[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
En lo que se acomodaba en el cubículo de su equipo, pudo notar la imponente silueta del más colosal de los allí reunidos al menos de los que tenía cerca, pues un par más de tamaño prominente destacaban a lo lejos; sin duda alguna, aquello superaba los límites del humano común. La amalgama de razas era inmensa; no encontraba otra forma de catalogarlo en su mente, pues cada individuo poseía rasgos que distaban mucho de la normalidad. Como erudito, ese tipo de conocimiento era algo usual, pero quería saber más: ¿en qué momento el mundo gestó tantas diferencias?, pero aun así todos parecían los mismos, sintiendo, deseando, añorando, muriendo.| Bro... lo mismo digo | Le respondía Dharma el saludo no solo con su voz, sino también con el puño de su diestra, estirando un poco su brazo hasta chocar con el de Ubbe.

A pesar de su naturaleza expresiva, el Buccaneer no le desagradaba al espadachín. No pecaba de exagerado ni resultaba ruidosamente molesto; era opuesto a él, sí, pero en ese contraste hallaba cierta simpatía. Donde sí parecían converger era en esa sutil aura bélica que ambos emanaban. Por más pacífico que pretendiera ser el ambiente, Dharma sabía bien que en la mente de muchos de los presentes ya germinaba la semilla del caos.|No precisamente... | Dijo en su tono de voz grave y taciturno, con esa característica de ser invariable; podía ser escuchado por quien prestara atención.La pregunta fue extraña, venía relacionada por las palabras dichas por el marine loco.|Yo no le haría mucho caso a un marine que anda semidesnudo... | Dijo por última vez mientras continuaba su andar un poco más atrás de los demás, para ponerse en posición un poco más central en relación al estadio, para así poder ver y escuchar al que controlaba toda la multitud.

La lista de puntajes no se hizo esperar y lo importante era no ser descalificado; ese punto se había logrado y además se podía conseguir sumar algo más al equipo.| Espero lo siguiente no sean solo juegos... no me gusta ser entretenimiento para nadie... y es bastante aburrido | Sus palabras iban hacia Ubbe, Enji y hacia el mismo, solía hablar solo así que le daba igual quien le escuchara, además de que ahí, escucharía cualquiera que estuviera relativamente cercano. De cierta forma, Dharma ya estaba un poco cansado de la situación algo ridícula de tener que llevar a cabo este tipo de pruebas. Pues no era parte de él servir como entretenimiento para ningún rey, ni emperador ni nada.

Lo siguiente que sucedía era la invitación a los últimos de los participantes a la llamada prueba de la certeza. Ahí acudiría el rubio de nombre Tezca; solía venerarse a sí mismo. Al pelinegro le daba igual ese tipo de vociferaciones; sin embargo, al menos parecía una persona capaz y con relativa confianza, esperando que lograra evitar perder. Dharma miraba atento cómo comenzaba la prueba, con algunos que se presentaban inmediatamente, esperando pacientemente la resolución final de estos juegos tan extraños. Más que nada porque el propósito en sí podía ser un tanto banal. Un deseo... un deseo podría ser muy peligroso. Pero por cómo iban las cosas, difícilmente su equipo iba a ganar; sin embargo, aún podían pasar más cosas.

No tenía que perder la postura y, aunque se estaba desesperando un poco por la situación, todo este bullicio le servía para practicar la calma y la paz mental. Dharma era un enigma: un ex monje instruido en los dogmas de una fe caótica y violenta, pero balanceado por máximas repletas de sabiduría atribuidas a un antiguo sabio llamado Buda. Sin más que hacer o decir, estaba al tanto de lo que sucedía y podía sentir. El ambiente comenzaba a tornarse denso, extraño. Ignoraba si era secuela de la melodía de hace unos instantes o el reflejo de que cada ser en esa arena poseía un arsenal de habilidades impredecibles. Después de todo, él mismo custodiaba en su interior el místico y peculiar poder de una fruta del diablo; sabía de primera mano que, en este mar conforme iba avanzan, la lógica parecía perder sentido, pero cualquier cosa, por mas extraña que fuera o sintiera, podría tener un origen  y un por qué.

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |

Frustración y celebración, dos caras de una misma moneda, plasmadas en los rostros de todos aquellos que vieron finalizar la prueba.

Los ojos de color miel se fijaron en el espadachín de negros cabellos, acompañándolo en su caminata hasta las gradas. “Barald…” Su voz se oyó interna, reconociendo los caprichos de la dama llamada fortuna, pues solo ella habría sido capaz de abandonar a su segundo al mando en una prueba que no le convenía. “Solo tuviste mala suerte.” Sentencio, negándose a resumir el valor de alguien tan capaz por una medición tan abstracta como esa.



“Igual te pasa por mufarte tú solo…”

Concluyo sereno, llevando las manos a sus cabellos para arrastrar sus mechones consigo y ubicarlas en su nuca, quedándose en una pose más relajada.

Entonces los vítores estallaron para celebrar a Juan la tortuga como se lo merecía y la lista de grupos fue presentada con el grupo seis alzándose con la victoria hasta el momento. Dos terceros lugares y un primer puesto les ofrecían ser quienes poseían la mayor cantidad de puntos, no obstante, eso podría cambiar y, a la espera de que así fuera, el grupo conformado por Runin, la señorita de cabellos rosáceos (quien, dicho sea de paso, le consiguió una cita a Sigurd en un gesto de enorme amabilidad), el trajeado oficinista y una señorita de particular composición, los perseguían muy de cerca.

“Parece que será una final llena de tensión Kekeke…” Expresó sonriente al notar las miradas de los demás, sabiendo que no solo eran esos dos equipos en la competición. Todos los presentes poseían sus propias razones para desear lo mismo: GANAR. 

A continuación, la voz del Dirigente volvió a animar a las gradas para presentar la última competición junto a cada uno de sus participantes.

“¡Vamos, Akiraaaaa!” Grito el castaño con júbilo y emoción al nombramiento de su propio compañero. “¡No vayas a perder Tezca!” Y por supuesto, también hizo lo debido en apoyo al fabuloso, egocéntrico, altivo y capacitado comerciante para que dejara el nombre de la tripulación en lo alto.

La ya habitual exposición de las máquinas fue realizada, mostrando un nuevo gadget que dejó a más de uno con impresiones no tan favorables.

En lo alto de un tocon de madera, descansaba un gran den den mushi que había conocido mejores días. El pobre animal lucia enfermo, con los mofletes hinchados y una expresión cansada. “Está hecho mie$%# bro, ¿seguros que no se muere en medio de la prueba?” No encontró mejor manera para describirlo, pues las moscas que liberaba con cada eructo tampoco daban la mejor primera impresión.

