[T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu
#31
El sol de la tarde sigue cayendo a plomo sobre Hachinosu, y el calor que desprende la piedra arenisca de la ciudadela se mezcla con el olor a pólvora quemada y el polvo amarillento que aún no termina de asentarse sobre el cráter del Galleon's Grotto. Del hombre al que Ashura sigue dirigiendo sus palabras no queda ni rastro pues Grin ha desaparecido por completo, tragado por la desbandada inicial de la multitud, replegado a una distancia prudente del cráter y del filo de aquella espada, de modo que nadie responde al desafío que el propio Ashura lanza al aire vacío. Alrededor de ese cráter, donde él y Shinkae Sae se estudian a 20 metros de distancia, la multitud se contiene formando un anillo irregular a 50 metros del centro, todos los ojos puestos en la oni y en el Shichibukai, ajenos por completo a lo que ocurre más al norte, donde la ciudadela se eleva en una sucesión de tejados desiguales y manzanas enteras se apiñan unas contra otras sin ningún orden ni planificación, construcciones de entre dos y seis plantas separadas apenas por callejones donde un hombre corpulento tendría que caminar de lado.

Allí, a 62 metros en diagonal del propio cráter, se alza un viejo almacén portuario desde el que Itsuka y Mutsumi salieron volando lanzadas por la técnica Viento de Plata de Tenoch, sus 4 plantas de piedra asomando apenas por encima del resto del vecindario. Separado de él por un estrecho callejón de 3 metros, se encuentra el edificio contra el que ambas fueron lanzadas y el que les salvo de ser empujadas cientos de metros, un bloque un piso más alto, de 5 plantas, cuyo muro exterior aún conserva la marca fresca del impacto de las hermanas a la altura de la última planta; desde ahí, ambas cayeron 4 metros hasta quedar atrapadas sobre un saliente de piedra que sobresale a la altura de la cuarta planta, resto de una vieja plataforma de carga, salvándolas de un desplome mayor y desde el cual aprovecharon a disparar a Tenoch. Más al sur, más cerca del corazón de la ciudadela, alineado en línea recta entre este segundo edificio y el propio cráter, se agazapa un tercer edificio, mucho más bajo y sin gracia, apenas 3 plantas de piedra sin adorno alguno, encajonado entre edificios vecinos más altos que crecieron a su alrededor con los años, su tejado plano cubierto por una fina capa de polvo, a solo 37 metros de donde Ashura sigue plantado frente a la oni.

En algún punto entre el almacén y el cráter, en la calle, junto al muro del propio almacén, Tenoch desciende envuelto en humo y fuego, herido en las alas pero con su transformación pegásica aún intacta, con toda esa maraña de tejados y fachadas robándole cualquier posibilidad de ver lo que ocurre en el cráter. Es en este preciso instante, con la ciudad entera contenida como un único organismo a la espera del próximo golpe, cuando varias cosas ocurren al mismo tiempo, separadas por decenas de metros pero unidas por el mismo latido.

Desde el saliente donde quedaron atrapadas, Itsuka y Mutsumi cambian de munición en sus rifles, y sin cruzar palabra, flexionan las rodillas al mismo tiempo, como si un único pensamiento gobernara sus dos cuerpos, y saltan juntas hacia el vacío del callejón, cruzando en el aire 26 metros exactos que las separan del tejado bajo del tercer edificio que adornan la escenografía de la batalla. Sus alas, inútiles para sostener vuelo alguno, se abren apenas para equilibrar la caída, y aterrizan sobre la superficie polvorienta casi al unísono, las rodillas absorbiendo el golpe, ya dentro del alcance de sus rifles sobre Ashura. Mientras Itsuka y Mutsumi completan el salto, Tenoch toca tierra con un último aleteo violento, agitado pero decidido, y su forma se contrae hasta devolverle el cuerpo híbrido que le otorgan sus poderes de su akuma no mi, dejando atrás al pegaso completo. Se pega a una pared del almacén, protegiendo su espalda del hueco por el que antes vinieron los disparos, y hace chocar sus puños entre sí, encendiendo el fuego de sus guantes, sin saber aún que quienes lo hirieron ya no están sobre su cabeza.

Ni uno solo de los presentes, con los ojos fijos en el duelo del cráter, repara en las dos siluetas agazapadas sobre aquel tejado bajo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos hubiese imaginado. Por segunda vez, las hermanas encajan las culatas contra el hombro, ajustan la mira, y aprietan el gatillo dos veces cada una, casi al unísono, cuatro estampidos que se funden en un solo parpadeo. La primera tanda de balas perforantes recorre en línea recta los 37 metros que separan el tejado del cráter, sin desviarse un centímetro de su trayectoria, envueltas en Haki de Armamento, cortando el aire caliente de la tarde en un vuelo silencioso, sin el resplandor ni la onda expansiva de la munición explosiva, directas hacia la cara del capitán de los Mushoku impactando en su único ojo la primera y en su nariz la segunda. Con un rápido juego de manos, la segunda tanda de balas sale disparada de nuevo hacia Tenoch, casi sin pausa entre un gatillo y el siguiente, recorriendo en línea recta los poco más de 26 metros que separan a las hermanas de la posición que ocupo Tenoch, quien empieza a prenderse en fuego tras el choque de sus guantes, dando de lleno en el pecho del pirata. Apenas se pierde el eco del último disparo, ambas hermanas ya se dejan caer por el borde opuesto del tejado, colándose hacia el interior del edificio bajo reposicionándose en diferentes niveles del mismo.

