[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#51
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Estoy justo aquí, María.

La voz del masculino eclipsó todo lo demás: ruido, personas, música. Los orbes ámbar de la semi sirena detallaron aquel rostro hermoso, y cuando la mano le dio un suave toque en la frente, no supo como procesarlo. No dolió físicamente pero causo una onda expansiva desde ese punto hasta más allá de su alma. Decían que el aleteo de una mariposa podía causar desastres al otro lado del mar. ¿Era a esto a lo que hacían referencia? Aunque tuviera todo el tiempo del mundo en ese momento, no sabría como unir las piezas que los grillos en su cabeza iban soltando. La adrenalina, las sorpresas, la emoción a flor de piel de aquellos juegos… no la ayudaban a descifrar lo que sus confusos sentimientos le gritaban en un idioma que nunca había escuchado.

Sólo tienes que mirarme.

¿Necesitaba entenderlo ahora? No, quizás nunca lograría comprender la conexión inexplicable con el hombre frente a ella. Tal vez, después de todo, si era una estrella, no Beltegeuse sino fugaz, que aparecía en su vida cada cierto tiempo para hacerla estremecer y experimentar sentires sin nombre, sin nada previo con qué compararlos, y por eso lo llevaba a no buscar el significado, no cuando siempre fue más fácil escuchar a los grillos que enfrentar lo desconocido con consciencia, porque la inconsciencia era mucho más fácil.

Ámbar sobre cerúleo. Esos ojos tan únicos, profundos, las ventanas a una espiral que podía arrastrarla a tierras desconocidas. El aire entró a sus pulmones como siempre lo hizo pero esa vez fue consciente de ello, deteniéndose con una duda sobre su pecho que latía en busca de algo desconocido, de algo a lo que no podía ponerle nombre ahí mismo. ¿Tristeza? ¿Nostalgia? ¿Ira? ¿Alegría? ¿Cansancio? No, no encontraba como definirlo, el suave exhalar que dejo sus labios, vino más de su espíritu que de su cuerpo y con ello una sonrisa de monalisa que la hizo ser la primera en romper el contacto… ¿Estaba volviendo el malestar de antes? ¿Por qué volvía su estomago a doler? — … te veo… creo — musitó a las palabras del hombre, mientras miraba a un lado, a nadie en particular, luego regresó su atención a él, viéndolo debajo de sus preciosas pestañas… con un brillo sin nombre, que deseaba explotar y expandirse ¿Tendría la oportunidad?

Al parecer no, cuando estaba a punto de comentarle sobre la Estrella Beltegeuse, alguien los interrumpió. La risa que tanto le gustaba la sacó de la burbuja con el masculino. Un lugar conocido y seguro: Su esposo de mentiras. Eso la hizo despertar del ensoñamiento, uno que nunca antes experimentó… y aunque fuera valiente y precipitada, a veces hasta ella se asustaba… era medio humana después de todo, la zona de confort la abrazaba y anclaba a la locura de su vida —  Bertram Gaufrid — la mestiza llamaba por su nombre a pocas personas, el pelirrojo era uno de ellos. Por alguna razón, desde el foso y la imagen mental que construyó de él, no pudo sacarle un apodo. Se trataba de una recreación de los grillos sobre aquellos a los que veía poco, como sucedía con el peluche marrón o el príncipe Einar —  … ¿te sientes mal también? ¿te dolía el estómago? Me sentía más con nauseas, Algodón de Azúcar dijo que podía ser el cambio de altitud, sea lo que sea eso… — preguntó genuinamente preocupada por el caballero marine —  … pensé que me sentía bien pero hace poco sentí otra vez cosas raras en mi estomago — le comentó asociando lo que generó el albino en ella con el malestar curado que tuvo en la arena — ¿Comandante Luces? — repitió para si misma. Luego llevó la mano a los labios propios para soltar una baja y preciosa risa ante el apodo. Al parecer, el Malvavisco debía ascender en su escala de motes también, a uno mas radiante, brillante y ajustado al aura divina que lo rodeaba… inalcanzable como una estrella, aunque él dijera que estaba ahí, aunque el tocará su frente para sentirse real.

María Merlot no pensó mucho sobre que ambos hombres se conocieran, siendo marines parecía lo más lógico… ¿Conocerían al Tomate, Al Regaliz, Al Kiwi, Al Tipo Guapo del Periódico? Tal vez sí, seguro todos participarían en esa comida de la cual comentaba el Perfecto Marine Pelirrojo.

¿Navidad? ¿Qué es eso, BerBer? ¿Tienes fiebre?

¿Fiebre? Esa pregunta hizo enfocar la atención de la mestiza en su esposo de mentiras, fruncir el ceño con preocupación, sin restarle belleza. ¿Debía llamar a Hyakinthos? Lo hubiera hecho pero el intercambio entre ambos fue más rápido que su decisión, y más cuando a su lado apareció una persona inesperada.

¡Toc, toc! Hola, Reina. Soy Masami.

La atención de la mestiza, la que estaba en el intercambio de los dos hombres fue desviada hacia un tercero. ¡El compañero de equipo de su Unnie! La avalancha de palabras, energía y alegría la invadió, sonriéndole de regreso y sobreponiéndose a lo incomodo que fue ser tocada sin previo aviso, sino lo hubiera visto antes desprender la vibra agradable en el Cha Cha Chá hubiese rechazado el toque. ¡Masami! Le gustaba como sonaba. María rio ante su diatriba y más cuando nombro su lado cebra, uno que no le desagradable pero la hacia sentir maldita. Pocas personas hablaban tanto como ella, y menos transmitían tantos colores, flores y dulzura. ¿Acaso esto era amor a segunda vista? — ¿Fruta del diablo? — repitió confundida, no sabia que era eso pero… había consumido una fruta que la maldijo, muy buena referencia a algo muy odiable — Antes me gustaban mucho las frutas pero ya no. ¿A que son geniales las cebras?  En el agua soy mucho más rápida ojalá hubiera habido una piscina aunque... — se calló no quería ir por ese camino, de recodar que ya no podía nadar, no valía la pena a esa altura.

Me llamo Masato Ami, pero todo el mundo me dice Masami. Soy de la división 80 de la marina, el cantante, el de las maracas, por si no se notó, Fufufu!!

¿Cantante? ¿Maracas? ¿División 80? — Si, si, si. Lo note, ese Cha Cha Chá fue maravilloso aunque ese gatito negro pareció no saber apreciarlo, quizás necesita que le cantes y maraquees más, eso o que le hagan mimos en su pancita — intercambió palabras con él sin dejar de sujetar sus manos. ¡Que fácil hablar con alguien parecido a su propia personalidad! Tanto así que paso por alto el enfrentamiento verbal de los marines masculinos. Aunque algo cotillo sobre “tramposo, ayudas, contramaestres, luces”.

Eh, María.

La voz del “No por Mucho Tiempo Mas: Malvavisco”  la hizo prestarle nuevamente toda su atención, girándose hacia él, soltando a Masami en el proceso — ¿Si? — preguntó esperando una de sus sonrisas fáciles, sus gestos encantadores, su radiante estampa. Otra vez, esa mirada intensa sobre ella. La hizo sentir… mal del estómago. Cuando rompió la distancia, se sorprendió pero no se apartó. La luz del malvavisco no venía de algo visible, sino de una energía mucho más fuerte que la hacia orbitar a su alrededor.

El toque suave.
Esta vez en su mentón.
Una corriente la embargo.
La respiración se detuvo.
El malestar revoloteo con fuerzas.
El mundo dejo de girar…
Un beso en la mejilla…
Uno muy cerca del inicio de sus labios…
Blanco, vacío, silencioso.

La joven parpadeo varias veces, llevó su diestra justo al sitio donde antes estuvieron los labios del albino. Escucho sus palabras, solo su voz llegaba a ella, el ruido de fondo se amortiguó. ¿Estaba intentando apuntar a otro lado, qué lado? ¿Su contacto Den Den? ¡Era un Marine! ¡Ella una pirata! ¡Su Unnie la mataría! ¡Algodón de Azúcar la regañaria! ¿Importaba? En ese momento no, no cuando la caricia sutil de sus dedos sobre su piel la atrajo a su territorio, por un segundo entrecerró los ojos dejándose abrazar por esa calidez… ¿Siempre se sintieron así las caricias? No, nunca… eran asquerosas, repulsivas, nauseabundas. Frotar hasta desgastarse la piel es lo que seguía para ella luego de ser tocada por otros pero ahora… algo en su interior le susurró, que tal vez y solo tal vez, no lavaría durante el resto del día esa zona — Si — habló bajo muy bajo con la voz envuelta en una dulzura tan propia de ella pero a la vez tan distinta a lo habitual. Escuchó cada dígito, lo grabó en su mente. ¿Lo usaría? ¿Sería tan insensata?

