Día 62 Primavera, Año 18
Volcán de Baterilla, Isla Baterilla, South Blue
El pueblo de Baquella comenzaba a resultarme demasiado familiar, llevaba allí ya varios días, lo suficiente para dejar de sentirme como una completa desconocida y comenzar a ser aquella chica que algunos pescadores saludaban cuando cruzaba el puerto o incluso a la que los lugareños preguntaban cómo le había ido el día. Lo cierto es que de algunos no conocía ni siquiera el nombre, pero era como una pequeña costumbre que había en los pueblos pequeños cuando acababas viéndote varias mañanas seguidas y simplemente asumías que ya formaba parte de aquel lugar.
Lo cierto es que Baquella no era un mal lugar, las casas blancas reflejaban la luz del sol y cuando más alto estaba este en ocasiones te obligaban a entrecerrar un poco los ojos. Aunque personalmente lo que más me gustaba era el puerto, ver al atardecer las redes tendidas, observar las pequeñas embarcaciones volver cargadas de pescado o incluso las gaviotas al acecho a ver si podían conseguir algo de comida. Era un pueblo sencillo o incluso demasiado sencillo para la mayoría de la gente y precisamente por eso me gustaba, pues no parecía que nadie tuviera prisa, nadie hablaba de grandes tesoros, nadie soñaba con conquistar el mundo y todos parecían satisfechos con la vida que llevaban allí, no podía entenderlo del todo pero tampoco me molestaba.
Apoye los antebrazos en la barandilla del puerto mientras observaba el océano extenderse frente a mí. Sentía como el viento movía algunos mechones de mi cabello mientras Furia permanecía enroscada alrededor de mi cuello tranquila, probablemente si alguien no prestara atención parecería una simple bufanda negra en lugar de una serpiente - Sigue sin convencerme – Susurre sin dejar de mirar el océano mientras sentía como su pequeña cabeza se movía ligeramente contra mi cuello.
Durante aquellos días y tras acercarme a la zona por las ratas de los Delapore, había estado preguntando a cualquiera que hubiera nacido en Baquella sobre el volcán que dominaba la isla. Siempre obtenía respuestas distintas pero significaban lo mismo “No hay nada” “Lleva siglos muerto” “solo encontraras piedras” “es una pérdida de tiempo”… Pero cuando mas escuchaba aquel tipo de respuestas, mas me costaba creerlas. Porque si realmente no había nada ¿Por qué seguía pensando en el cada vez que levantaba la vista?
Gire lentamente mi cabeza hacia el interior de la isla, desde allí podía ver perfectamente la enorme silueta del volcán elevándose por encima de todo, incluso con aquella distancia imponía respeto. Dos mil metros de roca dormida que llevaban siglos contemplando el océano sin que nadie pareciera prestarle atención. No…. Algo así no podía estar completamente vacío, debía de tener escondida alguna historia y yo solo tenía que encontrarla.
Aquella noche prepare mi mochila con tranquilidad, una cantimplora llena de agua, algo de comida, mi cuaderno, un lápiz y un rollo de cuerda, no creía necesitar nada mas… Lo cierto es que no pretendía escalar la montaña ni permanecer allí varios días, solo quería observar con mis propios ojos aquello que todos ignoraban o ocultaban. Antes de acostarme abrí la ventana de la habitación, desde allí podía ver el faro iluminado y como su luz intermitente guiaba a los marineros a casa. La verdad es que siempre me había gustado contemplar los faros, no por lo que eran, sino por lo que representaban, mientras los marineros lo utilizaban para regresar a casa yo no podía evitar preguntarme que habría mas allá de las oscuridad que intentaban iluminar.
Todavía era de noche cuando abandone el pueblo mientras que las calles permanecían completamente vacías y solo se escuchaba el sonido de mis botas. Una vez deje atrás la ultima casa el paisaje cambio, las losas de piedra de las calles dieron paso a un sendero estrecho de tierra rodeado de vegetación que provoco que provoco que el aire se hiciera más húmedo. Podía escuchar a los insectos ocultos en la vegetación y el canto de algunas aves que comenzaban a despertar.
