Un doloroso despertar [P.R]
#1
Día 2 de Primavera, Año 18.
En algún alojamiento, Ciudad de Shandora.
Isla de Skypiea.

Dolor.

Dolor.

Mucho dolor.

Sentía como si me hubiese explotado el estomago desde dentro. Nunca había sentido un dolor igual a ese, ni cuando había estado mal del estomago, ni cuando me habían apuñalado. Era algo extraño, muy extraño. Por ello, no dejaba de revolverme de un lado a otro, con los brazos auto abrazándome y las piernas encogidas, literalmente hecho un novillo.

Antes de abrir los ojos, noté que debajo mi cuerpo había algo blando, cosa que no había sentido hasta este mismo momento, no necesitaba ver sobre que estaba acostado, lo reconocí al instante, esta no era como el de mi cuarto en Hachinosu, pero era reconocible igual, me encontraba encima de un colchón. Un colchón bastante duro para mi gusto, pero bueno, tampoco podía pedir más, ahora me acababa de llegar el recuerdo, de que Zarutzuki, el shichibukai, emperador del territorio donde habíamos venido a participar en el torneo, nos había dejado a nuestra disposición unas habitaciones, así que supuse que me encontraba en la mía, aunque tampoco sabía como había llegado allí.

Pese a no saber como había llegado, abrí los ojos, si, pero no por mucho rato, ya que por culpa del dolor tuve que cerrarlos de nuevo. - Aaaaggghhh... maldición... como duele esto coño... me cago en todo joder-don...- Exclamé con rabia mientras cerraba con fuerza los ojos, apretaba con fuerza mi estomago con mis brazos, algo que me provocaba más dolor, pero era un dolor relajante y lo prefería.

Durante el breve momento que abrí los ojos, pude ver que el lugar donde me encontraba estaba casi a oscuras, solo había una pequeña ventana abierta, por la cual entraba algo de claridad. Y justo delante de esa ventana pude ver una silueta, la silueta de lo que parecía un humano o al menos del tamaño de este.

MushokuOFF
#2
La misma vestimenta que en el evento




Observó con atención la extracción de las frutas, la eliminación de aquel poder…No era lo que esperaba. No fue como una operación, no en sus libros al menos, si no que, más bien, le pareció un exorcismo, la eliminación de una parte de la esencia viva de aquellos que dieron un paso al frente para separarse de aquellos poderes extraños. No podía saber si era doloroso o no, no en carne propia, por supuesto, pero podía asumirlo con solo ver cómo los que pasaron al centro de la arena se fueron desvaneciendo uno a uno.

Primero se preocupó por María, pues ver a su ingreso de emergencia caer inconsciente le provocó una punzada en su pecho que lo hizo querer moverse hacia donde estaba ella, pero casi enseguida vio que Maki la ayudó a no tocar el suelo, mientras tanto, él tenía un problema más grave.

El sol se ensombreció y al inicio creyó que era solo una nube; sin embargo, al mirar hacia arriba vio al enorme buccaneer a punto de caer sobre él.

—Debe ser una broma —. Se apartó con rapidez para darle espacio para caer “cómodamente” al suelo y solo cuando escuchó el sonido seco del cuerpo contra la arena, recordó algo importante. —¡Mierda! Se supone que le preguntaría sobre… ¡Agh…!

El médico se inclinó a un lado del hombre, pasó su mano frente a sus ojos e incluso le dio un par de golpecitos en la frente, lo que habría sido suficiente para hacer que cualquiera despertara en circunstancias normales, pero no…eso no pasó. Suspiró y empezó a pensar en como hacer para moverlo hacia un sitio en donde pudiera vigilarlo hasta despertar.



Las palabras del emperador “Zukaritas” fueron su salvación, pues las residencias temporales que les ofreció estaban más cerca de la arena de juegos de lo que estaba el Royal Flush, además, mover al buccaneer hasta el sitio no fue demasiado complicado considerando que el camino no atravesaba un bosque y, claro, también podía pensarlo porque no fue él quien cargó con el peso del hombre, si no aquellos birkinianos a los que, con algo de encanto, convenció para que lo ayudaran en dicha tarea…como si él no fuera capaz de hacerlo por su cuenta, aunque…ahora prefería evitar la fatiga.