Ante lo explicado por el maestro de ceremonias, la prueba consistía en disparar hacia las moscas que la fea criatura liberaba desde una distancia específica. En esta ocasión, la única opción de medición sería El Dirigente, quien ofrecería a cada uno de los participantes un arma en caso de que no tuvieran una propia.

Todos los participantes comenzaron de uno en uno a presentarse, el primero de ellos fue Kiyoshi. El fanático del jabón que apuntó a Yuuki en la jungla, ahora apuntaba en dirección a las moscas dejando en claro su posición y su tripulación. Solo un verdadero tonto se burlaría del nombre de un grupo o de la forma en que alguien lo estaba dando todo para ganar. Así que Ryota solo guardó silencio, presenciando de primera mano como la bala que jamás vio hizo que las alas mutiladas de la mosca cayeron con lentitud.

 

“Que miedo…”

Seguido del sub-capitan de los sepultura, vendría otro tirador. Este poseía cabellos rojos y estaba yendo de cubículo en cubículo para ¿desearle buena suerte a los demás?

 
La sola interacción era sospechosa, sin embargo, al ver que ambos eran marines. Ryota no le prestó mucha atención y tan solo se limitó a observarle disparar con su arco, sin espiar el encuentro que tuvo con el comandante de cabellos blancos.

“¿Eso fue estática de las flechas?” Grande fue la sorpresa al notar cómo justo antes de lanzar el proyectil, este pareció reaccionar de una forma que nunca antes había presenciado.

Pronto vino la tercera participante, una joven de cabellera color cobre. “Bastante linda.” Aprecio desde la distancia, notando una impresionante maestría para disparar en dirección al objetivo. A diferencia de los dos anteriores, Ryota pudo ver con exactitud la hermosa parábola que dibujó la flecha hasta dar con su objetivo.

“Así que por fin es su turno...” Pensó, viendo ahora cómo uno de los participantes que más le llamaba la atención se paraba frente al cubículo del grupo cinco. Entonces, sin saber cómo, o por qué, una desagradable sensación invadió su cuerpo.

En tan solo instantes sintió que la temperatura de su cuerpo aumentó, sus fosas nasales se inundaron de moco y una debilidad familiar lo invadió. 

 

“¿Que? ¿porque? Si estaba… a…a… ¡ACHUUUU!”

Estornudo, sintiendo los escalofríos de una acelerada enfermedad. No podía entender lo que estaba ocurriendo o por qué tan de repente se sentía mal, pero no dejó de ver al mink de pelaje pomposo disparar una bala tan rápida que solo pudo notar cuando los trozos del insecto cayeron al suelo.

Fue en ese momento cuando Shin le habló. “Si… esto aa…a…¡ACHUUU!” Él también lucía descompuesto bajo los efectos de la repentina enfermedad, pero eso no le impidió hacer una pregunta que extrañó al de cabello castaño.



“¿Uh? ¿Cómo que por qué? Pues porque los piratas no trabajan, tienen mucho dinero y se divierten más que nadie.”

La voz nasal contestó con franqueza, lo que para muchos podrian ser motivos banales, infantiles o superfluos, eran suficientes para que arriesgara su vida en el mar donde los sueños se hacen realidad. Ryota creía que una vida pesada, llenando estándares de terceros o propios y trabajando duro de sol a sol, era algo peor que batirse a duelo contra la marina o quien llegase. “De totas fotmas, no toy un buen tipo, toy un pitata y me gudta.” Sonrió al finalizar, para volver a tomar atención hacia el frente sin preocuparse por lo mermada que se encontraba su voz por el taponamiento nasal.

Ahora, era su compañero de tripulación el que se alzaba para presentarse en la competición. “¡Ah! ¡Ahí va!” Expreso, dibujando una amplia sonrisa en sus labios. “¡Vamot Tetka! ¡Acabatos!” Deseaba con cada fibra de su ser que el rubio pudiera atravesar la prueba. Ya habían quedado eliminados Yuuki y Barald; sin embargo, ellos aún seguían en competición junto con Runin. Era su deber llegar lo mas lejos posible  por esos compañeros que los animaban desde las gradas junto con Cardan, Tocho morocho y el mejor Tezca.

Al final ganara quien gana no importaba, porque si solo uno conseguía llevarse el triunfo seria una victoria de todos.

Detrás de Tezca, llegaron otros dos marines, un joven alado al igual que Yuuki y una señorita de un brillante tono rubio. Esta última se ganó al público con su empatía y ternura, consiguiendo casi las mismas reacciones que el favorito por el público al jugar como raza local.

Fue una lástima que ninguno de los disparos destacara especialmente sobre el resto, aunque ellos mismos admitieron no estar tan a gusto con la prueba. “¡Vamots! ¡Lo impodtante et intentadlo!” Ryota los animo mientras regresaban a sus cubículos.  Después, se giró en dirección a Akira quien estaría próximo a participar.

No interfirió en la charla motivacional que los marines tenían para afrontar ese tipo de situaciones, pero si posó delicadamente su diestra en la espalda del joven cuando se dispuso a abandonar el cubículo para darle un pequeño empujón.




“Tin petiones Bro, te tu mitsmo.”

Vestimenta

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4950 + 0 = 4950
Energia: 3701 + 88 = 3789
Espiritu: 1033 + 0 = 1033
aviso

Quizás no ha sido suficiente…Quizás no he encontrado las fuerzas para enfrentar una prueba de los juegos del cielo con la entereza que debía. ¿Cómo se me ocurre? ¿Cómo puedo pensar que de verdad tengo la fuerza que se requiere para este mundo?

En esta parte del mundo en la que me he aventurado a explorar, la Grand Line, que se conoce como el cementerio de piratas, parece que es imposible asegurar tu propia vida si no eres alguien fuerte. Uno puede llegar a pensar que si alguien como yo se encuentra en un sitio como este, es que tal vez también sea fuerte, ¿no es así?

Nah…nada más lejos de la realidad.


40 de Verano, año 17
Isla Kutsukku

La batalla contra Curok Odail estaba siendo cruenta y dolorosa. Un comandante de la marina haciendo frente a dos soldados de la marina y dos piratas, todos haciéndose a la mar para llegar hasta el New Era Joy Park. Un hombre corrupto que tan sólo buscaba ganar dinero por medio del tráfico ilegal de esclavos.

Daba igual si eras amigo o enemigo, él y el resto de sus hombres solo buscaban encerrarte para aprovecharse de ti.

El lobo de mar armado con dos espadas luchaba hombro con hombro con su mejor amigo. El rubio de arcilla generaba murallas para tratar de detener su avance y sus disparos acuáticos. Tres luchadores arriesgando sus vidas utilizando sus habilidades y sus poderes de otro mundo para vencer a una criatura de diez metros de alto que, por alguna razón, se había dispuesto a intentar matarnos sin motivo alguno, injusticias de la vida que nos llevan a enfrentarnos contra destinos injustos únicamente porque así lo quieren otros.

