[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
Ahora que lo pensaba... ¿Dónde había ido a parar Kiyoshi? Hacía un rato que había dejado de verlo. ¿Se habría perdido? ¿O quizás se había aburrido del combate? Fuera el motivo que fuese, sabía que lo mejor era dejarlo pasear en paz, si es que eso es lo que había hecho. Él sabría cuidarse solito, y Jin no era quién para inmiscuirse en asuntos de nadie, mucho menos con la tripulación de Eros, quienes aparentemente estaban todos borrachos. También parecía ser el caso con los Hanu Mahana. ¿En qué se habían metido?

Buscó a Tezca con la mirada, la ausencia de respuestas por la pregunta se le hizo, cuanto menos, curiosa. ¿Por qué no quería hablar de ello? Quizás era por el lugar, y porque prefiriera mantener eso en privado. Sí, más tarde podría llegar a preguntarle los detalles. Dejó la botella a un lado, con su copa ya vacía y se centró en seguir disfrutando de la comida. No se había percatado hasta entonces, pero estaba hambriento, y esas salchipapas estaban terriblemente deliciosas. Vio a Tezca levantarse para acompañar la melodía del resto, y de la joven Hoshino. Parecía pasárselo bien. Volvió a observar silenciosamente el combate, en el que el hombre de luz seguía, aparentemente, pareciendo inútil en combate. Masticaba uno de los pedazos de salchichas, viendo al hombre águila hacer una labor interesante, un combate que probablemente podría llevar incluso al aire. ¿Podría volar con esas alas? Si Eros era capaz de cavar bajo el suelo y salir a su placer, ¿qué le iba a impedir a ese hombre a hacerlo? ¿Quizás no era buena idea hacerlo para no darle oportunidad al Marine de luz?

Mantuvo el palillo entre sus labios, masticando, con los ojos fijos en un combate del que buscaba aprender algo más. Estaba muy oxidado, al menos en cuanto a combates. Y qué demonios, le gustaba ver a la gente pelear, además de hacerlo él mismo. Siempre, absolutamente siempre se podía aprender algo viendo a terceros, y en ese combate, viendo la ventaja del águila, pese a que el Marine podría tener la ventaja, era completamente un resultado inesperado, distinto al que tenía en mente. Al ver que su Haki no le daba pistas de lo que pudiera ocurrir en ese combate, decidió disminuir la distancia de su visión a solo diez metros para seguir reconociendo a los de su alrededor.

No se había percatado de la mirada molesta de Tezca, ya que, en su caso, no se había molestado a ver en qué estado estaban el resto de los platos, lejos de los de Tezca y él mismo. Descendió lentamente el palillo, sin mirar el recipiente, pinchando una patata, sin perder detalle del combate, al menos hasta que, a medio camino de llegar a su boca, escuchó a Tezca hablar en su dirección. —¿Cuánto? Bueno, salieron bien de precio. Por todos me cobró unos 300 Berries. ¿Por qué? ¿Pasó algo? — Arqueó una ceja, curioso. ¿Miserables? Miró su propio recipiento, lleno de vida, salsa, patatas y salchicha. ¿Qué podía verse peor? —¿Le dieron algo malo a tu capitán? — Miró por encima del hombro, pese a que desde esa distancia no podía ver nada. Miró, ahora, con más curiosidad lo que tenía Tezca, que se veía igual de delicioso y apetitoso que lo que tenía él mismo. —¿Quizás fue mala suerte? — Elevó la mirada hacia Ryota, elevando su recipiente para que pudiera verlo. —¿Quieres un poco del mío? Espero que te guste el picante. — Sacudió su bandeja, señalándolo con el bastoncillo que tenía con la otra mano. —Y está delicioso.

También vio a Runin con aquella, ¿serpiente? No lo sabía, pero parecía, a diferencia de Ryota, maravillada por lo que tenía entre manos. ¿Quizás si había sido mala suerte lo que le tocó a Ryota? Escuchó a Tezca, divertido por la forma de relatar esa “historia”. Cerró los ojos, con una sonrisa satisfecha y divertida. Su forma de expresar los supuestos comentarios de los Marines le resultaba de lo más divertido. Elevó su diestra, cerrándolo en forma de puño, tratando de contener una risa de forma inútil, siendo que escapaba de entre sus labios con expresión divertida, solo consiguió que el volumen de su risita no fuera demasiado elevado.

 
—Jajaja... Sí, suena a algo que solo tú conseguirías, Tezca.