La habitación a la que llegaron era amplia, incluso la cama estaba bien acomodada para alguien del tamaño del buccaneer cuyo nombre no recordaba, pero sin importar la comodidad que los rodeara, algo inquietaba al médico: ¿En cuánto tiempo despertaría aquel hombre? No podía quedarse así todo el día ¿O sí? Bueno, había visto a personas dormir hasta el día siguiente cuando estaban demasiado agotados, así que, técnicamente, no debería sorprenderlo, pero la paciencia nunca fue su fuerte.

—Si no despiertas en una hora, te obligaré a hacerlo —. Espetó antes de salir de la habitación para rebuscar algo de alcohol, vinagre o amoniaco, lo que sea que hubiera en esa vivienda que lo ayudara a estimular el sistema nervioso de manera rápida.

Después de un rato consiguió varios insumos médicos que pensaba usar en cuanto el otro hombre despertara, regresó a la habitación con ellos y aunque su idea era vigilar al buccaneer, lo cierto es que la silla en la que se sentó era bastante cómoda y el aire fresco que entraba por la ventana lo hacía cerrar sus ojos cada tanto, aunque intentaba no quedarse dormido, por ello sacó del bolsillo de su túnica un frasco con perfume de menta que olía cada tanto hasta que…

Un grito lo hizo saltar en su asiento y soltar el pequeño frasco que habría caído al suelo de no ser porque sus reflejos se interpusieron antes de que eso pasara. Su corazón se aceleró, pero al mirar a la cama descubrió al responsable de su susto.

—Ah, despertaste por fin —. Habló ya más calmado mientras se ponía de pie y caminaba hacia un lado de la cama. —No deberías sostenerte así el abdomen, si lo haces solo te dolerá más… ¿Hola? ¿Me estas escuchando? —Le preguntó al ver que el otro hombre solo se dedicaba a mirar alrededor, como si quisiera estudiar la habitación.

El médico se alejó un par de pasos, tomó el botiquín improvisado que había hecho con las cosas que encontró en esa casa y sacó de este un frasco ambarino del que sirvió, en un cucharilla, grande para él, aunque seguro pequeño para el “herido”, un líquido traslucido, pero con una coloración entre marrón y rojiza que no se veía para nada apetitoso.

—Es láudano…tómalo, te ayudará para el dolor. Tienes suerte de que haya podido conseguir un poco en la cocina de esta vivienda —. Le extendió la cuchara, creyendo que podría servirse por su cuenta. —Empezarás a sentirte mejor en 15 o 30 minutos, así que adelante —. Esperó a que el otro hombre tomara la cuchara y luego se sentó en la cómoda silla en la que estaba antes, con las piernas cruzadas y en una posición relajada, confiado en que el remedio funcionaría…aunque nunca lo había probado en alguien a quien le acababan de extraer un “demonio”.



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#3
-¿Hyak.... Hyakinthos... eres tú amigo-don?¿Dónde narices... nos encontramos-don?- Pregunté como pude con la voz medio rota por el dolor que sentía, al escuchar la voz del pelirosado, o al menos la reconocí como la voz del médico de las piratas Valar, dirigiéndose hacía mí. -Ojala pudiese parar de apretarme... pero si no lo hago me duele mucho más... al menos así el dolor es gustoso-don- Proseguí contestando, con énfasis más sádico en las palabras finales, a su consejo de no apretarme así el estomago porque sino me iba a doler mucho más.

-No... No... quiero tomar nada... ¿Primero quiero saber que me ha pasado...? Tengo la mente algo embarrada-don...- Le contesté denegándole la cuchara que me ofrecía, no por desconfianza o miedo a que me diese algo que me hiciera sentirme peor, sino por mi propia cabezonería de querer soportar aquel dolor integro, pero sobre todo porque quería saber y recordar porqué estaba en ese estado, lo último que recordaba era haber saltado a la arena de nuevo después del combate.