¿Y donde estaba yo en toda esta cruzada?

En medio.

No podía pelear, no tenía la capacidad de hacerlo, y no tenía la fuerza para afrontar un combate como ese, ni siquiera con la ayuda del resto de los luchadores allí presentes. Hubo que hacer equipo con piratas, tratarlos como si no fueran enemigos directos del gobiernos, humanos fuera de la ley, y personas que merecían pudrirse en Impel Down por los crímenes que habían estado cometiendo.

Pero aún así, yo no podía hacerle nada…

Tuve que morderme la lengua y sacrificar todo por lo que creo para poder ayudar a uno de esos piratas a seguir peleando. ¿Yo, reducido a un apoyo para criminales? Parecía una broma de mal gusto, una que desgarra mi garganta por dentro con cada grito ahogado que se despega de mi corazón de marine.

Y aún con eso, no tenía una opción mejor.

El único con capacidad y honor para pelear era Shin. Él tenía ese don para hacer frente a todo, tomar la fuerza de donde no la posee para superar sus límites y confrontar el siguiente peligro. El mundo parece dispuesto a ponerlo a prueba, y él siempre consigue dar un paso al frente y seguir superándose.

Pero yo no tengo esa fuerza…

Por muy duro que haya trabajado, por más que haya tratado de esforzarme, siempre hay gente que es incapaz de llegar más lejos. Hay personas que, sencillamente, no tienen la capacidad para hacer más, y parece que el destino del mundo no me ha ofrecido la oportunidad de ser distinto a los demás. 

Más de siete años en la marina, compañeros muertos a mis espaldas, una herida que nunca me dejará olvidar quién soy, lo que he vivido hasta ahora, lo poco que soy capaz de hacer…y lo mucho que soy incapaz.

Aún así, todo puede tener un significado. Existen personas así, pequeños personajes imbuidos por las estrellas para convertirse en personajes que sean capaces de reinar en este mundo, de enfrentarse a la adversidad que se les ponga por delante, de ser quiénes estén por encima de los demás de una forma o de otras.

Sí, esas personas existen.

Pero…
¿por qué frente a una luz tan intensa
...yo me siento tan profundamente abrazado en la oscuridad?

El brillo que él es capaz de emanar es fuerte, demasiado, y resulta demasiado atractivo para todas las personas que tienen la oportunidad de conocerle, ¿no es así?

Sólo tienes que escuchar sus palabras:

¡Llévate contigo a Barald y Tezca, libérense, y busca a los demás idiotas, que deben estar en algún lado! ¡Confío en ti para esto!

Un hombre derrotado, al borde de la muerte, con sus últimas palabras asomándose previas a desfallecer por las heridas de su combate. Él había sido la estrella que me había protegido, a sabiendas de que yo estaba ahí, precisamente…para protegerme a mí.

Yo había jurado protegerlo a él, pero no había podido hacer nada, y tuvo que hacerlo todo en solitario, peleando mano a mano con sus enemigos por proteger algo que estaba incluso por encima de sus posibilidades.

Dile a Nyra que se haga fuerte, no puede cumplir sus metas siendo tan... débil.

Sí…quizás por eso ella le tenía en tanta estima con tan poco tiempo. No tiene ni el menor conocimiento de por qué han llegado a entenderse hasta ese punto, pero ya lo había visto una vez en el pasado.
Hacía ya muchos años atrás…

No eran los ojos aguamarina los que la observaron aquella vez. Esos ojos ambarinos tomaron su mirada por primera vez…y hasta su último aliento, estuvieron ahí presentes para él.

Quizás, tarde o temprano, ella sea la herencia de su camino una vez más. Una fuente de luz para que continúe avanzando por un camino que él mismo decida, y no le sea entregado por los demás. Quizás, aquel individuo cargado del peso de su familia, encontraría el verdadero destino que le espera a través de algo más…

pero ¿Dónde terminaría yo? 

¿Acaso terminaría relegado en la nada, apartado de todo lo demás... 
…como si no fuera nadie?

…

El silencio nunca te dará la respuesta. Tan solo se mantiene a la espera, pesado, incómodo, desagradable, maldecido por la inmensurable cantidad de pensamientos y emociones que tratan de alejarlo de la verdad de sus acciones, como si el propio mundo estuviera esperando a que fuera yo quien encontrara una respuesta que todavía no existía.

Pero… ¿y si la respuesta llevaba años delante de mí y simplemente me negaba a aceptarla?

Cuando decidí entrar en la Marina, no lo hice por justicia. No lo hice por gloria, y ni siquiera por proteger a los inocentes, aunque durante mucho tiempo me haya tratado de convencer de ello. La realidad es mucho más sencilla, y al mismo tiempo mucho más egoísta.

Yo…quiero ser alguien.

Quiero que el mundo sepa quién soy, que sea capaz de reconocerme por encima del resto. Quiero sentarme en la mesa de aquellos que están por encima del mundo, encontrar mi destino entre los que deciden y los que eligen quién se sienta en ese lugar…y los que quedan relegados para ser desechados.

Ese…es el yo que verdaderamente deseo ser.

Después de tantos años sintiéndome incapaz de cambiar absolutamente nada, pensé que vestir este uniforme me daría un propósito. Creí que, si entrenaba lo suficiente, si sobrevivía a suficientes batallas, si acumulaba suficientes cicatrices, si mantenía haciendo mi trabajo por encima del resto, y me esforzaba más que nadie, llegaría el día en que podría mirar atrás y decir que todo aquello había valido la pena, que había encontrado mi sitio, y la recompensa de todo mi esfuerzo.

Durante siete años he estado poniendo a prueba esa idea…

y nada de eso ha llegado a importar.

No importa cuántas misiones complete, o cuantos informes haya sido capaz de rellenar, Ni tan siquiera cuántas veces me levanté después de caer. Siempre aparece alguien capaz de hacer más. Alguien que llega antes. Alguien que soporta más dolor. Alguien que inspira a los demás con una facilidad que yo jamás he conocido.

Alguien…que termina haciendo de mí una sombra.

Jamás dejé de entrenar, jamás dejé de intentarlo y en mi vida pensé en abandonar, pero si el esfuerzo no es suficiente, si eso de por sí no basta…¿Qué más puedo hacer?

No nací con un talento extraordinario. No poseo una fuerza capaz de cambiar el rumbo de una batalla. No soy de esas personas cuya potencia en su presencia tranquiliza a quienes los rodean. Nadie me mira esperando que encuentre la solución cuando todo parece perdido.

Para eso…siempre está él.

Y yo ni siquiera he sido capaz de salvarlo.


Ahora estoy aquí, en una isla a miles de metros por encima del mar, donde existen unas reglas diferentes, unas personas diferentes. Las reglas de nuestra civilización parecen completamente ajenas a lo que este mundo demuestra.