Es solo entonces, con las balas hacia Ashura ya hechas y sin que él haya podido esquivarlas, cuando Shinkae Sae cierra la distancia que los separaba al haber sido empujada 16 metros por el ataque de Ashura. En vez de un segundo golpe directo, esta vez sus brazos se abren de par en par y se cierran sobre él en un abrazo brutal, atrapándolo entre la masa de sus músculos y el peso entero de su cuerpo de 12 metros. Y mientras aprieta, gira el torso, la cabeza, todo su cuerpo hacia el norte, hacia el tejado bajo del que ya no queda ni silueta ni sombra, intuyendo con la certeza de años de trabajo compartido, sin necesidad de verlas ni sentirlas con ningún Haki, que sus compañeras se están reposicionando listas para rematar la tarea – “Eres Oni muerto, perro del gobierno” – masculla Shinka Sae al oído de Ashura mientras sonríe con furia y coraje tras el ataque inicialmente recibido el cual le dejo una herida profunda por la cual su sangre inhumana está siendo derramada en aquel cráter que seguramente será la tumba de uno de los dos.



Resumen

Fichas

Posiciones y Escenario

Belico

Gastos

Off

Contenido Oculto
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#32
Nunca supe si mi desafío fue escuchado o no, pero la llama en mi interior ya se estaba desbordando, estaba totalmente encendió en fuego, cuando comencé a realizar giros violentos, ayudado por mis enormes alas de Pegaso, el viento una vez más se doblego ante mi orden y esta vez era acompañado por el fuego que me cubría y libere todo al grito de.

¡EAGLE FIRE HURRICANE!

[Imagen: ZP0o6fo.jpeg]

Un torbellino de fuego con forma de Águila, de 80 metros de diámetro borro todo y a todos los que se encontraran a su alcance, los giros fueron tan violentos que me tiraron al piso y mi cabeza a empezó a dar vueltas, pero no podia perder tiempo, me incorpore aún transformado en mi forma hibrida, sintiendo como la piel se me quemaba, pero nada de eso importó, pues mi haki de observación me alerto de dos auras que hasta hace un momento no estaban, fije mis ojos azules en ellas y las vi, eran como mi santa madre, mujeres de alas cortas con antenitas en la cabeza, pero ellas eran el enemigo, así que no me podia tener compasión, Imbuí mis 2 brazos en haki de armamento medio al mismo tiempo que flexionaba mis 4 piernas, hice batir violentamente mis alas de Pegaso, para salir disparado hacia ellas mientras galopaba en el aire casi a ras de suelo, acortando así la distancia que nos separaba al grito de. – ¡KIRYU KIRIKUGI!. – Propinándoles un puñetazo violento a cada y vi complacido como salían disparadas hacia atrás impactando contra otros edificios…Mi arremetida habia terminado, cambie mi haki de observación al medio, reduciendo su rango de acción a 30 metros, plante fuerte mis cuatro patas al suelo y con mis brazos hice una X, mis ojos buscaron a mi capitan por un segundo, para que supiera que no habia sido derrotado, seguía aquí firme junto a el.
Resumen

Bélico


Gastos, Regeneraciones y Daños
[Imagen: d4qfcoi.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6969 - 77 = 6892
Energia: 7254 - 2628 = 4626
Espiritu: 2949 - 636 = 2313
#33
La oni retrocedió tras mi golpe. Sus talones se clavaron en la grava de la calle y dejó un surco tras mi ataque mientras yo seguía increpando a la mierda andante de Grin, el cual, ni estaba ni se le esperaba. Tendría que conformarme con la puta gigantona. 

En mi postura, con la espada en posición descendente, apuntando su filo y punta al suelo, me preparé para proseguir destruyendo el espíritu de aquella zorra petulante, cuando un grito calcinó el futuro. 


Cita:
¡EAGLE FIRE HURRICANE!

Mure, en un instante al que ni siquiera pude reaccionar, se convirtió en un infierno vivo. Un huracán apareció de repente en medio de la calle, con un color rojo intenso, que avanzó hasta quedarse a tres metros de mi. El calor que desprendía era tal que sentí como las puntas de mis cabellos se quemaban, torciéndose en tirabuzones por el calor, y una bocanada de aire caliente chocó contra mi, haciendo que mi melena y ropas retrocedieran hacia atrás, golpeando violentamente el aire por culpa de la bocanada. La luz de aquel fuego casi me cegó por completo, aunque mi único ojo funcional se abrió de par en par al ver las dimensiones de aquel ataque. 

El tornado, arrasó con todo; vidas y edificios en cuestión de segundos fueron calcinados sin posibilidad de dar una contra. El suelo al rededor de su epicentro se quemo, incluso algunos puntos de la piedra y la grava se habían fundido o cristalizado. Mi postura cambió de una postura firme y segura a otra más relajada, mi hombro se dejó caer y mi espada se movió levemente como un péndulo, mi boca se abrió tímidamente mientras mi ojo recorría la escena. Cuerpos calcinados, edificios en llamas, la gente corría asustada y gritando.

En unos instantes, el centro de la ciudadela había sido arrasado por completo. 

