Alfred
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Fecha: 26 de primavera. Año 18.
Ni una hora, no había pasado ni una sola hora y ya mi suerte me la estaba jugando desde bien temprano…bueno, una suerte que bien me la merecía entonces por pecar de confiado de más, y habiendo bajado la guardia en un contexto en el que, más bien, debí haber agudizado más aún que en un principio.*Juro que como me la cruce de nuevo…* Pensaba con la ira que aún perduraba de aquella experiencia con la ladrona, y sin olvidar todo lo que aprendí por su culpa, si, dije bien, pues ni las gracias le quería dar al recordarla. Me encontraba caminando hacia la plaza, con mi zurda acariciando el punto exacto en donde mi rostro recibió la patada, mientras que en mi diestra agarraba con recelo la bolsa con mis pertenencias. Estaba buscando una posada que recordaba haberla ubicado en la plaza principal...pero mis esperanzas de que siguiera allá eran casi nulas, no me sería de extrañar a raíz de lo cambiada que estaba la aldea.
Tras un largo rato de caminata y de serpenteos entre las masas, con la guardia bien alta para evitar cualquier otro intento de hurto, por fin conseguí llegar a susodicha plaza, la cual, siendo el primer ‘’golpe de suerte’’ en lo que llevo de día, aun con la considerable cantidad de gente, era más espaciosa que las calles que conectaban con la misma, se podía ‘’respirar’’ en ese sentido. Continué caminando hasta el centro de la misma con tal de poder observarla en su totalidad con comodidad…y nunca mejor dicho, necesitaba un momento para sentarme en uno de los bancos y reposar un poco de toda la mañana.
Con mi bolsa aún sujeta y pegada a mi cuerpo, mi mirada se centró en buscar el que sería mi supuesto lugar de descanso para mi sería una muy breve temporada aquí, recordaba el estilo de la puerta y de la fachada, pero no el nombre. Con el paso de los minutos de ‘’vigilancia’’ más empezaba a quedarme en claro varias posibilidades: se habían desplazado a otra parte, habían cerrado el negocio, o lo habían remodelado por completo y no lo reconocía…Se me escapó un suspiro pesado de mis pulmones ante la idea de tener que callejear más, ahora que de seguro tenía una diana de ‘’objetivo tentador’’ para los ladrones que llegaran a ver lo ocurrido antes…Por el momento, todo cuesta abajo en lo que llevaba de esta ‘’nueva vida’’.
Arc A. Nine
Fuerza
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Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
100
60
21
21
101
101
34
34
10
40
Amanecía una mañana radiante en la isla mientras el Sol comenzaba a dibujar su trayectoria por el cielo despejado. La temperatura era agradable, aunque aún se percibía el frío proveniente de la madrugada.
Para ser primera hora de la mañana, el pueblo de Baquella ya gozaba de un generoso número de transeúntes recorriéndolo en todas direcciones; probablemente, cada uno con su propio objetivo del día.
Como venía siendo habitual desde hace unos meses, Nine visitaba el pueblo casi cada mañana en busca de algún trabajo que pudiera conseguir. A estas alturas, ya había conseguido algunos contactos que el facilitaban la búsqueda. Por ello, su primer destino seria la plaza principal, siendo este uno de los lugares más transitados del pueblo.
Una vez en la plaza, el lunarian se propuso visitar el anticuario. Allí se encontraría con el propietario, el cual ya venía siendo un cliente habitual. Pese a lo que se podía esperar del dueño de un anticuario, este era joven. De hecho, tenía una edad similar a la de Nine. Por lo visto, el joven dueño había heredado la tienda y los contactos de su abuelo, fallecido casi una década atrás.
La mayoría de los encargos consistían básicamente en transportar mercancías. Gracias a su capacidad de volar a velocidades considerables, el lunarian era perfecto para encargarse de llevar y recoger objetos antiguos entre la tienda y cualquier zona costera de la isla. El puerto del pueblo no estaba lejos de la plaza principal, pero no todos los contactos del dueño del anticuario se podían permitir atracar en el puerto por razones legales.
Curiosamente, pese a su horario habitual, el anticuario permanecía aún cerrado. Nine imaginó que el dueño habría ido al puerto a hablar con algún proveedor o algún cliente. Por ello, decidió esperar en la plaza mientras observaba por si se encontraba con algún otro conocido que pudiera ofrecerle un trabajo.
