[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
Recibir el golpe de esa mujer fue doloroso, no podía ocultarlo, pero su potencia fue mucho menor que antes. Escupió un poco de saliva en cuanto la vio retirarse de nuevo, supuso que planeaba hacer uso de otro de esos acercamientos a velocidad de bala que había demostrado. Uker hizo girar su espada entre sus dedos, su pie derecho se adelantó unos centimetros así como la parte superior de su cuerpo, preparado para impulsarse hacia ella nuevamente y atacar a medio camino para rechazarla.

No hizo falta.

El tiempo se terminó, el cocinero soltó un ssupiro y sus brazos se relajaron en cuanto la voz del Dirigente volvió a sonar por todo el lugar. No había sido el combate más extenuante, nisiquiera a nivel mental, algo le decía que su esfuerzo no valía de mucho si de igual manera no había derrotado a su oponente. Ella había logrado recomponerse y contraatacar, y su compañero había inhabilitado a Jin, por lo que creía que eran meritos suficiente para ganarse la victoria.

Su mano derecha se alzó, a la altura de su pecho, con su palma apuntando a sus ojos. Pudo ver ahí mismo las 4 marcas rojas que le había dejado su frustración tras los resultados de las pruebas anteriores. ¿Perdería de nuevo? La respuesta no tardó en llegar.

El presentador dio por fin el resultado, la mano de Uker se cerró en un puño con suficiente fuerza para marcar sus músculos del brazo y sus venas con ese movimiento. ¿Cuántas veces se había sentido así? Por puro instinto,su lengua pasó por sus propios labios mientras seguía observando en silencio a quien fue el sobresaliente en ese combate.

Esta vez fue su puño izquierdo el que se alzó, apretando la katana en su mano como si tuviera que sostenerla para salir con vida, pero ahora llevando este lo más arriba posible. Un gesto que el público o participantes podrían tomar como una simple celebración para él mismo o para recibir los halagos de parte de los espectadores. No era así. Muy dentro de él, muy dentro de su alma, esperaba que ciertas persona estuviera viendo eso, alguien que ya no podía volver a enseñarle, pero que aún debía ver sus victorias y derrotas.

Un poco de la sangre en la hoja de la espada cayó como un par de gotas sobre su mejilla derecha. Sin la adrenalina del combate, ese punto le dolía más que nada, seguramente porque fue donde recibió el golpe que lo sacó despedido de su posición inicial. Bajó el brazo izquierdo, pero no al completo, su movimiento se detuvo en cuanto la punta de su arma se encontraba apuntando al lugar donde se encontraba ese marine pelirrojo que lo había mandado a luchar ese combate.

Podía o no estarle prestando atención, poco importaba, seguro que alguno de sus compañeros si. Su mano se movió, de derecha a izquierda solo un par de centímetros, los suficientes para que la punta de la katana pasara de un lado al otro del cuello del marine de forma metafórica. Podrían ser equipo, podría haber sido tomado desde las gradas luego de su derrota, pero eso no evitaba el odio enfermizo que le recorría las venas cada que veía a uno de esos uniformados.

Sin más que hacer, sin siquiera esperar a ver si su mensaje fue recibido, se encaminó de vuelta a las gradas, liberando la arena para sus siguientes ocupantes. Se dirigió a donde se encontraba su tripulación, encontrándose de camino con la propia Runin, cuyo grupo parecía ocupar el mismo lugar que el suyo. - Fueron golpes muy potentes -. Dijo sonriendo y mirándola de un lado, dejando en claro que se refería a la marca morada que empezaba a formarse en su mejilla. - Quien diría que la mujer amante del vino que me cruce en una iglesia podría ser tan aterradora -. Aceleró el paso, apenas quedando por delante de ella. - Luego nos pondremos al día si quieres, ahora puedo preparar mi propio vino -. Sin más, se “despidió" de ella, pese a que estaban dirigiéndose al mismo lugar.

La situación al llegar fue increíblemente sorprendente. - Debería durar lo mismo que este combate, ¿no es así? Asumo que luego de eso podremos volver al barco -. Respondió a Kiyoshi, llegando de manera sorpresiva y sin saludar, para cuando el emperador de la isla se encontraba hablando. - Aunque, me gustaría recorrer los puestos de comida, pueden tener algo interesante -. Y tenía algunas caras que volver a encontrar tras tanto tiempo.

Sabía que Kiyoshi no iba a abrazarlo ni darle la mano como felicitación, mucho menos estando tan sucio, pero aceptó sin problemas las palabras o gestos del resto, pero siempre teniendo cuidado de algo. En cuanto pudo, recuperó su abrigo y rebuscó en uno de los bolsillos, sacando de ahí un pañuelo negro. Tomó asiento donde pudo y comenzó a limpiar con este la hoja de su arma, quitando la sangre que podría haber quedado impregnada tras sus ataques. No la había guardado en todo ese trayecto, no debía guardarse si tenían sangre a menos que se quisiera oxidar la hoja, por lo que se tomó el tiempo necesario para mantenerla mientras los nuevos concursantes se preparaban para pelear.

En cuanto todo estuvo limpio, y la espada de nuevo en su lugar, si pudo fijarse en la situación general. No solo las actitudes de sus compañeros demostraban no estar con sus capacidades mentales al completo, sino que el propio ambiente olía a alcohol como si todos hubiesen entrado en el sauna más extraño que podrían ver en sus vidas. - Asumo que alguien destapó un…. ¿vino? -. Esa última palabra salió luego de que oliera el ambiente un par de veces, no estando seguro de su respuesta pero sabiendo que al menos estaba cerca. Era lo que tenía ser un cocinero, tarde o temprano se ocupan alcoholes en la preparación o aprendes a hacer los tuyos propios.

Su atención se posó ahora en quien, él desconocía, era casi una recién llegada: Miyori. A diferencia del resto, el alcohol no parecía haberla atacado, pero si parecía compartir una charla amena con su capitán. El navegante del Black Widow llevó una de sus manos a su rostro, tapando su boca en un gesto pensativo, preguntándose a si mismo cuando sería bueno preguntar lo que quería preguntar.

Cuando ellos hubieran terminado de hablar, ese fue el momento en el que Uker tomó el lugar junto a Miyori y comenzó a hablar. - Nos vimos antes, Hoshino Miyori -. El médico de cabellos rosas los había presentado antes de comenzar las pruebas. Vi tu cartel de recompensa por primera vez un par de islas atrás. No debería haberle prestado atención pero había algo en tí que me era difícil de ignorar, personalmente -. Habló sin que ella le preguntara, incluso continuó su charla solitaria sin que ella pudiera responderle. - Cabello naranja, ojos celestes, iguales a los que la familia de mi padre tenía según las fotos que me mostró. Mierda, incluso es el mismo apellido… -. Sonaba demasiado perfecto para ser verdad.

- Hoshino Zeiren, ese era el nombre de mi tío según mi padre. ¿Acaso tiene algo que ver contigo? -. Preguntó sin dar más rodeos, con los ojos fijos en la arena de combate pero con sus oídos atentos a cualquier respuesta que ella pudiera darle.

Libro de recetas
[Imagen: nxACuAB.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5031 - 2136 = 2895
Energia: 4003 - 1766 = 2237
Espiritu: 1360 + 0 = 1360
Narrador / María Merlot



Gradas bajas.
Maullando.

¡Miau miauuuu miAUUUU miau!

¿Voz rasposa, profunda y llena de pasión contenida? María Merlot abrió los ojos, luego parpadeó sorprendida. ¿Ese Gato Negro estaba Coqueteando con ella? Eso significaba el tercer miAUUUUU con énfasis en la U ¿Cierto? Pocas cosas la dejaban sin palabras, eso lo hizo y más aun cuando lo vio subirse a su asiento ¿Por qué quería ganar mas altura? Así le dejaba más bien acceso a su zona blanda y dolorosa, claro, ella no haría nada… no cuando entendió su disculpa llena de las mieles de un recién enamorado. Siempre le pasaba, imaginó que ese gato no sería la excepción, y más cuando su pelaje se erizo con ese “ardor frustrado” que denotaba su voz.

