[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas

¿Qué tan fiable puede ser la recomendación de alguien de tu misma tripulación? Una sonrisa aparece en el rostro de la fémina. No suele ser la persona más atenta; aun así, recuerda los nombres de Eros y Kiyoshi, ya sea por sus participaciones durante las pruebas, los puntos obtenidos, las presentaciones previas o las honestas declaraciones emitidas en la arena. Capitán y subcapitán. Parece que las buenas migas tienden a ir de mano del alcohol, al menos las botellas cercanas a las gradas, el típico sonroso en las mejillas y las voces que se arrastran al final de cada frase, lo comprueba.

¿Larga historia, Eros? Runin los mira con cierta picardía poco disimulada.

—¿Sí? Como un par de personas que conozco. —Bromea, dirigiéndose al castaño. La curiosidad siempre toma la delantera cuando de relaciones, dinámicas y pensamientos se trata; alguna parte de su mente promete indagar, así como lo hará con Tezca, aquel desgraciado con el que lleva navegando meses y a quien recién se le ocurre admitir que, durante todo ese tiempo, tenía un novio a distancia en quién sabe qué mar o qué corriente. Skypiea los ha unido.

¿Se irá con él? Sí, en definitiva quiere conversar con su narcisista amigo, ya sea para darle la enhorabuena, para tener una pijamada en la que cuestione hasta el más mínimo detalle o para conocer sus planes a futuro.

Saluda con ligereza a Miyori, con un suave movimiento de la diestra, antes de lanzar un inevitable suspiro. La verdadera pregunta sería: ¿cuándo les hará ganar con las apuestas? No lo reprende; es más, se limita a sonreírle con afecto. No cabe duda de que el castaño ha apostado por su victoria o su derrota en la arena; es normal que le deba dinero a Varo. Dirige una mirada a Uker a modo de saludo una vez más antes de continuar con lo suyo.

—Gracias por la botella, cari… —Está por tomar el alcohol de las manos de su capitán cuando escucha al mejor Tezca hablar… ¿Qué? El silencio se posa entre ellos, casi incómodo hasta que la morena no puede aguantar, una risotada escapa de entre sus acolchonados labios.



—FUFUFUFU ¡Incluso es más elocuente que Tezca!

Tiene que hacer lo imposible para detener la risa porque cada movimiento de sus hombros le recuerda el dolor de la herida cubierta por el vendaje, respira profundo, lanza un par de risas más. ¿Se burla de él? En realidad la escena en general, es hilarante. —Gracias por tan cordiales vocablos, cariño, qué digo, nakamilla. Me alegra saber que cada uno de mis aliados estuvo al pendiente de mi batalla… batallilla. —Imita el movimiento del rubio en una reverencia que nunca culmina porque vuelve a reír.

Concuerda con Ryota en un efusivo asentimiento, aquel hombre de notable mostacho ya podría darle clases al quinteto de piratas que conforman los Hanu Mahana, personas enfocadas en ser absurdamente directos con todo aquello que los rodeo, incluso al hablar. —Me agrada, algo así nos hace falta para variar la fórmula. —Concede antes de saludar a sus amigos restantes, sentarse y molestar a su capitán.

¿Eh? ¿Qué le estaba sucediendo? Una mirada curiosa antes de percatarse de lo innegable. ¡Claro! Si ha estado bebiendo junto a los demás entonces no se ha medido en lo absoluto. La fémina lanza un suspiro enorme, una negación y otra sonrisa. Lo que está a punto de presenciar es tan adorable como estúpido, un rostro lleno de sonrojos, caprichos, mimos y mohines.

Chikistrikis

Ríe con dulzura ante ello, toma el alcohol de las manos de él para beber un poco de vino mientras escucha al castaño. —Fufufu ¿En serio perdiste la oportunidad de pelear solo por ir al baño? No sé por qué no me sorprende, cariño. —Desvía la mirada solo un momento hacia la arena. El marine de albinas hebras y el aliado de un shichibukai. Es cuando siente el calor del ajeno sobre su hombro, por inercia besa su frente, escuchando sus pesares y ¿Cómo que Barald no prestará dinero? El gesto de sorpresa no demora en llegar. 

”Ah, con razón.” Trata de no reírse, así que aprieta los labios. Suspira con suavidad, su mano libre se acerca al rostro de él para limpiarle las lágrimas de ebrio consentido, incluso voltea ligeramente hacia él. 



—¡¿Mu?!

Mushica



—Ah, ya.

Mucho mejor.


Ríe otra vez ante los insultos hacia Barald. —Tranquilo, cariño, yo te prestaré dinero, lo prometo. —Si aún no saben que es una mentirosa en potencia, bueno, qué mal. —Conseguiremos tu casita de oro o sacrificaremos a Barald en el proceso, no llores, querido. —Voltea a mirar de reojo al azabache, conteniendo una sonrisa, incluso frunce el entrecejo como si estuviera de acuerdo con Ryota.

Es cuando lo nota contra su pecho, la morena deja el vino de lado, abrazándolo contra estos, parece que lo podrá ahogar en cualquier momento. Por un instante trata de ver la arena aunque las cosas van tan rápido que es ajeno a su vista, así que vuelve a mirar a su capitán.