Apenas unas horas de nuestra llegada nos invitan a participar en unos juegos celestiales de buenas a primeras.

Participo en la prueba de resistencia, porque es lo único en lo que creo ser lo suficientemente capaz de poder hacer algo en condiciones, pero aún así, seguro que…

¡Increíble! ¡Kael consigue una increíble marca de dos mil ochocientos skybares! ¡Superando al nivel Custodio por bastante! ¡Sensacional!

“¿Oh?” Ese resultado termina por llamar por completo mi atención. ¿He superado el nivel de los custodios por bastante? ¿Eso quiere decir que estoy al nivel de los guardianes de estas tierras?

¡En cuanto a nuestro participante Sigurd Haakon! ¡Maravilloso! ¡Consigue alzarse hasta el momento con una cifra de mil novecientos skybares, quedándose a las puertas de superar el nivel de los Custodios! ¡Nada mal!

Espera, ¿eso quiere decir que ese hombre de siete metros ha aguantado menos que yo? ¿Por qué? ¿Se había contenido? No…incluso así no habría diferencia. No he revelado todas mis cartas en esta contienda, por lo que si ambos fuéramos con todo…

¿Significa eso que aún así terminaría por vencerlo?

Eso…sí que es interesante.

Quizás esté exagerando. Hay ámbitos en los que una persona es mejor que en otros, pero…parece que no estoy ante un hombre tan invencible después de todo.

”Casi cuatrocientos millones tenía de recompensa si no recuerdo mal”

Es sin duda un verdadero progreso. No me estoy quedando atrás, es solo que estoy centrando mis esfuerzos en algo distinto al de los demás. No estaba fracasando porque no avanzara, lo estaba haciendo porque pretendía medir mi camino utilizando la sombra que proyectaba otra persona, comparándome con él como si tuviera que hacer lo mismo para llegar a ser alguien.

Y por eso, da igual cuánto creciera.

Mientras siguiera observando únicamente a alguien como Shin, siempre encontraría un motivo para sentirme pequeño. No porque yo no hubiera mejorado, sino porque él pertenece a esa clase de personas cuya presencia parece desafiar cualquier lógica. Compararme con él era condenar de antemano cualquier satisfacción que pudiera obtener de mis propios logros.

Quizás nunca llegue a convertirme en una luz para los demás.

Nunca voy a ser ese hombre cuya sola presencia inspira confianza, capaz de arrastrar a los demás con una sonrisa o de enfrentarse al peligro como si hubiera nacido para ello, por mucho que me haya empeñado durante años en perseguirla. ¿Para qué? ¿Acaso todas las personas por encima tienen esa capacidad? ¿Es que todas las personas en las altas esferas son exactamente iguales y cumplen ese mismo papel?

Nah, que va. Está claro que eso no es así.

Las sombras también tienen un propósito.

Una sombra no necesita llamar la atención para existir. No necesita ser admirada. No necesita ocupar el centro del escenario. Solo necesita estar ahí, silenciosa, esperando el instante adecuado para actuar. ¿Por qué no me había dado cuenta cuando es esa, precisamente, la mayor de mis virtudes? ¿Cómo es que algo que tengo tan grabado a fuego y puesto yo mismo delante de mis ojos es algo que hasta ahora parece que he estado ignorando como un ciego?

Mi error nunca fue ser diferente a Shin, sino pensar que, para convertirme en alguien, debía parecerme a él. Ese albino puede seguir siendo la luz que a todos los ilumine.

Perfecto, porque cuanto más brille él…

más oscura será la sombra que proyecte.

Ja…tiene gracia.

No tengo que parecerme a nadie; solamente tengo que decidir quién quiero ser cuando llegue el momento, y aprender a interpretar el papel adecuado cuando la situación lo requiera. Tengo que seguir siendo yo, y al mismo tiempo comportarme como una persona distinta. El mundo a mi alrededor me demuestra que la gente puede conseguir la atención que desea si se lo propone, y cuanto más observaba a quienes me rodeaban, más pruebas encontraba de ello.

Nyra era incapaz de ocultar quién era realmente, pero incluso esa humink entendía que el público debía mirar hacia donde a ella le convenía. No estaba mostrando toda su verdad; estaba escogiendo qué parte de sí misma enseñar.

No era mentira: era intención.

“¿No me habías dicho que no eras tan lista como yo? Porque parece que has sido capaz de verlo mucho antes de lo que he podido siendo tan listo.”

Quiere que la miren, que la observen hacer algo bueno que verdaderamente pueda hacer bien, y ganarse al público de una forma o de otra…y se le da de maravilla.

Muchos como ella han intentado ganarse al público a través de una gloriosa ovación en las otras pruebas. ¿No había sido la ganadora de la prueba de fuerza la primera en hacerlo? ¿Es que mi querido amigo no había hecho lo mismo en la prueba del céfiro?

No tengo que convertirme en otra persona, tengo que construir una versión de mí que el mundo sea capaz de entender. El problema nunca ha sido quién era yo, sino que tan solo me había presentado ante los demás, esperando que vieran aquello que ni yo mismo soy capaz de explicar.

Quizás todavía no comprenda del todo el camino que acabo de descubrir, y probablemente siga equivocándome, pero, por primera vez en mucho tiempo, no siento que esté intentando convertirme en otra persona.

Solo estoy empezando a decidir qué parte de mí merece ser vista...
...y cuál aprenderá a esconderse tras una máscara.

”Vaya, parece que sí que puedo aprender algo de los piratas después de todo. Supongo que tendré que darle las gracias a ese Sigurd después de todo. Me has enseñado que llevo años haciéndome la pregunta equivocada…Ya encontraré la forma de decirte algunas cosas a la cara más adelante.”

Ahora, como mínimo, le había perdido el miedo a esa criatura colosal que tantos dolores de cabeza me ha dado hasta llegar hasta aquí.

Por fin empiezo a comprender que pasar desapercibido no siempre es una derrota. Si soy capaz de decidir cuándo debía llamar la atención y cuándo debía desaparecer entre el resto, entonces dejaría de ser una consecuencia de mi forma de ser para convertirse en una elección.

Y aquello…
…cambia por completo las reglas del juego.
la sombra del comienzo
[Imagen: jGxJg3p.png]
El crujido de la arena batida bajo las pesadas punteras de Kiba Naruze marcó su pausado regreso al cubículo número cuatro (4) con sus dos metros treinta y cinco de estatura y casi un cuarto de tonelada a cuestas, el gigantesco "comerciante" ajustó con elegancia las solapas de su traje a rayas, sacudiendo con delicada parsimonia el denso polvo de Skypiea que cubría su hombro tras la complicada ejecución de la Prueba del Bastión donde tuvo un resultado inferior al deseado pero cuanto menos evitó ser eliminado.