- Heraldo... - Fue lo único que fui capaz de decir sorprendido, para después de aquel shock, ser capaz de soltar una carcajada sonora y nerviosa - HArHArHAr - 

- ¿Qué ha sido eso? ¿Cuánto me va a costar reparar todo este desastre? ¿Cuántos hombres hemos perdido? -  Me pregunté sin moverme del sitio - ¿Has visto? - le dije a la oni, por primera vez refiriendome a ella seriamente - Lo más peligroso para los Mushoku... Somos los Mushoku. Estáis a tiempo de rendiros y mostrarme pleitesía - le ordené mientras el humo empezaba elevarse sobre la ciudadela, las vigas de madera ardían, en el suelo había pequeños focos de fuego que se movían con violencia por el aire caliente y las corrientes que el cambio térmico acababan de generar.

smokoff rol
[Imagen: 51pnN8x.png]
#34
Ni uno solo de los presentes, con los ojos fijos en el duelo del cráter, repara en las dos siluetas agazapadas sobre aquel tejado bajo, mucho más cerca de lo que cualquiera de ellos hubiese imaginado. Con un rápido juego de manos, cada una reparte su puntería entre dos objetivos distintos en el mismo latido: Itsuka encaja la culata contra el hombro, ajusta la mira un instante hacia el cráter y dispara, para girar el cañón apenas unos grados hacia el norte y disparar de nuevo hacia Tenoch, casi sin pausa entre un gatillo y el siguiente; Mutsumi replica el mismo gesto a su lado. Las dos primeras balas perforantes recorren en línea recta los 37 metros que separan el tejado del cráter, sin desviarse un centímetro gracias al Haki de Armamento que las envuelve, directas hacia el rostro de Ashura, que no logra esquivarlas a tiempo. En ese momento Shinkae Sae cierra la distancia que los separaba, esta vez sus brazos se abren de par en par y se cierran sobre él capitán Mushoku en un abrazo brutal, atrapándolo entre la masa de sus músculos y el peso entero de su cuerpo de 12 metros, sus manos cerrándose sobre las muñecas de Ashura con un Haki de Armamento que endurece el agarre hasta convertirlo en una prisión de piedra viva.
 
Las otras dos balas, mientras tanto, siguen su curso hacia el norte, hacia Tenoch, cuando el aire mismo empieza a temblar y entre el instante en que el grito del enmascarado alado nace y el instante en que debería morir contra el pecho del centauro las balas son pulverizadas, tragadas por un vórtice de fuego que nace de la nada y lo devora todo a su paso. El torbellino se expande con violencia en 40 metros de radio desde el punto donde Tenoch gira sobre sí mismo envuelto en llamas, arrasando cuanto encuentra en ese círculo de destrucción absoluta. El almacén donde él mismo se había cubierto se desmorona, sus 5 plantas de piedra colapsando hacia dentro como si fuesen de papel quemado; el edificio contiguo, marcado aún por el impacto de las gemelas horas antes, sigue el mismo destino, sus muros convirtiéndose en escombros incandescentes; y más al sur, el tejado bajo donde Itsuka y Mutsumi habían encontrado refugio se pliega sobre sí mismo bajo la onda de calor, sepultándolas entre cascotes ardientes sin ser capaces de reaccionar. El metal de sus armas se derrite quedando inservible en el suelo, y ambas quedan tendidas entre los restos, heridas de gravedad, la piel abrasada allí donde el fuego les alcanzó. En algún punto de ese mismo radio, gente que apenas segundos antes miraba con curiosidad hacia el norte deja de existir sin siquiera comprender qué los alcanzó, sus siluetas desapareciendo en la vorágine de fuego y viento. La propia violencia de los giros que Tenoch necesitó para desatar semejante técnica lo derriba a él mismo, tirándolo al suelo entre sus propios escombros; se incorpora con torpeza, la cabeza dándole vueltas, el equilibrio traicionándole a cada paso, mientras la piel bajo su forma híbrida sigue humeando, enrojecida y quemada por el fuego que él mismo desató.
 
En el cráter, a 62 metros de distancia, Ashura no ve nada de esto pues los disparos de las hermanas le han cegado su único ojo para ser capaz de admirar la obra de destrucción y terror que desato Tenoch, pero lo siente con cada fibra de un cuerpo que aún permanece atrapado entre los brazos de Shinkae Sae. Una bocanada de calor brutal les llega a ambos arrastrada por el viento, y, envuelto en todo eso, el eco lejano de gritos que se apagan uno tras otro. Su cuerpo, preso e incapaz de mover un solo brazo, reacciona de todas formas a su manera con una risa nerviosa y sorprendida se le escapa entre dientes – “HArHArHAr” – antes de que pregunte a la nada que ha pasado, pues no queda nadie para responderle excepto por Shinka Sae quien no dice una palabra, con toda su atención enfocada en los destrozos que proceden al tornado de fuego – ¿Qué clase de...” – empieza a mascullar, la voz cortándose sola, sin terminar la pregunta, mientras la nube de polvo y ceniza se expande hacia ella y la envuelve en su borde exterior. La incredulidad se transforma casi de inmediato en terror en cuando entre el humo distingue lo que queda del tejado bajo donde Itsuka y Mutsumi disparaban minutos antes, nada – “Itsuka... Mutsumi...” – el nombre de sus hermanas de armas sale de su boca con más miedo que certeza, sus ojos abriéndose de par en par, el terror asomando por primera vez en toda la tarde a un rostro que hasta ahora solo había mostrado desprecio y furia. Ashura, ajeno por completo a lo que ella observa, insiste sin obtener respuesta. – “¿Has visto?” – le pregunta, y luego, sin esperar tampoco esta vez, añade – “Lo más peligroso para los Mushoku... Somos los Mushoku.”
 