—¿Qué son unos cuantos cientos de millones para el capitán de la mejor tripulación del mar, no es así, cariño? —¿Eso es para Ryota o para Barald? Para ambos. —Sabes que si, lo mereces todo. Una casita de oro, cientos de millones, pasar en casinos todo el día, que te encuentren los marines, te lleven a prisión, te quiten la libertad. —Presiona la frente del castaño con su índice antes de apretarle la nariz, haciendo que haga sonidos chistosos por la falta de aire y el moqueo constante. 

—Te aburrirías si tuvieras mayordomos que hagan todo por ti, fufufu. —Lo consuela, acaricia sus cabellos con delicadeza. —Y te atraparían enseguida si solo vives descansando. —Levanta la cabeza del ajeno entre sus manos.  —No necesitas un deseo, solo pídenos algo y te ayudaremos a obtenerlo. —Sonríe hacia él. —Menos darte más vino, en nada empezarás a apestar y opacarás mi perfume.



—Cuando vuelva Tezca haremos un plan para robarnos una casa de oro.

Guiña, hay demasiado ruido alrededor así que solo podrían escucharle sus aliados y los sepulturas. Vuelve a soltarlo para mirar alrededor.—Hablando del rubio, sí que demora, de verdad se fue a hacer cosas divertidas. ¿Y Yuuki? ¿Me habrá visto? ¿Dónde andará?


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1742 + 0 = 1742
Energia: 2199 + 40 = 2239
Espiritu: 1174 + 0 = 1174
El combate se desarrolla sin que siquiera pueda verlo, pero todas esas luces y la sombra del ave me tienen completamente centrada en el combate y, con él, en el presente.

¡No voy a contenerme en lo más mínimo!

Debido a la cercanía, sus palabras llegan claras a mis oídos.

Mis amigos están mirando.

Mi sonrisa se amplía y mi cola da unos suaves golpecitos en la parte de atrás del asiento. Mis aguamarinas buscan de reojo la mirada del moreno a mi lado.

―¿Lo has oído, Kael? ―inquiero buscando la respuesta en sus pupilas―. Ha dicho que no va a contenerse porque sus amigos estamos mirando.

De inmediato, es otro ruido el que capta mi atención. A apenas unos asientos de distancia, Kibai había comenzando a cantar ondeando el símbolo marine de su abrigo. A aquella emotiva y conocida canción llena de belleza y honor la sigue con otra poco después Enji, que… ¡AAAH! Cierro enseguida los ojos y vuelvo a llevarlos a la arena. ¡Sin el abrigo puesto y cubriendo algo, está poco menos que desnudo!

Pero enseguida tengo que controlarme un poco la risita ante la irreverente letra que ha elegido, especialmente cuando me parece ver por el rabillo del ojo que ha empezado a utilizar a Juan de sombrero.

―¿Te animas~? ―sugiero sin mirar al mejor amigo del protagonista de tan invisible y emocionante combate.

De inmediato, yo también me pongo en pie y, a falta de chaqueta, me quito el pañuelo azul del uniforme y, con una mano en la baranda e inclinándome hacia delante, comienzo a agitarlo mientras cojo aire para cantar más fuerte que nadie.

Si todos van a animar… no me perdonaría a mí misma hacerlo menos.


Esta es la estrella que más brilla
No es el Sol y está en la Marina
Hoy Shin ganará en Shandora
¡El mejor marine de la historia!



Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
Soltó una pequeña risa de entre sus labios cuando ella mencionó el aparente destino que los unía por su apellido. - Eso parece, eso parece -. Sin más que decir, se levantó, la saludó con un gesto de su cabeza y se alejó de la pelinaranja, ahora dirigiéndose hacia un miembro de su misma tripulación.

- Ey, Varo, conozco tu afición a las apuestas, pero creo que tenemos el dinero suficiente para que no necesites apostarte a ti mismo -. La verdad es que las monedas no sobraban, mucho menos si iban a comenzar a consumir alcohol como animales, lo que cualquiera pensaría juegos de ver a la tripulación en ese estado, pero también era cierto que tampoco iban a permitir que el mink tuviera que cumplir una condena semejante. - Pero, es bueno saber que tenían tanta confianza en mí... Creo -. No es como que supusiera que estaban en su contra, pero la poca seguridad del cocinero no le permitía verlo de manera muy diferente.

Lo siguiente que sucede es que Kiyoshi le habla, casi teniendo que gritar por el alboroto de alrededor, pero sus palabras le llegan a Uker perfectamente. - No, no lo es -. Dice tras darse vuelta y acercarse al médico, siempre manteniendo una distancia prudencial para que no lo acuse de llenarlo de suciedad. - Ese debe pertenecer a otro grupo, pero sigue siendo un marine después de todo -. Mientras hablaba, observaba el combate. Así que fue ese tipo el que logró ese destello en la prueba de velocidad.