Es más, el acompañamiento de las palabras de Runin, lejos de resultar ofensivas, solo hace que Jin eleve su brazo, pasándolo alrededor de los hombros del rubio, sin dejar de contemplarla. —¿Sabe, Señorita Runin? A mí me parece que es el mejor de todos nosotros. ¿Quién no podría adorar a alguien como él? — No negaba una posible exageración, pero claro, esa era parte de la esencia que tenía el propio Tezca Norova. Igual que hizo con Ryota, elevó ligeramente su comida, para que la mujer pudiera observarla. —¿Quiere probar algo de aquí? Si no le disgusta el picante, sabe delicioso. Pero no se pase, ni usted ni la serpiente. — Porque, aunque no lo pareciera, sí, se había dado cuenta de lo que había hecho con Ryota, dado que había intentado contemplar con curiosidad qué era lo que había ocurrido. Que hubiera pagado por todo e invitado no significaba que les diera la opción de terminarse su manjar. ¿Cuánto hacía que no había disfrutado tantísimo del picante como en ese momento? A saber, pero todo fuera para que Tezca lo siguiera viendo con buenos ojos.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4394 + 0 = 4394
Energia: 3674 + 0 = 3674
Espiritu: 1039 + 32 = 1071
La batalla de la gran final, el hombre que brilla que me ganó en la prueba de velocidad y el hombre águila, que también me ganó en la prueba de velocidad. Es que me ganó tanta gente en esa prueba que me sale mejor contar quienes perdieron, es menos trabajo mental. Bueno, no pensemos en la gente que me superó sino en cómo combaten estos muchachos que también son muy rápidos. Observé poniendo atención a cómo el brillo era atrapado por un ave musculosa, el combate era sumamente rápido y cargado. Mis ojos que buscaban seguirlos difícilmente podían captar con atención el combate. Fue más el cambio en el muchacho que antes brillaba y por un instante dejó de hacerlo.

— eh, EH, EH EH EEH EEH EEH —

El puede pegarle a la luz. EL PUEDE PEGARLE A LA LUZ. ¿Quíen se lo iba a imaginar? Si bien el dinosaurio no pudo agarrar al hombre de lodo este si pudo picotear a la luz. Entonces si se puede y bastante que le quiere hacer, mi impresión es que le quiere dar una buena. No parece que ninguno se esté conteniendo en este combate. Me hacen pensar que yo tal vez debería actuar de la misma manera que ellos.


— ¿Entonces a eso se refería el señor Zhang? — Claro, siendo alguien que conoce muy poco del mundo estaba impresionado y verlos emanaba en mi un deseo por alcanzar un nivel como ese. Ellos eran los elegidos para estar en la final y de cierta manera eran los elegidos por ser los más fuertes de cada equipo. Prácticamente los más fuertes del torneo. No me podría imaginar que él monje iba a enseñarme cómo enfrentarme a alguien con el poder de un elemento.

Con un poder como ese de seguro sería capaz de enfrentar a cualquiera, incluso si es un Marine. — Tenemos que buscar quien nos pueda enseñar algo como eso señor Zhang. Seguramente aquí en esta isla puede haber alguien. De las islas que vengo en esos desiertos y reinos pequeños no había visto a nadie hacer algo así. —

Con cierto entusiasmo le hablé al mink burro esperando que compartiera conmigo ese deseo por el aprendizaje. Además si ya íbamos a entrenar juntos de seguro que me acompañaría a buscar a otros artistas marciales del cielo. Me habría gustado mucho que la maestra me hubiera hablado de los otros artistas marciales que existen a lo largo del mundo. Imagino que no es como que se tengan agregados en el den-den mushi y se llamen una vez al año en la reunión de maestros marciales.

Los cánticos de la gente en las gradas cada quien por un equipo me dejaba ver lo que ya sabía. Hay los marines y los que apoyan a su muchacho estrella y están los piratas que apoyan a su gallo ganador. Yo no quería escoger bando pero estaba claro que el marine no era mi favorito. Solo por empatizar con el compañero de alas, que no solo es un conocido, es alguien que había tenido oportunidad de cruzarme y que no lo dejaría mal.

Aun así, poder golpearlo no garantiza la victoria de nadie. El marine parece alguien muy difícil de apagar.

Notaría los movimientos de la durmiente. Mis piernas que se habían movido un poco involuntarias de los nervios pasaron a estar quietas. Eran su almohada y me daba la impresión de que la estaba despertando. — Lo siento Bai. me emocioné — Aunque de seguro ella no recordaría esto, la amiga borracha parece estar luchando sus propias batallas en su mente. Acaricio su frente y espero que las pueda ganar. Acomodé la postura en la que estoy sentado, pues ahora ya me duele un poco la erección y comienzo a preocuparme de que sea enserio algo de ir a un médico.

Mi atención desviada un instante ve por las gradas y ve una cola de tiburon que es demasiado fámiliar. Le miro con sospecha, es complicado definir, su cabello no encaja. Por la ropa no me lo parece, pero si algo aprendí es que tiene una cualidad para pasar inadvertido entre la multitud. Llevé mi mano diestra haciendo un gesto de aro con los dedos corazón y pulgar, emití un silbido de gran potencia esperando captar su atención o al menos hacerle voltear. En caso tal de que me viera le haría gesto de acercarse, pero sería complicado, era evidente que tenía un parecido pero no era igual y de seguro yo estaba confundido.