-Lo último... que recuerdo.... era que acabo el combate... y que...- Empecé a decir, en ese momento volví a recordar que habían dado el combate como empate, no dándole la victoria a ninguno de los dos, lo que me hizo olvidar un momento el dolor del estomago y apreté el puño enfadado por el resultado del combate. -Bueno... cosas que mejor no recordar... y después volver a saltar a la grada pero no sé para que-don...- Finalicé informando al médico de los pocos recuerdos que tenía, para que pudiera ponerse en situación de que debía explicarme.

Cuando acabe de hablar un fuerte pinchazo me dio en el estomago de nuevo, el cual me hizo ver las estrellas y soltar un pequeño grito -¡Aaagghhh!- No pude reprimirlo a la vez que me retorcía de un lado a otro de la cama, sin llegar a caerme de esta.

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#4
El tono de voz del otro hombre bastaba y sobraba para hacerle entender al médico la gravedad de aquel dolor, más aún cuando venía acompañado de esos retorcijones que se veían demasiado incómodos. Suspiró…Esta sería una larga tarde, más aún cuando este se negaba a aceptar cualquier remedio que le ofreciera.

El médico alzó una ceja, intrigado, aunque respetando la decisión, pues en su mente, le pareció lo más inteligente. No aceptar una medicina extraña de parte de alguien que apenas conoces es algo que, seguramente, él también habría hecho, por simple desconfianza…Tal vez el hombre frente a él no era solo puro músculo.

—Sí, soy Hyákinthos y estamos en… ¿El cielo? No soy el mejor para dar direcciones ¿Sabes? Pero el regente de esta isla nos asignó una vivienda temporal a los habitantes del mar azul, así es como nos llaman aquí ¡Ah! También nos dijo que debemos evitar iniciar conflictos y peleas absurdas…No lo sé, algo me dice que, dentro de todo, nos tienen vigilados —. Mientras hablaba tuvo que devolver el líquido del remedio de regreso a su frasco, un procedimiento casi quirúrgico para que ni una sola gota cayera fuera. No pensaba en desperdiciar medicamentos.

—Y ¿Si sabes que por tu estado podría obligarte a tomar la medicina? No me costaría mucho apresarte, aunque no lo parezca —. A pesar de sus palabras, la cuchara ya estaba limpia de medicina y el líquido había sido devuelto a su frasco, el cual ahora reposaba en una mesita de noche que estaba justo a un lado de la cama. —Aunque, no te preocupes, no lo haré…no tengo muchas ganas de hacer ningún esfuerzo físico, además…

Un grito lo interrumpió de nuevo, haciendo que el médico se sobresaltara nuevamente, aunque luego solo ladeó la cabeza y miró al enorme hombre casi con indiferencia. No podía sentir lástima de alguien que se negaba a un tratamiento, pero…al mismo tiempo, estaba a punto de hacerlo beber el remedio a la fuerza si eso hacía que la conversación fuera más fluida, pero se contuvo y esperó paciente a que los retorcijones pasaran para poder seguir la conversación.

—¿Terminaste de llorar? —Preguntó después de un rato, cuando notó que el hombre parecía retorcerse menos en la cama. —Eso pasa cuando no le haces caso a un médico… ¡Agh! Espero que el dolor no sea tan fuerte como para detonar un infarto por el estrés, te necesito vivo ¿Sabes? —El médico volvió a rebuscar un frasco en su bolsillo: La esencia de menta. Sabía que el solo aroma podía calmar el malestar; sin embargo, era su mina de oro, algo tan personal que desechó la idea de dársela a alguien más, por más que ese alguien estuviera sufriendo frente a él, a fin de cuentas, no era precisamente un buen samaritano, por lo que decidió hacer algo mucho más básico: buscar alcohol medicinal.

—Cuando el combate acabó, aparecieron dos ¿Monos? No estoy seguro de lo que eran, pero sea como sea, ofrecieron un exorcismo para los usuarios de frutas del diablo…Tu accediste a pagar por ello, incluso me pediste dinero —. Rebuscaba entre el botiquín improvisado hasta que encontró la botella de alcohol que sacó para verter el líquido en un paño de algodón que le pasó al buccaneer. —Inhala…No hará mucho, pero te tranquilizará algo y así puedo seguir contándote lo que recuerdo sin muchas interrupciones —. Esperó que el otro hombre aceptara o no lo que le entregaba para luego volver a sentarse en su silla y seguir con su relato.