Dado que mis compañeros marines son expertos en interrumpir, les daré el gusto.

La ausencia de su toque la atrajó de nuevo a la realidad. Poco a poco la música del concierto volvió a amenizar el encuentro. Los gritos, vitoreos, y la festividad volvieron a cobrar vida, al igual que el sujeto de cabello negro y su esposo de mentiras. La mestiza sonrió, algo confundida… no sabía que paso, fue como salir del plano actual, viajar y regresar. Cada día más real su apodo (Reina de Estrellas), cada día más real su ensoñación — … mi deuda contigo crece y crece, arroz y una historia. Lo cumpliré, Malvavisco. Así me lleve toda una vida — la sonrisa que le dedicó no fue amplia y encantadora, fue ladeada y cargada de una promesa que iba a cumplir, aunque ello le llevará mil años.

Cuando se fue, se sintió como si la luz cálida del atardecer desapareciera pero aun quedaban su barra, Masami y su esposo de mentiras, al que observó por un momento — … ¿Te quedarás, Bertram Gaufrid? — le preguntó, volviendo a sentarse, dándole  a entender que el puesto a su lado derecho estaba libre. La atención de la joven regresó a Masami, quien le había comentado que su cara le parecía familiar — … Cha Cha Chá no te recuerdo, los de la mala memoria son mis nakamas. Solo conozco a dos ángeles, uno de ellos mi Príncipe Einar, sus alas son como las tuyas, creo…— conversó con él, como si fueran dos amigos de larga data sin verse.

El concierto acabo. Cosas pasaron en la arena. Una carpa. El Dirigente anunciando la continuación. Indicaciones aquí y allá. Un discurso de un hombre como Brownie. Las palabras la hicieron pensar en… cuanto había por desentramar en esa isla tan peculiar. ¿Clases sociales? Ahora que decía algo así, si podía observar cierta diferencia en las vestimentas y uno que otro trato más favorable a los de tez negra. El evento, las semifinales comenzaron — … ¡Vamos Bombón! — gritó desde su posición, esperaba que la mujer ganará en honor al grupo #9, las palabras que le dedicó antes, la harían pensar pero no ahora sino más adelante — ¡Es cierto! Mi Campeón estaba en tu cubículo… ¿Dónde lo dejaste, Bertram Gaudrid? ¿Viste su peinado? Se lo hice yo, el mechón rosado es mio, el anaranjado de Vivi, si mi Unnie no estuviera calva también tendría uno verde — le explicó al pelirrojo, luego volteo a ver a Masami — ¿Quieres que te trence el cabello? Te veras precioso con un estilo más… angelical, mira como algunos tienen rastas — le propuso ya imaginando cuanto podría hacer con ese maravilloso cabello largo azabache. ¿Debería regresar con sus nakamas? No, aun no, solo un poco más con ellos…



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#52
En medio de la multitud se supone que no tendría que preocuparse por nada ni por nadie, podría dejar de sufrir de pie bajo el inclemente sol de la isla celestial y podría refrescarse con cerveza, vino, hidromiel o cualquier otro licor que estuviera a su disposición, incluso pensó en compartirle una botella a Merlot ahora que Maki había bajado al escenario junto con la chica de cabellos naranjas y la tal Donut; sin embargo, antes de que pudiera proponer algo más, la siempre sociable pecrebra saludó a un sujeto al que, hasta ahora, él no le había prestado atención. El médico giró un poco su cabeza para alcanzar a observar al hombre al que Merlot llamaba Kiwi, el problema es que, al verlo, el pirata tuvo que hacer un esfuerzo tremendo por no terminar escupiendo su cerveza sobre el velo que cubría parte de su rostro y que solo había alzado levemente para permitirse tomar algo refrescante.

¡Un marine!

¡Un maldito marine!

Debía ser su día de mala suerte.

Una cosa era ver a los marines desde lejos, abajo, en las plataformas, en donde todo estaba controlado por aquel Detergente que según entendía era el favorito de la gente y una cosa muy distinta era ver a uno en las gradas sentado tan cerca de él como de Merlot… ¿Acaso María había olvidado que ahora tenía una recompensa por su cabeza? Y eso que él era el de la mala memoria.

El pirata tuvo que deslizarse en su asiento, dejar su cerveza a un lado y ajustar el velo sobre su cara en un intento casi inútil de que el mink leopardo con uniforme de la marina no lo reconociera, aunque era difícil considerando que la misma Merlot se levantó de golpe y le dio la “orden” o, más bien, la “sugerencia” de quedarse a un lado del tal Kiwi.

Esa chica…Ya vería cuando regresara, se encargaría de castigarla con lo que más quisiera, a menos que le trajera un buen tributo, claro está.

—¡MER…! ¡SIRENA, ESPERA! —A pesar de todo quiso gritar para intentar detener a su compañera, pero fue inútil, considerando que ella se había adelantado bastante y que tanto la música de The Cupids, Maki y Melón como el bullicio de la gente, impidieron que su voz pudiera llegar a los oídos de la mestiza.

Maldijo su mala suerte…Había quedado como compañero de asiento de un marine… ¿Y si corría a otro asiento? No, no podía, eso se vería aún más sospechoso, además, aparte del asiento de Maki, el de Miyori y Merlot, el resto de los puestos parecían ocupados y, vamos, no tenía ganas de caminar tan lejos…de todos modos… ¿En dónde estaría el grandulón que los acompañó en el camino? El sandwichero, si el aparecía se sentiría aliviado y salvado, pero en medio de tanta gente no lo divisaba.

Suspiró y se deslizó aún más en su asiento, haciéndose el tímido ante el marine y apenas levantando su mano para saludar, pero sin decir ninguna palabra, claro, todo esto mientras se mordía con fuerza la lengua para intentar tranquilizarse.

¿Cuánto tiempo más pasaría en esa posición?

Ni siquiera pudo disfrutar el concierto como era debido ahora que se sentía vigilado, por eso, cuando Maki por fin dio las gracias, derrochando toda la energía que era típica en ella, el corazón del médico dio un vuelco, eso significaba que volverían con él a las gradas… ¿No? No pudo contenerse más, ya había sido suficiente de estar quieto, así que se levantó para aplaudir y más al notar la mirada de Maki buscando la de conocidos en el público. No podía negar que, a pesar de no haber podido disfrutar como era debido, ambas chicas habían hecho una excelente presentación.

—¡MAKI, MELÓN! ¡LAS DOS SON ASOMBROSAS! —Gritó desde su puesto, mientras que apoyaba sus manos en el respaldar del asiento de enfrente, casi desesperado, como un niño que espera que regrese su madre. —¡PERO AHORA REGRESEN AQUÍ, YA! —No sabía si habían escuchado eso último, pero si notó que ambas mujeres empezaron a caminar justo al sitio en las gradas que ahora compartían con el mink leopardo.

No pasó mucho tiempo para cuando ambas mujeres estuvieron a su lado, siendo Maki la primera en tomar la palabra…ahora se veía mucho más tranquila y menos enojada que cuando le habló antes por den den mushi.

—¡Capitana! Nunca pensé que diría esto, pero que bueno verte de nuevo por aquí ¿Cerveza, vino, hidromiel? Pídeme lo que sea y me aseguraré de ir al mercado a conseguírtelo si es necesario —. Haría lo que fuera para alejarse de ese lugar, aunque con su mala orientación quizá eso no sería una muy buena idea, además…algo más captó su atención… ¿Qué había invitado a quien a qué cosa? Parpadeó un par de veces, procesando aquella información para luego mirar a Maki y después a Miyori y así repetidamente un par de veces más.

—¿Aaaaah? Espera…espera… ¡LA ACABAMOS DE CONOCER! No te ofendas Naranjita, eres fabulosa, tienes buen gusto, tocas espectacular y tu puntería es envidiable, pero…tsk…no podemos aceptar a alguien, así como así… ¿No es así, marine? —Debía estar loco o algo borracho, porque sí, le había dado un par de sorbos a su cerveza mientras intentaba pasar desapercibido, para pedirle ayuda al mismo mink marine al que había estado evitando hasta ahora. —¿Acaso aceptarían a alguien en su división sin siquiera conocerlo de nada? Porque yo creo que no…aunque quien sabe, a ustedes los ponen a seguir órdenes y si le mandaran a un extraño seguro que lo aceptarían, así fue como pude entrar a una…Jmmm…nada…creo que estoy hablando de más… ¿En qué estaba? ¡Ah sí! ¡Necesitamos conocer más a Naranjita antes de aceptarla! ¡Agh! Aunque… ¿De verdad eres navegante? —Al preguntar eso sus ojos brillaron y pasaron de la indignación a la esperanza…No lo malentiendan, adoraba a Merlot, era su mejor producto, pero como navegante, casi que lo hizo ver estrellas y no de una muy buena manera, ni siquiera sabía como es que sobrevivieron a esa corriente endemoniada por la que subieron hasta esta isla.

