[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
Lo reconoció. ¡El marine lo reconoció! ¿Cómo era eso posible? Siendo él un simple “médico” ni siquiera debería tener un cartel de recompensa y ¡Bah! ¿A quién engañaba? Se lo merecía desde hace años, pero sea como sea, eso no lo hacía sentirse menos nervioso ante la presencia de un emisario de la ley, sin importar en donde estuvieran, aunque lo peor de todo ello era la familiaridad con la que Merlot le hablaba al mink. A veces olvidaba el nulo sentido del peligro que podía tener su compañera y como esta podía arrastrarlo a situaciones demasiado…extravagantes.
 
¿Y ahora qué se supone que haría él?
 
En medio de los cortos tragos que dio a su cerveza, pudo escuchar la voz del marine leopardo con demasiada claridad, aun en medio del griterío de la multitud. Estaba seguro de que, de estar en otro tipo de isla, estaría muerto y más aún porque… ¿De verdad olía tanto a menta? Aspiró un poco de la esencia que quedó impregnada en la única manga de su túnica y lo cierto es que, para él, el olor era apenas perceptible, aunque no es que su olfato fuera una eminencia precisamente, entonces… ¿El mink si podía percibirlo solo con su perfume?... ¿Acaso debía dejar de usarlo? ¡No, no, no! No podía imaginarse un solo día alejado de ese preciado aroma.
 
Suspiró y se hundió aún más en su asiento, dejando que el marine tomara por completo el control de la conversación, lo que al final derivó en un diálogo más formal y decente del que pudo haber imaginado, incluso uno con algo de razón, pues era cierto que en esas tierras tendrían que suprimir cualquier instinto de rivalidad que pudiera haber, más en medio de aquellos juegos, de hecho, la actitud del angelical custodio pelinaranja que lo recibió fue suficiente para comprobarlo: no dejarían pasar comportamientos inadecuados, aun así, el pelirrosa no pudo hacer más que morderse la lengua para evitar responderle al leopardo, más aún porque al final de sus palabras sintió la inmensa necesidad de aclararle que el no le arrancaría a nadie las amígdalas…no gratis, al menos.
 
Menos mal que Maki llegó con la chica Melón a salvarlo de aquello…bueno, eso había creído hasta que escuchó la descabellada propuesta de su capitana, una propuesta que no solo lo hizo saltar de su asiento si no que lo llevó a tomar más de un sorbo de su cerveza que, al final, fue demasiado alcohol en muy poco tiempo para su sistema…el suficiente para que su reticencia inicial de entablar conversación con un miembro de la marina se fuera por la cañería, aunque…lo cierto es que no esperó escuchar una respuesta de su parte.
 
—¡JA! ¡Lo ven! Incluso el marine piensa que… ¿Eh? Espera… ¿Qué? —Tuvo que dar otro sorbo a su cerveza para analizar mejor, según él, las palabras dichas por aquel leopardo, incluso parpadeó un par de veces antes de procesar tan sincero consejo, aunque, al final de todo, el pelirrosa terminó suspirando casi cansado… ¿Qué podía esperar de la marina? Suponía que a ellos no les quedaba de otra que soportar a sus compañeros de división, a fin de cuentas, no es que pudieran elegir a su grupo…siempre supo que alguien más debía asignárselos.
 
—¡Ah! No sé porque pregunté, en la marina siempre son tan rectos y justos que ni siquiera les permiten elegir a sus propios compañeros, aunque…Jmmm…Supongo que en algo tienes razón —. Se encogió de hombros antes de mirar a la pelinaranja a la que invitó a sentarse a su lado por un momento. —Aquí entre nos, supongo que podía aceptar tu consejo extraoficial, marine…Me estas cayendo bien, así que espero que no tengamos que arrancarnos las amígdalas, aunque… ¿Te confieso algo? La única manera en que yo le arranque las amígdalas a alguien o cualquier otro órgano, sería solo si me pagaran. Soy un simple médico, marine…no un salvaje —. Le sonrió, como si nada, aunque esa mueca carente de significado real quedó oculta tras el velo que apenas se alzaba cuando intentaba beber algo de la cerveza que…que en algún momento se terminó. Tuvo que pedir otra a la chica de las bebidas que pasaba de vez en cuando cerca de su asiento.
 
Tuvo la suerte de que la conversación no siguiera, bueno, al menos no de momento, pues la voz de Miyori, en ese preciso instante, captó toda la atención del médico, quien, ahora, intentaba grabar en su mente las palabras de la chica naranja… ¿Se conocían? ¡Claro! Se supone que algo así le había dicho en el sendero, pero lo cierto es que solo podía recordar el incidente del pseudo-suicidio, el violín y unos cañones resonando contra el puerto mientras él, junto a otra persona, que suponía debía ser esta chica naranja, miraban desde un faro como si fueran emperadores mirando desde un palco.
 
—Jmmm…familia pesquera, sí…viene bien que sepan de navegación, eso nos serviría y seguro también podrías ayudarnos a conseguir mejores peces cuando estemos en alta mar, aunque Merlot y Maki son unas aburridas vegetarianas…aunque he visto a Maki comer bolitas de pulpo, así que no sé que tan vegetariana sea realmente —. Como solía suceder casi todo el tiempo, el médico terminó enlazando una idea con otra que derivaba en una conversación que poco o nada tenía que ver con la inicial. No era su culpa, simplemente, solía ser así de distraído. —Como sea, con que sepas navegar y usar el arco es más que suficiente, además…
 
No pudo terminar de hablar cuando escuchó que la pelinaranja se llamaba torpe a sí misma. En ese instante el médico no pudo hacer más que soltar una carcajada que hizo que la jarra de cerveza en su mano se estremeciera, haciendo que algo del líquido terminara regado sobre el suelo y sobre sus zapatos…lo lamentaría cuando estuviera en sus cinco sentidos.
 
—¿Torpe? ¿Has visto a Maki o a Merlot? ¡JA! No es que nos caractericemos por ser los más listos, además, mírame a mi…ni siquiera puedo recordar como te llamas y mira…je…ahora soy amigo de un marine peluche —. Intentó señalar a su lado, a donde creía que estaba Kibai, pero no se había dado cuenta que el mink había saltado hacia atrás para poder hablar con otro de sus compañeros marines y tampoco es que se fijara en el momento, pues el combate dio inicio por todo lo alto, haciendo que su atención fuera de Miyori a la arena y luego a…¿Maki?
 
—¡OYE, IGUANA! —Llamó a su capitana al verla tan cerca de la baranda. —¡ALÉJATE DE AHÍ! ¡No pienso gastar vendas ni alcohol en heridas que pueden evitarse! —Llamó la atención de la calva mujer, pero algo le decía que sus palabras caerían en saco roto. —Ves…Naranjita, con este tipo de cosas tengo que lidiar.
 
El sonido de un den den mushi ajeno lo hizo centrarse de nuevo en un punto distinto de todo lo que ocurría a su alrededor. Primero vio que Miyori sacaba el caracolito para responder una llamada y él, mientras tanto, hizo un gesto de desinterés con su mano cuando ella se disculpó por atender, lo que finalizó en el médico con su atención puesta de regreso sobre el combate.
 
Todo ocurría muy rápido.
 
Los golpes. Los huesos crujiendo. La carne de aquella mujer que fue compañera de Merlot, abriéndose ante el corte de una espada. El barro cubriendo la arena y el enorme cuerpo del hombre de chocolate que ahora era mitad bestia. Sus ojos apenas podían seguir los sucesos, pero lo intentaba, todo mientras que seguía bebiendo de aquel elixir de licor que tenía entre sus manos y que poco a poco empezaba a hacerlo menos consciente de su alrededor.
 