—Como decía…Accediste a eliminar el poder que te dio la fruta del diablo, el mono tocó tu estómago y luego te desmayaste…Después de eso los juegos acabaron y convencí a unos cuantos birkinianos para que te trajeran cargado hasta la vivienda temporal que nos fue asignada… ¿Tienes otra pregunta sobre eso o ya vas a acceder a tomar el láudano? —La tranquilidad en su voz contrastaba con el ambiente de urgencia que cualquier otra persona tendría al ver a alguien convaleciente en un mismo cuarto, pero el médico estaba tan calmado e indiferente como si la salud del otro se diera por hecho y simplemente estuvieran hablando del clima.

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#5
Pude escuchar como el médico pelirosado me decía algo, pero no preste nada de atención a sus palabras, ya que el dolor que estaba sintiendo era realmente alto, sentía como si tuviese una herida en el estomago, que no paraba de arderme una y otra vez, como si todo el rato me rajasen la barriga, se volviese a cerrar la herida y me la volviesen a abrir con otro corte. 

Aquel dolor era insoportable, llegó un momento, donde pude para de apretar los dientes y respirar profundamente, llevando mi mente a otra parte de mi cuerpo e intentar olvidar ese dolor por un instante, como había aprendido cuando empecé a meditar hacía cuatro años. 

-¿Que deje de llorar...? No verás caer una lagrima de mis ojos ni unos quejidos por nada... este dolor no se lo deseo ni a mi peor enemigo-don...- Pude acabar diciéndole al médico cuando este me preguntó. -Pero estate... tranquilo... se necesita algo más para que yo muera-don...- Exclamé refirmando mi resistencia, además aquello no era nada comparado a tener un enfrentamiento, aunque fuese de entrenamiento, con mi Capitán Ashura, por algo le llamaban la catástrofe.

El daño seguía siendo bastante insoportable, pero empezaba a acostumbrarme a él. Sin dejar de encogerme, me intenté incorporar sentándome en la cama y apoyando la espalda en la pared, que se encontraba en el cabezal de esta. Me costó dolor y sufrimiento, pero haciendo tripa corazón y aguantando el dolor como un jabato lo conseguí. 

-Aaahh... esos dos tipos... si ahora lo recuerdo... el gyojin y el macaco-don...- Le dije empezando a recordar, que había decidido quitarme la fruta y no solo eso. Si no que era verdad que le había pedido dinero al médico. -Ahora mismo no tengo para pagarte, pero en cuanto bajemos al mar azul si tendré para pagarte-don- Empecé a decirle ya algo más tranquilo, pese al fuerte dolor que sentía en el estomago. -Por cierto... me dijiste que querías preguntarme algo... y que esa información podría servir de pago-don...- Le dije cuando se me encendió la bombilla y me vino aquel recuerdo de repente a la mente.

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#6
El médico volvió a suspirar, resignado por la terquedad de aquel hombre… ¿Cómo convencerlo de que tomar la medicina era mejor que soportar el dolor?

—Para ser un dolor que no le desearías ni a tu peor enemigo te ves bastante cómodo ¿No? —Preguntó esta vez sin moverse de su silla para intentar negociar con algún otro tipo de remedio. —¿No serás masoquista? —Podría parecer una pregunta de broma, pero era completamente en serio, algo que el hombre más alto notaría si mirara el rostro de seriedad del pelirrosa. —Sea como sea, no se me da bien confiar en lo que los pacientes digan, pero digamos que por ahora creeré que esto no es suficiente para matarte, pero que si lo fuera…también tendría que preocuparme de mi ingr…de Merlot y eso sería un problema mayor para mí.

El pelirrosa mordió, sin querer, su propio labio con fuerza suficiente para provocarse una leve herida, pues, de repente tuvo la sensación de que debía acompañar a la semi sirena, pero pro ahora debía confiar en que Maki haría un buen trabajo cuidándola, además…de otro modo, no podría ganarse la confianza del buccaneer para convertirlo en su aliado y cuestionarlo sobre ciertas técnicas que le parecían interesantes.