La intervención del perfecto marine pelirrojo la hizo voltear a verlo. ¿Estaba ladrando? ¡Ella no sabía Ladriñez! Increíble, debía pedirle que le enseñará. Mas allá, la risa de Kiwi la hizo sonreír también. Bueno, no expondría las palabras seductoras, románticas, embriagadoras, sensuales, provocadoras y excitantes del mínimo negro, y más cuando creyó entender que uno de esos maullidos significaba: “Me disculpó con tu horrenda hermana en forma militar” —… aceptó tus disculpas y se las haré llegar a mi Unnie, Arándano Amargado. Sin embargo, ten en cuenta que la próxima vez te pongo un cono alrededor de esa peluda cabecita tuya y te nalgueo por mal portado... aunque eso seguro te guste... — le advirtió con una mano en la cintura, y la otra señalándolo, mientras la Piruleta en su cabeza hacia lo suyo en sentido contrario, es decir, hacia la arena — … y oye… — se acercó a él, inclinado la cabeza hacia arriba mirando aquellos bigotes adorables —… gracias por lo de hermosa, también estas acolchadito y apapachable Grrrrrrrr — le susurró sonriéndole encantadoramente y guiñándole uno de sus orbes ámbar.

Además María aquí me debe unas trenzas, sir.

La voz de su esposo de mentiras, la hizo voltear a verlo, nuevamente. Siempre tan diplomático y sereno. ¿Cómo se vería molesto? ¿Perdiendo los papeles? ¿Dejándose llevar por sus emociones de manera descontrolada? María desvió la mirada, no es que no quisiera hacerle trenzas es que… no se atrevía a tocarlo, la imagen de él en su cabeza pura e inmaculada… no le permitía mancharlo con la capa maldita de su pasado. Si por azares del destino, su padre se levantará de entre los muertos… ¿Cómo le explicaría lo que ella era? Y no, no hablaba de ser pirata, sino de haber sido lo que fue en las manos Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal.

La mirada ámbar fue de la cabellera rosada a la pelirroja. ¿Su maravilloso Algodón de Azúcar conocía a Bertram Gaufrid? ¡Claro que sí! Siendo el mejor médico del planeta azul, y el más ético también, era obvio que un perfecto marine como él lo reconocería. Eso la hizo sonreír, iba a agregar algo pero, como siempre sucedía, la sola presencia de Hyakinthos la absorbía y hacia detener todo lo demás en su cabeza.

Merlot, hermosa.

Sus ojos se enfocaron solo en él, brillaron con amor y admiración. Esperó paciente sus palabras siguientes. Cuando llegó a su lado, la tocó. Aquel tacto la hizo sonreír como una chica pequeña inclinando la cabeza para encontrarse con sus ojos amarillos. Para cualquiera a su alrededor, podría ser más que obvio, el amor que destellaba la mestiza por el humano. ¿Qué clase de Amor? Se los dejaba a la imaginación — ¿Inventarme? ¿Tu dices? Entonces es así, no existe tal idioma. Discúlpame por maullar tontamente — la voz salió dulce y sumisa, si él le hubiera dicho que el cielo era amarillo, aunque estuviera frente a sus ojos el celeste, le creería —… estoy bien, aunque antes, cuando estaba con el Malvavisco me volví a sentir mal pero se me pasó con los minutos. Estoy bien, muy bien, te lo prometo — le respondió con encanto pero rapidez para que no se preocupará.

¿No quieres acompañarme a buscar algo para comer?

— ¡Claro! Vayamos por más dulces y mermeladas, cualquier cosa que tu quieres me sabrá increíble — los orbes brillaron con emoción, el cariño en su expresión y tono la hacia ver aun más hermosa y radiante — ¿Trenzarte? ¿A ti? — esa propuesta no la vio venir, y como pocas veces la sangre subió a sus mejillas ruborizándola hermosamente mientras le regelaba una sonrisa especial, de esas que venían directo desde su corazón — yo… yo… claro… cuando quieras. ¡Pero rosado con rosado no se verá! ¡Necesito mi cabello celestre, y el verde de Unnie, y uno de Vivi! ¿Dónde esta Vivi? — giró su cabeza en cortocircuitos no podía hacerle cualquier cosa a Hyakinthos, si él quería unas clinejas las tendría aunque no le gustará tocarlo.

¿Quién es el guapo de las trenzas?

María volteo a ver al único participante de ese grupo al cual trenzo. ¿Guapo? Si, se podría decir. ¿Robándole la atención de Hyakinthos? No, eso si que no le gustaba. La mirada de la mestiza se entrecerró y por un instante emociones nada bonitas destellaran en estos enfocados hacia el moreno. Negó con la cabeza, espantando el querer romperle la cabeza en mil pedazos por llamar la atención de su adorado médico — … es Cha Cha Chá… estaba en el grupo de Unnie. Toca las maracas, es encantador — comentó sonriendo con su naturaleza amistosa de nuevo — … vamos por esa comida — cortó rápido el rollo, tomando con celos el brazo del médico y haciéndolo caminar — … Adiós Kiwi, Bertram Gaudfrid, Cha Cha Chá, Arándano Amargado, Manzanilla… — se despido arrastrando al médico con ella, odiaba compartirlo, odiaba cuando su atención no era solo suya.

Justo cuando habían caminado unos metros, la voz de El Dirigente anunció la resolución del combate  — … perdió Bombón. Le tocará doble ración de tofu por intentarlo — musitó ignorando todo lo demás. Unos pasos más allá, la voz de un tipo nuevo en la arena la hizo volver a detenerse. Ese sujeto no era un ángel guapo ni joven ni agradable de ver — … me gusta lo que tiene en su mano, el resto de él… Iuuunk — susurró volteando a ver la masculino, quien era la persona más hermosa de su vida, eso hizo que el gordo de la arena le resultada aún más desagradable.

¿Eso era un peluche? Los ojos de la mestiza se abrieron detallando al muy nombrado y renombrado rey. La voz le recordó a la de su cabeza, que realmente salía de las caracolas. Sonrió ante esa imagen, sus palabras y la emoción la contagiaron. Aplaudió con el público.

¡QUE COMIENCE EL ENFRENTAMIENTO FINAL!

— ¿Crees que me dejaría acariciarlo? — preguntó a su interlocutor, volviendo a tomarlo por el brazo para seguir andando hacia los puestos de comidas. Por ahora, la prioridad no era la final sino buscar el alimento que su amado pelirrosado le pidió.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
Atributos Personaje



Los vocablos de Miyori respecto al tipo de relación compartida con Eros, generaron simpatía en los rasgos del castaño. Como todo buen veedor de la verdad, entendía que siempre se trataba de algo complicado o una historia tan extensa como las olas en el mar.



“Baia baia… guacamaya...”

Su mirada cómplice quedó como un mero recuerdo o una malinterpretación más en los canales del tiempo. Pronto, las interacciones pasaron de mano a mano has que, la voz de Eros silencio el ruido para dar paso a su presentación formal.

La sorpresa se tornó visible en el rostro del castaño, al ver las educadas formas con las que el capitán de los Sepultura presentaba a su grupo. Cada uno de los presentes o el ausente que se encontraba batallando, eran en su interior personas muy agradables. Aun, pese a lo que se pudiera llegar imaginar por las toscas interacciones del médico cascarrabias.

Incluso ahora, que el hombre topo hablaba de forma tan solemne, Kiyoshi no temía interrumpir con enojo al no comprender la naturaleza de sus palabras.



“Kekeke te doy la razón, son bastante efusivos kekeke. Tienes una tripulación grandiosa, Bro.”

Respondió con agrado y respeto, ahora que podía comprender mejor la personalidad de cada uno de ellos.
Barald no tardó en ser el siguiente que ofreciera su opinión al respecto. La sonrisa del de ojos color miel se mantuvo en apoyo a las palabras del subcapitán, el mismo que tras presentarse, tomó cigarrillo y fuego, para alzarse por sobre los asientos hasta alcanzar a Varo Ganchin y agradecerle por el vino.

— Eso es lo que hace que un grupo sea especial, no tienen que ser perfectos, solo tienen que cuidarse entre ustedes. —

La voz de Miyori llamó la atención de Ryota, se le veía como una persona bondadosa y maternal, pues incluso en ese momento preguntó por quién deseaba algo de postre. “Felicidades, Eros, no solo tienes una gran tripulación, ella también es grandiosa.” Alabo la suerte del otro capitán. Ya que le agradaba comprobar que no se había equivocado al creer que era un buen hombre; pues nadie hablaría tan bien de los suyos, ni tendría tanta suerte en los romances si no lo fuera.

La duda sobre el Haki, el hecho mágico formulado por el amor se convirtió en una divertida malinterpretación cuando paso del vos a vos, cada uno de ellos, mas ebrios que el otro, dieron su propio significado a las palabras y como buen borracho que se daba cuenta de un momento elocuente, tan solo pudo reír.

Entonces Barald retomó el asiento a su lado para hacerle saber de sus excesivos gastos en lo que llevaba del torneo.

¿Acaso había dicho trabajar?