MJ cantando we r the world

[/quote]
[Imagen: from-Pix-AI-2058552647297991195.png]
La llegada de Tezca y Jin de nuevo junto al grupo no es algo que pase desapercibido para el cocinero, pero es obvio para todo el que lo vea que busca alejarse lo más posible del ahora banquero. Poco podía decir de su presencia que no fueran insultos, no tenía mucho hambre luego de combatir y tampoco confiaba en algo que fuera traído por ese hombre, por lo que rechazó la comida con la mayor amabilidad posible.

Solo por un momento, fijó su vista en el combate, al menos para intentar enterarse de algo. El compañero que había tomado el puesto de finalista era ese gigante, que ahora parecía poder tocar a ese tipo hecho de luz. Uker desconocía las akumas, pero escuchando los comentarios de su tripulación pudo deducir que ese tipo tenía un poder similar al que ahora tenía Jin. - Y puede afectarlo… -. A Jin lo habían anulado también, tal vez ese tipo dinosaurio poseía esa clase de capacidad.

Pero algo más llamó su atención, las reconocibles notas de la canción que su hermanastro le había enseñado en el South Blue. Sus ojos recorrieron el espacio hasta encontrar la fuente de ese hermoso sonido, Miyori y su violín. ¿También era buena con la música? Uker no era capaz de tocar ningún instrumento sin romperle el oído a la gente de alrededor, pero ella parecía disfrutar de aquello.

Su voz era perfecta, hermosa, con un tono ideal para crear una versión propia de esa canción que tanta gente cantaba en Baterilla. Su pie acompañó el ritmo del violín, sus labios se movieron como si estuviera recitando la letra pero sin que una palabra escapara de su garganta. Lo meditó unos segundos, escuchó como la canción se alejaba para acercarse lo más posible a la arena, podría no sabr tocar un instrumento, pero…

♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho ♫♪

Se levantó del asiento que ocupaba, continuando con la canción en cuanto su ahora conocida prima parecía terminar su función.

♫♪El sake de Binks será, lo que vamos a entregar
Ni el viento o la marea nos podrán parar♫♪

Todavía cantando, se acerca a su capitán y pasa su brazo por sobre sus hombros, sonriéndole y pidiendo sin palabras que le siga el ritmo. Tal vez él y Varo estarían sorprendidos de ver ese lado del cocinero que nunca había tenido las ganas de contarles. Kiyoshi tambien podría escucharlo, pero por alguna razón no lo veía por ningún lado.

No se había perdido, ¿verdad?

♫♪Cae la tarde sobre el mar, y en el cielo escucharás
El cantar de los pajarillos al volar♫♪
♫♪De mi pueblo yo me voy, con orgullo zarpo hoy
Este canto es la fuerza para navegar♫♪

♫♪Hey borra su esplendor, y la brisa de la mar
Que nos va a acompañar a donde hay que viajar♫♪

♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho♫♪

Mientras terminaba las últimas partes de la canción, se acercó también a la pelinaranja que había comenzado ese acto. Tal vez tenían más cosas en común, tal vez podrían distar en otras cosas, no la conocía, ella no lo conocía a él, pero esa frialdad con la que tomó la noticia de que parte de su familia pudiera seguir por ahí parecía derretirse poco a poco.


Libro de recetas
[Imagen: nxACuAB.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2895 + 0 = 2895
Energia: 2329 + 46 = 2375
Espiritu: 1360 + 0 = 1360
En mitad de su euforia por el entretenido combate que estaba observando, la sonrisa de Eros se tornó nuevamente su uniforme seriedad cuando contempló la retirada estratégica de Kiyoshi de la escena. Tenía sentido visto que ninguno de los dos era particularmente sociable, y ciertamente la algarabía que llevaban a cabo era algo que nunca habían experimentado o al menos, no desde su tiempo varados en Little Garden ¿Cuando fue la última vez que celebraron, bebieron y rieron? Nunca sobraron los motivos.

Entonces sintió la vibración de las notas del violín comenzando a sonar, posando su mirada por unos momentos que parecieron eternos sobre Miyori. No era la primera artista que se cruzaba, pero mientras contemplaba su gracia sólo podía entender a lo que se referían los adeptos a las artes como las musas que inspiraban. Ella se inspiraba, y canalizaba esa inspiración hacia los demás ¿No? Entendió que sus sueños habían crecido con ella ¿Y los suyos?

