho un poco, algo desconfiada. En cuclillas comenzó a evaluar la situación… mierda con sus espadas dejaría huérfano al jodido pinocho. Apretó su puño y en ella llevaba su guante de acero rojo. Medio oculto de bajo de ese vestido negro de la obra de teatro la cual les ayudo a infiltrarse en la isla. —pero que curiosas cosas hay aquí aparecen como si estuvieran ocultas en pequeñas capsulas o son las nubes mismas?... cuanta hechicería hay en el cielo.— Se volvió a su grupo que no había elegido, sus rostros… no le decían nada. ella solo saco el pulgar apuntándolo hacia abajo con un sonoro —pfffff…— se rasco el interior de la oreja y dejo sus armas en el suelo, al menos las visibles, dos dagas, dos espadas de dos manos, si guitarra, el escudo, el booken, el Tanto, sus guantes, mierda esta lunática llevaba toda la ferretería encima…

Se levanto, después de los siguientes participantes, un ¿Topo?... si era adorable, en forma humana no tanto… espera. ¿Eso lo había visto antes… no? sí? un topo… mmm… un hombre topo. Na… nunca se relacionaría con un jodido furby. Y descartando la idea vio al siguiente, un tipo muy guapo, rubio, musculoso joven, por cierto, pero le dio una impresión de inflexible. Algo… rígido. El ataque de ambos era sublime, poderoso y sin paragón. Mierda Maki tenía mucho que practicar, aunque ellos peleaban seguro con sus puños como armas, ella era diferente, no era una artista marcial, no era una deportista, era una asesina ósea… artista… artista, borren asesina de los registros… entonces… —¡¡¡HEY BABY!!!— Rugió Maki cuando salió al escenario la barra completa de chocolate, los cuatro metros y medio. su transformación mierda era genial y no pudo abstenerse de aplaudir enorme y largamente la actuación del moreno.

Entonces emocionada por su actuación salto a la pista un poco mas adelante. —Es mi turno… ATENCION ATENCION!!! PRIMERO saludo a todos los presentes, todos merecedores de las mil maravillas que han visto….— Maki tomo la Guitarra y elevo una suave melodía mientras hablaba. —He notado que en estos juegos las reputaciones, las suposiciones y la gran maldad de la prensa amarillista ha causado revuelo anteponiéndose a nuestro nombre… no es asi!!! VAMOS VAMOS!! ARRIBA LOS VITORES PARA NUESTRO ANFITRION EL GRAN ZAROTSUKI, TODO ESTO ES GLORIA Y PODER… TODO PARA EL APLAUDAN Y APOYENNOS A NOSOTROS SUS CAMPEONES.— Fueron sus palabras mientras la gente parecía empezar a moverse escandalosamente mientras ella se movía por el escenario, no era un escenario, pero para ella cada uno es un espacio donde los Valar podrían demostrar su valor. Alejándose un poco de sus armas ahí tiradas pero puestas de manera ceremonial en el suelo. Como si cada una de ellas representara un alma que le acompañaba en su travesía por la libertad… fue entonces que Maki girando circularmente como danzando alrededor del campo demostraba su autentico fuerte, la música, el caos, la disidencia. Se arrodillo, dejo la guitarra en el suelo y levantando su cabeza fijo su objetivo —POR LA GLORIA DE LOS JUEGOS ETERNOS!!— Su carrera fue veloz, en un segundo se volvió gigantesca, como un camión. Sus pasos feroces, sus fauces temibles, su forma híbrida, su mano se ajusto alrededor de su muñeca como si quisiera calibrarla y rugió avanzando aún más veloz, lo más rápido que podía. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca dio un pequeño salto, pero en el aire, un relámpago esmeralda sale de su cuerpo. Este se encogió tanto que apenas era mas grande que el topo que se había presentado antes. —Den todo… denlo todos mis dioses!!!— Anuncio con una voz mas reseca y mas similar a un reptil cruel.

La forma de la iguana era hermosa, estilizada bastante resistente y mas fuerte que su versión anterior. Girando como un bólido sobre si misma con la espalda arqueada, la cola al viento surcando las corrientes de la fatalidad en los cielos, aunque no era una artista marcial, ella estaba preparada. Sus puños destellaron poderosamente en el medio del resplandor del mundo mientras ella gritaba —LES MOSTRARE LA BELLEZA DE UNA DANZA BIEN EJECUTADA— el golpe resonó, no tanto como los demás, pero los dientes, la mente, sus escamas resonantes, todo conjugado en dar su mejor papel estaba alineado, Maki era una persona dispersa, malhablada, provocadora, hija de puta, pero cuando se centraba. Daba hasta el último ápice de ánimo y lealtad. La pantalla obviamente mostro un numero menor que los demás, pero estaba orgullosa. Su transformación dejo de dominarla, y dando un salto de un metro emergió en un segundo como por acto de magia la calva más carismática de los escenarios del cielo. Esta vez su vista había cambiado era seria. Fría y calculadora, unió sus manos al centro y las alzo hasta el sol y después apunto al público, a un lado, después al otro, y finalmente hizo una gran reverencia, tan pero tan amplia que parecía que su frente se estrellaría contra el suelo. —Por la gloria de los juegos.— Dijo sin timidez, sin nerviosismo, despojada de todas esas emociones tan débiles que parecían dominar a casi todos. Era una artista, una asesina. Una mujer.

Se encamino a sus armas entre el murmullo de las gradas y los demás cubículos y recogió sus armas una a una. Cuando se levanto, giro rápidamente sobre si misma poniendo especial atención a sus Valar, a sus amigos, y a sus conocidos, aunque no les recordara. Estaba feliz de que todos estuvieran bien. Muy feliz.

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
  Responder
#6
Atributos Personaje


Dos piratas de recompensas grandes y un marine, lamentablemente. Cualquiera podría pensar que teniendo a estas personas en su mismo grupo podría lograr algo más que un resultado promedio.