No se dio cuenta cuando Maki, al igual que Miyori, también se fue, perdiéndose ambas entre las gradas y dejándolo a él con dos marines sentados justo a sus espaldas, aunque, a estas alturas, poco o nada le importaba; sin embargo, a pesar de su embriaguez, una presencia autoritaria y una semi sombra a su lado lo hicieron alzar la cabeza y fijarse en que, Merlot, nuevamente, llegaba a su lado… ¿Cómo? ¿Cuándo? Y tras eso venía acompañado de un marine rubio con cabellos picudos.
 
Alzó una ceja. Estaba ebrio, pero no tanto como para entender que algo estaba pasando, más aún cuando su compañera le lanzó un… ¿Halago? ¿O fue un insulto? Al marine mink negro que había aparecido detrás de él en algún momento y que hablaba con su nuevo e improvisado amigo, el mink leopardo cuyo nombre no sabía.
 
El médico, confundido, miró al mink leopardo, luego a Merlot, luego al otro mink de pelaje oscuro y al final, sus ojos se centraron en una bandeja de dátiles que el marine dorado le estaba ofreciendo y que el pirata no dudó en agradecer, pues apenas se dio cuenta de que se moría de hambre.
 
En algún punto terminó tomando un puñado de dátiles rellenos y luego, justo cuando pensaba llevarse los frutos a la boca, la retahíla de maullidos empezó.
 
—¿Qué? —Su puño se cerró para no botar los dátiles y su boca, en cambio, se abrió para soltar una carcajada que le siguió al shock inicial… ¿Maullidos? ¿En serio Merlot le estaba hablando a un mink con maullidos? —¡Oye, sirena, no creo que…!
 
Su diálogo, dicho entre risas entrecortadas, se vio interrumpido por algo inesperado, por algo que no pensó en escuchar nunca en su vida… ¿Cómo se supone que pudiera reaccionar ante una situación así?
 
¿Debía reírse o preocuparse?
 
Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa, al igual que su boca, que parecía querer decir algo, pero que no terminaba de formular… ¿Desde cuándo existía el idioma michi?
 
Fue entonces, cuando su mente aun procesaba todo lo que ocurría, que se dio cuenta del peso sobre su hombro, de la jarra de cerveza chocando contra la suya y de la risa descontrolada del mink a su lado…una risa que le resultó demasiado contagiosa, pues el médico ya no pudo contenerse de lo que en verdad pesaba.
 
Soltó una carcajada, una muy buena carcajada, lo suficiente para que los dátiles que tenía en la mano terminaran dentro de su jarra de cerveza y que esa misma jarra terminara en el suelo cuando su mano cedió y no pudo sostener más aquella bebida que terminó desperdigada sobre sus zapatos y los de cualquiera que estuviera cerca.
 
—¡NO PUEDE SER, HABLAN MICHI! —Se apoyó sobre la cabeza de Kibai, mientras que una de sus manos golpeaba su propio muslo sin mucho control, en un intento vano por aminorar la risa que para estas alturas era imposible de ignorar. —No puedo…No me digas… ¿Tú también hablas michi, gatote? —Le preguntó al leopardo entre risas antes de que un pelirrojo se acercara y… ¿Ladrara?
 
Otra carcajada más… ¿Qué era esto?
 
¿En qué momento todos se habían decidido comunicar como animales?
 
¿El Detergente acaso había anunciado una prueba de la que él no estaba anuente?

Debía ser eso y si era así iba perdiendo, porque al igual que el mink a su lado, no podía parar de reír hasta el punto en que su estómago dolía como si hubiera estado haciendo abdominales toda la tarde.

—Es…es lo máximo…Que Merlot casi nos mate subiendo ese condenado chorro de agua ha valido toda la pena del mundo, si no… ¿Cuándo hubiera podido escuchar semejante conversación? —Su risa empezó a parar cuando el mink al que tenía de apoyo se levantó de su asiento y Hyak, al escuchar lo que iba a comprar, se sintió con la suficiente confianza para hacerle también un encargo. —¡Tráeme una a mi también, gatote! Disfrutemos de esta tregua como debe ser...Yo te espero —. Dicho eso, el pelirrosa le  guiñó un ojo al mink y luego se acomodó mejor en su asiento, subiendo sus piernas para apoyarlas en el respaldar de la silla de enfrente y recostando su cabeza sobre sus propios brazos, mientras que ahora se detenía para mirar de regreso a Merlot, al mink negro y al marine pelirrojo quien, curiosamente, se le hacía vagamente familiar.

El pelirrosa entrecerró sus ojos, como si el gesto pudiera ayudar a recordar al chico que… ¡Oh, MIERDA! ¿También lo conocía? ¿De dónde? Si le habló con esa confianza y fue tan específico… ¿Habrá sido compañero suyo cuando se infiltró en una base de la marina en Baterilla o acaso habrá sido un paciente? No, no…en verdad no podía recordarlo con exactitud por más que el color rojo de su cabello le dijera que sí.

—Jmmm…Marine, quisiera poder decir lo mismo, pero… ¿No me confundes con alguien más? Si soy médico y sí te me haces, vagamente, familiar, pero no logro dar con tu rostro… ¿Puedes recordarme en donde nos hemos visto antes? Aunque, puedo adelantarte mi respuesta a tu pregunta: Mis pacientes están…bien…vivos, por supuesto, soy un excelente cirujano ¿Sabes? No hay manera que no sobrevivan a un trasplante que realice yo —. Los “donantes”, por otro lado, esos no solían contarla, pero el marine no preguntó por ellos, así que no valía la pena mencionarlo y mucho menos estando Merlot tan cerca…ella no debía enterarse de nada, de hecho…ahora que lo pensaba, tal vez debía preguntarle cómo estaba, porque luego de escucharla hablar michi, debía estar o muy ebria o muy drogada.

—Merlot, hermosa —. Ahora fue el turno del médico de incorporarse hasta quedar a un lado de su compañera y colocar uno de sus brazos sobre sus delicados hombros. —¿Estas bien? Creí que el malestar de la arena se te había pasado… ¿Estas aluciando o desde cuando hablas michi? Creo que ni yo estoy tan ebrio como para inventarme un idioma felino… ¿No quieres acompañarme a buscar algo para comer? ¿O puedes hacerme unas trenzas como a…? —Miró a un pelinegro que acompañaba al marine pelirrojo, también era marine, pero curiosamente, lucía bastante relajado y, además, le parecía bastante atractivo como para ignorarlo. —¿Quién es el guapo de las trenzas? —Le sonrió al chico, más con la mirada que con la boca, pues esta seguía oculta tras el velo que se había negado a quitarse a pesar de que su identidad era más que evidente.
 
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
Las palabras de Nyra, entregadas como respuesta a su pregunta no tardaron demasiado en llegar, y al mismo tiempo dejaron en evidencia una respuesta que, por lo menos, había tomado a bien buscar reflexionar por unos instantes.

Kael se mantuvo completamente en silencio escuchándola, aunque no analizó más de lo necesario sus palabras en búsqueda de algo más. Nyra, por su forma de ser, ya había actuado más de lo que normalmente acostumbra en aquella respuesta según su criterio. Por el berrido del carnicero, había quedado bastante en claro para todos los que pudieron escucharle que, al menos hacia Nyra, no traía consigo ni una sola "mala intención". Desconocía, al mismo tiempo, que clase de capacidad para ligar tenía un ser como él frente a una persona a la que claramente cuadriplica en tamaño. Pensar en aquel detalle era como imaginar una muñeca siendo manejada por un niño pequeño. La imagen podía incluso resultar irrisoria, pero también preocupante.

—Ya veo...—Nyra no le había contado qué había ocurrido entre ambos, sino la impresión con la que se había quedado después de vivirlo. Había resumido toda una conversación en apenas dos ideas, evitando cualquier detalle que pudiera despertar nuevas preguntas. No creía que lo hubiera hecho deliberadamente, ya que, conociendo a Nyra, probablemente aquella respuesta no fuera más que el reflejo natural de su forma de ser. Aún así... si realmente hubiese escogido con tanto cuidado sus palabras... entonces significaría que llevaba más tiempo comprendiendo a las personas del que él mismo había sido capaz de imaginar.