Pero Shinkae Sae no tiene cabeza para escucharle, ni para contestarle. Sin soltar a Ashura ni un segundo, echa a correr hacia el norte presa de ese mismo terror, arrastrando el peso de su prisionero como si no pesara nada, un juguete roto que se sacude en su carrera, devorando en zancadas 36 de los 42 metros que la separan de donde antes estaban sus hermanas, aprovechando cada instante que la torpeza de un Tenoch aún mareado y quemado le regala al intentar ponerse de pie en ese estado. Es a mitad de esa carrera, con el polvo aún cegando buena parte de la escena, cuando distingue a Tenoch en dirección hacia donde se encuentran Itsuka y Mutsumi, la piel enrojecida y humeante. Y es entonces cuando el terror se pudre en algo mucho más simple, mucho más antiguo – “No” – reniega, apenas una sílaba, con una voz que ya no suena como la suya – “NO TE ACERQUES A MIS HERMANAS” – grita con toda la potencia de sus pulmones, sin necesidad ya de ningún Den Den Mushi que la amplifique, y en ese grito el miedo se transforma por completo en coraje puro. Flexiona las piernas una vez más y salta los 6 metros que la separan de aquel ser alado que recorre la distancia casi a ras de suelo, impactado a Tenoch en el costado obligándole a detenerse a solo seis metros de donde las hermanas yacen calcinadas.
 
Itsuka y Mutsumi logran levantarse a pesar de estar calcinadas de pies a cabeza, y colocan dos dagas frente a ellas, agarradas con los puños cerrados, el derecho cerca del costado derecho de su cara y el izquierdo alejado medio metro a la misma altura, con la punta de las dagas apuntando hacia fuera – “Teníamos razón al venir aquí” – dice Mutsumi tras levantarse – “Hachinosu no sobrevivirá a sus destrozoso” – complementa Itsuka la voz quebrada por el dolor, pero firme en el desafío. Por un instante, entre el crepitar de las llamas que aún consumen lo que queda del frente norte y el jadeo entrecortado de las cuatro figuras reunidas sobre aquel amasijo de escombros, nadie se mueve. El polvo sigue cayendo, lento, como ceniza de un funeral que aún no ha terminado de nombrar a sus muertos.
 

 
Resumen

Fichas

Aclaraciones

Posiciones y Escenario

Belico

Gastos
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#35
Mi posición seguía firme con mis 4 patas fijas en el suelo y mis brazos haciendo una X, mi haki de observación medio me advirtió del ataque de la oni y yo solo grite. - ¡EAGLE STAND! . – Endureciendo mi torso con haki de armamento medio, Recibiendo el daño de una tecnica que conocia muy bien, pero estaba preparado así que pude mantener sin problemas mi transformación en centauro, sin perder tiempo despues de soportar el impacto, aletee violentamente con mis 4 alas hacia atrás  saltando 15 metros hacia atrás, mientras cerraba mi puño derecho y colocaba la palma de mi mano izquierda sobre mi puño cerrado, mi haki me hizo saber que mi capitan estaba atrapado por la mujer esta, yo habia jurado que la habia envuelto en mi torbellino de fuego, pero eso era otra cosa sin importancia pues sabia muy bien que Ashura podia defenderse solo, pero yo siempre estaba dispuesto a darle una mano, una vez mis 4 patas volvieron a tocar el suelo, sabia que mi cuerpo ya estaba preparado, flexioné todas mis rodillas e hice girar un poco el torso para generar tensión y mi piel resintió aquel movimiento, pues esta aun ardía por mí Eagle Fire Hurricane pero eso no era impedimento, aun podia pelear, imbuí una vez más mi puño derecho en haki de armamento medio al mismo tiempo que aleteaba con fuerza con mis alas de Pegaso, una vez más Sali disparado casi a ras de suelo , galopaba en el aire, libere la tensión de mi cuerpo, realizando un giro mientras gritaba.- !EAGLE KAITEN PUNCH! .- E impacte violentamente la onisidad de aquella ladrona de 5ta que habia venido a querer quitarnos NUESTRA isla.

Vi con regocijo como la mujer esta salía disparada hacia atrás fruto de mi impacto, soltando a mi capitan, sonreí y sin perder tiempo imbuí mi mano izquierda en haki de armamento básico para poder tocarlo y lo subi a mi lomo de centauro, mientras le decia. – Llego el momento que la desolación caiga sobre ella.-, imbuí mi puño derecho en haki de armamento medio y choque mis Rokuyoku Ken y estos se encendieron en fuego una vez más, aquellas palabras eran una frase que solo mi capitan sabia que significaba, hice batir una vez más mis fuertes alas de Pegaso, volando una vez más a ras de piso y grite junto a mi capitan.
¡AGUILA DESOLADA!
Acortando a la distancia que me separaban de la mujer Oni con Ashura sobre mí lomo y planté mi puño derecho ardiente en su cuerpo, solo los Mushoku podíamos reinar sobre esta isla pense y con mi cara llena de asco y una mirada de desprecio desprecio le dije. – Ríndete y largarte de nuestro dominio, eres un chiste, un puto chiste.
Resumen

Belico

Gastos, Regeneraciones y Daños
[Imagen: d4qfcoi.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6892 - 77 = 6815
Energia: 4626 - 1945 = 2681
Espiritu: 2313 + 752 = 3065
#36
Sentí el fuego, pero no lo vi. Una vez más una bala impactaba contra mi único ojo. Putos tiradores... No iban a parar hasta dejarme ciego. Ahora que era tuerto podía ser rey en un país de ciegos pero si me dejaban tuerto sería ciego y no podría ser rey. 