Alzó la vista, sus ojos escanearon el resto de Gradas, logrando ver caras conocidas. Pudo notar donde se encontraban esos marines de los que hablaba Maeda. El pelirrojo con quien había tenido que compartir espacio en las pruebas, los minks, uno moteado y otro completamente oscuro, terminando con ese rubio con cara de culo que no parecía poder divertirse como el resto. Kiyoshi dijo que le dispararía al peleador si fuera uno de los que intentaron capturarlo, sería divertido ver como le volaba a la cabeza a alguno de esos marines, pero las reglas del lugar estaban claras.

Ya habían puesto una advertencia sobre Kiyoshi, y solo por hablar irrespetuosamente. Por mucho que disfrutaría ver el ojo de uno de esos tipos salir volando de su cuenca, la posibilidad de aprender lo que esta isla puede enseñarles es más grande que cualquier satisfacción personal. Si fuera él quien comienza un alboroto y deciden mandarlo a volar de nuevo al mar, pues al menos sería justo, pero sabía que al menos Eros no se quedaría de brazos cruzados si le hacen algo.

Suspiró, viendo que lo mejor sería guardarse la información hasta que salgan de este trozo de tierra flotante.

Libro de recetas
[Imagen: nxACuAB.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2895 + 0 = 2895
Energia: 2283 + 46 = 2329
Espiritu: 1360 + 0 = 1360
Hoy vengo aquí para dar tips de como putear a Barald, algo así como un tutorial que ves a las 3 de la madrugada en cualquier plataforma de entretenimiento porque no puedes dormir. El primer paso a seguir es sencillo, para putearlo tienes que captar su atención; hay que mantener un contacto visual con el de al menos un segundo para que el perciba que eres consciente de su presencia. Una vez hecho el primer paso, lo normal es que paséis al segundo paso de este tutorial ¿sería lo lógico no? bueno, he de avisarte de que a partir del primer paso, todo es una lotería para ti, pero te daré información a cerca de todo lo que necesitas saber para putearle aunque antes he de darte una advertencia de que a partir de aquí todo el contenido del tutorial puede ser no apto para personas sensibles asi que si eres una, por favor, no sigas leyendo hasta que adjunte una imagen, estos tips no son para ti. Bien, ya que no temes al éxito y sigues leyéndome te daré la información necesaria para tocarle los huevecillos a este sujeto tan majete y poder proceder al paso numero 2 de este tutorial.

Hay 2 cosas que putean al matata más cuerdo de todos o al menos eso es lo que dicen las malas lenguas, las buenas saben que eso no es verdad y que realmente es un ser malvado. La primera cosa de la vida que le putea es que las ancianas jubiladas se cuelen en la cola de las tiendas por delante suya porque se valen de que son ancianitas y creen poder hacer lo que quieran porque tienen un pie en el otro barrio, eso le hace perder los papeles; la siguiente vieja que haga eso morira asesinada con 42 perforaciones repartidas entre el cuello, torax, abdomen, cabeza y piernas todas y cada una de ellas dictan que el agresor es zurdo, Barald es diestro. La segunda cosa que mas le toca los huevos es que no le respondan cuando esta preguntando algo. Para el el tiempo se detuvo mientras Ryota lloraba por octava vez consecutiva. - Llora cabrón, todo esto te saldrá caro - Y si amigos, la segunda parte del tutorial era sencilla, ignorarle, hacer como si fuera una mierda de persona y nadie le escuchara. Eso le puteaba basto. Una de las venas de su cabeza se agrandó completamente hasta el punto de querer explotar e incluso para todos aquellos carreados por la visión que ve más allá de los ojos se podía ver un manto oscuro alrededor de el, cosa imperceptible para el resto de mortales y para el mismo por su puesto. Asi como le había pasado con Navar su instinto asesino de dominador celestial saldría hacia el exterior para dominarlos a todos,  cuando de pronto escuchó la voz de Tezca y de nuevo, volvio en si y al final, no saco el instinto felino de gatito depredador y volvió a su rostro inexpresivo de siempre.

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- Dale esta bien, tráeme algo a mi también, estos juegos me dieron hambre. - 

Y el combate había terminado con Uker como ganador. Barald no se había equivocado con ese tipo y ahora, el equipo 2 tenía un pase a la final, todo parecía a pedir de boca para el espadachín de ojos rojos que a pesar de no haber hecho prácticamente nada para llegar hasta ahí, podría ganar la champions league sin jugar ni un puto partido like Jesus Vallejo o James - Dahahahahahhahahahha -  Menos mal que todo el mundo lo ignoraba porque su rostro en aquel preciso instante era malvado y maligno, digno de un pirata con recompensa. Vio la interacción del capitán bajando a ayudar a Runin y casi llora, fue muy emotivo he de decirlo. - Vamos bro, declárate, vendrá otro bro mash guapo con menos vicios y te robara a tu chica, no estoy preparado para aguantarte tooooooooda esa mierda -  Ahora centrado en el siguiente combate, vio como directamente el tipo grandote de su equipo apareció en la pelea sin preguntar a nadie, al parecer tanto el marine como Barald quedaban fuera de representar al team 2 en la final, aunque a el nadie le había preguntado porque estaba eliminado de hace rato y en la grada. Dio una calada al cigarrillo que aun le quedaba encendido y exhaló una gran cantidad de humo, ahora levantándose de su butaca mirando el inicio del combate.