Respire profundamente mientras sentía el collar de mi madre colgando de mi cuello. El olor era distinto al del puerto, como más limpio – Bueno… supongo que este es el inicio – Me dije a mi misma mientras sentía como Furia salía de mi ropa para colocarse sobre uno de mis hombros mientras rodeaba levemente mi cuello – Ni se te ocurra desaparecer otra vez – Le dije y ella giro levemente la cabeza para mirarme – Si, aun sigo molesta por aquello – La regañe levemente pero esta solo movió la lengua antes de acomodarse mejor lo que me provoco una sonrisa.
Las primeras horas fueron sencillas, solo caminaba y ascendía poco a poco pues el sendero apenas tenía desnivel. Mientras caminaba iba anotando pequeños detalles en mi cuaderno como los tipos de arboles, formaciones rocosas, la posición de algunos claros… solo era una costumbre que había adquirido, pues nunca sabia hasta que punto aquella información me podía resultar útil. A media mañana me detuve junto a un pequeño arroyo a beber algo de agua de mi cantimplora y fue entonces cuando me di cuenta de algo.
Fruncí ligeramente el ceño y volví unos pasos atrás para luego avanzar de nuevo mientras mis ojos permanecían fijos en el suelo. No… no eran simples imaginaciones mías, me agache lentamente y entre la tierra podía distinguirse restos muy desgastados de lo que debía de haber sido en su día un camino, no era un sendero natural, las piedras estaban demasiado alineadas y colocadas aunque ahora permanecían ocultas por la tierra. Pase suavemente la mano sobre una de ellas apartando la tierra que se había acumulado durante años - ¿Lo ves? – Pregunte a furia mientras esta descendió lentamente hacia mi brazo observando la roca.
Claramente aquello no podía haberlo hecho la naturaleza, alguien había pasado por allí, quizás hacia décadas o siglos, pero alguien lo había hecho. Entonces ¿Por qué nadie del pueblo lo había mencionado?... Durante unos segundos me quede allí quieta, analizando la situación y no tardo en aparecer, una suave y pequeña sonrisa adornando mis labios. Aquella era exactamente la razón por la que me gustaba explorar, todo el mundo había asegurado que no encontraría nada y antes incluso de llegar a la mitad del recorrido ya sus palabras estaban equivocadas. Guarde mi cuaderno y me levante lentamente. En lugar de continuar por el sendero principal decidí seguir aquel antiguo camino casi oculto por la vegetación. Si alguien había construido aquello debía de llegar a alguna parte ¿no?
Los primeros metros me parecieron un poco complicados, algunas raíces demasiado grandes atravesaban el sendero como si la vegetación hubiera intentado devorarlo a lo largo del tiempo. Algunas piedras apenas sobresalían entre la tierra húmeda y otras habían acabado completamente cubiertas de musgo, aquello provoco que tuviera que detenerme varias veces para comprobar que estaba siguiendo el mismo camino. No era un lugar utilizado hacia muchísimo tiempo y por eso precisamente seguía avanzando.
Cada paso solo alimentaba aquella sensación que llevaba días sintiendo dentro de mí. Esa extraña certeza que me resultaba difícil de explicar, esa que aparecía cada vez que encontraba algo que nadie parecía haber mirado por años. Lo cierto es que no era emoción ni orgullo, era unas especie de tranquilidad que me decía que estaba exactamente donde debía de estar.
Lo cierto es que el sonido del pueblo había desaparecido hacia demasiado tiempo, ni siquiera podía escuchar el romper de las olas o las voces de los pescadores. Solo quedaba el viento que movía las hojas de los árboles y el canto de algunas aves a lo lejos que estaban escondidas en la vegetación. Me detuve un instante para observar el entorno, lo cierto es que me parecía extraño, no sabía decir que era pero simplemente todo parecía estar demasiado tranquilo y Furia también pareció notarlo pues sentí como levantaba ligeramente la cabeza mientras sacaba su lengua una y otra vez.