Gran error. La vida no te da ni una oportunidad de brillar.

La explicación del primer juego llegó, junto a una explosión de humo que, como si de un acto de magia se tratara, dejó tras de sí unos troncos preparados para medir el rendimiento de cada participante. Un golpe potente, una cosa simple y que cualquiera podría entender. Para Uker, esto significaba que podrían ganar varios puntos con facilidad, pues tenían a una moles de 4 metros de altura en su equipo.

Pudo sonreír al menos un poco, pues asumía un buen puesto para su equipo en esta prueba.

Varios se apresuraron a participar. No le sorprendió ver como un topo se acercaba a uno de los troncos, pues rápidamente asumió que se trataba de Eros, quien hizo una demostración excelente. Varios participantes más se unieron al juego, entre ellos se encontraba Maki, y todos eran igual de ruidosos y extravagantes, cosa que el cocinero no sabía si catalogar como una actitud normal o anormal a este punto de la historia.

Cuando ya varios se habían animado a participar, Uker echó la vista hacia atrás, esperando ver al gigante de su equipo para que participara. Lo que vio no fue mucho mejor, pues en la cara del hombre se le notaba tímido, casi como si el destino quisiera decirle algo al navegante. Observó a sus compañeros restantes, ninguno parecía muy dispuesto tampoco a participar. Las fichas fueron cayendo en su cabeza mientras sus dientes se presionaban y una vena se marcaba en su frente.

En cuanto confirmó, con palabras o no, que esto debía manejarlo él, llevó sus palmas a su cara con fuerza y suspiró pesadamente. Se quedó así unos segundos, intentando calmarse, hasta que sus manos se resbalaron por su rostro lentamente, como si no quisiera despegarlas. - Váyanse a la mierda -.

Se dió la vuelta y caminó hacia el tronco que le correspondía. Su sangre hervía, su labio inferior era víctima de una mordida generada por su enojo, incluso en sus ojos se podía ver esa furia que nadie más entendería. En los Cabos Gemelos ya había tenido que superar a un usuario de esas frutas mágicas, de milagro no salió muerto de ese encuentro. Ahora también, debía encargarse de una prueba de fuerza pura cuando esos tipos habían conseguido ser bendecidos con poderes. Eros y Maki, cuyos poderes podrían parecer una broma del destino, habían conseguido con sus formas animales muchísima más fuerza que un humano común. Uker era fuerte, estaba seguro de poder pelear sin problemas con la mayoría de esos participantes. Su habilidad con la espada, su visión, todo lo que era, pero debía enfrentarse a los bendecidos.

Su labio terminó por ceder, generando una pequeña herida que rápidamente llenó su boca de sabor a hierro. Cuando por fin llegó frente al tronco, escupió a un lado para quitarse la sangre de la boca. - ¡Váyanse a la mierda! -.

Su puño izquierdo se cerró, su brazo se impulsó hacia atrás y rápidamente, como si de un resorte se tratara, volvió hacia adelante, impulsando el puño en un golpe que impactó directamente en el dial. No era el ataque de una persona común, Uker era capaz de hacer relucir su fuerza bruta, pero no era nada comparado con los golpes que habían demostrado el resto. En cuanto su puño se separó del objetivo, apretó los dientes, se dió media vuelta y comenzó a caminar de vuelta hacia al lugar donde estaba antes.

El destino no era más que una perra.

Libro de recetas
[Imagen: nxACuAB.png]
  Responder
#7
Atributos Personaje


Bai se hallaba al borde de un abismo de estremecimiento, asfixiada por el zumbido incesante de las voces que amortiguaban, como una tormenta de ruido, el rítmico e indefenso latido de su corazón. Sin embargo, en su pétrea y estoica apariencia, era imposible atisbar el infierno de tensiones que devoraba su mente en aquel preciso instante hasta transformarla en un amasijo de nervios al que le costaba controlar. Quizás, de haber gozado de una clara comprensión de su entorno, no se habría sentido arrastrada por aquel torbellino de aislamiento y aturdimiento —una hostilidad que no experimentaba desde sus días en el Reino de Sorbet, ya casi sepultados en el olvido—; pero ahora, desterrada de la presencia protectora de Zhang y condenada a lidiar con aquellos dichosos juegos, no podía hacer nada más que enfrentarse a lo que sentía.

—Bai —volvió a decir la birkiniana, al tiempo que daba un paso al frente colocándole sendas manos sobre los hombros de Yuuki—. Yuuki —añadió intentándole demostrar que ahora reconocía su nombre y devolviéndole una sonrisa que se había congelado en una mueca desprovista de significado.

Y así se quedó por un momento, reflejando en su rostro una absoluta incomprensión de la situación, enmascarada únicamente por esa sonrisa vacía y mecánica que había aprendido a perfeccionar a lo largo de su accidentada travesía por el Grand Line para mimetizarse entre los extraños. O al menos así fue hasta que la oportuna intervención de Kibai rompió el silencio y dio paso a la explicación sobre la mudez selectiva de su compañera.

Escasos minutos después, la voz del dirigente volvió a tronar desde las alturas, obligándola a fijar una atención que intuía completamente estéril. Y es que, por más que forzara a su mente, esta era incapaz de descifrar el propósito real de aquella pantomima; y, a juzgar por la capacidad intelectual de sus compañeros, en ellos tampoco podía albergar gran esperanza.

—Tsk —chasqueó antes de devolver su atención al enmascarado.

Observó entonces, entre el clamor de las ovaciones, cómo el enmascarado arrojaba al centro de la arena cuatro esferas que, al impactar, liberaban una densa bruma de la que emergieron cuatro siluetas verticales. En ese momento, cuando aún no se había disipado el humo, interrogó a sus compañeros con un sutil arqueo de cejas, preguntándoles en silencio qué se suponía que debía ocurrir. Volvió a girarse y, al ver los troncos y los cables que conectaban a un Den Den Mushi, volvió a hacerles señas para preguntar si aquel artefacto no era más que un tosco muñeco de entrenamiento.