La mirada de Ryota no tardó en reflejar su honesta opinión de tal idea, como si la sola existencia de la palabra fuera considerada como el peor insulto hacia su persona. ¿Acaso era tan malo gastarse un par de milloncitos en apuestas? ¿Una que otra compañía femenina o amigos? Si, quizás él no los hubiese conseguido, ni supiera como el peli engro dio con tanto dinero, no obstante eran amiguis y los amiguis debían compartir.



“Bro, eso no es lo mío… no me pidas que trabaje… soy alérgico… lo mio es gastar...”

Lágrimas comenzaron a aflorar de los lagrimales en un Ryota ya dominado por el alcohol. Parecía una de sus actuaciones para ganarse el favor del adinerado espadachín. “Además tu eres rico, vamos préstame tu dinero no seas mala onda. Solo un poquito, te lo pagaré cuando me robe la casa de oro…” Sin embargo, debido al poder del licor, hablaba en serio.

De repente, el asombro de la gente se escuchó con un gran “OHHHHHHHH” Kiyoshi corto las conversaciones y todos los presentes incluidos Ryota observo directo a la arena. El pobre Toxzco había sido interrumpido por todos los presentes, durante varias veces en su intento por presentarse, no obstante, el único que supo escuchar su nombre real seria el agradable Varo Ganchin, con quien parecieron compartir un fino gusto por el vocabulario.

¿Podían creer que eso desanimaría al gordis? Para nada, puesto que parecía ser la persona más agradable y positiva sobre la faz de la Tierra.

De regreso a la arena, todos presenciaron el final del combate. Las fuertes palabras de El Dirigente terminaron con la pelea, dando paso a las puntuaciones.

Ryota escuchó el resultado en medio de los vítores y gritos de las gradas. Su compañera había perdido frente a Uker y el novio de Tezca, hecho que remarcó Kiyoshi tras alabar la fuerza de la luchadora.

Sin voltearlo a ver, con su visión aún sobre la arena, la expresión de sus ojos se ocultó por la sombra generada por sus cabellos y tras solo un par de segundos, se giró para ver al médico. 



“Qué bueno, ahora nuestras opiniones valen lo mismo el uno para el otro.”

Dicho eso, le sacó la lengua como si fuera un niño de cinco años y volvió su mirada a Barald. “Cuídame el asiento, bro.” Sin más, emprendió una carrera por las gradas, pasando junto al asiento de Cardan, que no dudó en saltar a su cuello para envolverse y acompañarlo. El viperino animal, podía entender las intenciones del castaño, quien cruzó por las escaleras para descender rápidamente en dirección a las gradas.

Su trayecto le permitió pasar junto a Uker cuando este último ascendía. Ryota siguió de largo, no tuvieron que cruzar miradas ni haki para entender los motivos detrás del comportamiento del otro. Uno solo estaba participando en el torneo y el contrario estaba preocupado por su nakama.


Los últimos escalones antes de llegar al suelo de arena se hicieron más largos cuando la vio. No vio sus heridas, tan solo se concentró en el rostro ajeno y al cruzar sus miradas sonrió de sobremanera.


Sin mediar palabras, broma o algún saludo, cuando llego hasta ella, la choco envolviéndola entre sus brazos con un efusivo abrazo. El avance de ambos se detuvo en el momento de su encuentro, por instantes, solo fueron ellos tres en ese gran coliseo. “Fue una gran pelea.” Opino apoyando su frente contra la de ella, cubriendo el momento en que sus labios se cruzaron. “Esos bastardos son duros.” Sonrió, ahora desplazando sus brazos sobre la figura femenina y cuando ella se diera cuenta, sentiría que era alzada en los brazos del castaño, para llevarla consigo hasta uno de los asientos cercanos.

“No soy muy bueno con esto, así que espero no empeorarlo.” Menciono al dejarla caer suavemente sobre el lugar y tomar del morral que ella cargaba. A continuación, Cardan se desplazó para ubicarse al otro costado, mientras el varón buscaba el kit mediano para tratar con cuidado las heridas en su cuerpo. Una vez tenerlo a mano, primero uso el antiséptico, luego las vendas…


No era el trabajo más prolijo, sin embargo, tuvo cuidado de no ajustar mucho las vendas de pierna y hombro.

Ryota guardó silencio durante el tratamiento. De fondo, las palabras de las diferentes autoridades se escuchaban e incluso el mismísimo emperador, que era alabado con tanta fuerza, hizo acto de aparición, sorprendiendo al público en general. No obstante, la atención del pirata estuvo en ella. No los ignoraba; tan solo no volvió la mirada hasta que por fin terminó.

La abultada venda daba enseñanza de una obvia inexperiencia, pero al menos la sangre se veía detenida. “¿Cómo lo sientes?” Pregunto, alzando la vista para verla. La expresión de Runin dibujó una sonrisa en los labios de Ryota, ella siempre era de esa forma, orgullosa, fuerte, confiada, quizás por eso sintió la necesidad de correr a su lado en ese momento, frente a una derrota así.

La diestra del capitán se posó sobre el hombro ajeno cuando se levantó con dirección a las gradas.



“Si te vuelves más fuerte, haré una sola cosa que quieras. Es una apuesta.”

Tales palabras, fueron las mismas que Runin usó en sobert, justo antes de que él decidiera viajar a Karate para aprender el Hashokken. Ahora era su momento de motivarla, de darle una razón para convertir aquella derrota en el impulso que necesitaba para avanzar al siguiente nivel. Sabía que, a partir de allí, los enemigos en presentarse serían tan fuertes o incluso más que el espadachín.

Sin decir más, adoptó una pose de cunclillas sobre el primer escalón. “Vamos, súbete, te llevaré en mi espalda porque hoy eres la reina, querida.” Sonrió, esperando que ella aceptara su gesto y ambos pudieran volver a las gradas con sus compañeros, los Hanu Mahana y sus vecinos, los Sepultura.

Una vez allí, se agachó para que pudiera ponerse de pie por sí misma y recibir el cariño de los suyos.


INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Había estado conteniendo el enorme gigante frente a él durante todo el combate, logrando así evitar que Uker saliera mal del combate, brindándole por completo la confianza (solo por esta vez), de que pudiera vencer a la morena de cabello oscuro. Aparentemente, gracias al Akuma de su jefe, había logrado que ese gigante se enfocara específicamente en él. Hubiera preferido  un combate dirigido más en otra dirección, pero ese enorme hombre (si es que se le podía llamar así a esa transformación), le había impedido poder hacer nada. Su barro había logrado disminuir la velocidad de sus golpes, eso era algo que él mismo había apreciado. Lo bueno era que, incluso si su atención aparentaba estar en Ubbe, su Kenbunshoku le permitía, afortunadamente, poder ver que Uker estaba yendo por buen camino, con movimientos firmes y seguros, sin ningún tipo de problema. Ese hombre era muy bueno peleando, algo que debía tomar en cuenta... No como aquella vez que lo “conoció”. Una lástima que claramente no quisiera tratar de mantener un contacto con él.

— ¡Y HASTA AQUÍ EL COMBATE, DAMAS Y CABALLEROS! —

En ese momento lo escuchó, el Den-Den Mic, frenando al fin ese combate. Su cuerpo, que había seguido envolviendo a Ubbe, cesó al instante, ahora regresando, con la misma lentitud con la que se transformaba, en el cuerpo del propio Jin después de una liberación que daba fin al combate. Dejó salir un suspiro, ligeramente frustrado. Sabía. Lo sabía. Si hubiera aguantado un poco más, muy seguramente habría podido terminar con él, hubiera podido desenvainar las dos armas... Dio un par de pasos hacia atrás, contemplando de reojo al Dirigente. No había logrado dañar a nadie, tampoco moverse, ni se sintió útil en ese combate, incluso con todo lo que su jefe le había brindado. Estaba preparado para recibir una derrota como respuesta, descendiendo la cabeza, derrotado. No solo era por su Jefe... también el hecho de que Tezca lo observara, quería ver qué tanto había mejorado...

“Sigo siendo un maldito inútil.”

Ni las peleas con Eros, ni ese mismo combate habían logrado hacer sentir victoria alguna. ¿Qué tanto había estado perdiendo el tiempo esos años? ¿Acaso seguiría estancado? Su katana, la Black Jack, fue posicionada en la zona de su pecho, elevando la vaina y volteándolo directamente hacia sí mismo. El barro cubrió por completo la belleza de la katana, que lentamente iba introduciéndose en el interior de su cuerpo y desvaneciéndose de la vista de todos por completo, esperando que se pronunciase la resolución final del combate.

— ¡ONIZUKA JIIIIIIIIIN Y RACKHAM UUUUUUUUUKER! —

—¿Qué...?