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- Tengo la oportunidad de ganar el torneo sin mostrar ni tan solo una de mis habilidades a toooooda esta gente dahahahahahaha - 

Barald habló a quien fuera que tuviera al lado y pudiera escucharle. El combate estaba a punto de empezar y el contrincante y finalista del otro grupo no era nada mas y nada menos que Shin - Ehhh Tezca! Mira, es el marine de Kutsukku! ¿Tezca? - Ah si cierto, había ido a comprar comida con su novio. Y justamente cuando empezó la acción en el combate, el pana Barald se tuvo que girar al escuchar la conversación entre 2 de sus nakamas, momento exacto en el que cruzo la mirada con Runin, riendo por su comentario y el cabron del Ryota aprovechándose de la situación para intentar hacer la danza del apareamiento aracnida con ella. - Este weon es peligroso, mírale, me pone a parir ... se hace el imbécil y el pobrecito pero yo lo conozco bien, es un depredador -  ¿Existia la posibilidad de que cobraran su recompensa y consiguiera escapar? Por su puesto que existía, solo un mago oportunista capaz de hacerse el desorientado pareciendo otras personas podía hacerlo, pero no les daría ese gusto a esos cabrones que eran sus amiwis, o que eso decían.

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- Bro, cuidado, tienes una araña en el pie.  - 

Y es que casualmente, si, una araña pequeña de Skypeia estaba corriendo por el pie izquierdo de Ryota.

Cofre del tesoro

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Atributos Personaje

El beso sobre la mejilla me hizo sonreír,  acercándome aún más a él para continuar con el andar hasta llegar al puesto de salchipapas, sin soltar su mano. Era encantador, uno nunca sabe cuanto realmente pasan los años hasta que este tipo de encuentros dejan que el peso caiga. —Deberíamos… ponernos al corriente, le pediré una noche libre a mi tripulación. — Le guiñé una vez más, antes de regresar a ver la variedad de alimentos, pensando. —Oh, el otro grupo: Es el mink, el tirador, el chico de cabello azul, por otro lado son Runin, Capi Ryo, Barald y… No sé donde se metió Yuuki pero llevémosle uno también ¿Sabes qué? Yo digo que le llevemos salchipapas a todos. Digamos que lo intenté… Ah, llevémosle al campeón también, tu compañero. — Antes que el Yakuza pudiera decir cualquier cosa, me adelanté, sintiendo el delicioso olor a frituras.
 
—Me da… 1, 2 3… no, me da 8 salchipapas normales y dos picantes por favor. — Sonreí, girando para mirar al pelinegro, volviendo a sostener su mano. —Mientras podemos ir por vino, no creo que lo tengan pronto. — Lo llevé de la mano a buscar algún puesto donde vendieran vino, mirando entre las opciones. —Es tu vino así que tu eliges pero pídeme otro de skypiea… ¿Sabes? Cuando anduve en Légance fui a una taberna bastante interesante. El vino de aquí me recuerda un poco al vino de allá. — ¿Estaba presumiendo mi viaje? Un poco, esperando a que comprar el vino que quisiera para regresar al otro puesto por las salchipapas.
 
…
 
Nunca creí que cargar salchipapas iba a ser tan difícil. Iba con Jin en el camino de regreso al recibir la comida, el problema no era la forma en la que parecía que íbamos a vender pero las gradas que nos esperaban como obstáculos intentando evitar que ocurriera un desastre. — Tu eres más alto, deberías cargar más ¿Me entiendes? —
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
La mano se apretaba con la del contrario, firme y seguro, agradeciendo en silencio su compañía que, hasta entonces, no se había dado cuenta, pero sí que le resultó necesario. —¿En serio tienes que pedirles una noche libre? Pensaba que eras tú quien llevaba y cuidaba de ellos. Estoy seguro de que con decirles que estás con tu novio será suficiente. Tengo tantas cosas de las que quiero hablarte, tantas cosas que quiero hacer contigo, tantas cosas que... — Apretó la mano del varón, con firmeza. Sí, muchas, muchísimas cosas, más de las que llegó a creer nunca antes. —Ah, cierto, Yuuki... Sí, hay que contarla también, por si vuelve. Parecía de mal humor cuando nos vio juntos. — Cómo olvidar la amenaza, y el incómodo y molesto tirón de orejas que le había dado inicialmente. Pensó entonces en su compañero cuando lo mencionó, en un inicio confundido, luego recordando a qué se refería con la palabra “campeón”. —¿Uker? Claro, él también estaba incluído, y la chica que estaba con ella cuando nos fuimos. Podemos pedir que los pongan en recipientes para poder trasladarlos mejor... Y así no nos comemos tanto la cabeza. El mink no lo conozco, pero el resto sí. El de pelo azul y largo es Eros Focalor, el tirador es Kiyoshi Maeda, y la persona con quien peleé se llama Uker Rackham.

De paso los nombraría, aprovechando que no estaba su presencia y, con todos ya contados, no habría problemas con carnes, o vegetales, o fuera lo que fuere que necesitaran. Abrió la boca para hacer la petición y, una vez más, Tezca se le adelantó. Había contado con todos, menos aparentemente con la pobre muchacha. —Nueve. Nueve normales y dos picantes. — Corrigió, recordando a la joven Hoshino. —Yo pago. — Aclaró, elevando su diestra calmadamente. Quien atendía al otro lado comenzó a anotar.