—Porque un navegante sí que nos vendría bien…Jmmm…cambio de idea, hablemos Melón —. No podía evitar cambiarle el nombre cada tanto. —Ven, siéntate a mi lado y dime… ¿Qué prefieres beber? ¡Ah! Por cierto —Hizo una pausa en su diálogo, como si hubiera recordado algo importante —... ¿Han visto por aquí al Sandwichero? Parecía amigable, pero entre tanta gente no logro divisarlo —. Colocó su mano sobre su frente, como una visera para hacerse sombra y ver a su alrededor. —Y también… ¿Por casualidad vieron a Merlot de camino acá? Dijo que iba a atender un asunto y no ha regresado —. En ese momento la voz del Dirigente se silenció para dar paso a la de un Lunarian que parecía ser bastante apreciado por el público y pudo entender el porque al escuchar algo de su discurso, aunque, cuando este terminó, los ánimos volvieron a volcarse por completo en aquel evento y en las futuras competiciones que se darían.

Vio salir al escenario al Detergente y luego de hacer la presentación de la siguiente ronda, la arena perteneció a aquellos que habían logrado pasar de fase… ¿Esos eran Jin y el cocinero? Eso no se lo esperaba, pero no fue lo que más lo impactó, si no lo que vino después. —Pero… ¿Qué? ¿Qué acaba de pasar? Eso… ¿Eso es normal? —preguntó al aire al ver la transformación de su conocido, el yakuza, quien lo dejó más confundido de lo que estaba antes… ¿Desde cuándo era uno de esos usuarios de fruta del diablo? El médico abrió la boca, sorprendido, dejando de pensar tanto en las preguntas que había hecho antes como en el hecho de que, por ahora, tenía de “vecino” a un marine.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
#53
El viajar con el compañero mink en mi mano me reveló lo paciente que qué es, lo mismo lo liviano que parece llevar gente cuando se es un gigante. Lo que siempre tenía presente era de no hacer un movimiento que pudiera ser busco con mi equilibrio, cosa que no fue difícil para alguien con un porte como el mio. No es como que tuviera una tabla clavada en la espalda, pero no me iba tropezando con las cosas. Incluso de no ser por su voz cerca de la oreja por un instante hubiera olvidado que lo llevo conmigo. 

— ¡Mirala! Pero a esa guitarrista la conozco. Es Maki la guitarista. — Me percataba que lleno de mi emoción ante su despliegue de la guitarra. Su habilidad con la música me recordó que ella casi me mata por tocar esa cosa. La cercanía con la que tocó e hizo su despliegue, de la misma manera como comenzó a llevar el espectáculo de Miyori a otro nivel al volver un dueto invitado a la actuación de Mara y Dona. Miraba con atención y buscaba la manera de vitorear a ambas artistas, al punto que me daba la impresión de que llegaba a ellas y me miraban de vuelta, igual es que soy un tipo muy grande y de que ella estaba tocando para dar el mayor de los espectáculos. Que bueno que se les dió esta oportunidad.

— Imagina lo que lograrían de tener su prop… ¿io grupo?— Mi atención cambió de foco al escuchar que el compañero Mink hablaba con alguien. Mis aplausos cambiaron de compas y se salieron del mismo. — Habla conmigo señor… — Mi mirada se hizo de la atención con Bai, sutil hizo mis cejas alzarse en sorpresa que no pudo contenerse, su postura de estar sentado en el coliseo se acomodó ligeramente al ver aquella conocida. ¿Entonces Bai y Sangolao se conocen? No podía hacer esa pregunta, pues con solo verlo allí estaba la respuesta. Lo que más me sorprendió es que podían comunicarse tranquilamente, antes para hablar con Bai había que usar a un amigo intérprete y él parece que puede comunicarse de manera excelente con ella. ¿Entonces él es su maestro también? ¿Sería que el señor Sangolao también le sabe a las espadas o sera otro tipo de maestro? Igual y alguien con tanta experiencia tiene mucho que enseñar, no solo artes marciales. 

Note que mientras venía a nosotros y que el señor Zhang hablaba de acercarnos. No pregunté y tampoco esperé indicación, proactivo serví de plataforma y acerque al mink equino al las gradas con la extensión de mi brazo. Cómo una plataforma que te acerca donde quieres lo puse lo más próximo. Mi tamaño cambió para llevarme a una altura de cuatro metros. Era ese rango de alturas que superan mi altura pero me dejaba a una altura similar a otros de mi raza, era un tanto incómoda, pero la tomé consciente de que estaría cerca de ella, la última vez yo era el más pequeño. 

Hablaban de un tercero. Parece que esperaban a alguien o bueno, esa fue la impresión, no quería interrumpir el re-encuentro pero sí mire hacia donde hacían gestos, vi a la chica contra que competir, no se acercó, entonces no era ella a quien esperaban. No luce tan animada como en la competencia.
Contenido Oculto
 


Mi atención se vuelve a poner sobre Bai y sonrió. — El gusto es mío. Solo que ya habíamos cruzado caminos. Un gusto volver a encontrarte. — Extendí mi mano hacia ella cómo un saludo. Bueno me dobló un poco como una ligera reverencia para que aquella virilidad salvaje que no se notara demasiado, no me molestaba que la pudiesen ver, solo no quería impresionar tanto con sus dimensiones.

Miré con claridad, hacia el centro del coliseo, luego busqué al hombre en la nube, cuando el hombre que hacía brillar todo este evento junto a su espectacular presencia. Señor quiero tener los talentos de artista necesarios para ser un maestro de ceremonias como usted. Miré a Zhang y a Bai un instante, no quería que se fueran. —¿No hay problema si los acompaño? — Dije siguiendo los pasos que ellos hiciesen hasta las gradas donde podríamos ubicarnos al magno evento. Se venia un combate dos contra dos, quizá fue mejor no haber clasificado, luchar para dar espectáculos sería lo mejor para aquellos amantes al combate. De todos el menos indicado para una lucha sería yo, aun cargaba conmigo secuelas del Joy Park, cosas que no había dejado ir, no las pensaba pero siempre que una oportunidad de medirse en combate se acercaba no podía evitar pensar en eso. Necesitaba experiencia y la oportunidad de medirse y hacerse fuerte o ese temor siempre lo perseguiría. 

Apretó sus manos. Sintió las guanteras que había adquirido. Ni todo el dinero que pusiera en equipos lo hacía sentir seguro. La cosa era simple, siempre que tocaba luchar había confiado demasiado en cualidades brutas y no había refinado las mismas. Miró al hombre alado que ya había avanzado en su discurso un poco, era un hombre que se me daba el aire de tranquilidad. Pero no podía obviar sus palabras, el mismo, que ahora comparte un espacio en la tarima de un evento tan importante aquí me hacía sentirme reflejado con él. En qué punto del camino estaría yo, para alguien que transcurrió su camino entre las sombras para llegar a la luz que expresa parece que no es un trayecto fácil. Sus palabras que más que dirigidas a mí, están dirigidas al pueblo de Shandora, gente con la que tengo vínculos y parecidos me ha dejado mucho que pensar sobre qué quiero hacer y eso me estresa, que todo sea tan intenso y personal. 

Quizá necesito aprender una cosa o dos sobre muchas cosas. —¿Ustedes tienen planes sobre qué harán luego de los juegos? ¿No les gustaría conocer un poco el lugar y su cultura?— Propuse antes de que se mostraran los gladiadores, buscaba ver si habían actividades que ellos quisieran hacer y ver si podría compartirlas y podía enlazar caminos con fines similares con ellos, aunque ahora que sacaba cuentas seguramente ellos serían dueños de algunos de los barcos que había visto en la playa, no todos esos barcos eran marines. 


Jackson cantado Chicago
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#54
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos

"Come Abuelas". Qué apodo tan llamativo e interesante. Si alguien más tiene que formar parte del Ragnarok, sin duda ha de ser un tío al que llamen "Come Abuelas". Me quedo pensando en la idea mientras la música del concierto nos envuelve como una sábana. Y al que no, el que pueda escuchar algo por encima de todo ese follón, ya se queda sordo con el éxtasis de Ubbe, que celebra cada canción tan motivado como una quinceañera frente a su ídolo. A mí no me va ese rollo; suena a música de debiluchos y mujeriegos. Nada como un buen grupo de taberna o los tambores de la guerra anunciando la catástrofe.
Me rasco la barba, abstraído en mis propios pensamientos, cavilando sobre si he puesto demasiada responsabilidad en los hombros de un joven humano y si debo ser yo quien baje a la arena en la Gran Final, a expensas de lo que opinen los demás. Las opiniones ajenas siempre me han chupado un huevo y parte del otro, evidentemente. Y nunca será diferente; ese es mi privilegio por ser el más fuerte. Eso no quita que tenga respeto por el equipo y la victoria. Detesto a los Marines y su manera de vivir tan estricta. Es horrible. Aun así, ahora remamos juntos hacia la victoria. Eso va por encima de todo. Ganar. Ganar, comer y follar. No hay nada más importante. Y para ganar hay que respetar al equipo y confiar en él. Espero no estar equivocado con el muchacho. Y espero que no se me cante bajar cuando nos toque, porque sé que no me va a frenar nadie. ¡Jarul Jul Jul Jul...! Sigurd nunca deja de ser Sigurd.