Por un momento se quedó callado contemplando en sus propios pensamientos lo que implicaba -Séptimo lugar... Menuda paliza. Aguantar semejante vendaval con este atuendo ha sido un tormento. Al menos la mi coartada sigue intacta y puedo continuar en la competición, aunque quince puntos es una cosecha bastante magra para el grupo...- pensó la revolucionaria, reprimiendo el impulso instintivo de rugir de frustración mientras limpiaba disimuladamente una gota de sudor de su frente para no arruinar el tinte oscuro de su cabello.

Al ingresar al recinto de su grupo, Kiba ofreció una reverencia de cuarenta y cinco grados hacia el que hasta ahora mejor había puntuado en el grupo Focalor y la bella Miyori Hoshino, esbozando una sonrisa caballerosa que disimulaba la pesadez de su propia decepción en aquel resultado de su propio desempeño -Ruego disculpen mi desempeño, apreciados compañeros. Me temo que la capacidad de aguante de este humilde comerciante solo ha sido suficiente para arañar el séptimo puesto en esta prueba. Sin embargo, les aseguro que entregué hasta la última gota de mi energía en la arena para no defraudar la confianza del equipo… Señorita Miyori, le garantizo que la memoria de sus ánimos fue el verdadero motor que me mantuvo en pie ante tan brutal vendaval... Ahora solo me queda darle ánimos desde aquí, confie en usted misma porque se que logrará resaltar naturalmente señorita.- declaró con una modulación grave y atenta, acomodando sus grilletes pulidos antes de ceder el paso para que ella pudiera dirigirse a su propia prueba cuando llegase el momento indicado por El Dirigente.

Mientras observaba a los diferentes participantes realizar sus pruebas y salir de sus cubículos no pudo evitar sentirse un poco mal, una incomodidad en sus agallas que de momento no parecía ser nada grave -Que sensación desagradable, espero no estar enfermándome por pescar alguna enfermedad durante el recorrido que hicimos en el camino número tres antes de que fuera rocoso… no recuerdo que me picara ningún bicho, así que espero que solo sea quien se me secaron las agallas por el viento de la prueba o algo así.-- pensó para sí mismo el “comerciante” mientras tocaba con una mano sus agallas para revisar que todavía no había mucosidad ni nada extraño saliendo de allí.

Jump the shark
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
Narrador / María Merlot



El tartamudeo, el sonrojo, los gestos y la expresión del hombre la hubieran hecho reír pero tenía una promesa que cumplir: Besarlo. Claro, nunca contó con que la corbata blanca se interpusiera, siendo en su adorable carita de hurón albino dónde terminaron los labios de la semi sirena — ¡Omi-san! — exclamó con una enorme sonrisa — Si querías un beso tenías solo que pedírmelo, pensé que ya éramos amigos luego de todo lo que me contaste — bromeó sobre lo que habló con la mascota, realmente María Merlot no hablaba hurones. Soltó las mejillas del oficinista y con la diestra acaricio el mentoncito del animalito — … eres una cosita adorable, te daría todos los mimos que quieras — le susurró con ternura como si en ese cubículo solo existieran ellos dos — … Omi-san espero te hagas responsable de mi corazón — las risas encantadoras se dejaron escuchar cuando el pequeñito le lamió la mejilla, a la mestiza realmente le gustaban mucho los animales aunque si se portaban mal, no dudaría en disciplinarlos con unas palmaditas de amor muy muy muy fuerte.

Palabras fueron, palabras vinieron. ¿Con que nunca había logrado nada decente? Esas palabras la hicieron pensar en si misma. ¿Qué había logrado ella? Tampoco nada relevante, tal vez hacer que medio mataran a la Valkiria Besada por El Sol en la isla de los animales gigantes. Eso, y casi ahogarla en alta mar cuando la empujó del barco. También estaba aquella otra vez, cuando la expusó a unos contrabandistas en Isla Karate dónde hizo explotar todo. Si, en retrospectiva los únicos logros eran hacía enviar a su hermana a la próxima vida. Pero también estaban los niños que adoptó en Drum, aquellos que dejó con Trhym y cuya otra parte los esperaban en Arabasta, o los amigos que hizo en el camino con los que siempre conversaba por Den Den Mushi. Por supuesto, ser sociable y chismosa no eran logros en si pero la entretenía muchísimo, y la llevó a buscar el conocimiento formal e informal, aunque el primero se le diera fatal. Aun recordaba su estudio sobre las armas o las estrellas que guiaban a los navegantes. Tal vez, y solo tal vez, si había logrado un par de victorias personales, eso la hizo sonreír — … hay que disfrutar del barro — musitó más para si misma que para sus compañeros, no sabría como explicarlo sin enredarse en su ensoñación: el único logro decente, es ensuciarse. Sino, nunca disfrutaste del viaje.

María buscó con la mirada el cubículo de al lado, dónde estaba su Algodón de Azúcar. Él siempre la entendía, aunque fuera confusa, el hombre sabía desenredar sus pensamientos. Luego llevó sus ojos ámbar a las gradas donde la calva cabeza brillante de su hermana resplandecía con soberbia. Ella también sabía traducir sus palabras, aunque lo negará. María esperaba que la estuvieran viendo, y disfrutando al igual que ella de esos juegos tan curiosos.

Las palabras de sus compañeros se perdieron cuando sus orbes ámbar captaron un destello pelirrojo caminando por frente de los cubículos. La cabeza de la mestiza se inclinó algunos grados procesando la imagen que se formaba en su cabeza, y relacionándola con cierto hombre.

PA BERTRAM


Cabello rojo.
Ropa Marine.
Arco.
Seriedad.

Los ojos se abrieron como plato, y la boca igual. ¡EL PERFECTO MARINE PELIRROJO! ¿Qué hacia ahí? María llevó las manos a su boca, la sorpresa era visible en su precioso rostro de sirena. Nunca pensó que se lo encontraría de nuevo, y menos después de todas las locuras que le escribió… ¿Le habrán llegado las postales y las cartas? ¿Le habrá gustado recibirlas o las habrá quemado en la hoguera por ser de una terrible pirata? No lo sabía, le gustaría descubrirlo porque en los días más oscuros, cuando el refugio de su mente no era suficiente solía escribir mucho: en sus notas, en los lados de sus libros y también desahogarse en aquellas postales que prometió enviarles luego de su matrimonio falso en el foso.

¡Su esposo!

Aquello la hizo sonreír, dejando que la sorpresa se esfumará dando paso al saber que estaba bien, en una pieza e igual de pelirrojo perfecto. Y su cabello estaba más largo, mucho más largo, y no iba a mentir, eso lo hacia ver… muy guapo. Su serio esposo de mentirías seguro robaba uno que otro suspiro entre las damas, y eso la llevó a sonreír recordando aquella risa tan particular que la impactó y embelesó en Tequila Mani. “Trehehehe”, si… a pesar de su porte impenetrable e impasible había alguien cálido debajo, nadie que se riera de esa forma tan genuina podría no serlo. Si él supiera, cuantas veces intento imitar aquellas carcajadas mientras su recuerdo le hacia compañía, y la inexistente proximidad la abrazaba como un amigo invisible. Bertram Gaufrid causaba contradicciones en ella. Le parecía frio pero cálido, suave pero amargo, cercano pero distante.