—¡Parece que son un gran grupo! ¿Cómo los desea?

—Si es posible que sea individual, en recipientes, estaría bien. — El hombre al otro lado, tomó nota.

—¡Tranquilo! No es el único por aquí que pide para llevar, así que tenemos recipientes de aluminio para que puedan trasladarlos. Tardaremos un poco, pero en unos minutos estará listo. Puede pagar más tarde. — Eso era un alivio, eso significaba que no tendría que cargar con nada extra, o al menos no tomar demasiado consigo. Eso lo volvió a hacer enfocar a Tezca, apretando su mano.

—Claro, vamos yendo a por vino, y tomemos algo de camino.

Ahora le apetecía alcohol, y no por motivos negativos, sino como celebración. Se dejó llevar, ahora ya más acostumbrado a que el propio Tezca fuera el que siempre lograba arrastrarlo. Los ojos exploraban entre la gente y los puestos para comprar. —¿Légance? ¿Cómo es eso? — La atención estaba volcada por completo en el varón a su lado, sonriéndole cálidamente. Estaba satisfecho y agradecido por su compañía. —Siempre has sido de viajar, incluso en los Blues lo hacías. — Recordaba sus encuentros, teniendo que ir de una isla a otra, pero siempre habían sido motivos laborales... —Te ha atraído toda la vida viajar, ¿no es así?

La tienda de vinos, allí estaba. Contempló la colección, una gran selección, para gustos más o menos refinados. Algunos más caros, otros más baratos. ¿Qué elegiría? Por supuesto, no se quedaría solo con una sola botella, ni tampoco barata. —Compraré unas cuantas, pero sh. — Elevó su diestra hacia sus labios, guiñando un ojo. —Nosotros nos quedaremos los más exclusivos para cuando estemos a solas. — ¿Cómo iba a pasarlo desapercibido? Fácil. No había conocido la habilidad de guardarse una katana en su cuerpo por gracia divina. —Confía en mí, me gustará más celebrar en privado solo contigo. — Por ello, terminó eligiendo cuatro selecciones de vinos distintas. Una de ellas, algo local, queriendo probar cómo sería algo proveniente del cielo, otros dos de alta exclusividad y, la última, vino de buena calidad con la que pudiera compartir no solo con Tezca, sino también con el resto. El pago fue efectuado sin problemas, menos mal que allí la moneda de cambio también eran los Berries. Una vez terminó y caminaban de regreso por esas salchipapas, tomó los tres primeros vinos que eligió, extendiendo su brazo izquierdo y permitió que, lentamente, el objeto fuera consumido en su propio cuerpo, de forma lenta, con los tres vinos, del mismo modo que había hecho con la katana, dejando a la vista solo el último. Contempló de reojo a Tezca, con aire divertido, y le guiñó el ojo de vuelta. 

—Nuestro secretito, ¿de acuerdo?

Una vez de vuelta al puesto de las salchipapas, habían sido repartidas en algunas bolsas distintas, en recipientes que iban acompañados de palillos por cada uno, para que así cada uno pudiera disfrutarlo de forma individual. Después de pagarlo, tomó las bolsas, extendiendo un par de ellas a Tezca, hasta que lo escuchó una vez más. Suspiró, no con desgana, sino diversión. —Puedo cargar con todos si quieres, no me molesta. Quédate solo con dos bolsas, y yo cargo el resto además del vino.

Uno, porque el resto ya estaban dentro de su cuerpo, ocultos, escondidos hasta que a él le apeteciera sacar esas botellas exclusivas. Admitía que tenía ganas de probarlas, pero las prisas siempre eran malas. Prosiguió su camino hasta las gradas, con su Kenbunshoku podría encontrarlos fácilmente, en caso al menos de que se hubieran separado.

[***]

No tardaron en llegar de vuelta al punto donde se encontraba la gente, viendo que ya se encontraban todos, excepto la propia Yuuki, quien no parecía dar señales de aparecer. ¿Quizás se hubiera ido a dar una vuelta? Podría buscarla, pero si estaba sola, probablemente querría estar sola. Elevó las bolsas, acercándose hacia Barald. —Oye. — Habló, acercándose al hombre de ojos rojos, extendiéndole algunas de las bolsas. —Invito yo, esto es para ti y el resto de vuestra tripulación, Barald. — Buscó a Tezca con la mirada. —¿Te encargas de repartirlos? Yo voy a darles el resto a los otros.

Se acercó, en esta ocasión, a Eros, elevando algunas de las bolsas con las que cargaba. —También os he comprado a vosotros. Podéis comerlo, o tirarlo, como queráis, pero ya que estáis acompañando, pensé que era buena idea invitaros a comer algo... Y la comida hará que bajes un poco el alcohol y tu borrachera. — De dentro de las bolsas, sin embargo, sacó uno de los recipientes, acercándose ahora a Miyori, entregándoselo. —También compré uno para usted, Señorita Hoshino. Llevamos ya un rato aquí y seguro comer algo no le vendrá mal.