Se inspiró en silencio viendo como el espadachín proponía la maniobra. El capitán por su parte con su brazo derecho rodeó los hombros de Uker mientras que con el izquierdo rodeó los de Varo abrazando a sus compañeros para inflar sus pulmones de aire, armarse de valor y pronunciar un hechizo de los mares.

♫♪Tee-Hehehe Tee-hehe-he
Tee-Hehehe Tee-hehe-he ♫♪

♫♪El sake de Binks será, lo que vamos a entregar
Ni el viento o la marea nos podrán parar♫♪

Tomó aire lo mejor que pudo entre verso y verso, pues se venía una parte que debía ser cantada de pe a pa, sin chistar.

♫♪Cae la tarde sobre el mar, y en el cielo escucharás
El cantar de los pájaritos al volar
De mi pueblo yo me voy, con orgullo zarpo hoy
Este canto es la fuerza para navegar

Hey borra su esplendor, y la brisa de la mar
Que nos va a acompañar a donde hay que viajar♫♪

Su voz se fundía con la de Uker, con las notas del violín y con el ambiente festivo. Por un rato olvidaba sus frustraciones, por un rato olvidaba los problemas que los habían unido y traído hasta allí. Estaban vivos, y no era poco. Con sus mejillas rojas por el bochorno del papel que borracho hacía, sonreía tímidamente cantando con quienes más quería.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Le dio su agradecimiento a Jin por la comida, la verdad es que le vino perfecto. Disfrutando de las salchipapas, el espadachín de Roshwann se giro para mirar a Tezca, respondiéndole a su pregunta. - Dahahahahhahahah mira, no se  si están buenisimas o yo tengo mucha hambre, tengo tanta hambre que me comería una piedra - Una vez sucedió eso siguió alimentándose para aumentar su poder de espadachín mortal rey de nada. Barald no pudo evitar contenerse de la risa al escuchar la historia del gran Tezca - mmm ¿intenta hacerse el magnifico porque su novio esta delante? -  aquel pensamiento paso por décimas de segundo por su cabeza a lo que inmediatamente se nego a si mismo, no era por eso, es que el era el único e inigualable - Ehhh ... -

El azabache tuvo una breve pausa para pensar exactamente lo que iba a decir en ese momento. - Valió mierda, mi hermano Tezca derrotó de un puñetazo al cocodrilo que nos atacó, tenia una habilidad que nunca había visto disparaba agua yo me quede paralizado, no pude hacer nada y el nos salvo a todos hasta a los marines que casi la palman dahahahahahahahhaha, una historia muy cierta si, no se escondió detrás de nadie ni nada, me salvo la vida, menos mal que estuvo ahí, cuando derrotó al monstruo solo dijo: -

- "No me puede derrotar alguien que vive en una cloaca porque soy genial ¿me entiendes? que poca clase, salgamos de este sitio Barald, me lesione el tobillo " -

Intento imitar la voz de Tezca, aunque no sonó parecido a el para nada. - La verdad que le quedó épico, ya ven, es un hombre que cuando las cosas se ponen feas, responde, un distinto. Le debo la vida, asi que cargue con el porque no podía andar por que se torció un tobillo y yo nunca corro ¿fue un día duro eh? - Aun recordaba la mirada dorada de ese cocodrilo disfruto aquella pelea y de recordarlo pudo sentir el instinto asesino que aun dormía latente. Barald nunca mentía, lo de que era un mentiroso tan solo eran rumores, cuentos y falacias para manchar su honorable nombre. Tras esas palabras, siguió comiendo a lo suyo, ajeno un poco al resto de conversaciones y analizando bien el combate que estaba a punto de terminar.

Cofre del tesoro

[Imagen: FIRMA.jpg]
Mis manos cubren con fuerza mis labios al tiempo que dejo escapar un gritito ahogado. Con los ojos completamente abiertos, veo cómo el tipo pájaro ha atrapado a Shin. ¡Lo ha tocado! ¡¡Lo ha tocado y lo ha atrapado!! ¡¡Lo ha atrapado y lo ha herido!! ¡¿Qué está pasando?! ¡¡No entiendo nadaaaaaaa!! ¡Agh, maldita sea, así no puede usar un botiquín ni nada!

En medio del forcejeo veo al fin un haz de luz.

―¡Eso, Shin! ¡Dale, dale, DALEEEEEEE! ―Exclamo dando enérgicos saltitos con un puño en alto y amplificando mi voz con la otra mano.

¡Qué ganas de gritar, QUÉ GANAS DE GRITAR! ¡Eh! ¿Eso son los piratas cantando? ¡No, no, no! ¡Tenemos que cantar más fuerte, mucho, mucho más fuerte! Kibai es el primero en hacerlo, y yo no dudo en hacer lo mismo de inmediato!


¡VENGA, SHIN, TIENES QUE GANAR!
¡ESTE ES TU MOMENTO DE BRILLAR!
¡VENGA, SHIN, NADIE TE PUEDE VENCER!
¡DALE, DALE, DALE UNA Y OTRA VEZ!