María bajó la mirada viendo los anillos en su mano izquierda. El primero en el anular. El segundo en el dedo pulgar. No eran joyas increíbles ni con acabados perfectos. Solo aros dorados con unas pequeñas inscripciones en su interior. Los fabricó pensando en su esposo, en como cada vez que contaba que estaba casada todos lo juzgaban sin motivos como si fuera un villano por no estar a su lado. Eso la divertida, y mucho, pero también le molestaba, no le gustaba que se metieran con el perfecto marine pelirrojo, solo ella podía decirle que era un mal esposo de mentiras en su imaginación y sus cartas. Claro, nunca lo había dicho a su circulo cercano, lo que pasó en el foso y como terminó arrastrando a ese pobre sujeto a su locura… la locura que solo estaba en su cabeza.

¿Se sentiría mal si su esposo de mentirías no la reconocía?

Claro pero si sucedía es porque ahora era pelirrosada y él la conoció con cabello azul celeste, no sería culpa del perfecto marine pelirrojo. Además, dos años cambian a las personas, tal vez ella se viera diferente, ahora era una cebra… Así que si él no la recordaba no habría problemas ni dolor ¿Verdad? No era su culpa. ¿Debió desteñirse el cabello? No, no importaba, si él no la recordaba… ella podría hacerlo recordar o tal vez no. Cuando alzó la mirada más allá de él, al cubico #6 pensó en lo distinto que eran ambos hombres. No iba a negarlo, los comparo más de una vez. ¿A cuál le gustaría más su padre muerto? Seguro al perfecto pelirrojo, todo en él era lo que María imaginó le gustaría al buen cangrejo: seriedad inquebrantable, la postura, la ética al deber, su buen corazón.

¿Ella seria un Marine si su padre no hubiera muerto?

Seguramente si, lo fuera perseguido al fin de mundo porque el cangrejo era su universo. Y cuando murió todas las estrellas se extinguieron con él: días, semanas, meses, años… oscuros dónde solo los grillos le permitieron permanecer “cuerda”. Entonces, sería compañera del pelirrojo, del de ojos “ciruelas”, del tomate… de aquel gigante de cabellera azulada. No, no, no… porque eso significaría que su adorado Hyakinthos y su Unnie no estarían en su órbita, eso la entristeció enseguida. Se llevó las manos a las mejillas propias, dándose un par de palmaditas. De nada serviría pensar en lo que nunca sería. Su padre estaba muerto, ella era una malvada pirata y su esposo de mentiras estaba frente a ella…

¡SU ESPOSO DE MENTIRAS ESTABA FRENTE A ELLA!

¿QUÉ LE DECÍA A SU ESPOSO DE MENTIRAS LUEGO DE TANTO TIEMPO?

¿Qué champú usas? ¿Es el mismo que Rassmusen? ¡Que bien te sienta!

¡NO LO SABÍA!

ACTÚA NATURAL MARÍA.

¿CÓMO SE ACTUABA NATURAL?

Sonríe, sonríe, sonríe.

Cállate, cállate, cállate.

María sonrió hacia el sujeto llevando su diestra al cabello para colocarlo detrás de su oreja, una acción que no necesitaba hacer pero que hizo porque estaba en cortocircuitos intentando gestionar la revuelta que verlo le causó, honestamente no pensó en volver a verlo… aunque muy en el fondo si quisiera.

Hiciste un espléndido trabajo en tu prueba sir, lamentablemente solo vi el resultado pues fuiste demasiado rápida para que mis ojos pudieran seguir tu belleza.

Su voz llego en forma de susurró, uno que la hizo parpadear de lo irreal que parecía escucharlo y verlo nuevamente, y menos con aquella suave y controlada sonrisa que le dedicó. ¿Dónde estaba su “Trehehehe”? Tendría que hacerle cosquillas para que le regalará esas carcajadas que tanta la cautivaban. Así que él la había visto convertida en cebra corriendo en esa absurda prueba. Él era un cazador… ¿habría cazado una cebra alguna vez? Esperaba que no, porque ahora las sentía como una parte de ella.

¿Bella?

¡Bella!

¿Le acababa de decir bella?

Hyakinthos le había prohibido besar, entonces estando falsamente casada solo con su esposo podría… ¿Era su momento para dejar la abstinencia de besos? ¿Besaba al pelirrojo ahí para decirle hola y adiós, para agradecerle por decirle bella? No, el perfecto marine pelirrojo… no se tocaba, no se ensuciaba, solo se admiraba de lejos. En su cabeza él tenía la vida perfecta que a ella se le arrebató, vivirla a través de él, de su imaginación y las cartas la hacía feliz, no sería codiciosa. No con el esposo que seguro a su padre le encantaría — … desoxihemoglobina — le devolvió el susurro, diciendo una palabra rarisima que escucho una vez de Hyakinthos y que por alguna razón su subconsciente asocio con el pelirrojo. La dejo sin palabras...

Lo vio irse. ¿Iba a participar? María dio un paso delante, estiro la mano buscando sujetarlo de sus prendas pero la acción llegó tarde. Así que la retiró. ¿Por qué quiso detenerlo? Porque había algo que quería darle, algo que creo con sus propias manos como un símbolo de lo sucedido en el foso “Wabi-Sabi”…

La mestiza lo vio participar, aplaudió ante su desempeño. Por primera vez se quedo tranquila, disfrutando de la Prueba mientras tocaba el anillo dorado de su dedo pulgar. Sin embargo, despertó cuando vio a Vivi salir a la arena. ¿Iba a participar? Si, se olvidó de ella por completo. ¡No podía olvidarse de ella! Vivi iba a terminar debajo de su cama, lo había decidido desde que la encontró — … ¡VAMOS VIVI, VAMOS! — la animó regresando a su jovialidad poco a poco — …  ¿Oigan, les gusta la música? Vivi es increíble tocando el violín, la escuche durante toda una sesión de música instrumental en la casa de uno de mis amos. Fue maravilloso, aunque algo melancólico entonces luego toco algo más movido y fue muy divertida la velada. ¿La podemos invitar a comer Tofu con nosotros? — les explicó, aunque no le preguntaron, sobre la mujer de cabellera anaranjada sin darse cuenta que dejo caer la palabra “amo”, no le incomodaba su pasado como prisionera y/o muñeca.