Una persona complaciente, pero mucho más inteligente de lo que jamás ha llegado a vislumbrar en su ser.

—Resulta interesante pensar que el criminal más peligroso que he visto hasta ahora sea capaz de controlarse y respetar las normas de estas tierras sin ningún tipo de problema. Al parecer, incluso aquellos capaces de acabar con las vidas de tantas personas allá por donde pisa, tienen momentos de calma.—Pero aquella reflexión, en realidad, no iba dirigida hacia Nyra.

Nadie, sin embargo, tuvo capacidad de decir nada al respecto antes de que frente a mis ojos llegara un cuarto marine inesperado, alguien a quién no esperaba ver hasta que finalizase el torneo.

—Shin.

[color=#000080]"Qué mal momento..."[/color] No es que lo estuviera rechazando, sino todo lo contrario. Su mejor amigo era el único que podía derribar en tan solo un instante todo aquello que estaba tratando de construir, viendo a través de su mirada como si fuera un rostro de agua clara y cristalina.  

Si había una sola persona capaz de notar que algo había cambiado en Kael...era precisamente él.

"Deja que sea él quién hable." Lo único que debía lograr es que pasase el tiempo hasta poder retomar su forma de ser. Descolgar la máscara de su rostro...y volver a ser el de siempre, sin que ninguno de los presentes pudiese llegar a notar el cambio en él.

Kael no apostaría para la pelea, ignorando aquel comentario que esperó ver cubierto por las palabras de su compañera y el comandante, mientras planteaba enfocar su mirada en el combate que había estado ignorando hasta el momento. 

Pero no pudo apartar la mirada por completo.

Observando de reojo, había algo que no estaba terminando de entender. Nyra había agachado las orejas tras su llegada, pero...¿por qué? Su sonrisa aumenta, pero sus gestos dejan en claro algo diferente. 

"¿Que está...?" Pero su pensamiento se corta al instante. No podía preocuparse por ella teniendo sus propios problemas que resolver, o todo por lo que estaba luchando se vería derrumbado al instante.  

Omuyaga suspiró, ignorando prácticamente todo el resto de la conversación entre ellos como si hubiese dejado de tener importancia para él, esta vez, pudiendo finalmente centrar toda su atención en el combate. Que el dinosaurio de la prueba de fuerza estuviera jugando con barro era una imagen desconcertante, pero supuso que al igual que los dos cuerpos transformados en un material que había llegado a conocer, lo que estaba haciendo era pelear con una persona que tenía la capacidad de manipular el barro. No le resultaba el elemento más agradable de todos, pero...uno no decide que poder obtiene cuando lo consigue...¿comiendo una fruta? Sí, supongo que esa es la única manera posible de obtener un poder como ese.

—¡Y tú!—Su voz consigue sacarme de mi concentración para atraer la atención una vez más hasta él.—Venciste a Sigurd, y ese tipo es jodido. Hasta dijo que va a matarme, múltiples veces.

Aquella respuesta no podía alejarse en absoluto de la realidad. Un hombre con una recompensa tan alta, criminal, y terrorista asesino de cientos de personas no podía sino buscar la sangre como si aquello no fuera más que un juego para él.

—¿Por qué?—Devolvió la pregunta hacia Kuroshiro como si no acabase de entenderla.—¿De verdad no crees que un hombre con una recompensa expedida de casi cuatrocientos millones por su cabeza, que ha matado como si fuera un juego a prácticamente un millar de personas por toda la corriente Rakusei no va a querer acabar con cualquier marine al que se enfrente? 

Aquello no era una crítica ni un comentario molesto. Sus iris buscaron el rostro de su compañera con una única intención: que no levantase las críticas del comandante a espaldas del hombre de larga cabellera, y lo que su tono de voz no podía hacerla diferenciar...quizás su mirada sí se lo permitiría.

"No puedes decir eso frente a un marine de su misma corriente"

Al final...él conocería a ese titán de siete metros mucho mejor que cualquiera de ellos tres. 

El único sonido que finalmente los sacaría de todo eso, era el del fin del combate. 

Los vencedores, habían sido Jin y Uker, algo que sin dudas, lo había sorprendido por encima incluso del dinosaurio.

máscara del momento
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Hubo un instante —uno muy breve— en el que estar de pie en medio del pasillo, con la multitud subiendo y bajando a empujones, se le hizo sencillamente insoportable. Tan molesto le resultó que, al recibir un tercer codazo a la altura de la cadera, bufó y se rindió, decidiendo regresar a su sitio. Pero, mientras lo hacía, se propinó un sonoro palmazo en la frente con la mano izquierda al caer en la cuenta de algo: con las prisas, había olvidado lo que Zhang le había pedido. Así que, aprovechando que el vendedor  aún andaba cerca repartiendo bebidas, le encargó una ronda extra y emprendió de nuevo la subida hacia sus compañeros.

Una vez arriba, volvió a ofrecerles una jarra a los dos y, a continuación, le dedicó a Heras una sonrisa envuelta en una gracia poco habitual en ella. No porque careciera de belleza u honestidad, sino porque, al final del día, su seriedad y su parcial estoicismo siempre le ganaban el terreno a las emociones más puras, como la alegría contagiosa de un gran jolgorio como el que estaban viviendo.

—Espero que Heras se esté divirtiendo —dijo, antes de pegarle un buen trago al vino rosado—. Heras... —continuó, posando la mano sobre el fornido brazo del muchacho—: Bai, feliz de verte.

Acto seguido, miró al mink instándole con la mirada a que tradujera sus palabras. Fue entonces cuando advirtió que el burro fumaba de una pipa que le resultaba extrañamente familiar. Abrió la boca para preguntarle al respecto, pero, tan pronto como lo hizo, una serie de voces por encima de su cabeza reclamaron su atención.

—Perdona, Zhang —respondió volviendo su atención hacia él al percatarse de que había dejado de escucharle por estar cotilleando—. ¿Qué me ibas a decir? —Hizo una pausa y volvió a clavar la vista en la pipa—. ¿Eso es...?

De nuevo sonaron ruidos a su espalda que los cortaron. Dio un trago rápido mientras giraba el cuello y entonces lo vio. Alguien había comenzado a despeñarse entre las filas de espectadores: una figura que rodaba rebotando entre las piernas de la multitud mientras soltaba algo parecido a un grito de socorro, fundiéndose con las exclamaciones de pánico y el estruendo general de la arena.

—¡Eh!
—¡Cuidado!
—¡Los de abajo, apartaos!

Los gritos le retumbaban en los oídos y las imágenes eran procesadas por sus ojos, pero su cerebro, bastante achispado a esas alturas, tenía severos problemas para decidir entre salvar la jarra, atajar a la muchacha o simplemente apartarse. Por suerte, su cuerpo reaccionó más rápido que su mente y, aunque no fuera la decisión más brillante, al menos sus manos se movieron y apartó la bebida hacia atrás para evitar un desastre mayor.

O al menos, esa había sido la intención.

Pues, tan pronto como Maki aterrizó de golpe sobre sus piernas y la agarró del cabello para plantarle un beso, la impresión hizo que Bai golpeara sin querer la jarra con el codo. El recipiente salió volando unos centímetros y la catástrofe se desató en cadena: primero, el vino rosado salpicó el suelo; luego, empapó unas botas; y finalmente, anegó unos pantalones que apestarían a licor durante una buena temporada.

Todo el brebaje había ido a parar sobre el muchacho sentado justo detrás, quien, como un resorte, se puso en pie de un salto.

—¡¿Pero qué demonios...?!

Tras aquellas palabras se desencadenó un alud de insultos y protestas, alimentados por la rabia de haber sido bañado en vino.

Bai, mientras tanto, apenas se estaba recomponiendo del impacto del beso.

—¡POR TODOS LOS CIELOS, SEÑORITA!

Con la atención fija en Maki, escuchó a Zhang sobresaltarse. Giró la cabeza hacia su compañero, sintiendo un calor abrasador brotarle en el pecho, extenderse hacia su vientre y volverle la respiración espesa y pesada.