¡Que me quede sin voz! ¡¡No importa!! Si el combate de Shin está en la arena, el nuestro está en las gradas, ¡y nadie va a poder acallar nuestras voces! ¡¡Nadie va a impedirnos animar a Shin hasta el final! ¡Nadie!

Enseguida, miro con absoluta y completa determinación a Kael, quien hasta ahora no se ha pronunciado con los cantos del resto, con una exigencia muy clara en mis aguamarinas.

―¡Venga, Kael! ¡¡Es hora de cantar!!

Acto seguido, lo tomo de uno de sus brazos y tiro de él mientras mis iris vuelven de inmediato al combate, sin querer perderme absolutamente nada. Sin importar el éxito que tuviera, mis esfuerzos por hacer que se levantaran no pararían hasta conseguirlo.

―¡Canta, Kael! ¡Canta, canta, canta! ―Por un instante, alzo algo más la voz, dirigiéndome hacia todos mis compañeros marines―. ¡¡Los piratas están cantando juntos!! ¡¡Tenemos que ganarles!! ―Apenas un segundo después, mi tono es el mismo de antes―. ¡Canta, Kael, canta! ¡Tienes que cantar, Kael! ¡Es tu mejor amigo! ¡Caaaaaantaaaaaaaaaaaa!

Kuroshiro
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
Moja seguía apelotonado en su rincón del banco, con la gorra blanca tirada casi hasta la punta de la nariz para que nadie pudiera verle los ojos. Cada vez que escuchaba a la "banda de música" de su propia división berrear en la grada, se le encogía un poco más el alma de pura vergüenza ajena.

El Capitán Enji ya no solo estaba semidesnudo y ondeando la chaqueta, sino que se había puesto a inventar rimas de taberna barata sobre si "Barto en tanga" o si "Barto solo sabe poner la cola". Kibai, por su parte, estaba canalizando Electro a través de su propio abrigo para soltar chispas azules por el aire mientras invocaba un enjambre de avispas que dibujaban la palabra JUSTICIA en el cielo celestial. Por si fuera poco, Nyra se había puesto a dar saltitos agarrando del brazo a Kael, chillando a pleno pulmón hasta quedarse afónica para que el chaval se pusiera a cantar también. Y Juan, la tortuga, flotaba por encima de las cabezas de todos, zarandeado como una bandera viviente mientras lamentaba la pérdida trágica de su cubo de palomitas.

-Virgen del Carmen...- murmuró Moja por lo bajo, frotándose la frente con la garra dura para ahogar un suspiro desolado. -Si nos ve un Almirante, nos degrada a todos a fregar cubiertas en el East Blue de por vida... Qué absoluta falta de compostura.-

Pero justo cuando estaba a punto de meter la cabeza entre las rodillas para desconectar del desastre, el estruendo de la arena dio un giro brutal y Moja volvió a levantar la visera de la gorra de golpe.

Abajo, la pelea entre Shin y el buccaneer Bartolomeow se había convertido en una trituradora de carne y luz. Bartolomeow, haciendo gala de una masa física monstruosa, había logrado lo que parecía imposible: atrapar al Comandante de la luz. Con un picotazo seco que le abrió la piel de la cabeza a Shin y una transición veloz a su forma híbrida, la enorme criatura de más de cuatro metros se le sentó encima de la pelvis, inmovilizándole los brazos contra la tierra batida y cerrándole las plumas semiprensiles del ala alrededor del cuello.

-¡Maldita sea!- se le escapó a Moja en un susurro hosco, enderezándose sobre la madera del banco.

Ver a un oficial con una akuma logia sometido de esa forma contra el suelo hacía que le ardiera la sangre por dentro. Bartolomeow no solo usaba el peso bruto de su forma de bestia, estaba imbuyendo sus garras y su cuerpo con esa fuerza invisible y pesada que permitía atrapar a los usuarios elementales. La polvareda y los destellos dorados que salían del choque cubrían el centro de la pista, pero Moja no desvió la mirada ni un solo milisegundo. Recordaba haber leído algo sobre esa fuerza invisible, la cual podías utilizar incluso para tocar a usuarios con frutas logias, pero para Moja era algo que aun estaba lejos de poder conseguir.

Shin, incluso con el hilo de sangre bajándole por la cara y el cuello atrapado, no perdió la sonrisa. Soltó un fogonazo de luz a quemarropa directo al pecho del buccaneer que hizo temblar el aire. El impacto fue seco, terrible, pero el pirata no soltó el agarre; al contrario, apretó el cuello de Shin con más rabia, descargando un par de puñetazos brutales que retumbaron en todo el recinto contra la arena. Shin intentó deformar su rostro en pura masa lumínica para escurrirse entre los dedos del coloso, pero la presión era continua, asfixiante, atrapando las partes de su cuerpo que estaban en contacto directo con las manos del rival.