En la oscuridad de la ceguera encontré otro tipo de calor, el calor de un abrazo, aunque no lo necesitara, ni fuera amigable y mucho menos lo pidiera. Intenté provocarla y asustarla, seguía sin tomarme en serio a aquella gigantona, pero parecía que algo estaba pasando... Algo con quien fuera que hubiera creado aquella explosión. 

Mi cuerpo se zarandeó como el de un muñeco mientras la gigantona empezó a correr apretándome sobre ella, mientras recuperaba mi vista, alce la mirada mientras me imaginaba lo ridículo que me veía movido como un puto crío agarrado por su madre castigado. La furia arrebató el control de mi mente, y una vez más, perdí los estribos. El simple hecho de verme humillado así delante de mi pueblo era una...

- DEBACLE - 

Grité mientras apuntaba con mi boca a la cabeza de la oni. Una columna de humo salió a presión desde mi garganta, haciendo que me ardiera la boca y explotando en la testa de la mujer. Sentí sus movimientos un poco más pesado, como si la conmoción hubiera hecho su efecto. 

El trote de su carga me hacía golpear las piernas contra el suelo, mientras ella parecía no preocuparse por mi ataque, más bien estaba preocupada por otra cosa. Noté el aura de Quetzalli, estaba enfrascada en pararle... Pero no sabía que mi general era más rápido que el mismísimo viento. Sentí con mi haki el impacto, la defensa, la carga y la respuesta. 

A una velocidad endiablada, una que estaba acostumbrado a sentir y contra la que entrenaba día sí día también haciendo mi espada cada vez más rápida y precisa, impactó contra la oni, obligándola a que me soltara, la mujer salió despedida por el impacto, mientras que, una vez más... No era dueño de mis movimientos ni mi cuerpo, pues Quetzalli me agarró y me subió sobre su lomo para realizar una carga. Sabía bien lo que eso significaba, sabía muy bien que quería hacer y sí... No rehuse de ampararme de su velocidad para reducir el espacio entre nosotros y mucho menos, me rehusé a realizar un ataque tan devastado como

- AGUILA DESOLADA - 

Nuestras voces se fundieron al igual que nuestros movimientos. Por un momento el tiempo pareció frenarse. Los casco del pegaso golpeaban el aire con un eco mudo, mi boca abierta de par en par mientras mi lengua caí hacia un lado en una mueca de locura e ira, la máscara de Quetzalli solo dejaba entrever su boca que vociferaba a la par de la mía. Nuestras armas se fundieron en una sonata de hielo y fuego mientras la escarcha y el fuego se convertían en vapor al tocarse, dejando tras nosotros una estale parecida a mi humo que se movía con violencia. Y el momento se acabó... La velocidad volvió a la ciudadela, su puño impactó izquierdo impactó de lleno contra sus costado diestro explotando en fuego, mientras que yo, gracias a la apertura de su movimiento y a la altura que me daba estar montado en su lomo, lancé un corté mortal y visceral diagonal con el suelo hacia su cuello, el filo dejó una imagén residual, como un relé de color azul claro y frió y después, como si su cuerpo hubiera tardado en entenderlo, el hielo emanó desde el corte, formando un pequeño primas y estallando desde la herida, congelando su cuello sobre el surco. La fuerza del impactó salió tras su cuerpo, arrasando con un viento gélido y unas llamas abrasadoras todo a su pasa. 

Quetzalli frenó en seco, casi derramando y pasando a su lado. Me giré para ver como sus brazos caían por el peso y el dolor y se mantenía en pie, aún después de aquel golpe tan severo. Lo único que pude hacer fue asentir en señal de respeto. 

- Tch - chisté - Qué sepas que ha esta te la has cargado tú. Qué un Oni mate a otro trae mucha mala suerte - le dije a Quetzalli. - Bueno... Ahora lo importante - proseguí mientras con la mirada miraba alrededor en busca de alguna pista o de ver al deforme enano que había empezado todo esto. 

- ¿Dónde está Grin? - 

Le había pillado manía a ese escremento de pirata. No iba a salir de aquella isla sin que lo alcanzara mi espada. 


smokoff rol
[Imagen: 51pnN8x.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13576 - 5978 = 7598
Energia: 6349 - 2106 = 4243
Espiritu: 3496 - 267 = 3229
#37
El puño de Shinka Sae logra impactar contra el torso de Tenoch, cargado con la misma libertad que la trajo hasta Hachinosu, pero el grito que sale de la garganta de Tenoch un instante antes da un giro inesperado al desenlace que Shinka tenía previsto. El haki de armamento reforzando su técnica defensiva, se extiende por el pecho de Tenoch como una segunda piel de acero, y el golpe que debería haberlo derribado se estrella en cambio contra un muro que no cede ni un centímetro. Sin dar tregua, las alas del enmascarado alado se abren de golpe y baten hacia atrás con una violencia que levanta polvo y escombros a su paso, y su cuerpo entero sale despedido veinticinco metros más rápido que una bala. Sus patas apenas tocan tierra cuando ya está flexionando las rodillas de nuevo, girando el torso, cargando tensión en cada músculo del brazo derecho mientras el aire silba a su alrededor, y entonces vuelve a lanzarse, cerrando esos mismos veinticinco metros antes de que la oni pueda siquiera terminar de girar la cabeza hacia él. El puñetazo del enmascarado alado se hunde de lleno en el costado de Shinka Sae, y el impacto la levanta del suelo, mandándola treinta metros hacia atrás, en dirección al cráter, mientras sus dedos se aflojan alrededor de las muñecas de Ashura, siendo así liberado de su agarre, quien por su parte había aprovechado para mermar a su captora Oni a su manera.
 