Y en ello estaba cuando, sin querer, se percató de que, desde los cubículos colindantes, comenzaba a avanzar un único integrante por equipo.

¿Era acaso la prueba el golpear al muñeco?

Para averiguarlo, y usando su posición elevada, escrutó primero a Kiyoshi en un intento por descifrar la naturaleza del desafío. A su espalda, el rifle se mantenía en reposo, sin amago alguno de encarar el arma, y al contrario de lo que se esperara de una prueba de precisión, su actitud era de absoluta indiferencia frente a la arena, con lo cual no se trataba de una prueba de puntería. Acto seguido, desvió su atención hacia Yuuki, de quien, sin mediar palabra, se distanció un par de pasos y la analizó de arriba abajo, frustrándose en el intento por no poder obtener ninguna conclusión clara.

—Mierda... —murmuró al tiempo que daba un paso al lado para fijarse en Kibai.

Por suerte, al ver a Marine con las manos distantes de las empuñaduras de las dos espadas, entendió que tampoco sería de demostrar destreza con la hoja.

—Joder... —añadió llevándose la mano al rostro, intentando sacar una clara conclusión.

Suspiró, negándose a sucumbir a la espiral de tensión que cada vez más amenazaba su templanza.

Así que, confiando ciegamente en las implacables conclusiones de su intelecto, Bai aceptó que ninguno de sus compañeros parecía dispuesto a aproximarse a la arena. Entonces, ante la inacción general, la birkiniana, sin articular palabra alguna, decidió asumir la iniciativa.


De esta forma, con la idea de que debía hacer algo acosándole el pensamiento, Bai emergió del cubículo con paso firme y pesado, dándole a entender al público que ella había sido la seleccionada por su equipo para llevar a cabo esta prueba. Una vez hecho esto, y estando en medio del terreno de juego, ignoró deliberadamente la teatralidad del resto de los competidores, quienes buscaban ganarse el fervor de la masa con burdos ademanes de espectáculo y, en su lugar, la imponente mujer cerró los ojos, inhalando hondo tres veces para purgar de su mente cualquier rastro de ruido.

De pronto, el mundo exterior se redujo a la nada más absoluta, a una densa y asfixiante penumbra que devoró con ansias la realidad. Sin embargo, más allá de su mente, el rugido de la masa, las febriles ovaciones y aquella tormenta de voces hostiles seguían azotando el aire como una marea invisible que parecía desear verla sucumbir. Sus palmas estaban húmedas por el calor del sol y la ansiedad. Y aun así, Bai confiaba en poder confinarse en el único templo que le pertenecía: su propio cuerpo y respiración.

De pronto, su caja torácica comenzó a elevarse con una lentitud agónica, haciendo que las placas de su pulida armadura crujieran levemente, destellando bajo el sol implacable, para luego descender en una exhalación tan profunda que pareció hundir sus costillas contra los órganos internos al ritmo de "ha".

Uno, dos...

El flujo del aire se transformó de manera gradual en un murmullo cavernoso, en un siseo capaz de ensordecer a cualquier vestigio de vida a su alrededor. Ahora, el universo entero había quedado clausurado; ya solo existía el sibilante y áspero rasgar del oxígeno recorriendo sus pulmones, y el silbido, casi humano, de su nariz al devolverlo al vacío. Mientras tanto, desde fuera, para cualquier espectador lo suficientemente cerca de ella, podría ver cómo el imponente cuerpo de la birkiniana ofrecía un espectáculo, pues sus titánicos músculos se contraían de manera involuntaria en violentos espasmos, tensándose hasta el límite de la ruptura justo antes de desplomarse en un estado de absoluta y sepulcral relajación con cada respirar.

Ya lo tenía.

Bai abrió los ojos al mismo tiempo que desplegaba sus colosales alas, captando en el proceso cómo el rezagado Uker se aproximaba al dial para descargar un golpe en el centro. Ahora lo veía claro: todos los competidores estaban impactando en la superficie con las manos desnudas.

Nada que no pudiera imitar.

Descifrada la mecánica del juego, la birkiniana hincó una rodilla en la tierra con tranquilidad y, hundiendo sus dedos bruñidos en la arena, extrajo un puñado de tierra seca y áspera. Después, se incorporó con parsimonia y, mientras reanudaba la marcha hacia su objetivo, frotó sus palmas con los granos, obligando a la tierra a devorar cualquier rastro de sudoración o humedad que pudiera comprometer la fricción de su agarre.

—Vamos, Bai —se animó, atreviéndose a romper por un segundo su nueva realidad.

Y, deteniéndose frente al tronco, Bai separó las manos con un movimiento seco, desprendiéndose de la arena muerta que cayó en una leve cortina de polvo a sus pies. Apretó el puño, sintiendo cómo la tensión acumulada viajaba desde la punta de sus alas hasta los nudillos; tiró el brazo izquierdo hacia atrás y, haciéndolo caer como si se tratara de un gancho descendente, desató toda su fuerza en un único impacto mientras se escuchaba un suave "haw" salir de su nariz.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
  Responder
#8
Atributos Personaje




“Siempre puedes elegir no participar, así te ahorras el disgusto de ganar con nosotros.”

Respondió con tono amable tras la presentación de Shin, quien se mostró como una persona segura de sí misma, con una evidente mentalidad extremista y una extraña bipolaridad al cambiar tan rápido de actitud.

Por otro lado, Ryota desconocía que ya tenían admiradores marines. En verdad fue una afirmación que le agradó y respecto a Tezca, sintió una ligera gratitud en el pecho.  “A veces no lo valoro lo suficiente.” Ahora que sabía cómo se autoproclamó capitán, no se sentiría tan mal cuando nombrara al “Mejor Tezca” como el Tezca Oficial para molestarle.