Moja se agarró a la barandilla con fuerza, sintiendo cómo las garras se le clavaban un par de milímetros en la madera.

-Aguanta ahí, Shin...- masculló entre dientes, olvidadas ya las rimas de Enji, las avispas de Kibai y el bochorno de las gradas.

Aquello ya no era un concurso ni una exhibición para el pueblo del cielo; era una guerra de desgaste pura y dura entre la velocidad de la luz y la resistencia bruta del mar. La Marina estaba contra las cuerdas en el suelo de Shandora, y Moja, con el pelaje del cuello erizado y las pupilas amarillas fijas en la humareda de la pista, no pensaba pestañear hasta ver cómo terminaba ese maldito choque.


Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
El ambiente de las gradas era el adecuado, el que debía tener un espectáculo del nivel de la final de los Juegos del Soberano. Se palpaba la rivalidad entre los locales que habían optado por apoyar al rubio marine y los que, por el contrario, se veían maravillados por la montaña de músculos pirata. Todos querían sentirse parte de la final, aún cuando su bandera distara de las que se enfrentaban en la arena. Tomaban bandos, elegían un lado y alentaban a su adalid, su guerrero, su apuesta. ¿Cuánto dinero habría puesto en la victoria del hombre capaz de convertirse en luz y moverse más rápido que la vista? ¿Cuántos berries descansarían en la espalda del enorme buccaneer de cabello trenzado y brazos del tamaño de árboles?

Los piratas entonaban una melodía clásica, propia de los mares y la vida itinerante: una canción inconfundible, el Sake de Binks. Mientras ellos, marines, se salían —la mayoría—, del estereotipo serio y marcial para alentar como verdaderos fanáticos, a viva voz y con el corazón en la mano, dejándose la garganta en cada estrofa. Las tablas bajo sus pies vibraban y crujían. El aire se removía violentamente entre las filas de soldados, empujado por la fuerza y la pasión de sus gritos de guerra, la rebelión de su espíritu, el intenso calor de sus corazones emocionados.

Enji extendió el brazo a un costado y, tímidamente, el muchacho que vendía cervezas le alcanzó la jarra que le había encargado tan sólo unos minutos atrás, cuando todo ese hermoso desastre recién estaba empezando.

—¡Ésta me van a contraatacar, soldado Kibai! —Enji dio dos tragos a su cerveza, se limpió el bigote de espuma con el antebrazo y sonrió. El alcohol empezaba a fluir por su sangre como la adrenalina en un combate a muerte—. ¡Por mi madre que en este estadio no se escucha otra cosa que no sean mis marines! ¡Sostenme la cerveza, Juan!

Enganchó el borde de su jarra de cerveza en los “labios” de la tortuga Juan Sebastian, permitiéndole, con un movimiento de cabeza, inclinarla y atiborrarse de lúpulo amargo. Estaba en el comandante cangrejo-tortuga decidir qué tan borracho quería ponerse. Él, como buen capitán, ponía los recursos a su alcance.

Soltó su chaqueta, su abrigo oficial, y ya con las manos libres dio un fuerte aplauso frente a su propio rostro y dejó las palmas juntas. Las empezó a frotar entre sí y el veneno, como un espeso sudor morado, empezó a supurar de ellas. Primero en forma de gotas, gotas cada vez más grandes, encadenadas una detrás de otra hasta formar un caudal que, en lugar de caer, subía. El líquido violáceo ascendió sobre sus cabezas y se acumuló dos metros por encima del contingente marine en forma de una gran esfera, una amalgama tóxica. Enji aumentó la presión entre sus palmas y esa formación empezó a moldearse, a cambiar, a mutar frente a sus ojos. El cúmulo de veinticinco litros de veneno adoptó la forma de un kanji, el de “Justicia”, y atravesado en él la palabra “Rules”.

正
RULES
義


¡En La Marina nací,
tierra de Joe y Withend!
¡De los pibes de Baquella,
que jamás olvidaré!

¡No te lo puedo explicar!
¡Porque no vas a entender!
¡Irnos de putas con Tucrow
cuántos años lo soñé!
¡Pero eso se terminó!
¡Porque en la gran final!
¡Shinchan le gana a Barto
y nos vamos a embriagaaaar!

¡MUCHAAAAAACHOS!
¡HOY NOS VOLVEMOS A EMPEDAR!
¡SHIN GANARA LA PELEEEA!
¡Y LA GRADA COLAPSAAAR!

¡EL YUGUUUU!
¡DE DIMIPALO VAN A TOMAR!
¡HOY LA MARINA CELEEEBRAAA!
¡LA VUELTA VAMOS A DAAAAR!