Fue su propio “paciente” el que lo sacó de su ensimismamiento al hablar de nuevo, haciendo que el médico dejara de herirse a si mismo y relamiera la sangre que quedó en sus labios.

—¡Ah! Así que empezaste a recordar, esas son buenas noticias —. Excelentes noticias, pues él sabía, por experiencia propia, lo caótico que resultaba ser un desmemoriado, aunque, lo cierto es que lamentó para si mismo que recordara lo del dinero… ¿En qué pensaba al decirle que no iba a cobrarle? Pudo haberle cobrado hasta el doble…Se dio una palmada en la cara, sin tanto disimulo y maldijo en voz baja antes de responder, sin molestarse en ocultar el ceño fruncido y los ojos malhumorados que fueron evidentes cuando el otro mencionó el tema de los berries. —Sí…eso…la información como pago…tsk… ¿De todas las cosas tenías que recordar que dije eso? Yo lo habría olvidado —. Murmuró más para sí, aunque considerando el silencio en la habitación no sería raro que el otro lo escuchara.

—Es cierto, tenía unas cuantas dudas…Bueno, tal vez solo una —. Tomó aire, recapituló lo poco que recordaba de aquella batalla final, que poco a poco empezaba a borrarse de su mente, excepto los detalles importantes. —¿Cómo hiciste para tocar al marine luminoso? El otro hombre enorme, el de chocolate, intentó golpear a Jin o eso creo —. Mencionó el nombre del hombre trajeado que luchó en las semifinales, como si el buccaneer supiera de quien estaba hablando. —Pero el lodo o barro o lo que fuera que haya sido esa sustancia en la que se transformó, lo atravesaba, pero tú…Tú lograste tocar la luz ¿Cómo? No puedo entenderlo...Sé que no es información que cualquiera me daría gratis, pero considerando que te ayudé con el exorcismo y que intento ser un buen enfermero, supongo que merezco saber lo que hiciste. 

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#7
-La verdad... es que noto como si me estuviesen rajando... todo el rato el estomago-don...- Le contesté al doctor el cual parecía no estar muy contento con mis acciones. -Pero bueno... me he pasado media vida recibiendo cortes y golpes... así que puedo aguantarlo-don...- Proseguí mientras separaba mis manos del abdomen y miraba mis propias palmas.

-¿Masoquista...? No sabría decirte si lo soy o no... pero me gusta sentir el dolor, me hace sentirme vivo-don...- Le contesté mientras sentía otro fuerte pinchazo en el estomago, el cual me hizo encogerme un poco más y apretar el puño, siendo estas las únicas dos acciones que demostraban el daño que estaba sintiendo. -Es verdad... ahora recuerdo... que María también se hizo el exorcismo como tu le llamas... se lo hizo antes que yo cierto-don...- Indiqué hablando más para mi que para el médico. -Aunque no lo parezca porqué parece un ángel, es una chica muy fuerte y seguro que esta bien-don...- Proseguí diciéndole al médico, pero este parecía haber entrado en trance, durante un momento, ya que se quedo totalmente quieto y no me contestaba, su cara al estar enfrente de la ventana seguía sin verla bien del todo, la veía toda negra por el contraste.

-¡Va va va va! Mierda... no me hagas reír que me hace sentir más daño-don...- Exclamé después de soltar una pequeña carcajada al escuchar como el médico se quejaba de que hubiese recordado el tema del dinero y de la forma de pago que me había ofrecido. -A veces hay que controlar las palabras que uno dice... para después no arrepentirse-don...- Le dije mientras me apretaba con fuerza el estomago, ya que la carcajada había hecho que me entrase otro fuerte dolor de estomago.
-Así que era eso... pues es simple... use el haki de armadura... el Busoshoku haki le dicen algunos-don...- Solté entre dientes mientras me encogía haciéndome una bolilla contra la pared, pero no iba a pedir ninguna cosa que pudiese aliviarme aquel dolor, aquello estaba siendo también un entrenamiento mental y físico.

