Jesse S.
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
85
70
70
70
70
65
70
70
3
47
Era una tarde lluviosa y asquerosa de esas que no daban gusto salir, pero era el único fin de semana que Jesse había pillado libre ese mes y quería aprovecharlo y el agua no encoge si te cae encima. Bueno, en su caso podría decir que el encogía por gusto, pero esa era otra historia, y algo en lo que él en ese momento no estaba pensando.
Cómo no iba de marine decidió ponerse una ropa cómoda que le gustaba llevar, no por nada, si no por que a pesar de la lluvia el bochorno que hacía era insoportable, la lluvia con calor era de las cosas que Jesse mas odiaba, pero al menos así evitaba tener que ir con un abrigo y la lluvia podía llegar a refrescar un poco. Pero ni mucho menos, solo provocaba que la humedad fuese mayor.
¿Y qué haces cuando hace mal tiempo y hace calor? Obviamente te metes en una taberna para refrescarte y evitar mojarte.
El no era de tomar asiento en una mesa, era más de acercarse a la barra y pedir. Y así lo hizo, tomó asiento en un taburete y dio la orden al camarero de que le pusiera la cerveza más rica y fría que tuviera. Esperaba que la más rica y la más fría fueran la misma. Aunque generalmente en los bares siempre tenían el mismo tipo de cerveza, pidieras la que pidieras.
No era la forma en la que esperaba pasar su fin de semana, su idea era pasear por alguna playa, bañarse y deleitarse con el cuerpo de las preciosas mujeres que paseaban por allí en bikini, pero claro, él tampoco es que se acerca a ellas con intención de coquetear, solo las miraba de reojo, y como mucho hablaba con ella si se le acercaban. Realmente el hecho de tomar la iniciativa, por lo general le daba un poco de cosa, especialmente por que no sabia que decirles y quedar como un baboso idiota le daba pudor.
Cuando la cerveza estuvo delante de él y pegó un par de sorbos de golpe, para después dejar caer con suavidad la jarra sobre la barra y soltar un suspiro de placer, aquella cerveza estaba bien fría y de sabor era estupenda. Parecía que el día estaba por mejorar.
[i]¿Hasta qué punto podía ir el día a más?[/i]
Maki D. Zen'in
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Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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179
280
91
200
260
123
310
57
94
Siempre la lluvia le animaba, era una especie de limpieza el alma que le caía sobre el cuerpo y sentía como si le lavara los pecados, las cicatrices desaparecían y sentía que ya no le ardían, aunque desde hace años estaban curadas. Caminaba en la lluvia, creyendo que nadie la notaba, arrebujada en su gruesa capa de plumas y piel sintética, no era impermeable, pero sí que le mantenía seca casi toda. Claro, le gustaba mojarse en la lluvia, pero no era una imbécil que se mojaría por que le gustaba a costa de resfriarse.
Entro en la primera taberna que vio, colgó su gran capa y coloco su guitarra al lado de la mesa, una bien al fondo, escondida en la nada y escudada en las sombras se sentó a mirar unas notas. Las notas que se robó en su última aventura, tenía algunos datos de ciertas personas que necesitaba encontrar, personas malvadas, de aquellas que matan por dinero o simplemente por crueldad. Alzo la mano para llamar al mesero, y en la barra vio como se sentaba alguien, parecía ser… ¿No?... claro que no, el cabello rojo como una bandera de guerra, le pareció que era el, pero nah había un montón de pelirrojos en el mundo.
—Queso, pan aceitunas y algo de beber, necesito algo… grog o ron, tienes ron? También quiero algo dulce, algo con crema quizás. Tienes?— Necesitaba concentrarse y llevaba casi un par de días sin comer como la gente, también tenia los pies húmedos por lo que decidió quitarse las botas y secarlos cerca de la chimenea, se levantó, con sus zapatos en la mano y los dejo cerca mientras miraba las llamas danzantes crepitar intentando ver en ellas la danza incesante de la destrucción. Sus ojos reflejando cada una de las palpitaciones del calor, se apoyó en la piedra y levantando un pie, poniendo su planta cerca esperaba la comida.
Era delicioso el calor y sobre todo porque frente a la chimenea había una alfombra de pelo de oso, reconfortante tibio y delicioso al tacto de los pies descalzos.
Jesse S.
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Estaba tomando su cerveza cuando escuchó una voz que le resultó familiar, ligeramente giró la cabeza y pudo percatarse de que aquella mujer que estaba en el local no era otra con la que había compartido algún que otro momento subido de tono. Realmente algún beso y caricias que no habían podido ir más allá, especialmente por que cuando estaba dispuestos a hacerlo, el sitio en el que se encontraban empezó a arder.
Decidió que al menos lo educado era acercarse a saludar, se presentó frente a ella y con una sonrisa particular decidió hablar.