No pasó demasiado tiempo hasta que algo llamó su atención entre el incesante ir y venir de la multitud. Un joven de cabello oscuro llevaba ya varios minutos recorriendo la plaza con una bolsa firmemente abrazada contra su costado. No parecía prestar atención a las personas que lo rodeaban; sus ojos iban saltando de una fachada a otra con creciente frustración, como si buscara un lugar concreto que se negara a aparecer. << Parece estar perdido... >>
Sin embargo, no era el único que lo observaba. La mirada de Nine se desplazó unos metros hacia la izquierda, donde un hombre de aspecto desaliñado había comenzado a seguir discretamente al desconocido. No caminaba directamente tras él, sino describiendo pequeños rodeos entre la multitud, acortando la distancia poco a poco. Sus ojos no se apartaban ni un instante de la bolsa que el joven protegía con tanto recelo. El lunarian soltó un leve resoplido antes de separarse de la pared sobre la que descansaba. Aquel tipo estaba escogiendo una presa demasiado evidente.
El desconocido volvió a detenerse para observar el letrero de otro edificio. Fue entonces cuando el ladrón aceleró ligeramente el paso y estiró la mano entre la gente, convencido de que nadie repararía en él. Inmediatamente, una enorme mano morena atrapó su muñeca con firmeza antes siquiera de que pudiera rozarla.
—Si pretendes seguir usando esa mano, será mejor que no la acerques otra vez a esa bolsa mientras la Luna aún arde.
Durante un instante, el silencio pareció imponerse entre los tres.
Alfred
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12
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Como si de una vaga esperanza se tratase, retomé mis vistazos a los alrededores, '’cruzando los dedos’’ para que, por algún casual muy casual, llegase a vislumbrar la mencionada posada de una vez, y la motivación de ello ya no era la de simplemente encontrar en donde hospedarme, no….ya era cuestión de rabia, quería que al menos una sola cosa saliese bien hoy. Me había sumergido de más en ese intento más destinado al fracaso que al éxito, solo enfocando mi atención a donde mi vista se desviase, perdiendo la noción de todo lo demás.
Eso último no tardó en evidenciarse, pues, por lo visto, una mano se había acercado hasta mi bolsa, pero había sido interceptada por otra…mucho más grande en proporción incluso que las mías. Giré sobre mi propio eje con tal de confirmar de quienes se trataban, pero fueron más las palabras del imponente moreno las que esclarecieron lo que había ocurrido: el otro sujeto iba con intenciones de robar mis pertenencias, pero el grandullón le detuvo justo a tiempo…*No espabilo ni a la de tres…* Pensé en mis adentros frustrado, al no haberme percatado de ello antes, ya me habían robado, había aprendido la lección…y sin embargo, en más de un sentido, mi ira me nubló durante mi búsqueda…*Todavía me queda camino por delante…*
Inspiré por unos segundos para ya recomponerme, antes de comenzar a hablar.- Ufff…me imagino que vió lo que me ocurrió antes, y vio una oportunidad clara para robarme…- Resumí el que era un temor ahora confirmado: me convertí en un objetivo fácil al convertirme en el foco de atención en el robo de hace un rato. Entonces mi atención se dirigió al albino…y no iba a ignorar lo obvio, era enorme, bastante más del doble de mi estatura fijo, y las alas negras que asomaban de su espalda…¿Acaso son reales? Nunca había oído de gente que las tuviese, lo cual evidenció que a la educación básica que me instruyeron en donde mi familia faltó el conocimiento sobre la existencia de personas así…demasiado amplia, y muy poco específica. Cesé mis pensamientos y observaciones para dirigirme al moreno. - Muchísimas gracias por cubrirme…ojalá ya no lo intenten de nuevo si los demás han visto lo ocurrido…- Una vez más, esperanzas vagas que duran menos que un soplido.
Arc A. Nine
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C. de Akuma
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101
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34
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40
Nine dejó que el ladrón se marchase sin dedicarle una última mirada. A fin de cuentas, ya había dejado bastante clara su postura. En su lugar, centró finalmente su atención en el joven al que acababa de evitarle un segundo disgusto.
—¡No es nada! Es que no soporto a los ladrones. Pienso en ellos y siento que la Luna aún Arde dentro de mí...
De repente, la llama se avivó con fuerza sobre la espalda de Nine. El lunarian trató de recuperar la calma de inmediato.
—¡No parece que hayas tenido un comienzo especialmente afortunado en Baquella.
La mirada del lunarian recorrió durante unos instantes al muchacho, deteniéndose finalmente en la bolsa que aún mantenía junto a su cuerpo. Después volvió a fijarse en él. Había algo en su forma de hablar que dejaba bastante claro que aquello no había sido el primer inconveniente de la mañana.
—Pareces perdido, quizás esa sea la razón por la que llamas tanto la atención de gentuza como la que acabas de ver.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Nine mientras descruzaba los brazos. No parecía especialmente preocupado por la posibilidad de que aquel hombre volviera a ser víctima de otro robo. En una plaza como aquella, alguien con semejante tamaño y unas alas tan llamativas no pasaba precisamente desapercibido.
Fue entonces cuando reparó en la forma en que el desconocido había estado observándolo.