Luego otra sorpresa la asaltó: ¡EL PELUCHE INDEFENSO! También estaba ahí, eso la hizo sonreír, saber que estaba sano y salvo luego de que sufriera tanto en el foso pero su emoción vino acompañada de una sensación de malestar… algo que la hizo llevar la mano a su cabeza y relamer sus labios. Se estaba empezando a sentir mal. ¿Se habrá contagiado de algo? No, no había comido nada extraño. Por un momento, los grillos le gritaron que ya paso por algo así antes… ¿Dónde, cuándo? No sabía, necesitaba tiempo para pensar y la verdad, sintiéndose así no quería hacerlo. ¿Hyakinthos tendría algo para aliviarla?

Quiso ir a preguntarle pero era el turno de Ukikikiki, no podía abandonar a su futura mejor amiga mona — ¡Vamos, Ukikikiki, vamos! — la animó con el mismo encanto pero un poco más apagada, después de todo se estaba sintiendo mal físicamente. Vio la participación de su compañera. No se entero de nada.

¡Ya está-uki! ¿Dónde está nuestro tofu-uki?

Cuando regreso, su energía agradable hizo sonreír a la mestiza — En algún sitio del cielo, solo debemos buscarlo. Esperemos a que acabe de una vez por todas y vayamos todos juntos — le respondió acercándose a ella y alzando ambas manos para que chocaran los cinco, aunque su semblante se veía algo pálido — ¡Dame esos diez! — bromeó por la cantidad de dedos. Lo cierto es que en precisión ella no lo hubiera hecho mejor, la ultima vez que lanzó algo termino yendo al lado contrario — Me sentaré un rato, yo... me siento rara. No se preocupen, no es nada. Quizás sean las emociones desbordantes de todo esto y del futuro tofu que comeremos. — le indico y luego resto importancia, no deseaba arruinarles la diversión a sus compañeros.

Luego de eso María se internó al cubículo, sentándose imagino hay sillas?, sacando su Den Den Mushi y llamando a sus personas favoritas del mundo, quizás ellos podrían ayudarla. Hyakinthos es médico. Maki siempre sabe qué hacer. No intento ocultar la llamada, así que su grupo podría escucharla perfectamente:


— Algodón de Azúcar… no me estoy sintiendo bien. ¿Puedes hacer tu magia en mi? Por favor, quiero seguir divirtiendome con mis nuevos amigos — comentó con su encantadora voz que poseía en esa oportunidad un matiz lastimero y muy enternecedor. Él era su médico de cabecera, el único que tenía realmente, seguro algún medicamento le daba — ¡Unnie te juro que no he comido nada de nada! — abordó a la calva antes que sacara conclusiones….



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5560 + 0 = 5560
Energia: 3995 + 138 = 4133
Espiritu: 1120 + 0 = 1120
Tras haberse anunciado a los ganadores de aquella prueba de resistencia, Zhang permaneció en su cubículo. Había logrado superar aquella fase, aunque realmente había sido muy difícil para él; aún se encontraba algo escéptico con aquel resultado tan desorbitado.

Pero luego de tres pruebas, Zhang lograba comprender que estaba en medio de un grupo de personas con habilidades asombrosas, y que definitivamente, debería esforzarse para lograr estar a la altura de la juventud.

Apretó su mano con fuerza mientras se acercaba al borde del cubículo, el punto exacto desde donde podría ver la siguiente fase... Tras la indicación del Dirigente, el centro del lugar cambió por completo. Si las pruebas anteriores habían sido difíciles de observar, y la mosca que servía de diana parecía estar tan lejos desde allí, para su vista gastada, le era casi imposible distinguirla.

—Hmmmm, Mucha suerte joven Varo. —le deseó el burro por última vez a su compañero Varo, quien pasó a la pista para dar lo mejor de sí.

El viejo Mink aguardó pacientemente. Un instante después, el agudo y certero estruendo de un arma de fuego sonó en todo el estadio, seguido inmediatamente por los gritos del público. A Zhang no le hacía verlo a la perfección, pues tras el grito había entendido las destrezas de su compañero. 

Zhang continuaba con una sonrisa serena en su rostro, la cual solo se borró cuando un retorcijón le sacudió la boca del estómago con fuerza, obligándolo a hacer una mueca de dolor casi de inmediato.

¿Dolor? El burro comenzó a voltear la cabeza de lado a lado, intentando buscar algún tipo de explicación lógica. Pese a ser médico, pese a nunca enfermarse y pese a su naturaleza de logia, de repente se encontraba profundamente indispuesto.

Sus tripas hicieron un extraño sonido y, en cuestión de segundos, sintió cómo su cuerpo comenzaba a volverse lento y apagado. ¿Acaso le estaban atacando?

Zhang se colocó en alerta de inmediato, preparándose para cualquier cosa. La última vez que habían estado rodeados de tantas personas desconocidas, habían tenido que acabar peleando a muerte con aquel Gyojin problemático; le resultaba inevitable sentirse por un segundo como un burro llevado al matadero.

Sin embargo, fue escuchar resonar por los altavoces el nombre de su pequeña nakama, sumado al característico chillido de su monito Silencio alentándola a la distancia, lo que hizo que olvidase el malestar por un instante para poder acompañarlos.

—¡Tú puedes, pequeña, eres la mejor! —le gritó Zhang a Mahou, dándole ánimos mientras se apretaba disimuladamente el vientre.

Extrañamente, tras analizar su entorno, el instinto de Zhang se disparó. Su único ojo bueno, observo a los participantes de los cubículos cercanos. Varios parecían tener síntomas similares. Ya fuera una toxina, un veneno en el aire o el efecto de alguna Akuma no Mi, algo estaba sucediendo. Y Zhang estaba dispuesto a descubrir qué era.

La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
La presencia de Jin en Skypiea podía ser un problema. Tenía una deuda con él, un favor en contra que cualquier día vendría a morderle el culo. El Yakuza, sin embargo, no dió señales de pretender nada más en su fugaz visita al cubículo del grupo cinco. Saludó, intercambió unas pocas palabras con cada uno —especialmente con Tezca, a quien también parecía conocer desde antes—, y se retiró con la misma parsimonia que había llegado. Curioso. Tendrían que sentarse a hablar después de los juegos, ponerse de acuerdo en cosas pues, fueran o no conscientes, los dos habían cambiado significativamente su situación desde la primera vez que se cruzaron. Un favor de cualquiera de los dos era ahora mucho más valioso que entonces.

Pero esa era historia para otro momento.

—¡Shihahahaha! ¿Qué te dije? ¡Estamos jodidos si se trata de Juancho! ¡SHIHAHAHAHA!

Enji sonrió. Una sonrisa ancha, plena, enseñando los dientes y con los brazos cruzados mirando al frente. Ubbe hacía bien en sorprenderse. Su petición disparó un pensamiento intrusivo: la imagen de una tortuga con gorro marine subida a lomos de la bestia en la que el buccaneer podía transformarse apareció en su cabeza. Y encima de los dos, coronando la torre… ¡Él! ¡Sentado en la cima de las bestias!