Abrió los ojos, elevando la cabeza. ¿Había ganado? No, pero el mérito no era suyo, sino más bien de... Sus ojos se voltearon hacia el cocinero que había alzado el brazo izquierdo. Era una victoria, sin lugar a duda, merecida. No había sido él, había sido Uker el verdadero ganador de ese increíble combate. Era indiscutible.

Sus ojos se elevaron, buscando la mirada de Ubbe, nombre que había escuchado cuando los presentaron para el combate. Se había distanciado de él, pero ahora volvía a retomar distancias con el enorme Buccaner. Mostró respeto hacia el hombre, un respeto que supo, merecía. Seguramente el resultado habría resultado muy distinto si el varón no se hubiera enfocado en él. Por supuesto y, debida a su altura, que ahora veía que volvía a adoptar la forma de Buccaner, esos más de cuatro metros, tuvo que elevar la cabeza para poder buscar su rostro. Esas gafas tan características impedían que viera sus ojos y, sin embargo, aprovechó para elevar su diestra, ahora completamente transformado en su cuerpo humano, sin un atisbo de barro en su cuerpo, y la alzó hacia arriba, extendiendo su mano hacia el hombre de Gafas.

—Lo ha hecho sublime, señor Ubbe. Ha sido difícil lograr envolver todo su cuerpo. Se enfocó en una mejor táctica.

No le importaba si había derrota o victoria, él había sido más rápido y listo, con ese poco tiempo que ni siquiera se conocían. Si aceptaba su mano, la apretaría (aunque muy posiblemente, en comparación, su mano fuera enana), con firmeza y seguridad. En caso contrario, descendería el brazo. —Espero poder volver a encontrarme con usted algún día, señor Ubbe, esta vez para pelear sin interrupciones.

Se volteó, con intención de felicitar a Uker... Pero ese condenado idiota ya se había ido. Rodó los ojos, ni siquiera Runin estaba allí. Hubiera preferido no recurrir a ello, pero activó su Kenbunshoku alrededor de unos 40m y caminó hacia las gradas. Runin sabía que iría directamente hacia donde estaría Tezca, él mismo también tenía esa misma intención, pero al caminar algunos pasos, frenó en seco, volteando la mirada hacia Ubbe. Comenzó a mencionar números en voz alta, mirándolo directamente y sonrió con cierta diversión, ¿quizás algo de desafío? Es posible, se había quedado con ganas de más.

—Por si quiere contactar conmigo, es mi Den-Den Mushi.

Le dio la espalda, caminando calmadamente al frente, buscando entre la gente y las gradas la mirada de su amado. —Y también por si quiere tomar algo, invitaré yo. Me parece usted un individuo de lo más interesante.

Ahora sí, prosiguió su camino hacia las gradas, pero la inseguridad volvió a golpearlo una vez más. ¿Con qué cara iba a contemplar a Tezca? ¿Qué era lo que podía decirle? Es cierto que había una victoria, y eso no impedía que la dedicatoria de la misma fuera directa a él pero... ¿Era posible? Miró desde lo lejos, viendo su aura, tan preciosa como él, reconociéndola al instante. Frenó en seco, de nuevo, con las palabras de su jefe en la cabeza.

“No hagas que me arrepienta.”

Apretó los labios, cerrando los ojos unos segundos, parando a medio camino, en absoluto silencio. Apretó la mandíbula y los puños, sintiendo una nueva urgencia: el mono de fumar. Su mano se acomodó en el bolsillo, buscando el cigarrillo y mechero. ¿Que dónde había ido a parar el que llevaba en el combate? Obviamente habría caído probablemente por la arena, no se iba a molestar a buscarlo. Con el cigarrillo entre sus labios, comenzó a encenderlo, incómodo, con un solo pensamiento en mente:

“Lo siento... No he sido capaz de hacer nada más...”

¿Lo estaría viendo desde algún dispositivo? ¿Le habría llegado a sus oídos o le llegaría cómo había resultado el combate? Lo bueno era que, fuera como fuese, había logrado destacar, no como peleador, pero sí como semifinalista. Había dado la cara incluso para el combate. Sí, lo había hecho. Respiró hondo, mirando al frente, con el cigarrillo humeando entre sus labios, buscando de nuevo esa aura tan característica de Tezca. Lo acompañaban más personas, entre ellas, reconoció el aura de Eros, la cual ya había visto previamente, incluso la del propio Kiyoshi. Respiró hondo... Pero vio otra aura que reconoció, más ahora con el combate; el de Runin. Uker parecía haberse separado de ella, si es que no había ido con ella. Tampoco sabía si Ubbe le seguiría o no, pero si lo hacía, era más que bienvenido. Por el momento se acercó hasta donde estaba Runin, dándole un par de palmadas en el hombro, tragándose su orgullo, queriendo evitar que esos pensamientos se vieran reflejados en su rostro. Le sonrió con su característica expresión segura, introduciendo su mano en el interior del traje, mostrándole, en ese momento, lo que tenía entre sus manos. Unos vendajes que entregó a la joven, sabiendo que la hemorragia podría resultar peligrosa en ella.

—¿Aceptaría esto como regalo por el combate, señorita Runin? ¿Me dejaría ayudarla?

Si prefería hacerlo sola, se lo permitiría, esperaría de momento la respuesta... Respuesta que posiblemente llegaría más tarde, dado que, en ese momento, ya habían llegado, al fin. En un inicio evitó mirar a Tezca, algo dudoso por la reacción o las palabras de bienvenida que fuera a tener después de semejante combate, pero apreciando que la tripulación de los Sepultura parecía estar... Curiosamente... ¿Borrachos? ¿Qué se había perdido durante el combate? —Quién iba a decir que os lo estaríais pasando tan bien sin mí.

También reconoció a la muchacha de cabellos naranjas, arqueando una ceja. ¿Conocía a alguien de allí? Quizás, no sabía a qué se debía su presencia, pero la contempló con calma, con la misma sonrisa con la que se había presentado. —Bienvenida a usted también señorita... Hmmm... ¿Hoshino? — Sí, recordaba que se había presentado como Miyori Hoshino. —Espero que disfrute de nuestra compañía.

Ve entonces a Uker al lado de la muchacha, lo observa en silencio, largo y prolongado, con una corta pausa, y extiende su mano. Sabe que probablemente lo rechazará, pero es mínimo lo que va a hacer.

—Has hecho un increíble combate, Uker. A Akura le habría encantado verte.

No quería enfrentamientos, ni rivalidades, ni estupideces, solo la felicitación de un hombre que consideró en ese momento había hecho una gran labor, mucho mejor que él. No importaba si rechazaba su mano. Fuera lo que fuese, la conversación no iba a prolongarse, no quería que existieran tensiones entre ellos, y menos en un momento de jolgorio y algarabía, al menos según lo que estaba viendo.

Finalmente buscó a Tezca con la mirada, preparado para lo que fuera a venir, momento en que esa sonrisa se transformó en una cargada de calidez, la única que mostraba frente a él. Se acercó, pudiendo oler el alcohol. 

—¿Tú también, Tezca?

Bueno, tampoco es que hubiera peligro. ¿Se enfadaría por haber mantenido como sorpresa su akuma? ¿O quizás no le gustaría el combate que había realizado? Dio una calada, tratando de, con eso, mantener la misma calma y expresión. No supo qué decir tampoco. ¿Saludar? ¿Fingir que se unía? A diferencia de otros individuos, nunca sabía bien qué hacer con él... Abrió los labios para hablar, decir cualquier cosa... Hasta que una nueva interrupción lo frenó, obligándolo a voltearse. Aparecían nuevas caras en la arena, que desconocía y... Un momento, ¿se acababa de presentar como el Emperador? No es que hubiera hablado demasiado, pero sus ojos analizaron al individuo con seguridad. No podría ser un cualquiera... Era imposible que fuera un cualquiera. Daba paso a los juegos, a la final, por ello no hubo mucho que poder ver. ¿Más adelante podría hacerlo? Ya vería...

Volvió, de nuevo, el foco en Tezca, observándolo en silencio, con la misma sonrisa de nuevo. —¿No tienes hambre? — habló, por fin, logrando que las palabras salieran de su boca, acomodándose a su lado, observando también al resto de los que se encontraban allí. —¿Alguien más tiene hambre? Os invito a lo que os apetezca, solo dadme algo de lo que hayáis estado bebiendo, me apetece una copa. — Fue cuando apreció, de nuevo, a aquel hombre-mapache, parpadeando. Todavía no lo conocía, pero le observó y sacudió la mano como saludo. —Creo que no nos conocemos. Espero que lo esté pasando bien.

Fue cuando su oído capta algo interesante, curioso, que le hace voltear la mirada ligeramente en dirección hacia Miyori y Uker, específicamente, en Uker.