No solo el comandante de la marina mostró sus colores, también estaba el gigantesco Sigurd que tomó asiento para facilitar la conversación. De los otros tres miembros del grupo, era el más difícil de encasillar con una interacción tan limitada pues, si bien mostro interesantes rasgos de sabiduría al tener en cuenta la fuerza de los demás contendientes; hizo evidente una mentalidad agresiva que denotaba un gusto impulsivo por la batalla.

Sabiendo qué esperar de cada uno de ellos, Ryota se unió a las risas e interacciones con Akira entre los vítores que ofrecían al equipo seis.



“Ah no inventes, pos sí, sí que soy yo. ¿Les rompí la ventana a tus viejos? ¿o me ligue a tu hermana? Perdón.”

Personalidades complicadas, explosivas y divertidas, las cuales, por obra del mandato real, debían convivir entre sí. “Zarutsuki debe ser un tipo increíble para permitirse estas cosas kekeke… sería divertido conocerlo.” Cayó en elogios por el poder real, que abría las puertas de un reino tan místico con la seguridad de que nada podría dañarles. 



La voz del dirigente volvió a hacerse escuchar cuando todos los participantes estaban en sus posiciones. Tanto Ryota como los demás presentes alzaron la vista para apreciar la imperturbable oratoria del anfitrión, el cual usó movimientos vivaces y un impecable sentido del timing para crear dramatismo por los juegos del emperador.

El primer juego, entonces, fue denominado la prueba del coloso.

De la mano del maestro de ceremonias cayeron cuatro esferas sobre la arena, cuyas vivaces explosiones de humo, dieron paso a cuatro troncos de dos metros de altura, con la mitad superior adornada por una cubierta acolchada. En cada uno destacaba una caracola rojiza a modo de diana y, unida a ellas por un cable, había un pequeño cartel ubicado en la parte superior del tronco.

Cada uno de los nueve equipos debería elegir a un representante para enviarlo a golpear aquellas extrañas dianas y conseguir el mayor número de Skykilos. Si bien la elección sonaba evidente al tener un hombre de siete metros en el equipo, la efusividad del rubio impidió cualquier análisis previo al ya haber dejado descartada la elección de la suerte.

Akira profesó un ligero malestar por su estatura, pero lejos de apartarse de la elección, ofreció de manera amable y desinteresada sus guantes. Ryota no supo elegir entre estupidez o amabilidad, como los factores que guiaron al marine a compartir, dicho por él mismo, un hermoso regalo de su compañero Juancho. 



“Bro, ¿que estas…”

Tras descartar a Sigurd, la dinamita rubia no vio otro candidato mejor que el castaño para llevar la antorcha de sus guantes y sin esperar una afirmación del mismo, lo empujó del cubículo hacia el escenario. “¡Hey no que ha…!” Tarde llegaron las quejas, pues fue lanzado una pequeña distancia (8M) y tuvo que atrapar los relucientes guantes de color blanco tras detenerse en el suelo. “Kekeke cielos, en serio es energía pura, me recuerda a Yuuki.” Sonrió para sí, aceptando los caprichos del rubio.

“Hubiera preferido tirarlo a la suerte… pero ya que estamos, será mejor hacer un buen papel.” Afirmó, iniciando por quitarse los guantes propios para poder ponerse los del Marine.

En ese transcurso, pudo observar a los dos participantes iniciales. El primero fue Eros, el capitán de los Sepultura, quien se veía algo descompuesto en un inicio, hasta convertirse en el pequeño topo que tan amablemente les informó sobre las presencias enemigas en la selva.

Su golpe desató los vítores iniciales del público, sorprendidos al ver cómo los números en la pequeña pantalla se elevaban. “Fiiuuu, qué bueno que no peleé con ellos.” Bromeó, viendo ahora cómo el segundo individuo, un marine de melena rubia, se posaba de manera solemne frente a su tronco. “Stroud Nanashi…” La fama de ese hombre lo precedía, por lo que ver su poderoso impacto y números no fue una sorpresa para los que hubiesen leído los periódicos en los últimos años.

“Cielos, va a estar difícil.” Dijo guardando los propios guantes en sus bolsillos, para comenzar a colocarse los de Akira.

En ese lapso de tiempo vinieron sujetos igual de formidables. “Ubbe, 290 millones… ” El maldito coloso, precedido por su fama, se transformó frente a todos en la arena en un jodido dinosaurio que azoto el tronco con tal violencia que desencadeno una pesada ráfaga de viento sobre los cabellos del resto. 

“¿De qué co$”# está hablando?” Se preguntó a sí mismo cuando la mujer sin cabellera comenzó a emitir una melodía acompañada por delirios. “¿Qué prensa? ¿de qué habla?” el castaño no pudo reconocer que se trataba de Maki D. Zenin una novata pirata bastante popular, la falta de la cabellera sin lugar a dudas la hacían alguien difícil de identificar a su versión anterior. No obstante, el impacto sobre la caracola si que se percibió por los números, que, si bien no fueron tan intensos como los demás, demostraban que eran alguien a tener en cuenta.

Ya habiéndose puesto los guantes del rubio, Ryota esperó a que los dos siguientes participantes se presentaran. Uker a quien conoció en su caminata por la selva y otra novata Bai Mudan. Los dos, ensimismados en sus propias preocupaciones, ofrecieron un emotivo impacto sobre las caracolas. “Vamos Bro… ¿por qué esa mala vibra?” Suspiro al ver el malestar mostrado por el espadachín de cabellos bi tono.

Finalmente llegó su turno, los pasos del novicio “Slam Sun” le llevaron poco a poco hasta uno de los troncos. En el transcurso pudo escuchar de buena gana los ánimos de la gente y entre ellos, opacados por la gran mayoría, pudo reconocer las voces, siseos y relinchos de sus mejores elementos. 