Una vez terminó, se acercó de nuevo a Tezca, retirando la botella de vino que había estado cargando, y comenzó a destaparlo, buscando una copa reciclable que había comprado también para poder servirse, al fin, la primera y bien merecida bebida en su organismo. Se dio cuenta de que el combate parecía haber comenzado, ¿cómo lo estarían haciendo? Miró la arena de reojo, con interés, los recordaba a ambos rápidos, veloces, especialmente por la prueba de velocidad en la que había participado.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Recliné mi cabeza hacia atrás. El tiempo a mí alrededor parecía haber sufrido algún tipo de alteración. ¿Sería fruto de alguna akuma no mi? No lo creo, no he leído acerca de ninguna fruta que otorgue una habilidad similar.bsin embargo, o las cosas sucedían demasiado deprisa, o mi cabeza las procesaba demasiado despacio. Teniendo en cuenta el lastre del alcohol, sin duda sería lo segundo.

Aquel hombre, Onizuka Jin, había respondido a mis comentarios acerca de sus poderes. Claro que yo sabía que la habilidad mostrada en combate era fruto del demonio de una akuma no mi. Sin embargo, quería saber si él también había sacado provecho de esa extraña habilidad que conocía. ¿Habría usado esos poderes para situar a sus oponentes? ¿Acaso le permitían ver algo más del enemigo? Que existiese una habilidad que te permitiese ver en todo momento al rival estaría bien, o que dejase ver si pretendían atacarte por la espalda, aunque a juzgar por lo que sabía sobre el Haki, y por las palabras de Jin sobre lo errado que estaba Eros, supe que no hacía mas que suposiciones, como el detective protagonista de aquellas novelas policiacas tan famosas. En cuanto al Haki no estábamos más que en la casilla de salida.

Las palabras de Uker me sacaron de mis pensamientos. Sacudí ligeramente la cabeza, como si pretendiese librarme del peso que me generaban las dudas sobre el Haki. Miré al cocinero. Tardé una décima en centrar la vista. Sonreí, de medio lado, con confianza.

—¿Cómo no íbamos a confiar en el más buscado del South Blue? Ese título no se gana así como así. Además... Eres mi amigo Uker. Todos lo sois. A ver... Vosotros más —dije señalando a mis compañeros de tripulación —, pero todo el mundo es mi amigo.

Me había dejado llevar por la exaltación generada por el alcohol. ¿Cuando un hurón receloso como yo se había vuelto tan confiado? Al igual que con otras dudas generadas en aquel momento, tenía mis sospechas acerca del culpable. Decidí no tomar más vino. Si acaso un trago más, o dos, siempre y cuando encontrase una botella que no estuviera vacía.

—¿Están por aquí, Uker? Esos sucios marines que te asaltaron. Esos si que no son mis amigos. Ningún marine lo es —alcé un dedo al aire en ung estoy teatral, como si estuviera dando un apunte importante.

Bajé mi mirada de nuevo. Revisé la botella a mis pies. La tomé del cuello y la incliné a un lado, deseoso de que contuviera aún algo más que simples gotas. No hubo suerte. Estiré mi mano para probar con una un par de metros más allá. Casi la había alcanzado cuando Kiyoshi nos llamó la atención.

—¿Como que sucios borrachos? Yo no soy ningún sucio. Puede que cobarde, ludópata, flojo o sucio, pero nunca un borracho.

Me sentía indignado. ¿Como podía Kiyoshi avisarme de ser algo así? Yo no era como esos brutos de Jaya, siempre causando alboroto y bebiendo. Yo era mucho más sofisticado. Crucé mis brazos y acompañé el gesto con un suspiro que dejase ver mi molestia. 
—Eros, ¿crees que le falte mucho a esto? Se está alargando demasiado y quiero volver con mis investigaciones. O al menos que alguien cante o baile, que nos alegre el rato —moví una mano frente a mí como si intentase apartar el hastío, mostrando todo mi desdén.




Antología
Emme's Codes

El Mink leopardo le llamo por su nombre, pero. Su uniforme, su uniforme le provocaba un cosquilleo poco agradable, seguro le conocía por los dichosos carteles de recompensa. Quiso ignorarlo, pero no podía, era tremendamente galante, tanto en su desplante físico como en su elocuencia, no parecía agresivo como los demás Marines, pero no confiaba en él, es más, no confiaba en ningún tipo con uniforme, no le atraían en absoluto, y aunque podía tener situaciones al límite y sensuales con ellos. Sí que se desencantaba rápido. Kibai, el valiente, había anotado un número del brazo de Bai, quizás pensando que era de la hermosa Diosa de Bronce, pero era el número de Maki. Uno que había anotado antes de llegar a la gran ciudad dorada. Era muy probable que la desgraciada recibiera la llamada, que le pidieran reunirse en algún lugar y fuera armada hasta los dientes mientras el marine quizás iría con el pecho al aire y con una rosa entre los dientes. Maki no tenia idea de la situación ni tampoco que habían obtenido su numero por un mero descuido.