La mano derecha agitando el chaquetón, la mano izquierda levantada en el aire y apretando el puño. Enji cantaba, saltaba y manipulaba al mismo tiempo los más de veinte litros de veneno que yacían suspendidos en el aire. Nunca se había sentido más inspirado.

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4097 + 0 = 4097
Energia: 3872 - 16 = 3856
Espiritu: 1450 + 0 = 1450
Atributos Personaje


Ost



“Wey, nos secuestraron a todos y despertamos con bombas en el cuello…
no mames… seguro te creíste que no la libré y aprovechaste.”

Contesto a las palabras de Tezca con un tono desconfiado sobre su “desaparición” en aquel entonces.

Quienes conocían a Ryota sabrían que tan solo estaba bromeando, no le importaba tanto el título de capitán o que le obedecieran. En realidad, la mayoría de las veces, se apoyaba en todos para que no se murieran de hambre o el barco pudiera llegar a buen puerto. Tezca administraba el dinero, Barald tenía en cuenta los recursos, Runin mantenía el Aloha Kai sin ninguna falla, Yuuki siempre estaba atenta a próximos peligros y él, él tan solo seguía el viento en el mar para llegar a la siguiente isla y continuar su aventura.

La comida pronto fue abierta y para desilusión del castaño, la suya no fue lo esperado. Sin embargo, Tezca y Jin parecían haber comprado la comida en otro sitio diferente, pues a ambos si que les habían otorgado más del delicioso embutido. “Yah, claro, mala suerte…” Opino girando a ver el plato de Runin, que exponía la misma escasez que el propio. “Mira, no, si les vieron la cara...” Agrego, notando entonces los rostros de la morena y Cardan.

¿Cómo es que podían creer que eso era una exquisitez? ¿Acaso en la tierra de las amazonas no existían salchipapas de calidad? ¿o es que su gusto por la buena comida se perdió debido a haber comido tanto tiempo frijoles enlatados en alta mar? Fueron varias las dudas que atravesaron el subconsciente del capitán mientras les veía deleitarse con tan poco.



“Chale… en serio necesitamos un cocinero a bordo…
la pobre cree que eso es gourmet”

Concluyo con un tono de lástima para con los suyos.

Jin en ese momento extendió su comida en medio de la conversación que se estaba llevando a cabo. “Gracias, bro.” Contesto Ryota, agarrando varias rodajas de salchicha a gran velocidad. Nunca diría que no a comida gratis y, como buen pirata, tomaría más de lo correcto para soltarlas sobre su plato para relamerse los dedos.



“Kekekekeke ¿En serio decían eso los marines? si, suena a algo que dirían kekekeke.”

Las risas no se hicieron esperar ante las historias extravagantes de Tezca y Barald. En un momento el combate quedo del lado, para convertirse en una tarde con amigos en medio de una hermosa melodía, disfrutando alimentos y riendo de viejas historias. Quizás Skypia no era ganar el mvp, quizás eran los amigos que hacías en el camino o los buenos momentos que vivías allí. Aunque claro, volvamos a la historia que nos atañe.

“Kekeke ahora que escucho la historia, sí que eres el dios capitán kekeke cuento contigo para protegernos.” Continúo riendo hacia Tezca, alegrándose por compartir ese momento con los suyos. 

Fue en ese momento que Tocho Morocho volvió a colocarse cerca de ellos, eructando un aroma dulce del hocico para comenzar a comer de las papas del buen Toxsco.



“Espera, ¿y mi salchicha?”

Miro que, en su plato, mientras agarraba las papas, alguien se había llevado su propio alimento. Fue entonces que vio a Runin al costado, devorándola en el momento justo en que se vio descubierta. “Bien jugado, Kitay… pero me la pagarás…” Prometió en medio de sonrisas, para continuar comiendo las que le había quitado al novio del rubio. 

La pregunta de Runin llegó referente al combate. Obligando a Ryota a levantar la mirada para ver la situación y presenciar cómo el hombre más grande sostenía al peli blanco con la intención de acribillarlo a golpes.



“No me estás agarrando así y no me he podido zafar de ti en los últimos dos años;
dudo mucho poder hacerlo en medio de una pelea.”

Bromeó dejándose llevar por el buen rollo y momento que estaban viviendo junto a todos. Incluso por la música que sonaba a sus espaldas dada por Eros, Uker, Varo Ganchin y Miyori.

Fue entonces cuando la cabeza del marine se desprendió en un santiamén de su cuerpo, permitiendo al puño de su oponente impactar de lleno contra el suelo. “¿Lo decapito? No espera…” No dio crédito a lo que estaba observando, la parte baja del cuello del comandante brillaba y parecía continuar con vida aun en una situación como esa.



“Así que también puede hacer eso… los poderes del diablo nunca dejan de asombrarme.”