Hoshino Zeiren, ese era el nombre de mi tío según mi padre. ¿Acaso tiene algo que ver contigo?

"Interesante..."

Cajita de Tabaco
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Había perdido de vista a su hermana y al doc, pero suponía que este era un lugar bastante seguro para ellos y sus locuras en rosa. El nivel de seguridad era tal que podía ver a los galante…. Estúpidos marines interactuando e incluso bebiendo vino y otros brebajes a la par con peligrosos Piratas. ¿Por qué? Maki sabia que ellos eran peligrosos, había visto sus carteles y cada uno de ellos tenía muchísima más recompensa que ella. Lo que decía que si querían podrían partirla a la mitad de un solo movimiento. Solo debía ser rápida y letal. No iba a esperar a que un Pirata o un marine borracho de maldad se lanzara con ella para apartarla de sus sueños. No. Se juro que nunca más pasaría lo que le paso con el imbécil gigante de Little Garden primero atacar y después ver las placas de identificación de la víctima. Quizás mandar flores si se pasaba a la viuda, basta de la Maki buena onda. Basta de dar pena. Penso mientras bebía otra cerveza y miraba como su hermana ya no estaba en su campo de visión. El combate seguía y podía ver como aparentemente le partían la cabeza a los Chocoboys. Era de esperarse, con su jueguito raro el asalariado parecía llevar la ventaja y claro el cocinero pegaba como un ferrocarril descarrilado.

Cuando cayó sobre el grupo de los Piratas de la Musa de Bronce, Maki sintió como estaba enredada con todos en una mezcolanza de piernas brazos pipas y jarras de vino, la gente grito cuidado, y advertencias de una calva cayendo desde las gradas altas, el anciano pareció contener el desastre, Maki salvo su cerveza, pero no su honra, el Mink escandalizado estaba según la Ebrimaki al borde del desmayo y la subida de presión. Un par de espectadores habían resultado con daño colateral. Una tontería de pantalones manchados zapatos arruinados, pero nada que una pasada por la tintorería no resolviese.

Miro entre su vergüenza como aparecía el gato de antes, el leopardo, era mas o menos amable, no como el resto de escoria uniformada. Bueno el pelirrojo también, aunque no tuviera alma era de los pocos que parecía separar su extremo fanatismo de una situación controlada de santuario. —Kibai?— Ese era el nombre del Mink Leopardo o era otra de las palabras que quería decir “Que onda gato de dos metros como ha estado tu familia y amigos, aquí me ha besado una horrenda calva y no se como echarla o demandarla que me dices tu?” Las cosas del idioma eran un misterio para Maki que solo podía hablar tres idiomas, El de la espada, mal español y algo de ingles que le enseñaron en la Marina el con acento y el sin acento. 

Cuando volvió su atención a los demás cerca de ella vio como uno de esos cuervos que le parecía que había visto otra vez, aunque le parecían todos iguales se ofreció a limpiar el vino, y claro era incomodo… puso una pierna sobre una de los asientos… —Claro… si no te molesta, es desagradable tener tanto vino dulce encima— Dijo mientras vio a la dulce Bai dormida ahí en las gradas. ¿Debería quedarse a cuidarla? Mierda. Al menos estaba con sus amigos el zoológico al completo, burro, monos, cuervo y gato. Maki estiro la mano ante la petición del gigante oscuro… —Basta… ¿Autógrafo? Cuando no huela a taberna... ahora mismo firmaría con vino, además… mira anota mi número, te lo diré una vez porque no tengo donde anotar ahora mismo. Se lo ha llevado mi médico, el doctor caramelo. Así que usa la tela para… … … por dios es eso una erección? No me obligues a comprobar si eso es una espada o un problema médico.— Mencionó Maki visiblemente incómoda pero acercándose al Lunarian y dándole el numero al oído. Esperaba que tuviera buena memoria o que al menos lo recordase. Ahora… ahora tenia urgencia de ir al baño. Miro una ultima vez a la Musa de bronce… —Lo siento Maese Burro, no ha sido mi intensión causar alboroto, ahí en su brazo tiene mi número, quizás podamos reunirnos algún día entre nuestras tripulaciones. Somos las Valar, artistas y comerciantes. No somos Guerreras al menos cuando nos lo permiten, por ello siento que seriamos buenos aliados.— Dijo dando una reverencia no sin antes dedicarle una sonrisa y una última mirada al Lunarian.

Volvió su vista al coliseo. Había sin duda terminado todo. Se alzaba como gran ganador Rackham Uker. No se sorprendía para nada, un animal acorralado siempre era más peligroso que uno confiado. Incluso una rata podía matar a un león si este cometía un solo error. Si, si se lo propone con la suficiente voluntad… el puño de Maki se apretó y se encamino lentamente a los baños. Con su suerte seguro alguien le asaltaba en el camino.

Al final todo había salido terriblemente mal. Solo quería saludar a la birkaniana de bronce. En el camino consiguió un baño de vino, un admirador gigantesco, un número de Den Den Mushi menos y ahora tenía unas insoportables ganas de encontrar un baño. Maki suspiró. Los planes nunca sobrevivían demasiado tiempo cerca de ella.

El ultimo vistazo antes de marcharse. Qué bien dormía la Musa... ojalá el resto del mundo aprendiera a dejarla tranquila.

Play Me!
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El Dirigente no tardó en anunciar el veredicto tras la sobresaliente actuación de los cuatro participantes, todos habían demostrado una fuerza y un talento admirable, haciendo de la decisión algo difícil, sin embargo, los vencedores fueron finalmente el joven de cabellera azabache capaz de manipular el barro, Inuzuka Jin y el diestro espadachín de excepcional destreza culinaria, Uker.

Asentí levemente mientras me unía a los aplausos de la multitud, alegrándome sinceramente por el triunfo de ambos aunque no pude evitar sentir una satisfacción especial por Uker, después de todo, aquel cocinero había demostrado que sus habilidades iban mucho más allá de la cocina. Los cuatro habían dado lo mejor de ellos en el combate y eso era digno de admirar y festejar, por lo que no me estrañó que el ambiente se viera envuelto en vítores, risas y celebraciones llenas de emoción, pero… me tomó por sorpresa que Kiyoshi se acercara para propinarle un fuerte golpe a Eros, haciéndome parpadear con sorpresa, poco después al observar sus expresiones tranquilas comprendí enseguida que no se trataba de una pelea sino de una peculiar forma de festejar entre ellos, estaban felices por la victoria de su amigo, compañero.

Antes de que los festejos terminarán de envolver el ambiente, Varo mencionó algo que logró captar por completo mi atención, mencionó un tema específico sobre un concepto que jamás había escuchado antes, y poco después Eros retomó la misma pregunta, como si diera por hecho que yo conocía la respuesta. No pude evitar fruncir ligeramente el ceño, confundida por aquella palabra que me era ajena, incliné apenas la cabeza, y tras un breve instante de silencio, terminé por admitir mi desconocimiento — ¿Haki?... ¿Qué es eso?

Mientras un nuevo anfitrión tomaba el centro de la arena para presentar a otros personajes de gran importancia para los habitantes de Shandora, y para aquellos familiarizados con su cultura, aproveché el momento para intentar abrir el frasco de mermelada, sin embargo la tapa metálica parecía estar completamente atascada, obligándome a hacer más esfuerzo del esperado, fue justo en ese momento cuando volvieron hacer aquella referencia sentimental que me vinculaba con el chico sepulturero, provocándome otro pequeño sonrojo que intenté ignorar desviando la atención hacia el frasco entre mis manos, y con tal nerviosismo logré abrirlo, procedí a colocar el tarro en el espacio de la grada entre Eros y yo, acompañando de unas galletas redondas, tomé una de ellas y con la cucharita de madera unté una generosa cantidad de mermelada sobre la superficie antes de extenderla hacia él, recordando que había mencionado que quería probarla. Luego hice otra para mí, y disfruté del dulce sabor mientras continuamos observando la presentación de los finalistas.

En lo que comía la galleta con mermelada, el capitán de los sepultura hizo mención de una idea un poco curiosa sobre autómatas contra luchadores, ¿Porque pensaría en algo así? — Sería interesante de ver, supongo… — expresé en lo que miraba como Ryota se ponía en pie para dirigirse ahora hacia la arena, evidentemente para apoyar a su pareja, que aunque no había salido victoriosa en el combate, se llevó el respeto de la mayoría de los espectadores.