Odiseo es quien me devuelve a la realidad con un toque de codo agresivo contra mi espinilla. -¡Ouch!- me quejo, mirándolo con cara de incomprensión -¿Qué coño quieres?- Me advierte de la marcha de Ubbe. El idiota está tan despistado entre el concierto, las mujeres y la comida que no se ha dado cuenta de que debe participar en los juegos. Va como semifinalista. Estoy convencido de que llegará a la final; no me cabe ninguna duda. -¡¡ADIÓS, CAGAPRISAS!!- le grito mientras sale despedido hacia la arena. -¡¡MÁS TE VALE DEJARNOS EN BUEN LUGAR!! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- Sí, buenas palabras de apoyo.
Aprovechando que todo se prepara, creo que es un buen momento para hacer de capitán. -Oye... ¿Tú sabes quién es ese tal Karma?- le pregunto a Odiseo. Lo sabe. No solo sabe quién es, sino que me rectifica. Dharma. Buen nombre. Tiene fuerza. Al parecer, nuestro muchacho ha estado atento a lo que sucedía entre los diferentes grupos y lo conoce de periódicos pasados. Hablamos de un criminal reconocido. -Bien... Pues vamos a buscar al Come Abuelas. Quiero ver qué pinta tiene.- Me levanto y doy una vuelta sobre mi propio eje, incitando al Hijo del Ragnarok para que me ayude a encontrarlo.

Doy un paseo por la grada siguiendo a mi pequeño grumete, el superviviente. Voy observando de un lado para otro, a ver si lo distingo de alguna manera: por su complexión prominente, por su cara de pocos amigos, por lo intimidante que puede resultar un tipo con semejante título. Da igual las veces que me ilusione con alguien; Odiseo sigue hacia delante sin detenerse. -¿Nos vamos a ir a la otra punta o qué...?- le comienzo a recriminar a medida que nos acercamos al centro de las gradas.
Mis ojos siguen buscando al elegido, hasta que se topan brevemente con...
Imposible. 
¿Estoy acaso viendo a la criatura más atractiva del planeta? Sí. La respuesta es sí. Y mataré a todo aquel que opine lo contrario. Mi cuerpo se paraliza por completo. Es Marine, diminuta en comparación conmigo y tiene cara de niña pija que ayuda a ancianitas a cruzar la carretera. Dos polos opuestos. Sin embargo, como un imán, me siento atraído a más no poder. Olvido por completo mi objetivo y me centro en escalar las gradas, apartando a la gente sin perderla de vista. Está sola. Aun así, no parece tenerme miedo ni escandalizarse al ver cómo una montaña de músculos se le acerca inequívocamente. O, al menos, lo sabe disimular muy bien. Es valiente. Eso me gusta. Cuando la tengo delante, doblo la rodilla y me postro frente a ella como un servil caballero de leyenda, derrotado por sus encantos. Completamente hechizado, extiendo mi mano desnuda para acariciar su mejilla, pero freno a mitad de camino, siendo consciente de lo imposible del gesto. Demasiado bruto para tratar a una flor tan delicada. Mi rostro refleja una profunda admiración, con las pupilas dilatadas, los labios temblorosos y un rubor tenue en las mejillas. Con profunda honestidad y suavidad, me declaro. -Eres la obra de arte más bella que he visto jamás.- Y es que lo es. Su aspecto adorable pero tenaz, su rostro esculpido por los mismísimos dioses, la silueta perfecta tras ese uniforme ajustado. ¡¡Y ENCIMA TIENE DOS KATANAS!! ¡¡¡SEEEEEEE!!! Siento un ligero pinchazo en el gemelo al mismo tiempo que dicen mi nombre a la espalda. Decido ignorarlo y seguir. -Si me lo pidieras, te entregaría el mundo en llamas. Conquistaría islas a tu nombre.- Expreso aquellas palabras con toda la solemnidad y el enamoramiento posibles. Otra vez el toquecito y el nombre. -Me llamo Sig...- Odiseo me interrumpe por tercera vez. 
Hago una pausa, evidentemente, mientras cierro los ojos y suelto un suspiro profundo por la nariz. Me fuerzo a sonreír con amabilidad, aunque se nota el mosqueo. -Un segundo, señorita... - me disculpo con un tono suave. Todo para girarme y soltar un bocinazo a pleno pulmón, como si el hecho de haberle dado la espalda hubiera creado un muro insonorizado entre nosotros. Evidentemente, no existe. -¡¡TÚ, PEDAZO DE GILIPOLLAS, ¿NO VES QUE ESTOY LIGANDO O QUÉ?!!- Levanto la mano como si fuera a soltar un puñetazo descendente fulminante. -Capitán, el discurso del anfitrión ha terminado y va a empezar el combate de Ubbe- se apresura a decir Odiseo, cubriéndose el rostro. -Mierda...- mascullo. Me relajo. Me doy la vuelta de nuevo. -Disculpe, señorita... Creo que tendremos que postergar nuestra velada para otro momento. Mi hermano va a pelear y...- Siento un tirón en los pantalones. Realmente hay que irse, y mi cerebro ya está fundido de utilizar tantas palabras elocuentes que espero no se hayan sentido todas juntas. -Pues eso... Ya nos veremos, hermosura.- Me marcho sin esperar respuesta. Pobre, no la he dejado ni hablar. O tal vez la he dejado sin palabras. ¡Es que estoy hecho todo un semental, sí, señor! Ya me encontraré con ella en un futuro y la haré mía. Saben los dioses que así será.
Míralo, allí está. Odiseo me señala a un pequeño hombrecillo algo más alto y corpulento que un humano común. Me suena que participó en mi prueba, pero poco más; no terminó de destacar. Su presencia es regia, siendo una pequeña torre de músculos en miniatura. Le miro a los ojos con una sonrisa ladeada, cargada de seguridad y veteranía. Toda una forma de causar una buena impresión. Sin embargo, él me devuelve una mirada fría como el hielo. Sus ojos son tan profundos como una noche sin estrellas. Sombríos, de aquel que ha visto la muerte desde que tiene memoria, pero que no termina de abrazarla como algo divertido, sino como una obligación. Y... ¿qué es este cosquilleo que recorre mi cuerpo? El abdomen. Mis piernas. Mis hombros. La garganta. -¿Lo sientes tú también, capitán...?- se atreve a hablar mi compañero, que está petrificado como una estatua y lleno de sudores fríos. ¿Acaso... nos está cortando con la mente?¿Su voluntad asesina es tan grande que nos quiere cortar con el pensamiento?
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Agarro con más fuerza que nunca el mango de Yggdrasil, casi como un recurso para enfrentar ese terrible sentimiento. Sin duda, Ubbe tenía razón. Si ha de ser alguien, ha de ser él. Tremenda aura. Dispuesto a plantarle cara, doy un paso al frente, sin mostrar un ápice de miedo. Al contrario, con una sonrisa en el rostro y desafiando su presencia con la mía. -Así que tú eres Dharma, el Come Abuelas...- Balanceo la gigantesca hacha como si fuera un juguete hasta dejarla descansar en el hombro izquierdo. Con la derecha, me rasco la barba mientras miro con curiosidad y altanería al espadachín negro. -Me han hablado muy bien de ti.- Ahora el balón está en su tejado. Veamos qué puedo sacar de aquí.

El combate de Ubbe está por comenzar. Es una buena oportunidad para verlo y poder charlar con este tipo que, precisamente, también está en su equipo. Tengo ganas de ver cómo se desarrollan los acontecimientos a partir de ahora. Y, sobre todo, de poder gritar a los cuatro vientos que mi hermano ha destrozado al rival que se le ponga enfrente.

En efecto, cajita feliz
#55
El concierto finalizó, y Eros puso dibujar nuevamente una sonrisa serena en su rostro hasta que una presencia que de movida resultaba antagonista se acercó. Kiyoshi dejó en claro su posición, Eros no distaba demasiado de ella. — No pienso detenerte, si no apoyarte, las sucias artimañas contra Varo será algo por lo que tendrán que responder en tiempo y forma —aclaró, pero no era el lugar indicado. No serían ellos quienes demostrarían ningún tipo de barbarie de la que injustamente se los acusaba en el periodico, no le darían la razón al amarillismo sensacionalista.