La espectacular imagen de la mejor hinchada en todo el paraíso se hizo ver en las gradas, robando la atención de su capitán.



“Idiotas… ahora sí estoy nervioso…”

Desde lo más profundo de su corazón, el pirata dio gracias por los ánimos de su gente. Sabía a la perfección que todos ellos lo alentaban en ese momento y que, a diferencia de Runin y Barald, él poseía los ataques más ligeros entre los tres. “Si ella participa aquí, el primer lugar ya está decidido… kekeke, qué mala suerte…” Maldijo el infortunio de llegar a encontrársela en la prueba. Sin embargo, una vez se posó frente al tronco, su cuerpo comenzó a temblar involuntariamente sabiendo lo que estaría por ocurrir. 

Por más que Ryota usara ese poder, continuaba siendo desagradable recurrir a él. La sensación del hueco en el estómago, la garganta seca, los escalofríos y la incesante angustia eran sensaciones que no lo definían en absoluto, pero necesitaba para afrontar los peligros de esos mares.



“¡Slam Party!”

Grito extendiendo sus brazos, los cuales se tornaron de un tono oscuro debido a diminutos bellos que nacieron de su piel, al mismo tiempo, otros cuatro brazos emergían sobre y debajo de los originales hasta formar un total de seis. El movimiento fue rápido tras la transformación que solo hizo mutar sus brazos. Un potente gancho de izquierda, cargado con cada gramo de fuerza destructiva que el pirata podía generar, impactó de lleno contra la caracola usando uno de los guantes de Akira.

Los números de los Skykilos comenzaron a elevarse y sin terminar de ver la cifra a la que llegaban. Ryota dio la espalda al tronco e hizo desaparecer los brazos creados por su akuma no mi, luego, ya más relajado por dejar atrás esos malditos poderes, elevó su puño con el pulgar arriba. Era su forma de elogiar los guantes de un increíble manitas.



“¡No sé quién seas, Juancho! ¡Pero estos guantes son increíbles!”

Sonrió tras escuchar los vítores de la población, no porque hubiera hecho algo para ganárselos; tan solo disfrutaba de estar allí y de escuchar los alientos de los suyos.

De regreso a su casilla, se topó en el camino con la mujer de cabellera negra. “Qué mala suerte…” Comento pasando junto a ella. No iba a ganar con la kuya en pista, pero a diferencia de lo que muchos llegaran a pensar, Ryota sabía lo divertido que era llegar a ser un actor secundario en el estelar de alguien más.

“Runin…” comentó, quitándose los guantes de Akira. “Úsalos.” Se los lanzo. “Ah, y por favor regrésalos cuando termines, son del chico rubio que está en mi cubículo. Su nombre es Akira.” Sin decir más, continúo caminando hasta su cubículo.

El motivo de su actuar fue sencillo, al saber que iba a perder contra la Kuja en la prueba, porque era el único que sabía de lo que era capaz. No quiso dar cabida a la posibilidad de que ella fracasara. Si él no ganaba, como capitán y amigo, le enorgullecería que uno de los suyos lo hiciera. Además, siempre era una posibilidad en el aire poder crear una alianza entre grupos.

Una vez llegó hasta la casilla y vio al rubio, mantuvo una expresión sonriente, esperando que no se enojara por lo que acababa de hacer.



“Lo di todo… aunque golpear no es lo mío.”

Menciono frente a sus compañeros, aun sabiendo que fue más un capricho del Marine que algo realmente pensado. “Akira, te debo una disculpa, le presté tus guantes a Runin. Es mi nakama y es mucho más fuerte que yo si nos referimos a la fuerza bruta, así que sabiendo que de todas formas quedaría detrás de ella, quise echarle una mano.” Llevo su diestra a sus cabellos, tratando de no darle tantas vueltas al asunto. “Lo siento, bro, pero no te preocupes. Te prometo que los regresara ni bien termine y te daré 300 mil berrys, ¿qué tal?” Sonrió amigablemente, esperando que la buena actitud del oji azul no se viera interrumpida por su atrevimiento. "¿No te parece un buen trato?"


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4950 + 0 = 4950
Energia: 4298 - 370 = 3928
Espiritu: 1033 + 0 = 1033
#9
Atributos Personaje


¿MM? Suena sencillo de recordar, por lo que asiente en un gesto agradecido. La fémina de mirada brillante es agraciada en más de un sentido. De repente la atención de la amazona se vierte en el nuevo integrante del noveno grupo: un hombre de aspecto nervioso, evidente tartamudeo y diligente reverencia quien da la impresión de ser un salaryman en toda regla. Runin bufa en una negación que culmina en sonrisa ¿No son un grupo, en demasía, inconexo? Relame los labios pensando si bromear con el tímido hombre, eso hasta que cierto movimiento logra hacer que frunza el entrecejo. ¿Qué tiene ahí? La expresión cambia a una tan anonadada como amena, incluso ríe entre dientes.



—¿Omi? Qué nombre tan adorable para una criatura tan tierna, cariño.

Puede que, si alguien les preguntara a Cardan y a Tocho Morocho por la supuesta dulzura de la amazona con los animales, ambos lo negarían repetidas veces, luciendo expresiones repletas de terror y traumáticos recuerdos. Sin embargo, la realidad es otra: la fémina siente auténtico interés por conocer nueva fauna, y el pequeño hurón blanco entra a la perfección en esa categoría. ¿Cómo es esa frase que suelen decir?

”En casa de herrero, cuchillo de palo.”

Cardan y Tocho Morocho, desde las gradas, se estremecen con pavor.