Ahora el ganador de la semifinal pasaba a formar parte de su tripulación, de manera natural comenzó a acercarse a cada uno de sus compañeros y a quienes se encontraban presentes, intercambiando algunas cuantas palabras cortas, posteriormente se dirigió hacia la chaqueta que Eros había estado cuidando, buscando entre sus pertenencias hasta encontrar un pañuelo para limpiar su katana. Observé aquel pequeño gesto en silencio, y con tan solo verlo pude notar algunas cosas sobre él, un joven bastante reservados, alguien que parecía medir sus palabras y mantener una actitud tranquila, en cierto modo me recordó a Kiyoshi aunque habia una diferencia evidente entre ambos,  Kiyoshi es más… ¿gruñon?

Antes de que la gran final de los juegos diera comienzo, entre las nubes flotantes que cubrían el cielo, los vítores de los espectadores y el resonar de la trompetas anunciando una llegada tan esperada por el público, apareció la figura del proclamado Dios de Skypiea, el dios Zarutsuki. Mis ojos se abrieron con absoluto asombro al contemplar su presencia, ¿Acaso era una especie de dios primate?, su apariencia era tan peculiar como imponente pero lo que más llamó mi atención fue la sensación que transmitía, no solo parecía poseer una fuerza extraordinaria sino también una sabiduría profunda.

Sentí cómo alguien tomaba asiento a mi lado y al girar ligeramente la mirada descubrí que se trataba del espadachín cocinero de los sepultura, por un instante pensé que quizás se había acercada por la mermelada y las galletas así que desvié la mirada hacia el tarro con la intención de prepararle algunas y ofrecérselas, pero antes de que pudiera hacerlo, él comenzó a entablar conversación conmigo, haciendo que mi atención regresará nuevamente hacia él, lo observé con curiosidad.

A decir verdad no esperaba que alguien me hablara sobre mi cartel de recompensa, tal referencia me hizo sentir algo incomoda por lo que baje la mirada y mi diestra se posaba nerviosa en mi rodilla jugando con la tela de mi vestido, siempre había rechazado la idea de que no merecía tener un wanted pero ahora habían pecados sobre mis hombros que deseaba borrar, y eso dolía… sin embargo, la conversación escaló por otra rama.

“Hoshino Zeiren, ese era el nombre de mi tío según mi padre. ¿Acaso tiene algo que ver contigo?”

Me quedé en silencio durante un largo minuto, procesando cada una de sus palabras, incluso casi por instinto me incliné ligeramente hacia el lado contrario buscando un poco más de distancia mientras intentaba ordenar mis pensamientos, me detuve al notar que estaba a punto de chocar contra Eros y que de seguir moviéndome terminaría tirando al suelo el tarro de mermelada. Me incorporé lentamente en mi posición de antes aunque mi mente seguía completamente atrapada ante esa confesión.

¿Su tío?, ¿mencionado por su padre?, aquellas palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza, mi expresión cambió ligeramente cuando comenzó a enumerar los rasgos físicos de aquel linaje al que yo pertenecía pero él carecía completamente de ellas, a excepción de sus ojos que particularmente eran idénticos a los míos.

— Hoshino Zeiren…. — repetí ese nombre con algo de vacilación en mi tono de voz, me parecía curioso que alguien conociera su nombre en tierras tan lejanas de los blues. — Es mi padre.

— ¿Has dicho que es tu tío?,  es imposible, la familia de mi padre está… — mis palabras se quedaron a medias, debido a que recordé la historia que se me fue contada, la trágica historia que ocurrió en Flevance junto a la pandemia cultivada en la ciudad blanca. La historia de la cuál mi padre habia perdido a su único hermano. — ¿Eres el hijo de… Seren?, ¿Hoshino Seren?

Ni siquiera me había percatado de la llegada de las demás personas, ni del saludo del segundo ganador de la semifinal, en ese momento solo había dudas acaparando mi cabeza.



Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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Atributos Personaje

Bola de envidiosos ¿Qué tenía de malo? La cara de incredulidad de algunos cuando mencioné a Jin fue ciertamente interesante. Aunque debía ir por aquella carne de hipopótamo como lo había prometido no podía evitar desviar la mirada a la pelea, mordiendo ligeramente mi labio en preocupación al notar la situación aguda en la que se encontraban los participantes, aquel “embrujo del amor” me hizo voltear de regreso a mi capitán, negando con la cabeza. —¿Embrujo? ¿Crees que yo, Tezca Norova, podría ser hechizado, influenciado o manipulado? Al parecer ni mi propio capitán me conoce. Más bien, yo lo tengo hechizado ¿Me entiendes? A. Mis. Pies… ¿Por qué le preguntas cosas al gordo? — Lo miré con los ojos entrecerrados y una molestia latente mientras lo oía: “Cáspita, vaya incuria hemos tenido en ello Capitanillo, ha de saberse que estoy desmesuradamente agradecido por el cobijo…“ y Ahí quedó mi atención, si lo continuaba escuchando probablemente me iba a tirar de las gradas, aunque Barald había mencionado algo de mascota con lo que solo pude mirarlo con horror. —Si saliendo de Skypiea lo sigo viendo en nuestro barco ¡Lo tiro por la borda! ¡Estas advertido, gordo! — Yo estaba en otra cosa, cierto, ante el asentir del mink y las nuevas indicaciones del borracho pirata, hablé   —Dijiste no animales exóticos ¿verdad? Ah… la verdad tardaré un poco en ir...
 
¿Qué clase de hombre sería para él si me perdiera de este evento? — Salió casi en un suspiro.
 
Incluso en la violencia, aunque el ocultarme cosas no era algo que me encantara debía admitir que el no ver sangre era tranquilizador, parecía estar… simplemente soportándolo, prohibiendo que el grandote de mi grupo le pegara o atacara al otro hombre.
 
"Afortunados los embrujados” Soltó aquella mujer una conversación que apenas podía comprender pero aquella frase parecía resonar mucho más de lo que esperaba; Siempre me había considerado un hombre afortunado. —Afortunado sea el mundo, lady, que trazamos su destino con nuestros pasos. — Respondí a media atención, intentando tomar la moneda de mi bolsillo olvidando por un segundo que seguramente aquella ladrona ahora ausente la había robado. —Afortunados los pobres también… maldita sea, Yuuki. — Cuando aquella mujer mencionó la mermelada negué con la cabeza, nunca había sido muy fan de la naranja.
 
El combate no tardó en finalizar, bajo la dirección del dirigente finalmente los ganadores salieron triunfantes. “¡ONIZUKA JIIIIIIIIIN Y RACKHAM UUUUUUUUUKER! “ —¡VENGAAAAAAAAAAAAAA! ¡ESO JIN! ¡ERES UNA BESTIA! ¡¿ME ENTIENDES?! ¡VAMOS JIN! — No mi equipo, la verdad no sabía de donde había salido eso, inclinándome al coliseo con ambas manos cóncavas en el rostro para que pudiera escucharme. Hasta que noté que tal vez estaba apoyándolo demasiado. Me giré al resto de mis ahora compañeros, apuntándoles con el índice y un rostro completamente serio. —Si la morena pregunta… la estuve apoyando todo este tiempo. — Entrecerré ligeramente los ojos, como si Runin no supiera que probablemente me había dejado llevar por la emoción: Sobre todo en este estado. —De todas formas ahora Runin me da más miedo, Ryota deberías temer más que yo: Tan hermosa y fuerte ¿Cómo te vas a defender, capi capi? ¡Estas perdido! — El silencio me invadió al notar al que se había presentado como el emperador, así que este era el mandamás… Parece un… ente particular, muy particular. La final ya venía, con una ligera sensación de amargura al ver a mi equipo descalificado.
 