—¿Tengo algo raro en la espalda? Si es por mis alas... Sí, son reales. ¿Acaso tienes algún problema con ellas?
Por unos instantes, Nine mantuvo la mirada sobre él, tratando de discernir si aquella curiosidad escondía alguna clase de desprecio. Al no encontrarlo, su expresión terminó relajándose. Durante años se había acostumbrado a que las personas reparasen en sus alas, en su tamaño o en cualquier otro rasgo que lo diferenciase del resto.
—No eres el primero que se queda mirándolas de esa manera. Supongo que no habrás tenido demasiadas oportunidades de encontrarte con alguien como yo.
Desde el momento en que había puesto la mirada sobre él, Nine parecía mostrar cierta curiosidad por aquel desconocido. No tenía pinta de ser un lugareño y, por lo que acababa de decir, tampoco parecía conocer demasiado bien Baquella. Además, llevaba un buen rato buscando algo por la plaza sin encontrarlo.
—Por cierto, si estás buscando algún sitio concreto, quizá pueda ayudarte. Llevo meses viniendo prácticamente a diario y conozco esta plaza bastante mejor de lo que me gustaría admitir.
Después de detener un intento de robo, Nine comienza una conversación con lo que para él es un extraño por el cual comienza a mostrar curiosidad.
Positivo:- Voz temida
- Exceso de confianza
- Extrovertido
- Analítico
Negativo:- Honesto
- Charlatán
- Tic
- Muletilla
- Ruidoso
- Animadversión
- Fanático
Alfred
Fuerza
Resistencia
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C. de Akuma
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Al final el bribón se fue sin siquiera mediar palabra, ni un cruce de miradas había hecho falta y creo que era lo mejor, porque de seguro con lo mínimo me hervíría la sangre y no habría acabado muy bien la cosa que digamos… -Uffff…- No pude sino suspirar de alivio, liberando la tensión interna con la que había estado cargando desde hace ya rato, pero ya lo que era serenarme del todo…todavía quedaba un poco.
Me puse a prestar atención al albino con atención, dándome a entender que era alguien muy enérgico, también que ya eran dos veces a las que hizo alusión a una luna ardiendo, aunque más parecía que su espalda era lo que estaba en llamas realmente, no, no lo digo metafóricamente, sino literal, ¡tiene fuego en su espalda! pero este aflojó en el mismo momento que se tranquilizó…Cada vez más preguntas y, en proporción, también curiosidad. Pero antes de eso, era más importante responder. - Me calaste pero bien, de hecho…ya intentaron robarme antes, recuperé mis cosas, pero… bueno, desde entonces con una diana a la espalda para los demás, como viste.- Dije con un tono casi sarcástico, pero más con la intención de alivianar lo ocurrido que otra cosa.
Entonces su mirada cambió, a una más alerta hacia mi persona…y sus palabras me dieron a entender el motivo de ello, notó como observé sus alas, y por lo visto le había ofendido por ello. En ese cruce de miradas notaba como si estuviese a puntos e tener un escalofrío, no en el buen sentido, sino en el sentido de que la tensión estaba subiendo, y no se me ocurrían palabras para responder así de inmediato, pero luché internamente para mantener mi compostura, que no se externalizara un temor que no tenía lugar en este momento, escapándose de mi una rascada de nuca con mi diestra. Pero fue cuando comentó sobre que no era el primero que se quedaba contemplándolas. - Para que te hagas una idea…lo más extraño que he visto en lo que llevo en el mar no pasa de una persona que mida poco más de dos metros, así que…imagínate, xexexe.- Confesé, y mi tensión desapareció, al punto de que se me escapó mi risa.
Cambiando de tema el albino se ofreció a ayudarme a buscar el lugar que estuviese buscando, respaldándose en su estadía prolongada en esta isla, conociendo de sobra los rincones del pueblo. Por unos momentos desconfíe, lo normal teniendo en cuenta el día que llevaba y todo lo ocurrido hasta ahora, esto podría ser una trampa, pero por sus formas no parecía que fuese el caso, no bajé la guardia del todo, y ya me mentalicé. - Pues... me vendría muy bien, la verdad…llevo buscando una posada que había cerca de esta plaza, pero no doy con ella de ninguna manera…peeeero no recuerdo el nombre, así que, si, de base pinta complicado.- Una confesión más…y otra más que ya era propicia de hacer. - Por cierto, puedes llamarme Alfred.-
Alfred resume lo que le ocurrió antes de llegar a la plaza, y se tensa ante las palabras de Arc cuando se percata de que miró sus alas y llamas a su espalda, pero al conseguir responder se relaja, y acepta la ayuda de Nine para buscar la posada, no sin antes presentarse antes.
Karmas:
Tic.
Risa excéntrica.
Charlatán.
Cotilla
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