¡Ah! Ahí están: las habilidades típicas de un hombre de oficina. Runin ríe, estridente, ante su propio pensar. MM se figura encantada con la mascota, al menos hasta que  la voz de «El Dirigente» vuelve a resonar por el estadio. Los espectadores vitorean y gritan al unísono; el ambiente se enardece, y la primera prueba es expuesta. La mirada chocolate de la Kuja se enciende en un fuego insólito que colma su pecho, le obliga a levantar el mentón e incluso golpea su pecho con la diestra, sin opción al reclamo o al debate.


La Prueba del Coloso.

El escenario frente a ellos cambia con la llegada de las cuatro esferas que levantan humo y crean expectación. Un tronco de madera de dos metros aparece frente a los ojos de todos, una diana de color rojo y una pantalla en la parte superior. Si Runin continúa sonriendo de esa manera terminará por conseguir un doloroso calambre en la comisura de los labios; pero, ¿cómo no hacerlo? ¿Cómo no desear salir hacia el centro del recinto cuando la explicación es dada al completo? Fuerza. Golpe poderoso. Skykilos. Potencia.

—Ey, guapas. —Guarda silencio un momento antes de relamer sus labios en un gesto divertido. —Y guapos. —¿El hurón será hembra o macho? Para prevenir, se refiere a ambos. —Les había dicho que soy fuerte ¿No es así? Quiero participar en esta primera prueba. —¿No deberían debatirlo? ¿Lanzar una moneda? ¿Hacer una demostración primero? Si, cualquiera de dichas opciones suena plausible, aun así no tiene intención de entrar en deliberación. —Rectifico. —Observa a la hermosa fémina de hebras algodón, a la pequeña extravagante y al nervioso trajeado.



—Voy a participar en esta prueba, fufu.

Preparada estira los brazos. ¿Alguno de sus amigos participará en la competición? La idea parece hacerla brillar de la excitación. El apodo dado por MM le agrada, tanto que se entretiene perdiendo la oportunidad de pasar primera al frente, es una lástima.

El capitán de los Sepultura se adelanta y ¿en serio les está pidiendo no ver? ¿es tonto o solo algo tierno? ¿Será alguien extraño o ligeramente tímido como Ynal? La transformación llega ¡Es un topo de verdad! ¡Uno demasiado adorable! ¿No camina de forma tan singular como achuchable? ”Algo bueno debía tener ese grupito de amargados.” Demasiado bueno, quizá, porque el marcador le hace silbar. Ese hombre es fuerte.

El siguiente en entrar en la arena es un marine y qué marine. ¿No? Incluso alguien como ella, dedicada a sí misma y a sus compañeros de tripulación, sabe de su existencia. Los periódicos derraman halagos, los puestos que asciende, la esperanza de la marina, la verdadera justicia. Stroud Nanashi. Un hombre de entre 17 y 47 años. Tan silencioso como guapo. ”¿Este lugar está lleno de hombres con cara de culo o qué? Aburridos.”

¡Ah! Al fin algo más novedoso, más excesivo. ¡Es enorme! Peculiar, excéntrico y estruendoso. La kuja asiente con agrado. ¡Boom! ¡El marcador anota un récord sobre los otros dos hombres! Sin embargo, ya ha visto suficiente.

Está a punto de dar un paso al frente cuando la voz de Ynal capta la atención de su singular curiosidad. Menos mal que desconoce la verdadera naturaleza del hombre, porque, de lo contrario, su expresión amable se transformaría en una de absoluta repulsión.

—¿Oh? ¿Qué tienes bajo la manga, cariño? —No sabe si preguntar es buena o mala idea, en especial al ver la extravagante pose del hombre; Runin incluso se tapa la boca para evitar dejar escapar una risotada. —Fufufu… ¡VAMOS, EQUIPO 9! —Levanta ambos puños, apoyando la simpatía del salaryman. Él empieza a rotar y la amazona piensa que en cualquier momento caerá al suelo, pero no lo hace, al contrario, parece contar con una estabilidad que a ella incluso le costaría.

Otra usuaria de fruta del diablo aparece en escena mas Runin no observa su puntaje, tampoco el de Uker ni el de la fémina de cabello bicolor. No. Está demasiado embelesada mientras cierra y abre sus manos. ¿Por qué se siente diferente? Observa a Ynal con fijeza, la mujer sonríe. MM apoya emocionada, diciendo lo que la amazona piensa. ¡Si se siente más fuerte! —La vida está llena de sorpresas, no es así, ¿cariño?

Runin camina hacia él, su diestra asciende hasta tomar su mentón, levantándolo en un gesto sencillo, usando tan solo el índice. —No sé qué acabas de hacer, pero ahora mismo siento que puedo destrozar todo a mi alrededor si quisiera. No les decepcionaré. Sigan apoyándonos. —Guiña antes de retroceder, lista para salir del cubículo cuando lo ve. ¿Ryota? ¿Su capitán? ¿Está consciente de que se enfrentará a ella en la misma competición? Debe estarlo, la conoce demasiado bien como para no verla queriendo golpear algo.

El hombre muestra sus seis brazos y la amazona relame los labios notando el número ascender en la pantalla. Si tan solo Ryota no temiera a la naturaleza de su fruta del diablo podrían utilizar esas bondades para otras cosas. ¡Ideas sueltas de una mente revolucionaria!

Un relincho de fondo le hace reír, los busca con la mirada. ¡Incluso el mejor Tezca está gritando por los Hanu Mahana! No puede culparlos, de no estar participando ella también estaría gritando por el castaño. Se encamina hacia él, lista para participar en la prueba, para enfrentarlo, para sonreírle con esa suficiencia que la caracteriza o tan solo para ver si puede controlar los animados latidos de su pecho. Le gusta que Ryota sea fuerte.



—¿Qué te he dicho sobre apostar contra mi, querido?