Contemplativo Eros mantuvo silencio mientras su mente divagaba analizando a los luchadores de ambos equipos ¿Uker debía luchar con Inuzuka Jin? Frunció el ceño, eso ponía a su compañero en clara desventaja, aún sin conocer la proeza de combate de sus rivales. El buccaneer y la mujer que habían sido convocados por El Dirigente a luchar eran precisamente dos de las tres personas que lo habían superado en la prueba de fuerza. Cruzó las piernas en su asiento mientras analizaba la situación, rascando su mentón meditabundo ¿Eso significaba que si Uker ganaba recibiría un deseo del rey? Quizás, solo quizás, la inmortalidad estuviese más cerca de lo que pensaba.

— Bueno, creo que ya se me pasó la angustia por quedar fuera en la primera ronda —verdaderamente el peso en su pecho no pesaba tanto y así lo expresó el capitán a sus compañeros, antes de desviar la mirada hacia los Juanita Mariana. Eran en cierta forma los adversarios de la tripulación en ese momento, así que consideró pertinente levantar la mano para llamar la atención de los mismos. — Mucha suerte —su deseo era honesto, entonces devolviendo la mirada hacia la arena de combate, rascando su mentón contemplativo.

Cuando los combatientes estuvieron en la arena, notó que Inuzuka Jin comenzaba a hacer algo extraño que no había visto previamente al cambiar la consistencia de su cuerpo para comenzar a absorber a Uker lentamente como si se tratase de un montón de masa amorfa. Más allá del asco que le producía esa imagen casi surrealista, Eros contuvo las arcadas para llevar la mirada hacia su segundo al mando. — ¿Desde cuándo el pervertido puede alterar la consistencia de su cuerpo? Que yo sepa él no había comido ninguna fruta del diablo… ¿Y desde cuándo una fruta del diablo te permite cambiar la forma de tu cuerpo? Es como el tipo de la marina que convirtió su cuerpo en una cosa blanca y esponjosa en la prueba de fuerza —comentó, ignorante de lo que eran las frutas de tipo logia o las paramecias especiales ¿Acaso sus enemigos contaban con habilidades nuevas?

Era difícil, por no decir imposible, sentir que de cierta manera se estaban quedando rezagados. Mientras que otros tenían habilidades tenebrosas, espeluznantes, macabras lo suyo era más bien convertirse en un topo. — Debemos aprender ese maldito haki, Kiyoshi —entonces su atención fue hasta Varo, quien había traído vino. Si bien había prometido no beber, lo cierto era que con el estado gripal que estaba experimentando, lo mejor sería intentar relajarse hasta que merme y quizás, un trago no estaría de más.

— ¿Quien… Eres? —Preguntó al rubio que los había invitado con la mejor de las actitudes a ir a beber, mientras mantenía su copa relativamente cerca de su boca como si buscase mostrarle que no hacía falta irse a ningún lado o dejar de ver la pelea para ello. Seguramente era un Juanita Mariana, o eso asumió por el trato cordial que tenía con ellos ¿Entonces por qué no lo había visto en el camino? ¡Si que lo había visto! — Oh, lo siento, como adelgazaste y te afeitaste no te reconocí. Cierto que te llevé en brazos —se confundió de forma más que comprensible antes de tomar un trago del vino de Shandora que había traído Varo. El sabor era distinto al del mundo terrenal, efectivamente podía sentir las notas vividas de las uvas que crecían en altura. Era algo distinto.

Bebiendo con ahínco, y un tenue rubor en sus mejillas, el ahora proclive a la ebriedad capitán devolvió su mirada hacia los Hanu Mahana. — Oigan ¿Ustedes saben sobre el Haki? —inquirió con curiosidad antes de dirigir nuevamente su mirada hasta la arena de combate. — ¡YA SACALES LOS OJOS, UKER! ¿¡QUÉ ESTÁS ESPERANDO!? ¿¡PORQUE TE METES EN EL DEGENERADO DE INUZUKA JIN!? —Darle alcohol al capitán, ya de por sí impaciente por el combate, era algo arriesgado. No estaba molesto, pero su temple no se caracterizaba por ser laxo en lo que a luchar respectaba.

Ataud
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#56
Estar sola… no ayudaba tanto como pensaba.

Observé la preparación de la carpa, centrándome en pequeños detalles como la manera de poner en pie y sujetar los postes que sostendrían la inmensa tela dorada. La llegada de materiales, las piezas empleadas, los ajustes y comprobaciones… Procuraba atender a cada mínima novedad, pero la parte más profunda de mi mente me distraía con un murmullo tan incesante como el de la tormenta que nos sacudió antes de llegar hasta tan alto, como aquella música que traía una canción imposible de comprender tras el estruendo de la lluvia y los truenos.

Al menos, la soledad me daba el permiso de no tener que sonreír ante los demás.

Cuando comenzó el espectáculo, al menos la situación mejoró. La música de Miyori y la letra de la canción de Maki lograban competir con aquel ruido mental que no quería escuchar, llegando incluso a ahogarlo un poco más bajo las superficiales olas de aquel extraño mar. Aunque no con tanta efusividad, mi aplauso acompañó al de la multitud cuando esta celebró el final.

El dirigente habla una vez más, apoyado por el pueblo. Emocionado como siempre, anuncia la segunda fase junto con un recordatorio de las normas. Sin embargo, antes del combate presenta a una nueva personalidad que no tarda en hacerse notar con sus sombra sobre la arena. “Kuraku Nata”… ¿Quién será? ¿De qué conflicto han hablado…?

El lunarian no tarda en tomar la palabra. Ya desde el principio captó mi curiosidad. ¿Siete años? ¿Incluso siendo su raza originaria de esta misma isla? Y llegó también por los mismos juegos por los que estamos hoy aquí. Era pirata, como la mayoría de los participantes de este año. Al parecer, este lugar le había cambiado…

Mis ojos se abren al tiempo que me inclino hacia delante con un interés multiplicado al tiempo que asimilaba esas palabras clave. «¿Los birkanianos… eran esclavos?». No puedo evitar mirar a mi alrededor, pues no me ha dado esa impresión en ningún momento. ¡¿Y lo ha logrado en tan sólo siete años?! No tengo la menor idea de qué es el Scrum, pero Kuraku se ha ganado de inmediato toda mi admiración. Incluso por mucho que quedara por cambiar, por construir, por aceptar a aún más razas, sólo hace falta mirar a las gradas para saber…

Giro mi rostro con curiosidad ante el rubio inmenso que se acerca a donde estoy. Sin duda alguna se trata del mismo que compartió grupo con Shin y que participó en la misma prueba que Kael. ¿Quizás quería buscar también un sitio más despejado desde el que poder mirar a la arena? Aunque parece que me mira a mí… ¿Querrá que me vaya a otro lugar para tener más espacio él…?

Mis aguamarinas quedan completamente expuestas cuando veo con rotunda sorpresa que pone una rodilla en tierra como un caballero de esos que he leído en historias. Un contraste curioso, viendo que está muy lejos de vestir una armadura. Sin embargo, el detalle se me olvida en cuanto alza su mano para acercarla a mí, pero la frena en el mismo momento en el que mis hombros se tensan un poco debido al gran tamaño de la misma y sin estar aún completamente segura de sus intenciones. En ningún momento desvío la mirada de sus iris azules, que me observan con intensidad. Al menos, no me da ninguna sensación de que tenga malas inten…

―Eres la obra de arte más bella que he visto jamás.
―¿Eh…?

Mi asombro se renueva con esas palabras tan inesperadas, un piropo que no habría esperado de alguien con esa apariencia de rudísimo guerrero. ¿Qué debería respon…?

―Si me lo pidieras, te entregaría el mundo en llamas. Conquistaría islas a tu nombre.
―¡¿Eh?!

Analizo un instante su rostro, pues no parece que esté bromeando, pero una afirmación así… Finalmente, se me termina por escapar una risita. ¡No, no creo que lo diga en serio! Iba a preguntarle que y si le pidiera mejor acabar con la esclavitud y ayudar a que todos sean felices, pero evito hablar en cuanto él trata de presentarse. De hecho, no logra hacerlo, ya que otro tipo (uno que normalmente me parecería bastante grande pero que resultaba muy pequeño a su lado) lo llamó de nuevo. Un momento, ¿no es el del acantilado…?

Antes de poder intervenir de nuevo, el buccaneer me pide un segundo para hablar con su compañero, a lo que asiento con una sonrisa amable.

… ¿Hablar?

Mis manos vuelan enseguida a mis orejas ante tremenda voz durante el grito, y más aún estando tan cerca. ¡Qué cambio tan drástico con respecto a cómo me ha hablado a mí! Me esfuerzo para contener una nueva risita de diversión cuando admite abiertamente que estaba tratando de ligar conmigo. Ya había habido otros muchos que lo habían intentado a lo largo de mi vida, pero aunque sin duda se ha acercado a mí por mi apariencia (como todos los que me comparan con cosas que pueden ser consideradas caras) y eso no me gusta, lo de conquistar islas en mi nombre había sido bastante original, y al menos no ha tenido la actitud arrogante de otros muchos que daban por hecho que caería rendida a sus pies por fuerza, dinero, belleza, poder o cualquier otra tontería que se le pareciera. ¿Quizás podríamos llegar a ser amigos…?