—Zhang, yo... —murmuró, desviando la mirada hacia Heras con las mejillas ardientes y encendidas, como si él tuviera alguna clase de respuesta adecuada para el momento.

Mientras tanto, en medio de aquel revuelo, una voz nueva —curiosamente familiar para la birkaniana— se abrió paso entre el gentío que gritaba hacia la arena y se quejaba de lo que acababa de ocurrir con Maki y la birkiniana. Así que, curiosa, Bai giró apenas la cabeza en dirección a Zhang,  escuchando tras de sí una discusión a tres voces sobre si debían decirle algo a la gigante alada o no, la cual volvió a pasar completamente desapercibida por su desconocimiento del idioma, y vio a otro mink agacharse para recoger la pipa que su nakama había dejado caer durante el desbarajuste.

—Ese uniforme... —murmuró, frunciendo ligeramente el ceño mientras seguía con la mirada al recién llegado—. Espera...

El mink recogió la pipa del burro y se la tendió con una sonrisa tranquila mostrando, ahora sí, su rostro.

Bai parpadeó un par de veces.

—¿Kibai...?

Al otro lado, alguien seguía protestando por el vino, aunque aquellas voces llegaban hasta ella tan amortiguadas como el rumor distante de la arena.

—Es Kibai —le dijo a Maki y a Heras, confiando en que ambos le entenderían. Y aunque era obvio de quién se trataba, pues no había más minks como él en Shandora, el juicio nublado por el alcohol le impidió razonar con mayor claridad.

Paralelamente, a su espalda, ya se podían empezar a escuchar por encima del resto ruido varias amenazas suaves dirigidas a su persona, que iban desde un tajante: «¿No ves que se está haciendo la sorda, la tonta esta?» hasta «Voy a hacerle pagar por esto».

Pero a Bai le siguió dando igual.

Así que se limitó a imitar a Kibai, intentando responder al leve brindis, y buscó a tientas la jarra de vino a su alrededor... hasta que descubrió que ya no estaba allí.

—¡Suéltame, imbécil! —bramaron a sus espaldas—. ¡Le voy a partir la madre! ¡Por culpa de tu amiguita la calva miren cómo me ha dejado la ropa!

Bai no entendió la amenaza ni se molestó en comprobar cómo dos jóvenes sujetaban a su compañero, que no dejaba de vociferar por la mancha de vino señalando a Maki y encarándose a Kibai.

—¡Oye, tú, el marine gatito! —gritó uno de los revoltosos, gesticulando hacia Kibai con indignación—. ¡¿Es que no vas a hacer nada?! ¡Mira cómo nos han puesto! ¡Echa una mano o pon orden aquí!

La vista de Bai para ese entonces pivotaba de uno a otro de los presentes sintiéndose cada vez más mareada por la rapidez con la que movía la cabeza.

—¡Oye, imbécil!

Bai se había empezado a inclinarse para devolverle el beso a la muchacha, sin embargo este jamás llegó pues una mano pesada se le incrustó en el hombro, acompañada de un áspero reproche: —¿Es que no te vas a disculpar por lo que acabas de hacer?

Ante aquel contacto, Bai se giró por tercera vez. El suelo parecía oscilar mucho más de lo debido y, por un segundo, entornó los ojos intentando enfocar al tipo empapado que tenía delante, el cual gesticulaba y hablaba a una velocidad frenética que ella no lograba procesar.

—¿Qué te pasa? ¿Es que en tu tierra no saben lo que cuesta la ropa?

Bai frunció ligeramente el ceño, descolocada.

—¡ Al menos mírame a la cara cuando te hablo, imbécil!

Bai miró de reojo hacia donde estaban los demás, observando como los amigos del muchacho empezaban a gesticular de forma agresiva hacia Zhang y Heras, mientras uno de ellos volvía a increpar al mink de la Marina. Bai negó con la cabeza. El joven empapado volvió a alzar la voz e insistió, y justo cuando sus dos acompañantes intentaron intimidar al grupo hinchando el pecho y dando un paso al frente, un espectador ajeno, que ni siquiera había visto cómo había empezado la trifulca, se levantó de su sitio convencido de que iba a estallar una pelea campal.

De pronto, el ambiente colapsó. Las voces empezaron a solaparse en un griterío indescifrable; todo se convirtió en una marea caótica, una tormenta que se volvía cada vez más ensordecedora y cercana. Perdida en medio de la vorágine, Bai se giró de nuevo hacia Maki como si la otra mujer pudiera ayudarla.

Pero la verdad era que ni siquiera la estaba mirando a los ojos: su mirada estaba clavada en sus labios. Bajaba por su mentón, rozaba su clavícula y...

—¡Scrum!

Eso sí lo entendió, aun cuando el resto de las palabras se ahogaron en la bronca general.

Para ese entonces, la gente de las filas contiguas empezaba a apartarse a toda prisa, mientras otros se agolpaban con morbo para mirar.

Así es que se sucedieron los primeros empujones involuntarios.

Alguien tropezó, otro respondió con un codazo y, en mitad del caos, Bai balanceaba la cabeza de un lado a otro intentando comprender qué demonios estaba pasando y pensando en lo muchísimo que le habían arruinado el momento.

—¡Scrum! —volvió a retumbar en medio del gentío.

Fue entonces cuando el joven skypeano volvió a agarrarla del hombro, esta vez con una fuerza mayor. En la mente de Bai, densa y adormecida por el licor, las explicaciones dejaron de importar al ver cómo los nudillos del tipo emblanquecían por la presión sobre su piel.

—Disculpa un minuto —le dijo a Maki con una serenidad casi insana, completamente ajena al torbellino de gritos que las rodeaba.

Se giró sobre sí misma por completo y...

¡BAM!

El muchacho salió despedido hacia atrás por el impacto, estampándose contra sus propios amigos.

Uno cayó sobre el banco, el otro trastabilló de mala manera y, en ese preciso instante, la grada entera a su alrededor estalló en gritos de nuevo. Sin embargo, el estruendo duraría poco más de apenas un suspiro pues, mientes el tipo que Bai acaba de golpear se ponia en pie valiéndose de sus amigos, la voz retumbante del Dirigente amortiguó el inicio de lo que iba a ser una batalla campal en los asientos.

—¡Y HASTA AQUÍ EL COMBATE, DAMAS Y CABALLEROS! ¡LOS DOS PARTICIPANTES QUE SE ALZAN CON LA VICTORIA SON... ONIZUKA JIN Y RACKHAM UKER!

Hubo silencio en aquel pequeño espacio por un momento, la mayoría de ojos desviando su mirada hacia la arena, y de repente una ovación tapó los insultos de los agredidos. Pero aquello no terminaría así. Y es que, en el breve lapso de silencio en el que el Dirigente hizo su pausa dramática para anunciar al campeón definitivo, los amigos del muchacho empapado intentaron abalanzarse sobre Bai retomando las cosas donde lo habían dejado.

Manos volaron hacia ellos, gente del público que los atrapó intentando poner calma ante el anuncio de su tan amado animador.

Bai volvió la cabeza hacia sus compañeros entonces, disculpándose con la mirada por el espectáculo que acababa de provocar.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
El sol seguía brillando en lo más alto de la bóveda celestial, dando luz e iluminación infinita a la tierra dorada de Shandora. El previo discurso de la Voz de Birka, Kuraku Natta, arrojaba una luz de paz y esperanza sobre una nación que había sido asolada por la discordia y diferencia de clase mucho tiempo atrás. Un discurso que precedía al combate de las semifinales mientras, en la zona de las gradas, observaban tal épica disputa con mucho júbilo y jolgorio los Shandorianos nativos de la ciudad, además de aquellos provenientes del Mar Azul.