Le mira de reojo, en especial cuando la nombra. —¿Uh? ¿Y esto? —Toma los guantes en el aire, no son los de él. —¿Akira? ¡Ah! Lo conozco o… fufu algo así. —¿Después de decirle que pierda le entrega guantes ajenos? Niega, divertida, un ligero rubor aparece en sus mejillas mientras su capitán se retira.

—Amas meterte en problemas, cariño. —Murmura a la nada, siguiendo hacia adelante mientras se retira sus propios guantes, guardándolos en su pequeño morral, antes de colocarse los del famoso Akira.  No desconfía de las intenciones del castaño, si le ha dado ese objeto es porque vale la pena utilizarlo, porque busca ayudarla. ¿Tan rápido se ha rendido? No. Solo confía demasiado en las capacidades de sus tripulantes. —Si sabes que daré todo de mí en esta prueba, no llores cuando supere tu marca, fufufu


El escenario se abre para ella, la multitud enloquecida viendo los puntajes, los gritos de sus compañeros, sus mascotas, de todos. La mujer levanta los brazos, se siente extraño llevar guantes ajenos, mas no presta demasiada atención en ello. Lo que realmente hace es aplaudir. Lo hace una vez, de forma fuerte y sonora, como si quisiera llamar la atención de los espectadores. Vuelve a aplaudir una segunda vez precedida de una tercera.



—¡¿SE ESTÁN QUEDANDO DORMIDOS?! ¡PORQUE NO ESTOY ESCUCHANDO SUS APLAUSOS! ¡VAMOS, HAGAN RUIDOOOOOOOO!

Aplaude repetidas veces. Le gusta el ruido, le encantan las voces, los murmullos, las pisadas que toman fuerza, los ánimos, incluso las hinchadas que buscan partido por otros cubículos. ¿Qué importa? La competencia se vive, se respira, se anhela desde el momento en el que sus nombres han sido sorteados. —¡VAMOOOOOSSS SKYPIEA! ¡APLAUDAN! ¡GRITEN! ESTA AMAZONA NO NECESITA SILENCIO PARA CONCENTRARSE, FUFUFUFU

Es hora.

Respira profundo después de escuchar los vítores y bramidos de las gradas, los brazos bajan, la sonrisa se ilumina cuando se acerca caminando hacia el objetivo. Esta vez no tiene planeado uno de sus característicos ataques enfocados en el movimiento.



—Vamos, cariño, ríndete ante mi.

Le habla a la diana mientras su brazo derecho gira a gran velocidad, este se ilumina con un intenso fulgor que encandila el ambiente. Los reflectores están sobre Runin, literalmente. Una, dos, tres, cuatro; son las veces que la mujer carga su ataque. Se siente bien. ¡Demasiado bien! ¿Por qué se siente tan fuerte? Rebosa en vitalidad, en grandeza, en euforia. Los músculos de su cuerpo se tensan. ¡Podría gritar otra vez! ¡JA! ¡CLARO QUE LO HARÁ!



—¡STAAAAAAAAAAAAAAAAAAAR!

El honesto puñetazo de su diestra golpea la diana con verdadera fuerza bruta. El número aparece en la parte superior y la lumbre se extingue de repente. Levanta el mentón observando a los espectadores. —¡RUNIN KITAY! ESE ES MI NOMBRE. —Se los recuerda, porque entre llamar a una y otra persona no quiere que nadie se lo pierda. Ni el público, ni los piratas en los cubículos, mucho menos los marines.

Con gracia se aleja, levanta el puño derecho hacia sus compañeras y compañeros de cubículo a manera victoria, mas no va directo hacia ellos, no, primero busca a su capitán y a Akira. —¡Oh, cariño! ¡Sabía que no querías que perdiera! —Se burla del castaño mientras se saca los guantes de Akira. —Nos volvemos a encontrar, Akira. No está mal ver marines tan honestos como tú. —La presencia del enorme carnicero y del otro marine le hacen reír. —Gracias, guapo. —Entrega los guantes a su respectivo dueño, lista para marcharse.

—Tremendo grupito te has armado, querido. —Antes de retirarse se acerca a Ryota, rozando sus labios con la mejilla de su capitán, muy cerca a la comisura de sus labios.



—Si gano prometo recompensarte, querido.

¡Ah! Dar un golpe nunca se había sentido tan bien antes, no como en ese día, en esa arena, en ese instante. Al llegar a su respectivo cubículo aparece con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Salaryman! ¡Eres formidable! —Se lanza a abrazarlo antes de separarse  durante unos segundos. Al separarse le guiña a sus compañeras. —¿Están listas? Porque ahora vendrá una de ustedes. —El rostro de la amazona no detona una sola pizca de duda o incertidumbre, no, rebosa confianza. ¿En sí misma? ¿En ella? En todo. —Hoy la diosa de la victoria nos sonríe. Hay que devolverle el favor.


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4720 + 0 = 4720
Energia: 4075 - 744 = 3331
Espiritu: 1174 + 0 = 1174
#10
Atributos Personaje


Desde el borde de su cubículo, más dentro de la arena que otra cosa, había presenciado todas y cada una de las actuaciones de aquellos sujetos, hombres y mujeres, que se hicieron presente para la prueba de fuerza y lo único que en ese momento pasó por la mente del doctor era una cosa muy simple: ERAN AUTÉNTICOS MONSTRUOS.

Con fuerza, cosa que necesitaría para esa prueba, mordió su propia lengua… ¿En verdad su grupo pretendía que compitiera contra esos?

Giró su cabeza para mirar a sus improvisados compañeros, con una cara que denotaba un visible desconcierto, incluso levantó una ceja, como si quisiera hacerles entender que no pretendía pasar al frente para entrar a una competencia que ya estaba ganada.