- ¿Tu también lo notas? – Pregunte sabiendo que no obtendría una respuesta pero tampoco era que la necesitara. Continúe caminando algunos minutos más hasta que el sendero comenzó a volverse más empinado, los arboles comenzaron a desaparecer poco a poco y el lugar comenzó a mostrar arboles más bajos, arbustos que parecían más resistentes al calor y enormes paredes de roca volcánica que sobresalían de la vegetación.
El aire también había parecido cambiar, era más fresco pero mucho más seco que el de la costa y eso me gustaba. Cada metro que ascendía provocaba que Baquella se volviera más pequeña a mi espaldas, hasta que finalmente el sendero acabo llevándome a un saliente donde prácticamente podía observar toda la isla. Mentiría si dijera que pude continuar, lo cierto es que no pude evitar detenerme, desde allí el pueblo parecía una diminuta colección de casas blancas que abrazaban la costa y desde allí el faro continuaba siendo lo que más destacaba.
Apoye una mano sobre la roca mientras observaba el paisaje, me resultaba curioso… los habitantes de Baquella levantaban la vista cada mañana y veían el volcán. Yo ahora mismo levantaba la vista y veía el mundo entero… quizás esa era la diferencia y no era cuestión de quien tenía razón, solo de lo que cada uno estaba buscando.
Sonreía para mi misma antes de volver a sacar el cuaderno y sentarme en el suelo de aquel saliente. Hice un boceto de la isla marcando el recorrido que había seguido hasta allí y la posición aproximada del antiguo camino pues no quería olvidarlo. Pues si alguien lo había construido significaba que había un motivo para hacerlo aunque aun no lo conocía. Pero en aquel momento tampoco me importaba, había avanzado, había descubierto un lugar hermoso y por hoy solo deseaba continuar contemplándolo mientras tomaba notas antes de volver.
Volcán de Baterilla, Isla Baterilla, South Blue
El pueblo de Baquella comenzaba a resultarme demasiado familiar, llevaba allí ya varios días, lo suficiente para dejar de sentirme como una completa desconocida y comenzar a ser aquella chica que algunos pescadores saludaban cuando cruzaba el puerto o incluso a la que los lugareños preguntaban cómo le había ido el día. Lo cierto es que de algunos no conocía ni siquiera el nombre, pero era como una pequeña costumbre que había en los pueblos pequeños cuando acababas viéndote varias mañanas seguidas y simplemente asumías que ya formaba parte de aquel lugar.
Lo cierto es que Baquella no era un mal lugar, las casas blancas reflejaban la luz del sol y cuando más alto estaba este en ocasiones te obligaban a entrecerrar un poco los ojos. Aunque personalmente lo que más me gustaba era el puerto, ver al atardecer las redes tendidas, observar las pequeñas embarcaciones volver cargadas de pescado o incluso las gaviotas al acecho a ver si podían conseguir algo de comida. Era un pueblo sencillo o incluso demasiado sencillo para la mayoría de la gente y precisamente por eso me gustaba, pues no parecía que nadie tuviera prisa, nadie hablaba de grandes tesoros, nadie soñaba con conquistar el mundo y todos parecían satisfechos con la vida que llevaban allí, no podía entenderlo del todo pero tampoco me molestaba.
Apoye los antebrazos en la barandilla del puerto mientras observaba el océano extenderse frente a mí. Sentía como el viento movía algunos mechones de mi cabello mientras Furia permanecía enroscada alrededor de mi cuello tranquila, probablemente si alguien no prestara atención parecería una simple bufanda negra en lugar de una serpiente - Sigue sin convencerme – Susurre sin dejar de mirar el océano mientras sentía como su pequeña cabeza se movía ligeramente contra mi cuello.