Vestimenta

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Uker no parecía aceptar la comida, tampoco insistió en ello. Cualquier cosa, sin embargo, podría aprovecharlo para sí mismo, o quizás dárselo a alguien más, quién sabe. Lo que supo era que, por ahora, podía volver la mirada al combate. Ahora el Marine parecía haber hecho daño al hombre águila. Sin embargo, él seguía robusco como una roca, atacando sin compasión pese a los dos golpes que habían terminado en los lados del suelo. No dejó de contemplar el panorama. ¿Acaso eso terminaba allí? Lo dudaba, pero comprendía, en parte, la sensación que podría estar teniendo ese Marine de luz.

Comía, con calma, observando el panorama. El combate parecía seguir a favor del hombre águila. Pinchó una de las salchichas, saboreando una vez más el sabor picante, en un estado de concentración, pensando en varias formas en las que él podría intentar salir de allí. No parecía ser posible, pese a la gran velocidad que pudiera tener el Marine, de poder escapar. ¿Intentaría explotarse a sí mismo, quizás? ¿Era eso siquiera posible? Pasó la comida, palpando a un lado, donde tenía la botella de vino, rellenando de nuevo su copa, dando un largo trago, con aire pensativo, centrado observando solo el combate, al menos hasta que volvió a desconectar por un momento, buscando a Ryota con la mirada.

Ah, mierda, con la distracción, descendió la mirada, y vio que el número de salchichas había disminuido considerablemente. Frunció las cejas, molesto, y buscó con la mirada. ¿Quizás también debió advertirle a él y no solo a Runin? Desde luego, no podía fiarse de ellos. ¿Qué pasaba si hacían lo mismo con Tezca? ¿Le estarían alimentando en condiciones?

—...

Elevó, esta vez, la mirada, buscando la de Ryota. ¿Siquiera podía bajar la guardia en algún momento con los amigos de Tezca?

 
—Te dije que te compartía, no que abusaras.

Fuera como fuere, si quería más, solo iba a aprovechar lo que había sobrado de Uker y ya lo aprovecharía. No es que fuera la primera vez que pasara hambre, pero al menos había podido disfrutar de su sabor. Ya era más que nada. Es más, si lo deseaba, podía ir a por más. No era un drama, afortunadamente. Dio un sorbo, algo más largo, a la copa, terminándolo de un trago. ¿Qué diablos? Estaban allí para pasarlo bien, no para amargarse. Tenía un reencuentro con su amado después de tanto tiempo, y no iba a echarlo a perder solo por un par de salchichas...

Hablando de él... ¿Dónde estaba? Cerró los ojos, sintiendo su presencia cerca. Cierto, a su lado. Su aroma, su esencia, su calor... Cómo había extrañado eso y mucho más. Dejó caer su mejilla hasta el hombro de Tezca, descendiendo la mirada a la botella de vino que se encontraba no muy lejos de él. ¿El alcohol ya comenzaba a hacerle efecto? No importaba. Estaba bien, estaba feliz y, lo mejor de todo, estaba al lado de su amor. Dos largos y condenados años que no sabía si sería capaz de soportarlo. Todavía no podía creerse que fuera tan real, que estuviera ocurriendo de verdad, que el propio destino fuera quien los había vuelto a unir. Sonrió con nostalgia, recordando la noche en la que se conocieron, las cosas que ambos habían pasado juntos, todo el tiempo que había estado pensando en él... Tanto...

—Tezca... Amor mío...

Su voz sonó suave, ese tono que solo había empleado en su intimidad, llena de sentimiento, uno que nunca, antes de conocerlo, pensó en poder comprender jamás. Abrió lentamente los ojos, observando la nada más absoluta, buscando elevarla lentamente, contemplando así al rubio, tras esas gafas tan características. Elevó su zurda, tomando uno de los mechones de su cabello.

—Te extrañé. No tienes idea de cuánto.

Buscó, con su mano, la contraria, cruzando sus dedos con los contrarios, apretándolo hacia sí, elevando la misma mano hasta su propio pecho. —No ha habido un solo día desde que zarpé en que haya dejado de pensar en ti. — Claro que, la sinceridad pública se estaba debiendo, ahora más, al alcohol que claramente comenzaba a afectarlo. —¿Qué tal si me llevas a bailar de nuevo como los viejos tiempos? — El recuerdo de aquella noche, en la que cantó, y lo llevó a bailar, aunque él fuera torpe, le envolvían. Se puso en pie, tirando suavemente de su mano hacia sí mismo, buscando la mirada del hombre si es que así se dejaba. Todo a su alrededor, excepto ellos dos, parecía haberse desvanecido. Para él, solo existían ojos para una sola persona, y era la misma que tenía frente a él. —Me prometiste que ibas a enseñarme, ¿recuerdas?

Cajita de Tabaco
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