Si bien era cierto que aún seguía existiendo disparidades entre los birkanianos pertenecientes a la rama más conservadora y a la demografía más anciana, lo cierto era que en aquella área, se respiraba una paz abrumadora. Paz y, posiblemente algo de vicio y el inicio de algún que otro romance que podría sacudir los cimientos de la historia en un posible futuro, nunca se sabía. Pero si había algo que verdaderamente se olía desde los asientos dónde se ubicaban los espectadores, era el fuerte olor al alcohol. Los múltiples intercambios de cerveza y licores exóticos autóctonos de la isla celestial, habían puesto en jaque la psique, nervios - y el libido de algunos y algunas, sea todo dicho - a más de uno de los protagonistas que conformaban esta historia. Pero si había alguien que había sufrido las consecuencias de aquella descuidada forma de beber, había sido una de las que portaban la sangre birkaniana por sus venas. La bella mujer de tez morena y pelo bicolor, de hermosas y grandes alas blancas inmaculadas, caía rendida ante el excesivo consumo del alcohol, quedando completamente dormida y ensoñando toda clase de sucesos y acciones que jamás sucedieron. La hermosa birkaniana, ahora, reposaba y dormía en paz, experimentando un sueño tan profundo que ni el griterío de todo el público que se encontraba junto a ella eran capaces de despertarla. Después de todo el esfuerzo generado durante el ascenso por el Knock Up Stream, el recorrido hasta llegar a Shandora y la emoción de los juegos, quizás, lo que mejor que podía hacer ahora Bai Mudan era descansar.

MOTIVO DE MI INTROMISIÓN
Que incomodo momento cuando intentas llamar la atención de la artista y esta te dice que más tarde. No podía pensar que esa fue su respuesta y seguramente no la volvería a ver. No importa, sin esperar, seguramente una vez el combate terminara podría cruzar camino con ella a ver si realmente le regalaría su autografo.

— Tuve el placer de conocerla en Karate, un amigo nos ayudó a comunicarnos. Me hizo creer que me casaría con ella, aunque pensándolo bien debí tomar la oportunidad JAJAJAJA.— Anecdotas que tienen cerveza y mucho baile. — Un placer, silencio. Y claro, no puedo perder la oportunidad de una buena bebida.—

El señor Sangolao me enseñó unas cuantas cosas que yo realmente necesitaba entender, por eso no se siente del todo justo, lo bueno es que hay maneras de poder enfrentarse a alguien así y creeme que no dudaré en aprenderlas. De la misma manera la clase sobre estas frutas que dan poderes tienen cualidades muy diferentes. Comenzaba a pensar que necesitaba abrazar mis cualidades, pero nunca le había dedicado tiempo suficiente a eso. 

Con atención mientras el compañero Mink me enseñaba sus cualidades con la nieve mi mirada se desvió un pequeño instante, mi vista notó a Bai. Las frutas del diablo son un tema complicado y no podía prestar atención a ambas cosas. No soy tan multitasking, pero la conversación me atrapó unos instantes y también la historia sobre Cao, quien parece tenía los poderes de hombre de barro. Entonces entendí que los poderes solo se tienen si la otra persona deja de existir. Su propuesta sobre entrenar fue algo que me encantó y que no dejaría pasar. Ya veo que ese porte de señor sabio no es pura pinta, parece que se las sabe todas.

— Fijelo Sr Sangolao, luego del evento tendremos una oportunidad para practicar. Con suerte podré enseñarle lo que sé. — Mostré un pulgar alto lleno de confianza. Una mirada al pequeño Mink, que no era para nada pequeño, pero cómo mido cuatro metros por las cualidades de mi fruta entonces en perspectiva él se ve pequeño. Mi trago duró menos que una flatulencia en una hamaca, como se dice tradicionalmente, “duró menos que un peo’ en un chinchorro.” 

La cosa pintaba bien hasta que noté que fumaban, vi la pipa y no pude evitar alejarme un poco del humo, un poco cómo para ponerme de pie. — Yo te ayudo con eso. — Tambien quería hablar con Bai, me gustaría darme la oportunidad de poder volver a charlar con ella. Mi caminar reveló lo macizo que ando. Pude ver en vivo y en directo cómo Bai iba de lado a lado.

Creo que le pegó fuerte el alcohol.

Lo sorprendente es que Maki vino hasta donde estábamos nosotros. Quizá vino demasiado directo. Puse mi atención en cómo hacía su aterrizaje rocambolesco sobre el grupo al que me quería unir. Solo quedé fuera de cuadro. Me llevé el pulgar a la boca y lo mordí, admito que mi erección cambió de ángulo bajo la ropa y se podría notar más. Lo cierto es que ver a esas dos mujeres dispuestas a besarse si me calentaba. 


No estaba lo suficiente bebido para estar borracho, pero si desinhibido. Notando como la artista orquestó todo un desastre que ensució a ambas con el vino. O no. No lo pensé, solo reaccioné y aquella tela blanca que le cubría quedaba en ropa interior. Aquella túnica sería lo que usaría para limpiar tanto a Bai como a Maki. Alguien debe rescatarlas de las infames manchas de vino y la única tela que tenía a la mano. 

Un cuerpo tonificado. Entrenado con la disciplinas de las artes marciales, tonificado a cuestas de la navegación, sumado a una vida entera al aprendizaje del cuidado de aquella piel color zirconia,  que bajo el sol reluce lo tersa y bien cuidada que está. De la misma manera sus ropas pasaron a ser mínimas, hoy que no llevaba el estilo de leopardo si no algo un poco más conservador. 

—Oh no, las manchas de vino son realmente difíciles de quitar. — Si dudar usé aquellas telas para ayudar a las besadoras pues estaban hechas todas de un desastre. Lo malo de mis ropas actuales era que la buena tela tan bien confeccionada muy fácilmente marcaba los relieves de su cuerpo. Aquella seda negra con detalles en dorado solo era una mínima cubierta que revelaba demasiado. Claro que me puse sobre una rodilla mientras las asistía, pero a Bai la alteró y se puso de pie por lo que me terminé enfocando mas en la chica asadita.


Con la voz del señor sangolao en mi cabeza ante los inminentes gritos de mis acciones. — Para darme el autografo no hacía falta caer sobre el grupo. — Miré con atención a Maki, de cerca al percatarme de que aún conserva ese olor de almendras de cuando cruzamos caminos en la isla Karate. — Si tienes algo con que firmar, ah pero ya no tengo que me puedes firmar. Oh bien, puedes darme el numero de tu Den-den Mushi y así puedes firmar más adelante.  — Busqué la manera de gestionarlo mientras su gigantes secaban a guillermo novellis. Imaginaba todo quedaría en un accidente y tras hacer el intercambio de los digitos con la artista. — Me encantó como hiciste el espectaculo. ¿No hacen presentaciónes? Me gustaría invitarte a que te presentes y nos dieras un espectaculo. Lo hiciste genial.— Claro, ella es una mujer con talento. No voy a ponerme como el fan intenso. Ademas de que pensará una artista famosa de ver a un fanatico con un pistolón enfundado, pensará que quiero un duelo de vaqueros  No puedo negarlo, es que no podía no verlas esas marcas por todo su cuerpo. Creo que mi compañero tomó vida propia, se sentía como mas marcada. Era cómo tener una brujula que señala al frente todo el tiempo. — Normalmente no estoy así, solo que es que estoy muy emocionado. — Quería disimular. Tras haber secado el exceso. Su vista comenzó a buscar a Bai, pues su voz que enviaba mensajes inentendibles sonaba varios decibelios por encima de su usual calmado. 

Me puse de pie y fui tras Bai la que a cada paso que da va tambaleando. — Qué pensabas Heras.  — Me reproché ante la actitud y todas las cosas cochambrosas que pasaron por mi mente con solo verla y apreciar su marcadas, hipnotizantes, deliciosas y multiples cicatrices.