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#8
—“Me gusta sentir el dolor” —. Repitió por inercia aquella frase. —Creo que esa es precisamente la definición de masoquista, aunque…siempre que no te excite, supongo que todo bien —. Se encogió de hombros, no sería la primera vez que conocía a alguien así. —Aunque no soy quien para juzgar…Aquí entre nos, a mí me gusta infligir dolor, algo que se me facilita al ser médico ¿Sabes? Es como tener una licencia para hacerlo —. Soltó con un tono de voz más relajado que antes, ya que el mismo no se daba cuenta de que a veces sus comentarios tenían tintes bastante sospechosos. 

Escuchó una voz en el fondo, sabía que el buccaneer le estaba diciendo algo que apenas alcanzó a distinguir en medio de su ensimismamiento, aunque logró escuchar las palabras “María” y “Ángel”, lo que fue suficiente para que su cerebro intentara deducir el resto de la oración. —¿Mmm? Sí, claro, ciertamente la Sirena parece un ángel, no puedo negarlo, pero… ¿Por qué lo mencionas? ¿Te gusta? Bueno, no podría culparte, hasta a mi me llama la atención y eso que prefiero a los hombres —. Y por supuesto, falló en su deducción, pero ¿Cómo culparlo? Solía disociarse cada tanto y este día no sería la excepción.

Menos mal que lo que si alcanzó a escuchar con más atención era lo importante de la conversación, además de la risa peculiar que soltó el buccaneer. —Suelo controlar mis palabras bastante bien, pero la curiosidad mató al gato o eso dicen y es verdad que soy bastante curioso, aunque ¿Cómo no serlo? Sé que estos mares son peligrosos…y más aún a los que nos dirigimos, es normal que priorice el defenderme de amenazas que no pueda tocar que el dinero, aunque si hubiera sabido que estarías inconsciente y medio desmemoriado, habría usado mejor mis cartas —. Sonrió de medio lado sin mayor temor de revelar que no era tan inocente como su rostro casi angelical le hacía ver.

Luego de eso suspiró e intentó no pensar más en el dinero que ahora no volvería a ver, algo que logró hacer con facilidad, pues las palabras que le siguieron a la carcajada era lo que en verdad le importaba al médico.

—Buso…sho… ¿ku? ¿Lo dije bien? ¿Armadura? —Levantó su mirada y repasó rápidamente el cuerpo contrario, apenas y estaba cubierto con su ropa interior. No veía ninguna armadura por ningún lado, a menos que fuera invisible, como el cuento de los ropajes del emperador…eso o le estaba tomando el pelo. —¿De qué armadura estás hablando? Vas casi desnudo…es más… ¿No tienes frío? —Al hacer la pregunta se levantó de su asiento para acercarse al borde de la cama y ponerse de puntitas para alcanzar la frente del buccaneer para comprobar su temperatura de la manera más arcaica posible. —No pareces tener fiebre, pero creo que estas delirando…No usaste ninguna armadura en el combate.

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#9
-¿Gustarme Maria...? Ella es preciosa... pero yo no pienso en esas cosas... tengo mi mente centrada en otras-don...- Contesté pausadamente al medico pelirosado, no porque tuviese que pensarlo, sino porque debía de ir respirando para controlar el dolor que sentía. Por otro lado, el además de admitir que le llamaba la atención la preciosa mestiza, me informó que a él le gustaban los chicos. Cosa que ni fu ni fa, realmente no era algo que me importase, los gustos o deseos de los demás me daban igual, yo estaba focus en mi, en mi objetivo, nunca me había puesto a pensar en esas cosas, y ahora aunque estuviese en un momento, doloroso, pero de relax, no iba a empezar.

-¡Va va va va!- Solté una carcajada cuando escuché a Hyakinthos intentando pronunciar bien el nombre y buscar una armadura física por algún lado. -¡Aagggh... mierda... te dije... que no me hicieras reír... coño-don!...- Solté entrecortado mientras volvía a encogerme y apretarme el estomago, cada vez que me reía me daba la sensación que me partía en dos. 