—Es una broma ¿Verdad? ¡Vamos Burro, eres un mink, seguro que los tuyos tienen fuerza! ¡Tú también, huroncito! No dudaría que debe haber músculos tras toda esa capa de ropa ¿Verdad? ... ¡Oh!… Ya sé… ¿Qué hay de ti, pollo? Eres enorme, seguro que algo puedes hacer, aunque sea ganarte al público, mira que parecen adorar a los suyos —. Sabía que era inútil convencerlos de lo contrario, porque precisamente, si le tocó ser el “sacrificio” para esta ronda, fue por lo que ocurrió solo un par de minutos antes.



—Hyákinthos, ese es mi nombre, sin apellido porque no puedo recordarlo —. Se presentó ante el Burro, el Hurón y el Pollo. ¿Por qué parecía que lo suyo era estar en grupos cuyo tema central fueran los animales? Bueno, no importaba ahora, al menos tenía algo claro: los minks y los lunarians eran razas fuertes, así que fueran cuales fueran los juegos, seguro podían hacer algo, en especial si se trataba de fuerza bruta ¿O no?

—Y lo lamento, Han —. Se refería a Heras. —Tal vez recuerdo a alguien parecido a ti, aunque… —Miró a su alrededor, específicamente a las gradas y volteó a ver de regreso al lunarian. —…es difícil decirlo realmente con tanta gente parecida por aquí —. Le sonrío al más alto y le extendió la mano a modo de saludo para luego girarse hacia los dos minks.

—Anciano —. No pudo memorizar su nombre tampoco. —¿No nos vimos antes en el camino? Creo que le recetaste crema para la alopecia a mi capitana —. Aun sentía ganas de reír cada vez que recordaba eso. —Y tu… ¿Var? Creo que tu capitán, el chico tímido, nos presentó en las gradas…Creo —. Ahora que lo veía de cerca empezaba a dudarlo. —Bueno, da igual, ya memorizaré sus nombres después, por ahora, espero que podamos ganar algo para poder pedir el deseo del que habló el enmascarado y…

Pensó en seguir hablando, pero entonces los vítores que acompañaban a la voz de “El Dirigente” resonaron en el estadio y con ello siguieron las reglas para el primero juego… ¿Fuerza? Je, con dos minks y un lunarian eso debería estar fácil. Sonrío.

—¿Y bien? Ustedes se ven fuertes ¿Quién pasará al frente? ¿O prefieren hacer un pulso para definir al participante? —Colocó su mano en alto frente a él, esperando que lo rechazaran o esperando que el que aceptara le girara el brazo en un segundo, pero…sorprendentemente, eso no ocurrió, al contrario, fue él quien terminó girando el brazo de los tres hombres con bastante facilidad.

Casi sintió que un tic en el ojo se apoderaba de él… ¿Por qué había abierto la boca?



Eso es lo que lo traía ahora al presente, un simple pulso que lo definió como el “más apto” para la prueba de la que habló el enmascarado, pero debía ser una maldita broma si pretendían que se enfrentara a gente que se convertía en animales, a una mujer super poderosa, a una birkiniana, un marine y al más buscado del South Blue.

Aun así, con todo en contra, todos se veían tan animados, menos Uker, que algo de eso terminó contagiándosele, más al estar tan cerca del cubículo 9, en donde alcanzó a ver a María Merlot haciendo un baile para apoyar a su compañera que, justamente, acababa de dar un golpe que hizo creer al médico que rompería el madero, aunque, hubiera agradecido eso, así se libraba de participar.

—Bien, supongo que no hay de otra —. Terminó por bajar de su cubículo y se dirigió al medio de la arena, eso sí, por más que supiera que no era rival para ninguno de los participantes, se encargó de dar toda una pasarela desde el cubículo del grupo 8 hasta estar frente al madero, convirtiendo la arena, por ese instante, más en un escenario para un concurso de belleza que para una prueba de fuerza y todo sin dejar que el fino velo que cubría parte de su rostro se alzara, pues prefería mantener las apariencias, más aún estando rodeado de tantos marines.

—Favorito de la Gente! ¡Hola, por acá! —Sin importar si el enmascarado le respondía o no el médico se encargó de mover su cabello con su mano, haciendo que las hebras se agitaran con gracia hacia el público y dejando un leve olor mentolado con el movimiento. —Solo diré que esta no es mi mejor versión, pero si en algún momento tienen pensado hacer un concurso de belleza, llámenme, ahí si que podría brillar mil veces más, daría un excelente espectáculo —. En ese momento se giró hacia el alado público y colocó un par de dedos sobre la parte del velo en donde debería estar su boca e imitó el lanzar un beso, acompañado de un guiño directo hacia un grupo de chicas, algunas con alas negras y otras con alas más pequeñas y blancas, quienes se sonrojaron al instante por el gesto y empezaron a animar con más ánimos… ¿Le gustaban las mujeres? No, ni por asomo, pero eso no quitaba el hecho de que sabía bien que tenía una divina belleza para conquistarlas y ponerlas de su lado. —Seguro el público lo agradecería, siempre se disfruta de un un buen show y seguro que usted sabe eso mejor que nadie, no lo dudo.

Fue lo último que dijo antes de cerrar uno de sus puños y golpear el dial con el dorso de su mano, en un golpe que pareció más elegante que brutal, aunque de todos modos hizo que el madero se estremeciera, tal vez no tanto como lo que habían logrado otros participantes, pero si lo suficiente como para que la cuenta no fuera un completo cero. A pesar de todo, el médico hizo una leve reverencia directo hacia las gradas.

—Gracias por su atención, público del cielo —. Pronunció en voz alta mientras se erguía de nuevo para empezar a caminar directamente hacia el cubículo 8, en donde sus peculiares nuevos compañeros los estarían esperando.

¿El lado bueno de todo esto? Bien, entre tantos marines, demostrar ser un peligro menos lo hacía destacar menos, eso evitaría que se colocara una diana sobre su espalda, después de todo: ¿Quién iría tras alguien con apariencia angelical y que aparentaba ser completamente inofensivo? 



Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)