Cuando la conversación termina debido a la participación de otro compañero, sonrío cortésmente de nuevo ante la renovada disculpa. Sin embargo, mis orejas se alzan ligeramente más ante la palabra “velada”. ¡¿Acaso iba a invitarme a cenar?! Oh, y por lo visto Ubbe resulta que es su hermano, curioso… Supongo que tiene sentido, por el tamaño de ambos.

Cuando se está marchando y va ya varios grandes pasos por debajo, me pongo en pie y me despido de él con la mano.

―¡Hasta la vista, Sigurd! ―exclamo, evidenciando que conozco su nombre. ¡Me sé todos los carteles de “se busca”!―¡Me llamo Nyra, desea suerte a tu hermano Ubbe de mi parte! ¡¡Y nada de quemar el mundo!! ―río finalmente siguiendo aquella broma antes de marcharme.

También yo me marcho en ese momento, camino al lugar en el que nos sentamos los marines cuando llegamos. Kael me está esperando y, conociéndolo, es capaz de venir a buscarme si me retraso más de quince segundos…

Sin embargo, aunque me doy prisa, aún me retrasaría un poquito más. Concretamente, cuando veo a Uker y Jin compartiendo equipo durante el combate. ¡Uker y Jin! No puedo evitar sonreír un poco al verlos. Lo siento por Sigurd y Ubbe, pero esos dos forman parte de mi pasado y me resulta una curiosa jugada del destino. ¿Quizás se hicieran amigos después de combatir juntos?

Me doy aún más prisa para llegar al lugar acordado, y consigo hacerlo justo cuando está comenzando el combate.

―Siento llegar con las justas ―me disculpo retomando el aliento al tiempo que me siento al lado libre de Kael y lo saludo a él y a Stroud con la mano, siendo que estaban hablando hasta el momento.

Mis pupilas viajan por los asientos, buscando al resto de marines, y no puedo evitar cierto alivio al ver que Shin no está por allí. La culpa es lo siguiente que siento. ¿Cómo puedo alegrarme de que no esté mi mejor amigo…? Por un instante vuelve a mí la imagen de aquel beso y regresan las nauseas y el ya conocido peso en el pecho. ¿Se habrá ido con ella…? De nuevo, durante unos segundos casi olvido respirar. ¿Por qué? ¿No me había empezado a encontrar ya mejor…?

Contengo un suspiro con una inspiración profunda y trato de disimular observando el combate, notando ese barro extraño sobre Uker. ¿Así que se ha comido una de esas frutas…?

―¿De qué estabais hablando? ―inquiero mientras observo al par que me acompaña, buscando una distracción con la conversación.

Kael dijo que quería hablarme de algo, pero no sé si querrá hacerlo delante de Stroud…



Kuroshiro
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#57
El concierto terminó finalmente; Miyori y Maki se robaron por completo el espectáculo durante el descanso. Me habría gustado aplaudir, pero con mis patitas de tortuga era una misión demasiado ardua y, para este punto, se me había olvidado que tenía la capacidad de volver a ser un hombre cangrejo, yo era la tortuga, la tortuga era yo, dos partes de un mismo todo.

Con el cese de la música, volvió a la escena El Dirigente, anunciando lo que sería un combate “amistoso”. —Nosotros sabemos bastante de “combates amistosos”, ¿verdad, Enji? Jajaja. —Sin dudas me habría sido complicado atenerme a esa cláusula de los juegos si me hubiera tocado pelear a mí contra unos piratillas, pero de todas formas tampoco es que pegar fuese mi fuerte, así que habría sido más de lo mismo. —Ahora que lo pienso, los tres estamos dentro de los equipos que pueden ganar… ¿Habéis pensado algún deseo? —les pregunté a mis dos compañeros mientras el favorito de la gente introducía a quien parecía ser una eminencia del lugar.

Fue cuando terminó la presentación que un moreno de alas negras aterrizó con gracia en el centro de la arena. Era difícil percibirlo desde la distancia, pero parecía nervioso, me recordaba a mí cuando salí a hacer la prueba. Pero lo que parecían ser nervios se disiparon como si fueran nubes tras una tormenta; su voz calmada se transmitió con claridad por todo el lugar. Los locales le amaban, pero mi ceño se frunció al mencionar su pasado pirata.

¿Cómo la gente podía adorar de esa manera a un criminal? Aseguraba haber cambiado, pero, ¿puede ser eso verdad? Me resultaba imposible no pensar en mis padres, asesinados fríamente por esa basura de los mares. Recordé a María, y cómo lloraba antes de ser secuestrada por esos malditos miserables. Aun así, la gente le adoraba, quizás sobre las nubes no estaban al tanto de lo que esos tipos hacían bajo sus pies, quizás ignoraban cómo masacraban pueblos, mataban niños o separaban familias. Absorto de lo que pasaba a mi alrededor, clavé mis gruesas garras en la madera de las gradas sin darme cuenta, fruto de la ira que crecía en mi interior al recordar momentos tan desagradables.

Sus palabras iban cargadas de mucho peso, Kuraku hablaba de la historia del lugar, de esclavitud, cosas complicadas que no terminaba de entender, ajeno a la realidad de este lugar hace tantos años. Pero dentro de mí sabía que algo no estaba bien, ese pirata tramaba algo, seguramente un plan retorcido para hacerse con el control del lugar.

Con el fin de su discurso, El Dirigente dio por fin paso al combate, Jin y Uker contra Ubbe y Runnin, nombres que me sonaban, algunos más que otros, y no por cosas buenas, piratas… Traté de despejar mi mente, no podía seguir enfadado, aquí no podía hacer nada, solo me quedaba tratar de disfrutar viendo cómo los maleantes se lastimaban entre ellos. —Akira, Enji, ¿apuestas para el combate? El moreno parece fuerte, pero seguramente sea lento. Yo creo que Jin le corta el cuello antes de que pueda hacer algo—

Cajita de tortuga
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5272 + 0 = 5272
Energia: 3381 + 1026 = 4407
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
#58
Quizás su memoria le estaba jugando una mala pasada, pero no podía ser verdad, no cuando poco después de superar su prueba, la misma Merlot que conoció en la playa de Isla Karate apareció frente a sus ojos, recitando frases que sólo podían nacer desde esos indescifrables pensamientos, sin pausa aparente, cortando la interacción en su propio tempo, y manejando lo que quería expresarle a la perfección, como si tuviese un instinto inconsciente que la ayudaba a salirse con la suya de manera casi constante.

¿Fue así? ¿O sólo se trataba de su percepción?

Las preguntas nacían desde dudas justas considerando su filosofía del mundo, y la moral que quería aplicar a todos los habitantes del mismo. Una moldeable, productiva, con vistas a un futuro mejor, a ese codiciado mañana nunca visto, porque lo que apreció en la pelirrosa durante esos breves instantes junto a ella, tan fugaces como sus movimientos envueltos en luz, le hacía replantearse muchísimas cosas, entre otras tantas, cuál era el verdadero peso del mal al que apuntaba el Gobierno Mundial.

No lo entendía, el por qué pasó de ser una de las personas más habladoras que recordaba, a en breves instantes sólo dedicarle una cantidad de palabras que podían contarse con una sola mano, hasta la eventual despedida, ¿y había mencionado un dolor en el estómago apareciendo luego del malestar en los cubículos? El fenómeno fue bastante más amplio de lo que pensó, y el conjunto de pistas le daba a entender una posibilidad que conseguía confundirlo como pocas veces en su vida.

Evitaba pronunciarlo, incluso en sus propios pensamientos.

Sumado a ello, recordaba el suspiro, y la manera en que extrañamente no pudo mantener el contacto visual. ¿Desde cuando? Era la segunda vez que la veía, es cierto, no podía asumir hábitos consistentes en tan poco tiempo, y sin embargo, ¿por qué la sentía tan cercana...?


Le habló de deudas, y la promesa sobre pagarlas. Iban a volver a verse al finalizar los juegos, esperaba que en un lugar mucho más íntimo que les permitiera ahondar en esas incontables anomalías. No, de una u otra forma iba a asegurarse de que así sea. Para él, era muy importante poder pasar un rato a solas con ella otra vez, justo como cuando lo llevó de paseo debajo del mar. 

Porque sí, él era el primero en tener que devolverle un gesto así de significativo. 