En definitiva esta mujer no ha aprendido a llevar el alcohol. Un pensamiento que me daba risa y preocupación a partes iguales. Habiendo lidiado con borrachos de todas las tallas mi vista pivoteó de Bai a Maki repetidas veces. Con la tela en mano busqué zonas que aun quedaran blancas para ayudarla, pero entonces las consecuencias del vino y el romo nos alcanzaron. Baí parecía genuinamiente molesta. Siguiendo su mirada iba hacia alguien que acaba de llegar, otro mink. Curioso y atento posé mi vista sobre el que bien era el recien llegado y escuché de manera clara. Era la primera vez que la escuchaba hablando algo que pudiera entender, no es un amigo, no solo por cómo lo dijo, su cara y su uniforme de marine ayudaron mucho. 

Con su vista puesta en ella notó cómo pasó de largo de golpe y se puso tras ella para atraparla y sentarse en las gradas. Como si fuera una bebé que se que ha quedado dormida la cargué y para que no se pudiera lastimar y la acerqué hasta nuestro amigo Mink burro. Una grada encima de nosotros. — En definitiva ella no tolera el alcohol. Sangolao’ Nos tocará cuidarla hasta que podamos llevarla a una posada o algo. —
Yo desinhibido la arropé con aquella tela que saba para vestir y que no pasara frío. Son cosas que le pueden ocurrir a cualquiera con borrachera. Nadie se desentiende de caer con la bebida. Hasta me tomé la molestia de acomodarle el cabello para que no se fueran a pisar por accidente. — Qué vergüenza, no siempre son así, pero estaría encantado de poder contar contigo.— Tras acomodar a la diosa bronceada volví mi atención a la famosa guitarrista, esperando que no fuera demasiado por procesar.  

En ese momento se declararían los ganadores. Parece que Uker no solo había hecho su nombre escuchar en los cabos gemelos. (Noticia de la que me había enterado en el periodico.) En el cielo otambien había hecho que todos supieran su nombre. Parece que seguiras siendo una inspiración que alcanzar.

Con eso y luego la presentación del Rey del cielo, mi atención pivoteo entre Maki, quien no sabía si se quedaría o si se iría.—La unica tela que tengo para que me firmes es esta.— Estiró aquella tela oscura y con detalles dorados. Ciertamente a la hora de mencionar prendas, no tenía demasiadas y las que cargaba en su bolso no eran las prendas que se podían firmar.
MJ cantando smooth criminal
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¿Qué tiene de malo usar arco? Que se lo pregunte al tonto que intentó atacar a Varo Ganchin y que ni siquiera fue una competencia por el primer lugar. Por ahora, se lo dejará pasar a la muchacha. Por mucho que Kiyoshi esté abrió, y mucho más agresivo de lo normal, posee la suficiente capacidad para entender que es alguien que representa algo para su capitán, sobre todo si se confirma que son amantes. De hecho, Ryota, capitán de una tripulación y, por tanto, un tipo confiable, derechamente afirma que son novios. ¿Por qué habría que dudar de sus palabras? — Será que pronto Eros desea quedarse en una isla y formar una familia…? Tal vez por eso se ha vuelto más débil. — Pues alguna explicación hay que darle a que ni siquiera haya quedado en los primeros puestos de su prueba. No es lindo decir que simplemente fracasó.

Ante la felicitación de Miyori sobre su resultado, el médico opta por desviar la mirada, girando el cuello hacia el lado opuesto en donde se ha sentado ella. — Solo hice lo que debía hacer. Mientras tenga que disparar, nadie me superará. — Como siempre, en este arte que es el apuntar y jalar el gatillo, posee mucha confianza, arrogancia incluso. Ojalá pudiese extrapolar ese sentimiento hacia otras actividades que realiza, en las cuales duda mucho más de su capacidad. Sí, esto ocurre incluso en la medicina. Por eso es que estudia y practica tanto, para así asegurarse de estar siempre listo para ayudar a sus pacientes. O, como viene siendo mayormente los últimos meses, a sus amigos.

Lo que sí, le sigue pareciendo extraña la forma en que Eros se comporta. ¿Será por el alcohol? ¿La timidez le hace actuar así? Cierto es que, tal como Kiyoshi, posee debilidad al momento de comunicarse en medio de mucha gente. Cada uno lo resuelve utilizando un método diferente. Al parecer, Eros es más formal, intentando causar la mejor impresión posible. En cambio, Kiyoshi es más cortante, incluso maleducado, sin darse cuenta. El hecho de desconocer las normas higiénicas que sigue el resto solo acentúa su desagrado de que se acerquen mucho.

— ¿Cómo que yo insulto a las personas? — Se pudre. — ¿Acaso eres tonto? — Lo acaba de insultar. — Pues claro que eres tonto. — Lo hace de nuevo. — Me educaron perfectamente para tratar como corresponde a todos. No te permitiré que digas mentiras sobre mí por mucho que seas el capitán. Respeta. Además, ya dijimos que no tienes opinión luego del desastre de hace rato. — Haber quedado cuarto.

La disputa podría seguir, pero la acción en la arena no se detiene junto a ellos, sino que avanza, y con toda la violencia del mundo. Bueno, esto estrictamente si nos fijamos en Uker y Runnin. En cuanto a los otros dos, siguen en lo suyo, sea lo que sea que estén haciendo.

Llega el punto en que el dirigente toma la batuta del asunto y, con su gran voz, da por terminado el combate. Este anuncio de seguro acapara la atención de todos los presentes, pues significa que ya hay un veredicto para elegir al equipo ganador y que avanzará a la ronda final. — Cállense, cállense. El tonto ese va a hablar. — Les exige a todos, Sepulturas, Hanu Mahanas, y a Miyori, y a cualquier NPC de Skypiea que esté por esa zona de las gradas, que guarden silencio para que lo dejen escuchar.

Para empezar, Uker e Inuzuka Jin son declarados vencedores. Kiyoshi internamente celebra, incluso le duele el rostro por tener que controlar la sonrisa que desea aparecer naturalmente, formándose solamente una mueca bastante rara. Las palabras del presentador no terminan ahí, pues da al cocinero y navegante de su tripulación como el destacado del combate, y a su equipo como el segundo finalista del evento. Ahora sí, no tiene forma de controlarse. La espontánea manera de celebrar en vez de gritar “VAMOOOOOS”, es darle un nuevo puñetazo a Eros, esta vez en el brazo. Si este se voltea para ver el rostro de su subcapitán, notará que no lo hizo de forma agresiva, sino como un método para liberar la emoción que tiene por dentro.

Pasa a ver la botella en sus pies, vacía, con la esperanza de que mágicamente se hubiese llenado de nuevo. Lamentablemente esto no pasa, así que solo le queda darse un par de palmadas en el rostro a sí mismo, buscando espabilar. No se le quita la borrachera, por supuesto, pero le ayuda, a intentar siquiera, a recuperar ese tono serio que tanto le caracteriza. — La mujer obscena es fuerte, y aun así Uker pudo imponerse. Le dije que confíe en su fuerza. Todos nosotros sabemos lo fuerte que es, menos él. Espero que esto le sirva a ese tonto para sacar más personalidad cuando tiene una espada en sus manos.

El mensaje no termina aquí. Ahora, sus ojos se posan en Ryota, al cual procede a apuntar con el índice derecho. — Tu tripulante perdió con el nuestro, así que, hasta nuevo aviso, no tienes opinión. — Para qué decir que, además, perdió con Inuzuka Jin. Ahí quizás el pobre capitán de los Mahana se tira de Skypiea de vuelta al mar azul.

Entre tanto, aparece un tipo calvo a hablar. La verdad es que no llama su atención. El emperador sí, y no le quita los ojos de encima. — ¿Es un animal también? Aunque bastante colorido. — Más que dar la bienvenida, cuando el evento ya está terminando, solo da paso al combate final. Primero se presenta el ganador de una de las pruebas. Por parte del equipo de Uker… da igual. Uker no puede ir de nuevo, y parece que Barald tampoco combatirá. Así que no le da demasiada relevancia. Aun así, mirará el combate. — Espero que no dure tanto. Me duele la cabeza y quiero regresar al Black Widow para limpiarlo. Ya debe estar lleno de polvo.