Noté al campeón de las semifinales acercarse, al parecer venía con el mink y el resto del grupo a un lado de nosotros; Me levanté, esperando a que terminara de hablar para extender la mano a él. —Son una buena dupla, muchas felicidades, campeón. Tezca Norova, tesorero del Hanu Mahana, si alguna vez quieres hacer negocios: Soy tu hombre. — Esperé a que me correspondiera el saludo si es que lo hacía, dándome la vuelta para notar que mi capitán había desaparecido, seguramente a por Runin. —¡Capi! ¡Mandele mis felicitaciones a Runin!—
 
Sin más, me di la vuelta, todavía tenía una misión: Comida. Planeaba ir por ello cuando una figura conocida se había acercado a esa parte de las gradas. Jin. Era un poco extraño: Parecía evitarme la mirada al acercarse, pasando por el resto y dejándome casi a lo último ¿Quién se creía? Debía apreciar que el olor a tabaco se sentía tan familiar que era agradable. —¿Yo también qué? Espera al momento que estemos solos, tu y yo tenemos que tener una conversación importante, Onizuka. — Y aunque el tono era hostil, una sonrisa claramente ebria lograba aparecer en mi rostro, apoyándome en el hombre. —¡Muchas felicidades! Sabía que ganarías, aquí entre nos… No por esos métodos, pero disfruta tu victoria, viene con condiciones. — Su pregunta solo me hizo asentir, tomando su brazo para comenzar a andar. —¡Iremos a comprar algo! Volvemos en un rato ¡Barald, hermano, cuida los asientos! — Jalé al yakuza para ir al área de comida, esquivando la multitud. —Busca carne de hipopótamo y algo que no sea carne de hipopótamo. —
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Outfit ---- Sigurd de Los Juegos

Todos los ojos del cielo apuntan a la arena de los Juegos. La semifinal se plantea más encarnizada de lo que parecía en un primer momento. Ubbe tiene su enfrentamiento personal contra el mafioso, que no deja de deformarse frente a los constantes agarres y acometidas del dinosaurio. Pese a los esfuerzos de mi hermano por dominar a su rival, este no parece sufrir ni daño ni cansancio, casi como si fuera intangible. -¡¡EH, EH, ESO ES TRAMPA, ÁRBITRO!!- grito desesperado, viendo cómo ninguno de los ataques funcionan contra la viscosa masa de lodo. Las palabras de Dharma, el espadachín negro, son más que reveladoras. Frutas Logia. Me suena el concepto, pero jamás he visto una en acción. Parece que hay alguna forma de contrarrestarlas, pero ahora mismo se presentan invulnerables frente a nuestra fuerza. -Vaya, no sabía que estaba frente a un tío de cultura...- desvío la atención del combate por un segundo para elogiar al hombrecillo. Parece un tipo listo. Tal vez nos vendría bien un cerebro en el barco. Sin embargo... -Pero nada de eso sirve en el campo de batalla si no sabes manejar el acero bajo presión. ¡¡Jarul Jul Jul Jul...!!-
Uker, por su lado, se está merendando a la compañera de Ubbe, la morena de buen ver. Desde ese fallo que ha tenido al empezar, El Marcado no da tregua ninguna. Corte va y corte viene, como debe ser. Se le ve un espadachín diestro y tenaz como pocos; ahora entiendo de dónde nace su reputación. Mis ojos se agudizan como los de un cazador observando a su presa, con una pequeña sonrisa ladeada, disfrutando de ver cómo aquel que una vez me superó realmente es digno de cruzar su acero contra Yggdrasil. No voy a vitorear su nombre por respeto a mi hermano, pero no lo está haciendo nada mal.
Llega un punto en el que ambos protagonistas de la pelea cruzan caminos. Uker decide por un segundo dejar de pelear con la chica y se lanza a socorrer a su compañero, que, aunque inmune al daño, Ubbe tiene totalmente anulado. ¿Y qué decir del bucanero sureño, titán de los mares y campeón del Ragnarok? Que, por muy sureño y despreocupado que sea, la sangre de los más fuertes corre por sus venas. Ni las mejores estocadas del Azote de los Blues pueden frenar su ímpetu destructor ni provocarle un daño significativo. -¡¡ESO ES, UBBE, QUE SEPAN A QUIÉN SE ENFRENTAN!!- vocifero orgulloso, alzando mi puño con furia y honor. Y qué menos. No solo está domando a una de esas frutas raras que decía Dharma sin más trucos que sus manos, sino que está enfrentando los ataques de su otro rival. El mundo está viendo a un verdadero monstruo acorazado.
El final del combate llega como un gatillazo en pleno clímax. De forma abrupta y sin ningún peleador fuera de combate, El Dirigente dicta sentencia. Los ganadores de la semifinal son Uker y Jin. Suelto un pequeño suspiro, apoyando mis manos sobre las rodillas, cabizbajo, aunque conforme con la decisión. En concreto, han dado como ganador a Uker, El Marcado. -Bien...- Me levanto con solemnidad y aplaudo junto al resto de las gradas, que se suman en una ovación frente al vencedor. ¿Qué decir? Justo ganador dentro de lo que cabe. Ha destrozado a su primer adversario y ha tenido tiempo para arremeter contra el segundo. En un mano a mano, Ubbe le da mil vueltas y, a puro mérito, este combate es suyo. Pero, bajo la normativa del evento, es un merecido ganador. Y a los ganadores se les aplaude.

Tras esto, no tengo tiempo ni de tomar asiento de nuevo. Mientras los peleadores suben y se recuperan, en la carpa real se presenta el anfitrión y Emperador de los Cielos, Zaratsuki. -A ti te quería yo ver...- Los ojos se me abren como platos y en mi cara se refleja una profunda ilusión, como la de un niño que acaba de recibir un juguete nuevo; solo que, en este caso, hablamos de un rival a la altura. Uno que, por primera vez y a sabiendas, es sobradamente más poderoso que yo. Por el momento.
Su aspecto es cuanto menos peculiar, poco intimidante para el renombre que tiene. No deja de ser un chimpancé grande con una columna de fuego a sus espaldas y una ornamentación casi divina. Del Emperador de los Cielos se espera quizás algo más épico y apoteósico. Aun así, su historia y su leyenda se cuentan por sí solas, bajo méritos propios conocidos por todos. Uno no se levanta por la mañana y se convierte en el soberano sobre las nubes. Su presencia es regia y estoica. Su temple es sereno y confiado, pues no deja de ser el máximo representante de sus propios juegos. Y así da paso al momento más importante del día: la Gran Final. La que ganaremos. La que me dará paso a verme con él en persona.
Parece esto un carrusel de emociones que no termina nunca. Hora de que el muchacho demuestre lo que vale. Me doy la vuelta sobre mí mismo, buscando de un lado a otro al joven marine que nos va a representar como Equipo 6. No tardo en dar con él, pues brilla con luz propia, al igual que una estrella, literalmente. Está completamente enfocado, con el rostro serio y, muy probablemente, la mente en el combate. Me mola este chaval. Me inspira confianza. Me reafirmo al decir que una derrota le jodería más que cualquier tortura que me pueda propinar después. Va a conseguirlo, estoy convencido.
Se posiciona lejos, dándole la espalda a la carpa. Está en posición de pelea antes de empezar. Inamovible, dispuesto a todo. Me acerco tanto como puedo al límite de las gradas, apoyando mis manos sobre la barandilla que nos guarda de caer al estadio. Desde ahí, respiro con fuerza, cogiendo todo el aire que mis pulmones pueden almacenar. Hago una pausa de dos segundos, con el pecho inflado y...

-¡¡¡DALE, SHIN, QUE CONOZCAN LA VIOLENCIA DE LA LUZ!!!-

Así es, un pirata animando a un marine a que gane su pelea. ¿Y por qué no? Aquí no hay bandos, ni facciones, ni tripulaciones. No me pueden capturar ni yo puedo matar a nadie. En este lugar somos todos guerreros con ansias de victoria. Ya volveremos a las matanzas cuando surquemos el mar Azul de nuevo. Hoy somos jugadores. Y hay un deseo que ganar.

-Oh, capitán... Por allá llega Ubbe.-

En efecto, cajita feliz
Moja se quedó de piedra en el banco de madera, con la boca abierta y las orejas completamente caídas hacia los lados, viendo cómo la mestiza rosada se alejaba tan campante arrastrando al médico del velo mientras soltaba chorradas sobre la disculpa de la hermana, peluches y salir a buscar mermelada.

-Pero qué demonios...- masculló para sí mismo, parpadeando despacio, con un cortocircuito mental de dimensiones bíblicas.

¿Acababa de maullarle en la lengua sagrada de sus ancestros a una pirata chiflada para que al final la tía se pensara que le estaba tirando los tejos y le dijera que estaba "acolchadito y apapachable"? El bochorno le subió desde el cuello hasta las puntas de las orejas felinas, encendiéndole la piel debajo del pelaje negro. Encima, el arquero pelirrojo pidiéndole disculpas en idioma perruno y Kibai revolcándose por los suelos riéndose a carcajadas hasta tirarle la cerveza encima al médico. Moja apretó los puños contra los muslos, sintiendo que la dignidad militar de la Marina acababa de ser pisoteada y convertida en un chiste de taberna en mitad de las gradas de Skypiea.

Buscó desesperadamente con la mirada a su alrededor para ver si algún superior lo había visto, pero por suerte Stroud andaba lejos. Lentamente, con el rostro ardiendo de pura vergüenza ajena, se dejó caer de nuevo en el asiento. Se pasó la garra dura por la cara, frotándose los ojos con fuerza para borrarse la imagen de la mestiza guiñándole el ojo, y se encajó la gorra blanca de la Marina hasta casi taparse la nariz, intentando desaparecer trágicamente dentro del cuello de su propio uniforme.