Aún apoyado en la pared, y observando el final del concierto, seguía pensando en ella, soltando un suspiro que fue el espejo del dado por Merlot. La vulnerabilidad que le mostró aún se repetía en su cabeza, y el impulso de volver a donde estaba le ganaba terreno poco a poco. Pero consiguió negarse, estando a las puertas de un combate no podía distraerse así, y sobre todo... mancillar sus momentos juntos por culpa de terceros, ese sería un pecado incluso mayor que no dar el cien por ciento de su capacidad en una pelea. Y con esas ideas en la cabeza, recordó algo.

—Al final olvidé decirle que seré yo quien la capture... —su mano libre, la que no mantenía su chaqueta colgando sobre el hombro, cubrió su frente con un leve deje de frustración, más la sonrisa no acompañaba del todo a esa inexistente emoción. No se arrepentía, cada instante junto a la pirata había valido la pena, siendo incluso mejor de lo que podría haber imaginado, aunque dejándolo con ganas de mucho más. 

Sí, a diferencia de otras ocasiones, con verla desvariar un rato largo, siendo él su único testigo, le bastaba.

Entonces, un recuerdo cruzó a través del tiempo sus memorias.

'¿Qué cosa peor podrían hacerme?'

Sus párpados se levantaron con fuerza, un fugaz estado de alerta. La pregunta nunca fue qué daño podría llegar a hacer Merlot a inocentes, sino, cuánto sería capaz el mundo de lastimarla a ella, y las circunstancias que la llevaron hasta esa situación. Bajo esa lupa, su promesa sobre el barco de Nozama pasó a convertirse en un mal chiste, uno que ocultaba su deseo por protegerla.

Al final, la voz del Dirigente tras cerrar el concierto lo hizo volver sobre sí mismo, fijando su atención en la arena. Las semifinales iban a empezar, aunque no sin la presencia de un invitado —Lo siento, María. Tendré que obligarme a dejar de pensar en ti un rato. —considerando lo que se venía, y la presencia de los combatientes de los cuatro equipos, se vería en la tesitura de analizar posibles enfrentamientos mientras transcurría la definición por el primer puesto parcial, procesando con toda su atención lo que conocía de ellos.

La elegante carpa donde vio al Dirigente se mantenía repleta de detalles, con los cuatro postes de diez metros dándole una visibilidad considerable a quienes tuviesen el privilegio de sentarse allí. Colocaron a parte de los trabajadores alrededor de la mencionada, y lo que más le llamó la atención fue la presencia de Custodios en forma de pentágono alrededor del sector donde iban a realizarse los combates. Imaginó que de alguna forma interceptarían ataques desafortunados que se desviasen a las gradas, habiendo tanto "Mord" entre el público, dudaba que se arriesgasen a que alguno salga lastimado.

El Dirigente abrió las puertas a las Semifinales, explicando la única normativa de no matar que existía en los Juegos de Zarutsuki, y antes de por fin conocer a los luchadores, alguien especial daría un discurso. —¿Oh? —llamó su interés, pues se le presentó como alguien que luchó por los derechos de los necesitados durante cinco años hasta lograr su objetivo, un tal Kuraku Natta. Eso sí que debía escucharlo, por lo tanto dejó de apoyarse en la pared y ante la emoción del público se dejó envolver, con una sonrisa radiante.

La entrada del sujeto fue espectacular, batiendo sus alas negras con una soltura única. Se trataba de un lunarian, ese detalle ya le dio varias pistas sobre su influencia de cara a torcer el destino de los esclavizados, apuntando mentalmente las pistas que la vida le daba para a futuro, cumplir sus propios objetivos, y tras unos instantes donde se recuperó de semejante show, provocando incotanbles vítores, el afamado Kuraku empezó a hablar. 

La historia era inspiradora, mencionando cambios gracias a lo que le transmitió Shandora y claro, el Emperador Zarutsuki. De un pirata colérico y destructivo, miembro de una tripulación peligrosa, a la persona que les transmitía esa enorme calma y humildad a medida que les regalaba a los extranjeros un trocito de lo que Skypiea puede significar. 

Ese mismo espíritu abolió una forma de esclavitud ante los ojos de un Shichibukai, pues el mérito se lo habían dado solamente al locutor de semejante relato, misma que consiguió llenar de emoción los orbes cerúleos del marine, como si estuviese presenciando la culminación de su propio sueño, el mañana nunca visto... Al final no era la única persona capaz de imaginar un mundo libre.

Igual que ella

—¿Lo estás viendo, Nyri?

Alegre, durante un instante deseó encontrarse junto a su compañera con tal de mostrar el mismo respeto que, con esa pose tan rendida ante los espectadores por parte de Kuraku, él se merecía. Al finalizar y volver a la carpa real, Shin no se limitó en sus aplausos, ni cuando comenzaban a arderle las manos. Ya sabía de qué iba a hablar con Kuroshiro cuando se reunieran.

Pero al final, toda su atención volvería al mismo punto, pues seguía en competencia, y el Dirigente, tras mostrarse conmovido por La Voz de Birka, dio paso a la Semifinal, presentando a los participantes. Runin Kitay y Ubbe, contra Onizuka Jin junto a Rackam Uker. —Eso significa... —recordó los equipos, y recapituló las posibilidades. 

Barald, Enji, Juan, Stroud, Mahou, María, Nyra, Bertram, Bartolomeow, Tezca, Dharma y aquel uniformado del equipo nueve, todos y cada uno tenían una oportunidad de enfrentarlo en la gran final. Algunos eran increíblemente rápidos, otros compensaban esa falta de velocidad con una potencia extrema, sin embargo, había algo claro, y no tardaría en dar con la única respuesta posible ante las expectativas que aquel encuentro le causaba.

Sea quien sea su contrincante, no iba a esperarlo. Iría con todo desde el principio, esa sería su forma de mostrarle lo que él llama el respeto del guerrero.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
#59
Atributos Personaje


¿Dedicarme una victoria? ¿No ya era victoria suficiente? Las palabras de yakuza me hicieron sonreír aunque las demostraciones de amor en público, más que nada frente a la tripulación que me veía sobre un hombro donde apoyarse, un caballero vil y analítico… Se sentía sobre la piel más de lo que esperaba. —No te preocupes, cari- Jin. Sé que todo lo que tienes es para mi.— Había tomado el agua entre las opciones para darle un sorbo desde aquella copa al sentir que necesitaba refrescarme un poco, escuchando las palabras de la morena y su temida amenaza o el increíblemente meloso apodo que me había puesto. —¿No lo sabes? Yo voy a apoyar a todos: El único lado al que soy leal es al lado del ganador, querida. — Unas simples palabras venenosas que solo pretendían irritar a la morena, moviendo aquella bebida como si se tratara en realidad de un vino. —No le creas ni media palabra a Jin, Runin ¿De verdad creerías que andaría con alguien tan generoso? Hay muchas otras cosas que me pueden encantar, pero prefiero no hablar de mi vida amorosa en un lugar tan público: Ten decoro ¿Me entiendes? —
 
Un alma cálida y amable había respondido a mi llamado por bebida y no solo eso, ofrecía una hermosa botella de vino en nuestra dirección ¿Esta es la bondad de la que hablan? La mención de vino hizo que me terminara el agua de golpe para dejar espacio al alcohol, al ver al dueño de la voz, pude notar que se trataba del mink de la prueba de certeza y cerca de este el verdadero ganador ¿Se conocían? —¡Pero que amabilidad! Se me han adelantado ¿Me entiendes? — Extendí el brazo por delante para tomar el vino y servirlo en mi copa, pasándolo por el resto de mis compañeros antes de regresarlo a su dueño. —Han superado al gran Tezca en la prueba de precisión, que suerte que no fuera una prueba cuerpo a cuerpo o no hubiera sido tan fácil, felicidades. — Sin duda el ambiente festivo lograba ser contagioso, comenzando a tomar de aquel dulce vino que habían decidido compartir, seguido de las palabras hostiles del campeón Kiyoshi. —¡Tu igual! Con tu precisión hay que temer, oye, oye Me hace falta alguien que pueda apuntar y disparar con maestría para algo que tengo en mente… ¿Te parecería intercambiar contactos? Recuerda, querido cli- querido campeón: Ayuda a quien puede ayudarte mañana ¡Y la ayuda del gran Tezca es totalmente invaluable! — Si iba a buscar a la mujer que me había dicho aquel mink… Temía que no iba a estar sola, era mejor tener ojos en todos los rincones.
 