– ¡Buenas! – Saludó, realmente no recordaba si le había dicho su nombre o no, la cuestión era que no lo recordaba, tampoco recordaba haberle dicho su nombre.
Se preguntaba si ella se acordaría de él, raro sería que no lo hiciera, pues no había pasado tanto tiempo desde la última vez que se vieron, que también fue la única, hasta el momento en el que se encontraban ahora.
Tomó otro trago de su cerveza para darle tiempo a la chica a reaccionar y analizar por su expresión si le reconocía, o por el contrario, no. Igualmente confiaba en que ella le reconocería, además, estaba seguro de que se iban a encontrar de nuevo, ya que ella al despedirse aquella noche también aseguró que se verían de nuevo. Y este era el momento.
No podía estar seguro de que provocaría ese encuentro, pero pronto saldría de dudas. Lo que tenía claro de esa chica cuando la conocía es que no se dejaba amedrentar por la situación ni por los momentos y probablemente actuaría como le diera la gana, mas o menos como le pasaba a Jesse, solo que en su caso, el tenia el problema de que le conocía casi todo el mundo en Baterilla.
Se percató de que ella estaba descalza con los pies cerca de la chimenea, y decidió hacer algo. Dejó su cerveza en una mesa cercana, la cual estaba vacía, y sin mediar más palabras, casi convencido de que ella le reconocería, empezó a hacerle un masaje en los pies, los cuales tenia práctica, pues de pequeño le había hecho muchísimos a su madre.
¿Se sorprendería gratamente, o por el contrario, aquello la espantaría?
Maki D. Zen'in
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El contacto en sus pies consiguió algo que la lluvia no había logrado en toda la tarde y era sacarla por completo de sus pensamientos, recordar muy bien los días de felicidad cuando vivía en Marine Fort. Maki bajó lentamente la mirada hacia sus pies y después hacia el hombre que tenía delante. Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil, observándolo con una expresión difícil de interpretar. No había sobresalto ni vergüenza en su rostro. Tampoco parecía particularmente molesta. Simplemente estaba procesando lo que acababa de ocurrir.
Había entrado en aquella taberna buscando refugio, comida caliente y un lugar tranquilo donde revisar sus notas para partirle el lomo a un integrante de los que mataron a su hermana. Llevaba días durmiendo mal y comiendo casi caca, y la poca paciencia que le quedaba la había reservado para aquellos nombres escritos en sus papeles, nombres que parecían aun muy lejos de donde estaba. En el centro del culo del mundo.
Todo era normal hasta ahora que alguien había decidido que una buena manera de saludarla consistía en tomarle un pie y comenzar a masajearlo como un jodido depravado de primera. Pero lo peor era que no lo estaba haciendo mal. Maki entrecerró los ojos. Aquello era irritante. No porque el contacto le resultara desagradable, sino porque su cuerpo parecía haber decidido que era perfectamente razonable relajarse mientras su cabeza intentaba decidir si debía apartarlo de una patada en los huevos.
Entonces recordó aquella voz, el cabello rojo, la noche anterior que habían compartido. Un hermoso incendio lleno de peleas, muerte drogas y apuestas. Una situación bastante particular en la que se habían conocido, al menos para una persona común, pero común para la tostada con patas. Su nombre… no se acordaba, pero finalmente lo reconoció más o menos.
Su mirada descendió otra vez hacia sus manos y luego volvió a su rostro. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, apenas perceptible, más cercana a la ironía que a la simpatía. —Tú... que haces pequeño pervertido… hey… tu… tu eres… dios… ay que rico… tu eres ese tipo del otro día… el cerdito no?— La palabra salió tranquila pero la vena de la violencia de Maki dejó escapar un suspiro y volvió a apoyar la espalda contra la piedra caliente de la chimenea. En lugar de apartarse inmediatamente, dejó que continuara durante unos instantes más, observándolo de reojo. No parecía tener malas intenciones. Al menos no unas que ella pudiera percibir.
Eso no significaba que confiara en él, no confiaba en ningún tonto de la Marina, era de la marina o era de la guardia civil?... Nunca había sido particularmente buena confiando en la gente ni recordándola. Con el tiempo había aprendido que la mayoría de las personas revelaban sus intenciones mucho antes de darse cuenta de que estaban siendo observadas. Jesse, por el momento, parecía más impulsivo que peligroso. O caliente. Aun no lo descubría, pero pronto. Quería decirle algo, pero o dios que buen masaje, resultaba curiosamente tranquilizador.