Lávense las manos
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Hablo | Pienso
Cuando Barald se acercó a él, por cortesía, Eros se levantó de su asiento nuevamente sosteniendo el abrigo de Uker en la zurda para extender la diestra estrechando la contraria con confianza. — Hic… Es un placer, joven Kane —Replicó haciendo alarde su cortesía. Desde Little Garden que Eros no se refería a nadie con los modales que lo caracterizaban, pues en Jaya los modales eran llamar a los problemas indeseados, ¿pero cómo no hacerlo ante tan cortés presentación? Cuando se sentó nuevamente para observar la pelea reparó en algo que hasta hace un momento había olvidado completamente, virando su mirada hasta Miyori para ladear la cabeza hacia un lado. — Espera… No estamos en Baterilla —aclaró, por si no era lo suficientemente obvio, antes de continuar. Iba a seguir profundizando pero sintió el grito de los espectadores volviendo sus ojos dorados a la arena.

El coloso de los Ragnarok parecía estar neutralizando a Inuzuka Jin ¿Acaso no sabía que él era el eslabón débil? Quién era verdaderamente peligroso era…

Uker parecía estar manteniendo la presión, la joven de los Mahana que lo había domado en la prueba de fuerza era dura, parecía incapaz de percibir los ataques ¡Era una sin reflejos como él! O quizás simplemente Uker era demasiado rápido. Parecía haber aprendido de los combates contra él, no estaba dando tregua y lamentablemente para ella el combate se detuvo precisamente tras el comienzo de su contraataque. Si eso se prolongaba podría haber otro cantar.

Todos parecían haber recibido lo suyo. — ¿Irán a la victoria por puntos? —Él quería un knockout, con nerviosismo rascó su nuca expectante de lo que iba a pasar. Finalmente lo anunciaron, victoria para Uker. Y la figura destacada había sido…

— Mi desastre fue de 409, tu victoria de 401. No somos lo mismo —Tras responderle al burlesco médico con una sonrisa socarrona su atención volvió al encuentro que parecía estar siendo detenido. Su zurda se aferró a su rodilla izquierda sosteniéndola con cierto nerviosismo antes del anuncio, y entonces sucedió. El capitán no gritó, ni vitoreó con efusividad. Tras recibir el golpe de Kiyoshi que sí dejó salir su emoción de una forma inesperada, Eros simplemente susurró. — Bien… —Agradeciendo en solemne reverencia que las cosas se hubiesen dado como se dieron. Quizás no habían progresado hasta el final como lo habían deseado en un principio, pero definitivamente tenían un parámetro del crecimiento que habían experimentado desde que se conocieron.

Entonces reparó en palabra que habían caído de boca de su coterránea. — ¿Oh? ¿Conoces el haki? —Abrió los ojos de par en par cuando Miyori mencionó mirar algo que no se puede ver. Cada cosa que pasaba lo sorprendía más, y más, hasta que finalmente el ebrio reparó en que más allá de la sobrecarga social que estaba experimentando las últimas palabras de quien desconocía era la prima perdida de Uker lo hicieron asentir en respuesta. — Yo quiero —Comer, beber, ver peleas ¿Cómo podría ser eso mejor? Llevó la mirada hacia la arena mientras preparaban la final. — ¿Y si hiciese combatientes artificiales automatizados para luchar contra gente? Lo imagino… Autómatas contra Luchadores —Posó la diestra en su mentón pensativo

Entonces, el emperador. Cuando lo vió se sorprendió, era un mono ¿Que hacía un mink gobernando Skypiea? Voló en su nube voladora, saludó amistosamente a todos. No parecía rígido o severo, si no más bien un espectador más disfrutando de los juegos. Antes que él habló un señor al que Eros no prestó mucha atención, después de todo la política era algo que escapaba de sus zonas de interés.


Ataud
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-Sigurd Haakon, orgulloso bucanero; el Carnicero de Whisky Peak y capitán de los Piratas del Ragnarok.-

Un hombre de tamaño colosal, forjado por la experiencia y los combates. Desde lejos se nota con facilidad que es un guerrero asiduo a los enfrentamientos y amante de los mismos. Dharma lo observa mientras se presenta; lo mira con precaución mas no con desdén, analizando cada detalle posible. No sería un rival fácil de hallar en el mar o en alguna isla, ni él ni su hermano. Tras unas cuantas palabras, el espadachín lo deja seguir hablando para que presente a otro miembro de su tripulación: un hombre más común, pero impulsado por el mismo ímpetu guerrero. Sin duda alguna son piratas auténticos; existen muchos estilos en estos mares, pero el suyo le parece el mejor de todos.

| Bro... sus ánimos son desbordantes... no sabía que los Buccaneer eran tan... alegres, por decirlo de alguna forma... | Corresponde el saludo sin estrechar su mano, pues tal exceso de confianza no era propio de un oriundo de Wano. En su lugar, extiende un saludo corto y agacha la cabeza mediante una reverencia más tradicional. | Odiseo... ningún hombre que acompaña al caos es un sujeto común... | Suspira ligeramente antes de continuar. | Disculparán mis modales, pero no suelo confiar en casi nadie, y menos en un lugar infestado de combinaciones tan bizarras... | Se pone de pie en su sitio con agilidad y gracia naturales, quedando a una altura más cercana a los siete metros de Sigurd, aunque la diferencia real aún supere los cuatro metros. | El poder se ejerce, Sigurd... tal cual lo mencionas. | Con una sonrisa sutil, admirando las palabras del gigante rubio, Dharma comprende que está ante un tipo de ser que ha visto muy poco o nunca en el océano. Esa leve expresión muestra una alegría especial y lo llena de curiosidad por saber que existe gente con ideales que no se frenan por el color, el tamaño o el dinero. Le atrae el propósito detrás de las acciones; lo demás no cuenta si sirve para un objetivo útil.

Sigurd había logrado algo que pocos en este mar conseguirían de forma genuina. Tanto él como su hermano Ubbe son seres especiales, y no solo por su imponente físico o su férrea actitud. En su mentalidad residía el motivo real que despertó en Dharma algo difícil de conseguir: curiosidad y el ánimo de conversar. Si bien aún no confía en ellos del todo, sabe que son tipos duros. Más allá de querer pelear contra ellos o demostrar superioridad, su ego no es estúpido; la idea de tener aliados de ese calibre cruza por su mente. Tras haber perdido a su tripulación tiempo atrás y sin buscar culpables, aceptaba que todo fue causa de su propia mediocridad y debilidad de esos nakamas. Necesitaba camaradas poderosos con quienes medirse y compartir las peligrosas aguas del Paraíso y, próximamente, del Nuevo Mundo. Dharma acata las palabras del Buccaneer y lo sigue para sentarse un par de asientos más atrás. Parecía que la gente les había cedido el espacio a propósito, intimidados por la enorme estatura de Sigurd.

| Sin duda alguna ese sujeto es de lo más extraño... | Dice mientras observa cómo el cuerpo del rival se transforma en lodo. | Logia... ese tipo de frutas son demasiado complejas... las he estado estudiando y sé que en esta isla encontraré la manera de contrarrestarlas. | Dirige sus palabras a Sigurd y a sí mismo; aunque observa el combate de Ubbe y lo alienta en silencio, le preocupa encontrar los conocimientos necesarios para contender contra los usuarios de estas habilidades. | No lo tiene sencillo Ubbe... pero tampoco los otros... lamentablemente. | Clava sus ojos en Runnin por unos segundos. | Aquella mujer tiene poca experiencia en estas situaciones... aun así, por algo está ahí y es fuerte; la vi en la prueba de fuerza. | Dharma responde a Sigurd mientras realiza su propio análisis de la batalla. Convertido en un espectador más, no siente ansias de pelear en una simple exhibición, pues no halla valor en la misericordia disfrazada de debilidad. La muerte es la mejor inspiración para los guerreros, seguida por la gloria de saberse victorioso.