Durante aquellos días y tras acercarme a la zona por las ratas de los Delapore, había estado preguntando a cualquiera que hubiera nacido en Baquella sobre el volcán que dominaba la isla. Siempre obtenía respuestas distintas pero significaban lo mismo “No hay nada” “Lleva siglos muerto” “solo encontraras piedras” “es una pérdida de tiempo”… Pero cuando mas escuchaba aquel tipo de respuestas, mas me costaba creerlas. Porque si realmente no había nada ¿Por qué seguía pensando en el cada vez que levantaba la vista?
Gire lentamente mi cabeza hacia el interior de la isla, desde allí podía ver perfectamente la enorme silueta del volcán elevándose por encima de todo, incluso con aquella distancia imponía respeto. Dos mil metros de roca dormida que llevaban siglos contemplando el océano sin que nadie pareciera prestarle atención. No…. Algo así no podía estar completamente vacío, debía de tener escondida alguna historia y yo solo tenía que encontrarla.
Aquella noche prepare mi mochila con tranquilidad, una cantimplora llena de agua, algo de comida, mi cuaderno, un lápiz y un rollo de cuerda, no creía necesitar nada mas… Lo cierto es que no pretendía escalar la montaña ni permanecer allí varios días, solo quería observar con mis propios ojos aquello que todos ignoraban o ocultaban. Antes de acostarme abrí la ventana de la habitación, desde allí podía ver el faro iluminado y como su luz intermitente guiaba a los marineros a casa. La verdad es que siempre me había gustado contemplar los faros, no por lo que eran, sino por lo que representaban, mientras los marineros lo utilizaban para regresar a casa yo no podía evitar preguntarme que habría mas allá de las oscuridad que intentaban iluminar.
Todavía era de noche cuando abandone el pueblo mientras que las calles permanecían completamente vacías y solo se escuchaba el sonido de mis botas. Una vez deje atrás la ultima casa el paisaje cambio, las losas de piedra de las calles dieron paso a un sendero estrecho de tierra rodeado de vegetación que provoco que provoco que el aire se hiciera más húmedo. Podía escuchar a los insectos ocultos en la vegetación y el canto de algunas aves que comenzaban a despertar.
Respire profundamente mientras sentía el collar de mi madre colgando de mi cuello. El olor era distinto al del puerto, como más limpio – Bueno… supongo que este es el inicio – Me dije a mi misma mientras sentía como Furia salía de mi ropa para colocarse sobre uno de mis hombros mientras rodeaba levemente mi cuello – Ni se te ocurra desaparecer otra vez – Le dije y ella giro levemente la cabeza para mirarme – Si, aun sigo molesta por aquello – La regañe levemente pero esta solo movió la lengua antes de acomodarse mejor lo que me provoco una sonrisa.
Las primeras horas fueron sencillas, solo caminaba y ascendía poco a poco pues el sendero apenas tenía desnivel. Mientras caminaba iba anotando pequeños detalles en mi cuaderno como los tipos de arboles, formaciones rocosas, la posición de algunos claros… solo era una costumbre que había adquirido, pues nunca sabia hasta que punto aquella información me podía resultar útil. A media mañana me detuve junto a un pequeño arroyo a beber algo de agua de mi cantimplora y fue entonces cuando me di cuenta de algo.
Fruncí ligeramente el ceño y volví unos pasos atrás para luego avanzar de nuevo mientras mis ojos permanecían fijos en el suelo. No… no eran simples imaginaciones mías, me agache lentamente y entre la tierra podía distinguirse restos muy desgastados de lo que debía de haber sido en su día un camino, no era un sendero natural, las piedras estaban demasiado alineadas y colocadas aunque ahora permanecían ocultas por la tierra. Pase suavemente la mano sobre una de ellas apartando la tierra que se había acumulado durante años - ¿Lo ves? – Pregunte a furia mientras esta descendió lentamente hacia mi brazo observando la roca.