Tenoch no pierde ni un segundo, atrapa a su capitán en el aire antes de que toque el suelo y lo sube sobre su lomo de pegaso para continuar con el embate. A la distancia, Itsuka y Mutsumi solo pueden activar su haki de observación medio y extenderlo a treinta y cinco metros pues sus ojos no son capaces de seguir la consecución de acciones de los heraldos de la muerte que reinan en Hachinosu. Por un instante, el aire entre ambos combatientes y la oni se queda quieto, tenso, como si el propio viento contuviera el aliento antes de la tormenta. Ashura desenvaina su arma y un aura gélida se enrosca alrededor del filo, cargada de muerte, desesperación y dolor; bajo él, Tenoch reúne en su puño el fuego destructivo que otrora unos momentos atrás reducía a cenizas los edificios aledaños junto con sus habitantes. Hielo y fuego, uno junto al otro, a punto de encontrarse en el mismo cuerpo. Tras reducir los treinta metros que les separaban de Shinka Sae a cero en un parpadeo con una explosión de humo que impulsa a Ashura desde el lomo de Tenoch, su espada traza un arco descendente que atraviesa el cuello de la oni de lado a lado en un único movimiento limpio y brutal, mientras Tenoch, a su lado, descarga su propio puño ardiente contra el costado contrario, y por un instante un silencio sepulcral se hace presente en la isla.
 
La cabeza de Shinkae Sae se separa del cuerpo con un sonido húmedo y seco a la vez, el corte cauterizándose de inmediato bajo el hielo que brota tras el filo, cristalizando lo que queda del cuello en un collar de escarcha rojiza mientras el fuego del puño de Tenoch manda a volar el resto del cuerpo decapitado de la Oni mismo que termina desplomado en el suelo a noventa metros de donde su cabeza rueda bajo los pies de los caballeros de la muerte, sus ojos amarillos aún abiertos, congelados en la misma expresión de terror que había asomado instantes antes al pensar en sus hermanas. A más de treinta y cinco metros de allí, sin moverse un solo paso de donde están, Itsuka y Mutsumi ven caer, literalmente, a la mujer que las llamó hermanas, y ver rodar su cabeza por el suelo de Hachinosu es lo único que les hacía falta para que lo que quedaba de humanidad en su furia se apagase del todo. Ambas cierran el puño alrededor de las dagas que aún sostienen, una en cada mano, y las lanzan desde la distancia sin pensarlo dos veces. Itsuka hacia el pecho de Tenoch, Mutsumi hacia el pecho de Ashura, el acero girando en el aire con un silbido agudo, envueltas en haki de armamento medio tornándolas de un tono oscuro que representa los sentimientos de las gemelas hacia sus rivales – “¡AAAAHHH!” – gritan al unísono, en un tono ronco y desgarrado.
 
Es en ese mismo instante, entre el humo que aún flota sobre la ciudadela destrozada, como si la propia isla decidiera por fin responder a la pregunta que Ashura acaba de lanzar al aire, una figura empieza a distinguirse a lo lejos, tambaleante entre los escombros, pequeña, quemada de pies a cabeza por el paso del Eagle Fire Hurricane, pero todavía consciente, todavía en pie, arrastrando los pasos como quien no termina de creerse que sigue vivo. De sus manos, un hilo fino de humo comienza a sisear, ascendiendo despacio hacia el cielo teñido de ceniza, mientras recorta la distancia hasta quedar a 50 metros de Tenoch y Ashura y, horrorizado, ve la cabeza cercenada de su hermana de armas a los pies de los heraldos de la muerte.
Contenido Oculto


Resumen

Fichas

Posiciones y Escenario

Belico

Gastos
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
#38
Uno menos. Pero la tranquilidad no se mantiene por mucho tiempo y menos en la tierra dorada de Hachinosu. El pecho me arde por un instante, mi apoyo sobre el lomo del pegaso se pierde y Quetzalli cae a mi lado, esta quemado, sangra, veo como llega a su limité. ¿Otra vez desde fuera de mi rango de acción? La segunda vez, y los golpes son duros, demasiado fuerte, llegan en pares, duplican los daños y no puedo hacer nada contra ellos. Expando mi haki de observación hasta que encuentro su auras. 

Mis pies raspan la grava del suelo mientras mi sangre gotea. Me gritan... Mi cabeza ya no puede más, esto a llegado demasiado lejos, siento el límite en mi cuerpo tras el golpe. Algo se rompe en mi interior... Algo que freno. 



- ¡GRAAAH! - 
Respondo ante su grito, mucho más fuerte, tanto que noto mi garganta casi quebrarse y a mis fuerza marcharse, mi espíritu revolotea mientras noto como mi grito genera presión en el mundo, el suelo se quiebra y las formas se distorsionan. Las piedras tiemblan en el suelo como si una estampida se aproximase, noto mi fuerza, el mundo se torna de un tono morado atreves de mi única retina, me siento perdido... No entiendo que pasa, pero entiendo que es mío, mis objetivos, mis ambiciones y mi voluntad doblegando la tierra con un retumbar de tambores que hacen que el suelo tiemble ante mi voz. Unos lazos de humo se pierden en mi costado, se entrelazan agarran un botiquín, unguentos y vendas y de manera rápida, casi inconsciente los lazos efectúan unos primero auxilios sobre mi general, curando sus quemaduras y heridas, haciendo que sangre menos y se recupere mientras sigo perdido ¿Qué es esto? ¿Qué me acababa de suceder? ¿Tenía que ver con mi... 