El combate continuaba con el excelente despliegue de poder del marine de la luz, su furia se dispersaba en partículas lumínicas y peleaba con explosiones que desplegaban un millar de relámpagos de luz, etérea y hermosa. Pero por otro lado estaba Bartolomew, el campeón de Merlot, aquello divirtió a Maki. Ella casi siempre terminaba apostando por los marines y ver a Merlot inclinándose por el gigantón tenía su gracia, habrá visto algo extraño o especial o algun DON en el gigantesco DON de los sandwicheros del nuevo munDON?

Pero cosas extrañas sentía en el combate, aunque estaba ebria, podía ver como los ataques del Bucanner parecían tener un efecto sobre el cuerpo del marine, como si el enorme Zoan pudiera golpear las estrellas con sus puños y partirlas en pedazos. Demonios. Quiso aguzar la vista mientras… demonios le caía la caca de pájaro, el doctor de caramelo no hacía más que escupir cerveza entre carcajadas, como si la Pelon´t fuera parte del espectáculo principal medio condicionada por la tontería, le extendió la comida al tonto inútil de Cherry, se había burlado de ella todo el día… y finalmente Maki cayó casi de rodillas, cansada, harta, deseando dormir, plácidamente, el alcohol le había llegado hasta las piernas y solo… solo deseaba descansar un rato… saco un pañuelo de su bolsillo ya con las manos más libres se limpió, un par de espectadores le ayudaron con algo de alcohol gel y otro con un pañuelo limpio, suspiro entonces, se tanteó los bolsillos por pura costumbre. La billetera seguía ahí. Las armas también. El orgullo... bueno, ese probablemente seguía pegado a la mierda del pájaro que acababa de limpiarse de la cabeza y se derrumbó sobre el hermoso hombre de caramelo apenas se le acerco, le abrazo lo mejor que pudo mientras le susurro al oído. —Vamos deja de burlarte de mí no crees que ha sido un día de mierda?… mejor llévame allá donde esta Merlot o la dulce niña de los enormes melones, vamos a preguntarle si quiere viajar con nosotras… que te parece?— Maki saludo a la gente que le ayudo con un lindo gesto levantando dos dedos sobre su ceja, mientras bebía la ultima de las cervezas, la que le había andado el enorme hombre de chocolate. Se sentía… alegre, pero débil, las emociones del día, ojalá llegaran pronto a su fin. Sin embargo, incluso con la cabeza embotada por la cerveza, sus ojos seguían viajando una y otra vez al campo de batalla. Había algo en aquel marine de luz que le incomodaba. No era miedo, tampoco admiración, era esa sensación desagradable de cuando un combate rompía las reglas que conocía. Si un puño podía alcanzar la luz... el puño del gigante, entonces el mundo seguía escondiendo monstruos mucho más interesantes de los que imaginaba. Sonrió apenas. Una sonrisa perezosa se le escapó entre el mareo y las burbujas de cerveza que aún le zumbaban en la cabeza. Tendría que volver después, sobria claro, para averiguar cómo demonios funcionaba aquello que usaba, esa maldita técnica de Barto para partirles el culo a esos “hechiceros elementales”.

Sus brazos caían sobre los fuertes hombros de Cherry y apegaba mucho su rostro a él. Desde hace mucho que le conocía, y cada vez sentía que era una persona confiable, un sueño de hombre, pero… Gei, demasiado Gei y corrupto, vender cosas que estaban dentro de otras personas era increíblemente malo. Pero… pagaban las facturas muchas veces. —Vamos… llévame con Merlot, seguro esta en problemas mi rosado corcel.— Dijo apunando a donde veía o creía ver una cabellera rosa al viento y subiéndose a su espalda sin su consentimiento. 

La música del festival comenzaba a mezclarse con el rugido del combate. Para Maki ya era imposible distinguir una cosa de la otra. Todo giraba despacio. El cielo blanco de Skypiea parecía inclinarse sobre ella mientras apoyaba todo su peso en Cherry. Cerró un ojo, luego el otro. Solo un minuto... solo uno. Después se acomodaria. Nadie necesitaba saber que aquella vez el enemigo más duro de la Reina de Espadas no había sido un marine, un gigante o un monstruo... sino unas cuantas cervezas de más.

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
Resulta un descaro monumental la fuerza con la que un combate de la final de Skypiea puede llegar a sorprender en toda regla. Claramente hay detalles de este mundo que se le escapan, y que los hombres mas fuertes entre los componentes de este mundo han aprendido para llegar a estar hasta donde se encuentran. Ese hombre, Bartolomeow, había logrado realizar movimientos que ni siquiera Kael les encuentra sentido alguno. En un principio, atacar a su mejor amigo, o llegar incluso siquiera a tocarlo parecía una ilusión. Una estación después descubrió que se equivocaba, siendo atacado con grandísimos daños ante la fuerza del…agua. Algo tan sencillo como el agua podia llegar a tocarlo.