Claramente aquello no podía haberlo hecho la naturaleza, alguien había pasado por allí, quizás hacia décadas o siglos, pero alguien lo había hecho. Entonces ¿Por qué nadie del pueblo lo había mencionado?... Durante unos segundos me quede allí quieta, analizando la situación y no tardo en aparecer, una suave y pequeña sonrisa adornando mis labios. Aquella era exactamente la razón por la que me gustaba explorar, todo el mundo había asegurado que no encontraría nada y antes incluso de llegar a la mitad del recorrido ya sus palabras estaban equivocadas. Guarde mi cuaderno y me levante lentamente. En lugar de continuar por el sendero principal decidí seguir aquel antiguo camino casi oculto por la vegetación. Si alguien había construido aquello debía de llegar a alguna parte ¿no?
Los primeros metros me parecieron un poco complicados, algunas raíces demasiado grandes atravesaban el sendero como si la vegetación hubiera intentado devorarlo a lo largo del tiempo. Algunas piedras apenas sobresalían entre la tierra húmeda y otras habían acabado completamente cubiertas de musgo, aquello provoco que tuviera que detenerme varias veces para comprobar que estaba siguiendo el mismo camino. No era un lugar utilizado hacia muchísimo tiempo y por eso precisamente seguía avanzando.
Cada paso solo alimentaba aquella sensación que llevaba días sintiendo dentro de mí. Esa extraña certeza que me resultaba difícil de explicar, esa que aparecía cada vez que encontraba algo que nadie parecía haber mirado por años. Lo cierto es que no era emoción ni orgullo, era unas especie de tranquilidad que me decía que estaba exactamente donde debía de estar.
Lo cierto es que el sonido del pueblo había desaparecido hacia demasiado tiempo, ni siquiera podía escuchar el romper de las olas o las voces de los pescadores. Solo quedaba el viento que movía las hojas de los árboles y el canto de algunas aves a lo lejos que estaban escondidas en la vegetación. Me detuve un instante para observar el entorno, lo cierto es que me parecía extraño, no sabía decir que era pero simplemente todo parecía estar demasiado tranquilo y Furia también pareció notarlo pues sentí como levantaba ligeramente la cabeza mientras sacaba su lengua una y otra vez.
- ¿Tu también lo notas? – Pregunte sabiendo que no obtendría una respuesta pero tampoco era que la necesitara. Continúe caminando algunos minutos más hasta que el sendero comenzó a volverse más empinado, los arboles comenzaron a desaparecer poco a poco y el lugar comenzó a mostrar arboles más bajos, arbustos que parecían más resistentes al calor y enormes paredes de roca volcánica que sobresalían de la vegetación.
El aire también había parecido cambiar, era más fresco pero mucho más seco que el de la costa y eso me gustaba. Cada metro que ascendía provocaba que Baquella se volviera más pequeña a mi espaldas, hasta que finalmente el sendero acabo llevándome a un saliente donde prácticamente podía observar toda la isla. Mentiría si dijera que pude continuar, lo cierto es que no pude evitar detenerme, desde allí el pueblo parecía una diminuta colección de casas blancas que abrazaban la costa y desde allí el faro continuaba siendo lo que más destacaba.
Apoye una mano sobre la roca mientras observaba el paisaje, me resultaba curioso… los habitantes de Baquella levantaban la vista cada mañana y veían el volcán. Yo ahora mismo levantaba la vista y veía el mundo entero… quizás esa era la diferencia y no era cuestión de quien tenía razón, solo de lo que cada uno estaba buscando.
Sonreía para mi misma antes de volver a sacar el cuaderno y sentarme en el suelo de aquel saliente. Hice un boceto de la isla marcando el recorrido que había seguido hasta allí y la posición aproximada del antiguo camino pues no quería olvidarlo. Pues si alguien lo había construido significaba que había un motivo para hacerlo aunque aun no lo conocía. Pero en aquel momento tampoco me importaba, había avanzado, había descubierto un lugar hermoso y por hoy solo deseaba continuar contemplándolo mientras tomaba notas antes de volver.
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-Hablo- "Pienso" Describo // Cronología