Para colmo de males, mientras él intentaba procesar el bochorno, abajo en la arena el "Dirigente" soltó un alarido por el micrófono anunciando el final del combate.

Moja alzó levemente la visera de la gorra, lo justo para ver a los cuatro luchadores recuperar el aliento en mitad del barro y la sangre. El bocazas del presentador no escatimó en pausas dramáticas y chillidos hasta proclamar a los ganadores: Onizuka Jin y Rackham Uker. Y de entre los dos, el cocinero huraño de los Sepultura era el que se clasificaba directamente para la gran final. La multitud de alados y extranjeros se vino abajo en un estruendo de vítores que hizo temblar la estructura de madera de las gradas.

-Maldita sea...- murmuró Moja, agarrando la jarra de cerveza con la mano derecha.

Se llevó el recipiente a la boca y le dio un trago largo, desesperado, casi tragándose la espuma de golpe para ahogar la vergüenza que todavía le quemaba la garganta y la frustración de ver a los piratas colarse en el podio más alto del torneo. Se limpió los bigotes con el dorso de la mano y se obligó a erguir la espalda, imponiéndose una rigidez marcial casi excesiva para disimular que hacía dos minutos había estado maullando como un gato sobre un tejado.

El circo en la pista continuó sin pausa. Salieron los otros pilares de Shandora a dar sus discursos de cara a la prueba definitiva. Primero bajó un tipo calvo y estrafalario con cara de pocos amigos, el tal Canciller Puigdemonium, soltando cuatro chorradas rápidas y señalando hacia el palco con su bastón. Y justo después, haciendo una entrada en espiral sobre una nube voladora que hizo que el público estallara en un griterío ensordecedor, hizo acto de presencia el mismísimo Emperador Zarutsuki.

El viejo se plantó en la butaca central de la carpa real, dio la bienvenida a todo el mundo con una voz retumbante que imponía respeto a pesar de su aspecto pintoresco, y dando una palmada seca que resonó en todo el valle dorado, dio la orden de partida:

-¡QUE COMIENCE EL ENFRENTAMIENTO FINAL!-

Moja apoyó la jarra casi vacía en el suelo de madera, cruzándose de brazos sobre el pecho y clavando sus pupilas amarillas en la pista. Ajustó los hombros, conteniendo un bufido amargo por la nariz. Se acabó el descanso, se acabaron los maullidos absurdos de las piratas y las risas de Kibai. La final estaba a punto de empezar, y aunque la Marina estuviera fuera del tablero principal, pensaba destripar tácticamente cada movimiento de los criminales desde la grada, manteniendo el tipo y la compostura hasta el último segundo de esa locura celestial.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
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El joven arquero no entiende aún qué le impulsó a hacer lo que acaba de hacer, en qué momento en su mente le pareció buena idea ponerse a imitar a los lobos con los que creció para intentar calmar una discusión a maullidos, y lo más importante, qué le hizo pensar que le entenderían. El arco sigue colgado en su hombro, la mirada del marine fija en el entorno mientras busca apaciguar las cosas y tranquilizar el ambiente, lo último que necesitan ahora es iniciar una pelea que pueda provocar que los custodios o el resto de las fuerzas del emperador acabaran tomando cartas en el asunto y muchos pudieran terminar muertos por ello. Si bien no es de la forma que espera, logra llamar la atención de los involucrados, al mismo tiempo que no puede evitar escuchar las risas de Kibai y el médico que parecen estar dudando si están drogados, demasiado borrachos o la presión del lugar está finalmente afectándoles, porque sino no encuentran forma de explicar lo que está ocurriendo justo ahora frente a ellos. Mientras todo eso transcurre  el combate en la arena sigue avanzando, pero realmente, ver la risa tan natural y libre tanto del doctor de pelo rosa como de su compañero Kibai provocan que el arquero no le de mucha importancia a lo sucedido antes.

El joven cazador siempre mantiene la calma, y la tranquilidad en todo momento, especialmente cuando tiene que calmar el ambiente y hacer de mediador para que, por mucho que le pese, no haya conflictos con los piratas por mucho que los deteste. La parte de las trenzas provoca que Maria vuelva su atención al pelirrojo, aunque no parece reacia a hacerlo, como si una fuerza invisible se lo impidiera, bien fuese porque lo odia o cualquier otro motivo, pero hay algo que le llama la atención al marine, qué habrá hecho un médico para conseguir semejante recompensa, pues a ojos de Bertram solo es un criminal con recompensa, pero no sabe exactamente los delitos de los que se le acusa ni si realmente es culpable de ellos, puede que sea otro como la pobre MM que se vio arrastrado por las circunstancias de la vida o solo lo tomen como un chivo expiatorio y esté pagando los crímenes de otros. Antes de que las cosas se descontrolen más Bertram mira al doctor, quien le respondió pero no parece recordarlo y a Kibai diciendo

-Me alegra al menos haber animado el ambiente sir, ahora mismo estaban las cosas tan tensas que parecía una cuerda de arco a punto de partirse. Doctor, debería buscar algo que le ayude a la memoria, nos cruzamos dos veces en Karate, recuerdo que la primera vez tenía compañía de un sujeto rubio. Dejando eso de lado me alegra que sus pacientes mejoren, sigue con el buen trabajo.-

Pese a sus palabras hacia Hyakintos internamente está peleando con el impulso de gritarle e insultarle por pirata sin memoria, aunque el ver como Maria reacciona a sus palabras y su mera presencia deja en claro que es una persona totalmente importante para ella por lo que la parte de Bertram que se preocupa por la sirena hace una fuerza brutal para contener la parte que desprecia a los piratas. El médico entonces invita a Maria a acompañarle a por algo de comer, momento en el que el joven arquero se percata que lleva demasiado tiempo sin comer por lo que debería ir yendo a por algo de comer.  Bertram se percata de la reacción de Moja ante lo sucedido y le dice con calma

-Cuando termine esto cuéntame como fue tu experiencia en el torneo, no solo la prueba sino la espera y demás sir. Iré a por algo de comer te traeré algo también.-

Justo en ese momento se anuncia el final de la semifinal, dejando al grupo de Bertram como el otro finalista, aunque para él no cambia mucho, viendo el otro finalista deduce a quien van a enviar y sabe de sobra que en ese momento no tiene mucho que hacer contra él, su velocidad es demasiado elevada para que el arquero pueda siquiera aprovechar la distancia y atinar un golpe. Bertram suspira y chistea ante el gesto de Uker amenazándole abiertamente algo que demuestra que los piratas son seres sin honor y desagradecidos, podría haberlo ignorado y haber decidido ir él a la semifinal y enfrentar a los otros dos, aprovechando la distancia para al menos atacar a Runnin antes de que pudiera acercarse y sin que pudiera reaccionar a sus ataques por la velocidad de sus proyectiles. En fin, el marine deja las gradas y camina tras la sirena, aunque alejado sigue suficientemente cerca para escuchar sus reacciones y sus palabras, y notar que realmente le importa el pelirrosado.

Al ver que sale el emperador el marine ya intuye la reacción de Maria al verlo, seguramente quiera acariciarlo y ahí está, sacando una sonrisa al arquero que se rasca tras la cabeza caminando tranquilamente a por algo de comida y una gran jarra de cerveza, pensando en lograr hacerse con al menos un lobo o dos para cuando se adentre en bosques o quiera reunir comida poder contar con su ayuda, como cuando se apoyaba en los lobos de su abuelo. El joven camina a una distancia de los dos piratas que parecen ser muy cercanos, hasta parece que si alguien le hace algo al doctor verán una vertiente de Maria que el marine aún no ha podido ver. Bertram observa calmadamente el entorno, viendo la zona de las gradas cambiar ligeramente conforme se va acercando a los puestos de comida, viendo como el ambiente es ligeramente diferente, más relajado en algunos puntos pero con algunos apresurándose para regresar a las gradas a ver el combate final. Antes de dejar de prestar atención a la arena para buscar comida se percata de que es el silencioso Bartolomeow quien se enfrentará a Shin, algo esperado pues Barald estaba eliminado y Bertram no se sentía preparado par ese enfrentamiento. Mientras camina no puede evitar comentar en voz alta mientras se rasca tras la cabeza

-He de darme prisa y regresar a ver el combate del miembro más silencioso del grupo 2, puede ser un rival duro a futuro por lo visto en su prueba sir. Aunque también tengo que convencer a la sirena de que me haga la trenza. Suerte Barto, esfuérzate.-

Solo de imaginar como se quedaría con una trenza el joven sonríe tontamente, sin saber realmente el motivo por el que esa idea se quedó tan grabada en su mente, no es como si cambiar el peinado realmente le dé alguna ventaja a futuro.


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