- DESTINO - 

- Tráeme a Grin - Ordeno a Quetzalli en algo más parecido a una mordida que una frase mientras mi cuerpo se pierde entre hileras de humo que me absorben y observan, se siente raro. Es como si yo mismo me viera. Avanzo mientras el mundo sigue retumbando, como un palpito, como un tambor que entona notas graves para la guerra. Noto que todo a mi alrededor es mío, como si no lo supiera, como si no lo hubiera logrado ya. Avanzo la distancia que nos separa mientras revoloteo sobre la tierra al ras del suelo como una leve niebla, mimetizandome con el humo del fuego que ha generado Quetzalli. Cuando llego hasta ellas desde el suelo empiezo a emerger, como si otra dimensión me trajera a este plano, como si mi humo fuera un portal que trae demonios a este mundo, primero salen mis cuernos, después mi cabeza y así hasta que el charco es completamente drenado por mi forma "real" aunque hace tiempo que no sé cual de las dos lo es. 
Un diestro movimiento de mi zuerda desenvaina "La Daña Almirantes" que reluce ante la luz con su filo azul y pulido, como una contraparte de mi amada Hoja del Luto, aún más negra por el Haki que drena bajo su orden de mi cuerpo. Abro los brazos de en mi postura y los dos filos de sus hojas apuntan hacia mí mientras que las puntas de las espadas amenazna al suelo, la postura está abierta no es recta.

Mi forma eclipsa el sol de las tiradoras, que no parecen poder o querer moverse y las sume en la enorme sombra de figura. Mis ojos las miras con furia una furia tranquila y aterradora. No las increpo, ni si quiera me regodeo en su muerte solo dejo que las consuma el 

- DOLOR - 
Mis espadas se disparan desde su postura inicial y cada una de ellas con un leve giro de muñeca que las vuelve más diestras cambian el filo hacia las mujeres, con los brazos, hago un movimiento ascendente y surco todo su cuerpo desde el pecho hasta el rostro por la mitad, la sangre sale a chorro y me baña... Haciendo que mi hedor a sangre sea cada vez más fuerte. 

Pero me mantengo alerta... Por si acaso, se que todavía queda una rata en el barco. Y se que mi hombre ya la busca para acabar con esto. 

smokoff rol
[Imagen: 51pnN8x.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 7598 - 6096 = 1502
Energia: 4243 - 1126 = 3117
Espiritu: 3229 - 1767 = 1462
#39
Mis ojos azules vieron como el cuerpo de la Oni era decapitado por la violencia de nuestro ataque combinado, sonreí, cuando escuché las palabras de Ashura. – Esta bien capitan, la muerte es mía y por lo tanto de mi Deid… . –Pero no logre terminar la frase, sentí un agudo dolor en el pecho, ¿me habían atacado? ¿quién?... se supone que había acabado con las tiradoras?... o eso creí….

Mi cuerpo cayó al suelo, mi transformación se perdió y lo único que logro escuchar es el grito ahogado proveniente de las entrañas de Ashura, pero la inconsistencia no me dura lo suficiente, volvi a abrir los ojos con una fuerte bocana de aire, algo me habia traído una vez más a la conciencia, mi cuerpo si bien herido, ya no se resentía tanto por el dolor de las hemorragias, ni la quemadura que yo mismo me aplico. Me Erguí como una centella a la orden que Ashura me dio, el capitan seguramente habia usado sus dotes de médico, enseñado por San Ben Power de los caídos y me habia devuelto al combate.
La cabeza me daba vueltas y me sentía un poco mareado, tambien note como un miedo irracional tomaba posesión de mí, ya habia sentido esto antes, Gaeru, aquel Panda o en sabaody…¿ahora quien me lo estaba provocando?....¿Ashura?... Empece a respirar de manera agitada, cerre el puño derecho y me lo lleve al corazón, tenia que calmarme, ya habia vivo esto, ya habia pasado por esto.

Comencé a buscar a Brin con mis ojos de águila, y lo pude ver parado a 50 metros de mí inmóvil, quizás afectado por Ashura, no lo sé, así que di un salto de 40 metros en su dirección y en el instante en que mis pies tocaron el suelo, acorte los otros 10 metros que me separaban de él, de una carrera, tomándolo por el cuello, con mi mano derecha y retomando mi transformación en centauro y con un aleteo violento de mis alas de pegaso mi eleve 30 metros y sosteniendo a Brin del cuello, lo lance hacia el cielo.- Muerete.- Fue lo único que alcance a decir.

Descendí 10 metros y quede a solo 20 del suelo, sabia que podia caer de esa distancia sin sufrir daños, así que deje de aletear con mis alas de Pegaso y la gravedad hizo lo suyo, estaba cansado y desde mi posición le dije a mi Capitan. -  Grin esta dando un paseo por los aires, seguro viene pronto….¿Ashura mataste a las perras esas? . -  Dicho esto expandí mi haki de observación básico 50 metros.
Resumen