Esa idea le agradaba, sí. Definitivamente tenía que pasar.

La Prueba del Bastión había terminado y, como vaticinó, Juan Sebastian ocupó el primer lugar de forma indiscutida. Una marca histórica, un récord, incluso por encima del gobernante de la nación de las nubes. El tortugón se había ganado una estrella.

—¡Bien, Juancho! ¡Pero ni te creas que me olvido del cigarro! —advirtió a su compañero—. Cangrejo ahumado, lo que faltaba.

La siguiente era la Prueba de la Certeza.

—¡Atchú!

Tras un abrupto estornudo, Enji se limpió la nariz con el dorso de la mano y se empezó a fijar en los participantes de la prueba. El primero de ellos, un sujeto de máscara y ojos pequeños.

—¡Atchú!

Sorbió la nariz. ¿De dónde había venido ese abrupto catarro?

El segundo en pasar fue “No-Masami”, Bertram, el tirador de la División Sesenta.

—Ah… ahhh… —Le picaba la nariz. Demasiado—. ¡Ahhh…!

Miyori apareció en el escenario.

—¡AHHHH-NARANJITAAAAAHHHH-TCHÚ! —exclamó, los brazos en alto y la cabeza gacha tras un violento estornudo que le sacudió las ideas. Al levantar la mirada, sendos rastros de mucosidad caían de sus fosas nasales—. ¡DESTRUYELOS! ¡ATCHÚ! ¡Atchú! Ah… ah… ¡Atchú!

¡Cuatro seguidos! Era su nuevo récord.

—¡Puta madre! ¿Qué carajos me pasa? —Le dió una palmada en la espalda al golem sobre el cual yacía sentado—. ¡Venga, divaza! ¡Tú puedes! ¡Piensa que es la cara de tu ex o algo de eso! ¡Atchú!

Se estaba sintiendo verdaderamente mal.

—¡RUBIALES DESDE CUANDO HACES MIERDAS ROSA!

Pero lo daba todo gritando desde su cubículo.

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4097 + 0 = 4097
Energia: 3613 + 44 = 3657
Espiritu: 1450 + 0 = 1450
Con los puntajes generales anunciados, y sabiendo en que posición quedaba cada equipo al final de la primera ronda, ¿a quién le sonreiría la diosa de la Fortuna? Un espectáculo a la altura de las pruebas anteriores quedaba aún por venir, viendo que las diferencias entre los cinco primeros grupos no eran tan grandes… Y eso sólo podía significar que aún no había decidido. Todas las posibilidades de cambio y adaptación estaban sobre la mesa y cualquier jugada podría ser la decisiva.

— Pero esto no significa que hayáis ganado los juegos, no no noooo... ¡Esto sólo coloca las fichas en el tablero de cara a la partida definitiva! ¡Y esa es, damas y caballeros! ¡Laaaaas pruebas de combateeeeeee! — grité con muchísimo entusiasmo recibiendo la misma respuesta por parte del público — Para realizar esta prueba, en caso de que algunos de los equipos que vayan a participar hayáis perdido a un participante, podréis rescatar a uno de los eliminados, de vuestro equipo, para darle la oportunidad de estar en su equipo de cara a una posible victoria, o participación. — expliqué, aclarándome la garganta tras aquello.— Después de la hora de descanso que tendrá lugar entre rondas, tendremos un formidable enfrentamiento… — Dejé una pausa dramática, para darle más vida y emoción al asunto.

— ¡TENDREMOS UN ESPERADO ENFRENTAMIENTO DE DOS CONTRA DOS! ¡¿SE LO PUEDEN CREER?!—

Y un estallido, lleno de júbilo y jolgorio recorrió todo el estadio, haciendo que los pelos se me pusieran de punta. Ya ni sentía ese malestar, ¿fiebre? ¡La única fiebre que sentía era la del sábado noche! ¡OUUUUUH YEAAAAH!... Mentira, un poco mal si que me sentía.— ¿Qué cómo se dará este enfrentamiento, preguntáis? ¡Sencillo! Los equipos que habéis quedado en segundo, tercer, cuarto y quinto lugar, deberéis coger a un representante de cada uno de vuestros equipos y notificármelo durante la hora de descanso! — comencé a explicar, pasando mi bastón de correspondiente por los cubículos del equipo 9, del equipo 2, del equipo 1 y del 5 respectivamente.— De esta forma, ¡el integrante del equipo 9, deberá hacer equipo con el del equipo 5, y enfrentarse al dúo conformado por el integrante del equipo 2 y del equipo 1! ¡Según quién gane y el desempeño individual de cada uno, la puntuación que recibiréis será mayor o menor! — maticé, esbozando una sonrisa bajo mi máscara.— Y el equipo que, tras ese enfrentamiento, quedé en segundo o primer lugar en cuanto a puntuación… ¡Podrá enfrentarse al equipo número 6 en una majestuosa y épica final! ¡NO ES ESCALOFRIANTE!  — grité con la misma alegría. Me encantaba esta parte del torneo — Aun así, ahora es tiempo de descansar ¡así que volved todos a las gradas o a la feria y disfrutad del evento! Cuando tengáis decidido quién de vosotros va a participar en cada combate, y a quién queréis recuperar del público en caso de requerirlo, ¡venid a decídmelo a mi! ¡Os estaré esperando en los cubículos porque yo... ¡soy procubículo! ¡hya hya hya hya! — reí, haciendo que la grada me imitase. Era una broma de mucho tiempo atrás, años incluso, que seguía teniendo gracia a día de hoy. Qué buenos ratos se pasaban montando y desmontando cubículos, lloviese, tronase o hubiese un huracán.

— Mientras los participantes del mar azul y autóctonos de Shandora van abandonando la pista, mi estimado público, les informo de que, a mitad de descanso, tendremos en esta misma arena una representación artística autóctona de música dado, nada más y nada menos ¡que por un grupo venido desde el mar azul! — exclamé con energía. — ¡Viajando alrededor del mundo con su música, en busca de su hermana Mara! ¡Más os vale darle un calurosa bienvenida a la hermosa doncella Dona y a su banda musical The Cupids! ¡Un aplauso para lo que van a amenizar esta espera con su magnífica interpretación! — grité, apartándome con la nube y yendo hacia la zona de los cubículos cuando todos los participantes se hubieran marchado, dando dos palmadas y bajando de esta, que se lanzó a toda velocidad de vuelta al palacio en el que ya no se apreciaba a nadie en el palco. Fui a por una silla plegable, una pequeña mesa baja, una sombrilla y un refrigerio y me dispuse en plena comodidad para disfrutar de la espera. No iba a esperar una hora entera muriéndome al sol y sin sentarme ¡por favor!.

Los Juegos


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 12 invitado(s)