Otro del grupo parecía notarme ¿Cómo no sabría quien es el gran Tezca? ¿Es que acaso las noticias no llegaban tan rápido en este lado del mar? Justo cuando estuve a punto de responder al peliazul, un rostro de desagrado se manifestó en mi rostro y creí, creí que tiraría mi copa. —¿Gordo? Nunca, ni de niño ¿Afeitarme? Creo que me confunde, caballero. — Y creía saber con quien, me levanté del lugar buscando con la mirada al trabajador feo, quien por supuesto había olvidado por poco relevante, señalándolo. —¿De verdad te robaste mi oportunidad de ser llevado en brazos como un príncipe? Voy a ser honesto: 1. No nos parecemos en nada, mi tripulación es ciega 2. Espero no verte en el viaje de regreso porque juro que te arrepentirás y si alguno de ustedes dos lo defiende… — Dije señalando a los de mi propia tripulación, al ser el barco donde venía aquel gordo bigotón totalmente opuesto a mi. —Voy a recortar sus gastos a 0, no me reten. — Carraspeé, volviendo a sentarme para ver al hombre de curiosos ojos amarillos con la misma sonrisa amable con la que miraba a mis clientes. —En efecto, me parece una confusión pero ¡No te preocupes! aprovecho para presentarme formalmente: ¡Soy el gran, guapo y magnifico, temido por la marina, alabado por los civiles y tesorero del Hanu Mahana: Tezca Norova! Enchanté. — Le extendí la mano, hablando lo suficientemente alto para que el resto a nuestro alrededor pudiera escucharlo. —Si tienes algún negocio o problema no dudes en contactarme, puedo encargarme de todo por un precio justo aunque mientras más reputación y poder tenga ¡Más suben las cuotas! Una tripulación no se mantiene sola ¿Me entiendes? —
 
La estela de perfume y la retirada de Runin me distrajo de aquel espectáculo con el que intentaba convencer al campeón, parecía que la morena iba a perderse de esto, aunque eso significaba más para mí, logré despedirme con el mano ciertamente emocionado. —¡Vamos, Runin! ¡Déjalos viendo estrellas! Ve- Me vi interrumpido por la voz del peliazul una vez más quien parecía ligeramente ebrio — ¿Haki? Desconozco… ¿Es una bebida? ¡Capitán! ¡Barald! ¿Qué es el Haki? — Los juegos lograban sacar lo más competitivo de uno y así alcé la copa en honor a Runin mientras esperaba la respuesta de mis compañeros, dándole otro sorbo a la copa, girando la cabeza a mi capitán cuando tuve una segunda brillante idea. —¿Apostamos, capi capi? — Podría ser emocionante usando las arcas del Hanu Mahana, sobretodo cuando era el primero en decir que no cuando se trataba de apuestas ¿Ustedes podrían decir que no ante la seguridad de Runin Kitay y grandote pelear? Yo no. Mucho menos si del otro lado estaba Jin y aquel chico que parecía conocer a los compañeros de mi patrocinador de alcohol.
 
Porque no quería apostar por un ganador, eso no era tan emocionante. La verdad es que quería predecir aquella pelea. —Miren, miren, esto haremos: Quien pega primero, quien sangra primero, quien cae al suelo primero y a quien desarman primero ¿Bien o no? A puro ojo de buen cubero, fácil ¿Me entiendes? — Dije atrayendo tanto a Barald como a Ryota para que me escucharan, regresando la mirada al combate, notando algo que me hizo fruncir el ceño.
 
¿Jin? No, eso no era lo raro… Jin estaba…
 
—¿O adivinar quien… se comió algo raro? Si, creo que esa apuesta hay que agregarla ¿Qué carajos? — Que yo recordara Jin no podía hacer eso la última vez que lo vi ¿Es que el alcohol ya me estaba afectando? Preferí darle un sorbo más, solo por si realmente no lo era.
 
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#60
El joven arquero al ver a Maria se acercó a hablarle, aunque no esperaba encontrarla con el comandante Shin, parece que la mestiza tiene un imán para marines y un don para, de alguna manera, lograr que ninguno de ellos quiera arrestarla. Hay algo que el joven pelirrojo es incapaz de entender o descifrar, y es el extraños sentimiento que tiene dentro de sí, un sentimiento que le hace querer proteger y rescatar a esa joven del camino de la piratería y darle un lugar donde poder sentirse a salvo, ser ella misma y disfrutar de la vida como una persona libre, sin preocuparse de que marines quieran atraparla o matarla, o de que algunos locos quieran secuestrarla para venderla como mascota a nobles retorcidos o para experimentos crueles solo por no ser totalmente humana. Al parecer ella y Shin tenían algo pendiente de lo que hablar, pero el contramaestre los interrumpió, seguidos de Masato, pero bueno, ya se disculparía por ello si fuera necesario, por lo pronto quería escuchar la respuesta de Shin a lo que le pidió, pero al parecer ese puente está completamente destruido sin posibilidad de reconstruir, pero ante la respuesta de Shin sobre el apodo que tontamente le vino a la mente y la pregunta de la fiebre el joven arquero dice

-Fiebre no, pero sí tenía algo de malestar general debido a lo sucedido en los cubículos, igual solo quería que me dieras su contacto para hablarles yo directamente, respecto a lo de tramposo no entraré en un debate profundo al respecto ya que trampas sería hacer algo que no esté permitido por las reglas, tomando su definición literal sir. Sin embargo, intuyo te refieres al hecho de tratar de reducir las capacidades de mis rivales en lugar de potenciar las mías para enfrentarlos, en cuyo caso es cuestión de que empleamos métodos de pelea opuestos.-

La joven Maria, hasta la fecha la única persona que logró desestabilizar emocionalmente al joven arquero que está completamente perdido en su mente, no sabe si hacer caso a la parte racional que le dice que debe arrestara como a todos los piratas, al fin y al cabo, son criminales y la gente inocente no debe vivir con miedo de pasar por lo mismo que el propio arquero, pero por otro lado su lado emocional, el cual aún vive lidiando con el dolor de esa noche en la que perdió a toda la familia que le quedaba, no puede evitar sentir con ella esa sensación de tranquilidad y paz que hace mucho no sentía, al menos no de esa manera. El joven pelirrojo escucha con calma lo que dicen los demás, no queriendo interrumpir más de lo que ya hizo, dejando que se despidan y hablen con calma esperando a que haya un hueco para poder hablar. Mientras tanto el comandante se aleja, queriendo dejar su tema para otro momento, uno más privado supone el arquero.

Cuando el marine se aleja Bertram observa a Maria y responde a su pregunta mientras se rasca tras la cabeza diciendo -Sí, noté un mareo y una debilidad general, siendo que al inicio no lo entendí bien, pero cuando vi a Varo participando no pude evitar pensar que tiene algo que ver, es lo mismo que nos pasó en el foso, ese pequeño hurón probablemente de alguna manera hizo enfermar a la gente a su alrededor sir, como creo lo hizo para que venciéramos a ese gyojin dorado. No sabía que habías comido una fruta del diablo, he de reconocer que las cebras son animales que tienen cierto atractivo misterioso, su postura y porte suelen estar repletos de elegancia. Por cierto Masami, no esperaba verte en la prueba de puntería, al no verte con armas a distancia no creí fueras a participar precisamente en esa. Si a futuro quieres un entrenamiento no dudes en llamarme sir, te ayudaré encantado.-

Maria entonces invita a Bertram a quedarse com ella durante el combate, y al no estar seguro de donde están los demás, y no querer perder parte del combate, pues si bien no enfrentará a nadie directamente de momento, sí es posible que acabe teniendo que enfrentarlos, pues al fin y al cabo salvo uno de ellos, que parece ser dejó atrás la vida de piratería, todos los demás son criminales con recompensa por su cabeza. El joven se halla inmerso en pensamientos mientras escucha las presentacioes del dirigente y el discurso de un antiguo participante de una anterior edición de estas mismas pruebas, cuando la joven expeliazul le dice que su campeón estaba en el mismo equipo que el arquero pelirrojo mencionando su peinado con un mechón rosado, uno anaranjado de una tal Vivi y menciona que solo no tiene uno verde porque su Unnie está calva, a lo que Bertram dice

-Ah, el más callado de todos, era bastante tímido, no recuerdo si habló, y si lo hizo apenas fueron unas pocas palabras sir. Hablando de Maki, ¿qué le pasó a su pelo? La última vez que la vi todavía tenía su melena verde.-

Tras eso la joven le ofrece hacerle una tranza, mencionando que tendrá un aspecto más angelical y como algunos tienen rastas a lo que el joven arquero dice -Bueno, pues dado que la pelea ya va a comenzar podemos sentarnos por aquí y me trenzas el pelo sir. Si tú dices que estaré más atractivo no seré yo quien lo discuta. Tendrás que ponerme al día de tus aventuras, no nos vemos creo desde ese desastroso encuentro con el pato carnívoro y parece que ambos comimos algo que no pensamos comer en un inicio.-

El joven marine dice eso con una amplia y blanca sonrisa que se extiende por todo su rostro, mientras sus ojos carmesí brillan con los reflejos del sol y el joven se retira las gafas y las guarda en un bolsillo para que la joven Maria pueda peinarlo con tranquilidad, pasando también su arco a la parte delantera de su cuerpo, reposándolo sobre sus piernas mientras toma asiento.


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