Posteriormente a eso, el ataque, ahora, no solo no había sido pronunciado por un movimiento acuoso, sino que con sus propias manos -o garras, en este caso- había logrado acertar su ataque hacia un cuerpo como el suyo. ¿Como? ¿Como era posible hacerlo con las manos desnudas? ¿El truco estaba en su transformación? Pero entonces, de ser así…¿significaba que ella podía tocarlo? No…estaba claro que no era por ser un animal. En ese combate estaba ocurriendo algo más, y el soldado no tenía la capacidad para comprobar o comprender cuál era el truco que uno de los miembros de la tripulación de uno de los siete guerreros de los mares, el mas reciente de todos ellos hasta donde sus recuerdos le alcanzan, estaba utilizando.

“Por algo es uno de los suyos, supongo”.

No obstante, nada de eso llegó a importar, pues no podría seguir prestando atención al combate en cuanto el griterío se formó en las propias gradas, propiciado por….

“Esto no está pasando”

Pero la realidad supera exageradamente la ficción cuando uno menos se lo espera.

El hombre de la marina con mayor cargo entre los presentes, el que portaba en su sangre un linaje cargado de antigüedad con demasiada historia como para poder ser contada, y sucesor de los fundadores del orden mundial…estaba completamente desnudo.

Completa…y absolutamente desnudo, cantando a pleno pulmón.

Kael ni siquiera observó a su compañera cuando le preguntó si se uniría a cantar. Estaba demasiado absorto en la humillante imagen a nivel mundial que durante estos juegos uno de los dragones celestiales estaba dejando frente a todo el mundo por parte de la marina. Esa imagen repercutiría en la confianza hacia la institución, la marina, el gobierno, los dragones…

“¿Es que acaso ese hombre no le tiene miedo a nada?”

hombre consternado
[Imagen: jGxJg3p.png]
Mientras estaba atareado con mi misión, mi capitán me comentó detalles sobre Shin. —¿Es intangible? Parecido al tipo de barro, supongo… —Tras una breve pausa, añadí: —Sí que estamos rodeados de raritos. —Palabras dichas por el marine, cangrejo-tortuga, con un cubo de palomitas en su caparazón a su amigo de cabello albino, semidesnudo, que supuraba veneno por cualquier parte de su cuerpo.

Enji estaba pensando en hacer alguna maldad, no me lo dijo directamente, pero pude ver sus intenciones con claridad al observar con qué cara miraba al ángel que teníamos delante. —Espera, ¿ese es el hijo de puta que le pegó antes? —me pregunté en mi mente mientras sacaba la cabeza por la barandilla para mirarlo. Quería pegarle, pegarle muy fuerte, pero por fortuna ya me había calmado, mis pensamientos ahora estaban centrados en algo más importante, una de esas misiones que solo unos pocos elegidos eran capaces de lograr… —Debo coger este maldito cubo de palomitas —pensé, frustrado por ver que el cubo no cedía ni un centímetro. 

Cuando me dispuse a contestar a Enji sobre la naturaleza del emperador, apareció el bueno de Kibai, dando una respuesta que parecía bastante bien fundamentada. Desde luego, no era un felino, era un mono, por supuesto que no era de su especie. —Yo hace tiempo vi un gorila gigante que hablaba. Un tipo interesante, se murió de un susto. —Agregué, sin pararme demasiado en los detalles.

El soldado de la Marina nos acercó unas jarras de cerveza, me planteé por un momento si era correcto beber estando de servicio, pero las dudas de mi mente se despejaron en cuanto vi a mi capitán empinar el codo con furia. Antes de agarrar la jarra con la boca para beber, presté atención al inicio del combate, el enemigo del comandante Shin se transformó en un pollo de considerable tamaño y él adoptó una posición de combate.

Fue entonces cuando Kibai nos animó a cantar para animar a Shin, Enji le siguió sin pestañear y yo me dispuse a hacer lo mismo, pero antes debía hidratar bien la garganta. En cuanto mi pico de tortuga rozó con sutileza la espumosa superficie de la bebida, sentí como si una fuerza cósmica la alejase de mí, como si el mismo destino que me alejaba de aquellas palomitas también quisiera evitar mi hidratación.

Fue ni más ni menos que mi capitán, que me levantó y me colocó sobre su cabeza con la soltura y la energía despreocupada que le caracterizaban. Por un momento mis ojos solo pudieron captar una cosa, no era el combate, no eran los cánticos, era ver cómo el cubo de palomitas que se encontraba frente a mis ojos caía desde las alturas hacia el suelo. Fue una escena de pesadilla, una tragedia como pocas veces había podido ver… El sonido del cartón al chocar en el suelo retumbó por todo el estadio, o al menos eso fue lo que yo escuché, ajeno al sonido de las gradas que me envolvía. Había sido derrotado… Había fallado… No fui capaz de protegerlas.

Mis estúpidos pensamientos fueron interrumpidos por el llamado de mi capitán, que me instaba a cantar junto a él. Tardé un poco en reaccionar, pero en cuanto él terminó su parte, lo solté todo, olvidando las penas, dejando de lado la derrota en los juegos, superando la pérdida de las palomitas y comencé a cantar mientras era zarandeado de un lado a otro por Enji.

¡Escucha, pirata, mira la grada!
¡Con Shin peleando, no vales pa' nada!
¡Mucho navegar, mucho robar,
¡pero contra Shin, te toca palmar!
¡Y no vamos a parar!
Ritmo de Juan

Cajita de tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]


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