Aquello era extraño. No parecía querer avergonzarlo. Más bien estaba disfrutando un poco de la situación. Finalmente retiró el pie de entre sus manos, pero no de manera brusca. Lo dejó sobre la alfombra y estiró lentamente los dedos antes de acomodarse de nuevo frente al fuego. Dejó que Jesse explicara por sí mismo qué hacía allí. Mientras tanto, sus ojos volvieron a las malditas llamas, el fuego danzaba frente a ella, reflejándose en sus pupilas. Por un momento pareció completamente absorta en aquella visión, aunque una pequeña parte de su atención seguía pendiente del pelirrojo. Después de todo, ya había aprendido que las casualidades podían ser demasiado peligrosas como para ignorarlas.
Jesse S.
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Jesse siguió masajeando los pies de la mujer lentamente, pues parecía que ella lo permitía, e incluso, parecía disfrutarlo, algo que noto en la expresión de ella, pero posteriormente retiró el pie y lo dejó sobre la alfombra, imaginaba que era el momento de hablar y explicar por que se había acercado a ella, aunque quería pensar que ella al menos le recordará, aunque fuera un poco, es cierto que la recordaba, pero no recordaba su nombre, de hecho, no estaba seguro de que ella lo hubiese dicho en algún momento.
– Te conocí hace un tiempo y nos tuvimos que marchar antes de tiempo del sitio porque se empezó a quemar, justo cuando… Íbamos a ya sabes. – Esbozo una sonrisa que era bastante significativa.
Tampoco se había olvidado de que se había tenido que pelear contra dos tipos, un combate que duró extremadamente poco, y otro que tuvo que alargar un poco más para poder darle tiempo a la chica para que hiciera lo que tuviera que hacer, que dicho sea de paso, tampoco es que le hubiese quedado demasiado claro. En parte, por el secretismo de todo ella le había llamado la atención, pero especialmente porque recordaba que tenían algo pendiente.
– La cuestión es… ¿Te acuerdas de mí? – Preguntó, clavando su único ojo en los de ella.
Luego aprovechó para hacerle un completo recorrido visual por todo su cuerpo, después de todo, recordaba que era bastante atractiva y en ese momento quería confirmarlo del todo al cien por cien. No disimulo demasiado a la hora de hacerle ese recorrido visual, al igual que la vez que se encontraron anteriormente ella tampoco se cortó para meterle la lengua en la boca, algo que dicho sea de paso, debía decir que disfruto muchísimo.
Tenía curiosidad por ver que era lo que ella respondía y cómo actuaba a continuación.
Hasta el momento las cosas habían ido mejor de lo que pensaba, pues ella podía haberle dado una patada en cuanto poso sus manos en su pie, y sin embargo, realmente, parecía haber disfrutado del masaje.
¿Seguirían las cosas yendo bien?
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El masaje… lo necesitaba… desde cuando fue que alguien le había dado un masaje de cualquier tipo incluso? De que se preocuparon de ella. pues… parecía que hace bastante tiempo. Tanto que no lo recordaba la verdad. La vista de este tipo era bastante picara. ¿Habrá tenido algo que ver con ella? seguro que sí, sino no se habría cercado a ella de manera tan depravada. Maki aguanto una sonrisa con sus ojos a medio camino de acuciarle una pregunta, pero el siguió intentando refrescarle la memoria… recordaba ese hecho. Uno muy importante
Había obtenido un archivo donde podría rastrear a algunos ex Marines. No de los buenos. De los malos. Aquellos que se valían de su poder, su placa y de su prepotencia para enriquecerse y hacer lo que querían. —Si si… claro que me acuerdo de ti… obvio… no soy una estúpida.— Si lo era, pero no lo admitiría. Mierda… no se acordaba nada, pero nada de este chico, ósea si de la situación, si de que alguien le ayudo, pero le costaba retener nombres y rostros. Y menos aún de que le debía. Bueno seguro le ofreció plata o algo parecido pues siempre mentía para obtener lo que quería.
Miiiieeeerrrrdddaaaa… … … su mirada libidinosa lo dijo todo… le había ofrecido sexo? Mierda, seguro que sí. por que siempre hacia eso? No lo sabía. Prometer cosas a la ligera era lo suyo, después escapar y mandar a la mierda a las personas era lo suyo, estafar a la gente y dejarlas plantadas. El muchacho no estaba mal en absoluto, pero… sentía que no era lo correcto. Conocerlo seria mejor antes de entregar su virginidad. Puede que incluso sea un malvado, un… marine incluso. Esos sí que eran aprovechados.
—Así que te debo algo… que conveniente. Pero… tienes algún documento o garantía para cobrar esa deuda?— Quiso zafarse de la deuda o el compromiso… no… no era sexo verdad? Verdad?. Desestimando sus pensamientos volvió a su mesa cerca de la chimenea, tenia frio, desde que había consumido la fruta de la iguana como que sentía mas frio de lo normal, pensaba. Pero seguro era solamente su imaginación.
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