Empecé a respirar profundamente, intentando relajarme y dejar de sentir ese fuerte dolor, ya que dolor sentía todo el rato, pero durante la mayor parte del rato era bastante pasable y soportable. Cuando conseguí recuperarme del último pinchazo volví a mirar al médico. -No es una armadura física... tampoco sabría explicarte... lo que es con exactitud-don...- Comencé a explicarte aún con pequeñas pausas. -Puesto que yo solo he aprendido a usarlo hace poco... vamos que no soy un maestro... pero digamos... que es un aura que esta en el interior... de algunas personas... No sé... si lo tenemos todos... pero si lo tienes... conseguirás sacarlo seguro... y esta te permitirá tocar a los usuarios logias-don...- Seguí hablándole con bastante esfuerzo, ya que me costaba hablar mientras intentaba mantener el estomago relajado.

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#10
De nuevo llegaba la risa y el médico no podía entenderlo ¿Qué era lo gracioso? No es que él hubiera contando algún chiste, era una duda genuina, una que incluso le hizo cruzarse de brazos y adoptar una pose y expresión completamente pensativa, entonces… ¿Por qué la risa?

—¿Qué es tan gracioso? Si sigues delirando tendré que sedarte para ver si el sueño logra aclarar tu mente…Debo tener sedantes en el Royal Flush, aunque ahora que lo pienso —Se asomó a la ventana para mirar la ciudad desde ahí y sí, alcanzaba a ver parte de la selva, pero la espesa vegetación no le mostraba ningún indicativo del camino que había tomado para llegar hasta la arena y considerando eso, tendría que pasarse al menos un día investigando como llegar a su propio barco. Seguro arrastraría a Cara Melo, la mascota de Merlot, consigo, porque no pensaba ir a pie. —…Olvídalo…no recuerdo donde anclamos el barco.

Suspiró y se dejó caer en la silla, rendido, sin comprender las razones tras las risas que el médico interpretó como una burla o un chiste que solo el buccaneer entendía, bueno…eso hasta que la explicación sobre aquella “armadura” de la que le habló antes volvió a llegar, esta vez de una manera mucho más clara, aunque tan fantasiosa que provocó que el médico alzara una ceja, dudoso por la información que recibía.

—¿Cómo que no es una armadura física? Son las únicas que conozco…A menos que alguien haya descubierto como recubrirse el interior de la epidermis o su estructura ósea con algun material que aumente la dureza del cuerpo, cosa que, seguramente, sería bastante dolorosa si es con una cirugía como la que estoy imaginando ahora mismo —. Una en donde inyectaran el metal directamente bajo la piel, aunque no lo diría en voz alta por el simple hecho de que estaba más interesado en aprender que en las suposiciones que pudieran llegar a su mente.

Esta tarde el médico descubrió que la vida podía írsele en suspiros, a fin de cuentas, no estaba entendiendo nada y por cada palabra que lo confundiera, el pelirrosa exhalaba con cansancio…Quería culpar a lo ajetreado del viaje o a la prueba física que le obligaron a realizar —una en la que ni siquiera se esforzó —, pero lo cierto es que, más que su cuerpo, era su mente la que estaba agotándose, algo que solía sucederle cuando no entendía la teoría de algún tema.

—Si te soy sincero…eres pésimo explicando, no estoy entendiendo nada… ¿Cómo que un aura interior? ¿Algo así como el espíritu o el alma? ¿Esto tiene que ver con alguna clase de secta o religión? ¡No! No puede ser eso…si fuera una secta la que diera el secreto para esa habilidad de tocar a los usuarios de logia…entonces todo sería mucho más conocido, esa gente siempre busca adeptos —. Se hundió más en la silla, ahora sus ojos ambarinos habían pasado a mirar el techo blanco de la habitación, todo mientras pensaba en una manera de comprender la precaria explicación.

 —Mmmm…Si hago que tu dolor disminuya ¿Podrías mostrarme como es que logras usar esa técnica? No soy un usuario de fruta del diablo, pero supongo que puedes usarla en cosas que no son tangibles, en general ¿No? …por favor…Solo no lo uses en mí, no tengo ganas de pelear ni de soportar golpes, soy demasiado bonito para eso —. Su petición llegó con el mismo tono aburrido que hasta ahora había usado, un tono que parecía no mostrar interés real en la materia, aunque el médico sí que estaba intrigado de las habilidades de aquel buccaneer. —Aunque…¿De verdad crees que no todos pueden lograrlo? Tsk…eso sería un problema.

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