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Kael no parecía muy convencido por mi respuesta… aunque admite que incluso los asesinos pueden tener momentos de calma. No respondo, porque la realidad es que no sé de él más de lo que ha ido contando el gobierno, y no he llegado a hablar nunca con una víctima de sus actos.

Shin llega poco después y tras hablar un poco sobre los juegos, ¡dice que Sigurd le ha dicho varias veces que lo quiere matar! Apenas expreso mi sorpresa, Kael me hace una pregunta y, antes de poder responder, el albino me tira de las mejillas.

―¡O eo alaaag! ¡O eo alaaaaag! ―exclamo intentando apartarle las manos hasta que deja de hacerlo, a lo que lo miro con cierto reproche―. ¡Sabes que no puedo hablar cuando me haces eso! ―me quejo antes de inflar un momento las mejillas y volverme hacia el moreno antes de volver a ir mirando a todos los presentes―. ¡Esas cosas ya las sé! Pero lo lógico es que quisiera ir a por casi todos los marines, ¿por qué es tan raro que pregunte por qué quiere matar específicamente Shin?

La voz del dirigente clama el final del combate y mis iris viajan de inmediato hacia la arena. Todos siguen en pie… ¡y yo me he perdido los detalles! Sin embargo, aplaudo con una sonrisa y bastante energía cuando anuncian a los vencedores… ¡Y el primer puesto es para Uker! Lo aplaudo cortésmente, conteniéndome para que no se me note que tengo cierta preferencia por su victoria. La verdad es que me alegra que, tras haber sido descalificado, haya podido demostrar su valía en este combate.

Tras aquello aparece un tipo muy raro con un bastón aún más raro y que habla igual de raro. La verdad es que no aporta mucho ni tengo muy claro quién es. Sin embargo, aparece poco después… ¡la nube voladora! ¡Y tiene un mink sobre ella! ...¡¿El emperadoz Zarutsuki?! ¡¿Quien gobierna en una isla de gente alada es un mink?!

Shin se despide a su manera y mis labios se curvan levemente.

―Buena suerte ―deseo en una voz que sólo él y Kael, y quizás Stroud, podría oír.

Con el mismo destello con el que se desvanece, aparece inmediatamente en el escenario. Desde el lugar en el que se ha colocado podremos ver el combate sin ningún problema. Contengo un suspiro, prestando atención al combate mientras terminaba de perfilar la razón para largarme en cuanto este terminara. Shin había dicho que ya hablaríamos luego, así que mejor que desapareciera por si así se le olvidaba…



Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
La pelea de semifinales estaba en su punto más alto. Los cuatro participantes lo daban todo por seguir adelante y alzarse vencedores, por ellos mismos y por sus equipos, mientras la grada enloquecía por momentos y por momentos se quedaba callada. Enji, miembro del equipo número cinco y compañero temporal de Ubbe, era un espectador más del encuentro. El más desnudo de todos los espectadores, con un par de botas y un par de guantes como únicas prendas. Estaba parado al frente de la grada, las manos apretando la baranda y una sonrisa permanente, y algo psicótica, en los labios. Hacía lo posible por analizar lo que estaba pasando en la arena pero, francamente…

—No veo ni mierda… —reconoció en un bajo susurro. Los protagonistas desaparecían ante sus ojos, convertidos en borrones de velocidad que se desplazan por la arena y luego se reforman en otra posición. Los dos morenos eran los más rápidos ( que raro ), dos balas de cañón ( y no estoy hablando de sus pechos ), pero El Marcado y el yakuza tenían sus armas también. En especial Jin, a quien vio desmenuzarse en un montón de tierra apenas Ubbe le puso las manos encima—. ¿Que carajos…? ¡Eh, Juez! ¡Eso es trampa! —exclamó. ¿Una fruta del diablo? La única persona que conocía y que podía hacer algo parecido ( deshacer su cuerpo en otra cosa y volver a armarlo ) estaba en el grupo de finalistas—. ¡Cómetelo, Grandote! ¡Recuerda que eres un pirata! —Sus dedos hicieron crujir y chillar la madera. Un hilo de vapor subía desde su palma; estaba sudando gotas de veneno y su acidez comenzaba a corroer la madera—. ¡Vamos! Tch… —Chasqueó la lengua cuando el filo de la espada de Rackham surcó la piel tostada de Runnin, sus ojos se pusieron en blanco y la vena de la frente se le infló hasta palpitar con cada latido de su corazón—. ¡CÓMO LE DEJES UNA MARCA A ESA MUJER YO TE MARCO A TÍ EL CULO, RACKHAM!

La cosa no pintaba especialmente bien. Ubbe estaba jugando en el barro y Jin parecía estar pasándolo increíble. O no. Era difícil leer sus emociones cuando no paraba de deshacerse en barro. Por otro lado, Uker, tras el primer golpe recibido, se había repuesto y ahora tenía controlado el ritmo del combate.

—Son duros, sí. Pero nosotros lo seremos más —dijo a su mano derecha, su fiel compañero, Juanchito, para después darle un coscorrón en el caparazón—. ¡Y no quieras distraerme ahora! Eres el enemigo, Juan. Tú y Stroud, y la de orejas de perro también. Se llama Nyra, ¿no? Siempre me olvido de su nombre, cuando la veo sólo puedo fijarme en su cu… ¡EH! ¿QUE TE ACABO DE DECIR, RACKHAM?

Estaba concentrado en la trifulca, la mirada puesta en los contendientes sin apartar un segundo sus ojos de los golpes. Juan mencionó algo más, un nombre común: María. ¿A qué se refería? Pensó en preguntarle, pero demasiadas cosas estaban sucediendo al mismo tiempo. Se dejaría esa duda para otro momento.

La pelea se decidió en las últimas pinceladas. El Marcado dio los cortes que decidieron el encuentro, mientras Jin y Ubbe no pudieron hacer más que seguir jugando entre los dos. Ninguno había influido en el combate. Todo pasó por manos de Uker y puños de Runnin.

—Carajo… —musitó al escuchar el veredicto—. El filo le gana a las tetas. Ya no quiero seguir viendo esto. No me representa.

De un pobre skypieano que estaba a su derecha, un hombre que hacía todo lo posible por mantener su mirada puesta en la pelea y no desviar los ojos NI UN SEGUNDO, bajo amenaza de encontrarse con algo que jamás podría olvidar en su vida, Enji se robó un balde de palomitas. El sujeto siquiera atinó a quejarse, pues hacerlo significaba voltear en su dirección, encararlo, y eso podía terminar muy mal.

—Ten, Gordito. No te vayas a ahogar. —Dejó el balde de palomitas encima del caparazón de Juan, su punto ciego, donde no podía llegar con las patas en su forma de animal completa—. Mierda, quería estar en esa final…

Antes de que Akira pudiera partir en dirección a donde se encontraba Masami, Enji le quitó de encima su chaqueta de capitán y se la colocó sobre los hombros, pero no la cerró. Le gustaba el airecito que estaba corriendo. Después, tras un suspiro, sacó de su bolsillo la cajetilla de cigarrillos y se agenció uno, lo encendió e inhaló una buena calada de humo. Estaba eliminado, junto a su grupo: el evento había dejado de interesarle inmediatamente.

—Voy a dar una vuelta, Juanchito. Si no voy a pelear yo, la final no me cambia nada… —admitió y, semidesnudo ahora, empezó a caminar por la grada en dirección a los palcos—. Quizá la mire desde otro lado. ¿Vienes? Será como un reconocimiento.

Andaba por el frente de la grada, junto al barandal de seguridad que los separaba de la caída a la arena, paseándose frente a todo el público. El cigarro encendido y las manos en los bolsillos, soltando humaredas cada dos por tres. ¿Qué más había en el reino de los cielos? Además de personas aladas, claro.

Un rey.

«¿Cómo se verá un Shichibukai?»

Con ese pensamiento en mente, sonrió de nueva cuenta, el cigarrillo apretado entre sus dientes blancos, y siguió caminando.

off


Salto de foro:


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