Bélico

Gastos y Regeneraciones

Karmas usados
[Imagen: d4qfcoi.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6815 - 5373 = 1442
Energia: 2681 + 174 = 2855
Espiritu: 3065 + 0 = 3065
#40
El silencio que sigue a la caída de la cabeza de Shinkae Sae dura menos de un parpadeo. Dos siluetas de acero cruzan treinta y cinco metros de aire, y tras ambas encontrar su marca, la daga de Itsuka se hunde en el pecho de Tenoch justo cuando este, aún montado con su capitán, empieza a sentir cómo las piernas le fallan. Su transformación se deshace de golpe, el cuerpo entero desplomándose contra el suelo con un peso muerto que ni el propio Ashura logra sostener del todo. Es en ese instante, viendo caer a su general, cuando algo se rompe dentro de Ashura. La rabia que llevaba conteniendo desde el primer golpe recibido se desborda de una vez. El suelo tiembla bajo sus pies como si una estampida invisible lo recorriera, las piedras vibrando, el aire mismo distorsionándose alrededor de su figura. Desde lo más profundo de su ser emerge un grito que es acompañado por una presión que nace de ese grito y se expande como una onda física que devora cuarenta metros a su alrededor, y todo lo que encuentra a su paso se paraliza. Itsuka y Mutsumi, sin haber avanzado ni un paso desde donde lanzaron sus dagas, dagas aún en mano, quedan clavadas en el sitio, incapaces de mover un solo músculo, el terror puro pintado en sus rostros quemados.
 
Sin embargo, Ashura no pierde tiempo lamentándose. Sus lazos de humo se mueven casi por voluntad propia, rebuscando en su costado hasta encontrar el botiquín, el ungüento, las vendas, y aplicándolos sobre Tenoch con una precisión que no necesita de pensamiento consciente. La herida se cierra, la hemorragia amaina, y el aire vuelve a los pulmones del centauro con una bocanada brusca que lo devuelve a la conciencia. Ordena a Tenoch que le traiga a Grin quien obedece y este obedece sin necesidad de una segunda palabra haciendo que sus piernas, aún temblorosas por todo lo vivido, se tensen lo suficiente para impulsarlo en un salto de cuarenta metros que devora casi toda la distancia que lo separa del pirata paralizado, y los últimos diez los cierra de una carrera, cerrando la mano derecha alrededor del cuello de Grin en un agarre sin un gramo de empatía. Su cuerpo retoma la forma híbrida de centauro en el mismo movimiento, y con un aleteo violento de sus alas de Pegaso se eleva treinta metros en el aire, sosteniendo a Grin del cuello como quien sostiene una muñeca rota y tras desearle la muerte le lanzar con todo el impulso de su fuerza hacia el cielo, la figura del pirata perdiéndose treinta y cinco metros más arriba, sesenta y cinco metros sobre el suelo de Hachinosu.
 
Grin sigue avanzando desde donde lo dejamos, decidido y sin saber muy bien hacia qué se dirige, cerrando poco a poco la distancia que aún lo separa de los dos gigantes que acaban de reescribir el destino de la isla. El terror lo alcanza antes de que pueda notarlo, en el instante exacto en que reduce lo bastante el camino como para entrar bajo la sombra del Haoshoku, y sus piernas se detienen en seco, el cuerpo entero rindiéndose a la misma parálisis que ya había consumido a las gemelas segundos antes. En sus manos, los dos diales de fuego que ellas mismas le habían entregado (viejos, ya castigados por haber absorbido parte del torbellino de Tenoch) no llegan siquiera a activarse pues terminan desintegrándose entre sus dedos inmóviles sin soltar ni una chispa. La suerte, por muy generosa que hubiera sido con él hasta ahora, nunca ha podido pelear contra un conquistador.
 
Y Ashura, en ese instante, ya lo es.
 
Mientras tanto, sin perder el tiempo tras su orden a Tenoch, Ashura emerge frente a las gemelas desde el propio humo, cuerno a cuerno, como si otra dimensión lo escupiera de vuelta a este mundo. Desenvaina una segunda espada, una que hasta ahora había mantenido oculta entre los pliegues de su forma, y con ambas hojas apuntando al suelo en una postura abierta, mira a las dos hermanas con una furia que ya ni siquiera necesita gritarse. No hay palabras esta vez, no hace falta. Solo un movimiento ascendente y doble, un tajo que las abre desde el pecho hasta el rostro con la precisión fría de quien ya ha cobrado suficientes vidas como para no necesitar saborear esta. La sangre brota a chorros, bañándolo, y con ella se apaga también lo último que quedaba de Itsuka y Mutsumi: dos cuerpos que salen despedidos por la fuerza del golpe, sin vida ya antes de tocar el suelo. Tenoch por su parte aterriza alado de Ashura y le pregunta por la suerte de las gemelas a quienes podría ver muertas si tan solo bajara la cabeza al suelo para seguir el rastro de sangre que dejaron tras salir volando decenas de metros.
 
Muy por encima de ellos, a sesenta y cinco metros de altura, Grin cruza sin saberlo el límite invisible de la esfera de terror que Ashura desató minutos antes, y la parálisis lo abandona en pleno vuelo, justo a tiempo para que la caída libre le devuelva el control de su propio cuerpo. Y con ese control, algo se enciende en él. La misma desesperación que lo hizo sobrevivir al torbellino de fuego, la misma que lo empujó a seguir caminando hacia dos monstruos que acababan de decapitar a una oni y destrozar a sus propias tiradoras. Lleno de coraje, su voluntad se elevó hasta el infinito y tras volver a romper la barrera de haki del conquistador de Ashura esta vez no se vio afectado por la parálisis de la misma. Pego un impulso en el aire como si de una superficie sólida se tratara y redujo la distancia en un instante para impacta a Ashura en la cresta de su cabeza cuernuda con su puño izquierdo envuelto en haki de armamento – “¡MUERE FALSO CONQUISTADOR!” – grito tras el impacto decidido a vencer a Tenoch en su siguiente movimiento y terminar lo que sus hermanas habían iniciado.
 

 
Resumen

Fichas

Belico

Gastos
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)